Home » Mensajes del Cielo » Maestros Ascendidos » Djwhal Khul » El trabajo del Cristo en el presente y en el futuro, por el Maestro Djwhal Khul

El trabajo del Cristo en el presente y en el futuro, por el Maestro Djwhal Khul

Maestro Tibetano Djwhal Khul - Reaparición de Cristo

El trabajo del Cristo en el presente y en el futuro, por el Maestro Djwhal Khul

Hemos visto que la doctrina referente a las grandes Apari¬ciones y a la Venida de los Avatares, o Instructores, o Salvado¬res del Mundo, fundamenta todas las religiones mundiales. Por intermedio de Ellos es posible complementar la continuidad de la revelación, permitiendo a la humanidad dar, sucesivamente en cada era, el siguiente paso en el Sendero de la Evolución, que la acercará a Dios, a ese divino Centro donde es conocida, enfocada y dirigida la voluntad de Aquel “en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” (como lo expresa San Pa¬blo en Hs. 17,28). Hemos explicado algo respecto a la misión de dos de estos Avatares, el Buddha, Mensajero de Luz de Orien¬te, y el Cristo, Mensajero de Amor de Occidente, y el trabajo que han realizado para todo el mundo. Hemos considerado tam¬bién la excepcional oportunidad que Cristo enfrenta hoy y su respuesta a ella en 1945, cuando manifestó su intención de re¬aparecer y nos dio la Gran Invocación para ayudar en el tra¬bajo preparatorio que debemos realizar de inmediato. A esta altura de lo expuesto sería conveniente considerar la naturaleza del trabajo que Él realizará, y también la enseñanza que pro¬bablemente impartirá. El mero hecho de la continuidad de la revelación y la enseñanza dada a través de las épocas, justifica que se lo considere inteligentemente y se hagan conjeturas espi¬rituales sobre la probable orientación de Su trabajo.

 

Mucho se ha dado durante años por muchas fuentes, escuelas de pensamiento e iglesias, respecto al Cristo, a la situación que enfrenta y a las probabilidades de su reaparición. Discípulos, aspirantes y hombres de buena voluntad, han trabajado intensa¬mente, a fin de preparar al mundo para Su retorno. En la actua¬lidad Oriente y Occidente están análogamente a la expectativa. Al encarar la cuestión del trabajo que Él debe realizar, es esen¬cial recordar que el Maestro de Oriente encarnó en Sí Mismo la Sabiduría de Dios, de la cual la inteligencia humana (el ter¬cer aspecto de la divinidad) es una expresión; a través de Cristo fue revelado el segundo aspecto divino en toda su per¬fección; por lo tanto fueron expresados en toda su plenitud dos aspectos, Luz y Amor. Ahora debe ser personificado el aspecto divino más elevado, la Voluntad de Dios, y para ello el Cristo se está preparando. No puede interrumpirse la continuidad de la revelación; es inútil hacer conjeturas sobre otras expresiones de naturaleza divina que pueden ser reveladas posteriormente.

 

La singularidad de la inminente misión de Cristo y lo excep¬cional de su oportunidad, consiste en que Él puede -en Sí Mis¬mo expresar dos energías divinas: la energía del amor y la energía de la voluntad, el poder magnético del amor y la efec¬tividad dinámica de la voluntad divina. Nunca fue posible tal revelación en toda la larga historia de la humanidad.

 

El trabajo y la enseñanza que impartirá el Cristo, difícil¬mente serán aceptados por la Cristiandad, aunque Oriente los asimilará más fácilmente. No obstante, para despertar a la Cristiandad será necesario asestarle un fuerte golpe y presen¬tar crudamente la verdad, si queremos que los pueblos cristia¬nos reconozcan el lugar que ocupan dentro de una amplia y divina revelación mundial, considerando al Cristo como el Re¬presentante de todos los credos, y que ocupa el lugar que le co¬rresponde como Instructor del mundo. Es un Instructor mun¬dial y no un instructor cristiano. Él Mismo ha dicho que tenía otros rebaños, para quienes Él representa lo mismo que para el cristiano ortodoxo. Quizás su nominativo no sea Cristo, pero tal vez Lo sigan en forma tan verdadera y fiel como lo hacen sus hermanos de Oriente.

 

Consideremos por un momento las erróneas interpretaciones que se han hecho del Evangelio. Su simbolismo un antiguo relato efectuado en el transcurso de los siglos antes de la llegada de Cristo a Palestina ha sido tan tergiversado por los teólogos, que la prístina pureza de las primeras enseñanzas y la singular simplicidad de Cristo han desaparecido detrás de una maraña de errores y la mascarada de ritual, dinero y ambicio¬nes humanas.

 

Al Cristo se Lo presenta como que ha nacido en forma anti¬natural, que ha enseñado y predicado durante tres años, que fue crucificado y resucitó, abandonando a la humanidad para “sen¬tarse a la diestra de Dios” en medio de una pompa austera e inconcebible. Análogamente el cristiano ortodoxo considera erró¬neo todos los acercamientos a Dios efectuados por otros pue¬blos, en cualquier época y país, y practicados por quienes se su-ponen ateos que necesitan la intervención cristiana. Se ha hecho el mayor esfuerzo para imponer la cristiandad ortodoxa a quie¬nes aceptan la inspiración y la enseñanza del Buddha o de otros que han sido responsables de preservar la divina continuidad de la revelación. El énfasis fue puesto, como bien se sabe, en el “sacrificio de la sangre de Cristo” en la cruz, en la salvación que depende del reconocimiento y en la aceptación de ese sacrificio. La unificación vicaria ha sido sustituida por la con¬fianza que el mismo Cristo encomendó tener acerca de nuestra propia divinidad; la iglesia de Cristo se ha hecho famosa y dejó de ser útil (según lo demostró la guerra mundial) debido a su estrecho credo, su erróneo énfasis, su pompa cleri¬cal, su autoridad espúrea, sus riquezas materiales y la presen¬tación del cuerpo muerto de Cristo. La iglesia acepta su resu¬rrección, pero insiste principalmente en el hecho de su muerte.

 

Cristo ha sido, durante dos mil años, esa Figura silenciosa, pasiva, oculta detrás de innumerables palabras escritas por un sinnúmero de hombres comentaristas y predicadores. La igle¬sia presenta al Cristo moribundo en la cruz, y no al Cristo actual, viviente, trabajador y activo, que ha estado con nosotros en Pre¬sencia física (de acuerdo a Su promesa) durante veinte siglos.

 

Por lo tanto procuraremos tener un cuadro más real de la actividad y vida de Cristo y, en consecuencia, de nuestra futura esperanza. Tratemos de ver a esa siempre presente, pero divina Persona, trazando sus planes para ayudar a la humanidad en el futuro, determinando sus recursos, influenciando a Sus discípulos y preparando los detalles atinentes a Su reaparición. Es necesario despertar la fe en la real naturaleza de la revelación divina e inducir a la iglesia cristiana a que retorne a Él y a su obra; debemos ocuparnos del Cristo viviente, activo y reflexivo, re¬cordando siempre que el evangelio es eternamente verídico, y sólo debe ser reinterpretado a la luz del lugar que le corresponde en la larga sucesión de revelaciones divinas. La misión de Cris¬to en la tierra desde hace dos mil años constituye parte de esa continuidad y no es un relato extraordinario sin relación con el pasado, que sólo da importancia a un período de 33 años y no presenta una definida esperanza para el futuro.

 

¿Qué esperanza ofrecen hoy los teólogos y ortodoxos caren¬tes de imaginación? La esperanza que en una fecha lejana, co¬nocida sólo por la insondable Voluntad de Dios, el Padre, Cristo abandonará Su lugar a la diestra de Dios y (seguido de Sus ánge¬les y de la Iglesia invisible) vendrá en las nubes del Cielo, al son de una trompeta, y aparecerá en Jerusalén. La batalla que se librará en ese momento llegará a su fin. Él entrará en la ciudad de Jerusalén para gobernar durante mil años. Durante ese mi¬lenio, Satanás, o el principio del mal, será aprisionado y habrá un nuevo cielo y una nueva tierra. Eso es todo lo que dicen. La humanidad anhela algo más, pues la imagen presentada no le satisface.

 

Detrás de esta imagen, si se la interpreta correctamente, se halla la humana, amante y divina Presencia de Cristo, encar¬nando el amor divino, manejando el poder divino, dirigiendo Su Iglesia y estableciendo el Reino de Dios en la Tierra. ¿Qué es la Iglesia de Cristo? Es la suma total de quienes tienen vida o conciencia crística, o están en proceso de expresarla; es el con¬junto de todos los que aman a sus semejantes, porque amarlos es poseer esa facultad divina que nos hace miembros de la co¬munidad de Cristo. La aceptación de un hecho histórico o de un credo teológico, no nos pone en comunicación con Cristo. Ciu-dadanos del Reino de Dios son aquellos que buscan deliberada¬mente la luz e intentan (por medio de una disciplina autoim¬puesta) presentarse ante el Iniciador Uno; este vasto grupo mundial (tenga cuerpo físico o no) acepta la enseñanza de que “los hijos de los hombres son uno”; saben que la revelación divina es constante y siempre nueva, y que el Plan divino se está desarrollando en la Tierra.

 

En la actualidad hay quienes saben que el Reino de Dios vendrá a la existencia por medio de la colaboración, la inspiración y la instrucción de esos hijos de los hombres que han forjado su divinidad en el crisol del diario vivir humano; estos Cono¬cedores trabajan hoy activamente bajo la impronta directa del Cristo, a fin de conducir a la humanidad de la oscuridad a la luz y de la muerte a la inmortalidad.

