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El Karma y los Atomos Permanentes por Alfonso del Rosario

karma -balanza hermandadblanca.orgDice el Kybalión:     

 “Toda Causa tiene su Efecto”.

“Todo Efecto tiene una Causa”.

 

De la misma forma que la Ley de la Gravedad hace posible que las galaxias y los sistemas solares se mantengan en un perfecto estado de equilibrio orbital, la Ley del Karma o Ley de Causa y Efecto actúa y se expresa en el Universo de forma parecida, generando continuas acciones y reacciones necesarias para alcanzar un estado de vibrante y armónico equilibrio en cualquier entorno donde esta ley actúa. El karma, responde siempre a cualquier tipo de actividad, sea de la índole que sea y sea cual sea la causa originante, llámese dios, hombre, o planeta.

 

El equivalente a esta Ley del Karma o de Causa y Efecto en el ámbito científico, se la conoce con el nombre de “Principio de Causalidad”, una premisa de la que se sirve la ciencia para verificar los resultados correctos de las pruebas y ensayos de laboratorio, basándose en el hecho de que los mismos entornos y condicionantes que se producen como causas, generan siempre los mismos efectos. Ya en el mundo antiguo, principalmente entre los filósofos griegos, el principio de causalidad tuvo una gran relevancia, ya que:

… la idea de “Causa” suscitó siempre un gran número de debates desde los primeros intentos filosóficos … Aristóteles concluye en el libro de los Segundos Analíticos, como la mente humana llega a conocer las verdades básicas o premisas primarias … llegando a afirmar, que Conocer la naturaleza de una cosa es Conocer  ¿Por qué es? y que por tanto, … poseemos Conocimiento Científico de una cosa sólo cuando conocemos su Causa”… (Wikipedia)

Todo lo que hacemos, no sólo influye en nosotros mismos, sino también en todo lo que nos rodea, en todos los planos y niveles de la realidad. Esto lo podemos constatar en la actualidad si observamos como el maltrato sostenido por nuestra civilización hacia el medio ambiente, contamina y destruye ecosistemas a través de la sobreexplotación y egoista utilización de los recursos naturales, desencadenando el calentamiento global del planeta y originando a su vez todo tipo de problemas y efectos negativos tanto para nuestra salud como para la salud del planeta. La acción del Karma trata siempre de recomponer el equilibrio de la naturaleza que nosotros estamos alterando con nuestra visión y proceder egocentristas, dando lugar a que se produzcan terremotos, lluvias torrenciales, inundaciones, desertización, erupciones volcánicas, etc., involucrando en este reequilibrio planetario a toda la naturaleza, al reino humano y a los éteres más sutiles que envuelven e interpenetran a nuestro mundo y a todas las conciencias que viven y se desenvuelven dentro de él. Los Grandes Arquitectos Cósmicos, los Logos o Dioses, no están libres de la acción del karma. Todos estamos sujetos y condicionados por esta ley que actúa siempre en cualquier momento y circunstancia.  

 

Todo cuanto existe es el resultado de una causa, de una acción. No importa que ésta causa o acción sea de orden espiritual, mental, emocional o físico. A cualquier causa le sigue siempre un resultado. Ante cualquier acción, se obtiene siempre una reacción. Cualquier resultado o reacción, origina y genera a su vez, más causas y a su vez más resultados, más encadenamientos de causas y efectos difíciles de cuantificar y de preveer en las coordenadas espacio temporales.  

 

La aparición y funcionamiento de la Ley Universal, de Causa y Efecto, está íntimamente unida al mismo instante de la Creación y de la Manifestación del Universo, al sonido primigenio y a la singular vibración energética de inimaginable potencia y poder que siguió al pronunciamiento del Sagrado “OM” Divino, que dio lugar al Big Bang  y a la expansión de la Vida en todo el Universo.

 

La Ley del Karma es por tanto, parte sustancial de la Vida que anima a todos los seres, siendo por este motivo la más importante de las Leyes que rigen el Universo. Su objetivo es buscar y hacer efectivo ese punto medio en la balanza, que no solo propicia el orden, el equilibrio y la armonía dentro del caos y el desorden, sino que favorece y da también la oportunidad a que la Vida Universal se manifieste y evolucione de forma progresiva en todos los Planos y ámbitos de la Realidad, tanto del Macrocosmos como del microcosmos.

