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“Luz del pensamiento”, lección dada por el Maestro Beinsá Dunó febrero 1926

beinsá-dunó1Lección dada por el Maestro Beinsá Dunó a la Clase Oculta Juvenil,
el 10 de febrero de 1926, en Sofía.

 

 

Reflexión “¡Fiel, verdadero, puro y benévolo siempre seas!” (Fórmula – n.d.t.).

 

 

(Se leyó el tema: “El número más pequeño y el más grande”.)

 

 

 

La siguiente vez escribid sobre el tema: “Cualidades del número más pequeño y del más grande”.

 

 

 

Como observo cómo escribís los temas, noto que vosotros escribís sin pensar. Uno de los resultados importantes del pensamiento es la luz. Cada pensamiento debe producir luz en la mente del hombre. Y por eso, cada reflexión sobre un tema dado, sin falta debe producir luz. Un pensamiento que no produce luz, no es pensamiento. La meta del desarrollo de los temas no reside en solucionar las cuestiones, sino en reflexionar sobre éstas. Y si esta reflexión es correcta, ésta producirá luz en la mente humana. Por ejemplo, por mucho que penséis sobre el número más grande y sobre el más pequeño, vosotros no vais a solucionar esta cuestión, pero por lo menos adquiriréis cierta luz sobre la cuestión. Los temas son ejercicios, relacionados con vuestro desarrollo del alma. El discípulo no puede crecer mientras no tenga algún tema para desarrollar. Los temas representan ventanas por las cuales el hombre puede ver las cosas fuera de sí y dentro de sí. Sin tema, vosotros os pareceréis a una torre, cerrada por todos lados con muros, sin ventanas. Decís: “¿Por qué se nos da este tema?” Para que abráis una ventana de vuestra torre. Si abrís la ventana, y la luz inmediatamente penetrará dentro. Si entra la luz dentro, vosotros encontraréis la puerta por la cual saldréis fuera de la torre al aire puro, en libertad y espacio.

 

 

 

Muchos dicen: “Aquí nosotros estamos bastante cargados, pero un día, cuando vayamos al cielo, ahí seremos libres, no vamos a tener trabajo, y entonces nos ocuparemos con diferentes temas, reflexionaremos sobre éstos”. Os voy a presentar con un ejemplo la posición que os espera en el cielo. Supongamos que un hombre vive en el bosque y está obligado a hacerse todo el trabajo solo. En esto, él es pobre, no tiene a disposición ni caballo, ni burro que ayudarle. Él va por el bosque, corta árboles, los carga sobre su espalda y los lleva a la ciudad cercana para venderlos. Por alguna casualidad, sin embargo, él encuentra en el bosque a un caballo. Lo toma en su hogar, lo alimenta y lo deja en el establo para quedarse 2-3 días, hasta que llame su amo, el que le ha perdido. Si no le busca nadie, el hombre pobre ayuntará el caballo a trabajar, le determinará algún deber.

 

 

 

Tal será y vuestra posición cuando entréis al cielo. Y a vosotros, como al caballo, les darán algún trabajo. Vosotros pensáis que cuando vayáis al cielo, seréis como hijas de reyes: siervas os van a servir y vosotros cantaréis y tocaréis con guitarras. Y esto es posible, ¿pero para quiénes? Para estos que saben cantar y tocar. ¿Pues aquellos de vosotros que no saben ni tocar, ni cantar, deben imaginarse que les esperan ahí cantos y melodías? Tú no sabes tocar y cantar en la Tierra y te imaginas que en el cielo cantarás y tocarás. ¡Esto es una superstición! ¿Cómo vais a tocar? ¿Va a ocurrir esto de una manera mágica? Y esto es posible, pero nosotros consideramos estas cosas como supersticiones. Éstas pueden ocurrir en casos excepcionales, pero nosotros no vivimos en la ley de las excepciones. Nosotros dejamos de lado las posiciones excepcionales exclusivas de la vida y nos aferramos solo a las condiciones y a las leyes paulatinas y consecutivas, que rigen nuestro desarrollo natural.

