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Repártelo todo por el Maestro Beinsá Dunó

El Sol Naciente, por el Maestro Beinsá Dunó

Conferencia dada por el Maestro Beinsá Dunó, el 26 de octubre de 1924, en Sofía – Izgrev.

 

“Y un hombre principal Le preguntó y dijo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Lucas 18:18 – n.d.t.).

 

            He aquí una pregunta prudente. La misma pregunta muestra que este hombre rico y joven era prudente. Él no hace a Cristo preguntas de cómo puede ser científico, cómo puede ser fuerte, sino que Le hace la pregunta de cómo puede heredar la vida eterna.

            Vosotros, pues, ahora os podéis hacer la pregunta: “¿Por qué este hombre rico ha preguntado a Cristo exactamente esto?” – Se ha interesado. Para que se haga una pregunta, puede haber varias causas motivadoras, por lo menos tres causas motivadoras. Algunos dicen: “Pregúntame algo para conocerte cómo eres”. Siempre cuando preguntamos algo, el que pregunta, por la pregunta se conoce cómo es; y éste, el que responde, se conoce por la respuesta cómo es.

            La gente contemporánea pone todas las cosas en el mundo así como si no tuvieran ninguna conexión entre sí, y ellos no saben que constantemente preguntan. Por ejemplo, ellos preguntan: “¿Por qué yo sufro?, ¿soy yo el pecador más grande?, ¿por qué esta pobreza va por mis pasos?, ¿por qué estoy enfermo?, ¿por qué en esto logro éxito y en aquello no lo logro? Y después de todo esto pregunto: ¿Por qué este muchacho rico pregunta así a Cristo? Os pregunto yo: ¿Qué pregunta es más importante: la vuestra o la suya? – La suya, por supuesto. Eh, por qué sufrís. Si estáis a donde los turcos y les preguntáis por qué sufrís, ellos os dirán: “Sufres, porque eres tonto e idiota”. Sin embargo, si nos preguntan a nosotros, la gente contemporánea, por qué sufrimos, nosotros no vamos a responder así. Nosotros responderemos: puesto que no hemos guardado las leyes de la Naturaleza, puesto que hemos hecho algunos errores, gracias a estos errores sufrimos. Por lo tanto, cuando enderecemos estos errores, cuando alisemos nuestros errores no vamos a sufrir. Pero los pueblos orientales son específicos en sus preceptos. Hace tiempo un amigo me contaba una anécdota árabe. Ésta es la siguiente: Cuando el Señor creó el mundo y a todos los animales, determinó a cada animal vivir 30 años: al hombre determinó 30 años, al burro – 30 años, al perro – 30 años, y al mono de nuevo 30 años. Un día el Señor llamó al burro y le preguntó: “¿Tú estás agradecido por los 30 años?” – ¡Eh, Señor, no quiero vivir 30 años, son mucho para mí! Esta zurra, estas burlas que se derraman sobre mí, es pesado llevarlos 30 años, disminúyelas un poco – por lo menos a la mitad. Toma 15 años”. Puesto que el hombre era un rey, vivía bien, dijo: “Señor, yo soy un rey, voy a dirigir largo tiempo, dame a mí estos 15 años”. Él tenía 30 años, y tomando 15 años del burro, se le hicieron 45 años. Luego el señor llamó al perro y le preguntó: “¿Tú estás contento por tus 30 años?” – “Muchos son para mí estos 30 años, ir vagando por aquí y por allá, tiritar en el frío, acórtalos un poco”. Se puso de acuerdo el Señor, tomó 15 años de la vida del perro y de nuevo los dio al hombre, así que se le hicieron 60 años. Finalmente el Señor llama al mono: “¿Tú estás agradecido porque vivirás 30 años?” – No, no quiero, Señor, ser una mofa del mundo, que me obliguen a subir y bajar por los travesaños, muchos son para mí estos años, acórtalos un poco”. Y de él tomó el Señor 15 años, de manera que los dio al hombre. Por eso la vida del hombre se alargó más que la de los demás animales. Pregunto ahora: ¿qué quiso decir éste que creó la anécdota?, ¿qué idea escondió en ésta? Si preguntáis a los turcos por qué sufre la gente, ellos dicen que los hombres sufren porque son tontos. De esta anécdota, según los árabes, hasta su edad de 30 años el hombre vive una buena vida humana; desde su edad de 30 años en adelante, hasta 45 años vive una vida de burro; desde su edad de 45 a 60 años vive una vida de perro, y de allí en adelante – de mono. Cuando llega el hombre hasta los años que ha tomado del burro, dicen: “Eh, del burro has tomado”. Cuando llegan en la vida del hombre muchos sufrimientos, dicen: “Eh, de la vida del perro has tomado, no pasa nada, jalarás”. Cuando llega el hombre a los años que ha tomado del mono, dicen: “Eh, del mono has tomado, toda la gente se va a burlar de ti, pero y esto aguantarás”. La verdadera filosofía de la vida reside en esto: si actuamos según la mente del burro, llevaremos las consecuencias de la vida del burro; si actuamos según la mente del perro, llevaremos las consecuencias de la vida del perro; si actuamos según la mente del mono, llevaremos las consecuencias de la vida del mono. Entonces, cada vida se condiciona por el nivel de la inteligencia interna, o sea, por la conciencia que el hombre tiene. El burro es burro puesto que se ha detenido a este nivel de desarrollo. Primeramente el Señor le hizo con una estatura muy pequeña y estaba humilde, pero luego él pidió no quedarse desapercibido, pidió tener una forma grande, que tenga un vozarrón y que vaya solucionando cuestiones filosóficas importantes. Y verdaderamente, él solucionó todas las cuestiones, puesto que hoy siempre de él se habla. Dondequiera que vayas, siempre de él cuentan. Sí, pero él ha llegado a ser un burro, puesto que ha cambiado el plan Divino.

