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Espacios de crecimiento e iluminación

Espacios de crecimiento e iluminación como la soledad, el silencio y la meditación son momentos que por su importancia, merecen una especial consideración. En nuestra ignorancia, nos empeñamos en combatir y evitar la soledad, sin darnos cuenta que ella es uno de los regalos más preciosos que el merecimiento pone en nuestro camino. Otro tanto hacemos con el silencio, lo inundamos de palabrería barata, cuando no, insulsa y grosera, olvidándonos o no enterándonos que solamente a través del silencio, se puede escuchar la voz de la consciencia, el susurro del corazón y el discreto murmullo del alma. Y para hace esto, contamos con la mente.

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La realidad es compleja

Partiendo de una premisa según la cual la realidad es compleja –no complicada– la mente que la quiera comprender deberá también ser compleja, y entendemos por complejo aquello que está compuesto de diferentes partes perfectamente conectadas entre sí y que juntas conforman un todo completo. Un ejemplo de “complejo” lo ofrece el mismo cuerpo físico. En él encontramos diferentes sistemas y órganos trabajando unidos para un bien común aun cuando cada sistema –óseo, respiratorio, muscular, entre otros– tiene sus propias funciones, características y especificidades. De la misma manera, el universo tiene sus componentes y todos trabajan por un fin último, destacándose el gran aporte que hace el sol como fuente de vida. Él también está sujeto al proceso de iluminación. Es más, avanzando en esta misma línea de pensamiento, es necesario afirmar que lo que mantiene conectados y vivos estos sistemas es la dinámica, interacción o intercambio de energía que se presenta entre ellos, cualquiera que estos sean, situación que los torna aún más complejos e interdependientes.

 

Cuando un componente del sistema falla, impacta de manera negativa al conjunto del ser. La reacción del organismo involucrado puede ser inmediata o diferida, pero siempre termina por manifestarse. En el cuerpo físico, por ejemplo, a esta manifestación externa se le conoce como “enfermedad” y sus causas suelen estar más allá de la periferia del cuerpo físico, esto es, las emociones, los deseos, los pensamientos y las intenciones, elementos cercanos a la mente. La mente puede enfermar al cuerpo, pero también tiene la capacidad de curarlo, sanación que depende de la correcta y continua circulación de las energías tanto internas como las provenientes de otros sistemas y, por supuesto, del sol.

 

Ahora bien, nos encontramos en medio de una multitud de seres humanos, somos parte de una raza, de una nación, de una ciudad y, sin embargo, el trabajo de mejoramiento y –de hecho– la única posibilidad de crecimiento interno e iluminación se presentan a nivel individual.

Jamás la sanación física o mental ha sido lograda de manera masiva, tampoco el crecimiento y desarrollo espiritual, ni la liberación o iluminación. La masificación solo permite estados paliativos, cuando no de engaño, de enajenación y de control. Para el mago prestidigitador es más difícil demostrar sus artes de dominio frente a una sola persona, que delante de un gran público. Los sentidos tienden a paralizarse, a adormecerse y se pueden controlar más fácilmente desde las expresiones colectivas que desde la individualidad.

 

Cada persona se desenvuelve a su propio ritmo, con motivaciones y obstáculos particulares que hacen que la “salvación” no pueda ser colectiva. Y es en esa particularidad del hecho donde reside su misma fortaleza, pues los espacios de crecimiento e iluminación, aquellos donde el alma puede expresar su belleza y su esplendor, donde la personalidad se puede identificar con su Maestro, son tremendamente particulares, apropiados para un único ser. Aunque se haga parte de un colectivo dedicado a buscar la iluminación o el mejoramiento personal o espiritual, la comprensión y realización de estos estados elevados de consciencia, se hace de forma individual y es diferente para cada hombre y cada mujer. Las escuelas y asociaciones, no obstante, juegan un papel muy importante en la preparación del candidato, pero cada individuo llega a la liberación por sí mismo.

 

Se dice, y con mucha razón que, al momento de partir de este planeta, la persona ve y siente un guía que llega para conducirlo hasta la morada que será su siguiente estadio de crecimiento. Este guía suele ser diferente para cada persona, dependiendo de sus creencias, su carácter, su desarrollo espiritual al momento de trascender, o la forma en que la “muerte” le llega.  En cualquier caso, parece ser cierto que los últimos momentos cuentan de manera especial. La evolución está perfectamente diseñada para que el individuo aproveche, incluso, ese último instante de vida en este planeta.

