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Nutrirse, alimentarse o intoxicarse

¿Estás alimentándote, nutriéndote o intoxicándote?

Para responder a esta pregunta es preciso comprender la diferencia que hay entre estos conceptos y en qué circunstancias se da cada uno de ellos. La consecuencia de nutrirte, alimentarte o intoxicarte vendrá dada a través de cómo realices las diversas funciones corporales y lo que incorpores en cada una de ellas: lo que ingieras por la boca, lo que proyectes con tu mente y lo que captes del exterior. Comprender los distintos aspectos que influyen en los procesos orgánicos internos y las consecuencias que comportan según sea tu alimento, serán también los primeros pasos para tomar conciencia de lo que realmente estés haciendo, pudiendo así auto-gestionar la saludable nutrición consciente del cuerpo físico, mental y espiritual, en vez de simplemente alimentarte o quizás incluso intoxicarte.

Veamos los tres factores nutritivos principales:

Lo que entra por la boca

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Alimentarte consiste en ingerir alimentos sin más, sin valorar lo que vaya a producirte aquello que estés ingiriendo. Para nutrirte es preciso tener la información adecuada sobre qué son los alimentos y cuáles son los más adecuados para el ser humano. En cambio, ingerir cualquier alimento o producto de forma inconsciente, será el pistoletazo de salida en la carrera hacia la intoxicación.

A diario, se ingieren alimentos que el organismo debe digerir, procesar, asimilar o descartar. Según el tipo de alimentos que se ingieran, éstos le producirán al organismo unas determinadas reacciones y consecuencias que son específicas e innatas de cada alimento o de las mezclas entre ellos y que forman parte del proceso químico-orgánico que tiene que realizarse para digerir todo lo que entra por la boca.

En cuanto entra un alimento por la boca, e incluso antes de que lo haga, simplemente ante su presencia o con la intención de comerlo, el organismo reacciona desencadenando multitud de sustancias que serán necesarias para desmenuzarlo y extraer de él todo lo que pueda serle útil. Fruto de ese proceso, quedan restos inservibles que deberán ser eliminados y que serán en mayor o menor medida inoxicantes según sea lo ingerido.

 La finalidad natural de tomar alimentos es la de nutrirse y, para ello, es preciso conocer cuáles son los alimentos más afines al sistema digestivo y metabólico del ser humano; esos serán los que le aportarán energía y nutrientes de alto valor biológico para conseguir un perfecto y saludable funcionamiento corporal. Conforme te alejes del consumo de los alimentos más afines y te centres en los más densos, te aportarán restos cada vez más inservibles y, por lo tanto, intoxicantes para el organismo, que éste deberá procesar, neutralizar y eliminar, ya sea porque los contenga el propio alimento o porque se hayan generado durante el proceso digestivo. Cuanto más densos, elaborados o procesados sean los alimentos que ingieras, de más bajo valor biológico serán los nutrientes, mayores los restos inservibles y más alta la consecuente intoxicación.

La aportación al organismo de nutrientes saludables, se obtendrá de los alimentos cuya composición química nutricional se halle en su forma más simple; esa la manera más sencilla de que sean procesados y asimilados con todo su valor y con el mínimo gasto energético. Tomar alimentos sin tener en cuenta la biodisponibilidad de sus nutrientes, es para el organismo como llenar el depósito de un coche con todos los combustibles disponibles a la vez, sea cual sea el tipo de motor y lo que éste necesite, dificultando así que funcione correctamente y que pueda rendir al máximo de sus posibilidades, entrando con el tiempo en colapso y finalmente parándose.

Conforme insistas en la ingesta de alimentos densos, irás sobrecargando y saturando los órganos hasta el punto de acumular toxinas en lo más profundo de los tejidos, en la grasa y en la musculatura y sufrirás un constante desequilibrio de los líquidos vitales, lo que provocará la desarmonización del terreno interno, iniciándose así un proceso disfuncional constante que, al perseverar, te originará afecciones y enfermedades.

