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Despertar de la consciencia: El viaje de la vida (Parte II)

Aunque el camino espiritual es muy personal, y aunque el Despertar de la Consciencia no se dé siempre de manera súbita como en el relato de la primera parte de este artículo, el proceso trae consigo infinidad de descubrimientos sobre uno, la existencia y el ser. 

 

Me gustaría compartir una definición más clara de las etapas y descubrimientos expuestos en dicho relato que surgió de mi experiencia en ese viaje al Despertar.

 

El aviso de la consciencia

 

Tal como queda planteado en el relato, siempre sentí que tenía que haber algo mejor que la vida como la estaba viviendo. Sentía que detrás de toda la frustración, la lucha, la tristeza, la ansiedad y la sensación de vacío, tenía que existir un mejor estado que fuera permanente. Como si viniera de un profundo recuerdo, algo decía que la existencia no se podía resumir en un estado de insatisfacción ni en una sensación de estar siempre en el lugar equivocado. 

 

A los 31 años, a esa sensación se le sumó un momento de crisis que se reflejaba en todos los aspectos de mi vida. Llevaba mucho tiempo sintiendo frustración por la lucha profesional que habían significado casi quince años de trabajo sin alcanzar éxito o estabilidad económica, y había caído en una crisis de ansiedad con ideas delirantes que me quitó el control sobre mi propia mente. Estaba en el fondo del agujero sin poder ver un destello que me diera algo de esperanza

 

Hoy comprendo que todos esos sentimientos eran la voz de la consciencia queriendo recordarme lo que yo era en realidad, y que la crisis era la misma consciencia gritándome para que intensificara la búsqueda

 

Todo eso era mi propio Ser diciéndome que siguiera escarbando, que efectivamente había algo maravilloso que me estaba esperando detrás de todas las pruebas a la vista. 

 

La voz de la consciencia

Nuestro Ser llama constantemente

 

La elección

 

En el relato se habla también de la montaña. De pronto podríamos decir que el sentimiento de que todo podría ser mejor es el terreno plano que estamos cruzando hasta que se nos presenta la crisis en forma de montaña. Cuando se nos cruza la montaña, hay algunas opciones entre las cuales podemos elegir, aun cuando dicha elección no sea un proceso consciente. 

 

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Una de las opciones es ignorar el reto y devolvernos, lo cual significa quedarnos en nuestra zona de confort. Otra es intentar darle la vuelta a la montaña a ver si llegamos al destino sin tanto esfuerzo y sin tanta confrontación, aunque se necesite más tiempo. Y la otra es asumir el reto y comenzar a subir a pesar de lo inclinada que parezca la cuesta. 

 

Ninguna de las elecciones hace que seamos mejores que quien toma la otra. No hay competencias en el sentido de la vida. Es nuestro Ser el que elige de acuerdo con el aprendizaje que esté pendiente y con su propósito. Y esas tres opciones son proporcionales al interés que sintamos por cuestionar lo que somos.

 

No obstante, hoy siento que subir la montaña y vivir sus altibajos era fundamental en el proceso de encontrar el paraíso. Y si tuviera que representar la elección de subirla a través de conceptos conocidos, tal vez diría que la dictó la fuerza de voluntad que hacía parte de la misma voz de la consciencia que me empujaba hacia adelante.

 

El sistema de creencias

 

Una vez decidimos subir la montaña, empezamos a encontrarnos con lo que creemos ser. Empezamos a hacernos conscientes de aquellas cosas en las que creemos y de su procedencia. Y digo lo que creemos ser porque incluso la personalidad que llevamos está construida sobre dichas creencias. Entonces comienzan a surgir preguntas como: ¿De dónde viene todo en lo que creo? ¿Qué tiene de positivo para mi vida y la de quienes me rodean? ¿Qué podría ser diferente? ¿Qué tanto temor encuentro en esas creencias?

 

En mi caso, descubrí que gran parte de las creencias era adquirida por tradición, y en algunos casos a través de la imposición. Tanto en el ámbito familiar como en el escolar, me habían inculcado las creencias del catolicismo en su afán de darme “protección”. 

 

Hoy comprendo que lo que consideraba dogma propio no se basaba en mi experiencia, sino que había sido trasmitido desde las creencias de otros. Y que muchas de las ideas en las que se basaban mis creencias, venían de un miedo aprendido, tanto por quienes me las inculcaron como por mí. 

 

Ese dogma que consideraba propio contenía temores como aquellos que se centran en el riesgo del castigo. Entonces encontré una gran contradicción: Si el mensaje de Dios es amor puro de principio a fin, ¿en qué momento me convencí de que debo tratar de acercarme a Él por medio del miedo, que es justamente la energía opuesta al amor? Si en varias religiones se hablaba de infinita misericordia y amor incondicional, entonces ¿por qué basaba mi búsqueda en el miedo en lugar de basarla en el amor?

