Mente y Corazon, por Narciso Lu茅
publicado por: jorge ,
el dia 13 Octubre 2008,
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El estado humano se yergue sobre tres condicionantes: el origen de su vida, la continuidad de esa vida, y la extinci贸n de ella. Todo est谩 vinculado a la vida que re煤ne los tres condicionamientos primordiales. Otras opiniones afirman que los condicionamientos del estado humano son la vida y la mente, aunque en un sentido extensivo se puede considerar que tales cualidades son tambi茅n atribuibles a las especies animales, en el bien entendido que por mente se debe implicar no s贸lo la inteligencia sino tambi茅n la raz贸n y hasta los componentes m谩s elementales que permiten a los animales distinguir conductas y seleccionar distintos comportamientos en funci贸n de las reacciones del medio.
Pese a lo dicho, y entendiendo por mente todas las manifestaciones de la psique desde las m谩s ponderadas como el movimiento l贸gico de la raz贸n hasta la m谩s simple reacci贸n por acci贸n de los animales, hemos elegido el estudio de la mente por lo que importa en s铆 misma y para reflexionar sobre ella en comparaci贸n con la inteligencia referida de modo especial a la conciencia. Es una exigencia comprensible el delimitar con precisi贸n lo que se podr铆a designar como “funci贸n mental” en sentido muy general con residencia en el cerebro, distingui茅ndola de la “funci贸n intelectiva” que reside en el coraz贸n. Es una dicotom铆a que en lo que se suele llamar sophia perennis es algo bastante conocido y admitido su contenido, pero que es una expresi贸n que suele ser atribuida a la l铆nea de pensamiento aristot茅lico-tomista por los te贸logos cat贸licos como expresi贸n exclusiva de la teolog铆a cristiana. Como quiera que esta sabidur铆a es bastante m谩s antigua que la teolog铆a cristiana en sus diversas vertientes incluyendo la cat贸lica, como es natural, la usaremos sabiendo lo que decimos y solicitando que en el mejor de los casos se admita a la sabidur铆a perenne como expresi贸n de titularidad humana, sin distinciones ni exclusivismos para nadie.
En el Cap铆tulo LXX de su obra S铆mbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Ren茅 Gu茅non se complace en trascribir algunos p谩rrafos de un art铆culo que en el a帽o 1926 public贸 la se帽ora Th. Darel en la Revista Vers l麓Unit茅 donde esta autora evidencia una notable cercan铆a de su pensamiento con el de Gu茅non o, para ser m谩s precisos, con la Tradici贸n Primordial muy desatendida en Occidente. Obviamente, no reproduciremos los p谩rrafos seleccionados, pero no podemos dejar de comentar algunas frases dignas de elogio. La se帽ora Darel considera que el cerebro es propio del reino animal 铆ntegro, mientras que “el coraz贸n, por un aspir y un expir secreto, permite al hombre, permaneciendo unido a su Dios, ser pensamiento vivo”. A estas reflexiones a帽ade Gu茅non un comentario: “El lector avezado habr谩 descubierto aqu铆 la idea del coraz贸n como centro del ser”, a帽adiendo que es dable “considerar coraz贸n y cerebro como dos polos en el ser humano”. Concluiremos con algunas de las mejores frases del art铆culo de la se帽ora Darel, como cuando expresa: “En el hombre, la fuerza centr铆fuga tiene por 贸rgano el cerebro, la fuerza centr铆peta, el coraz贸n. “El coraz贸n es, en nuestra opini贸n, la sede y el conservador de la vida c贸smica”.