 

El karma, condiciona lógicamente la vida y evolución del hombre según piensa, siente y desea, obteniendo así unos resultados a corto, medio y largo plazo. Los resultados buenos o malos, positivos o negativos, van a depender de dos factores que se repiten siempre en cualquier situación volitiva humana, que son la “intencionalidad”, egoísta o altruista, y el “tipo de interés”, personal o grupal. La esencia interna de centralización o descentralización de la conciencia en estos dos aspectos anímicos en el hombre, intencionalidad y tipo de interés, desencadenan toda una serie de acontecimientos y de situaciones que pueden favorecer o entorpecer su progreso espiritual, tanto en sentido ascendente y expansivo de su conciencia, como en el de una situación de estática e introspectiva ilusión sobre inmanente realidad, que le pueden impedir por tiempo indefinido su normal proceso vivencial y evolutivo, tanto en lo interno o trascendente, como en lo externo a nivel de relación personal.

 

Para que el karma se desenvuelva y actúe con total imparcialidad y justicia, para que la equidad y la armonía aparezcan siempre después de cualquier origen causal, existen dentro de los más elevados niveles de la realidad de nuestro planeta, unas elevadísimas entidades angélicas de enigmática y misteriosa actividad a las que algunos tratados esotéricos los denominan Lipikas o Señores del Karma. Estas entidades, son los vigilantes, portavoces y ejecutores de esta Ley de Causa y Efecto, cuya misión es la de hacer patente y realidad esta ley, en todos los rincones de nuestro mundo, desde los niveles físicos más burdos, ordinarios, tangibles y densos, hasta los más sutiles, trascendentes, sublimes y espirituales, para que todas las conciencias y entidades, tengan la oportunidad de aprender y evolucionar a través de las acciones y reacciones que van o originar voluntaria o involuntariamente cada una de ellas.

 

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En lo que a la humanidad y al hombre se refiere, estos seres celestiales, son los “escribientes o amanuenses”, que registran y anotan cada palabra, pensamiento o emoción y cada acción, que cualquiera de nosotros realizamos en cada instante de nuestras vidas, grabándola con caracteres de fuego en la Luz Astral del Akásha Planetario. H.P.B. se refiere al Akásha definiéndolo:

 

…. como la Gran Galería de pinturas de la Eternidad, un registro fiel de cada acción y de cada pensamiento del hombre, de todo cuanto fue, es o será en el Universo Fenoménico … O como sigue comentándolo también en Isis Sin Velo, diciendo que el Akásha es como “El Lienzo Divino e Invisible del Libro de la Vida”.

 

Según enseña el Ocultismo, los Lipikas, son los agentes del Karma, los máximos exponentes y representantes de esta Ley de Retribución en nuestro planeta, que “pesan y evalúan” cualquier tipo de actividad humana en la Balanza de la Armonía y Equilibrio del Devachán, el lugar donde van las almas cuando desencarnan, para aportarles y suministrarles el “molde” de los vehículos periódicos que les corresponderá tener en la siguiente encarnación o existencia.  

 

Al karma no deberíamos contemplarlo como algo negativo, sino como una positiva y aleccionadora Ley de Amor y de Justicia, donde ni se premia ni se castiga, donde sólo se limita a ajustar los actos de cualquier persona con los Patrones Arquetípicos de nuestras Almas, con la esencia espiritual que nos acompaña como apreciado e incomparable tesoro en nuestro continuo peregrinaje de continuas vidas y renacimientos en los mundos materiales.

 

Las innumerables acciones y reacciones del karma, tejen una tupida y misteriosa red de causas y efectos que abarcan y unen a cada uno de nosotros con el resto de la Humanidad y con los demás reinos de la naturaleza y por tanto con la propia Tierra, con Gaia. Este Karma Planetario y Global, afecta y repercute en el ser humano de diferentes maneras, a través de:

 

  • La Familia.
  • Del Pueblo, Comarca y Nación en la que nace o vive.
  • Del grupo social con el que se relaciona habitualmente, laboral, religioso, etc.
  • De la asociación o pertenencia (consciente o no) a un grupo espiritual o ashram de un Discípulo o Maestro de la Jerarquía Planetaria.