 

 

 

Alguien dice: “Nosotros hemos escrito muchos temas, no es un trabajo difícil desarrollar temas”. Si es así, os daré para desarrollar el tema: “¿Cuántas células tiene el organismo humano?” Haced referencia a algunos autores que han escrito sobre esta cuestión, que veáis por cuántas células está compuesto el organismo humano. Si en ninguna parte podéis encontrar escrito sobre esta cuestión, vosotros mismos haced una conjetura, que veamos cuántas células sacaréis en el organismo humano. La conjetura es una superstición, pero nada de esto, de todas maneras se debe suponer algo. Yo no observo la superstición en un sentido malo. Es mejor que el hombre suponga algo a que no suponga nada. Cada conjetura sobreentiende cierto pensamiento. No es fácil que se desarrolle un tema.

 

 

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Cuando algún científico joven va a desarrollar un tema para doctorado, él debe tener a disposición por lo menos 2-3 años, que revise todo lo que otros científicos han escrito sobre el tema dado, que escudriñe bien la cuestión, y que entonces dé y su opinión. Cuando muchos científicos han trabajado sobre alguna cuestión, ellos han preparado el camino para otros que vienen después de ellos. Sin embargo, es difícil cuando nadie todavía ha trabajado sobre alguna cuestión y que tú primero tienes que desarrollarla y estudiarla. Si no puedes solo trabajarla, esperarás a que vengan otros después de ti, a que te ayuden en el trabajo. El hombre debe ser sincero en sus investigaciones. Si sabe algo positivamente, que lo comunique como un hecho. Si no está seguro de algo, que diga solo la suposición. Si no puede suponer nada, entonces directamente, sinceramente, sin ninguna mentira dentro de sí, que diga: “No sé nada sobre esta cuestión”. El hombre debe liberarse en absoluto de la mentira negra. Si se libera de la mentira negra, muchos años más pasarán hasta que se libere y de la mentira blanca.

 

 

 

Y así, la cosa principal, cuando escribís algún tema, es prestar atención al primer pensamiento que ha venido a vuestra mente antes de escribir el tema, y al último pensamiento que ha venido a vuestra mente después de escribir el tema. Estos dos pensamientos, el primero y el último, son los más importantes. Un día cuando vayáis al Cielo, todos los temas que habéis escrito en la Tierra, os recibirán. Todo lo que el hombre hace en su vida, bien o mal, se refiere a él mismo. Y el bien y el mal más pequeño que habéis hecho en la Tierra os recibirán en el otro mundo. Decís: “¿Qué me va a aprovechar esto de que he escrito unos cuantos pensamientos bonitos? Vosotros no sabéis las leyes, a lo mejor estos cuantos pensamientos os recibirán en el Cielo. ¿Pensáis que si escribís algún libro por el cual os pagan bien, os aprovechará mucho? Este os aprovechará mientras estáis en la Tierra solo, porque recibiréis por éste dinero. Sin embargo, cuando vayáis al otro mundo, desde este libro no quedará ni el recuerdo. Ahí este no os va a aprovechar nada.

 

 

 

Nosotros decimos que el discípulo no debe ocuparse de los errores de la gente. ¿Por qué no debéis ocuparse con los errores de la gente? Imaginad que os dan la tarea de observar la vida de algún hombre por un día, y durante este tiempo marcar todos los errores que él hará. Vosotros a lo mejor marcaréis uno o dos errores que él ha hecho durante el día, cuando el mundo invisible al mismo tiempo va a registrar cientos y miles de errores que este hombre ha hecho. Vosotros consideráis como un error esto que en realidad no es, y los errores verdaderos no los veis. Esto muestra que vuestra conciencia todavía no está despierta. No podéis ver y comprender el sentido profundo de las cosas. Si es así el hombre no debe ocuparse con los errores de la gente, porque no los comprende. Como no los comprende correctamente, él introduce en su mente posiciones torcidas de las cuales un día tiene que librarse. Esto le creará un trabajo excesivo como y un gasto de energía excesivo. Si vosotros pudierais percibir correctamente los errores de la gente, el mundo invisible os hubiera puesto a tal oficio. Hay seres del mundo invisible puestos a tales oficios exactamente, que registran los errores de la gente. Si no podéis registrar precisamente los errores de la gente, no habléis de estos.