            Este principal viene a Cristo y Le dice: “¡Maestro bueno!” Cristo le pregunta: ¿Por qué me llamas bueno? Bueno es solo un Dios”. Cristo le indica el camino para heredar la vida eterna. Para heredar la vida eterna debemos liberarnos de todos aquellos tropiezos para el logro de esta vida, o sea, hasta entonces hasta que el hombre está conectado con la gente y espera que ellos le muestren el camino, que ellos le muestren esto o aquello, que ellos le eleven, él no puede encontrar la vida eterna. Entonces, hasta que estás conectado con la gente, no puedes encontrar el camino. Tú, como este rico, irás a Cristo y Le preguntarás cómo heredar la vida eterna. Este rico se acerca a Cristo de manera humana y Le dice: “¡Maestro bueno! ¿Por qué me llamas bueno? Solo Dios es bueno”. Importante es este principio que debe asentarse en vuestras almas, de que solo Dios es bueno. Si nosotros reconocemos solo a Dios por bueno, entonces llegará la vida eterna, pero puesto que nosotros comparamos la gente, quién es más y quién es menos bueno, nosotros nos engañamos. Si queremos solucionar las cuestiones en el mundo, éstas así paliativamente no se solucionan. Hay ciertos errores en el mundo que se van a corregir poco a poco, pero hay errores que se corrigen de repente. Por ejemplo, hay alguien que fuma tabaco y poco a poco, cada día acorta los cigarrillos, hasta que por fin se niega por completo. Alguien, pues, dice y de golpe acaba, corta – deja de fumar. Vosotros decís no, poco a poco vamos a disminuir los cigarrillos, el hombre no puede de golpe corregirse, poco a poco hace falta. Sí, este es uno de los métodos.

