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“Diversiverdad” El gran escaparate de la sanación física y espiritual online. Por Maite Barnet.

el gran escaparate de la sanación  espiritual

 

Vaya por delante mi declaración de principios. —La mía–

No estoy en posesión de la verdad. Tengo –mi verdad– esa que es válida para mí, al menos en este momento y ni siquiera esa supuesta verdad puedo afirmar que sea verdadera, que lo haya sido alguna vez, o que pueda llegar a serlo

 

Publiqué hace unos días un post en las redes sociales:

–Tengo miedo mucho miedo, no creo que consiga vivir eternamente y eso me asusta, tampoco creo que consiga evitar todas las enfermedades. Mi evolución espiritual avanza a un ritmo más lento del que me gustaría y en medio de todo eso no sé qué hacer. 

Antes, hace un tiempo, me sentía tranquila, podía comer y disfrutaba con la comida, intentaba evitar aquello que me dañaba, pero no le temía y me sentaba bien. Cuando tenía una enfermedad buscaba claro está una forma de curarme o sanarme bajo el paradigma en el que creyera en cada momento y seguía mi camino con mis luchas diarias, con mis aciertos y con mis errores. Creo que Vivía o eso me parece recordar… Ahora miro la comida y temo que los ajos, los tubérculos, las legumbres, los cereales y tantos y tantos alimentos que han permitido a la humanidad alimentarse durante milenios y nos han ayudado a llegar a donde estamos hoy me maten, me enfermen… y no puedo disfrutar de comer con el mismo placer con que lo hacía. En unos pocos años hemos pasado por el vegetarianismo, la macrobiótica, paleolítico, vegano … y todos intentan demostrar que los demás son nocivos están equivocados y nos dañan.

Cada vez que estoy enferma me siento culpable de no haber sido capaz de resolver adecuadamente mis complejos problemas espirituales y emocionales y me siento responsable de lo que me está pasando, la enfermedad ha dejado de ser algo que puede ocurrirle a cualquiera, para convertirse en la luz de advertencia de que algo no estamos haciendo bien. Entonces miro a las plantas y a los animales, que también enferman y me pregunto que habrán hecho para merecerlo y con qué estrategias de evolución espiritual y emocional contarán para auto sanarse. Y ciertamente la perspectiva de vivir eternamente nunca me había angustiado, aceptaba las etapas de la vida como parte de un ciclo que tiene principio y final y sentía que la eternidad era ya parte de mi misma esencia, a ella pertenecía y a ella volvía… Ahora me miro en el espejo y cuento los días que me quedan intentando sumarle años a base de complementos nutricionales que son la otra cara de la farmacología normal y de no comer no vivir, y no sentir, de no permitirme ser como soy y disfrutar de la vida y surfear con ella cuando toca y sufrir algún revés de vez en cuando, que entiendo que eso también forma parte del proceso mismo de vivir.

Y no sé si llegare a la iluminación, no sé si conseguiré cambiar de dimensión en la frecuencia adecuada o tendré que morir como consecuencia de no ser capaz de ello y no porque sea parte del proceso natural de la existencia.

Ya por ultimo tampoco se en que lengua tengo que hablar para que las palabras no me dañen ni me manipulen y aquello que digo sea exactamente lo que tengo que decir aunque el significado no lo entienda y no me resuene…

Me he perdido en medio de todo ese barullo que circula por las redes y que pretende hacernos más sanos, más espirituales, más longevos– sino eternos– y mejor hablados.

Por supuesto todo lo que acabo de escribir es una caricatura bastante grotesca y quienes me conocen saben cómo pienso y actúo pero necesitaba expresar mi desconcierto entre tanta y tanta información entre tanta y tantas promesas, en definitiva entre tanto y tanto miedo encubierto de una u otra forma y dejar abierto un pequeño resquicio para la reflexión.

Quienes me conocen saben lo que pienso.