Contamos con muchos espacios de vida que debemos aprovechar en aras de desarrollar todo nuestro potencial, pero debemos estar atentos para detectarlos y no perder bellas oportunidades que no se repiten jamás. Tal como propone la astrología, la “oportunidad es un dragón de cola larga que pasa ante nuestros ojos, debemos estirar la mano para cogerlo, aunque sea de la cola, y traerlo hasta nosotros. De forma diferente pero igualmente bella, se simboliza –como ya lo dijimos– con un ser calvo, pero de cuya cabeza y en la parte de atrás, pende un mechón de pelo… ¿Por qué será?

A continuación, analizaremos algunos de estos momentos especiales, anteriores a la iluminación, que nos ayudan a ganar comprensión de este universo complejo y maravilloso, que nos impulsan a ser mejores seres humanos y que nos dan pautas para recordar nuestra misión en esta existencia.

 

 

La Soledad y la Iluminación

¿No podéis ser dichosos más que rodeados de ruido, de tumulto? Entonces vuestro Dharma es servir, cualquiera que sea el lugar de vuestro nacimiento y seréis afortunados si vuestro karma os coloca en una posición en que la disciplina pueda formaros”. Con estas frases, la Dra. A. Bessant describe el deber de un Sudra, aquel que hacía parte de la casta inferior en la India antigua.

Traslapando la clasificación de las castas –Brahmanes, Chatrias, Vaisías y Sudras– a la actualidad podemos colegir que los primeros, esto es los Brahmanes, corresponden a la jerarquía eclesiástica de cualquier religión o sistema filosófico; los Chatrias tienen su representación en las fuerzas armadas de todo país; en tanto que los Vaisías corresponderían a los comerciantes actuales. Con un simple ejercicio mental podemos observar claramente que las especificaciones y deberes no han cambiado radicalmente desde los tiempos de la India antigua.  

 

La condición esencial de los Sudras, es decir, el servicio hacia los demás, hace parte en mayor o menor medida, del deber de todo ser humano. Dos cosas son remarcables en la actualidad: por un lado, servir es una forma de desarrollo, evolución, liberación e iluminación; por otro, el servicio se puede llevar a cabo de múltiples maneras y haciendo uso de diversas herramientas. Cada ser humano debe definir con exactitud aquel lugar, condición o situación donde su servicio sea más efectivo y más eficaz.

La obediencia en los militares, la sensatez en los comerciantes, la sapiencia en los clérigos y el servicio a los demás en todos los estamentos de la sociedad, es solo una característica que debería primar en nuestros tiempos.  

 

Sin importar la profesión o el oficio, a medida que el ser avanza y gana en comprensión y entendimiento, el deber también va adquiriendo otras connotaciones y precisa expresarse con diferentes manifestaciones como el sacrificio, la austeridad, la frugalidad, el valor, la intrepidez o el imperio sobre sí mismo, entre muchos otros. De la necesidad de estar siempre acompañado, ser mandado y estar confinado a obedecer órdenes, se llega al compromiso de encontrarse a sí mismo, de pelear una batalla por ganar el dominio sobre la personalidad, es decir, sobre las emociones, sensaciones, sentimientos y pensamientos.

En esta lucha que es el camino elegido vamos acompañados siempre y en todo momento de un único ser: nosotros mismos. Tú estarás contigo en las buenas y en las malas; subiendo o bajando, en el éxito y en el fracaso. Nadie puede serte más fiel que tú mismo, por lo tanto, trata de comprenderte y actuar en consecuencia. No te engañes y nadie te engañará. Lealtad, honestidad y coherencia son tres componentes esenciales para alcanzar la perfección.

 

Mantente firme en estas y otras virtudes, desde el nacimiento a esta tierra hasta la despedida de ella, pues muchas personas pasarán por tu vida, algunas dejarán profunda huella en ti, otras crearán grandes contradicciones que te moverán el piso y muchas pasarán inadvertidas. Ser coherente te permitirá comprender que la base de todo esto es saber que las situaciones y personas que llegan a tu vida son siempre las adecuadas, tanto estas primeras que te ayudan y acompañan, como aquellas que te hacen daño y las que no ves, todas ellas están allí para traerte algo que te ayudará a avanzar, aunque no lo notes ni lo quieras reconocer. Pero para darte cuenta de todo esto, primero debes callar la boca y la apaciguar la mente.