 

 

 

Digo: A vosotros, como a discípulos, os daré las siguientes, unas cuantas reglas. ¡De los errores de la gente aprended; vuestros errores enderezad! ¡A los bienes ajenos alegraos y con vuestros bienes edificad! Si el hombre trabaja de esta manera, él tendrá una base sana en su vida, sobre la cual podrá edificar y aplicar las leyes de Dios.

 

 

 

¿Qué hace la gente contemporánea? Ellos se detienen sobre cosas poco importantes que distraen su atención, y de esta manera pierden su tiempo. Por ejemplo, alguna mujer juzga a otra de que no ha bañado a su niño. Al mismo tiempo la hija de la primera mujer, alumna del bachillerato, ha pegado a un niño en la calle, pero esta no le dice nada por esto. ¿Qué crimen ha hecho esta madre porque no ha bañado a su hijo? ¿Bañan las avecitas a sus pequeños? ¿Bañan las vacas a sus becerritos? Los animales limpian a sus pequeños pero no los bañan. Bañar es un arte que el hombre ha inventado. En este bañar hay algo bueno, pero hay y algo malo. La naturaleza baña solo a las plantas porque estas están constantemente afuera, al aire libre. Entonces, ¿Porqué las madres no sacan a sus hijos fuera para que la lluvia los bañe? Los pueblos contemporáneos tienen costumbres diferentes en el bañar a los niños pequeños. Algunos los bañan los primeros dos meses cada mañana, y algunos los bañan cada dos veces al día: en la mañana y en la noche. Cuanto más crece el niño, y los baños disminuyen. El niño debe bañarse según las leyes de la Naturaleza. El mejor baño es la lluvia. Esto se observa en las plantas. Cuando cae la lluvia, éstas se refrescan, se vigorizan. Los animales, los pájaros, las maripositas se esconden de la lluvia. En consecuencia de lo cual su vida es corta.

 

 

 

Y así, cada sentimiento, cada pensamiento y cada acción que están en acuerdo con las leyes de la Naturaleza, cooperan en la educación del espíritu humano, porque nosotros hemos venido a la Tierra con el fin de organizar las fuerzas en nuestro cuerpo. En el mundo invisible estas están organizadas, pero hasta cierto nivel debemos organizarlas y en la Tierra, para que nos sirvamos correctamente con estas. Nosotros tenemos una serie de pensamientos y sentimientos con los cuales debemos saber cómo actuar. El mundo externo está lleno con descontentos. Si y los discípulos de la escuela oculta están descontentos, pregunto entonces: ¿Qué diferencia hay entre la gente mundana y los discípulos ocultos? La gente mundana está descontenta, y el hombre descontento es siempre supersticioso. El hombre descontento siempre cree que de alguna manera mágica puede llegar a ser rico.

 

 

 

El hombre rico y el pecador tienen la esperanza de que puedan por algún milagro entrar en el Reino de Dios. Sin embargo, el discípulo oculto no debe caminar ni con supersticiones, ni con creencias, sino con fe y contento. Cuando regrese en la noche a su hogar, él debe estar contento por todo lo que ha pasado durante el día. Puede ser que él se haya caído y levantado – no pasa nada. Que agradezca a Dios por todo lo que el día le ha dado. Que agradezca y para los sufrimientos así como y para las alegrías. Los sufrimientos son un privilegio para él. Cuando algún hombre sufre, cuando cae y se levanta, o cuando erra, muchos seres del mundo invisible y del visible aprenden de él.

 

 

 

La misma cosa es y con las alegrías que el hombre vive, cómo y con el enderezamiento de sus errores. Esto muestra que todos los seres están estrechamente relacionados entre sí. Sabed que la vida y de los seres más pequeños no pasa desapercibida. Cada ser, pequeño o grande, es un factor en la vida común. A lo mejor vosotros no sabéis esto, pero cada ser tiene su lugar determinado y oficio determinado en el cosmos. Si pensáis así, vosotros respetaréis tanto vuestra vida, como y la vida de todos los seres. Y entonces no se levantará protesta, murmuro en vuestra alma, de porque las cosas ocurren de esta y no de aquella manera. No esperéis que la gente os comprenda, sino mirad que vosotros mismos os comprendáis. Mas si vosotros comprendéis a la gente, alegraos; si no la comprendéis, estudiad. Si queréis comprenderse, enderezad vuestros errores. Si enderezáis vuestros errores, alegraos.