 

Estas grandes verdades subyacentes, únicas verdades importantes, caracterizan al Cristo, al Buddha y a la Iglesia de Dios, tal como se expresan en Oriente y Occidente. En el futuro, los ojos de la humanidad estarán puestos sobre Cristo y no sobre las instituciones creadas por los hombres, como la Iglesia y sus dignatarios; Cristo será visto tal como es en realidad. actuando por medio de Sus discípulos, de los Maestros de Sabiduría y de Sus seguidores (raras veces reconocidos), los cuales se afanan anónimamente detrás de los asuntos mundiales. Su campo de actividad será el corazón humano y los lugares populosos del mundo, no algún templo de piedra, ni la pompa y ceremonia de una sede eclesiástica.

 

El estudio del futuro trabajo que Cristo debe realizar, lógi¬camente se fundamentará sobre tres suposiciones:

 

1. Que la reaparición de Cristo es inevitable y segura.

 

2. Que ha estado y está trabajando activamente para el bie¬nestar de la humanidad por intermedio de la Jerarquía espiritual de nuestro planeta, de la cual es el guía.

 

3. Que determinadas enseñanzas serán impartidas y ciertas energías serán liberadas por Él, en la rutina de Su tra¬bajo y retorno. La gente por lo general, olvida que Cristo necesita un período de preparación intensa, antes de re¬aparecer. Él también actúa de acuerdo a la ley y está supeditado al control ejercido por distintas fuentes, así como lo están los seres humanos, pero en menor grado.

 

Su reaparición está determinada y condicionada por la reac¬ción de la humanidad y debe sujetarse a esa reacción. Su tarea también está sujeta a ciertas efemérides espirituales y cíclicas, provenientes de fuentes que se encuentran en niveles superiores a los que Él normalmente actúa. Así como los asuntos humanos afectan Sus actividades, también Lo afectan las grandes deter¬minaciones, y “profundas decisiones de la Voluntad de Dios”. El aspecto o naturaleza humana de Cristo, perfecto y sensible, a la invocación y a la demanda de los hombres, el aspecto o natu¬raleza divina, responde similarmente a los impactos de las ener¬gías provenientes del “centro donde la Voluntad de Dios es co¬nocida”. Tiene que coordinar los dos aspectos y debe hacerlo en el momento exacto. No resulta fácil extraer el bien del mal humano. La visión de Cristo es tan amplia y su comprensión de la Ley de Causa y Efecto o de Acción y Reacción, es de tal magnitud, que no es fácil llegar a una decisión y determinar la actitud y el momento exacto. Los seres humanos tienden a con-siderar todo lo que sucede o podría suceder, desde el punto de vista estrictamente humano e inmediato; no comprenden realmente los problemas, decisiones e implicaciones que hoy el Cristo debe enfrentar y de los cuales participan Sus discípulos. Su tarea consiste en desarrollar “la mente que está en Cristo”, y al ha¬cerlo ayudarán a despejar el camino para “la llegada de Sus pies”, según lo expone la Biblia (Hs. 12,13). El hecho de ob¬servar la vida y los acontecimientos a la luz de los valores espi¬rituales, como Él lo hace, facilitará la divulgación de las nuevas enseñanzas y proporcionará el armazón de la nueva religión mundial, dándonos así un punto de vista nuevo del propósito divino y una percepción viviente de las mentes de Aquellos que complementan la voluntad divina y dirigen el futuro de la huma¬nidad. Por lo tanto, tratemos de comprender no sólo la opor¬tunidad ofrecida a Cristo, para ayudarnos (como se dice común¬mente), sino también las crisis y problemas que debe encarar al enfrentarse con: el trabajo que va a realizar.

 

I. Las Crisis de Cristo

 

En la vida de todo discípulo, particularmente en la de quie¬nes deben enfrentar ciertas grandes expansiones de conciencia, sobrevendrá una crisis. En el punto de crisis se adoptan deci¬siones, voluntaria o involuntariamente, y una vez adoptadas, el discípulo se encuentra en un punto de tensión, y olvidando la de¬cisión percibe y ve mentalmente con mayor claridad el paso a dar, influenciando su actitud respecto al futuro. Realizado el trabajo durante el período de tensión, sobreviene lo que podría denominarse el punto de surgimiento, lo cual significa salir de un campo de experiencia para entrar en otro.

 

Ni Cristo mismo puede evadir esta triple experiencia y, a fin de poder comprender esto mejor, apliquemos las tres fra¬ses, inapropiadas por cierto, a las acciones y reacciones de Cristo.

 

Las crisis no existen para Él en el mismo sentido que para nosotros; no hay esfuerzo o tirantez en su punto de tensión; sin embargo la analogía es apropiada para impartirles algo de lo que ha sucedido en ese estado de percepción que caracteriza a la Jerarquía espiritual; a este estado de conciencia podemos apli¬carle el nombre de “percepción espiritual”, en oposición a la percepción mental que constituye la contraparte humana. Debe recordarse que el punto de crisis que produce el punto de ten¬sión, al que Cristo se sometió voluntariamente, es una cuestión o acontecimiento jerárquico, porque toda la Jerarquía está im¬plicada en la crisis. La razón es simple: Cristo y sus colabora¬dores conocen únicamente la experiencia de la conciencia grupal. Desconocen la participación unilateral y la actitud separatista, porque su estado de conciencia es incluyente y no excluyente.

 

Por lo tanto, utilizando la terminología humana, a fin de interpretar las reacciones divinas de Cristo y Sus discípulos, debe comprenderse que el punto de crisis, responsable de la tensión jerárquica y de la oportuna aparición o surgimiento de Cristo, ya ha sido superado por Él y pertenece al pasado. El subsiguiente punto de tensión controla ahora los asuntos de la Jerarquía espiritual y sus numerosos grupos de colaboradores. El “punto de tensión”, como se lo denomina en los círculos jerárquicos, fue alcanzado en el período comprendido entre la Luna llena de Géminis, junio de 1936, y la Luna llena de junio de 1945. Ese punto de decisión abarcó por lo tanto nueve años un lapso relativamente breve y tuvo por resultado la deci¬sión de Cristo de reaparecer visiblemente en la Tierra, tan pronto como sea posible y mucho antes de lo que se había pla¬neado.

 

Esta decisión necesariamente fue adoptada consultando pre¬viamente al Señor del Mundo, el “Anciano de los Días”, men¬cionado en El Antiguo Testamento, y también a “Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”, mencionado en El Nuevo Testamento, custodio de la Voluntad de Dios. Se llegó también a esta decisión con el pleno conocimiento y colaboración de los Maestros e iniciados avanzados. Esto fue inevitable por-que la participación de ellos y la ayuda eran imperativas. Ade¬más era necesario que Sus pensamientos se unieran con los de Él y colaboraran mentalmente, porque Su reaparición significa un gran acercamiento jerárquico a la humanidad y un gran acontecimiento espiritual.

 

Sin embargo, el Cristo tomó la decisión y esto no sólo indicó un punto de crisis en Su experiencia sino también un punto culminante en Su expresión de la divinidad. Con toda reveren¬cia, dentro de los límites de nuestra comprensión humana, de¬bemos recordar que no hay nada estático en todo el proceso evo¬lutivo de nuestro planeta o del cosmos; sólo existe proceso y progreso, avance acrecentado, logro y elevada realización. Cris¬to Mismo está sujeto a esta gran ley del universo. Nuevamente con toda reverencia decimos aquí que Él también ha progresado en Su expresión de la divinidad y se halla más cerca que nunca si así puede decirse del Padre y de la Vida Universal Una. Su comprensión y captación de la Voluntad de Dios es más pro¬funda y el cumplimiento de esa Voluntad concuerda más con el Propósito divino, que cuando estuvo en Palestina hace dos mil años. Lógicamente, el Cristo ha acrecentado su percepción res¬pecto a la intención de la Mente Divina, personificada en esa Entidad que denominamos Dios.

 

Cristo ya no dirá como en su agonía “Padre, no mi Voluntad sino la Tuya sea hecha”; hoy no tiene voluntad personal; única¬mente lo anima la Voluntad de Su Padre y la capacidad de adoptar decisiones que son la plena expresión de esa Voluntad divina. Resulta difícil describir Su obra con otras palabras. Los comentaristas han tratado de explicar y justificar la expe¬riencia de Cristo en Getsemaní, atribuyéndola a la emergente de¬bilidad humana de Cristo, la aparente debilidad y en consecuen¬cia el temporario sumergimiento de Su naturaleza divina. Ellos se vieron obligados a adoptar esta posición debido al pronunciamien¬to teológico imperante respecto a la divina perfección de Cristo, perfección absoluta, soberana y ultérrima, lo que jamás recla¬mó para Sí. Hoy se halla más cerca que nunca de la perfección. Este desenvolvimiento divino hizo posible que en los años decisivos, anteriores a junio de 1945, Él hiciera una correcta elección, no sólo para Sí, sino para la Jerarquía espiritual.