En la soledad de tu habitación, de vez en cuando date tiempo para estar contigo mismo. Aléjate de la sociedad, de tus amigos, de tu familia y recógete en ti mismo un instante para pensar, para meditar y absorber las enseñanzas de la vida. Nada pierdes con intentarlo. Acércate a tu Dios, cualquiera que sea tu idea de Él, háblale, siéntelo como tu amigo y compañero de viaje. Transmítele tus inquietudes y compártele tus sonrisas. Descarga por un momento ese pesado morral que llevas a tu espalda producto de tantos años de acumular sin decidirte a entregar. Sentirás que la carga se aminora y entra en ti una nueva luz que, a modo de faro, te guiará el resto de tus días. Esto no es simple y vacua poesía, es una realidad que se puede experimentar, que se debe buscar y propiciar.

 

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La soledad es necesaria si deseas encontrarte, si pretendes hallar la divinidad que reside en ti, o alcanzar las respuestas a esas preguntas que no te dejan en paz. El bullicio de las grandes ciudades, la contaminación visual y lo enrarecido del aire son elementos que navegan en contra de tu avance y progreso espiritual. Trata de estar en paz con Dios y contigo mismo, así no creas en ambos. Únicamente en soledad comprenderás que, si el hombre es la esencia misma de la divinidad y está hecho a su medida, olvidarse de ti mismo es olvidarte de ella también, que agredirte es agredirla. Escúchate a ti mismo y hallarás las respuestas a las preguntas que has planteado a la vida.

En ese recogimiento espiritual entenderás que las personas que dependen mucho de otros, terminan –más temprano que tarde– envueltas en la más absoluta soledad. No dependas de nadie para ser tú mismo. Convive con todos y ayuda a todos, pero no olvides nunca que el verdadero avance en el camino de la evolución e iluminación humana pasa por la apropiación en soledad de las enseñanzas de la vida. Nadie puede subir la montaña por ti, nadie puede hacerte sentir y vivir lo que se siente y se vive al llegar a la cima. La sensación –también pasajera– que se tiene al ayudar a otro ser humano necesitado solamente puedes experimentarla si lo haces tú mismo.

 

La conquista más grande, aquella que se realiza sobre uno mismo, solo es posible en soledad. El ruido, el tumulto y la condición gregaria de la muchedumbre son como candilejas que te distraen y alejan de tu camino. Compartir en medio de la multitud, estar allí, en medio de ella, pero sin identificarte con la misma, recordando que no dependes de lo que la sociedad piense, crea o diga, esto es un paso importante que debes dar. Recuerda también que el otro extremo es igualmente lesivo, aislarse por completo y tratar de vivir en la montaña sin más compañía que tú mismo ser, no es apropiado para el común de las personas en los tiempos actuales.

Somos parte de un conglomerado humano, pero “cada grano de arroz debe conservar su individualidad” sin caer en la separatividad. Por eso, mientras estás en la oficina, en la empresa o en compañía de tu familia, realiza tus labores con toda dedicación, con el empeño que hace alcanzar la perfección, pero siempre con la certeza que el merecimiento personal existe y, como consecuencia, los resultados serán visibles al corto, mediano o largo plazo. Recogemos exactamente aquello que sembramos y, siendo esto así, las lamentaciones, el llanto y la desazón por el fracaso son completamente inútiles, tanto como lo son el apego a las riquezas, la vanidad y el orgullo egoísta y altanero de la exaltación de un logro que, a todas luces, se nota que corresponde a la siempre voluble personalidad.

La soledad es, precisamente, uno de los resultados que solemos cosechar en alguna de las vidas, porque “la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que llegues más alto, para que puedas volar”. No le temas a la soledad. Aprende a ser tú mismo en medio de la multitud, pero trata de hallarte en soledad para asimilar sabiamente cada momento de tu vida en este camino de evolución y crecimiento. 

