La paz: ¿a qué le temo?

la paz, Integración, inclusión, amor, aceptación

Paz a través de la compasión

 

Hace poco me encontré con un articulo sobre una tribu africana en la que, cuando alguno de sus integrantes hace daño a otro, lo sientan en medio del grupo durante dos días a recordarle las cosas “buenas” que ha hecho en el pasado.  

 

No puedo evitar relacionar este tema y algunos de los tocados en artículos anteriores, con el que se vive en mi país en estos días y desde hace unos 4 años más activamente. En Colombia, el pueblo está por decidir si el proceso de paz con el grupo guerrillero más grande de la historia de este país —proceso que tomó varios años de esfuerzo— vale la pena. Más allá de invitar a votar y a hacerlo por un lado o por el otro, de pronto este planteamiento pueda aclarar hasta qué punto le estamos diciendo si o no a la paz a partir de nuestro rol y desde dónde nos podemos estar negando la oportunidad de aportar a eso que tanto queremos todos para nosotros y para nuestra descendencia.

 

Antecedentes

 

Tal vez uno de los pasos claves a la hora de revisar nuestra postura, es el de conocer algo de la historia. La procedencia del conflicto puede ayudar a dar ciertas luces sobre el lugar en el cual estamos parados.

 

Para nadie es secreto que nuestro país, como muchos otros del mundo, nació de la conquista. Surgió de un proceso abusivo de colonización mediante el cual se violaron todos los derechos, entre los cuales está el más fundamental: El derecho a creer en lo que se quiere creer. 

 

Desde mi perspectiva, muchos de los vicios sociales que vivimos en Colombia actualmente, provienen de esta herencia. A un país que nace del abuso, le puede costar siglos alcanzar un estado de paz, pues de los sentimientos que más lleva a comportamientos individualistas y violentos, es el del abuso.

 

Sumado a esto y como un antecedente muy posterior pero similar en ciertos aspectos, la guerrilla nace de la necesidad de los campesinos de librarse de comportamientos abusivos por parte de uno de los partidos políticos más influyentes de la época, y el cual encontró en el asesinato una opción clara de incrementar su poder. Los campesinos eran asesinados por el simple hecho de pertenecer o apoyar al partido político contrario.

 

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Pero no se trata solo de la guerrilla. Se trata de muchas otras formas de abuso que se presentan día a día en todas las esperas de la sociedad.

 

La Sed De Justicia Y El Perdón

 

En algo tan simple como el resumen anterior sobre la historia de Colombia, y por lo tanto, en la historia del conflicto que está por resolverse, se puede vislumbrar la sed de justicia como resultado de ese sentimiento de abuso.

 

Entonces podemos decir que al sentimiento de abuso que venía en nuestras venas desde el origen, se sumó en algunos el sentimiento de abuso por haberse visto en situación vulnerable en medio de una guerra de partidos. Y ese sentimiento llevó a la formación de otra guerra como la que el gobierno está queriendo resolver hoy día.

 

Así, y encontrándolo entendible desde esa misma perspectiva, algunas personas prefieren que se haga justicia desde sus posturas de abuso, encontrando en la prolongación de la guerra una posible solución para la paz. 

 

Sin embargo, desde mi visión actual, para construir paz hay que pensar en comunidad. Y pensar en comunidad necesariamente implica seguir el ejemplo de familiares de víctimas de ambos lados que han logrado abandonar a sus justicieros interiores para poder dar espacio al perdón, a la aceptación y a la fe en lograr un lugar mejor para todos. 

Y tal vez más importante que perdonar, sea encontrar lo que puede haber dentro de nosotros mismos que esté pendiente de ser perdonado. 

 

Paz. yo soy paz

La Paz no es solo una palabra

  

La Paz No Es Solo Una Palabra

 

En esa misma historia como otras mil en el pasado de la humanidad, queda demostrado que la guerra solo lleva a la guerra. La ley del talión mediante la cual la justicia se alcanza haciendo al enemigo lo mismo que nos ha hecho, se desvirtúa por completo cuando analizamos la historia de las guerras. Siempre quedan vivos que van a buscar tomar represalias en contra de quienes han causado su dolor, hasta que llegue alguien que sea capaz de cortar con la tradición. De ahí que muchos de los conflictos que se viven a nivel mundial actualmente, provengan de guerras antiguas sin resolverse, aunque a primera vista no parezca.

 

Así, la paz deja de ser solo una palabra a la cual referirse livianamente y sobre la cual podamos hacer cuestionamientos a otros. Y se convierte en la necesidad de un esfuerzo interno por dirigirnos hacia un mismo fin de sana convivencia.

 

Profundizar Y Hacernos Responsables

 

¿De verdad tiene sentido pensar que la responsabilidad de hacer la paz recae en un gobierno y sus opositores en conflicto? Ligado a lo anterior y a lo mencionado en artículos pasados, todos somos responsables de la realidad que creamos a futuro. Todos los seres que estamos experimentando en la Tierra en este momento, hemos realizado actos que podrían ser juzgados por otros de atroces o malignos. Haya sido en esta o en otra vida. De alguna manera que está expuesta en otros escritos y en el libro Eres Dios, ese es el propósito de lugares como la Tierra en los cuales se toma un cuerpo para experimentar las bajas densidades.