 
Solo espero que el resto no se moleste, no es ni ha sido nunca mi intención–.

 

Este texto levanto alguna que otra ampolla. Lo que pretendía ser solo una reflexión en clave de humor, se me fue de las manos y hubo quien afiló las armas sintiéndose atacado y agredido.

 

Me plantee eliminar esta publicación, alguien que me conoce y me aprecia me disuadió de hacerlo y me hizo ver que estaba en mi derecho de opinar sobre un tema tan diverso, dispar y controvertido como lo son los contenidos que se difunden en la red.

 

Llevo tiempo pensando, suelo hacerlo, me gusta reflexionar darles vueltas y giros a las cosas, a las ideas, a las palabras diseccionar a veces los contenidos buscando aquello con lo que vibre o me identifique en un determinado momento.

 

Me encuentro, al menos a veces así lo siento, en medio de un mercado virtual, una feria ambulante de ideas y conceptos donde cada uno exhibe su mercancía ya sea espiritual o de salud buscando posicionarse como la mejor opción, la única y la verdadera… La competencia a veces es fuerte y algunos en su afán de hacer oír su voz toman el papel de esos antiguos charlatanes de feria que tantas veces hemos visto sobre todo en las películas del oeste. Vendedores de milagros, de elixires mágicos, de verdades entrecomilladas y de mentiras disfrazadas. Una variada oferta que pasa de muro en muro prometiendo, enseñando, dirigiendo los pasos y guiando a tantos y tantos.

 

 Que hacer, que sentir, que comer, como hablar…

 

frases bonitas, imágenes sugerentes, enunciados sensacionalistas que prometen una panacea para la salud, la longevidad. la belleza, o el despertar espiritual y la iluminación. Indicaciones de cómo debemos sentir, actuar y pensar, incluso como hablar y de repente nos encontramos aprendiendo un lenguaje que no es el nuestro que no tiene significado para nosotros, con el que difícilmente podemos hacer más que adorar e idolatrar a quienes nos guían por este camino. Y algunos, fascinados ensalzan de nuevo falsos dioses enviando ofrendas virtuales de oro y demás en un intento de desprogramar con palabras lo que con palabras se programó y vuelta a empezar.

 

Me pregunto si hemos cambiado tan poco desde los tiempos antiguos en que el miedo manipulaba las acciones las ideas y las vidas de los hombres, la religión se adueñó del que pensar, que sentir, que decir e incluso que comer. Hoy bajo la forma laxa de múltiples “diversiverdades” continua esta manipulación, aunque creyendo siempre que es nuestra decisión personal y nos colocan esas orejeras virtuales que nos conducen a donde interesa y en nombre de todo eso pensamos y actuamos, comemos y hablamos de una determinada manera. El miedo siempre el miedo detrás de cualquier ideología por muy aparentemente discreta que esta sea y nos dejan sin red, desprotegidos de nosotros mismos. Mercaderes de todo en ese gran escaparate en que se convierte la pantalla de nuestro ordenador o nuestro teléfono.

 

No estoy diciendo que todos nos engañen.  Aproximaciones a alguna verdad las hay, estoy segura. También personas cargadas de buenas intenciones que se preocupan por nuestro bienestar a todos los niveles y que se sienten de alguna manera motivados a hacer proselitismo de aquello en lo que creen y eso debo confesar que, con mesura y discernimiento me parece coherente. Pero siento y es opinión personal en todo momento, que en ocasiones me siento incomoda ante la idea o la sensación de que aquello que se transmite sea del tema que sea, compite entre sí para intentar convertirse en dogma, en una verdad absoluta, en la verdad. Algunos de los que nos enseñan, nos ilustran y nos guían intentan vender su verdad de la manera más impactante posible  ya sea transmitiendo miedo o entusiasmo, en ocasiones desmesurado y siento que esas supuestas verdades que de ser algo no son más que diferentes parcelas o versiones de otras verdades o formas de entender el mundo y la vida  acaban convertidas en muchos casos en mascaras para encubrir un negocio o una ideología que de alguna manera se vende, se exhibe y se mercadea ya sea en forma de productos, de reflexiones o  incluso de monólogos espirituales  que de alguna manera manipulan a quienes las siguen para que actúen sientan y piensen según sus dictados.