 

En respuesta a esas preguntas, se daría otro descubrimiento que consistía en que, detrás del miedo de esas creencias que había adoptado, se encontraba una intención de poder por parte de las instituciones que las promulgaban desde hacía milenios. El miedo era la herramienta de control y poder más eficaz que existía, y nos llevaba a olvidar que no éramos ni más ni menos que los demás, y a olvidar que éramos creados iguales que Dios, a su imagen y semejanza.

 

Estos descubrimientos, en el momento en el que los iba asimilando, me hacían sentir desubicado y desconcertado, pues implicaban la ruptura del castillo sobre el cual había construido mi personalidad. Sentía que lo que siempre había considerado como “la única verdad” no era tan verdad, y veía cómo se derrumbaba el yo que creía ser, ante mis ojos. 

 

Después, con el tiempo se presentó la más grande revelación de todas: Que la Verdad, la única Verdad, no nos la pueden enseñar ni explicar, pues está dentro de nosotros y nace de conocernos y amarnos a nosotros mismos.

 

El Gran Salto

 

En el relato aparece un río que se atraviesa representando el reto de dar un Gran Salto. En mi caso, ese río representaba el miedo a confrontar mis creencias religiosas. Y cruzarlo, significó superar esos temores para encausarme en la exploración de otras corrientes y filosofías

 

En ese sentido descubrí que dentro de algunas doctrinas se enfatizaba en la “no recomendación” en consultar información sobre otras filosofías, como mecanismo de defensa institucional. Pero eran la desesperación propia de la crisis que estaba viviendo, y la búsqueda de soluciones, las que me habían llevado a revisar otras corrientes, y las que me habían puesto en el camino un centro de meditación que me daría la oportunidad de comenzar la práctica de la meditación, todo esto en contra de todos los temores sobre los cuales estaban construidas muchas de mis creencias relacionadas con lo espiritual.

 

Ese Gran Salto significó también la necesidad de absorber lecturas y actividades que me llevaran a conocer más sobre mí; a ahondar en mi propia estructura sin importar qué contenidos o qué prácticas incluyeran o promovieran respectivamente. 

 

Comencé leyendo conceptos relacionados con el budismo y otras corrientes espirituales, y practicando Raja Yoga. Me llegó al mismo tiempo información sobre la estructura del pensamiento y la búsqueda de su control. Posteriormente intentaría el estado de atención plena (mindfulness). Luego se presentaría en mi camino la ley de atracción como herramienta de creación. Y meses después, participaría incluso en terapias de ángeles y talleres de otras índoles.

 

Saltar al vacío

El Gran Salto hacia el auto conocimiento

 

La meditación y el auto observador

En el relato se expone el recuerdo de un libro, como el interés por alcanzar la paz a través del control mental

Otro de los grandes descubrimientos que hice a través de la meditación y la ley de atracción, fue que nada de lo que sucede en la vida es casualidad

 

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Cuando abrimos nuestra mente a nuevas posibilidades, llega a nuestras manos la información que necesitamos y de la manera que pueda ser más comprensible, de acuerdo con nuestras experiencias de vida anteriores y con la vibración en la que estemos. 

 

En mi caso, al poco tiempo de comenzar a meditar comprendí que tal como las creencias se alojaban en mi mente, el pensamiento era el mayor obstáculo cuando se trataba de profundizar en el conocimiento sobre mí

 

Con ello, se presentó otra maravillosa revelación: La consciencia estaba detrás de lo que llamaba mente (pensamiento), y la meditación me permitía hacer la mente a un lado para vivir desde mi verdadero Ser

 

A medida que iba aprendiendo a controlar la mente, iba haciéndome más consciente de las cosas que la ocupaban diariamente. Esto era como activar, o potenciar, al auto observador que había en mí. En principio, este estado me llenaba de culpa, pues el ver la oscuridad dentro de mí me llevaba al remordimiento y la recriminación, en gran parte por las mismas creencias. Más adelante comprendí que ese estado no era para castigarme ni incrementar las culpas, sino para ir vaciando la mente y ver así los destellos de mi Yo real

 

Adicionalmente, de esta manera se hacía más evidente que el pensamiento como todo lo que conforma la Creación, era energía, y junto con la acción y la emoción eran el gran motor de la creación de nuestro propio futuro, individual y colectivo. En la medida en la que fortalecía la capacidad de controlar mi propia mente, podía entender mejor la manera como lograba modificar el curso del pensamiento –y a través de él modificar la emoción– para crear mi destino. La felicidad comenzaba a ser el camino y no el fin. 