 

 

 

Digo: Sean contentos en todas las condiciones de la vida. El contento es una de las reglas necesarias para la vida que debéis aplicar para llegar al conocimiento verdadero. Si no estáis contentos de esto lo que tenéis, aunque adquiráis riqueza o conocimiento, de nuevo lo perderéis. ¿Por qué? Porque en el mundo espiritual existe la siguiente ley:

 

 

 

¡Toma tanto como puedes llevar! El hombre debe tomar tanto oro, tanto conocimiento, tanta fuerza, tanto Amor como pueda llevar. El Amor, la fe, con bolsa se dan, pero tomad de estas tanto como podéis llevar.

 

 

 

Muchos no comprenden qué cosa es el Amor. Ellos se lo imaginan bien como una fuerza, bien como un sentimiento, bien como un estado. El Amor es el sentimiento más elevado que conecta al hombre con Dios. En este aspecto la oración es una conexión con el Amor. Cuando el hombre ora, el Amor toca a su puerta. Él se levanta, le abre y comienza a conversar con Él. El Amor, esto es Dios. Decís: ¿Cómo es posible entonces que yo converse con Dios? Si conversas con el Amor, tú conversarás y con Dios. Hoy en día mucha gente ora, besa el ícono de Cristo, pero cuando Él toca a su puerta, ellos no abren. ¡No, interrumpid vuestra oración, abrid a Cristo y seguidle! Que sigáis a Cristo, esta es la oración verdadera. Tú estás indispuesto espiritualmente, internamente descontento de la vida, y cuando Dios toca a tu puerta, no Le abres. ¿Por qué? – Porque en este tiempo oras a algún ícono. Alguien mira a uno de sus íconos y dice: “¿Quién ha manchado el ícono de San Nicolás? O: “¿Quién ha salpicado tinta sobre el candil con el cual me sirvo? Digo: Nadie puede manchar la imagen de San Nicolás. Nadie puede echar mancha sobre el candil con el cual el hombre ofrece el fuego sobre el altar de su alma. ¿Por qué? Porque este está fuertemente calentado. Tales deben ser y vuestras reflexiones. Si reflexionáis de esta manera, vosotros tendréis conexión con el mundo invisible.

 

 

 

La gente contemporánea fácilmente decae espiritualmente. Es suficiente que les sople un vientecito, y ellos caen a la Tierra. ¿Qué hay de esto? Así como has caído, así te levantarás. ¡Pero qué pensaba, qué salió! – ¿Qué pensabas? Has pensado que cuando vayas al campo de batalla regresarás sano y salvo, y tú has regresado con una pierna rota.

 

 

 

Dices: “Yo estaba convencido de que no iban a herirme, pero esto no salió así. He vacilado en mi fe”. ¿Quién te hizo ir al campo de batalla? La Providencia dice: “El que saca espada, a espada muere” (Mateo 26:52 – n.d.t.). Entonces, así como tú rompes las piernas de la gente, así romperán y las tuyas. Si rompen tus piernas, aprenderás una lección, de no ir al campo de batalla para luchar. Decís: ¿Qué debemos pensar acerca de aquellos cuyas piernas no están rotas? – A ellos la Providencia les ha aplazado para otra vez.

 

 

 

Ahora, para aclarar esta contradicción, me serviré con un cuadro. Imaginad que llevan 10,000 bueyes al matadero, para degollarlos. Sin embargo, el matancero logra degollar apenas al día 100 bueyes. Los demás 9,900 bueyes regresan de nuevo al bosque. ¿Cómo pensáis, estos bueyes son libres ya? No, mañana de nuevo los llevarán al matadero, donde el matancero degollará 100 bueyes más. Los demás regresarán atrás. Así los llevarán cada día al matadero hasta que todos estén degollados. Todos hasta el último pasarán por el cuchillo. Así que, si hoy no os sobreviene alguna desdicha, no penséis que os han pasado por alto. El matancero no ha podido arreglárselas de golpe con todas sus víctimas, por eso los ha devuelto de nuevo al bosque. Sin embargo, mañana vendrá y vuestro turno, la desdicha os sobrevendrá. Decís: “¿Qué debemos hacer para evitar la desdicha? La única salvación está en la oración. Orad para que caigan vuestros cuernos y vuestras pezuñas mientras todavía estáis en el bosque, que huyáis. De otra manera, mientras el buey es buey, le van a cebar, le van a llevar al matadero y lo regresarán al bosque; un día él será colgado en algún gancho en el matadero de alguna ciudad cultural, civilizada. En esta posición nada es capaz de salvarlo.