 

Probablemente habrá quien al leer estas palabras se llevará las manos a la cabeza o me tachará de loca o de alarmista y están en su derecho, claro que sí, porque la mía también es una opinión, una manera de entender y de actuar. Busco el equilibrio, no siempre lo encuentro, no es fácil. Soy consciente de que si bien vivimos en una época que podríamos de alguna manera considerar privilegiada pues la humanidad en conjunto ha alcanzado un nivel de evolución tecnológico y algunas conquistas sociales altamente destacables, a otro nivel  continuamos dominados por el miedo, ese miedo inconsciente que se infiltra por todas las rendijas de nuestro ser sin que apenas nos demos cuenta. Vivimos muchas veces en un sinvivir dominados por el “miedo oculto” a la perdida de la salud y la juventud a la búsqueda de la longevidad a cualquier precio, la salvación espiritual sigue siendo una meta lejana inalcanzable y el miedo a los propios tiempos que estamos viviendo, a veces nos deja en una inevitable situación de vulnerabilidad y es lógico que en medio de tanto caos interno y externo, la gente se posicione y busque una guía y un camino a seguir.

 

También yo que me permito dudar y mirar con lupa todo lo que me llega, me identifico más con algunos pensamientos, sentimientos y teorías que con otras incluso debo reconocer que yo misma en ocasiones los expreso. Sin embargo, me doy cuenta de que estamos en medio de ese inmenso mercado virtual de” diversiverdad”, o supuestas verdades absolutas que nos dejan ciertamente poco margen a pensar y actuar desde la reflexión personal sentida por nosotros mismos y nos apuntamos a la moda de moda en cada momento.

 

A mi entender hay tantas verdades como individuos sean capaces de aceptarlas o acatarlas.

 

No estoy diciendo, nada más lejos de mi intención, que todos somos tontos y que nos dejamos engañar Ni que todo sea mentira y nos engañe. Esto es solo una reflexión que surge de mi necesidad de pensar, sentir y buscar respuestas, una necesidad que sé, es compartida por muchos.

 

Quiero mantener mi mente y mi espíritu abiertos, a escuchar, a entender, a comprender y a vibrar y resonar con diferentes aspectos de diferentes verdades que van constituyendo la senda por la que voy caminado en esta vida. No sé a dónde me llevará ni cuál será la próxima ruta a seguir después de la siguiente pregunta, de la nueva reflexión, de la próxima duda. Solo sé que no quiero dejarme atrapar por el miedo, no quiero que nadie me manipule ni dirija mis pasos en una sola y única dirección supuestamente verdadera que excluye por definición todas las demás. La diversidad, enriquece, la búsqueda nos mantiene alerta. Sea lo que sea aquello en lo que creamos o con lo que nos sintamos más identificados, parémonos un momento a preguntarnos si nos hace vibrar o sentir en miedo o en paz interior, tranquilidad o incluso amor, pero hagámoslo desde nuestro interior, sintiendo como respiramos ante esa verdad. Aquello que decidamos será bueno para nosotros, al menos en este momento y podremos abandonarlo o cambiar cuando creamos que ya no nos satisface, sin miedo, siendo capaces de descorrer el velo de la falsa fascinación de la sugestión que ejercen muchos de los que mercadean con las supuestas verdades y sintiéndonos verdaderamente libres de elegir y dirigir nuestros propios pasos.

 

Que el discernimiento sea nuestra mejor herramienta.

 

Autor: Maite Barnet

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Sobre Maite Barnet (Redactora GHB)
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