Este traslado desde el cerebro al coraz贸n del aspecto m谩s destacado y noble de la condici贸n humana puede resultar sorprendente para muchos y decepcionante para muchos m谩s porque, entre otras cosas, es menester revisar ciertas verdades nacidas del sentimentalismo rom谩ntico que realiza verdaderos esfuerzos intelectuales para sostener que los sentimientos se acunan en el coraz贸n y de entre ellos, el amor, como el m谩s importante para las relaciones humanas y los signos de solidaridad. Nadie ha podido demostrar con auxilio de las ciencias particulares que sea el coraz贸n la residencia de tales sentimientos y en general de todos los que el ser humano sea capaz de experimentar. Tampoco ha sido demostrado por trabajos intelectuales que al menos den paso a la posibilidad de una discusi贸n abierta a ese respecto. Sin embargo, en el d铆a de los enamorados se sigue echando mano a los corazones atravesados por las fechas de Cupido. Son los mitos indestructibles que pese a su falsedad se resisten a ser derrumbados por la sensatez, ya que en tal caso es ocioso pensar en una evidencia racional.
Del mismo modo que el coraz贸n se agita frente a ciertos episodios de la vida, tambi茅n el cerebro se ofusca y termina con los consabidos “dolores de cabeza” ante situaciones comprometidas de la vida cotidiana y ni en un caso ni en el otro, tales reacciones puramente fisiol贸gicas deben servir para definir de modo irrebatible lo que reside en el coraz贸n y lo que en el cerebro. Un arrebato es capaz de producir un infarto, y no por ello afirmar铆amos que tales sensaciones se producen en el coraz贸n si la causa del arrebato fuera la ruptura de una relaci贸n amorosa, por ejemplo o salvar un peligro de muerte. A veces, el arrebato produce una embolia cerebral lo que permitir铆a afirmar que tales efectos no son propios del coraz贸n sino del cerebro. Como se advierte, ni en un caso ni en el otro se puede dar una regla inflexible porque no es hasta hoy demostrable que los sentimientos, incluyendo el amor, tienen su residencia en el coraz贸n. Cuando decimos “indemostrable” nos referimos a los m茅todos de las ciencias f铆sicas y no a la metaf铆sica.
La mente del hombre en su complejidad es capaz de discurrir, discernir y realizar operaciones l贸gicas de la raz贸n mediante los mecanismos secretos de la Creaci贸n que de esta manera ha colocado en el hombre la cualidad de conocer mediante el movimiento discursivo que no alcanza a los animales como g茅nero. La diferencia espec铆fica del hombre, que lo separa de su g茅nero pr贸ximo integrado por todos los animales, es como la defin铆a Arist贸teles, la inteligencia, facultad exclusivamente humana que permite conocer mediante la creaci贸n de conceptos que resultan de un proceso mental que consiste en abstraer de los entes sus caracter铆sticas esenciales para formular una imagen b谩sica, gen茅rica y comprensiva de todos los entes de la misma especie; es as铆 como “谩rbol” representa la imagen de ra铆z, tronco, ramas, hojas, flor y frutos, que son caracteres que est谩n presentes en todos o casi todos los ejemplares individuales de esta especie de seres del llamado reino animal.
Sin embargo, con estos resultados de la raz贸n, el hombre s贸lo conoce la realidad que lo rodea, la de su mundo que, seg煤n hemos venido recalcando desde las primeras l铆neas hasta ahora, se trata de una realidad relativa mas, aunque se negara la existencia de la metaf铆sica advaita o admiti茅ndola se negara su validez, seguir铆amos preconizando la misma idea: con la raz贸n no se llega al descubrimiento de los universales; Dios, por ejemplo, lo Absoluto, lo Eterno, lo Infinito… Para ello es preciso algo m谩s que raz贸n y l贸gica. Se precisa un movimiento espiritual e 铆ntimo que abra las puertas del ser y dirija desde el coraz贸n sus funciones exclusivas, intelectuales de car谩cter intuitivo o las vivenciales que permitan a ese ser remontar el vuelo hacia los estados superiores donde su individualidad, apartada del mundo contingente, inquieto y diferenciado, se confunda con la placidez de la indiferenciaci贸n donde las formas se borran para encender la luz de la Totalidad, que es, qui茅rase o no, el destino del hombre tras su estado p贸stumo.