 

Todos hemos podido ser miembros de un partido opresor, o guerrilleros o soldados anteriormente. Y sin ir más lejos, las posturas de algunos ante el conflicto pueden llegar a ser las mismas posturas de quienes quieren condenar, solo que desde otra perspectiva. 

 

Por consiguiente, ¿quién tiene la autoridad para acusar a otro y decidir si debe, por ejemplo, vivir o no?

 

Unido a lo anterior y en medio de esa intención de hacer paz que nos une a todos, cabe hacernos conscientes de que cada pensamiento, palabra, acto y emoción que hemos emitido en el pasado, ha creado la realidad presente. Y de igual manera, todo lo que emitimos en este instante, sale como un rayo de energía que se une con la de otros para crear las realidades futuras. Así que cada uno de nosotros es igual de responsable en el camino hacia lo que llamamos paz.

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La paz no es un propósito que pueden y/o deben conseguir otros. La paz es un estado del ser. Y para alcanzar un estado de paz que se ponga al servicio de la paz colectiva, hay que trabajar más en conocernos a nosotros mismos, que en mirar al de al lado y señalar sus defectos.

 

¿A Qué Le Temo?

 

Al lado de esa responsabilidad y de la oportunidad que estamos viviendo no solo en Colombia sino en el mundo, está la posibilidad de encontrar otras revelaciones alrededor de nuestro crecimiento como individuos. Las preguntas podrían ser: ¿Qué me produce está situación? o más exactamente, ¿a qué le temo dentro de esta situación?

 

Si la razón por la cual no apoyo un proceso de paz es la sed de justicia, ya vimos que puede haber un sentimiento de abuso que esté guardado en lo profundo de nuestro ser. Igual sería si la razón fuera que se dé un gobierno tipo dictadura. 

 

Si la razón es que no quiero que mi país termine bajo un gobierno comunista, puede haber un temor a perder lo que me da seguridad, por ejemplo, en términos de patrimonio o materiales. Así mismo, si la razón es que no creo en las intenciones de los involucrados, puede haber un temor a ser traicionado. 

 

Y así, cualquiera que sea la razón, contiene detrás un temor. Y más que buscar sosegarlo a partir de la guerra, y sea cual sea el temor, sería preferible trabajar en sanarlo a través de un trabajo personal. 

 

Otro motivo más para hacer un trabajo de introspección en lugar de comprometer la posibilidad de un ambiente de paz colectivo.

 

Perdón, empoderamiento, amor, compasión

Actuar Como Tribu

 

Actuar Como Tribu

 

En síntesis, lo único que puede generar cambios reales en torno a la búsqueda del ambiente de paz que tanto queremos, es tratar de entender a quienes juzgamos, a partir de conocer sus historias. Es adoptar la intención de hacernos más humildes y abandonar al justiciero interior. Es comprender que la paz se hace, no se endosa. Es entender la responsabilidad que tenemos en la creación de la realidad de un mañana. Y es preguntarnos si nuestra postura parte de nuestro temor para hallar la razón de nuestro apoyo inconsciente al conflicto, y buscar soluciones personales que nos lleven a cocrear con los demás ese escenario por el cual estamos “peleando”. Es también, preguntarnos desde qué lugar de nosotros mismos viene la decisión que estamos tomando, sea cual sea. Preguntarnos desde qué energía estoy creando en este instante la realidad del mañana. ¿Desde el amor o desde el temor?

 

Si queremos la paz, tendremos que hacer tal como lo hace la tribu africana mencionada en el encabezado: Generando cambios desde la aceptación y la inclusión como iguales y desde el amor al otro, en lugar de pretender hacerlo desde la exclusión, el castigo y el juicio y desde el miedo como si fuéramos mejores que los demás.

 

De pronto llegó el momento de dejar de ver la escena desde el público, y empezar a considerarnos parte de la misma, tratando de empoderar al otro en la búsqueda y manifestación de su propia esencia, que es la misma que la nuestra. 

 

Namaste

 

Autor: André Van Hissenhoven

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Sobre André Van Hissenhoven
André Van Hissenhoven nació en Bogotá (Colombia) en el seno de una familia estructurada en el catolicismo. Estudió en colegio católico también, así que su formación tanto en casa como fuera de ella se basó en los lineamientos de esta religión. Luego se formó en música con énfasis en composición y producción, haciendo de estas sus actividades principales. Siempre, desde lo que puede recordar, sintió que debía haber algo más detrás de la rareza de la vida y de una extraña insatisfacción que experimentaba con frecuencia. Hasta que en el año 2013 vivió una experiencia mística que le cambió la vida de manera radical. Ahí comenzó un intenso viaje hacia lo que él llama “su muerte en vida”, para llegar cuatro años después a la consciencia Crística. Dicha vivencia le permitió ver el propósito de la existencia y de la vida en esta Tierra, y descubrir y comprender con ello muchas cosas sobre el ser, su evolución y el importante momento del planeta. Desde eso, vive entregado al presente y al plan de su espíritu, y con la intención puesta en proyectar la nueva Tierra.

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