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Pensamiento Abstracto e Intuición: hacia la Integralidad y la Coherencia

La intuición favorece la honradez, nutre la empatía y facilita el dominio personal; es proporcional a la motivación por saber, por descubrir y por resolver. En la anterior afirmación se halla el lazo primordial que une la intuición con el pensamiento, pues esas tres acciones –saber, descubrir y resolver– son inherentes al trabajo que desarrolla la mente mediante el pensamiento. Y no se trata de cualquier tipo de pensamiento, sino de uno muy particular: el pensamiento abstracto. No es lo mismo pensar en una casa, un coche o una montaña (pensamiento concreto), que acercarse y concebir el concepto de triangulo, definir la esencia de una divinidad o explicar la Hipótesis de Riemann. En el segundo caso estamos asumiendo que se requiere mucho más que una simple opinión y por tanto, los resultados producen un impacto igualmente más amplio que termina por afectar (generar efecto) todo cuanto se halla en el radio de acción de la personalidad del Pensador. Esta acción genera –casi siempre– una mayor capacidad de integración de pensamientos y fenómenos, lo que a su vez, otorga coherencia, dinamismo y efectividad a la persona.

 

IntuicionA

Las siguientes líneas tienen un propósito expresado en tres intenciones: En primera instancia, se pretende hacer un acercamiento a la idea de que, así como el pensamiento visibiliza los deseos y las emociones, también favorece de manera directa el desarrollo de la intuición, lo que a su vez, fortalece e incentiva la capacidad de integrar conceptos e ideas, haciendo del Pensador un ser coherente, actor dinámico y co-creador eficiente. En segunda instancia, se busca promover la intuición y su importancia como posible sexto sentido y, finalmente, se desea instar a un cultivo y uso correcto de la misma. Si estas tres intenciones se transmiten de forma correcta, el propósito se cumplirá.

Mucho se ha escrito acerca del pensamiento y la intuición, información que se encuentra disponible en diversas fuentes dentro de las diferentes disciplinas, por lo tanto, el buscador sincero ha de apelar al discernimiento para dar con aquella información verdaderamente valiosa. Afortunadamente, cuando uno busca, encuentra siempre aquello que necesita, aunque nada halle. Veamos si encontramos algo interesante en las siguientes líneas.  

 

El pensamiento –como facultad de la mente– se relaciona con la vibración. La regla general es que cuanto más fuerte sea el pensamiento, más amplia es la vibración; cuanto más espiritual y desinteresado sea el pensamiento, más alta o más rápida es la vibración. La fuerza del pensamiento produce brillantez, la espiritualidad produce delicadeza de color (A. Powell)[i]. ¿Y dónde se da esa vibración? Ella se evidencia en la materia que está siendo animada por la energía creadora (tal como se muestra en la fig. 1)[ii]. La frecuencia que genera esta vibración se relaciona con el amor (elemento dinámico que aún no es totalmente comprendido) como fuerza motora de la manifestación exterior de la energía. Con algunas variaciones, sobre todo de posición, estas dos triadas también las encontramos en teosofía, destacando que las bases se constituyen en Voluntad – Sabiduría – Amor, y que por tanto, éstas se relacionan con el pensamiento abstracto, dado que corresponden a niveles arquetípicos. 

 

Triada MatiasA

Sin ser este el espacio para extendernos en más detalles (se puede revisar la obra teosófica de A. Bessant, Djwhal Khul, C.W. Leadbeater y A. Powell, relacionada con el pensamiento y la mente), sí que es bueno recordar que entre la mente superior (abstracta) y la inferior (concreta) existe una distancia relacionada con el deseo (kamas). Decíamos en su momento que es casi imposible concebir un pensamiento que no esté teñido de deseo o impulsado por él, actuando como fuerza dinámica.   

De la fig. 1 también podemos suponer que –puesto que el pensamiento es energía– éste afecta y pone en movimiento la materia física, postulado aceptado por la teosofía pero negado por la ciencia ortodoxa que, aun cuando acepta el valor de las ideas, considera que su manifestación física es la única realidad posible. Afortunadamente, la física cuántica se abre paso, acercándose cada día más a la espiritualidad.  Porque… ¿acaso un objeto material no fue primero una idea en la mente de alguien? Pensar en esto, nos lleva a un terreno relativamente nuevo, el de la psicología, disciplina que por sus mismas características, se sitúa muy cercana a la filosofía, la religión, y por ende, a la teosofía y a la espiritualidad. En todas ellas podemos encontrar elementos como el “yo”, el “ello” y el “Yo” también reconocido como “ego” (teosofía) y que se suele confundir con la personalidad. En este escrito, nos interesa ante todo considerar el “yo” y el “Yo”, como aspectos de la personalidad (yo inferior) y del alma (Yo superior), respectivamente.

