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El duelo por “quien se ha ido” por Jordi Morella

Angel Con Jesus

 

 

Si buscásemos en el diccionario para poder definir la palabra “duelo” encontraríamos lo siguiente:

 

“El duelo es la reacción natural ante la pérdida de una persona, animal, objeto o evento significativo. Se trata de una reacción principalmente emocional y comportamental en forma de sufrimiento y aflicción, cuando el vínculo afectivo se rompe.[


El concepto de duelo se le asocia al nivel psicológico. Depende de las culturas, hay una gran celebración por la partida de un ser estimado, o bien un gran duelo (dolor, aflicción), como la misma palabra lo anuncia.

 

En la vida no siempre podemos controlar lo que se nos avecina, lo que vivimos, pero sí la manera que queremos vivir esta situación, esta “pérdida”, según el aceptar el dolor, o la gratitud y la alabanza si se acepta la partida.

 

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Como dice el anunciado, tanto puede ser por una persona, animal o situación. Depende del estado de ánimo del momento o la manera de ser de quien vive la separación, influencia y origina los momentos venideros de la partida.

 

Venimos de una cultura y una educación donde la falta de autoestima ha sido el eje principal de nuestro desarrollo. El proceso en el cual hemos crecido ha sido empujado por los intereses, y no encarados al autoconocimiento.

 

Personas que han asistido a un velatorio para decir el “último adiós” a quien nos ha dejado, no todas viven de la misma manera el período del encuentro con el difunto y sus seres más queridos.

 

Cuanto más cercanos a él y más dependencia, y eso puede no entenderse por parte de alguno de vosotros, más dolor se creará una vez nos ha dejado.

 

Hay una gran aflicción y dolor. Muchos han aceptado este tránsito como una actitud normal en nuestra sociedad. De alguna manera sí, pero nada más lejos de la realidad, el hecho de aceptar un gran dolor, pena, tristeza y desamparo cuando alguien se va de nuestro lado, aunque no se haya muerto. El duelo puede ser debido a cualquier tipo de separación y según el grado, vuelvo a repetir, de dependencia del sujeto con quien se ha ido.

 

Con el tiempo y la experiencia me he dado cuenta, después de analizar diferentes situaciones al respecto, que cuanto menos nos amemos, más dependencia creamos, debido que necesitamos muletas para poder avanzar por nuestra vida. Cuando esta o estas muletas se nos aleja, nos encontramos solos, desamparados y los miedos aparecen, así como la rabia, la ira y a menudo la culpabilidad. Nos sentimos desconcertados al encontrarnos con una situación que nosotros no hemos programado. Cuando vivimos algo no controlado nos desconcierta y nos deja aturdidos por momentos. No entendemos el por qué de la situación y el cómo ha sucedido, a veces. Toda nuestra vida parece cambiar cuando nosotros no queríamos cambiar.

 

Venimos a esta vida para seguir un proceso de evolución, y no siempre lo vivido es de nuestro agrado. Las pérdidas humanas son uno de estos casos, de ahí la importancia de haber despertado la conciencia y el conocerse a uno mismo, sabiendo cual es su verdadera esencia y su potencial para poder vivir en acorde a su voluntad.

 

Nadie nos consulta para “irse”, sencillamente sucede y como no lo teníamos previsto, altera nuestro estado de ánimo, nuestras emociones y nuestro comportamiento.

 

Podemos llorar, sentir grandes miedos a partir de ahora y un gran desconsuelo por no poder contar físicamente con nuestro ser querido. A mayor duelo, mayor dependencia representa que ha habido. Recuerdo que no en todas las culturas se recibe y festeja una partida. La nuestra está basada en el dolor, el miedo y la dependencia, conforme nosotros, como seres humanos por sí solos, no somos capaces de vivir. El por qué de esto viene de lejos, y no es el fin de este artículo. Nuestra actitud, la de gran parte de la sociedad occidental es la de identificarse con la cultura aprendida de pequeños. Es una cultura basada en el control y la no manifestación del verdadero ser que somos. Aquello que no podemos controlar nos inquieta y nos desconcierta, nos deja aturdidos, no entendiendo el por qué de la situación.

 

Hay un fin para todo lo vivido en la vida de uno.

 

Hay un fin no racional, sino espiritual para el entendimiento de lo sucedido. Hay un gran aprendizaje en todo aquello que se nos va de nuestro lado. No es dolor, es Amor y aprendizaje.

 

Cuanto más nos identifiquemos en que nosotros no podemos según nuestra poca o nula autoestima, mayor sufrimiento aparecerá en los días y período posterior a la “pérdida” del ser amado o querido. No es una pérdida, es un acto de amor para los que nos quedamos.

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Verlo desde la mente, es una desgracia. Sentirlo y vivirlo desde la conciencia, un aprendizaje.

 

Las cosas no son lo que parecen. Cuando empezamos a darnos cuenta de quienes somos y el sentido de lo que vivimos, así como el por qué de la existencia de todo lo que nos rodea, empezando por nosotros mismos, la vida toma otro rumbo y un nuevo caminar, con una actitud diferente se presenta ante nosotros. Los sentimientos no desaparecen, pero aprendemos a no apegarnos y adosarnos a un dolor, donde éste depende exclusivamente de nosotros.

 

A mayor sufrimiento y encierro en uno mismo, mayor anulación del ser. ¿Es necesario este período de duelo? La respuesta es no, aunque la reacción de nuestra cultura, muchas veces es aceptarlo debido que nos tenemos que acostumbrar a la ausencia de este ser querido. Este período lo podemos vivir con una mayor o menor intensidad de aflicción, ahora bien, a mayor grado de evolución de un ser humano, más rápidamente empezará una nueva vida, con conciencia, según su proceso.

 

Si nos quedamos atrapados en no tener al ser que “siguió su camino”, la vida es un infierno, y la tendencia al victimismo una tentación inconsciente como reacción ante la vida.

 

Cuanto más apego se haya tenido con quien transcendió, más dolor sentiremos y viviremos en nuestra vida.

 

A veces, este dolor solo es la muestra conforme habíamos ignorado nuestra poca autoestima que teníamos y continuamos teniendo porque nos hemos apoyado en una muleta para continuar avanzando y no pensar más, sino que esta persona me llenaba y me daba aquello que por mi solo/a no me lo daba.

 

El dolor no es necesario para vivir, para evolucionar, pero si este aparece, es un gran maestro para nuestra rápida evolución, desbloqueando, poniéndonos ante la situación que por nosotros mismos debemos que encararnos y sanar.

 

Toda nuestra vida es Amor y nos da la oportunidad para equilibrar aquello que necesitamos para poder continuar avanzando siendo nosotros/as.

 

Nada es lo que parece.

 

El Amor es tu esencia. ¡Siéntelo! Él te mostrará la Verdad.

 

¡Ánimos!

Un abrazo.

http://jordimorella.blogspot.com

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Rosa es una de las coordinadoras de hermandadblanca.org, responsable del equipo de redacción. Es todo corazón y una incansable buscadora de la verdad.

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