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Dios como el sol, y el poder de creación

La consciencia se manifiesta en cada uno de maneras diferentes. Sin embargo, se podría decir que su búsqueda intrínseca del ser se presenta comúnmente en forma de típicas preguntas entre las cuales podemos encontrar ¿qué soy? ¿para qué estoy aquí? ¿qué o quién es Dios?. En palabras más cortas, la consciencia se va abriendo camino buscando y encontrando respuestas sobre la existencia, mientras reclama su poder de creación

Dentro de todas las analogías que se han empleado en ese afán del ser humano por encontrar sentido a la existencia, hay una que puede ofrecer una visión práctica de la misma, aclarando un poco el panorama: La analogía basada en el sol, sus características y nuestra relación con él.

Está científicamente comprobado que todo lo que existe es energía en vibración, la cual genera un campo electromagnético, emitiendo a la vez ondas y otras formas de energía. Para un ejemplo simple, podemos recordar la manera como la luna y el sol afectan las mareas de los océanos. De la misma manera, podemos escuchar los sonidos que se producen en el espacio. Aunque las ondas sonoras necesiten un medio en el cual propagarse, y aunque el espacio carezca del mismo por ser vacío, el hombre ha hallado la manera de transformar en sonido las ondas producidas por los campos electromagnéticos de los astros, como una muestra contundente de esta teoría de la vibración. Hoy día, este experimento se está realizando incluso con las plantas, arrojando los mismos resultados. Esta forma de energía es una demostración del poder de creación que está implícito en todo y cada cosa que existe; en todos y cada uno de los seres vivos del planeta y de fuera del mismo. Y por obvias razones, el ser humano no tiene por qué quedar fuera de la ecuación.

 

Energía en vibración

LA ANALOGÍA

La energía

En el caso del sol, además de emitir sus ondas electromagnéticas, produce otra forma de creación que se da en forma de fotones de luz y calor, los cuales permiten que exista la vida en la Tierra tal como la conocemos. Estos fotones surgen de su campo y continúan su camino como energías individuales que hacen parte de un colectivo, hasta llegar a ser absorbidos, o hasta transformarse.

Entonces puede surgir una pregunta: ¿Qué seríamos nosotros junto con el sol si no producto de un sol magnífico que ha tenido la capacidad de crearlo todo? Y yendo un poco más a profundidad, si existe ese Ser parecido al sol pero del cual incluso el mismo sol hace parte, ¿no podríamos ser nosotros como fotones del mismo? Cada uno de nosotros es como un fotón de energía en vibración que surgió del ímpetu expansivo de ese inmenso sol al que llamamos comúnmente Dios. Y si buscamos un nombre adecuado para el fotón puro que somos viniendo de Dios, podría ser el Yo Soy o Yo Superior, que no es más que la energía de Dios presente en cada uno de nosotros. Siendo así, y si la energía primordial del sol hacia la Tierra es luz y calor, ¿cuál será la energía a partir de la cual estamos hechos nosotros? En nuestro caso, la energía primordial de Dios presente en nosotros es el amor incondicional.

La esencia y la unidad

Pero, ¿será que cada uno de los fotones del sol deja de ser parte del sol en el momento en el que es “disparado” hacia su exterior? No. Nunca deja su esencia. Incluso cuando es absorbido o transformado en forma de energía siempre será un fotón que nació del sol y el cual porta su energía. El fotón se puede hacer una idea de separación en el momento en el que se desprende de su fuente, pero siempre será parte de esa fuente, pues hace parte del caudal de energía que proviene de la misma.

Con nosotros, los demás seres, sucede lo mismo. Es posible que parezcamos ser el producto indirecto de Dios. Es posible que hayamos surgido como parte del caudal de energía de diferentes astros. Pero de ser así, dichos astros han sido también creados por ese Dios. Eso hace que llevemos su esencia en nosotros, aun cuando la energía que somos haya vibrado en estados diferentes durante nuestra existencia, y hace que seamos parte de Él aunque hayamos creído estar separados en algún momento.

La consciencia

¿Cuánto tiempo nos puede tomar comprender que si nos exponemos al sol por tiempo prolongado nos quemamos? Años tal vez. De hecho, es posible que aunque lo hayamos descubierto a muy temprana edad, en una vida no terminemos de asimilarlo, y que continuemos hasta poco antes de morir de viejos exponiéndonos a su calor hasta las llagas.

Si somos parte de la energía de Dios, la existencia consiste en recordarlo para volver a ser Él. Ese proceso es a lo que llamamos elevación de la consciencia. Y tal como sucede con las quemaduras del sol, nos puede tomar muchas vidas en la Tierra recordarlo

 

El sol y la consciencia

La cocreación

Para que cada uno de estos fotones pueda cumplir su cometido, debe contar con la ayuda de otros fotones y del campo energético que producen juntos. Para que la Tierra reciba suficiente luz y calor para que haya vida, se necesita el trabajo energético de infinidad de fotones vibrando al mismo tiempo.

En nuestro caso, el término individuo es solo una ilusión. Nosotros, como los fotones, somos energía creativa que hace parte de un Todo. De esta forma tenemos la misión de crear con los demás un campo de energía que brota desde el amor incondicional que somos. De ahí viene la palabra cocreación. Ese ímpetu creativo de Dios como creador nos pone a nosotros en la misión de cocrear con los demás a partir de un mismo propósito. Y si podemos afirmar que el propósito de los fotones del sol es cooperar para que se genere y se mantenga la vida en la Tierra, nuestro propósito como Seres puede ser el de crear y mantener la vida enfocados en el bien de todos; en el bien del Todo.