 

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El Yo Superior tiene tres aspectos, poder de conocer, poder de voluntad, poder de dar energía; de estos surge diversidad de pensamientos, de deseos y de acciones. No obstante, el entero Yo Superior conoce, quiere y actúa (Op. Cit., pp.11). Pero este Yo no puede –gracias a su misma esencialidad– actuar en el plano físico, pues es incapaz de producir dicha vibración en materia tan densa como la física, limitación que es análoga a aquella que tiene el espíritu para intervenir en los procesos mentales o de pensamiento. ¿Qué hace entonces? Actúa mediante el yo inferior, lo que significa que –coincidente en líneas generales con los postulados de J. Krishnamurti (Sobre la mente y el pensamiento)– tanto el yo inferior como el superior, son un producto del alma.

En términos de Powell:

En un examen más detallado de la mente, vemos que el pensamiento abstracto es una función del Yo Superior, expresándose por medio del mental superior, o cuerpo causal; el pensar concreto (como se dijo antes) es realizado por el Yo Superior en el cuerpo mental inferior, según se lo llama a veces. El proceso, en detalle, es como sigue: El acto de pensar concreto pone en vibración al cuerpo mental. Esta vibración se transfiere a una octava inferior; por así decirlo, a la materia más grosera del cuerpo astral del pensador; desde éste afecta, a su vez, a las partículas etéricas del cerebro, y por medio de éstas, pone en acción la materia gris más densa del cuerpo físico. De manera que, todos estos pasos sucesivos son necesarios para que un pensamiento se traduzca en conciencia activa en el cerebro físico[iii].

 

¿Y qué tiene que ver esto con la intuición?

 ¡Mucho! tal como veremos a continuación. Cuando nos acercamos al concepto de “intuición”, posiblemente nos tropezaremos con ideas como telepatía, sensación, percepción, psiquismo, presentimiento y percepción extrasensorial, entre otros. Esto es correcto, dado el grado de proximidad existente entre estos conceptos y gracias –entre otras cosas– al ignorante empecinamiento de nuestro cerebro físico, que pretende explicar todo desde la lógica racional y la polaridad.

La intuición –actualmente más desarrollada por el género femenino en forma de presentimiento– está relacionada con la actividad cerebral, particularmente en el hemisferio derecho, el mismo que es considerado como el receptor e identificador de orientación espacial, responsable de la percepción del mundo en términos de color, forma y lugar. Tal como comenta la profesora K. Rocher,[iv] citando al neurólogo británico John H. Jackson, el hemisferio derecho no utiliza mecanismos convencionales, como el hemisferio izquierdo,  para el análisis de los pensamientos, pues es integrador y centro de facultades viso-espaciales no verbales, especializado en sensaciones, sentimientos y prosodia, pudiendo concebir las situaciones y las estrategias del pensamiento de una forma total que tiende a la integración de varios tipos de información, sea ésta visual, auditiva, olfativa o sensitiva (relación con las llamadas consciencias sensoriales del budismo), para transmitirlos como un todo coherente.

 

Entonces, partiendo de la base que conocemos la definición de intuición (percepción directa prescindiendo del uso de la razón y la fe), avancemos reafirmando que su relación con el hemisferio derecho del cerebro se basa en las funciones de este, pues además de lo dicho, él nos permite situarnos y orientarnos, es decir, permite identificar en qué lugar nos encontramos con solo mirar los edificios adyacentes, así como identificar un rostro conocido (aunque la adjudicación del nombre a quien pertenece el rostro es tarea del hemisferio izquierdo). No obstante, aun acordando esta similitud –relacionada con la completitud– entre las funciones de ambos elementos (hemisferio derecho e intuición) nos quedan dudas sobre la localización del segundo, elemento que pareciera situarse a nivel del sistema nervioso entérico, antes que al cerebro-espinal[v].  

De lo anteriormente dicho, quedémonos con el hecho de que el hemisferio derecho integra información, siendo también esa la principal cualidad de la intuición, al prescindir del uso de la razón y de la fe. Con esta herramienta se accede al conocimiento de forma directa, pudiéndose apreciar un todo en su conjunto, integrar sus partes en contexto y eliminar casi por completo el error. 

