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Luz de las Escrituras/ Mandukya Upanishad – ¿Quién soy yo? ¿Cómo realizarme?

escriturasMantra VII

Lo que se conoce como el cuarto (estado de consciencia, tras el de vigilia, sueño y sueño profundo –sin sueños–; Turīya) no es el conocimiento de lo interno (Taijasa, lo que tu mente-corazón conocen y sienten), no es el conocimiento de lo externo (Vaishvanara, lo que conoce tu mente-corazón junto con tu cuerpo físico: el mundo físico), no es el conocimiento de ambos (mundo sutil y físico), no es la masa de conocimiento (amorfa, sin objetos de conocimiento, el vacío conocido en el estado de sueño profundo, sin sueños, pero masa sujeta a manipulación manifestando objetos de conocimiento), no es conocimiento (puro, inmutable y presente en los tres estados de consciencia iniciales), no es no conocimiento (no es diferente al conocimiento puro en los tres estados previos de consciencia pero tampoco está limitado por dicho conocimiento puro)

No se puede ver (conocer mediante los sentidos físicos), no tiene ninguna relación con nada, no se puede alcanzar, no se puede definir, no se puede pensar, no se puede expresar.

Es el Ser Uno (la Existencia no dual, indivisible, inmutable), cuya naturaleza es Consciencia (auto-sensibilidad). Donde la modificación (los diferentes estados de consciencia, con sus respectivos objetos e instrumentos) cesa. Paz, felicidad no dual (no hay nada más). Esto es el Ser. Esto es lo que se tiene que reconocer.

 Lo que se denomina cuarto estado de consciencia no es un estado de la consciencia ni nivel de consciencia sino la Consciencia misma. Eso es tu verdadero Ser –seas quien seas–, el Ser, la realidad suprema. Eso es lo que hay que conocer porque su naturaleza es el Amado por todos siempre: la plenitud, la libertad, la eternidad. La vida sólo tiene dos sentidos: perpetuar la limitación innata pero contra natura o liberarse de toda limitación. Esto último sólo se logra con la realización del Ser de uno mismo, que está sólo (es no dual).

El Ser no es el conocimiento de ningún objeto, ni externo ni interno a tu mente-corazón. No es el conocimiento del vacío de objetos. Ni siquiera es el conocimiento puro presente en todo proceso de conocimiento de objetos manifestados o latentes (masa de conocimiento). Pero tampoco es diferente a ese conocimiento puro presente en todo estado de consciencia sino que no está limitado por ello. Igual que el hilo une las distintas flores que forman una guirnalda de flores, existe en todas y cada una de las flores pero no está limitado ni condicionado por ninguna de ellas. Sin el hilo no hay guirnalda. En varios días, las flores se pudren convirtiéndose en polvo. El hilo permanece intocable, imperturbable con o sin flores.

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Al no ser un objeto de conocimiento, el Ser no se puede conocer mediante ningún instrumento: ni por nuestros sentidos ni por nuestro intelecto. No se puede ver mediante ninguno de los sentidos de nuestro cuerpo. Nada de lo que se puede ver te conduce a la comprensión de tu verdadero Ser. No es como el humo que ves a lo lejos en la montaña por el que deduces “hay fuego en esa montaña”. Al no ser un objeto de conocimiento no se puede lograr mediante ninguna acción. Nada de cuanto hagas conlleva como resultado la realización del Ser. Prueba cuanto quieras: tus prácticas yóguicas, tu devoción a la divinidad, tu estudio de las escrituras sagradas, tu bondad… El Ser está más allá del intelecto humano. Cuando los genios piensan “ya está, ya casi lo tengo”, es lo que siempre acaba escapándoseles. “Me muero frustrado: No he logrado conocer el Ser”, murmuran las almas más elevadas en su último suspiro.

Entonces, ¿qué será de mí, pobre ignorante?

¿Es imposible conocer el Ser?