Se equivoca quien supone que la uni贸n con el Absoluto consiste en una reuni贸n multitudinaria de almas perfectamente diferenciadas por los caracteres de sus individualidades, porque tal uni贸n es una experiencia entre el ser individual y Dios, donde nada m谩s hay y nada queda fuera. Una soledad apetecida como espacio inmenso destinado al “descanso” que demanda una pasada existencia aprisionada por las urgencias vitales. Algo similar “al merecido descanso” que nos proporciona el sue帽o profundo, durante el que desaparecen todas las cosas, pasiones, placeres y sufrimientos y que nos es requerido como una necesidad imperiosa. El ser humano muere antes por la falta de sue帽o que por la de alimentos. El ayuno de alimentos puede mantenernos vivos mucho m谩s tiempo que el ayuno de sue帽o.
Los cristianos resolvieron el problema con sencillez y acierto. Si tomamos en cuenta el icono oficial del Sagrado Coraz贸n de Jes煤s, se advierte que las gotas (generalmente tres) que salpican desde su coraz贸n son tres yod o iod, que es la d茅cima letra del alephbeto hebreo que, por lo dem谩s, es una letra sagrada pues por partida doble (arriba y abajo) rodea a la letra vav o wav, la sexta del alephbeto, y las tres dibujan la primera letra aleph, que es la m谩s sagrada y cuyo valor es 26: diez cada iod, y seis la vav. En el icono del Sagrado Coraz贸n est谩 representado con cierto disimulo la percepci贸n sagrada de la tradici贸n hebrea lo que, por otra parte, nada tiene de extra帽o si consideramos que Jes煤s naci贸 jud铆o y a los ocho d铆as de nacer, como mandan los c谩nones de esa religi贸n, fue circuncidado (Lucas, II, 21 y ss.) . Ese coraz贸n es tambi茅n una analog铆a y por lo tanto una representaci贸n inversa de la cueva o gruta donde se llevan a cabo las oblaciones y dem谩s celebraciones sagradas, sin excluir las inici谩ticas. Y como se帽ales inequ铆vocas del significado herm茅tico del Coraz贸n de Jes煤s, suele ser figurado como un sol con rayos llameantes (curvil铆neos) y rayos lum铆nicos (rectil铆neos). Ese sol que irradia luz y calor es la fiel representaci贸n de la sabidur铆a (luz) y de la vida (calor).
La luz del Sagrado Coraz贸n, siguiendo las ense帽anzas de la simbolog铆a b谩sica de la tradici贸n es la sabidur铆a y de entre todas ellas, la Sabidur铆a Primordial, cuya fuente es la divinidad y de la que proceden todas las que el hombre supone por 茅l creadas. Es la sabidur铆a que alimenta los criterios b谩sicos de todas las religiones y culturas de todas las 茅pocas, de manera que no es factible que nos extraviemos si nos alienta el prop贸sito de buscar la verdad. El calor proviene de la energ铆a vital, que es otro elemento de la Creaci贸n, pero la sabidur铆a proviene de la luz, elemento distinto pero que ambos se re煤nen formando una unidad herm茅tica en el Coraz贸n de Jes煤s. Se puede concluir, pues, que es en el coraz贸n de Jes煤s donde reside la sabidur铆a porque es all铆 donde los rayos lum铆nicos del sol est谩n dibujados rectos; y tambi茅n es all铆 donde est谩 albergada la energ铆a vital que proporciona el calor del sol con rayos curvil铆neos que quieren asemejarse a los de una llama. Hay pues, una comuni贸n entre la sabidur铆a divina que escapa de los m谩rgenes de lo propiamente humano penetrando en el 谩mbito de la no-dualidad, y el calor vital que se enra铆za en el 谩mbito de la realidad relativa dualista. Del cerebro, ni una palabra; ni siquiera una alusi贸n.