Hoy en día, se dispone de una ingente variedad de alimentos elaborados, preparados, refinados, tratados… Más que alimentos son simplemente comestibles que aportan muchos residuos, poca nutrición y cierta energía que, para ser obtenida, conlleva un alto grado de desgaste, tanto energético como funcional, del que se desprende un balance final entre lo aportado y lo obtenido más bien pobre y de bajo rendimiento. Al ingerir la mayoría de estos productos, simplemente estás comiendo y acallando las sensaciones que te transmite el organismo de sus necesidades reales, creando un círculo vicioso de petición y de falsa satisfacción. Este ciclo constante es el típico que provocan los productos refinados y desnaturalizados y ciertos aditivos añadidos en los procesos industriales o contenidos por el propio producto y que son adictivos, como es el caso de los derivados de los opiáceos. Ante tal situación, el cerebro es incapaz de identificar esas sustancias, y en vista de la insatisfacción de sus necesidades y de la sobre estimulación, reacciona con más peticiones de esos mismos comestibles, creándose así una interminable cadena auto-intoxicante.

 

¿De dónde partimos, dónde estamos y adónde ir?

 

Hemos comentado que la ingesta de alimentos tendría que responder a la necesidad de nutrir al organismo, proporcionándole las herramientas en su forma más básica para que, fácilmente y con poco esfuerzo energético y orgánico, éste pueda transformarlos en energía biomasa y con ella mover todas y cada una de las más de 100 billones de células que forman la estructura funcional del cuerpo.

Forma parte del diseño del cuerpo humano que su funcionamiento físico sea mediante la energía biomasa, y que esta energía sea obtenida de forma saludable mediante la ingesta adecuada de alimentos que serán procesados gracias a la digestión. El diseño fisiológico del sistema digestivo del ser humano está preparado para recibir un determinado tipo de alimentos, que son las frutas, los frutos y las semillas que ofrece la Naturaleza. De ello se habla en los antiguos escritos de diversas culturas, pero la prueba más palpable viene dada por la Paleontología y la Anatomía Comparada, que demuestran claramente que el sistema digestivo humano es estructuralmente igual al de cualquier mamífero frugívoro y muy diferente al del resto de mamíferos, ya sean herbívoros, carnívoros… Por lo tanto, los alimentos ideales para nutrir al ser humano son los frutos.

Durante el transcurso de los tiempos, se han ido modificando e incorporando todo tipo de alimentos cada vez más densos y alejados de los que le son innatos al ser humano. A pesar de ello, la base estructural del sistema digestivo y orgánico se ha mantenido en su misma forma. Al insistir reiteradamente en ingerir dicho tipo de comida, la homeostasia interna como acto de supervivencia, se ha adaptado en lo que le ha sido posible, pero no sin causarle un desgaste orgánico prematuro, una acumulación intoxicante y los subsiguientes efectos sobre el organismo que conlleva en forma de dolencias, enfermedades, demencias, impedimentos físicos, vejez prematura…

Las actuales técnicas de cultivo basadas en la producción masiva de alimentos, la sobreexplotación del terreno mediante los químicos sintetizados y la utilización de variedades adulteradas o transgenizadas, son capaces de ofrecer un género de buen tamaño y aspecto, llenos de agua y fibra, pero con un creciente déficit en su contenido nutricional y biológico con respecto a su forma original y que cada vez se alejan más de los cultivos naturales hechos con variedades antiguas en suelos limpios, abonados por la Naturaleza y sin añadidos químicos sintetizados, que son aquellos que producen alimentos plenamente nutritivos y saludables. La tendencia masivo-productiva de obtener los alimentos enfocada sólo a kilos de comida, representa un desperdicio energético-productivo y un balance nutricional deficitario, además del desgaste orgánico y energético que le supone al cuerpo tener que procesarlos.