La no dualidad

En la Tierra hay momentos de luz y momentos de oscuridad sin que esto afecte al sol. El sol emite permanentemente su luz y su calor sin que la posición de la Tierra en un momento dado repercuta de alguna manera en él, aunque existan los periodos del día y la noche

Con respecto a Dios es igual. Él nos creó desde el amor incondicional, así que eso somos. Y las virtudes de su energía que están presentes en nosotros son tan puras, que el bien y el mal no existen como polaridades. Sin embargo, creó también ciertos escenarios y nos permitió que nos experimentáramos de vez en cuando en la oscuridad para que pudiéramos recordar la esencia dentro de nosotros, pues sin oscuridad, no se puede ver la luz. La elección que hagamos es ajena a Él. Él no cambia con respecto a la decisión que tomemos de movernos en la luz o en la oscuridad

El libre albedrío

¿Acaso el sol decide quién merece recibir luz y calor de acuerdo con su comportamiento? ¿Acaso exige que nos paremos en el lado de la luz constantemente? No. El sol, a partir de su función creativa, da luz y calor a todo aquel que quiera recibir. Sin clasificaciones ni distinciones de ningún tipo. Y siempre está ahí para cuando la sincronía con la Tierra permita que lo queramos recibir, indiferentemente de nuestro comportamiento. Es el movimiento de la Tierra lo que nos condiciona a poder recibir la luz y el calor del sol.

Dios trabaja de la misma manera. Dios hace parte solamente de quien se comporta de una u otra manera. De hecho, para Él no hay maneras de comportarse. Él crea constantemente para que haya un “darse cuenta de su existencia” a partir de la experiencia de cada cosa que va creando, incluyéndonos, con total libertad y sin lugar al juicio. Ese es el libre albedrío tan mencionado en tantas doctrinas. ¿No sería contradictorio que nos hubiera dado el libre albedrío al lado de un poco de normas sujetas al castigo? ¿No sería poco propio del amor incondicional decir a la humanidad que tiene que vivir bajo ciertas condiciones? ¿No sería inmisericorde crear un infierno y condenarnos si no llevamos un comportamiento específico basado en sus reglas? Así como el movimiento de la Tierra es el que condiciona la presencia de luz y oscuridad en ella misma, somos nosotros los que condicionamos la presencia de amor o miedo en nuestras vidas, a través de nuestros  pensamientos, emociones, palabras y obras. Somos nosotros los que decidimos si actuar desde la luz, o actuar desde la oscuridad.

 

Libre albedrío

La justicia Divina

¿Es el sol quien nos obliga a tomar de su energía? ¿Es Él quien nos condiciona a morir si renunciamos a la misma? No. Aunque veamos cierto incremento de su energía día a día, Él actúa siempre de la misma manera hacia la Tierra. Y depende de nosotros recibir o no de sus energías lumínica y calórica. Ahora bien, si decidimos dejar de tomar de su energía durante días, habrá ciertas consecuencias. Pero son consecuencias que parten de nuestras elecciones, y por ende, son nuestra responsabilidad. Y en esas consecuencias no hacen parte ni un juicio ni una decisión de parte del sol.

Con Dios sucede lo mismo. El actúa siempre de la misma manera y depende de nosotros lo que llegue a nuestras vidas. Existen una ley (de causa y efecto o del karma) y un escenario para todos (la Tierra), mediante los cuales proyectamos en nuestras vidas una realidad acorde con la energía que emitimos. Si emitimos energía de oscuridad, recibiremos momentos oscuros. Si emitimos, por el contrario, energía de luz, recibiremos momentos de luz. Si proyectamos amor, recibimos amor. Si proyectamos miedo, crearemos situaciones de miedo. Pero en ninguna de las anteriores situaciones hay un proceso de juicio o sentencia de parte de Dios hacia nosotros. De ahí que cada ser sea el creador de su destino y que cada ser sea responsable de sus actos y de realizar un balance del aprendizaje obtenido de los mismos. 

El poder de creación

Así como el sol cuenta con su sistema de energía, cada uno de nosotros cuenta con un sistema energético conformado por los chacras y el campo electromagnético. Ese sistema está diseñado para que podamos desenvolvernos en este medio de aprendizaje que se llama Tierra. Los chacras inferiores están relacionados con las emociones (terrenales), y los superiores con la mente (terrenal también). Y el chacra del corazón emite el sentimiento como manifestación del Yo Soy. ¿Será por esta razón que se descubrió hace relativamente poco que el corazón tiene neuronas y que el campo electromagnético del corazón es 5.000 veces más intenso que el del cerebro?

La elección de lo que creamos día a día en nuestras vidas, es nuestra. Cada uno tiene el poder de construir o destruir empleando dicho sistema. Cada uno tiene el poder de producir amor o producir odio a partir de ese sistema. Cada uno tiene el poder de generar amor incondicional o generar temor a partir de ese sistema. Y cada uno tiene el poder de crear para sí mismo o de cocrear con los demás a partir de ese sistema. 

Y aunque puede ser claro que la vida está llena de matices y que nada es blanco o negro, el cuestionamiento sobre lo que estamos creando puede ser interesante a la hora de pensar en la consciencia y los sucesos que vemos pasar en el planeta. Y en ese orden de ideas puede resultar de suma importancia recordar que en cada uno de nosotros está presente el poder creativo de Dios.

Pero más que eso, es crucial que recordemos que podemos aprovechar más ese poder creativo de Dios en nosotros cuando intentamos elevar las emociones al corazón, así como bajar el pensamiento al corazón. Es crucial recordar que podemos crear pensando y sintiendo y actuando desde el corazón.

Namasté

Autor: André van Hissenhoven

Visto también en: https://www.facebook.com/Viaje-al-Despertar-502213663201747/?pnref=lhc 

 

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