La intuición, entonces, nos permite superar la etapa de entendimiento y alcanzar una comprensión de los fenómenos al instante, sin necesidad de realizar complejos razonamientos. Así mismo, tal como el deseo es la expresión básica de la voluntad, el presentimiento (tener la sensación de que algo va a ocurrir o adivinar algo antes de que suceda), lo es de la intuición. Esta capacidad de intuir elimina, de hecho, los procesos de inducción y deducción al acceder de forma directa y autoevidente al conocimiento mismo. Precisamente y gracias a esta condición, es que la psicología considera que a la intuición se llega por un camino que no es racional y, por lo tanto, no puede explicarse y, en ocasiones, ni siquiera permite verbalizarse.

 

¿Y qué dice la ciencia empírica?

Por su parte, la ciencia empírica considera este tipo de canal de acceso al conocimiento como una reacción analítica del cerebro a la información que le provee el entorno y lo hace sin dar explicaciones, aunque esto no quiere decir que ellas no existan. ¿Será que esto evidencia la presencia del sistema nervioso entérico en el proceso? Ante un hecho como el de salirse de un recinto, segundos antes de que el techo se derrumbe, se podría proponer una explicación racional argumentando que alguno de los cinco sentidos percibió de manera inconsciente una serie de datos que, luego de ser estudiados por el cerebro, dieron como resultado un inminente desplome de la estructura. ¿Una posible actuación del sistema intestinal o entérico en este tipo de fenómenos, aportaría una confiable explicación? La respuesta aún no se conoce, pues la trascendencia de una ciencia ortodoxa, basada en la lógica y la razón, hacia una ciencia vanguardista, incluyente y con capacidad de integrar métodos y respuestas multidisciplinares y para-disciplinares, es lenta. 

 

¿Creemos en la intuición?

Una de las muchas curiosidades que surgen en relación con el uso de la intuición o percepción extrasensorial como sentido, es que cuando surge, nos negamos rotundamente a aceptarla y buscamos explicación racional para ello, pero como no existe tal explicación –no desde la razón y la lógica, base de la actuación cerebral– desechamos la posibilidad de su existencia y la condenamos al olvido. Y esto es así porque nuestra civilización se encuentra inmersa y profundamente identificada con la mente concreta que, como ente vivo, intenta preservar su status de supremacía mediante la eliminación sistemática de todo aquello que atente contra su poder. Nunca antes en la historia de la humanidad la mente (y su expresión, el pensamiento) había tenido tanta importancia, pero nunca antes habíamos tenido tantos problemas de tan diversa índole. Ahora, erradamente, creemos y damos por hecho, que somos nuestros pensamientos, y esto se lo debemos en gran medida, al insigne Descartes (pienso, luego existo).

Y, mientras todo esto sucede, algunos campos del saber humano como el informático, hace uso también de la intuición y la utiliza para describir interfaces de programas, haciendo referencia a que son de fácil entendimiento para un usuario que los vea por primera vez. Tanto un menú como la configuración de los controles, sea de un videojuego o de una aplicación, son intuitivos si permiten que la persona los comprenda de forma casi natural, dejándose guiar por su propia intuición y sin necesidad de leer un manual de instrucciones.

 

¿Y que hay con la integralidad y la coherencia?

Bueno, es claro que una persona que tiene acceso al conocimiento esencial, total o directo respecto de un fenómeno, podrá expresar –si así lo desea– sus hallazgos de forma integral, real y verdadera. En esta persona se apreciará –entre otras– una relación directa entre lo que piensa, dice y hace, extraña condición en los tiempos actuales en donde solemos pensar de una forma muy personal o egoísta, hablar en forma general y ambigua, y actuar basados en nuestros propios intereses.

 

CoherenciaA

 

Desarrollar el pensamiento abstracto como una forma de alcanzar un primer nivel de intuición, permite sintonizarse con los pensamientos del mundo y del reino de las ideas, discriminar y elegir esos elementos y conceptos mentales que le permitirán, como trabajador del plan, ejercer en su medio influencia y revestir los nuevos ideales con esa materia mental que facilitará el reconocimiento de esos ideales en el mundo común del pensamiento y del diario vivir. Esta actitud mental capacitará al discípulo para orientarse hacia el mundo de las almas y, desde ese lugar de elevada inspiración y de luz, descubrir a sus colaboradores, ponerse en comunicación con ellos y colaborar unidos en el desarrollo de las divinas intenciones (M. DK)[vi].

 

Es tan amplio el campo que el desarrollo de la intuición abre, que es casi imposible cubrir en su totalidad las potencialidades. Intuir lo que una persona hará, los resultados que una decisión corporativa tendrá o el mejor rumbo a seguir entre varias opciones, no solo nos permite ser coherentes con nosotros mismos y con los demás, sino que al mismo tiempo, nos ayuda a delinear nuestras actuaciones en campos más allá del físico o humano. Tal es el potencial de la intuición aplicada a la integralidad y la coherencia en proceso del desarrollo humano.