 

De acuerdo a la Voluntad divina, debía reaparecer física¬mente en la Tierra para presidir la materialización del Reino de Dios, restablecer los Misterios de la Iniciación, de tal manera que sirvieran de base para la nueva religión mundial. Por sobre todas las cosas debía revelar la naturaleza de la Voluntad de Dios, voluntad que frecuentemente es considerada como un poder mediante el cual se hacen las cosas, se producen las situaciones, se inician las actividades y se llevan a cabo los planes, a menudo despiadadamente. Esta definición general formulada fácilmente por los hombres, se debe a que juzgan en términos de su propia voluntad, la voluntad de mejorar individualmente. Este tipo de voluntad egoísta y mal entendida al principio, tiende finalmente al altruismo, a medida que la evolución cumple su beneficiosa tarea. Luego la voluntad es interpretada en términos del plan jerárquico y el esfuerzo del individuo anula su propia voluntad, tratando de fusionarla con la del grupo el grupo es en sí un aspecto del esfuerzo jerárquico. Éste es un gran paso dado en la correcta orientación, que conducirá finalmente a un cambio de conciencia.

 

La mayoría de los aspirantes se encuentran hoy en esta eta¬pa, sin embargo, la voluntad en realidad es algo muy diferente a lo que expresa la conciencia humana, cuando los hombres tra¬tan de interpretar la Voluntad divina en términos de su actual etapa de evolución. La clave para comprenderlo se encuentra en las palabras “eliminar toda forma”. Cuando se vence la atracción que ejerce la sustancia y desaparece el deseo, entonces pre-domina el poder de atracción del alma y el énfasis (puesto du¬rante tanto tiempo sobre la forma, la actividad y la vida indi¬viduales) es reemplazado por la forma y propósito grupales. Luego, el poder de atracción ejercido por la Jerarquía y los grupos de discípulos de los Maestros, sustituye a las atracciones inferiores a los puntos focales no menos interesantes. Cuando éstos asuman el lugar que les corresponde en la conciencia, en¬tonces se hará sentir la atracción dinámica del aspecto voluntad de la divinidad que no tiene relación alguna con la forma o formas, con el grupo o grupos.

 

A la Luz de la Voluntad de Dios, Cristo adoptó ciertas deci¬siones fundamentales y Se propuso llevarlas a cabo en un futuro relativamente inmediato la fecha exacta de Su venida es sólo conocida por Él y por algunos de Sus más antiguos colaborado¬res; sin embargo tales acontecimientos futuros se ocultan tras cierta decisión fundamental de la humanidad misma. Se está llegando a esta decisión mediante determinadas nuevas tenden¬cias del pensar humano, como resultado de una subjetiva reac¬ción humana a la decisión adoptada por el Cristo y la Jerarquía espiritual, la iglesia invisible.

 

Ya se ha definido y aceptado el móvil de Su reaparición y Él lo ha percibido con toda claridad. Debe terminar el trabajo ini¬ciado hace dos mil años, inaugurando la nueva religión mun¬dial; no pueden ignorarse las necesidades de una humanidad que implora e invoca; deben darse los pasos que preceden a una magna iniciación jerárquica, donde el Cristo es el Participante principal. Los acontecimientos sintomáticos del “momento final” no pueden ser postergados.

 

Si es posible hablar en términos reverentes y simbólicos, la recompensa acordada al Cristo al anunciar Su decisión final e irrevocable, fue el consentimiento o, más bien, el derecho que nunca se había otorgado de utilizar cierta gran Invocación de dos maneras:

 

1. Como Invocación jerárquica dirigida al “centro donde la Voluntad de Dios es conocida”.

 

2. Como plegaria mundial, expresada en palabras, que toda la humanidad pueda emplear inteligentemente.

 

Nunca se concedió fácilmente el derecho de emplear ciertas Palabras de Poder o “Estrofas Rectoras”. La autorización fue otorgada por el Señor del Mundo, el Anciano de los Días, debido a la decisión de Cristo de aparecer nuevamente entre los hombres, trayendo Consigo a Sus discípulos.

 

Después del momento culminante de crisis espiritual y su consiguiente decisión, se alcanzó un punto de tensión, y en este estado de tensión espiritual está trabajando y planeando la Iglesia Invisible, llevando a los discípulos de Cristo, activos en la Tierra, a una condición similar de tensión espiritual. El éxito de la reaparición de Cristo, en presencia física, así como de otros factores (vinculados a Su reaparición) depende de los aconteci-mientos y contactos que tienen lugar ahora en este período de tensión. En todo punto de tensión, sea cual fuere el tiempo, se genera energía para el futuro, siendo enfocada en tal forma o condición, que su fuerza puede ser dirigida donde y cuando se la necesite. Este enunciado es lógicamente difícil de comprender. Un punto de tensión es, simbólicamente, un acopio de poder. Las energías que en la actualidad caracterizan al Reino de Dios, están adquiriendo impulso y son dirigidas por los Maestros de Sabidu¬ría, en colaboración con la Voluntad de Cristo.

 

Mientras esta energía se ha ido acumulando y aumentando su poder, desde la Luna llena de junio de 1945, han tenido lugar tres acontecimientos de gran importancia para la vital experiencia de Cristo (por lo tanto de la Jerarquía), y sus efectos están en proceso de consolidación. Sólo puedo referirme brevemente a ellos, pues no es posible comprobar la realidad de lo que aquí se expone; únicamente la posibilidad, la probabilidad y la Ley de Analogía, indicarán la veracidad de estos acontecimientos. Sus efectos se observarán especialmente después que hayan sucedido. Estos tres acontecimientos pueden ser descritos de la manera siguiente:

 

1. El Espíritu de Paz descendió sobre el Cristo. El Nuevo Testamento atestigua un acontecimiento similar cuando se re¬fiere al Bautismo: y “vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y posarse sobre Él” (Mt. 3 16). Este Espíritu es un Ser poseedor de un inmenso poder cósmico y está influyendo hoy al Cristo, similarmente a como el Cristo hace dos mil años influyó o actuó a través del Maestro Jesús. El Espíritu de Paz no significa calma estática o emocional que pone fin a la agitación mundial y establece una era de paz. Constituye misteriosamente el Espí¬ritu de Equilibrio, actúa de acuerdo a la Ley de Acción y Reac¬ción y se reconocerá inevitablemente Su actividad. Su obra se manifestará de dos maneras: plenamente, cuando el Cristo reapa¬rezca entre los hombres, y lenta y gradualmente hasta el mo¬mento en que:

 

a. El caos, el desorden, las perturbaciones emocionales y el desequilibrio mental que existen actualmente en el mun¬do, adquieran equilibrio de acuerdo a esta ley, mediante un equivalente ciclo de calma, quietud emocional y equili¬brio mental, emancipando a la humanidad para que entre en una nueva etapa y experimente la libertad. La paz estará de acuerdo a los disturbios experimentados.

 

b. El odio, que tanto predomina hoy en el mundo, será equi¬librado por la expresión de la buena voluntad a través de la vida del Espíritu de Paz que actúa por medio del Cristo, la personificación del Amor de Dios. La expre¬sión de esa buena voluntad está garantizada por la exce¬siva manifestación del odio que se ha ido acumulando len¬tamente en las mentes de los hombres, desde comienzos del siglo XIX, y está alcanzando la máxima intensidad en es¬tos momentos. Una medida proporcional de la energía del amor se manifestará posteriormente como resultado de la actividad del Espíritu de Paz, actuando a través del Espíri¬tu de Paz, como a veces se lo denomina al Cristo (EL 9,6). Este Ser espiritual no descenderá desde su alto lugar, donde actúa y dirige Su energía, será Cristo que actuará y servirá de canal para el poder dirigido de este Ser. La afluencia de Su divina energía (energía que provie¬ne de fuera del planeta) está destinada a traer oportuna¬mente paz a la Tierra mediante la expresión de la buena voluntad, que establecerá correctas relaciones humanas.

 

La humanidad ha registrado (desde luego inconsciente¬mente) el primer impacto de esta energía, en mayo de 1936 y también en junio de 1945.

 

2. La fuerza evolutiva, a la que damos el nombre de “con¬ciencia crística” (términos empleados por todos los grupos me¬tafísicos del mundo), se enfocó en la Persona del Cristo en forma hasta ahora desconocida, y constituye ese poder, latente en todo corazón humano, descrito por San Pablo como “Cristo en noso¬tros, esperanza es de gloria” (Co. 1,27), que de acuerdo a la ley evolutiva conduce finalmente al hombre al Reino de Dios v “a la estatura de la plenitud de Cristo” (EL 4,13). El Cristo ha sido siempre el símbolo de este poder y gloria. En el presente período de tensión jerárquica y como resultado de Su decisión de reaparecer, Cristo se trasformó en la personificación de esta energía, entrando así en, una relación más íntima con la humanidad. Otros dilectos hijos de Dios son canales de esta energía en relación con los reinos subhumanos, pero el Cristo ocupa un lugar excepcional en lo que concierne a la humani¬dad. Expresando simbólicamente esta idea, diríamos que dicha energía crea un puente viviente entre el reino humano y el Reino de Dios, entre el cuarto reino de la naturaleza y el quinto. Cristo es el custodio de esta energía, pero sólo temporariamente y durante el período de esta crisis humana. Debido a ello, pue¬de estimular el factor respuesta, existente en los corazones de los hombres, lo que les permitirá reconocer y saber quién es y qué es, cuando reaparezca. Esta canalización de energía comenzó al finalizar la guerra mundial y aún continúa; es responsable de la tendencia a mejorar el acrecentamiento del principio de participación, que ya se percibe en todas partes, y de la inne¬gable bondad de los corazones y de los pensamientos humanos la sensatez de las masas (cuando están bien informadas) es mucho mayor que la sensatez de sus líderes.