 

 

 

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Preguntáis: “¿Por qué Dios permite esta cosa? – Esto es otra cuestión, ahora por ahora esto es un hecho, sin embargo, y otro hecho hay: el que degüella, y a él le degüellan. ¿Pensáis que el matancero que degüella a los bueyes huirá del castigo? Y él recibirá una recompensa correspondiente para sus obras. Un matancero tenía tres hijos, dos más grandecitos, y el tercero un niño de 5-6 meses. Un día el chiquito más pequeño toma un cuchillo grande del matadero de su padre y dice a su hermanito: “Ven para mostrarte cómo papa degolla a los corderitos”. Levanta el cuchillo, lo pone en el cuello de su hermanito y le corta la cabeza. Cuando vio lo que había hecho, lloró fuertemente y empezó a correr. La madre en este tiempo bañaba al niño pequeño en la tina y cuando oyó el grito del chiquito pequeño, inmediatamente corrió hacia afuera para ver lo que pasa. El chiquito, al correr asustado por el patio, cayó sobre el mismo cuchillo con el cual había degollado a su hermanito y se mató. Cuando vio todo esto, la madre desesperada, tuvo prisa de entrar en su hogar para sacar al hijito pequeño de la tina. ¡Cuál era su posición cuando le encontró ahogado en la tina! Pregunto: ¿Después de todo esto el padre va a degollar corderitos? Existe una ley de la recompensa. ¿Pensáis que al final de todas las cosas Dios no va a lavar la lana de los corderitos degollados?

 

 

 

Y así, ¡sed sobrios en vuestros pensamientos! Decís: “Los trabajos de fulano van muy bien”. Los trabajos van bien solo a aquel hombre que vive según las leyes del Amor, de la Sabiduría y de la Verdad. Tal hombre siempre y de todo aprende. Aunque llegue a tener 120 años, él de nuevo aprenderá como un alumno pequeño. Alguien dice: “Ya soy viejo, muchas cosas he aprendido”. ¿Puede este conocimiento salvarlos en algún momento crítico? La gente contemporánea sabe muchas cosas, pero cuando se encuentran delante de desdichas grandes, todo el conocimiento no puede ayudarles, entonces, ellos saben muchas cosas pero lo más importante todavía no lo han aprendido. ¿Qué es lo más importante? A esta pregunta vosotros mismos os responderéis.

 

 

 

Ahora, cantemos algo. Sin cantar los trabajos no van. Tanto tiempo ya que cantáis, pero ni uno de vosotros ha deseado cantar solo alguna canción. En este aspecto la gente mundana os hace competencia. En ellos por lo menos hay deseo de salir delante del mundo, de mostrar lo que saben. Vosotros decís: “El cantar no es un trabajo importante, cosas más importantes nos esperan”. Una cosa debéis saber: Sin Amor ni se canta, ni se toca.

 

 

 

¿Vosotros cuando os servís con las canciones? ¿Ibais a cantar si ciertos oficios se daban solo con concurso de canto? Por supuesto que ibais a cantar. Imaginad que algún hombre de estado crea la siguiente ley: cada uno que quiere llegar a ser maestro, o empleado en alguna parte, sin falta debe cantar. ¿Qué haréis entonces? Cantaréis, por supuesto. Por ahora, esto es una superstición, pero un día es posible que exista tal ley.

 

 

 

Cantad ahora el ejercicio “Tristezas, aflicciones”, pero con una expresión interna profunda, bajo tacto, y no mecánicamente. Y los soldados caminan bajo tacto, pero este es un andar mecánico. Movimientos correctos son estos cuando todo el cuerpo toma participación en el paso. Simultáneamente con las piernas, y la cabeza debe tomar participación, y que todo el cuerpo se mueva ondulatoriamente. Si camináis de esta manera, y por los lugares montañosos, vosotros no vais a sentir cansancio ninguno.