La alimentación del ser humano está cada vez más descompensada y alejada de la sencilla forma que precisa para su función corporal. Retomar los alimentos naturales cultivados orgánicamente, evitar lo más posible los elaborados y desnaturalizados, comer con sencillez sin excesivas mezclas, sin abusos y desde la toma de conciencia de cómo funciona y para qué debe alimentarse el cuerpo, será el primer paso para volver a tomar las riendas de la nutrición consciente y gozar de una plena salud. A partir de ahí, podrás decidir por ti mismo y sin interferencias que alimentos consumir y hasta dónde quieres llegar; desde los alimentos sanos y sencillos, pasando por los que son innatos del ser humano o hasta vivir de luz -energía vital-, si es que así lo sientes de verdad.

 

Reflexiona:

 “No es lo que comes, sino lo que digieres y asimilas lo que produce salud y fuerza. Las condiciones que perturban y dañan la digestión ocasionan la descomposición del alimento y el envenenamiento del cuerpo en vez de proporcionarle elementos nutritivos. Las combinaciones incorrectas de alimentos son las causas principales que interfieren en los procesos digestivos normales”.

 “¿De qué sirve alimentarse copiosamente, si en vez de digerir los alimentos por el proceso natural de las enzimas que generan como resultado nutrientes de máxima calidad y asimilación, se hace por mediación de las bacterias que ocasionan fermentación y putrefacción, obteniendo como resultado tóxicos y venenos para el organismo humano?”.

 “Puedes dejarte engañar por el aroma y el sabor que adquieren los alimentos altamente cocinados o disponer de los alimentos tal cual te los ofrece la Naturaleza, que ya están nutridos por la generosa tierra, purificados por el agua de manantial y cocidos energéticamente por el sol. Ésta es la mejor y más nutritiva forma de alimentar a tu cuerpo, mente y alma. Pero será mejor que lo hagas cuando tomes conciencia de ello, sin represión ni imposición”.

“La ingesta del tipo de alimentos que hagas, dependerá exclusivamente del estado de conciencia en el que te halles; si cambias tu conciencia, tu salud cambiará contigo y, al mismo tiempo, tu bienestar se expresará en forma de felicidad”.

 

Lo que sale por la mente

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El segundo aspecto, y también muy importante, es la alimentación mental. Dependiendo del dominio que permitas que ejerza la mente en las situaciones que se te presenten en la vida, estarás nutriéndote o intoxicándote. Las reacciones en relación a lo que te suceda o lo que provoques por ti mismo, derivarán en unos estados mentales concretos que causarán unos efectos físicos específicos. Es el caso típico de las alteraciones emocionales que sobrepasan tu control. En esa medida son una clara forma de intoxicar progresivamente el organismo; en cambio, las expresiones vividas desde los sentimientos puros que nacen de lo más profundo de tu interior, nutren el espíritu y el espíritu al cuerpo.

Una reacción habitual que suele ser utilizada para aplacar las alteraciones emocionales, es la comida. Con la ingesta desmesurada de todo tipo de comida, se intenta llenar el sistema digestivo para que se entretenga con su digestión y calmar así el estado emocional desenfrenado o el consecuente estado de estrés.

Para desencadenar un estado emocional se precisa la producción masiva de substancias químicas que son las encargadas de sostenerlo. Estas substancias son intoxicantes y acidificantes para el organismo, por lo que su acción continuada, a la larga comporta un alto grado de intoxicación física y mental. En cambio, el estado de los sentimientos es producido por substancias que contribuyen al bienestar físico y la satisfacción mental. Está comprobado que permanecer 20 minutos en un estado emocional alterado, le genera al organismo una descarga intoxicante de 6 horas.

En la parte intestinal del sistema digestivo se halla el centro energético sutil del control emocional. Es en el intestino donde se producen químicamente la mayor parte de una substancia hormonal conocida como serotonina, que contribuye claramente al equilibrio nervioso, la anti-ansiedad y la sensación de bienestar.

El intestino es considerado como el segundo cerebro; en él se produce la mayor parte de la serotonina, mucha más que en el cerebro. La serotonina es la precursora de la melatonina, y ambas son hormonas que apaciguan, regulan y equilibran el sistema nervioso y el ciclo sueño-vigilia. Al mismo tiempo, y siendo que la zona intestinal está regida energéticamente por el chakra de las emociones, su desequilibrio energético producirá inquietud y descontrol emocional, factor éste que utilizará en muchas ocasiones la comida para acallar dichas alteraciones y así mantener ocupado al sistema digestivo.

