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La consciencia, su desarrollo y su importancia

 

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Tomando Consciencia del Universo Manifestado

 

El dolor y, en general, el sufrimiento, tienen un valor enorme cuando se analizan desde la evolución del ser humano, esto es, desde la perspectiva de crecimiento y desarrollo propuesta para el Pensador. El dolor aguijonea como un perro hambriento, y acecha las horas de aquel ser que ha equivocado la senda. Es una de las formas que tiene la vida de recordarnos que tenemos deberes pendientes para con nosotros mismos, los demás y el universo. Tomar consciencia es precisamente uno de los deberes más apremiantes de la humanidad en su actual estado de desarrollo.

 

Tantas veces escuchamos decir a una persona que ha salido de un coma difícil y prolongado o que ha pasado por una ECM (experiencia cercana a la muerte): ¡He visto la luz al final del túnel y me he dado cuenta que necesito hacer algo importante con mi vida! Cuántos ejemplos podrían enumerarse de condiciones extremas similares que han hecho variar las perspectivas de vida de una persona y, no obstante, hasta que cada individuo no sienta y experimente ese “llamado” de la consciencia a encauzar su existencia, nada o casi nada puede hacerse por él, excepto vivenciar, escribir y comentar las verdades para que un día no lejano las mentes inquietas las puedan comprender y poner en práctica. El camino de dolor, avance, crecimiento, desarrollo e iluminación de los grandes Maestros iniciados de la historia es también nuestro camino.

 

No podemos seguir considerando a Jesús el Cristo, a Mahoma, a Sidharta Gautama el Buda Shakyamuni y a tantos avatares, arhats y bodhisattvas como seres legendarios que sirvieron únicamente para protagonizar la historia de las religiones o la filosofía. Es necesario darse cuenta que sus caminos no son para nada diferentes de aquel que un día, hace décadas, cientos de años o quizás milenios, decidimos caminar nosotros también y que ahora se transforma en un llamado de la consciencia para desarrollar la compasión, obtener la sabiduría y ayudar a los demás.

El desarrollo de la conciencia pasa por el aprovechamiento de las experiencias vividas en cada momento, por la observación constante de los sucesos que llenan nuestra existencia y por una actitud ecléctica frente a los placeres que motivan la voluntad. Sea como fuere, cuanto más se expanda la consciencia, tanto más puede el individuo sufrir, lo cual supone una pregunta: ¿Para qué desarrollar consciencia? La respuesta se encuentra en el tipo de sufrimiento que se tiene en cada caso. No es igual sufrir como consecuencia de los apegos y la posesión o carencia de objetos de placer, a sufrir por efectos de la conmiseración con el sufrimiento ajeno. Este segundo tipo de sufrimiento trae en sí mismo la semilla de sanación y evolución, en tanto que el primero solo es muestra inequívoca de ignorancia. Ante la muerte sufrimos, y no es que seamos ignorantes, es simplemente que en ese momento desconocemos la esencia misma de la muerte y el papel que ella cumple en todo el proceso de la existencia humana. Cuando se amplíe el radio de acción de la consciencia y se comprende esta cuestión, la muerte carecerá de sentido y se empezará a considerar que ella misma no tiene existencia verdadera, por tanto, desaparecerán la semilla del dolor y del sufrimiento.

Respecto de la muerte y la vida, sabiamente el Bhagavad Guita los refiere de la siguiente forma:

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“Porque no hay existencia para aquello que no existe, ni tampoco hay inexistencia para lo que sí existe[1].

Contemplar la verdad mediante un ejercicio de expansión de la consciencia, es también un acto de virtud, y el cultivarse en las virtudes es el paso previo para eliminar el sufrimiento y permite, entre otras cosas, avanzar de forma segura, rápida y continua por esta senda de evolución humana.

La consciencia y la compasión

Un síntoma real que muestra adelanto en el desarrollo de la consciencia es, precisamente, el hecho de empezar a sentir compasión con el dolor ajeno. Cuando el Pensador está avanzando siente que el sufrimiento ajeno es parte de él mismo; es capaz de comprender, aunque muy someramente al comienzo, las causas que han derivado en sufrimiento para esa otra persona y, en consecuencia acepta que –aunque no lo comprenda todavía–  existe un orden lógico y perfecto en todo ese proceso; entiende que cada ser humano ha causado su propio sufrimiento e intuye la manera en como ese sufrimiento sirve de fuego que, poco a poco, elimina las causas iniciales o deudas pendientes que dicha persona tiene acumuladas. No existe otra manera de avanzar sino es quemando esa porción de materia o energía negativa que, a modo de fardo estrambótico, impide avanzar.