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Hemos dicho, y no una vez, que “mente” tiene que ser entendida como s铆mbolo y no como un sitio (el cerebro), donde tienen cabida ciertas experiencias racionales. Por ello, la mente como s铆mbolo representa la cualidad m谩s exclusiva del ser humano, porque lo distingue como especie de las dem谩s del g茅nero animal. Caben, pues, en la mente como s铆mbolo, la psique, la l贸gica, la raz贸n, el pensamiento, la conciencia, la intuici贸n, la inteligencia, las vivencias y hasta si se quiere, el esp铆ritu y el alma cuando tienen necesidad de evidenciarse de alguna manera. Hecha esta advertencia para evitar confusiones, examinaremos algunas referencias que de modo expreso se hacen en las Upanishad de la doctrina hind煤, especialmente en su cosmogon铆a, por ser una de las m谩s desarrolladas y arcaicas.
En la cosmogon铆a hind煤 solemos encontrar muchas referencias a la mente y no todas con el mismo sentido. Si leemos: “La Muerte tuvo un deseo: Que un segundo cuerpo nazca de m铆. De este modo form贸 el Habla en su mente, convirti茅ndose la semilla en el a帽o. Antes de aquel tiempo no exist铆an los a帽os. El Habla tard贸 en formarse un a帽o. Cuando aqu茅lla naci贸, la Muerte abri贸 la boca para trag谩rsela. Entonces aqu茅lla grit贸: ” 隆 Bhan! ” y as铆 se form贸 el Habla” (Brihad?ranyaka Upanishad, I, 2, 4). Es el nacimiento de la mente en el ser ya que en el primer deseo lo que se forma es el agua (ka), pero como apareci贸 cuando estaba en adoraci贸n (arkate), al agua se la llama arkate. En el segundo deseo de la Muerte es cuando nace la mente y se aloja en el cuerpo del ser. La Muerte en este contexto, ya lo explicamos antes, significa el No-Ser, la no-manifestaci贸n de la que van surgiendo los seres m煤ltiples de la manifestaci贸n. Las verdades m谩s excelsas son la de los Vedas (que tiene la misma ra铆z que la palabra latina verdad), y as铆 lo confirma la escritura: “Estos son los tres Vedas: Rig-veda es la palabra, Yagur-veda la mente y Sama-veda el aliento. Estos son los Devas, los antepasados y los hombres: los Devas son la palabra, los antepasados, la mente y los hombres son el aliento.
Seg煤n hemos visto en otros estudios anteriores, el destino del ser individual tras el estado p贸stumo depende de la conducta que haya llevado en vida, y tal comportamiento a la hora de morir quedar谩 reflejado en la ruta que le corresponder谩: la de los Devas con rumbo norte, la ruta de los antepasados con rumbo sur, y la de los hombres cuyo destino es el infierno. Las dos primeras rutas permiten regresar a la tierra para terminar de resolver las acciones que quedaron inconclusas. En cuanto al camino de los hombres, tambi茅n tiene una ruta de regreso a la tierra, pero con naturalezas de rango menor. De este texto upanish谩dico se colige que la mente ocupa un lugar destacado, pero no el privilegiado que se reserva para los que contemplan el Absoluto, sino el de los seres caritativos, sacrificados y religiosos, en quienes no act煤a la Conciencia sino la mente racional y especulativa.