 

El Karma Global, como se puede apreciar, se comporta en cada unidad de vida y de conciencia, en cada uno de nosotros de forma muy compleja, estableciendo intrincadas y misteriosas conexiones, que como una tupida red, interrelaciona e integra a todos los seres humanos en el conjunto de la humanidad a través de un Aura Energética común, en donde compartimos consciente o inconscientemente todo tipo de energías, unas, burdas y ordinarias y otras sutilmente sublimes, acompañadas y teñidas todas ellas de pensamientos, sentimientos y emociones de todo tipo. La acción asociativa del karma, hace que todos los seres estemos involucrados en el Gran Drama Mundial, que todos seamos igualmente protagonistas, que todos seamos igualmente copartícipes de lo bueno y de lo malo que cada uno de nosotros aportamos o negamos a la naturaleza en general. Por tanto, no es de extrañar que debido a nuestra desafortunada forma de comportarnos, de proyectar con frecuencia energías negativas, aparezcan en el mundo tantas crisis y desordenes sociales, tantas desigualdades e injusticias de todo tipo. Estamos todos inmersos y afectados por energías de todo signo que circulan constantemente en todas las direcciones, por todo el Aura Planetaria, afectando a nuestros ya de por sí delicados y alterados vehículos, generando todo tipo de desequilibrios y desordenes. Debemos por tanto, estar muy atentos en los momentos actuales, estar en una condición interna de serena expectación, de alerta constante, para que determinados tipos de energías negativas no nos afecten y nos hagan responder o actuar de una forma inadecuada y no acorde a nuestra normal forma de ver la Vida en su más amplia y espiritual dimensión.

 

Los efectos presentes y futuros del Karma en el hombre, tanto en lo referente a su interconexión con el mundo externo que le rodea, como en lo concerniente a su estructura interna y energética, tiene unas connotaciones importantes y trascendentes difíciles de entender en los momentos actuales. Los efectos de esta Ley del Karma, en la constitución de los vehículos sutiles, no se podría entender ni concebir, sin la acción de unos importantes y especializados átomos muy sutiles, dotados de un gran potencial energético, que en algunos tratados esotéricos se les denominan Atomos Permanentes, unos sugestivos y enigmáticos átomos, que encarnación tras encarnación recogen todas las experiencias y recuerdos de cada Ego, de cada “Yo” reencarnante, de todo lo sucedido desde el mismo instante de su individualización como hombre. Estos Atomos Permanentes son los verdaderos artífices del desarrollo integral y evolutivo del Ser Humano, los que condicionan real y tangiblemente la estructura, composición material y desarrollo de cada uno de los vehículos periódicos de manifestación de la personalidad en cada encarnación y los que van a definir el entorno y familiar, laboral, social, nacional, racial, etc., en el que se va a ver envuelto el Ego en todas y en cada una de sus existencias en el plano físico. Estos vibrantes átomos, se comportan como centros magnéticos, alojados de alguna forma en el aura energética de los cuerpos Atmico, Búdico, Mental, Astral y Físico-Etérico de cada uno de nosotros, interpenetrándose entre ellos según sus distintas densidades atómico-moleculares. El contenido y signo energético de estos átomos, varían en cada momento, modificándose y transmutándose de instante en instante, según las experiencias diarias. Sus efectos repercuten tanto en la presente como en futuras existencias, haciendo que se presenten las condiciones favorables o impedimentos, en los proyectos y realizaciones del dharma de cada uno de nosotros. Los Atomos Permanentes y el Karma forman un conjunto indisoluble, funcionando ambos como un intrincado y misterioso crisol interno, donde se gesta y realiza la transmutación alquímica de toda la estructura energética y biológica de cada ser humano.

 

Estos sensibles átomos, recogen durante toda la vida física todas las experiencias, sean del tipo que sean, buenas o malas, recomponiendo de instante en instante el aura bioenergética y espiritual de cada uno de los cuerpos sutiles, siendo hacia estos átomos, a donde dirigen su atención los Lipikas, los Señores del Karma Mundial, para la creación del molde o modelo que tendrán cada cuerpo de experimentación sutil en las sucesivas existencias. Esotéricamente contemplados, se puede decir que estos átomos, son como centros de magnéticas y muy sensibles e inteligentes energías, dotados de una intensa actividad renovadora de los componentes atómico-moleculares de cada ser humano.

