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“El día que conocí a dos ángeles”: la historia de Ed, por Luzía Morales

Todos tenemos un propósito -o varios- en la vida de los demás.
Qué importante es estar atentos a las señales que Dios/Universo nos hace llegar, a través de N cantidad de formas, personas, medios, circunstancias, etc. Qué importante es nuestra intuición y nuestra sensibilidad. Qué importante es que, si tenemos todos los medios para ayudar, ¡Ayudemos! No por lo que podamos recibir, sino por el simple pero mágico hecho de dar(nos) -a los demás-.

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                            Permanece atento a las señales. Están por todos lados.

                         

Hace un par de años, yo tenía unos 18-19, fui a parar a un hospital en plena madrugada por un dolor abdominal muy fuerte; y mientras me hacían unos estudios en la sala de emergencias, veía que iban llegando pacientes por diferentes motivos; la mayoría bastante lastimados; entonces empecé a orar por ellos, (en ese entonces yo no estaba tan despierta o consciente de las cuestiones espirituales, la Luz, meditar, y todo eso que hoy me encantan; sin embargo, recuerdo que me “imaginaba” que toda esa sala estaba cubierta de Luz blanca -yo no sabía si estaba delirando por el dolor, pero me dejé también en manos de Dios-.


Pasando algunos minutos, mi mamá y yo empezamos a escuchar a alguien que se quejaba demasiado, pero su acento era distinto; estaba en la cama contigua a la mía, y nos pareció extraño escuchar que intentaba comunicarse con las enfermeras y viceversa, ¡¡Pero no podían!! Ahí supusimos que era un extranjero. De esas veces que sientes que te empieza a latir el corazón y una voz por dentro te dice: “¡HAZ ALGO!”, y entonces recordé que nunca estamos en algún lugar sin una razón aparente, aunque en el momento no sea evidente. No hay casualidades ni coincidencias, mucho menos errores. Estamos por algo y punto.

Mi madre y yo nos volteamos a ver y nuestros ojos esbozaron un implícito “sí”. Me paré como pude y asomé mi cabeza en el cubículo de a lado, aprovechando mi gusto por el Inglés, y pregunté: “¿Hay algo que pueda hacer para ayudarlo?”

 

Nunca olvidaré su mirada, entre el dolor que estaba sintiendo, pudo sonreír y dijo “THANKS GOD!!” (“¡GRACIAS A DIOS!”) Al parecer, en ese momento, era la única persona que hablaba Inglés en todo el hospital, o al menos en esa sala. Comenzó a contarnos su historia:

Edward, de 70 y algo de años, viajó por sí solo desde Arkansas a México para recorrer el país en su camioneta; en el camino de Zacatecas a Saltillo, a causa de un descuido, se volcó en medio del desierto, a más de 2 hrs. de distancia del poblado más cercano y ni se diga del hospital más cercano; como pudo, salió de su van, pero al instante en que había intentado ponerse en pie, se desvaneció pues no pudo tolerar el dolor en su espalda; pensó que moriría deshidratado o por insolación, o simplemente del dolor… Cuando comenzaba a perder la conciencia, escuchó que alguien le gritaba desde la carretera. Era Juan, un taxista que llevaba a su familia de regreso a Zacatecas; y aunque no pudieron comunicarse porque Juan no hablaba ni una pizca de Inglés y Edward ni una de Español, se ofreció a llevarlo hasta encontrar quién pudiera ayudarlo, viendo la gravedad de su accidente.

 

Y aquí fue donde se entrelazaron nuestras vidas; le ofrecí a Ed todo nuestro apoyo para ayudarle en lo que fuera necesario: trámites, papeleo, seguro, y simplemente a no sentirse solo, en especial por el estado en el que se encontraba.

 

Cuando llegaron los médicos para revisarlo, dieron malas noticias, se atrevían a decir que su columna había sufrido daños severos y que necesitaría una cirugía urgente, pues corría el riesgo de quedar paralítico ¡De por vida!

 

Yo no podía creerlo, ¡¡¡Cómo podría explicarle a este señor -que me bastó minutos para darme cuenta que su esencia era tan pura-, que quizá no podría volver a caminar!!!