 

Hoy comprendo que alrededor de la meditación hay muchos mitos. El principal consiste en que para meditar se debe buscar un lugar especial y adoptar una postura específica. Por supuesto que si estamos en un lugar apacible y adoptamos una postura que esté relacionada con el flujo de energía, puede haber mejores resultados. Pero cada acción que se realiza es una pequeña oportunidad para practicar la meditación

 

Como se muestra en el relato, el interés por mantener la paz desde la mente, se veía reflejado en la intención de poner toda la atención en todo lo que se presentaba en el viaje. Cada cosa que nos compone —como el latido del corazón y la respiración—, y cada cosa que hacemos en nuestra cotidianidad por sencilla que parezca, la podemos aprovechar para ir generando el hábito de controlar nuestra propia mente. Cuando le damos toda la atención a la respiración o a nuestro propio movimiento durante actividades que realizamos día a día —sea caminar o realizar una tarea doméstica—, estamos permitiendo los espacios que necesita la consciencia para florecer.

 

Otro mito alrededor de la meditación es que dejar la mente en blanco no es posible. A medida que nos involucramos en la meditación encontramos que, no solo es posible dejar la mente en blanco, sino que es parte de nuestra naturaleza tenerla al servicio del Ser. Pero lo hemos olvidado.

 

El auto conocimiento y la separación

 

En el proceso de aprender a meditar, y una vez se ha activado o potenciado nuestro auto observador, empieza a darse gran parte del conocimiento de nosotros mismos. Sin embargo, podemos complementar las técnicas de meditación que hemos decidido practicar, con la consulta de información y la vivencia de nuevas experiencias, todo ello enfocado hacia el auto conocimiento. De esta manera podemos hallar más secretos sobre el origen de nuestra personalidad, y podemos abrir un mayor acceso a la Luz que somos.  

 

Esto se convierte poco a poco en una herramienta fundamental para superar obstáculos en el viaje hacia el interior, y en una fuente fundamental en el camino al Despertar. Los contenidos de autoayuda y los talleres experienciales, en su mayoría, están creados y/o diseñados por personas cuyo interés primordial es que los demás vivan la felicidad que nace de una consciencia elevada.

 

Hoy comprendo que en algún momento de mi infancia se había dado una separación entre mi Ser y mi yo ficticio. Mientras creaba la personalidad me iba separando de mi propia esencia, construyendo una vida ilusoria sustentada en la intención de ser alguien desde los logros. En otras palabras, el sistema me había convencido de que tenía que hacer y tener para ser, cuando la esencia del espíritu me dictaba que tenía que ser y estar para recordar al Ser que ya era por el hecho de existir como partícula de Dios, o como lo siento hoy, partícula de mi Padre/Madre.

 

 

El Despertar

 

Al llegar a la cima de la montaña, podemos ver y sentir el paraíso. En ese instante sabemos que algo ha pasado en nosotros que nos ha cambiado para siempre. En ese lugar se revela el sentido que ha tenido cada una de las experiencias vividas, por heterogéneas que nos hayan parecido, y tal como queda expuesto en dicho relato, comienza la aventura hacia la iluminación o la consciencia Crística, que a manera de adelanto, no es más que morir y volver a nacer en la nada para regresar al estado de unidad con la Fuente y al estado de amor incondicional hacia el Todo, tal como muchos maestros han venido a promulgar. 

 

La meditación nos Despierta

El poder de conocerse

El momento

Actualmente vivimos la grandiosa oportunidad de aprovechar una energía poderosa e incesante que viene a elevar consciencias. A esto se debe que muchas personas se encuentren en el agujero, otras yéndose y otras Despertando. Pero el fin último de todos los acontecimientos por intensos y dramáticos que parezcan, es que entre todos —junto con la Tierra— creemos el paraíso, o como se dice con frecuencia actualmente, que entre todos construyamos la Nueva Tierra. Podemos comenzar por elegir ver dichos acontecimientos como los eventos necesarios de limpieza para la renovación. Toda renovación necesita que lo viejo se transforme. Así lo estamos viviendo hoy día mientras Despertamos.

 

Bienvenidos a la Nueva Tierra.

AUTOR: André van Hissenhoven

VISTO EN: https://www.facebook.com/Viaje-al-Despertar-502213663201747/?ref=br_rs&pnref=lhc

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Sobre André Van Hissenhoven
André Van Hissenhoven nació en Bogotá (Colombia) en el seno de una familia estructurada en el catolicismo. Estudió en colegio católico también, así que su formación tanto en casa como fuera de ella se basó en los lineamientos de esta religión. Luego se formó en música con énfasis en composición y producción, haciendo de estas sus actividades principales. Siempre, desde lo que puede recordar, sintió que debía haber algo más detrás de la rareza de la vida y de una extraña insatisfacción que experimentaba con frecuencia. Hasta que en el año 2013 vivió una experiencia mística que le cambió la vida de manera radical. Ahí comenzó un intenso viaje hacia lo que él llama “su muerte en vida”, para llegar cuatro años después a la consciencia Crística. Dicha vivencia le permitió ver el propósito de la existencia y de la vida en esta Tierra, y descubrir y comprender con ello muchas cosas sobre el ser, su evolución y el importante momento del planeta. Desde eso, vive entregado al presente y al plan de su espíritu, y con la intención puesta en proyectar la nueva Tierra.

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