 

3. Como es bien sabido, la historia de la humanidad ha sido esencialmente la historia de los Grandes Mensajeros espirituales que de vez en cuando, en los momentos de crisis humana, han surgido del lugar secreto del Altísimo, para ayudar, inspi¬rar, revelar, conducir y orientar. Ésta es la historia de la presentación de las ideas expuestas a la consideración de la huma¬nidad, que gradualmente se convirtieron en civilizaciones y cul¬turas. Tal la urgencia de la necesidad humana en la actualidad y la oportunidad de que uno de los Hijos de Dios durante este ciclo de tensión está esperando para colaborar con Cristo. Como resultado de la decisión de Cristo y su “fusión espiritual” con la Voluntad de Dios, el Avatar de Síntesis se convirtió tem¬porariamente en Su íntimo Colaborador. Éste es un acontecimien¬to de importancia suprema y planetaria. Su relación y plan de ayuda datan desde el momento en que se dio la Gran Invocación y la emplearon los hombres en todas partes. Debido a la magna tarea que el Cristo enfrenta, será fortalecido y apoyado por el Avatar de Síntesis, el “Silencioso Avatar”, hablando simbólica¬mente, “mantendrá Su ojo sobre Él, Su mano debajo de Él y Su corazón palpitará al unísono con el Suyo”.

 

Este Ser está estrechamente relacionado con el aspecto Volun¬tad de la divinidad y Su colaboración ha sido posible debido a lo que el Cristo ha logrado en la línea más elevada de la voluntad espiritual. Actúa de acuerdo a la gran Ley natural de Síntesis, produciendo unidad, unificación y fusión. Su función (al uníso¬no con la energía del Cristo) consiste en generar en la humani¬dad la voluntad espiritual, la voluntad al bien; Su poder actúa en tres campos de actividad en estos momentos:

 

a. En la Jerarquía espiritual misma, revelando la natura¬leza divina de la voluntad al bien que debe expresar el Reino de Dios y también la naturaleza del Propósito di¬vino.

 

b. n la Asamblea de las Naciones Unidas, no en el Consejo de Seguridad, generando allí una lenta y creciente voluntad hacia la unidad.

 

b. En las masas humanas de todas partes, estimulando el anhelo de lograr un mejoramiento general’

 

Su actividad es forzosamente la actividad de las masas, por¬que Él sólo puede canalizar Sus energías a través de la concien¬cia de las masas, o por medio de una entidad que posea con-ciencia grupal, tal como la Jerarquía, las Naciones Unidas o la Humanidad. El punto focal de Su esfuerzo y el Agente me¬diante el cual se puede distribuir Su energía, es el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo; grupo que está relacionado en forma excepcional con el Avatar de Síntesis. El objetivo principal del Nuevo Grupo de Servidores del mundo es, y ha sido siempre, reunir a todos los agentes de buena voluntad que responden a la energía de la divina voluntad al bien. Su trabajo puede ser intensificado constructiva y creadoramente por la unión del Ava¬tar de Síntesis y el Cristo. Su tarea consiste en introducir la Nueva Era, donde los cinco reinos de la naturaleza comenzarán a actuar como un todo creador. Su trabajo puede ser clasificado por sectores, funciones o actividades, para:

 

a. Llegar a una síntesis o unidad humana, que conducirá a un reconocimiento universal de una sola humanidad, a lograrse mediante las correctas relaciones humanas.

 

b. Establecer correctas relaciones con los reinos subhuma¬nos de la naturaleza, lo cual conduce al reconocimiento universal de que existe un solo mundo.

 

c. Arraigar abiertamente en la Tierra, el Reino de Dios, la Jerarquía espiritual de nuestro planeta, que conducirá al reconocimiento universal de que los hijos de los hombres son uno.

 

Estos objetivos serán apoyados y ayudados por el Avatar de Síntesis, y con este propósito se ha unido a Cristo, actuando a través de la Jerarquía, recibiendo instrucciones del “centro don¬de la voluntad de Dios es conocida”. Estos tres acontecimientos relacionados y puntos de distribución de energía, han entrado en actividad durante el período de tensión que atraviesan en la actualidad el Cristo y la Jerarquía. Permitirán reorientar y en¬focar la energía en la humanidad, pues son el resultado de la decisión tomada por el Cristo después de Su momento de crisis, y están vinculados con la preparación jerárquica para la reapa¬rición de Cristo.

 

II. Cristo como el Precursor de la Era de Acuario

 

La gente es muy propensa a pasar por alto el hecho de que a pesar de haber reconocido Cristo su función como Instructor y Guía espiritual de la humanidad, durante la era que está llegan¬do rápidamente a su fin, también reconoció el trabajo que debe¬ría realizar cuando finalizara esa era, y el nuevo ciclo astronó¬mico viniera a la existencia.

 

El cristiano común ignora las épocas y ciclos por los cuales atraviesa nuestro planeta, influenciado por la progresión solar. La actual ambigua ciencia de la astrología ha desviado hacia los estudios astronómicos el legítimo interés de la humanidad y la interpretación espiritual del paso del sol a través de los signos del zodíaco. Sin embargo, El Nuevo Testamento revela con toda claridad este reconocimiento, matizando la presentación de todo el Evangelio y expresado también por El Antiguo Testamento. El pecado de los hijos de Israel en el desierto, sólo fue una reversión de la antigua adoración mitraica que caracterizaba la época en que el Sol estaba “en el signo de Tauro, el Toro”, como se lo denomina académicamente. Se postraron ante el becerro de oro y le adoraron, olvidando la nueva enseñanza de la Era de Aries, el Carnero, en la cual estaban entrando, es decir, la enseñanza de la víctima propiciatoria que matiza la historia judía.

 

Se ha olvidado el hecho de que el Cristo fue el Instructor del nuevo período en que estaba entrando el Sol, el período de Piscis, pero está claramente evidenciado en el símbolo de los peces que aparecen constantemente en los Cuatro Evangelios; el pez es el símbolo astrológico del signo de Piscis, y lo ha sido desde épocas inmemoriales. Cristo también previó el trabajo que debía realizar en la Era de Acuario, el signo siguiente en el que entraría el Sol. Antes de su “desaparición” se refirió al símbolo de la Era de Acuario y a la tarea que debía llevar a cabo. Con Sus doce discípulos interpretó un dramático episo¬dio, síntesis del trabajo que emprendería más tarde después de transcurrir los dos mil años de la Era de Piscis. Él dijo a Sus discípulos que fueran a la ciudad, donde encontrarían a un hombre portando un cántaro de agua, al cual deberían seguir hasta el aposento superior y allí prepararse para el festín de la co¬munión, del cual participarían Él y ellos (Ls. 22,10). Así lo hicie¬ron, y tuvo lugar la última Cena. El antiguo símbolo que corres¬ponde al signo de Acuario (en el que nuestro Sol está entrando) es el del Portador de agua, un hombre con un cántaro de agua. El paso del Sol por el signo de Acuario es un hecho astronómico que puede ser comprobado en cualquier observatorio, no es un pronóstico astrológico. El gran acontecimiento espiritual y evo¬lutivo de esa era, será la comunión y el establecimiento de las relaciones humanas, entre todos los pueblos, permitiendo a los hombres de todo el mundo reunirse ante la Presencia de Cristo y participar del pan y del vino (símbolo del alimento). Los preparativos de esta cena compartida (simbólicamente hablan¬do) se están llevando a cabo y lo están haciendo las masas humanas de todas partes, a medida que luchan, se esfuerzan y legislan para el mantenimiento económico de sus naciones; el tema de la alimentación ocupa la atención de los legisladores de todo el mundo. Esta participación iniciada en el plano físico, también se aplicará en las relaciones humanas, constituyendo la gran dádiva de la Era de Acuario para la humanidad. La Igle¬sia ha ignorado esto, y los eclesiásticos no pueden explicar el hecho de que los judíos manifestaran su predilección taurina de adorar al Toro por el becerro de oro, ni porque la dispensación judía empleara el símbolo de la víctima propiciatoria en la era de Aries, el Carnero, y que los cristianos hicieran hincapié sobre los peces, en la era de Piscis, la era cristiana.

 

Cristo vino para poner fin a la dispensación judía, que de¬bía haber culminado y desaparecido como religión cuando el sol pasó de Aries a Piscis. Cristo se presentó por lo tanto ante ellos como su Mesías, manifestándose a través de la raza judía. Al rechazar al Cristo como Mesías, la raza judía se ha detenido, simbólica y prácticamente, en el signo de Aries, la víctima pro¬piciatoria; hablando de nuevo simbólicamente, deben pasar al signo de Piscis, los peces, y reconocer a su Mesías cuando re¬torne nuevamente en el signo de Acuario. De lo contrario vol¬verán a cometer el antiguo pecado de no responder al proceso evolutivo. En el desierto rechazaron lo que era nuevo y espi¬ritual; lo mismo hicieron en Palestina hace dos mil años, y ¿volverán a hacerlo si se les presenta la oportunidad? La dificultad reside en que los judíos están satisfechos con una religión que tiene casi cinco mil años, y demuestran muy poco interés por cambiarla.