 

Estos especiales átomos, están constituidos por esencia atómica del más elevado nivel de cada uno de los Planos de nuestro Universo, de la materia etérica más sutil de cada uno de éstos niveles existenciales, teniendo una gran afinidad magnética con los Atomos Libres del Plano al que pertenecen y de los que se valen para extraer sus componentes energéticos para construir los Vehículos de Experimentación y Evolución de cada ser.

 

Los Atomos Permanentes, son los que reciben las impresiones externas detectadas por los Vehículos y la Conciencia, de tal forma, que los distintos tipos de energías que le llegan a los vehículos, son procesados por la Conciencia que se encarga de desencadenar los mecanismos de las respectivas acciones de respuesta que han de llevarse a cabo en cada uno de los correspondientes Planos. La Calidad o Cualidades de las Energías que es capaz de detectar y atraer la Conciencia a través de sus Vehículos, se transmiten a los Atomos Permanentes que se encargan de renovar y transmutar las estructuras energéticas de cada uno de los Vehículos del Ser Humano. De la experiencia e interrelación entre los impactos y respuestas a los diferentes tipos de energías que soportan cada uno de los vehículos en el transcurso de la evolución, logran ser estos, cada vez más sutiles y espirituales, más sensibles y responsivos a una cada vez más amplia gama de vibrantes energías que la conciencia cada vez más perfectamente puede registrar y almacenar en sus más íntimos repliegues de su interna naturaleza. Así, de ésta forma, la conciencia poco a poco se expande cada vez más, consiguiendo ser cada vez más sensible, consciente y amplia su Visión de la Realidad logrando tener un Conocimiento mucho más profundo y real de la Vida Universal de la que formamos parte.

 

Como consecuencia de las múltiples y diversas experiencias, que reciben los Atomos Permanentes en forma de vibraciones, se desencadena en sus estructuras internas, la generación de lo que se podría denominar como el Código Genético-Espiritual de cada Alma, semejante al ADN de la estructura física del hombre. Estos genes espirituales de cada uno de los vehículos cíclicos, se van transformando y modificándose a cada impacto externo, o de respuesta interna que realiza la conciencia. En este sentido, los Atomos Permanentes responden con un proceso de actualización de la composición atómico-molecular de cada uno de los vehículos periódicos, eliminando y atrayendo a sus núcleos atómicos respectivos, materia de cualidades vibrantes y energéticas afines localizados en cada uno de los Planos y Niveles correspondientes. Este Código Genético-Espiritual que tiene cada Atomo Permanente, viene a ser esa “Tarjeta de Identificación Espiritual”, o Carnet de Identidad Espiritual, determinados por las constantes y factores vitales y trascendentes de Luz, Color y Sonido Ocultos de cada Mónada, que hace de cada Ser, uno, distinto e irrepetible al resto de Seres.

 

Cualquier pensamiento, sentimiento, inspiración, palabra o acción, alteran y actualizan de instante en instante los códigos genéticos-espirituales de los Atomos Permanentes, de tal forma, que de instante en instante somos distintos y diferentes de lo que éramos hace apenas unos segundos o unos minutos. Nuestra forma de pensar de sentir y de comportarnos en nuestra vida diaria, hace que estemos cambiando, transformándonos y evolucionando constantemente, sin darnos cuenta. Esta permanente Transformación Integral queda totalmente incorporada en la Mónada y en cualquier fase de su evolución, teniendo siempre en cualquier momento las coordenadas y parámetros actualizados para que en su cíclica aparición en los Planos Inferiores, pueda seguir construyendo los correctos y adecuados Vehículos de Experimentación, en los que aparecerán las limitaciones y potencialidades que por la expresión de esta Ley del Karma haya desarrollado hasta ese instante de su presente existencia. Lógicamente, se puede deducir por tanto, que en éste Código Genético-Espiritual de los Atomos Permanentes, están impresas las experiencias y vivencias positivas y negativas de todas las vidas transcurridas en los Planos Inferiores.

