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El colibrí y el acllahuasi, por Arnaldo Quispe

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La primera noche sin sus padres ni hermanos era una agonía sin final, ella adoraba también a sus cuyes y comenzaba a extrañarlos mucho, pensando “y ahora quién les dará compañía y de comer”. No en vano le decían desde pepueña Qowi chay, porque pasaba mucho tiempo jugando y hablando con sus mascotas favoritas.  A sus diez años Qowichay había sido destinada como doncella para la casa de las escogidas del reino Inca, el acllahuasi, era un honor para el entero ayllu familiar. Sin embargo, ella lloró esa noche y las siguientes encontrando consuelo solo después que las demás acllas la aceptaran como amiga.

Una tarde dentro de los jardines del templo, Qowichay vió un bello colibrí merodeando las flores rojas de qantu, como ella tenía la costumbre de hablar con sus cuyes, esta vez quiso hacer lo mismo con el inquieto colibrí. Para su sorpresa el colibrí le hablaba de una forma que solo ella podía entender. Qowichay tenía el don de hablar con los animales.

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El colibrí preguntó:

– ¿Porqué lloras todas las noches dulce Qowichay?. Debes saber que las aves nocturnas comparten tu dolor y la noticia ha llegado a todo el reino.

Ella respondió:

No es mi intención ofender la tranquilidad de las aves, pero extraño mucho a mis cuyes y siento que debo salir de aquí e ir a verlos.

El colibrí revoloteó por los jardines a fin de asegurarse que las maestras del palacio no se percatasen de la ausencia de Qowichay durante las lecciones. Luego continuó:

– Ser un aclla es un honor para los ayllus del reino, pero si sufres mucho por estar aquí es mejor que logremos que te reunas con tus animales.

Ella algo animada por la complicidad de su nuevo amigo, le dijo:

Gracias querido colibrí, sé que me ayudarás a escapar de aquí. Pero ya que por la puerta no puedo salir te propongo que me conviertas en colibrí y así podré huir volando rasante por los aires del divino Wayra.

– Justo había pensado en ello, en que te conviertas en colibrí para que puedas pasar inadvertida y así reunirte con tus animales. Le respondió el colibrí y continuó:

– Sabes que te voy a a yudar pero necesito que esperes la llegada de la luna llena, pues así tengo mis poderes mágicos y de seguro te convertiré en una colibrita muy bonita. Para ello pues, debes esperar una semana, pero en esta semana prométeme que a clases vas a entrar y vas a escuchar con atención la sabiduría de las legendarias maestras.

– Hecho querido amigo. Puntualizó Qowichay.

Esa semana Qowichay escuchó con mucha atención el legado de sus maestras y cada tema nuevo comenzaba a ser de enorme interés. En pocas lecciones ella comprendería muchas interrogantes de la vida adaptadas a su edad, las clases no parecían después de todo una pérdida de tiempo. Un día antes del encuentro con su amigo colibrí, ella participó de un ritual con la tinya sagrada y en la medida que sonaba el tambor andino visualizaría a sus adorados cuyes y uno de ellos le diría:

Ten calma princesita que nosotros estamos bien, nuestros pedidos de que crezcas como persona se han cumplido y hoy eres una escogida, una doncella que servirá a su pueblo y a los animales del reino. Cuando crezcas tal vez llegues a ser la soberana, aunque si ello no pasara sabemos que muchos animales recibirán tus dones y la protección que necesitan a tu lado.

Ela permaneció contrariada en lo que restaba de la sesión, pero una nueva sensación de seguridad le invadía desde el interior de su corazón y con ello se fue a dormir esta vez sin ningún tipo de llanto que la acompañase.

Cuando llegó el momento del encuentro con su amigo colibrí, este le preguntó:

– Dime doncella Qowichay ¿qué has decidido hacer?

A lo cual ella respondió  categóricamente:

– Me quedo. Esta semana he abierto mis oídos y he escuchado el mensaje de las maestras. Por ello necesito ser fuerte y esta alianza con la escuela servirá para que pueda aprender muchas cosas y servir al reino protegiendo siempre la vida de mis hermanos los animales. Gracias colibrí por escucharme.

¿Una semana puede ser tiempo suficiente para cambiar de parecer? El colibrí sugirió una semana, tal vez escuchar puede cambiar la manera de decidir. Para Qowichay una semana de silencio le ayudó a vencer sus propios miedos y descubrir un propósito trascendental. Será por ello que en las montañas andinas se escucha decir en meditación qhaway: “ten fé en el colibrí, él te ayudará, pero tú debes tomar la desición y mover tus pies”. EL CAMINO LO DEBES HACER TÚ MISMO.

 

El colibrí y  el acllahuasi, por Arnaldo Quispe

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Sobre Jorge (Coordinador GHB)
Jorge es uno de los coordinadores de hermandadblanca.org, uno de los silenciosos fundadores del proyecto en el año 2006. Meditador y apasionado del desarrollo de la auto-consciencia.
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