 

Cristo previó la llegada de la Era de Acuario y lo expresó gráficamente haciendo perdurar, a través de los siglos, un hecho profético que sólo ahora, en nuestra época, es posible interpre¬tar. Astronómicamente todavía no actuamos plenamente bajola influencia de Acuario; ya estamos saliendo de la influencia de Piscis, y aún no hemos sentido todo el impacto de las ener¬gías que liberará Acuario. Sin embargo, cada año nos acerca¬mos más al centro de poder, cuyo efecto principal será inducira que se reconozcan la unidad esencial del hombre, los procesos de participación y colaboración y el nacimiento de la nueva re¬ligión mundial, cuya nota clave será universalidad e iniciación. Si la palabra “iniciación” significa el proceso de “entrar en”, entonces es verdad que la humanidad está pasando por una verdadera iniciación al entrar en la nueva era de Acuario, en la que se verá sometida a esas energías y fuerzas que derriba¬rán las barreras de la separación y fusionarán y mezclarán la conciencia de todos los hombres, a fin de formar esa unidad que caracteriza la conciencia crística.

 

En junio de 1945, en el momento de la Luna llena (día tan significativo en la experiencia espiritual del Cristo), en forma definida y consciente Él se hizo cargo de sus deberes y respon¬sabilidades, como Instructor y Guía durante el ciclo solar de Acuario. Es el primero de los grandes Instructores del mundo que abarca dos ciclos zodiacales, Piscis y Acuario. Este enun¬ciado es fácil de decir y escribir, pero implica tres métodos o técnicas a aplicar para Su reaparición, a los cuales ya me he referido. La vitalidad y el amor espiritual que irradia (aumen¬tados por las energías del Espíritu de Paz, del Avatar de Sín¬tesis y del Buddha) fueron reenfocados y canalizados en una gran corriente y llevados a la expresión (si puedo formularlo tan inadecuadamente) en las palabras de la Invocación: “Que afluya amor a los corazones de los hombres”. .. “Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan en la Tierra”.

 

Estas tres palabras, luz, amor y poder, describen las energías de las tres Potestades que se unieron a Él (el gran Triángulo de Fuerza que con su poder Lo apoya) ; la energía del Buddha: la Luz, la luz siempre viene de Oriente; la energía del Espíritu de Paz: el Amor que establece correctas relaciones humanas; la energía del Avatar de Síntesis: el Poder, complementando la luz y el amor. El Cristo ocupó su lugar en el centro de este Trián¬gulo; desde ese punto comenzó Su trabajo acuariano y continua¬rá haciéndolo durante dos mil quinientos años. Aquí inauguró la nueva era, y en los planos espirituales internos comenzó a tomar forma la nueva religión mundial. La palabra religión concierne a las relaciones, iniciando así la era de correctas rela¬ciones humanas y correctas relaciones con el Reino de Dios. Ésta es una afirmación fácil de hacer, pero sus implicaciones son enormes y de gran alcance.

 

En esa oportunidad el Cristo asumió dos nuevas funciones: una está vinculada al segundo método de reaparecer físicamente, y la otra al método que empleará para ejercer Su influencia. Constantemente la Luz, el Amor y el Poder se derraman sobre las masas, estimulando el acrecentamiento de la conciencia crís¬tica. Mediante Su presencia física se convertirá en el “Dispen¬sador del Agua de la Vida”; por la influencia que ejerce ahora sobre los que son sensibles a Su impronta y a Su enfocada Mente, Se convertirá en lo que se conoce técnicamente como el “Susten¬tador de los pequeños”.

 

Él asume Sus deberes en la era acuariana, como Dispensa¬dor del Agua de la Vida y Sustentador de los pequeños, mien¬tras que como centro del Triángulo mencionado anteriormente, influye, ilumina y produce correctas relaciones entre las multi¬tudes. Por lo tanto, en la próxima era será conocido como:

 

1. El Punto dentro del Triángulo.

 

2. El Dispensador del Agua de la Vida.

 

3. El Sustentador de los pequeños.

 

Esto describe Sus tres deberes para con el género humano, y también el trabajo que caracterizará Su servicio mundial du¬rante la era acuariana.

 

Consideremos estos aspectos de Su obra y tratemos de com¬prender la significación de la responsabilidad que Él ha asumi¬do. Es necesaria cierta comprensión para que el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y los discípulos activos de todas partes, preparen adecuadamente a la humanidad para Su reaparición. Mucho puede hacerse si los hombres se esmeran en comprender y desarrollar la consiguiente y necesaria actividad.

 

Primero, como Punto dentro del Triángulo, el Cristo llegará a despertar los corazones de los hombres e instituirá correctas re¬laciones humanas, permaneciendo inconmovible donde se halla y siendo simplemente lo que Él es. Esto lo hará trasmitiendo a la humanidad la energía desde los tres vértices del Triángulo que Lo circunda. Dicha energía conjunta e impersonal, de natu¬raleza triple, se esparcirá universalmente, produciendo un pro¬greso evolutivo, atrayendo magnéticamente a los pueblos y na¬ciones entre sí y causando automáticamente el desarrollo del sen¬tido de síntesis, de una probable unidad y de una fusión deseable.

 

Así como en la Era de Piscis se desarrolló en la humanidad una respuesta masiva respecto al conocimiento y al principio inte¬ligencia, así en la Era de Acuario se evocará respuesta masiva sobre las correctas relaciones, cuya expresión, la buena voluntad, caracterizará la conciencia de las masas. Quizás sea difícil com¬prender y apreciar esta posibilidad, pero también fue difícil para las multitudes de los primeros siglos de la era cristiana o piscia¬na, comprender el futuro progreso de los sistemas educativos del mundo y la difusión de ese conocimiento que constituye la carac¬terística de nuestra presente civilización y cultura. Las adquisi¬ciones del pasado son siempre una garantía de futuras posibili¬dades.

 

Como Dispensador del Agua de la Vida Su tarea es sumamente misteriosa y difícil de comprender. Hace dos mil años, dijo pú¬blicamente: “He venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10,10). El aspecto, Vida, desde el ángulo de la visión de Cristo, se expresa en tres formas:

 

1. Como vida física, nutre las células del cuerpo. Esta vida se encuentra dentro de cada átomo de sustancia como punto central de luz viviente.

 

2. Como vivencia, expresa amor y luz dentro del corazón. Cuando esta vivencia se halla presente y se manifiesta, el átomo humano se convierte en parte de la Jerarquía espiritual.

 

3. Como Vida más abundante, puede percibirse como luz, amor y poder, dentro y sobre la cabeza del discípulo de Cristo. Esta vida más abundante Lo capacita para cola¬borar no sólo con la humanidad y la Jerarquía espiritual, sino también con Shamballa centro de vida en su más pura esencia.

 

Si decimos que la vida es vivencia que capacita, las palabras carecen de sentido. Empero, si a la vivencia se la vincula con la vida en el plano físico, con la vida espiritual del discípulo y el viviente propósito de Dios, entonces se puede obtener una leve idea acerca del maravilloso trabajo emprendido por el Cristo en el pasado, previsto por Él como Su futura responsabilidad. El Cristo puede extraer las energías que se definen con la frase “vida más abundante”, porque liberarán (en la Era de Acuario), en forma nueva y dinámica, las nuevas energías necesarias, a fin de producir la restauración y la resurrección. Esta nueva ener¬gía es la “fuerza complementaria de la universalidad” y con¬cierne al futuro. La afluencia de energía acuariana es uno de los factores que permitirán al Cristo completar Su tarea como Salvador e Instructor del mundo. En junio de 1945 decidió cumplir con Sus deberes de Distribuidor, Sustentador y Dispen¬sador, y asumió Sus responsabilidades como Precursor e Instruc¬tor de la Era de Acuario.

 

Al decir Sustentador de los pequeños, se refiere a un aspecto del trabajo del Cristo, que involucra el estímulo de las concien¬cias de Sus discípulos, a medida que se preparan para recibir la iniciación o entrar en niveles más profundos de percepción espiritual. El trabajo que realiza en el Triángulo con las ma¬sas humanas, tendrá por resultado la presentación de la primera iniciación –el Nacimiento del Cristo en la caverna del cora¬zón como ceremonia fundamental de la nueva religión mun¬dial. Por medio de esta ceremonia las multitudes de todos los países estarán en condiciones de poder percibir conscientemente el “nacimiento del Cristo” en el corazón, y el “nacer de nuevo”, al que Él se refirió (Jn. 3,3) cuando estuvo en la tierra. A este nuevo nacimiento se refieren los esoteristas cuando hablan de la primera iniciación. Pero en el futuro, hacia el fin de la Era de Acuario, no constituirá la experiencia de un discípulo aislado, sino la experiencia colectiva de millones de seres. Muchos aspi-rantes se sumergirán en las aguas purificadoras de la Iniciación del Bautismo la segunda iniciación y las dos iniciaciones (preparatorias para el verdadero servicio y la tercera Inicia-ción de la Transfiguración) pondrán el sello de aprobación en la misión que tiene Cristo como Agente del gran Triángulo espi¬ritual que Él representa.

 

Sin embargo, el trabajo más importante de Cristo, en lo que concierne a los discípulos y a las personas espiritualmente orien¬tadas del mundo, además de las centenas de miles de seres huma¬nos más avanzados, consiste en “nutrir” en tal forma su concien¬cia y vida espirituales, que les permitirá recibir la tercera y cuarta iniciaciones la Transfiguración y la Renunciación o Crucifixión.

 

Como bien saben los esoteristas, el término “los pequeños” se refiere a esos discípulos que son los “niños de Cristo” (como los denomina El Nuevo Testamento) y que ya han recibido las dos primeras iniciaciones, el Nacimiento y el Bautismo. Ellos son conscientes de la aspiración espiritual, índice de la vida crís¬tica residente en sus corazones, y se han sometido a los procesos de purificación que culmina en las aguas bautismales. Cristo debe preparar a dichos aspirantes para las iniciaciones superio¬res y nutrirlos y ayudarlos para que puedan presentarse ante el único Iniciador, y llegar a ser Pilares del Templo de Dios, es de-cir, Agentes de la Jerarquía espiritual y, por lo tanto, discípulos activos y trabajadores.