 

 

 

Por lo tanto, cuando cantáis, debéis tener una idea de por qué cantáis. Esto no significa que todos debéis tener una idea común. Cada uno tendrá su idea determinada, específica para él. Lo mismo está y en la naturaleza viviente: dos hojas, dos ramitas incluso no se parecen. Externamente estas se parecen, pero internamente se distinguen. Una variedad grande existe en la Naturaleza. En la variedad, sin embargo, reside la belleza verdadera.

 

 

 

Unas de las reglas en el cantar es que cantéis para sí mismos. Si cantáis para sí mismos, vosotros no vais a inquietarse. El canto más bonito es cuando el hombre canta para sí mismo. Entonces y la demás gente lo escuchará con placer. Ahora los viejos dicen: “pasó nuestro tiempo para cantar. Desde ahora en adelante nada va a salir de nosotros”. Así piensan y así ocurre. El joven, pues, se turba, como que si tuvieran un freno en la garganta. Guardad la regla: ¡Y cuando estáis solos, y cuando estáis delante del público, cantad siempre para sí mismos! Dad los conciertos más bonitos para sí mismos y no esperéis que otros os den conciertos. El que no puede cantar y tocar para sí mismo, y los demás no pueden cantar y tocar para él. Cuando algún violinista famoso toca, él comprende cómo es el público, y según esto toca. Si el público es más musical, él toca mejor; si no es musical, él toca peor. Y el mundo invisible actúa con nosotros de la misma manera. Si nosotros les comprendemos, ellos nos envían cantantes buenos que nos ayudan. Si no les comprendemos, ellos dicen: “cantad a este público algo ordinario y el concierto bueno aplazadlo para otra vez”. Si no vienen estos seres para ayudarnos, podemos cantar tanto como queramos, pero esto será una canción sin alma, sin inspiración.

 

 

 

El hombre debe cantar, estudiar, trabajar, con una aspiración interna, si quiere tener la ayuda de los seres superiores del mundo invisible. Nosotros llamamos a esta aspiración “Brasa Sagrada Divina”. Si cantáis así, si estudiáis así, vosotros estaréis contentos de sí mismos. Cuando cantáis, prestad oído a aquél que canta dentro de vosotros. Él os enseñará, él os corregirá, dentro del hombre hay un maestro de música que canta excelentemente. Para el pensar correcto hay otro maestro. Su pensamiento es claro, exacto y lacónico. Si le escucháis, él siempre os dirigirá.

 

 

 

Decís: “¿Por qué debemos cantar?” El hombre con el canto adquiere libertad. Hay conexión entre el canto y el pensamiento del hombre. Cuando el hombre canta, en él se afectan o los sentimientos o los pensamientos. De la capacidad del hombre de cantar depende su pensamiento, como y su amor. Un pensador no puede ir más lejos que su capacidad de cantar. El Amoroso no puede ir más lejos en su Amor que su capacidad de cantar. Cuando el escritor alcance el límite extremo de su pensamiento, él se volverá o poeta o músico. Después de esto, se ensimismará dentro de sí, llegará a ser un filósofo. De ahí de nuevo irá a la música. Cuando la música alcance su límite alto, ésta se cambia con la oración; cuando alcance su límite bajo, ésta se cambia con el comer. Entonces, entre la oración, la música y el comer hay una conexión estrecha. El hambre es el límite más bajo de la música.

 

 

 

El hombre puede cantar silenciosamente, pero puede cantar y altamente, chillonamente. El cantar silencioso muestra que las cosas vienen desde lejos. Con el canto silencioso se expresan cosas superiores. El canto alto, chillón, muestra que las cosas vienen de cerca, del mundo físico. Cantad ahora las palabras “agua pura”. ¿Qué puede decir el agua pura de sí misma? Ella dice: “Pura estaba en la montaña, pero cuando descendí al valle lodosa me volví. Cuando andaba por el camino, el sol salió y me sonrió”. El agua pasa por una hija Real. Más adelante el agua sigue: “Cuando me vio el Sol así manchada sonrió y me dijo que hago bien mi trabajo”. Mientras el agua está pura, y poesía hay; cuando se enloda, y la poesía se mancha.

