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¿Cómo detectar las malas ondas y equilibrar la energía?

En el anterior artículo, he hablado del Feng Shui, como parte de la sabiduría ancestral, rescatada y aplicada a la vida moderna. Disciplina que,  con el fin de evitar o mitigar las malas ondas, o radiaciones nocivas, que afectan a nuestro organismo, ayuda a equilibrar la energía de nuestro cuerpo. Debemos prestar atención especial, a la energía que se genera donde pasamos más tiempo, o sea, donde habitamos y trabajamos.

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Cómo detectar las malas ondas

En principio, sólo mencioné las malas ondas, o agentes patógenos que se encuentran en la naturaleza. Por ejemplo, las altas concentraciones de gas radón, los cruces de redes Hartmann y Curry, las fallas geológicas o las aguas subterráneas, que pueden discurrir por debajo de nuestros hogares.

Pero a estos factores naturales, hay que agregar los que ha generado la actividad humana, con su desarrollo y expansión: tales como torres de alta tensión, electrodomésticos, telefonía, ordenadores, cableado eléctrico, internet, antenas, etc. Todos elementos útiles, que la costumbre ha vuelto incluso indispensables, y que generan un batiburrillo de ondas electromagnéticas de baja y alta frecuencia, incompatibles por cercanía y abuso, con la buena salud de nuestro cuerpo y mente.

Si bien siempre hemos convivido con los campos electromagnéticos naturales, propios del planeta Tierra, nuestro modo de vida actual hace que los campos electromagnéticos artificiales, invadan a los naturales, causando alteraciones a las que nuestro biorritmo no logra adaptarse. Alteraciones que pueden convertirse en enfermedades.
Los Campos electromagnéticos, como su nombre lo dice, son una combinación de ondas eléctricas y magnéticas, que se desplazan juntas, y que suelen dividirse en: radiaciones ionizantes (rayos X, Gamma, etc.), es decir, radiaciones de alta frecuencia que pueden alterar las moléculas, por lo tanto, muy nocivas para todos los seres vivientes; y radiaciones no ionizantes, (radiaciones de menor frecuencia, en las que se puede incluir toda la tecnología moderna del hogar, como electrodomésticos, redes eléctricas, antenas transmisoras de ondas de radio, televisión, internet, etc.)

Las moléculas contienen átomos. Según la actividad eléctrica normal que mantiene activo nuestro cuerpo, esos átomos pierden o ganan electrones, y entonces se llaman iones. Si han ganado electrones, tendrán una carga eléctrica positiva; en cambio, si pierden electrones, su carga eléctrica será negativa.

¿Qué tiene que ver la suma o resta de electrones con las malas ondas y la energía de nuestro cuerpo?

Las ondas electromagnéticas nocivas, están cargadas de iones positivos, y aunque cada objeto, por su parte y naturalmente, posea un halo o carga electromagnética, formada por la radiación que se encarga de emitir, y por la que absorbe; la sobrecarga de unos u otros iones, desequilibra a los organismos vivos, independientemente de si hablamos de radiaciones ionizantes, obviamente “malas ondas”, o no ionizantes (aquellas con las que convivimos, y cuyo efecto dañino solemos ignorar).

Nos encontramos sobrecargados de iones positivos, y si bien la energía que rodea a un simple enchufe no nos afecta, sumada a la de cada electrodoméstico, a las innumerables instalaciones eléctricas, emisiones de onda, contaminación ambiental, etc., hace que la exposición de nuestro cuerpo a la ionización positiva, resulte excesiva.

Esta abundancia de ondas electromagnéticas artificiales, parece ser la desconocida causante de dolencias tan comunes como el dolor de cabeza, el insomnio, el cansancio crónico, o la depresión, por enumerar las más leves y no resultar alarmista.
Sin embargo, los científicos aún no se ponen de acuerdo, con respecto a los efectos nocivos de la sobrecarga de ondas electromagnéticas, en los organismos vivientes. Siguen investigándose las consecuencias a largo plazo, de estar constantemente sometidos a ellas; lamentablemente, a menudo, los intereses comerciales de empresas eléctricas o de telefonía, interfieren en la imparcialidad de los resultados.