 

Cuando hace siglos estuvo en Palestina dijo: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14,6). Esto fue un vaticinio del tra¬bajo que Él tendría que realizar en la Era de’ Acuario. En las dos primeras iniciaciones, los aspirantes (entrenados por los dis¬cípulos avanzados) descubren el camino hacia el Cristo que admi¬nistra ambas iniciaciones, pero las palabras de Juan se refieren a etapas aún superiores de desenvolvimiento. La administración de las primeras iniciaciones por el Cristo convierten al discípulo en agente del amor de Dios; sin embargo las iniciaciones supe¬riores lo capacitan para convertirse, etapa tras etapa, en agente de la voluntad de Dios. Los del primer grupo conocen y com¬prenden la segunda estrofa de la Invocación “Desde el punto de amor en el Corazón de Dios, que afluya amor a los corazones de los hombres”; el grupo que Cristo Mismo ha de “nutrir” y pre¬parar en la era acuariana, conocerá el significado de la tercera estrofa “Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida, que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres”.

 

Durante la era de Piscis la tarea de Cristo tuvo por finali¬dad relacionar a la humanidad con la Jerarquía del planeta; en la era de Acuario Su trabajo consistirá en relacionar este grupo, que se acrecienta constantemente, con ese centro superior donde se hace contacto con el Padre, se reconoce la filiación y puede conocerse el propósito divino. Los tres aspectos divinos recono¬cidos por todas las religiones del mundo (incluyendo la religión cristiana) Inteligencia o Mente Universal, Amor y Voluntad ¬se desarrollarán conscientemente en la humanidad por medio del futuro trabajo de Cristo; la humanidad, la Jerarquía Espiritual y el “centro donde la Voluntad de Dios es conocida”, se relacionarán en forma más amplia y general.

 

El acercamiento místico al Reino de Dios desaparecerá gra¬dualmente a medida que la raza acreciente su inteligencia, pro¬pugnándose entonces un acercamiento más científico; los requi¬sitos para ser admitido en este Reino serán de carácter objetivo; las leyes que rigen el centro superior de la voluntad divina tam¬bién serán reveladas a los miembros del Reino de Dios, y todo ello se efectuará bajo la supervisión de Cristo, después de Su reaparición entre los hombres. La tónica de Su misión será en¬tonces evocar en la humanidad una respuesta a la influencia espiritual y al desarrollo (en gran escala) de la percepción intui¬tiva facultad poco común en la actualidad. Cuando vino an¬teriormente evocó en la humanidad una gradual respuesta a la verdad y la comprensión mental. Ésta es la razón por la cual al término del ciclo que Él inauguró hace dos mil años, se han formulado diversas doctrinas y se ha logrado un amplio desarro¬llo mental e intelectual.

 

III. Cristo como Liberador de Energía

 

En los primeros tres meses del período de crisis por el que pasó Cristo y la Jerarquía, y que terminó con Su anunciada deci¬sión, fueron puestas a disposición de Cristo y Sus discípulos grandes energías o corrientes fundamentales de fuerza. Hoy, el hecho de que la energía constituya la sustancia básica del univer¬so, y que todas las formas de vida sean formas de energía que viven dentro de otras formas mayores de energía, y que todas ellas, grandes o pequeñas, utilizan energía y actúan como distri¬buidoras de la misma, es algo muy conocido y generalmente aceptado por las personas inteligentes y reflexivas. La palabra hablada o escrita y la actividad motivada, son todas expresiones de energía que conducen a la iniciación y a la actuación, siendo expresiones de la misma y la causa de su distribución. Los gobier¬nos, las iglesias, las organizaciones y los grupos, son todos dis¬tribuidores y depósitos de energía. La humanidad misma es un gran centro de energía que afecta a todos los reinos subhuma¬nos, y forma, análogamente dentro de sí misma, un gran sistema de energías interrelacionadas. Lo mismo ocurre con el indivi¬duo que por sus actos y palabras emplea energía y produce resultados que son efectos de la energía y actúa como distribui-dor. El individuo subdesarrollado no comprende nada de esto, y la energía que manipula es relativamente de poca importan¬cia. A medida que la evolución prosigue y las personas adquie¬ren poder y expresión, el uso que hacen de la energía es con frecuencia de gran importancia; se convierten en centros dinámi¬cos de distribución de energía, y sus palabras, orales o escritas, además de sus actividades, producen grandes efectos e importan¬tes resultados. La Jerarquía es un gran centro de energía que llega a la humanidad a través del Cristo. El significado de Sus palabras:

“He venido para que tengan vida” es ése. Vida y energía son sinónimos.

 

Durante la guerra, 1914 1945, el Cristo y la Jerarquía obser¬varon un mundo agonizante; hombres y mujeres morían en todas partes; viejos ideales, organizaciones y grupos desaparecían; el espectro de la muerte rondaba por todas partes. La destrucción no sólo caracterizaba al mundo fenoménico sino a los mundos más sutiles del sentimiento y del pensamiento; la vida fue extraída y dio por resultado la muerte. El problema que Cristo y Sus discípulos enfrentaban, era impedir que reviviera lo viejo e indeseable. Su tarea no consistía en resucitar lo muerto e inú¬til, sino dirigir la afluencia de vida que contuviera la capacidad de reconstruir, y la energía que produjera un nuevo mundo y una nueva civilización allí residía la oportunidad y responsa¬bilidad de ellos.

 

Las fuerzas reaccionarias políticas y religiosas que de¬seaban la resurrección de las formas viejas y caducas, pusieron su peso e influencia (otro nombre dado a la energía) en contra de todo lo nuevo, y aún están haciéndolo. Las fuerzas progresis¬tas luchan únicamente por lo nuevo y no tratan de conservar ninguna de las viejas formas, aunque pudieran servir a algún pro¬pósito útil. Su enérgico rechazo de todo lo que pertenece al pasa¬do y la energía destructora que Ellos dirigen contra el viejo régi¬men, obstaculizan por igual los esfuerzos de la Jerarquía. La esperanza reside en estas fuerzas progresistas, pero les falta lamentablemente la habilidad para la acción, porque aman dema¬siado la destrucción. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo se mantiene firme en el “Noble Sendero Medio” (como lo deno¬minó el Buddha) y trata de enterrar decentemente las antiguas formas, complementar lo nuevo y restaurar lo que ha demostra¬do ser útil y provechoso en el pasado, y que podría constituir el germen vivo de la nueva creación.

 

En el momento de la Luna llena de abril de 1945, durante la Pascua de ese año y durante un período aproximado de cinco semanas, las Fuerzas de Restauración comenzaron a hacer pri¬mero Su trabajo en los planos sutiles de la experiencia huma¬na. Este tipo de energía es peculiarmente creador, y lleva con¬sigo la “vida que produce el nacimiento de las formas”. Afluyó a la Jerarquía por intermedio de determinados Maestros y Sus grupos de discípulos, siendo inmediatamente trasmitida por Ellos a la humanidad. Dicha energía es para las masas y está destina¬da a estimular su inteligencia; ésta no es la energía que hemos considerado anteriormente cuando tratamos de la conciencia crís¬tica en el hombre, sino la que hace que el hombre piense, planee y actúe; no produce resultados malos ni buenos, sino simplemente despierta las mentes de los hombres para que actúen inteligentemente. Esta actuación depende por lógica del tipo de mente del hombre que responde a las fuerzas de restauración y está condicionada por su etapa de evolución, su trasfondo racial y nacional, su tradición y sus reacciones religiosas y civilizadas. Tales fuerzas se hallan activas hoy en todos los países y con fre¬cuencia producen al principio grandes dificultades, pero final¬mente conducen a una definida reorganización de la vida nacio¬nal o planetaria. Los efectos serán principalmente físicos; trae¬rán un nuevo mundo del que habrá desaparecido todo indicio de guerra; mejorará la salud física de los hombres y de los anima¬les y serán reconstruidas las ciudades y los pueblos. Su objetivo es producir una nueva Tierra y todo aquello que evidencie la afluencia de una nueva vida.

 

Después de esto, durante la Luna llena del Buddha, en mayo de 1945, las fuerzas de iluminación entraron en actividad y la luz comenzó a afluir a las mentes de los hombres. En realidad, éstas son las energías que inician la nueva educación mundial. Los primeros en ser afectados serán los grandes movimientos educativos, los foros del pueblo en todos los países y los valores que se están desarrollando ahora por medio de la difusión y la industria cinematográfica y también afectarán profundamente la prensa, los editores de la literatura mundial, conferencistas, escritores, locutores, periodistas y los trabajadores en el campo social. Estos efectos quizás no se evidencien aún debido al breve tiempo transcurrido, pero dichos movimientos y tales per¬sonas son hoy los receptores de las energías de iluminación, si están preparados para reconocer las nuevas ideas que emer¬gen, constituyendo también los custodios y agentes distribui¬dores de dicha energía, canalizándola y dirigiéndola para que influya en las masas de todas partes. Eclesiásticos, progresis¬tas y liberales de todas las religiones, también responden a esta energía, pero su utilidad se halla grandemente obstacu-lizada por la naturaleza reaccionaria del ambiente, o campo de actividad en que deben trabajar, pues tienen ante sí una tarea casi imposible de realizar.