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Recogiendo lo dicho, la intuición se sitúa fuera del pensamiento y, por ende, más allá de la mente concreta. Esto supone una dificultad para nuestra actual civilización que ha endiosado a la mente (característica esencial de la quinta raza raíz), situándola como la cúspide del desarrollo humano. Para el ser humano común y corriente significa que si desea ser intuitivo, deberá trascender la mente y para ello, habrá de tener en cuenta que la mente no es más que la herramienta del alma, elemento que nos permite penetrar la esencia de todo cuanto ha tomado forma en los reinos densamente materiales. La mente ha hecho con el conocimiento lo que el tomógrafo axial computarizado realizó con el cerebro: permitió hollarlo, conocerlo y reconocerlo desde todos los ángulos posibles. De ahí en más, sobreviene la necesidad de complementariedad, eclecticismo, discernimiento y sentido común, para retomar y no perder de vista el horizonte de la evolución humana.    

  

Para finalizar…

 A título de colofón, se puede decir, entonces, que los cinco sentidos aportan información relacionada con la realidad, pero no la realidad entera; cada uno desde su propia especificidad brinda al Pensador una parte de esa realidad que, en el fondo, es completamente mental y no física o sensible. La intuición llega como un complemento para que el Pensador conozca y se enriquezca con su uso cotidiano; para que la utilice como una herramienta que permite acceder a una parte de la realidad, otrora desconocida (la completitud, también vista como interconectividad), y una vez tenga dominio de ella, deberá ponerla al servicio de toda la humanidad, aportando su luz personal para que la misma continúe saliendo del oscurantismo en que se ha sumido, gracias –entre otras razones– a un tipo de ignorancia generalizada expresada en individualismos separatistas, pavura racional a los misterios y una inculcada apatía al cumplimiento del deber.

 

Permítaseme recalcar que la intuición favorece la honradez, nutre la empatía y facilita el dominio personal; es proporcional a la motivación por saber, por descubrir y por resolver. Parafraseando a José E. Fernández,[vii] podemos decir: Distinga bien sus pensamientos de sus sentimientos e identifique claramente sus emociones; no renuncie a ellas pero reconózcalas, pues debes saber que a veces la intuición se expresa mediante emociones. Converse y haga preguntas precisas y claras a su intuición, ella está esperando que usted la llame y que le plantee inquietudes bien definidas; cuanto más la utilice, tanto mejor funcionará. Y no entre en conflictos innecesarios, la razón y la intuición no son opuestas, sino complementarias. Sopese con la balanza de la razón aquella información que la intuición le hace llegar, luego si, llévela a la práctica. Y, finalmente, aconsejaba: “No nos olvidemos de la prudencia, la humildad y el aprendizaje continuo”.

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Contacto con el autor; JossP

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[i] Arthur Powell. El Plano Mental. Editorial Kier, pp. 9.

[ii] Esta propuesta la realiza Matías de Estéfano y se encuentra disponible en el material audiovisual producido por y para la Fundación Arsayian. Información en: www.fundacionarsayiang.org, Argentina.

[iii] Para un análisis detallado del proceso de elaboración del pensamiento, se puede consultar la obra de Powell anteriormente citada.

[iv] Grafo-analista y perito grafóloga, directora de Graformar. Información disponible en: www.graformar.com.ar, Argentina.

[v] El sistema nervioso entérico (SNE) es una subdivisión del sistema nervioso autónomo que se encarga de controlar directamente el aparato digestivo. Se encuentra en las envolturas de tejido que revisten el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colon. Es el objeto principal de estudio de la neurogastroenterología. Ref. Wikipedia.

[vi] Tratado sobre magia blanca, (pp. 304), por el Maestro Tibetano DK. Esta magnífica obra, así como otras más, llega hasta nosotros gracias a los trabajos de Alice A. Bailey.

Libros disponible en: http://www.sabiduriarcana.org/prelim-libros-esp.htm 

[vii] Más información en: http://www.psicologia-online.com/colaboradores/jenebral/intuicion.shtml  Consultado en marzo de 2016.

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Sobre Joss Perez
Nacido en Pijao, departamento del Quindío, Colombia, desde muy pequeño se interesó por la lectura y fue así como llegó a ser profesor escritor novato. Teósofo por convicción, también se acercó al Budismo como una forma de re-encuentro con la divinidad. Actualmente reside y trabaja en Hangzhou, provincia de Zhejiang, República Popular de China.

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