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Caperucita Roja: Caminando por el sendero del Inocente

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Ese mundo de magia, de cuentos de hadas, de mitos y leyendas se ha ido perdiendo. Nuestra mente racional ha convertido estas historias en simple literatura para entretener a la gente pero teniendo la “certeza” de que es algo sin significado, simple literatura para divertir. Les decimos a nuestros niños: “no creas en princesas porque te volverás una víctima, no creas en príncipes porque tu no debes rescatar a nadie, no creas en guerreros porque ellos mueren en las batallas, no creas en reinos mágicos porque no mereces tanto, no creas en dragones porque ellos no existen más que en la imaginación de alguien que en su época no tenía más que inventar. Creer en todo esto te hace ser débil y estúpido”. Decimos estas cosas sin entender realmente qué nos trasmiten estas historias.

 

Estamos perdiendo no solo ese pensamiento mágico, la creatividad de cosas más allá del mundo tangible y la magia que solo nuestro hemisferio derecho puede brindar, nos estamos castrando. Pero además, nos estamos olvidando de nuestro conocimiento ancestral, ese que está oculto en el inconsciente colectivo, llamado así por Carl Jung, ese lugar primitivo donde existe un mar ilimitado de información, ese insospechado universo de posibilidades regalo de los millones de años en que hemos habitado este planeta, compuesto por símbolos y en donde nuestra psique (también llamada alma humana) se expresa.

 

¿Es acaso malo vivir con un poco de magia?

Empecemos con un cuento.

 

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Había una vez una adorable niña que era querida por todo aquél que la conociera, pero sobre todo por su abuelita, y no quedaba nada que no le hubiera dado a la niña. Una vez le regaló una pequeña caperuza o gorrito de un color rojo, que le quedaba tan bien que ella nunca quería usar otra cosa, así que la empezaron a llamar Caperucita Roja. Un día su madre le dijo: “Ven, Caperucita Roja, aquí tengo un pastel y una botella de vino, llévaselas en esta canasta a tu abuelita que esta enfermita y débil y esto le ayudará. Vete ahora temprano, antes de que caliente el día, y en el camino, camina tranquila y con cuidado, no te apartes de la ruta, no vayas a caerte y se quiebre la botella y no quede nada para tu abuelita. Y cuando entres a su dormitorio no olvides decirle, “Buenos días”, ah, y no andes curioseando por todo el aposento.”

 

“No te preocupes, haré bien todo”, dijo Caperucita Roja, y tomó las cosas y se despidió cariñosamente.

 

La abuelita vivía en el bosque, como a un kilómetro de su casa. Y no más había entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del sendero, cuando se encontró con un lobo. Caperucita Roja no sabía que esa criatura pudiera hacer algún daño, y no tuvo ningún temor hacia él.

 

“Buenos días, Caperucita Roja,” dijo el lobo. “Buenos días, amable lobo.”

 

– “¿Adónde vas tan temprano, Caperucita Roja?”

 

– “A casa de mi abuelita.”

 

– “¿Y qué llevas en esa canasta?”

 

– “Pastel y vino. Ayer fue día de hornear, así que mi pobre abuelita enferma va a tener algo bueno para fortalecerse.”

 

– “¿Y dónde vive tu abuelita, Caperucita Roja?”

 

– “Como a medio kilómetro más adentro en el bosque. Su casa está bajo tres grandes robles, al lado de unos avellanos. Seguramente ya los habrás visto,” contestó inocentemente Caperucita Roja. El lobo se dijo en silencio a sí mismo: “¡Qué criatura tan tierna! qué buen bocadito – y será más sabroso que esa viejita. Así que debo actuar con delicadeza para obtener a ambas fácilmente.” Entonces acompañó a Caperucita Roja un pequeño tramo del camino y luego le dijo: “Mira Caperucita Roja, que lindas flores se ven por allá, ¿por qué no vas y recoges algunas? Y yo creo también que no te has dado cuenta de lo dulce que cantan los pajaritos. Es que vas tan apurada en el camino como si fueras para la escuela, mientras que todo el bosque está lleno de maravillas.”

 

Caperucita Roja levantó sus ojos, y cuando vio los rayos del sol danzando aquí y allá entre los árboles, y vio las bellas flores y el canto de los pájaros, pensó: “Supongo que podría llevarle unas de estas flores frescas a mi abuelita y que le encantarán. Además, aún es muy temprano y no habrá problema si me atraso un poquito, siempre llegaré a buena hora.” Y así, ella se salió del camino y se fue a cortar flores. Y cuando cortaba una, veía otra más bonita, y otra y otra, y sin darse cuenta se fue adentrando en el bosque. Mientras tanto el lobo aprovechó el tiempo y corrió directo a la casa de la abuelita y tocó a la puerta. “¿Quién es?” preguntó la abuelita.

 

“Caperucita Roja,” contestó el lobo.

 

“Traigo pastel y vino. Ábreme, por favor.”

 

– “Mueve la cerradura y abre tú,” gritó la abuelita, “estoy muy débil y no me puedo levantar.”