 

Estas energías de iluminación llegan a la humanidad por medio del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo que es muy susceptible a su impacto, y está en condiciones de distribuirlas, pues trabaja en todos los campos de actividad mencionados anteriormente.

 

Las fuerzas restauradores se relacionan con la Mente de Dios y emanan de ella y están vinculadas con el principio inte¬ligente de la naturaleza divina; el intelecto es ese aspecto divino que diferencia al hombre de todas las otras formas de la natu¬raleza. Las fuerzas de iluminación provienen del corazón de Dios, se relacionan con la comprensión divina y pueden, por lo tanto, llegar a todos aquellos que aman y sirven a sus seme¬jantes y fortalecerlos. Esta energía está relacionada con el segundo aspecto o principio de la divinidad, el de amor sabi¬duría, del que el Buddha y el Cristo constituyen las expresiones divinas más sobresalientes. Principalmente a través de Ellos y Sus discípulos o los Maestros, expresan la misma divinidad; éstas energías llegan a la humanidad canalizadas por el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo.

 

El Cristo y el Buddha en Su perfección conjunta consti¬tuyen El camino del Corazón y el camino de la Mente. Desco¬llaron de Sus semejantes debido a la magnitud de Sus realiza-ciones. Ejercieron influencia en los dos hemisferios y durante siglos, mientras que otros Hijos menores de Dios lo hicieron sobre los países en períodos de tiempo más breves. El Buddha y el Cristo tienen que llevar a cabo un trabajo culminante, aunque no tiene mucho que ver con las formas que personifican Sus enunciados divinos y principios Luz y Amor , sino con las almas que han evolucionado aplicando dichos principios.

 

En junio de 1945 el Cristo puso en movimiento las fuerzas de reconstrucción vinculadas al aspecto Voluntad de la divinidad, siendo las menos poderosas de las tres corrientes de energía liberadas durante los tres Festivales de la Luna llena de 1945. Estas fuerzas de reconstrucción son eficaces, principalmente en relación con esas entidades que llamamos naciones. La Jerar¬quía está tratando en estos momentos de canalizarlas en la Asamblea de las Naciones Unidas; el empleo que se haga de estas energías impersonales depende de la cualidad y natura¬leza de la nación receptora, de su verdadera iluminación y de su etapa de evolución. Las naciones son actualmente la expre¬sión de la masiva autocentralización de un pueblo y de su instinto de autoconservación. Por lo tanto, estas energías pueden acrecentar ese aspecto de su vida. No obstante pueden, a pesar de ello, acrecentar la potencia del objetivo que las Naciones Unidas exponen hoy teóricamente ante todos los pueblos. El objetivo principal de la Jerarquía es distribuir energías cons¬tructivas y sintetizadoras, de tal manera que la teoría de la unidad se lleve lentamente a la práctica y la palabra “Unidos” pueda adquirir su verdadero significado y significación. El Avatar de Síntesis está particularmente vinculado con este tipo de energía, y trasmitirá a la humanidad, con, ayuda del Cristo, algo que todavía es innominado. No es el amor ni la voluntad como generalmente se entiende. Sólo una frase compuesta de varias palabras puede revelarnos algo de su sentido, y es: “El principio del propósito dirigido”, que involucra tres cosas:

 

1. La comprensión del Plan intuitiva e instintivamente espiritual, pero inteligentemente interpretado tal como puede ser llevado a cabo en el futuro inmediato por el Cristo y Sus discípulos.

 

2. La intención enfocada, basada en lo antedicho, acentuan¬do un aspecto de la voluntad, aún no desarrollado en el hombre.

 

3. La capacidad de dirigir la energía mediante la com¬prensión y la intención hacia un fin reconocido y de¬seado, venciendo todos los impedimentos y destruyendo todo lo que obstaculiza. Esto no significa destrucción de las formas por la violencia, tal como ha sido impuesto en el mundo, sino la destrucción que produce la vida grandemente fortalecida dentro de la forma.

 

La significación de estos principios divinos no tiene para nosotros mucho sentido en la actualidad, porque estamos tra¬tando uno de los grandes misterios. Todo misterio sigue siendo tal, sólo cuando existe ignorancia e incredulidad. No hay mis¬terio donde existe conocimiento y fe. Todo lo que sabemos por ahora, es que el Cristo reunirá y fusionará en Sí Mismo tres principios de la divinidad; cuando Él aparezca, la luz, que siempre ha existido, será vista; el amor que nunca cesa, será conocido, y el esplendor, profundamente oculto, vendrá a la existencia.” Entonces tendremos un nuevo mundo mundo que expresará la luz, el amor y el conocimiento de Dios, mediante una revelación in crescendo.

 

La belleza de esta síntesis que Cristo manifestará y la ma¬ravilla de la oportunidad ofrecida, será evidente para todos. Grandes Fuerzas bajo una potente dirección espiritual están preparadas para precipitarse en este mundo de caos, confusión, aspiración, esperanza y perplejidad. Estos grupos de energía están dispuestos para ser enfocados y distribuidos por la Jerar¬quía, y esa Jerarquía, bajo Su gran Conductor, el Cristo, se halla más cerca del género humano, como nunca lo ha estado en la histo¬ria de la humanidad. En todos los países, el Nuevo Grupo de Servi¬dores del Mundo también está atento a esa conducción, unido en idealismo, objetivos humanitarios, sensibilidad a la impresión espi¬ritual, propósitos subjetivos, amor a sus semejantes y dedicación al servicio altruista. En todas partes hay personas de buena vo¬luntad dispuestas a ser guiadas hacia una actividad constructiva y a convertirse en agentes que serán gradualmente educados y entrenados para el establecimiento de lo que nunca hasta ahora ha existido: correctas relaciones humanas.

 

Desde el Ser espiritual más elevado de nuestro planeta, pa¬sando por graduados grupos espirituales de hombres ilumina¬dos y perfeccionados, que trabajan en el aspecto interno de la vida, hasta el mundo externo del diario vivir en el que sirven hombres y mujeres que piensan y aman, fluye la oleada de la nueva vida. El Plan está preparado para su inmediata aplica¬ción y complementado inteligentemente; los trabajadores ya existen Y la capacidad de trabajo es adecuada a la necesidad. Sobre todas las cosas, la Jerarquía permanece y el Cristo está preparado para reaparecer y demostrar la realidad.

 

IV. Cristo como Unificador de Oriente y Occidente.

 

Resultará difícil para el eclesiástico ortodoxo cristiano y de criterio estrecho, aceptar estas palabras, pues significan en primer lugar, que el Cristo trabajará en íntima colaboración con el Buddha, hasta que haya tenido verdaderamente lugar la fusión y reconstrucción. El Buddha está íntimamente vin¬culado al Cristo en el proceso de Su reaparición, aunque no estará involucrado ni activo durante todo el período que abar¬que el futuro trabajo del Cristo en la Tierra. Como es bien sabido, Él no ha perdido su contacto con el Cristo ni Su rela¬ción con la humanidad, aunque abandonó su cuerpo físico hace siglos, y lo hizo a fin de cumplir cierta tarea que Le había asignado, e incluía (además de otras cosas desconocidas para la humanidad) ciertas actividades relacionadas con la tarea de Cristo, con la inminencia de Su venida y ciertos planes para la futura civilización de la Era de Acuario. Como bien saben mi-llones de personas, cada año (en el momento del Festival de Wesak, durante la Luna llena de Tauro) el Buddha se comu¬nica con la humanidad por medio del Cristo y la Jerarquía. Actúa de esta manera como agente que establece la relación entre el “centro donde la Voluntad de Dios es conocida” y el centro que llamamos la raza de los hombres”. Estas dos fra¬ses descriptivas se emplean premeditadamente, porque todo el trabajo que están haciendo estos dos Grandes Hijos de Dios, se relaciona con la distribución de energías las energías de la luz y del amor. Por intermedio del Triángulo mencionado anteriormente será distribuida la energía de la voluntad, siendo el Buddha uno de los Distribuidores divinos.

 

Actualmente, el trabajo del Buddha para la humanidad, casi ha terminado, y Su larga asociación con la especie humana también está llegando a su fin. En el momento en que la reapa¬rición del Cristo sea un hecho consumado, y cuando rijan co¬rrectas relaciones humanas y comiencen a condicionar defini¬damente el vivir humano, el Buddha pasará a cumplir otro tra¬bajo que Le espera. Uno de los discípulos más avanzados del Cristo, que se Le aproxima en jerarquía, ocupará Su lugar y continuará el trabajo relacionado con la humanidad.

 

Cuando este Maestro inicie Su trabajo, el principio inteli¬gente o sabiduría, que es la característica sobresaliente de la humanidad, habrá sido, en gran parte, trasmutado en sabiduría por los intelectuales del mundo, aunque no por las masas. Sa¬biduría es la característica predominante del Buddha, y el Im¬pulso de esta energía de la sabiduría, será eventualmente tan fuerte, que no necesitará ser distribuida o controlada por Él. Entonces podrá dirigirse hacia esferas más elevadas de activi¬dad donde reside Su verdadera tarea, y comenzará a trabajar con ese aspecto de la sabiduría del cual nada sabemos, pero ese conocimiento y sabiduría se han estado expresando a través del Cristo y del Buddha; posteriormente, mediante la co¬laboración del Avatar de Síntesis, el Cristo podrá fusionar en Sí Mismo estas dos grandes energías divinas y llegar a ser la expresión pura del amor y la sabiduría, de las correctas rela¬ciones y de la comprensión intuitiva.