No. El ser humano dispone de los instrumentos adecuados para conocer el Ser, para su realización. El secreto del método es:

  1. Dejar de utilizar dichos instrumentos (todo tu ser: cuerpo y mente; tus acciones, tus percepciones, tus ideas, tus emociones) para conocer-experimentar objetos, tanto externos como internos a tu persona, tanto físicos como sutiles, porque tienes la certeza de que la felicidad permanente e incomparable que buscas no se halla en la experiencia de objetos. Ya no te conformas con migajas de placer, sino que deseas la fuente misma del placer y confías en tus posibilidades: “Puedo lograrlo. Voy a lograrlo.”
  2. No hagas nada con tus instrumentos de acción (tu cuerpo). Concentra tus instrumentos de percepción (tu mente) en la cueva de tu corazón, donde habita el Ser no dual del que continuamente te habla, con palabras, con su vida y su silencio, con Amor y su poder, tu maestro competente que te Ama sin expectativas ni condiciones, seas quien seas, sólo porque tu alma le ama con locura y así crea a su Guru para sí misma, lo reconoce.
  3. No pienses que así lograrás el Ser. Olvídate. Olvida también tus instrumentos de percepción: tu mente, tu ego, tu intelecto, tu corazón, tus deseos, tu amor, tu locura, tu cordura, tus expectativas, tus condiciones, tu Guru… ¡todo! No te detengas ante nada ni ante nadie. ¡A cabalgar!

Así se conoce el Ser. Se es el Ser. Y nada más que el Ser, la plenitud sin idas ni venidas, la otra orilla, sin orillas.

Pero no es tan sencillo. Vuelas con tu Guru a la cueva infinita de tu corazón, sin seres, espacio, tiempo, acción ni causa-efecto, pero de repente la realidad te sacude una bofetada terrible. “Pero ¿dónde creías que ibas tú, desgraciada?”

Lloras de Amor.

Estás sola en la multitud.

Vacía. Frustrada.

Sufres.

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Pero confías. Has probado el néctar del placer supremo y no puedes parar. “La droga más dura”, ¿recuerdas, Maitreyi? La semilla que el Guru plantó en tu alma ha dado sus frutos. Confías en ti misma y recreas para ti a tu Guru amado y voláis de nuevo juntos a la cueva de tu corazón donde no hay sino vacío colmado, la plenitud de la Verdad suprema, la realización del Amor mismo, sin amante, Amado ni Rishixest, que es como llamábamos a nuestro lecho de Amor eterno.

Pero la bofetada de tu karma te saca de nuevo de tu meditación profunda, de estar sola contigo misma, plena de Luz, preñada de tu Gloria, y despiadada te arroja de nuevo al otro lado de la cancela entreabierta de Rishixest.

Sufres. Ultrajada. Desamparada. Sola en una realidad que hoy, más que nunca, ves como marionetas de cartón. Pero no estás sola, Maitreyi.

Recuerdas las palabras de tu Guru, los besos de su alma, y retomas de nuevo el vuelo.

Las marionetas del mundo bailan en tu Ser, mueren en tu Ser, su alma es tu Ser. Ya no necesitas cerrar los ojos para meditar. Ya no necesitas ver a tu Guru para verlo en todas partes. Vida meditativa.

Hoy has visto un bicho sufriendo. Has visto su alma y graciosamente tu alma lo ha salvado y lo ha olvidado.

Hoy has visto un bicho sufriendo. Has visto su alma y graciosamente tu alma lo ha salvado y lo ha olvidado. El bicho de hoy te ha picado.

Hoy has visto un bicho sufriendo. Has visto su alma y graciosamente tu alma lo ha salvado y lo ha olvidado.

Mandukya Karika, el comentario de Gaudapada, maestro del maestro de Adi Shankaracharya. Ahora el mantra VII. Traducción y comentario de David Rodrigo, maestro tradicional de Advaita Vedanta y Meditación.

Fuente: http://www.yogaenred.com

Luz de las Escrituras/ Mandukya Upanishad – ¿Quién soy yo? ¿Cómo realizarme?

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