 

El Karma y sus efectos, no pueden desaparecer o eliminar de nuestro bagaje vital y existencial por el mero hecho de recitar determinados mantrams o por realizar algún tipo de visualización o meditación especial. Esto se contradice con los aspectos universales de causa y efecto que acontece en cualquier ámbito de la realidad donde esta ley actúa. Si tiramos una piedra, dependiendo de la fuerza, de la dirección, inclinación  y otros factores previsibles que le apliquemos, podemos preveer donde caerá. Podemos, si tenemos los medios necesarios, hacer que la velocidad del impacto sea menor retardando su caída o desviando ligeramente su trayectoria. Lo que debemos de tener bien claro es que la piedra por el funcionamiento de la Ley de Gravedad va a hacer que caiga antes o después.  El Karma bueno o malo, positivo o negativo que cada uno de nosotros va acumulando a través del tiempo, sus causas y sus efectos tienen que hacerse realidad, tienen que manifestarse de alguna manera, ya que forma parte de la Mecánica Interna de esta Ley Divina, que lo único que pretende es armonizar, equilibrar, equitativa y amorosamente cualquier acontecimiento en cualquier ámbito de la realidad, por muy sublime que ésta sea y por muy diferentes que sean las conciencias que protagonizan cualquier actividad, ya que ni siquiera los denominados dioses, dentro de su ámbito de manifestación y de evolución, están libres de ser afectados por esta inmutable ley. En la acción del Karma negativo y en lo que a cualquiera de nosotros se refiere, lo que pretende es que aprendamos las lecciones que la vida nos ha proporcionado y proporciona y que por circunstancias y responsabilidad nuestra, no hemos sabido, o no sabemos asimilar ni de responder correctamente, por lo que en otro momento y en distintas o parecidas situaciones y circunstancias, esas lecciones, deberán ser aprendidas, experimentadas y asimiladas en nuestro interior, como fueron las que afortunadamente hemos sabido superar satisfactoriamente. Sí es cierto, que las repercusiones o resultados negativos y a veces dolorosos que tenemos que experimentar por la aplicación de esta ley, pueden minimizarse, amortiguarse, haciendo que sus efectos sean más fáciles de sobrellevar o de soportar.

 

Sólo en casos muy excepcionales, cuando un persona, por razones ocultas difíciles de explicar, debe realizar una importante labor de servicio en determinados ámbitos sociales del mundo, el Maestro, o un Discípulo suyo que lo tiene bajo su custodia, consulta en lo más recóndito de su ser y en los archivos akhásicos, para ver si esa persona elegida, puede, si tiene “méritos” suficientes y alguna deuda kármica negativa pendiente de experimentar en la presente vida, ver la posibilidad de poder aplazarla para más adelante, liberándole momentáneamente de esa prueba inmediata.

 

La única forma de eliminar el mal karma por venir, es transmutando los pares de opuestos en cualquiera de las situaciones y circunstancias en que nos veamos afectados, convirtiendo el odio en amor, el egoísmo en altruismo, el deseo en aspiración, el interés en generosidad, el orgullo en humildad. Sólo así, las lecciones que el karma nos tiene reservado para nuestro aprendizaje y progreso espiritual, quedan superadas en gran medida por el esfuerzo y sacrificio que supone elevar nuestra conciencia del plano físico al espiritual y contemplar lo que nos rodea con una visión global de interna unificación, sintiéndonos identificados con todos los seres de todos los reinos de la naturaleza, comprendiendo que somos instrumentos del Gran Plan Divino y copartícipes de Su Gloria y de Su Amor Eterno e Incondicional que constantemente nos proporciona a todos.

 

No hay quizás más dolor para un Maestro de Compasión y de Sabiduría, ver cómo un discípulo o un aspirante al Sendero que está bajo su tutela, se está desviando del camino correcto, y saber, que no debe interferir en los resultados kármicos que antes o después le llegarán. Sólo puede en algunos casos, sugerir o insinuar amorosa e impersonalmente de alguna forma, lo incorrecto de su proceder.

 

De la extinción del Karma, Annie Besant en el libro “Reencarnación y Karma” dice lo siguiente:

           

“Cuando se “mata” (elimina) el deseo de gratificación, que es el nexo entre causa y efecto, queda así entonces liberado el Ego de los resultados del Karma”.

 

“Por lo tanto, cumple tú constantemente y sin apego la acción que debas cumplir, pues el hombre que sin apego cumple la acción, alcanza en verdad el Supremo”. (Bhagavad Gita – Estancia III, 19).

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10.06.2012

 Alfonso del Rosario

alrogiss@yahoo.es

 

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