 

Esto me recuerda una máxima Socrática, aquella que pronunciara el gran filósofo al salir de un mercado en Atenas y después que un dependiente le preguntara por el motivo de su visita: “¡Sólo estoy observando cuántas cosas existen que yo no necesito para ser feliz!”. Si deseas avanzar más rápido por el camino de evolución deberás ir desprendiéndote de cosas materiales que no necesitas, deberás ir cambiando hábitos de consumo y de pensamiento que te tienen anquilosado y atado a un modelo de vida que es tremendamente ajeno a las verdaderas necesidades del ser humano. La televisión, la radio, los periódicos, los objetos de consumo, la moda, el futbol, la política, la economía… y un largo y ancho etcétera no son más que situaciones creadas con el fin de organizar, pero también encasillar, controlar y enajenar la existencia humana dentro de un sistema que poco o nada tiene que ver con el florecimiento y expresión de la luz divina, esencia del individuo.

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La realidad, el pensamiento y la verdad

El conocimiento, así como el “despertar” está a su alcance, aquí y ahora mismo. En todas las grandes religiones, así como en los sistemas filosóficos existen elementos comunes, pistas que sirven de faro para el buscador sincero y deseoso de hallar. Precisamente, la ampliación de la consciencia con el correspondiente desarrollo de la compasión –entendida como esa capacidad de identificarse y compartir el sufrimiento ajeno, o como ese deseo sincero y ferviente por la finalización del sufrimiento en los demás– es una de ellas.

 

En realidad, y como ya se dijo en anteriores post, importa poco el nombre que le demos tanto a la Luz manifestada como a las virtudes que del espíritu emanan, pero es necesario dejar claro que ellas existen, que son parte fundamental del proceso evolutivo y que, en la medida en que el Pensador amplía su consciencia y desarrolla estas habilidades y cualidades superiores, de la misma forma se va haciendo más sensible a las miserias del mundo. Tal como la persona va refinando sus gustos en la comida, por ejemplo, y cada vez exige alimentos de sabores más sutiles, así mismo, el Pensador aprende a percibir su entorno con la consciencia plena, a sentir el dolor ajeno como si fuera propio; vive y se torna sensible al sufrimiento de otras especies, lo cual puede generar incomodidades en un mundo material caracterizado por la inequidad y la explotación del más débil y necesitado.

 

Pero no todo son malas noticias. Afortunadamente, el despertar de la consciencia va acompañado de la evolución de herramientas de protección y la aparición de “seres de luz” que guían estos procesos discretamente. La apertura de mayor consciencia permite manipular energías más sutiles que hacen que, por ejemplo, el concepto de “una buena vida”, como tantos otros, se transforme radicalmente. La existencia, entonces, ya no consiste lisa y llanamente en tener, poseer y disfrutar cosas materiales, ahora incluye el bienestar ajeno y la libertad de pensar y obrar de forma multidimensional.    

 

No tengo nada en contra del concepto de “vivir bien”, aquello que también se ha traducido como “tener una buena calidad vida”, pero insisto en que es necesario revaluar nuevamente ese concepto desde las necesidades reales del ser en tanto humano, es decir, desde su componente de consciencia divina, y ya no desde el capitalismo, el comunismo u otra forma de gobierno o sistema de intercambio de bienes y servicios. La alternativa es tan simple y clara que parece inaccesible. Se trata sencillamente de reconocerse a sí mismo y reconocer a los otros como parte de uno mismo, con sus propias necesidades, idéntica búsqueda y con sinos convergentes que invitan a unir esfuerzos para una mejora constante y conjunta. El bien común es garantía de bienestar personal. De esto debemos tomar consciencia tan pronto como sea posible.  

 

Tener una buena vida es sencillamente cumplir con los objetivos que se tenían planeados al nacer, esto implica ser coherentes en todo sentido; que la palabra exprese lo que siente el alma; que las acciones sean la consecuencia lógica de los pensamientos y deseos reales del Pensador, de lo contrario se está engañando a sí mismo y acumulando más deudas para un futuro. Si se toma consciencia y se cumple con estos sencillos preceptos, las cosas materiales estarán disponibles y a su alcance para satisfacer las necesidades físicas, los caprichos y gustos básicos. La solución que se aplica a un nivel, plano o cuerpo superior, se verá reflejada al corto plazo en el inmediato inferior. Por su parte, una disonancia vibratoria superior también mostrará su impacto en planos inferiores. Tomar consciencia de esto es muy importante, por tanto, debería ser completamente comprendido y aplicado.