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Hab铆a dos clases de descendientes de Pragapati, los Devas y los Asuras. Los Devas eran los m谩s j贸venes y los Asuras, los mayores. En esa lucha la victoria se decant贸 de parte de los devas debido a la intervenci贸n de la diosa Durg? quien inmediatamente comenz贸 a liberar a todas las deidades que el Dios de los Asuras hab铆a secuestrado priv谩ndolas de libertad. “Cuando liber贸 a la mente, 茅sta se convirti贸 en la luna. La luna, despu茅s de traspasar los l铆mites de la muerte, brilla en todo su esplendor. A quien conoce esto, esta deidad le conduce m谩s all谩 de los confines de la muerte” (Brihad?ranyaka Upanishad, I, 3, 16). De estos pasajes de las escrituras debemos sacar algunas conclusiones. En primer lugar, que la mente fue incapaz de sustraerse al secuestro malvado de los Asuras, y corri贸 la misma suerte que el o铆do, el habla, el ojo y dem谩s deidades. Fue cuando la Muerte trat贸 de tragarse el aliento vital y fracas贸 siendo vencida por la diosa Durg?. El aliento vital que recorre toda la extensi贸n del ser fue la fuerza que puso freno a los caprichos del Dios de los Asuras facilitando a Durg? su victoria. Esto demuestra la fragilidad de la mente frente a las vicisitudes de la existencia y en especial del conocimiento que, al tener car谩cter relativo, est谩 sujeto a error, no necesariamente pero s铆 aleatoriamente.
Otro comentario que sugieren los pasajes antes trascritos es que cuando la mente fue liberada por Durg?, se convirti贸 en la luna a la que, seg煤n referencias simb贸licas hechas con anterioridad, se la considera rectora del conocimiento indirecto o reflejo, como que necesita la luz del sol para cobrar vida. La luz de la mente es la luz lunar, que precisa de una fuente lum铆nica externa para llegar a ser. Este conocimiento reflejo viene a representar el conocimiento dualista, impreciso y propio de la realidad relativa que conoce mediante el m茅todo discursivo, muy antiguo pero perfeccionado por el pensamiento de la Grecia cl谩sica y que perdura hasta hoy en Occidente.
Por si lo dicho hasta aqu铆 no fuera suficiente, recordaremos un texto que es expl铆cito hasta donde se pueda pedir: “Como las aguas encuentran su centro en el mar, igual que el tacto se encuentra en la piel, todos los gustos en la lengua, todos los olores en la nariz, todos los colores en el ojo, todos los sonidos en el o铆do, todos los preceptos en la mente, todo el conocimiento en el coraz贸n, todas las acciones en las manos, todos los movimientos en los pies, as铆 todos los Vedas se encuentran en el habla” (Brihad?ranyaka Upanishad, II, 4, 9). Todos los preceptos se encuentran en la mente y todo el conocimiento en el coraz贸n, es ahora lo que nos interesa entender.
La mente discurre con la raz贸n y almacena en la memoria que consiste en un reflejo del pasado, pero siempre como conocimiento de algo; el coraz贸n conoce con la inteligencia y se escapa a los estados superiores del ser con una captaci贸n directa del objeto. En el mismo Upanishad en el Tercer Adhy?ya, Noveno Brahamana, se lee repetidamente, como un himno: “Solamente quien conoce a esa persona cuya morada es la semilla, cuya visi贸n es el coraz贸n, cuya mente es la luz, el principio de todo ser, en verdad es su maestro”, porque el coraz贸n no conoce con criterio dualista como la mente, sino que conoce como una visi贸n, directamente en un acto en el que act煤a la vivencia interior.
Se dice en este texto que la mente es la luz porque, en efecto, la luz es simb贸licamente el conocimiento, pero la visi贸n es el coraz贸n. Esta visi贸n no debe ser entendida como la visi贸n del 贸rgano sensible, pues tal interpretaci贸n carecer铆a de sentido. Se trata de la visi贸n directa de la Conciencia que permite un ejercicio gn贸stico de la inteligencia, sea con caracter铆stica intuitiva, sea vivencial. La luz de la mente, por su parte, tampoco significa aqu铆, 煤nicamente el conocimiento racional que es el que corresponde a sus atributos, sino que en una significaci贸n de grado mayor se quiere referir a la mente como condici贸n del ser individual, diferenciador de otros condicionamientos de especies similares a las del estado humano que comparten los de la vida, por ejemplo, pero que adolecen de mente espec铆ficamente humana; tales otros seres podr谩n razonar siquiera m铆nimamente, pero jam谩s podr谩n inteligir ni lo m谩s m铆nimo.
