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Carta para leer a un sueño recién nacido por Pepa Arcay

plumaytintero

“Carta dedicada a tu “alma niña”, esa parte de ti, seas hombre o mujer, que guarda la energía necesaria para dar el siguiente paso y vivirlo con la emoción de la primera vez.”

Cuando decides apoyar un sueño que canta en tu corazón, decides también apoyar a una parte de ti que quiere ser. Un aspecto de tu potencial humano que va a desplegarse acompañando a ese sueño, en el viaje hasta su manifestación más feliz. Es como un nacimiento y tiene que ver con tu alma niña. Esa parte vital que contiene las claves y la energía para alcanzar la plenitud en tanto que adultos. Esa que es guardiana de todos los sueños que tu corazón alberga.

 

Lo que hoy quiero compartir contigo es una carta especialmente escrita para leerla en el momento en el que estés dispuesto a emprender un nuevo proyecto, andar un nuevo camino o rescatar un anhelo postergado. Está dedicada a tu alma niña, esa parte de ti que renace cada vez que decides permitirte ser de alguna soñada manera. Es un texto incluído en mi libro “Lo que el corazón quiere contemplar” y espero que te sirva de aliento e inspiración en algún tramo del viaje de tu vida:

 

Querida, desde que sé de tu existencia me he sentido embargada, más que nunca, por una energía mezcla de entusiasmo, creatividad y alegría de ser. Quizás sea cosa de las estrellas, los biorritmos o las corrientes telúricas; pero yo lo asocio contigo y me sonrío pensando que si algunos científicos han llegado a afirmar que el aleteo de una mariposa es capaz de producir un terremoto en la otra punta del mundo, ¿por qué no iban a ser causa de este estremecimiento vital tierno y poderoso que me conmueve los recién escuchados latidos de tu corazón? Me gusta pensar que tú respiras y yo lo celebro en la forma que mejor me sale, que es abrazando la vida con todos sus anhelos, incluyendo también los sueños proscritos y los deseos olvidados.

 

Ahora que empiezas a aventurarte por los caminos de la vida creo que será interesante que recuerdes que las opiniones que los demás tienen de ti no te definen, les definen a ellos. Definen su mirada, la forma en que ellos son capaces de contemplarte. Con el tiempo he descubierto que se puede mirar con el corazón y entonces se tiene una visión doble pero paradójicamente más exacta. Se ve con respeto, aceptación, compasión y ternura lo que cada uno está siendo aquí y ahora; pero se ve también con confianza, esperanza y entusiasmo lo que esa persona es capaz de ser.

 

No te preocupes demasiado por las apariencias. Más allá de lo que somos capaces de entender es posible intuir una belleza, una armonía y unos órdenes del amor que hablan de plenitud, paz y alegría. Cuando te desorientes busca esos vislumbres. Confía en que los encontrarás. Te voy a contar algunos que a mí me han maravillado y rescatado siempre: Escucha cantar a un coro; date cuenta de cómo son capaces de hacerse uno con sus voces. Abraza a otro ser humano, si puede ser a un niño; observa cómo eres capaz de entenderle aunque su idioma y su cultura te sean extraños. Párate en un verso; el baile de sus palabras te trasportará a una comprensión más allá de los signos. Contempla un cuadro al óleo, fija tu mirada en una pincelada y dile “existes y te veo”; luego observa el cuadro en su totalidad pero sin perder de vista ese trazo particular. Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla.

 

Quisiera, además, que siempre recordases que por pertenecer a la vida podrás contar, en todo momento, con la fuerza de tu espíritu. Es una cualidad que si confiamos en ella todos podemos manifestar. Y consiste en saber encontrar algo que dar cuando parece que ya nada nos queda; y, dándolo, encontrar una puerta de salida al drama y a la adversidad. Suele ser hermosa la manera en que toma forma y presencia este poder, pues todo empieza con una pequeña decisión, un primer paso, algo sencillo pero que finalmente resulta ser la entrada a la alegría de vivir, porque la propia vida ha encontrado su rumbo verdadero. En esos momentos también podemos aprender que, para comprender la vida, primero hay que amarla. Y que hay que creer para ver, pues con fe los ojos nos mostrarán lo que nuestro corazón quiere contemplar.

 

También quiero contarte que además de los senderos que recorras dentro de tus zapatos, la vida te ofrecerá la posibilidad de descubrir espacios que únicamente podrás transitar de la mano de unos cuantos sentimientos. Para embarcarse en ese tipo de aventura hay que ponerse de acuerdo para obtener un billete compartido. De ahí que sea necesaria la compañía de otro; aunque, al adquirir ese billete y emprender juntos el periplo, sucede, en algunas benditas ocasiones, que uno no sabe si el impulso del propio paso viene de tu corazón, del corazón del compañero o del mismo latir de la vida que se ha quedado enredada en tan prometedora aventura. No es que sea un solo caminar, pero es sentirse unido en un único aliento, en busca de un común sentimiento.

 

Para hacerse con un billete así y poder emprender este tipo de excursiones hay que hacer acopio de una buena disposición de ánimo, de forma tal que puedas sentir los intereses de otro como tus propios intereses. Y que al sentirlo, sientas también que por sentirlo vibras feliz y que tal sentimiento es compartido. Como si el mundo de fronteras, clases, culturas y lenguajes se hubiera diluido y sólo quedase un campo despejado de tierra solidaria que quiere ser recorrido. Son lugares donde no importa mucho el paisaje, sino el amor que se respira.

 

Asimismo quiero decirte que para avanzar por la vida tendrás que tener en cuenta la tierra que pisas, pero también el sol que te ilumina, el aire que respiras y las estrellas que en la noche te orientan. Pero sobre todo tendrás que escuchar tu corazón. De su mano, podrás reconocer y agradecer el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima.

 

Desde hace algún tiempo, yo tengo claro lo que quiere contemplar mi corazón, lo tengo resumido en unas frases que también quiero compartir contigo: ‘Por pequeño que sea, todo sueña; y siguiendo el sueño que canta en su corazón, todo encuentra su sitio, su valor y su función en otro sueño aún mayor, donde vibrando en sintonía, todo despierta latiendo con un solo corazón’.

 

Espero que en mi sueño feliz, tu sueño feliz se alcance y por eso he querido escribirte, pues aunque tú no me veas y yo sólo te adivine, creo que respiramos juntas y hay un mismo entusiasmo que nos guía.

 

Y por último, unas palabras más, un estribillo para repetirlo cuando el camino presente giros arriesgados, confusas bifurcaciones, abismos o pendientes: ‘Si me pierdo, recordaré que mi rumbo está escrito en mi corazón. Y que aún en el sueño del olvido, todo a coro cantará a mi oído la canción de mi alma, la que aprendí de niño, la que canta el sueño que aún no se ha cumplido. Y cantarán así, hasta cantar conmigo en un común despertar agradecido’.

 

¡Feliz viaje!” 

 

Pepa Arcay

Coach Personal

Autora de “Lo que el corazón quiere contemplar”

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