 

El Silencio 

 

No confundas callar con el simple hecho de no hablar. Es posible no hablar, pero sentir dentro de sí mismo un caudal incontenible de voces, de opiniones e imágenes que impelen a la acción de un modo desordenado y errático. Además de callar la voz propia, es necesario callar la mente. Mientras oyes a tu interlocutor deberías hacer silencio –tanto en tu voz como en tu mente–, esto haría positivo y productivo el proceso de escuchar. Muchas personas suelen ir acomodando las posibles respuestas en la medida en que van oyendo al interlocutor, y cuando éste termina –incluso antes–, suelen vociferar respuestas muchas veces ininteligibles, erradas o no acertadas frente a lo que acaban de oír. La causa de esta situación radica en el desconocimiento del proceso y la importancia de saber escuchar y es que nunca nos enseñaron a hacerlo. Acalla tu voz un instante, relega por un momento los pensamientos y concéntrate totalmente en la situación que estas escuchando.

 

Deja que tu imaginación vuele y recree la escena que te están contando, siéntela, vívela, escúchala… verás cómo al final no tendrás necesidad ni siquiera de expresar tu opinión al interlocutor, porque éste será capaz de comprender tu silencio y lo valorará más que a tus palabras. Si no entiendes mi silencio, jamás comprenderás mis palabras”, rezaba un viejo adagio.  A modo de ejemplo me permito citar a los japoneses como un colectivo que comprende y aplica de forma idónea el concepto de comprender, razón por la cual es común notar que después de una intervención, el interlocutor permanece en silencio por un instante antes de responder.

El silencio es la antesala a la comprensión y esta lo es de la iluminación. Nadie puede comprender en medio de un mar tormentoso de palabras, ideas y opiniones casi siempre fútiles. Es por esto que el primer “Castillo” que debe atravesar el Caballero de la Armadura Oxidada es el del Silencio, luego le sobreviene la aventura del Castillo de la Sabiduría y el Conocimiento y finalmente, debe superar la prueba del Castillo de la Voluntad y la Osadía. En este orden se realiza el crecimiento personal y espiritual[1]

 

Después de callar, se puede meditar. Meditar es, en términos sencillos, algo tan simple como la vida misma. Concentrar la mente en aquellos elementos importantes para nuestra vida, en situaciones de orden elevado como son la comprensión de la creación del universo, la existencia de Dios y del ser humano, su misión personal; el objetivo de la vida misma, la muerte y el nacimiento; el perdón y el amor, amén de un sinfín de elementos de orden superior en los cuales puede concentrar su mente buscando aquello que el dinero no puede comprar.

También se puede meditar en asuntos cotidianos como la consecución de bienes materiales, la superación de un vicio o el desarrollo de una virtud. Una buena forma de empezar a meditar es seguir un camino que la mente conoce y maneja a la perfección: la asociación de ideas. Coloque en su mente una idea, un concepto, una cosa. Piense en ella, en su forma, tamaño, características y uso. Luego siga el hilo de lo que la mente le disponga, usualmente le traerá otra idea asociada a la primera, y así hasta llevarlo a crear una suerte de tela de araña que incluye un sinnúmero de conceptos y de pensamientos. Mediante este método puede hallar las causas que subyacen en los vicios y, en consecuencia, corregirlos. También puede desarrollar virtudes y colaborar con el mejoramiento de la raza humana mediante el envío permanente de corrientes de pensamiento positivo y sanador dirigidas hacia personas que sufren, a situaciones irresolutas o sentimientos indeseables. El simple hecho de concentrar el pensamiento en forma de corrientes o flujo de energía, visualizarlas viajando por el aire y entrando en el cuerpo de aquella persona que está enferma, que sufre por emociones aflictivas o que esta presa de su orgullo y vanidad, tiene un impacto directo y profundo, real y efectivo, aun cuando no lo percibamos.

Para comenzar, esto estará bien, pero luego debe hacer otro ejercicio más complejo: permita que entren y luego retenga en su mente solamente las ideas que considere más importantes para usted mismo. Es decir, pase un rasero y cierna el cúmulo de ideas para que queden solamente aquellas que considere adecuadas. Le aseguro que este proceso no es fácil, pero es altamente satisfactorio porque trae asociado algunos poderes latentes que se convierten pronto en sus aliados. Muy pocas personas, –¡en realidad, poquísimas!– tienen control sobre su mente, usted será un privilegiado.