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Un ejemplo sencillo de esta interacción entre lo superior y lo inferior lo podemos extraer de una de las manifestaciones exteriores o físicas de malfuncionamientos emocionales o mentales, el cáncer. Está demostrado que algunos tipos de cáncer se deben a estados mentales de depresión, ansiedad y miedo que el cuerpo somatiza y expresa de esta manera. En repetidas ocasiones (personalmente he entrevistado y conozco varios de estos casos) la sanación del cuerpo físico estuvo asociado a la previa sanación mental. Un cambio sensible en la forma de pensar y de sentir afecta de manera directa el cuerpo físico, por lo tanto, el desarrollo de la consciencia superior permite una mejor y más bella expresión del cuerpo físico. Normalmente es más sencillo y efectivo trabajar desde “arriba” para mejorar lo de “abajo”, es decir, hallar y sanar las causas, y no, simplemente, paliar las consecuencias.

 

Estará usted de acuerdo conmigo cuando digo que trabajar “desde arriba” no es fácil, pues requiere un conocimiento previo de “eso” que existe allá “arriba”, no obstante, cuando empiece a aplicar esta premisa notará que el proceso realmente no es tan complejo como se creía y, a la vez, descubrirá que es altamente efectivo. Por ejemplo, si nota que continuamente está sometido a pruebas o dificultades manifestadas en los negocios, las relaciones con las personas o sus finanzas personales, puede dedicar unos momentos a establecer con claridad las causas de esta situación. Quizás halle que su personalidad tiene excesos o carencias emocionales, afectivas, de vanidad y orgullo que podrían ser mejoradas. Tomar consciencia de esto le permite empezar un proceso de mejoramiento a través de la práctica constante de virtudes como la humildad, el desapego emocional, la caridad o la sencillez, entre otras.

 

Esta forma de actuar está descrita en casi todas las religiones y los sistemas filosóficos y aunque se utilizan diferentes nombres, la esencia es básicamente la misma: trabaje con la consciencia desde la mente. Allí está la respuesta.  Reconózcase y re-conozca cada componente de su cuerpo físico, acepte la existencia de esa esencia energética que es usted mismo y comience re-educando su mente. Envíese continuamente mensajes positivos y sanadores, haga esto con todas las partes de su cuerpo, especialmente con aquellas que carecen de buena salud o que están continuamente expuestas al stress, la presión o la inestabilidad. Mi Maestro DK aconseja que para erradicar el temor y el miedo, debemos practicar la memorización de esta frase: Que la realidad rija todos mis pensamientos y la verdad predomine en mi vida. La repetición de este mantra impide que la mente nos presente situaciones cotidianas vestidas de pánico, temor o terror.

 

Existen muchas opciones de formación y desarrollo, están diseminados en terapias alternativas y de meditación profunda, en diversos libros y sistemas disponibles para quien realmente decide mejorar su calidad de vida. Siga la escuela que desee, la corriente de pensamiento con la cual se identifique, el proceso formativo integral que más se ajuste a sus ideales o la religión con la que sienta más afinidad, pero decídase a hacer algo por sí mismo ya. Todos los caminos llevan a la misma meta, por eso cuando ésta es identificada, la persona se encuentra con que puede crear su propio camino. Esto es también tomar consciencia de la existencia de este universo y sus causas.   

 

En todo caso, si decide iniciar alguna forma de toma de consciencia, de curación, de sanación o de mejoramiento interno, tenga en cuenta que todo llega a su debido momento. Tómese el tiempo necesario, insista en ello, repita los procesos de observación y sanación a la vez que se cultiva en alguna de las artes, las ciencias y todo aquello que es bello, bueno, justo, sabio y eterno. Pronto notará que su cuerpo físico responde positivamente a estos cambios actitudinales, verá surgir la felicidad en su corazón e irradiar la luz interior; usted se transformará en un pequeño sol que alumbra la vida de los demás, trayendo paz, amor y sabiduría a sus luchas diarias. En la toma de consciencia, todo es cuestión de voluntad. Aplique ahora la premisa teosófica: “No me crea, experimente y se convencerá”.

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Contacto con el autor: 
JossP

2262287343@qq.com

http://lagentedelaotraorilla.blogspot.com/

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[1] El Bhagavad Guita y los apuntes sobre el Bhagavad Guita. William Q. Judge & Robert Crosbie. Berbera Editores (2007), pp 25.

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Sobre Joss Perez
Nacido en Pijao, departamento del Quindío, Colombia, desde muy pequeño se interesó por la lectura y fue así como llegó a ser profesor escritor novato. Teósofo por convicción, también se acercó al Budismo como una forma de re-encuentro con la divinidad. Actualmente reside y trabaja en Hangzhou, provincia de Zhejiang, República Popular de China.

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