Cuando Sakalya preguntaba acerca de las deidades en Brihad?ranyaka Upanishad, III, 9, 25: “驴Cu谩l es la deidad de Occidente? Yag帽avalkya respondi贸: Varuna. “驴D贸nde mora Varuna? En el agua. 驴Y d贸nde mora el agua? En la semilla. Sakalya entonces pregunt贸: 驴Y d贸nde mora la semilla? Yag帽avalkya contest贸: En el coraz贸n. Por consiguiente dicen que un hijo es como su padre, que parece haber salido de su propio coraz贸n, o hecho de su propio coraz贸n, pues la semilla mora en el coraz贸n”. Adem谩s de la posibilidad del conocimiento directo por vivencia o intuici贸n intelectual, al coraz贸n se lo considera el centro del ser por su importancia y funciones, a tal punto que la escritura le otorga la condici贸n de residencia de la semilla del ser, donde se produce la paling茅nesis y da lugar a la vigencia del aforismo chino: “Revivir谩s en tus miles de descendientes”.
La captaci贸n intuitiva de la Realidad Absoluta en la metaf铆sica advaita conduce a un aserto indestructible porque constituye una unidad con el acto de captar: se refiere a la cualidad de esa captaci贸n, que no es otra que la verdad absoluta, a diferencia de la verdad relativa de la metaf铆sica dualista. Dice la escritura: “驴Y d贸nde mora la Verdad? Yag帽avalkya replic贸: En el coraz贸n, pues s贸lo desde el coraz贸n decimos lo que es verdad; ciertamente es all铆 donde mora la Verdad” (Brihad?ranyaka Upanishad, II, 9, 26).
El coraz贸n es el centro del cuerpo y la sede de la inteligencia. En la mente, entendida como residente en el cerebro, se generan los conocimientos racionales que son almacenados por la memoria, y donde la l贸gica permite conocer con m茅todo discursivo la realidad mundanal, donde habita el ser humano y desde donde puede, seg煤n el hinduismo, elevarse a los estados superiores hasta percibir en una unidad su propio ser y el Ser Supremo. Esa comuni贸n o fusi贸n, o uni贸n del ser con el Ser es una concepci贸n metaf铆sica que recorre las aguas fluyentes de las civilizaciones y creencias religiosas, sin excepci贸n, aunque a veces se la disimule. El cristianismo no habr铆a de ser una excepci贸n y por ello no dejan de sorprender las palabras de Pablo en su Ep铆stola a los Corintios (I), cuando afirma con claridad: “Quienquiera que est茅 unido al Se帽or, es con 脡l un mismo Esp铆ritu” (VI, 17). Los primeros atisbos de una metaf铆sica cristiana han sido demolidos sin piedad por el Concilio de Trento, impidiendo que esta doctrina sagrada construya su edificio de sabidur铆a perenne y se constituya por derecho propio en el dogma sagrado de Occidente. Sin profundizaci贸n ni creatividad, los dogmas de otras religiones afilan sus dientes.
Con estas breves referencias a doctrinas que merecen todo el respeto generado por sus argumentos y la fuerza de su tradici贸n varias veces milenaria, creemos haber dejado claro que es el coraz贸n donde radica la inteligencia, y la mente donde radican los sentimientos y la facultad de llevar a cabo el proceso discursivo del conocimiento. Hemos pasado por alto citar estudios de sufismo en los que en el mismo sentido que apuntamos, el Islam le otorga al coraz贸n el privilegio de ser el centro noble del ser humano, tal como lo afirman otras doctrinas sagradas de Oriente. Y no se diga que en Occidente la verdad es “otra”, porque para ser verdad tiene necesariamente que ser 煤nica y valedera para todos o no ser谩 verdad.
Narciso Lu茅 (Extra铆do de Revista Herm茅tica No. 42)聽
Visto en: El Amarna


























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