 

A modo de ejemplo se puede citar:

Si está interesado en cambiar de empleo o en iniciar una carrera universitaria pero no tiene claro cuál es el siguiente paso, una breve meditación le podría ayudar a determinar las acciones correctas. Mientras está en silencio y con la atención concentrada, ingrese a su mente el problema, la situación o la decisión que esté considerando. Déjela en su mente por un instante, luego visualícese hallando la solución, u obsérvese en medio de la profesión deseada o el trabajo anhelado.  Permítase sentir todos los detalles y, finalmente, considere con su razón y su intelecto si lo que visualizó y sintió es lo que realmente desea. Este ejercicio se puede repetir en diferentes momentos y con las diversas opciones, antes de tomar una decisión importante en su vida.

 

Dentro de las curiosidades que hallará y las conclusiones a que llegará hay una de especial interés: la mente no se cansa jamás. Es el cerebro y el cuerpo físico en general quienes se cansan y a veces duelen, pero la mente no se cansa de realizar un trabajo bien hecho. La mente está más allá del cansancio y la fatiga. Es como cuando hacemos pasar mucha agua por un agujero pequeño: la fatiga y el calor se producen en el material que soporta el agujero, pero el agua sigue siendo agua aun cuando el material le pueda transmitir algo de su calor. Igual sucede con la mente.

La comprensión y el entendimiento solo son posibles cuando la mente esta quieta, cuando en silencio escuchamos los latidos del corazón. En medio del bullicio de las grandes ciudades y envueltos en un mar de formas de pensamiento, originadas sin control y carentes de importancia, la mente suele entretenerse más de la mitad de su frágil existencia.  Deténgase por un momento a pensar en “el pensar”, a limpiar el cúmulo de formas de pensamiento agregadas a su mente y notará una especie de luz que empieza a iluminar su existencia y le trae mayor claridad acerca de lo bueno, lo bello y lo justo que el mundo tiene preparado para usted. Perciba al pasto verde crecer, intente comprender el loco revolotear de las mariposas; atienda cuidadosamente las quejas y reclamos de sus empleados o familiares; escuche el canto del agua cayendo por una cascada, saboree con detenimiento ese helado; exíjase pulcritud al momento de escribir un email; acuéstese a dormir, no ha pensar… en fin, trate de estar realmente vivo. 

 

Cada avance precisa un esfuerzo y es necesario esforzarnos un poco más si queremos cambiar. Como dijo alguien: “Hace falta que corras todo lo que puedas para seguir donde estás. Si deseas ir a otro lugar, deberás correr con doble rapidez”. Algunas veces tendremos que forzar al destino para que nos entregue aquello que en virtud merecemos, pues nada es gratis en esta vida, e incluso, aun si merecemos, en ocasiones será preciso asaltar por la fuerza la morada que resguarda nuestro tesoro. El merecimiento existe, claro que sí, y es nuestro deber merecer aquello que necesitamos.

A esto lo llamamos “esfuerzo sostenido” y por su misma esencia, deberá ser mantenido el tiempo necesario. ¿Cuánto es ese tiempo? Nunca lo sabrás hasta que llegue el momento. Si cavas diez metros buscando un tesoro y no lo encuentras, puedes cavar otros diez más y sostener el esfuerzo, pero, ¿Qué sucede si el tesoro se encuentra a solo un metro… a la izquierda?

 

Meditación y Merecimiento

 

Cuanto más medite, más despierto estará. Meditar no es dejar la mente confinada y en blanco como una hoja de papel. No es fijar la concentración en un punto en la pared y olvidarse de la existencia del mundo, entrando en un estado de ensoñación y relajamiento cercanos al adormecimiento. Meditar, como ya se explicó, es simplemente concentrar la imaginación, la mente en un concepto, una idea o un elemento sobre el cual queremos hallar su constitución ultima o el componente de verdad que subyace en él.

Existen muchas escuelas que enseñan a meditar y cada una sigue un camino diferente, no obstante, se trata básicamente de lo mismo: concentrar la voluntad y por ende la energía en un solo propósito claramente definido y, para ello, debemos dejar de lado los cinco sentidos actuales (los seis, si incluimos la mente misma), callarlos, someterlos a la voluntad. Es, precisamente, este sometimiento lo que hace tan difícil la meditación, pero es solo cuestión de práctica.