 

El lobo movió la cerradura, abrió la puerta, y sin decir una palabra más, se fue directo a la cama de la abuelita y de un bocado se la tragó. Y enseguida se puso ropa de ella, se colocó un gorro, se metió en la cama y cerró las cortinas.

 

Mientras tanto, Caperucita Roja se había quedado colectando flores, y cuando vio que tenía tantas que ya no podía llevar más, se acordó de su abuelita y se puso en camino hacia ella. Cuando llegó, se sorprendió al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sintió tan extraño presentimiento que se dijo para sí misma:

 

“¡Oh Dios! que incómoda me siento hoy, y otras veces que me ha gustado tanto estar con abuelita.” Entonces gritó: “¡Buenos días!”, pero no hubo respuesta, así que fue al dormitorio y abrió las cortinas. Allí parecía estar la abuelita con su gorro cubriéndole toda la cara, y con una apariencia muy extraña.

 

“¡Oh, abuelita!” dijo, “qué orejas tan grandes que tienes.”

 

– “Es para oírte mejor, mi niña,” fue la respuesta.

 

– “Pero abuelita, qué ojos tan grandes que tienes.”

 

– “Son para verte mejor, querida.”

 

– “Pero abuelita, qué brazos tan grandes que tienes.”

 

– “Para abrazarte mejor.” – “Y qué boca tan grande que tienes.”

 

– “Para comerte mejor.” Y no había terminado de decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama y se tragó también a Caperucita Roja.

 

Entonces el lobo decidió hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a roncar fuertemente. Un cazador que por casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó, ¡Cómo ronca esa viejita! Voy a ver si necesita alguna ayuda. Entonces ingresó al dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí. “¡Así que te encuentro aquí, viejo pecador!” dijo él.” ¡Hacía tiempo que te buscaba!”

 

Y ya se disponía a disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En su lugar tomó unas tijeras y empezó a cortar el vientre del lobo durmiente.

 

En cuanto había hecho dos cortes, vio brillar una gorrita roja, entonces hizo dos cortes más y la pequeña Caperucita Roja salió rapidísimo, gritando: “¡Qué asustada que estuve, qué oscuro que está ahí dentro del lobo!”, y enseguida salió también la abuelita, vivita, pero que casi no podía respirar. Rápidamente, Caperucita Roja trajo muchas piedras con las que llenaron el vientre del lobo. Y cuando el lobo despertó, quiso correr e irse lejos, pero las piedras estaban tan pesadas que no soportó el esfuerzo y cayó muerto.

 

Las tres personas se sintieron felices. El cazador le quitó la piel al lobo y se la llevó a su casa. La abuelita comió el pastel y bebió el vino que le trajo Caperucita Roja y se reanimó. Pero Caperucita Roja solamente pensó:

 

“Mientras viva, nunca me retiraré del sendero para internarme en el bosque, cosa que mi madre me había ya prohibido hacer.”

 

Cuando éramos pequeños muchos escuchamos alguna vez esta historia y al finalizar nos hablaban de la importancia de ser obedientes para que no nos pasaran cosas malas. El mensaje que nos enseñaban era, no debemos explorar el universo porque podemos pasar por cosas malas, mejor seguir las reglas y las normas para que nunca nos pase algo malo; así que con estas frases terminaos llenos de miedo por todo aquello que era desconocido. Lo que nunca nos dijeron y quizá porque no lo sabían es que caperucita representa un arquetipo: “El Inocente”.

 

¿Qué significa ser Inocente?

 

Pensemos en el cuento que acabamos de leer. ¿Qué hizo que caperucita se desviase de su camino aun cuando su madre le dio claras indicaciones? Caperucita confiaba en el lobo, pues nunca había escuchado hablar mal de él. Así una de las características del Inocente es la confianza que tiene en el mundo que lo rodea, se encuentra libre de todo prejuicio. Pero también el Inocente se asombra, siente curiosidad, y por eso ante la posibilidad de conocer y sumergirse en la belleza de lo que el bosque le ofrecía, decidió desviarse de su camino, absorta en ese paisaje nuevo que el lobo le ofreció, hasta tal punto que olvido sus obligaciones.

 

Algunos pensaran que ser Inocente es malo: “tengo que ser astuto para que nadie se burle de mí, para que no se aprovechen, para que no me pasen cosas malas”. Entonces el Inocente queda convertido en una característica negativa de nuestro ser, algo que hay que ocultar y evitar a toda costa. Todo aquello que negamos no desaparece, solo se convierte en nuestra sombra. Y así como en la vida diaria la sombra nos sigue a todos lados, en nuestro mundo interno la sombra permanece con nosotros aunque no la queramos. Entonces ese arquetipo de Inocente se convierte en nuestra sombra cada vez que lo negamos.