En absoluto estoy en contra de la tecnología; sin embargo, entiendo que, se nos ha vuelto en contra. Como seres inteligentes, no debemos desperdiciarla, pero tampoco negar, permaneciendo ciegos a la sabiduría ancestral que, aunque carente de mediciones científicas, comprendía la existencia de malas ondas, y la necesidad de mantener el cuerpo, la mente y el espíritu, en equilibrio con el entorno.

¿Cómo detectar las malas ondas y equilibrar la energía de nuestro cuerpo?

Hoy día, existen complejos aparatos de mediciones electromagnéticas, en general utilizados por la Geobiología; pero desde siempre, han existido personas con suficiente sensibilidad, como para detectar las malas ondas, u ondas inarmónicas, sin necesidad de ellos.

Para empezar a proteger a nuestro hogar y familia, y equilibrar la energía de nuestro cuerpo, es fundamental, encontrar las zonas geo patógenas y las fuentes de electromagnetismo artificial, que puedan estar alterando nuestras vidas. Aunque no contemos con aparatos de lectura específicos, ni seamos especialmente sensibles a las malas ondas, es posible valernos de la propia naturaleza para encontrarlas: los animales y las plantas, son ayudantes indispensables, si sabemos observarlos y entenderlos.

La actividad magnética nociva para el organismo humano, proveniente por ejemplo de un cruce de Líneas Hartmann, puede ser deducida a partir de la presencia constante de hormigas, hormigueros y otros insectos, en una zona determinada del hogar.

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Cómo detectar las malas ondas en el hogar

En el caso del electromagnetismo artificial que enferma a las personas, encontraremos que también resulta útil observar el comportamiento de la vida a nuestro alrededor. Los perros, comparten con los humanos el mismo nivel de vibración electromagnética, es decir, necesitan, como nosotros, fuentes de ionización negativa, para mantenerse equilibrados. Sin embargo, los sitios de ionización positiva resultarán propicio a otros seres, como los insectos, o los gatos.

Cuando aún no se podía racionalizar ni explicar el efecto de unas u otras ondas electromagnéticas, la sabiduría ancestral comprendía que existían zonas más propicias que otras, para vivir. Es un ejemplo muy conocido, el de los romanos, que antes de construir un asentamiento, dejaban pastar a un rebaño de ovejas durante un tiempo en el lugar escogido; luego, sacrificaban unas cuantas, y estudiaban el estado de sus vísceras, en especial, el hígado. No se trataba de magia, ni brujería: ellos simplemente sabían que, lo que afectara negativamente a otros seres vivos, también enfermaría a los humanos.

En ese sentido, las plantas y los árboles también hablan. Cuando descubrimos árboles con muchos nudos y deformaciones, junto a otros que crecen de manera normal, los primeros, están indicando una zona geopatógena; los pinos resultan especialmente sensibles a estas alteraciones; aunque ha de tenerse en cuenta, que ciertas especies, crecen mejor junto a zonas geopatógenas, por lo tanto, la vigilancia ha de ser inteligente, y basarse en más de un elemento. Igualmente, cuando en el interior de nuestro hogar, una planta se marchita sin motivo aparente, y revive al cambiarla de sitio, es otra señal de una energía inarmónica.

Los niños también suelen evitar los desequilibrios energéticos o malas ondas, sobre todo si estas se concentran debajo de sus camas. Cuando acaban siempre durmiendo atravesados, es hora de cambiar la dirección del lecho.
Ya ves que puedes realizar un primer acercamiento hacia la armonización de tu hogar, observando tu entorno y la naturaleza que te rodea; luego, contar con la ayuda de una persona sensitiva, que sepa aplicar el Feng Shui de manera personalizada, según los factores únicos de emplazamiento de tu hogar, será un recurso útil para eliminar el cansancio, y el mal humor inexplicable a tu alrededor, y evitar males mayores en el futuro.

Autora: Naida Oirin

Fuentes: 

fengshuinatural.com

ecoproyectoweb.com

radiestesia.es

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