 

A fin de que esto sea posible, y para poder aliviar a Su Hermano espiritual de la ardua tarea de relacionar a la huma¬nidad con ese “centro donde la Voluntad de Dios es conocida” (Shamballa), el Cristo se está sometiendo a un proceso excep¬cional de preparación. Los treinta años que trabajó en el taller de carpintería en Palestina, han sido el símbolo, no reconocido hasta ahora, de dicho entrenamiento. La palabra “carpintero” significa edificar, construir y, por derivación, se refiere a quien es un artífice de la madera o un constructor de casas de ma¬dera. Tal el verdadero significado del relato bíblico de que Cristo fue crucificado sobre la cruz de madera o sobre el árbol. En realidad está relacionado con Su decisión, adoptada en el Huerto de Getsemaní, de hacerse cargo del trabajo de construc¬ción o reconstrucción en Acuario, completando así la tarea que había intentado hacer en la Era de Piscis. Cristo, Sus discí¬pulos y el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, son los cons-tructores responsables de la nueva civilización, la “nueva casa de la humanidad”. El trabajo preparatorio que Él está reali¬zando ahora Lo capacitará para demostrar mediante la sabi¬duría (no sólo por el amor), la naturaleza de los planes jerár¬quicos, las sabias medidas constructivas, la inteligente elección de constructores y los métodos correctos de construcción.

 

Por lo tanto es evidente que el más grande de los Hijos de Dios, el Cristo, Representante de la humanidad y del segundo aspecto divino, demostrará en Sí Mismo, durante la era de Acuario y después de Su reaparición, ciertas grandes dualida¬des fusionadas y unificadas. Será útil estudiarlas y también conocerlas :

 

La fusión del segundo aspecto divino del amor y el primer aspecto de la voluntad la Voluntad al bien.

 

La fusión del amor y la sabiduría, que Le permitirá ser el constructor de la nueva

Era y de la nueva civilización.

 

La fusión de la energía pisciana, generada durante los últimos dos mil años de actividad espiritual de Cristo, con las energías de Acuario, que deben ser generadas y activadas en la Tierra, durante los próximos dos mil o dos mil quinientos años.

 

Para realizar este proceso de fusión, con todo lo que ello im¬plica, Cristo se está sometiendo a un proceso de entrenamiento y, una vez completado, llegará a ser, en un sentido hasta ahora desconocido para Él, el punto focal y el Agente transmisor de las cinco energías divinas siguientes:

 

1. La energía del Amor.

 

1. La energía de la Voluntad.

 

1. La energía de la Sabiduría.

 

4. La energía pisciana, generada durante la era cristiana.

 

5. La energía acuariana, que ya se está generando en las esferas internas del pensamiento y del sentimiento, y la que se generará en los siglos futuros.

 

Los métodos empleados en Su preparación sólo son conocidos por el Cristo, el Buddha y el Avatar de Síntesis. Todo entre¬namiento esotérico o espiritual, debe ser autoaplicado, y esto es tan cierto para el Cristo, como para el más humilde aspi¬rante. No nos es posible conocer el proceso de Sus pensamien¬tos, reacciones y planes.

 

Su aparición en Palestina fue mayormente profética y Su trabajo consistió primordialmente en sentar las bases para las actividades que llevaría a cabo después de Su reaparición y esparcir las semillas cuyos frutos cosecharía en la nueva era. La tragedia que protagonizó hace dos mil años, ha matizado la verdad presentada por los teólogos y esto los obligó a expo¬ner una lamentable historia y produjo un mundo miserable y desdichado. Esta tragedia se originó debido a que:

 

1. Cristo percibió que la humanidad no estaba preparada para recibir lo que venía a enseñar y a dar. Antes de que Su verdadero trabajo pudiera comenzar transcurrirían siglos de experiencia, enseñanzas, pruebas y ensayos.

 

2. Reconoció que era necesaria una relación más profunda entre El y ese centro al cual siempre se refirió como “el Hogar del Padre”; esta comprensión Lo indujo a decir que Sus discípulos podrían hacer y harían “cosas más grandes” que las que Él había hecho, y que debía volver a Su Padre.

 

3. Llegó a la conclusión de que debía tener trabajadores y agentes más entrenados y dedicados al trabajo, lo cual no fue ni ha sido posible obtener desde entonces. De allí la formación y la preparación del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Cuando haya un suficiente número de tales servidores y trabajadores iluminados, Él vendrá, y nada podrá detener su acercamiento.

 

4. Descubrió también que los hombres no estaban en situación tan desesperada como para “tomar el Reino de los Cielos por la violencia”. Unicamente por la desesperación y la extenuación, el discípulo descubre su camino hacia el reino de Dios y se dispone a abandonar su antiguo modo de ser. Lo que es verdad para el indivi¬duo también debe ser en escala más amplia para la humanidad.

 

Cristo viene para todo el mundo, no únicamente para el mundo cristiano. Viene para Oriente y para Occidente, y ha previsto el “momento del fin”, con su catástrofe planetaria, desastres feno¬ménicos, desesperación e invocación tanto en Oriente como en Occidente. Sabía que en momentos de crisis y tensiones culmi¬nantes la misma humanidad provocaría Su reaparición. El Nuevo Testamento es verídico y exacto; sólo las interpretaciones hechas por los hombres han desviado a la humanidad.

 

En Oriente existe una antigua leyenda que puede ser aplicada hoy, y contiene la clave de la relación que existe entre el Cristo y el Buddha; se refiere a un servicio que, según la leyenda, el Buddha prestará al Cristo. En forma simbólica, la leyenda cuenta que cuando el Buddha alcanzó la iluminación y nada le quedaba por aprender y experimentar en la Tierra, visualizó el futuro hasta el momento en que Su Hermano el Cristo es¬tuviera activo, para prestar un gran Servicio, como comúnmen¬te se dice. Por lo tanto, a fin de ayudar a Cristo dejó lo que misteriosamente se denomina “Sus vestiduras”, para que Él las usara. Legó y dejó en un lugar seguro toda Su naturaleza emocional intuitiva, que algunos denominan cuerpo astral, y el summun de Su conocimiento y pensamiento, denominado Su mente o cuerpo mental.

 

La leyenda dice que Aquel que viene investirá esos cuerpos y le serán de utilidad, complementando las propias facultades emocionales y mentales, proporcionándole lo que necesita como Instructor de Oriente y Occidente. Entonces Él podrá contem¬plar con fortaleza y triunfalmente Su futuro trabajo y elegir Sus colaboradores. El mandato dado en El Nuevo Testamento con¬tiene una idea algo similar: “Que esta mente esté en vosotros co¬mo lo estuvo también en Cristo” (FI. 2,5).

 

De esta manera Cristo, con las energías del amor y sabidu¬ría fusionadas, con la ayuda del Avatar de Síntesis y del Bud¬dha, e influenciado por el Espíritu de Paz y Equilibrio, podrá complementar y dirigir las energías que producirán la nueva ci¬vilización futura. Verá demostrarse ante Sus ojos la verdadera resurrección la liberación del género humano de la presión de la caverna del materialismo. Así “ver los afanes de su alma y será saciado” (Is. 33,11).

 El trabajo del Cristo en el presente y en el futuro, por el Maestro Djwhal Khul

ESPACIO PATROCINADORES
Si te ha gustado compartelo y regalanos un like
Sobre Jorge (Coordinador GHB)
Jorge es uno de los coordinadores de hermandadblanca.org, uno de los silenciosos fundadores del proyecto en el año 2006. Meditador y apasionado del desarrollo de la auto-consciencia.
ESPACIO PATROCINADORES
7 comentarios
  1. User comments
    zulay g. alvarado r.

    SIEMPRE PIDO A DIOS, TENER LUZ PARA VIVIR EN EL… Y PIDO LUZ PARA TENER LA COMPAÑIA DE ELLA A MI ALREDEDOR.

    PIDO A LA DIVINA PROVIDENCIA PORQUE NO SE APARTE DE NOSOTROS EN ESTOS TIEMPOS DE CONFUSIÓN..

    LOS SALUDOS DESDE MI CORAZÓN

  2. User comments

    Me gusta mucho estoa articulos, soy una trabajadora de la LUZ,y doy Gracias,gracias,gracias, a Dios padre poder vivir en ella .

  3. User comments

    Doya gracias a Dios vivir en la LUZ!!! CARMEN

  4. User comments

    El Maestro de Sintesis es Saint Germain ¿cierto? porque no lo dices libremente y la importancia que tendra El con Estados Unidos y todas las naciones del mundo, porque solo Estados Unidos tiene ese potencial para unir el mundo y sera atraves de El. Increible lo que puedo percibir con tu texto. El Plan Cosmico va sobre ruedas no puedo creer que estos sean los tiempos y 21 de diciembre tenga tanta importancia, estamos muy cerca. Que la Jerarquia este dispuesta por fin a traer los pensamientos-formas correctos para Todos y por el bien y la libertad universal, y este tan cerca……… Me parece la mejor noticia de la que pueda tener alquien constancia!!! Me siento mas que privilegiado. Mil gracias!
    Saint Germain ha sido mi guia silenciosa todos estos años!

  5. User comments

    Gracias por èste maravilloso mensaje . Los amo!!

  6. User comments

    Gracias, por este mensaje. Aun hay mucho que entender y comprender.

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

Send this to friend