 

¿Qué habría pasado si caperucita supiera algo sobre el lobo? Quizá habría perdido la oportunidad de conocer el bosque, de recoger las flores, de admirarse de la belleza de la naturaleza. Y todo esto hubiese sido una pena, ya que no se habría abierto a las nuevas posibilidades, el mar de conocimiento en el que ella y cada uno de nosotros nos encontramos sumergidos. Si tenemos miedo de conocer otras cosas, por temor a todo lo malo que nos pueda pasar, también perderemos la posibilidad de ver el mundo, de experimentar la magia del universo a través de nuestros sentidos. Son por ello característicos del Inocente la indagación, la experimentación y el riesgo. ¿Has visto a un niño asombrado ante la cosa más simple e insignificante? Al ver una simple hormiga en el piso puede durar horas observándola caminar, maravillado de ella. Esta es otra de las cualidades de este arquetipo, el cual nos permite conocer la realidad, el mundo. Por ello nuestros sentidos son primordiales.

 

El arquetipo de la confianza

 

Si no tenemos confianza en la vida no podremos desarrollar nuestras habilidades, esas que nos permiten vivir, no tendremos optimismo y esto es algo que también nos brinda el Inocente, esta es su luz. El Inocente continúa creyendo y teniendo fe aunque las cosas se pongan mal. Cuando hemos sido niños amados y protegidos por nuestros padres o por los adultos tenemos fe y confianza en la vida y luego nosotros nos encargaremos de transmitir esa misma seguridad a quienes vienen detrás de nosotros. Como Inocentes creemos en todo cuanto nos dicen, si escuchamos que somos buenos, inteligentes y responsables lo creeremos, pero si nos dicen que somos estúpidos, incapaces y mentirosos también lo creeremos. El Inocente no cuestiona nada, simplemente toma el mundo tal como llega a él a través de sus sentidos. Así como caperucita desprovista de malicia, accedió a adentrarse en el bosque para descubrir los misterios que en él se ocultaban, así mismo el Inocente se deja llevar, incurriendo muchas veces en riesgos.

 

El camino del Inocente

Pero este Inocente no lo encontramos solo en los cuentos infantiles, también lo podemos encontrar en la tradición cristiana. Adán y Eva eran Inocentes antes de probar del fruto prohibido. Y aunque al probar del árbol de la Sabiduría perdieron la Inocencia, aún tienen la fe (fe del Inocente) que algún día vendrá su Salvador para llevarlos de nuevo al Paraíso. El Inocente como todos los arquetipos tiene un camino que seguir. Inicia con la ingenuidad en medio de un lugar tranquilo pero de pronto ese confort desaparece y llega a un lugar donde encuentra conflicto, injusticia y violencia; sin embargo, a pesar de ello el Inocente guarda la esperanza de retornar a ese lugar inicial donde vivía tranquilo y seguro y eso es lo que nos motiva a continuar el camino, es lo que nos da el optimismo, el saber que el Paraíso se encuentra al final del camino.

 

Lo que en realidad nos lleva nuevamente a ese Paraíso es la fe, pero antes tendremos que explorar un largo camino, en el cual aprenderemos sobre el mundo, donde quizá experimentemos situaciones difíciles pero que nos ayudaran a crecer; esta vez retornaremos al paraíso con un poco más de sabiduría. El Inocente comienza con la confianza total y sin medida frente a las figuras de autoridad, siendo totalmente dependiente para después experimentar la Caída donde viene la desilusión pero teniendo fe y optimismo, para finalmente retornar al Paraíso como un Inocente-Sabio.

 

La sombra del Inocente

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El Inocente también tiene un lado sombrío y este aparece cuando nos negamos a caer del Paraíso. Igual que Peter Pan que se negaba a crecer. Entonces entramos en un proceso de negación. Aquí aparecen las personas que continuamente se dejan maltratar, no solamente el maltrato físico sino emocional. También el Inocente niega la responsabilidad de sus actos, no admite sus propios errores: “si no admito mi responsabilidad, no tengo que cambiar”. Se vuelve conformista, otras veces aparece con un exagerado optimismo que puede llevarlo a correr riesgos innecesarios. Esta sombra desaparecerá cuando nos hagamos conscientes de ella y veamos la verdad que oculta; dice la Biblia “y la verdad os hará libres”. Esa verdad es tener un conocimiento más amplio de nuestro mundo interior, cuando somos capaces de aceptar y asumir nuestra propia sombra y llenarla de luz.

 

Para finalizar yo cambiaría el final del cuento: “Mientras viva, nunca me retiraré del sendero para internarme en el bosque, cosa que mi madre me había ya prohibido hacer.” Y diría “Ahora conozco las maravillas que me ofrece el bosque y agradezco por todo lo que me enseñó, seguiré explorando el mundo, pero siendo precavida cuando sea necesario para no correr riesgos que puedo prever”. De esta manera Caperucita retornará al Paraíso llena de luz.

 

Autor: JP Ben Avid

Referencias

Aldana, Graciela. (2003). De arquetipos, cuentos y caminos. Creatividad e Innovación Ediciones

Pearson, Carol. (2006). Despertando los héroes interiores. Mirach Editorial

Caperucita roja. Cuentos infantiles.net. Extraído el 28 de febrero de 2016 de http://www.cuentosinfantiles.net/cuentos-caperucita-roja.html

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Sobre JP Ben-Avid
Psicóloga Especialista en Desarrollo Humano con énfasis en procesos afectivos y creatividad
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