Mi mamá y yo comenzamos a movernos para pedir una segunda opinión; le preguntamos a Ed si había alguien a quien pudiéramos llamar de su familia, y nos pidió que localizáramos a su hermana Charlotte que vivía en San Diego; no dudé en llamarle de inmediato, apenas terminé de explicarle lo que había sucedido y los pronósticos, cuando ya estaba haciendo todos los arreglos necesarios para venir a Saltillo.

 

Por suerte, su aseguradora se encargó de todo, y en cuestión de horas ya lo estábamos trasladando a otro hospital de un poco más categoría; había transcurrido un día y medio, y mi madre y yo no nos habíamos despegado de él, ni mucho menos dejarlo solo con médicos, puesto que -y me entristece decirlo-, percibimos que algunos querían aprovecharse de su situación (al verlo desamparado, grande de edad, sin entender el idioma, y con dinero); al llegar al otro hospital, uno de los traumatólogos que lo vio, nos comentó que habían interpretado mal sus Rayos X (qué tontería, jaj, pensaron que le habían tomado las placas estando acostado y en realidad no, se las tomaron mientras estaba sentado, así que era obvio que las interpretaciones serían totalmente distintas!!), entonces, gracias a Dios, su situación no era tan grave como lo habían dicho. Pese a que sí tenía su columna fracturada, con suficientes cuidados y reposo absoluto, volvería a estar como nuevo.

Su hermana llegó ese mismo día; y al día siguiente los trasladamos a un hotel para que descansaran antes de volar de vuelta a casa.

 

Mi madre y yo nos quedamos con una experiencia -aunque triste por el accidente, maravillosa por haber podido estar en el momento y lugar correcto para ayudar-, y con dos amigos de por vida; ellos no dejaban de darnos las gracias, y bueno, querían hacer mil cosas por nosotras; por supuesto, no aceptamos nada. Esas cosas se hacen de corazón.

 

Edward y yo seguimos en contacto a través de correos; siempre me contaba sus avances después del accidente; siempre mostrando su gratitud.

 

Tiempo después, llegó un boletín a mi correo, pues él había escrito una historia a la que llamó “THE DAY I MET 2 ANGELS” (“El día que conocí a dos ángeles”), y la hizo circular por todos sus amigos, conocidos y un periódico local de Arkansas. Leer la historia no me hizo sentir orgullo por mi madre y por mí, me hizo comprender cuán agradecida debía estar con Dios y con el Universo por habernos hecho partícipes de esta gran historia; porque pudimos habernos quedado de brazos cruzados, siguiendo con nuestras vidas; al final ya ni siquiera supe si mi dolor abdominal, el mismo que me había hecho ir a parar a ese hospital esa madrugada, era algo serio; sin embargo, decidimos estar atentas a las señales, y hacer caso de lo que dictaba nuestro corazón; y así es cada día… Nuestro Universo está repleto de señales para todo y para todos; percibirlas o no, y actuar… Es ahí donde entra nuestro libre albedrío.

 

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                            Todos tenemos un propósito en la vida de los demás

 

Y lo siguiente que voy a contar, va a parecer de esas historias que se escriben en libros, pero es tan real como las que alguna vez hemos leído respecto al karma y demás:
Un par de meses después, me notificaron del banco que había recibido una suma de dinero considerable; yo pensaba que habría sido un error, pues no comprendía de dónde podría provenir ni mucho menos ¡¡Por qué!! (No estamos acostumbrados a recibir esos regalos de Dios/Universo, ¿Verdad?)

Fui al banco para que hicieran una investigación, pedí que rastrearan la cuenta proveniente, etc… pero tardaban un día en darme la información; cuando regresé a casa y revisé mi correo, me encontré con una nota que decía, en un Español perfecto:

“MI QUERIDA ANGELITA LUCÍA, POR FAVOR RECIBE ESTE REGALO EN SEÑAL DE MI PROFUNDO Y ETERNO AGRADECIMIENTO PARA CONTIGO Y TU FAMILIA. DE ALGUNA FORMA U OTRA, ESTOY INTENTANDO REGRESAR A QUIENES ME AYUDARON, POCO O MUCHO DE LO QUE HICIERON POR MÍ: SALVARON MI VIDA EN UN PAÍS QUE NO ERA EL MÍO, Y ESO NO LO HACE CUALQUIERA. SÉ QUE DE OTRA FORMA NO IBAS A ACEPTAR ABSOLUTAMENTE NADA DE MI PARTE PARA AGRADECERTE, ASÍ QUE ME TOMÉ LA LIBERTAD DE HACERLO. NO PREGUNTES CÓMO. SÉ QUE NO LO VAS A QUERER ACEPTAR, PERO TAMBIÉN SÉ QUE DEBES EMPEZAR A SENTIRTE MERECEDORA DE TODO LO BUENO QUE LA VIDA TAMBIÉN TIENE PARA DARTE.

SIEMPRE VAS A SER UNO DE MIS ÁNGELES, Y TODO LO QUE ME RESTE DE VIDA, CONTARÁS CON UN AMIGO, VIEJO, PERO BUEN AMIGO. GRACIAS SIEMPRE, A TI Y A TU FAMILIA.

CON TODO MI APRECIO, ED.”

No había terminado de leer su correo, cuando obviamente ya estaba llorando (siempre he tenido corazón de pollo), y viendo de qué manera le iba a hacer para regresarle su dinero, pues haberlo ayudado, había sido desinteresadamente tanto de parte de mi madre, como mía…

 

dar y recibir de corazón…

Después de un ir y venir de correos, ja ja, discutiendo sobre aceptarlo y no aceptarlo, terminé aprendiendo que era algo que debía aceptar; que todas las personas, en diversos momentos de nuestras vidas, entramos en un círculo de dar y recibir (eso es otro tema que me tomaría tiempo para profundizar); y que, cuando se da de corazón, también se debe aprender a recibir de corazón. Hay una energía que luego podría quedarse “ciclada” si no completamos ese ciclo de dar/recibir; aunque siempre he pensado y la vida misma me ha ido llevando a comprender que hay más dicha en dar, que en recibir; pero era algo que, en lo personal, me tocaba vivir.
Y finalmente, con una parte de eso ¡Completé el adelanto para mi primer coche!

 

No me percaté del tiempo y duré casi una hora transcribiendo esta historia; pero el haber estado hace poco, en esa misma sala de hospital acompañando a un familiar, me trajo esos recuerdos casi como si hubiesen sido ayer… Ésa, ha sido una de las experiencias más inolvidables de mi vida; quizá a esa edad no comprendía muchas cosas, pero ahora que comencé a recordar, y siendo un poco más consciente y más espiritual, la estoy saboreando y sacándole más jugo aún, más aprendizaje. Qué importante es estar atentos a las señales que Dios nos hace llegar, a través de N cantidad de formas, personas, medios, circunstancias, etc. Qué importante es nuestra intuición y nuestra sensibilidad. Qué importante es que, si tenemos todos los medios para ayudar, ¡Ayudemos! No por lo que podamos recibir, sino por el simple pero mágico hecho de dar(nos) -a los demás-.

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Un año más tarde de esa experiencia, tuve un accidente -por descuido propio- en el que resulté ilesa de milagro y gracias a mis Ángeles hermosos; las puertas de mi coche se habían quedado selladas por el impacto, mi asiento se había quebrado y se había reclinado por completo (fue parte de lo que me salvó); cuando reaccioné, vi a dos personas que intentaban abrir las puertas, pues corría el riesgo de que algún coche me alcanzara por detrás; no sé cómo lograron abrirlas, mientras llegaba la ambulancia; cuando me bajé por mi propio pie, y los paramédicos comenzaron a revisarme (en cuestión de un minuto quizá), volteé para darles las gracias a esas dos personas… Y sí, también como de película, no había rastro de ellos, y los paramédicos pensaron que estaba delirando pues ninguno de ellos había visto a nadie que estuviera conmigo. De inmediato vino a mi cabeza el título que Edward puso a su historia: “El día que conocí a dos Ángeles”.

agradecer infinitamente….

 

Y no pude hacer más que agradecer infinitamente a Dios.

AUTORA: LUZÍA MORALES
lucymorales@gmail.com
www.facebook.com/luziamoralesgil

 

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4 comentarios
  1. User comments

    confío Gracias gracias gracias

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