 

 

 

La nueva enseñanza requiere hombres cantantes. No os desaniméis; ¡Cantad para desarrollar vuestro sentimiento musical! Decís: “Nosotros no somos musicales”. Este es el arte exactamente, que de vosotros se saquen cantantes y músicos; con gente dotada fácilmente se trabaja. La discordia entre la gente se debe a esto de que ellos no desarrollan su sentimiento musical, en consecuencia de lo cual se vuelven nerviosos. La gente musical es gente buena. El que canta de corazón, él introduce en sí algo bonito y bello. El salmista dice: “Cantad y alabad al Señor con vuestro corazón”. Cada hombre debe cantar, aunque y sin voz, internamente. Si se queda un poco libre, que cante. Toda la Naturaleza canta. Todos los seres magnos cantan. Entonces y la gente debe cantar. ¡Cada trabajo empezadlo con canto! La música es una señal de cultura alta. El que canta, él no se ocupa con trabajos minúsculos.

 

 

 

Que sea el hombre animoso y gozoso, en esto reside la fuerza del Espíritu Humano. Los seres superiores no saben qué cosa es desánimo, qué cosa es decaimiento del espíritu. Estas cosas son debilidades de seres que viven en la Tierra. Externamente el hombre puede experimentar obscuridad, decepción, pero internamente él debe estar gozoso, alegre. Cualquier cosa que os ocurra, voltearos hacia el mundo invisible dónde hay alegría y gozo. El hombre ha venido a la Tierra para probar los dos polos de la vida: alegría y aflicción. El que se alegra, él prueba la vida del Cielo; el que se aflige, él prueba la vida del infierno. ¿Qué malo hay en esto? Vosotros no habéis venido de visita, sino que habéis venido a la Tierra a estudiar. Maestros y alumnos, amos y siervos, predicadores y servidores, madres y padres, hijos e hijas, todos han venido a la Tierra para aprender de las contradicciones de la vida. En este aspecto toda la gente tiene un destino común. Cristo dice para sí mismo: “Así era conveniente a Dios”. Y nosotros debemos decir lo mismo y ocuparnos con todas fuerzas a estudiar. Si llega el sufrimiento, di: “Te agradezco Señor que me enviaste este sufrimiento”. Si viene la alegría, di: “Te agradezco Señor que me enviaste esta alegría”. Cada día por todo agradece. Cuando el hombre aprenda a agradecer a Dios como se debe, él aprenderá su lección.

 

 

Y así, el tema para la siguiente vez será: “Las cualidades del número más pequeño y del más grande”. Cada número que puede disminuirse es el más grande, porque el número más pequeño no puede disminuirse. Este no puede volverse más pequeño de lo que está en realidad, pero no puede hacerse y como el grande. En general, el número pequeño no puede volverse ni más pequeño, ni más grande de lo que es en realidad, pero no puede hacerse y como el grande. Alguien dice que el uno es el número más grande. Pregunto: ¿Qué ocurrirá con el uno si delante de este se pone un cero? Este disminuye, se convierte en 0,1. Si después del uno se pone un cero, éste aumenta, se vuelve un 10. Por lo tanto, el 1 no es el número más grande porque al mismo tiempo disminuye y aumenta. Buscad un número que aumenta sin disminuirse. ¿El cero se considera como número? – Se considera. ¿Puede este aumentar y disminuir? – No puede. El número más grande es este, que ni aumenta, ni disminuye. El cero se toma como frontera entre los números positivos y los negativos.

 

 

Ahora, dejamos de lado estas preguntas. Pensad sobre estas sin llegar a resultados positivos. Las reflexiones sobre los números y sobre una serie de cuestiones filosóficas más, representan un camino largo que la humanidad debe recorrer y por el cual encontrará muchas cosas interesantes para estudiar.

 

 

“¡Fiel, verdadero, puro y benévolo, siempre seas!”

 

 

“Luz del pensamiento”, lección dada por el Maestro Beinsá Dunó febrero 1926

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