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Al principio sentirá que es arrastrado por la corriente de pensamientos que pululan a su alrededor, la mayoría de ellos sin sentido, carentes de importancia y, usualmente de carácter negativo. Los seres que verdaderamente piensan son pocos pues la mayoría solo repite, rumia, los pensamientos de los demás, sin atreverse o sin saber cómo emitir los suyos propios. La meditación posibilita el surgimiento de las facultades naturales del ser humano, potencia su desarrollo y facilita la consecución de logros materiales y espirituales. Conduce a la sanación física y emocional, y permite también, allanar el camino que lleva a la verdad contenida en cada acontecimiento y en cada momento de la vida.

Para meditar no se requiere una situación o estado especifico. Posición de loto, espalda recta y total distensión muscular son atractivos para una buena meditación, pero no imprescindibles. Solamente halle una posición que le sea suficientemente cómoda y, por favor, no espere a “tener tiempo” para empezar. Meditar es vivir conscientemente cada instante de nuestras vidas; es sentir cómo el aire penetra nuestro cuerpo y desciende hasta los pulmones; es observar cómo y de qué manera el viento mece los copos de los árboles. Es dar un paso y luego otro en la acera y notar la respuesta cadenciosa del cuerpo físico. En otras palabras, meditar es “vivir en modo manual”. Este sistema de meditación u opción de vida, conlleva al merecimiento de todo aquello que es natural al ser humano, de lo que realmente precisa para avanzar. Huelga decir que lo “necesario” para avanzar no siempre va a coincidir con lo “deseado” o anhelado. 

 

El uso adecuado de una facultad tiene como consecuencia el desarrollo de la misma y por afinidad, el de otras facultades similares. Dicen que cuando un individuo se decide a cumplir gallardamente su objetivo de vida, la naturaleza toda se pone en su favor. El merecimiento es la clave de todo progreso fundamental. El merecedor se hace con el botín, aun cuando este no sea lo que esperaba.  Sir B. Shaw explicaba esto así: “Ten cuidado con lo que deseas porque, sin duda, lo conseguirás”. El merecimiento llega con el día a día de la persona, con el esfuerzo sostenido en una dirección, con el estudio concienzudo de las grandes verdades que sostienen este universo, con el ejercicio consciente de la discriminación tendiente a la unicidad; con una fe inquebrantable en la realización del objetivo de vida que se trae al momento del nacimiento. Pero no me refiero a una fe ciega incapaz de aceptar la dinámica de la observación, del cuestionamiento, de la interacción con otras disciplinas o del cambio. La fe a la que hago referencia es aquella sostenida sobre la base de la veracidad del hecho en consideración, de la certeza de que en tal hecho reside un componente de verdad y, por ende, la existencia de un camino para hacerlo realidad. 

 

En la economía del universo nada se queda sin su respectiva sanción, para bien o para mal. Nuestro error consiste en ignorar o no querer ver la ejecución de las leyes universales y en pretender desde nuestro orgullo, ignorancia, incapacidad o ceguera, juzgar los acontecimientos como verdaderos y actuar en concordancia con nuestro juicio, olvidando que lo que vemos, sentimos, captamos, observamos y comprendemos no es más que una ínfima parte del suceso completo. Del iceberg solo vemos una mínima parte, pues la gran masa descansa bajo el agua. Un trabajo de vida es precisamente descubrir el resto de la mole de agua sólida que reposa lejos de nuestra vista.

En todo hecho o circunstancia hay tres dimensiones: mi opinión, su opinión y la verdad. Es de sabios hallar la verdad en cada momento y ponerla al servicio de la humanidad. No se conforme con tener su propia opinión –cosa ya de por sí bien complicada en estos momentos de saturadas, falsas, sesgadas, erróneas y estúpidas opiniones, en donde no pareciera haber lugar para la verdad–, trate de acercarse a la opinión de los demás y luego, desde una posición ecléctica, láncese por la verdad. Ella está esperando por usted, desea ser descubierta y convalidada ante todos. La verdad nos hace libres, claro que muchas veces el defender esa verdad nos exigirá pagar muchos precios, incluso, el más elevado: nuestra propia vida. ¡La verdad, como la iluminación, nunca han sido gratis!

[1] Fisher, Robert. El Caballero de la armadura oxidada. Edición online.

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Sobre Joss Perez
Nacido en Pijao, departamento del Quindío, Colombia, desde muy pequeño se interesó por la lectura y fue así como llegó a ser profesor escritor novato. Teósofo por convicción, también se acercó al Budismo como una forma de re-encuentro con la divinidad. Actualmente reside y trabaja en Hangzhou, provincia de Zhejiang, República Popular de China.
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