Dependiendo del equilibrio en el que se encuentre esa zona en cuanto al estado físico-funcional del intestino y a la apertura o bloqueo energético del chakra, serás capaz de controlar los estados emocionales desmedidos para que afloren sus sucesores, las sentimientos puros.

Mientras que la intoxicación nubla la mente y colapsa el organismo, la saludable nutrición física y mental aporta claridad y equilibrio. Nutrir la mente mediante el estado atóxico del cuerpo y nutrir el cuerpo mediante la mente atoxica, es la forma de garantizar una lucidez plena, salud y felicidad física y mental. Nútrete mentalmente con los buenos pensamientos, manteniendo las emociones bajo control y realizando aquellas acciones que nazcan fruto de tus sentimientos más profundos.

Las alteraciones emocionales son desencadenadas por la falta de comprensión de lo que realmente es la vida, de cómo funciona y del papel que el ser humano está llamado a jugar en ella. La toma de conciencia es el gran regulador del papel que uno decide jugar en la Gran Obra de la Vida, de ahí que con la toma de conciencia podrás regular cualquier alteración, disfrutar equilibradamente de tu cuerpo físico y de una mente lúcida, y afrontar cualquier situación que se te presente.

Lo que entra del exterior

 

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El tercer aspecto a tener en cuenta en la nutrición consciente y que está íntimamente relacionado con el anterior, son las influencias que proceden del exterior. Las modas, las tendencias y los intereses de cierta industria alimentaria, conducen cada vez más a un alejamiento de los alimentos que necesita el organismo con finalidad nutritiva. Para discernir hacia dónde debes dirigirte de entre todas las influencias que recibes del exterior, tendrás que buscar la información más correcta para que con ella puedas comprender y experimentar lo que te conducirá a la toma de conciencia, el detonante que te permitirá que te alimentes conforme a una nutrición consciente.

En ocasiones, la necesidad básica de alimentarse se convierte en un acto de esnobismo y exagerado deleite del paladar, lo que comporta una elaboración sofisticada, unas mezclas inarmónicas y el uso de productos utilizados como alimentos sin serlo, y todo ello con la intención centrada en acallar y/o satisfacer necesidades distintas al origen real del uso de los alimentos, que es el de nutrir las necesidades del cuerpo.

La forma en la que se recurre al deleite de la comida y su transformación en un acto social y de relación, se ha ido degradando hasta convertirse la mayoría de las veces en un simple acto de satisfacción del paladar, enfocado hacia los demás, como discusión intrascendente o para satisfacción del ego. La forma equilibrada y saludable de alimentarse es la de aprovechar su finalidad nutritiva y al mismo tiempo saborear los alimentos puros y simples en un acto consciente y sintiendo la unión que supone compartirlo con otros, agradeciendo a la Naturaleza y a sus alimentos lo que te ofrecen, en un acto de compartida unión con todo y el Todo.

Mientras tu conciencia esté centrada en la parte material, deberás usar mayormente la energía material y los nutrientes procedentes de los alimentos físicos, que serán más o menos densos en función de donde se halle en ese momento tu conciencia. A medida que cambies tu conciencia, te apetecerán más los alimentos simples y saludables y tu nutrición se verá incrementada mediante la sutil energía vital, procedente de la Fuente Creadora que lo sostiene todo y que energiza y nutre en la forma más pura.

“Cuanto más te acerques al alimento original diseñado para nutrir al ser humano, más te conectarás con la energía sutil que nutre el cuerpo, la mente y el alma, alcanzando así un estado de máxima salud y bienestar”.

¡Sé consciente y serás constantemente feliz!

 

Josep Mª Montserrat Vila

www.concienciaynutricion.com

“Encantados de Servir”

 

AUTOR: Josep Mª Montserrat Vila, colaborador de la gran familia de hermandadblanca.org

 

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Un comentario
  1. User comments

    lo siento te amo perdon gracias en ti confio borro mis memorias limpio suelto yo soy luz quien como dios

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