            Cristo se vuelve hacia el rico y le dice: “Bien, tú sabes los mandamientos, pero a cuatro cosas debes prestar atención – no adulterarás, no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio”. El adulterio es una impureza, éste es un pecado con respecto de ti mismo, con respecto de tu alma. Si cometes adulterio te vuelves impuro, y al impuro la vida eterna no puede llegar. El segundo pecado es no matar. El asesinato es algo externo, esto significa quitar a tu oponente. El tercer pecado es no robar. Robar, este es el deseo en el hombre de tomar lo ajeno, de introducirlo dentro de sí. No dar falso testimonio, esto significa que no procures cubrir todos tus pecados. En estos pecados tú te manchas a ti mismo. Todos los pecados comienzan casi de estos cuatro errores básicos. Este principal dice a Cristo: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud, ¿qué más tengo que hacer?” Cristo le respondió: “Aún te falta una cosa. Vete, vende todos tus bienes, y repártelos a los pobres”. Esto significa: Tú has aprendido hasta ahora solo a tomar, pero la ley es que debes y dar.

            Ahora, esta pregunta – ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? – cada uno de vosotros debe hacérsela.  Aquellos de vosotros, pues, que tienen la vida eterna, deben hacerse la pregunta: ¿qué debo hacer para guardar la vida eterna? Pero, después de esto hay y una tercera pregunta: ¿cómo el hombre utilizará esta vida en aquel sentido Divino que está escondido en él? – porque para esto ha venido a la Tierra. Para que puedan estas cuestiones solucionarse correctamente, el hombre tiene que escudriñar su conciencia. Vosotros podéis preguntar a la gente contemporánea por un estado suyo, por una acción suya, por un sentimiento suyo, o por un acto suyo, de si son rectos o torcidos, ellos no pueden determinarlos. Las cosas, sin embargo, dentro de nuestra conciencia, están exactamente determinadas. El hombre nunca puede hacer un acto, cualquiera que sea, y que no se le diga si éste es recto o no. Él, dentro de sí, sabe si el acto que ha hecho es recto o no. Aquellos que observan por fuera, pueden tener conceptos torcidos acerca de nosotros, pero nosotros mismos nunca podemos tener un concepto torcido. El peligro en la vida contemporánea está allí que nosotros alguna vez subestimamos nuestros actos malos, y alguna vez subestimamos nuestros actos buenos. Estos son dos peligros, porque el acto malo por sí mismo debe enderezarse, y el precio del acto bueno no debe bajar. Cada cosa tiene su precio. Un acto es una fuerza dada en el mundo, y de ésta tú no puedes sacar algo más que esto lo que ella contiene en el caso dado.

            La vida eterna, estas son ciertas condiciones en las cuales el espíritu humano puede desarrollarse. En la vida ordinaria todo aquello que tenéis lo perderéis, lo jugaréis, y en la vida eterna todo aquello que tenéis lo guardaréis para sí mismos.

            Ahora, muchos preguntan: “¿No debemos vivir nosotros?” Sí, estoy de acuerdo que debemos vivir, pero ¿cómo debemos vivir, en qué consiste la vida verdadera? Tomad, por ejemplo, cómo deben ser los comportamientos entre dos amigos. Cada uno de vosotros sabe cómo deben ser los comportamientos entre dos amigos, cómo deben ser los comportamientos entre un amo y un siervo, cómo deben ser los comportamientos entre un maestro y un alumno. Los comportamientos entre amo y siervo no son solo comportamientos de órdenes y cumplimientos. Entre un amo y un siervo hay comportamientos nobles. Los comportamientos entre el maestro y el alumno no son solo de enseñar y estudiar lecciones. Estos son solo móviles que conectan a dos almas que han llegado a la Tierra. Alguna vez nosotros decimos que el alumno puede llegar a ser maestro, y el maestro puede llegar a ser alumno. Esto es recto, se puede así, pero hay una ley que determina las cosas de la siguiente manera: lo superior nunca puede llegar a ser discípulo de lo inferior, y lo inferior nunca puede llegar a ser maestro de lo superior – ¡nada más! Esto es severamente determinado y vosotros nunca podéis cambiar estas cosas. Del pecado el hombre puede aprender, pero que del pecado el hombre llegue a ser maestro es imposible. Nosotros decimos para alguien: “Él es un hombre malo, pero un día él puede llegar a ser incluso un santo, un Maestro del mundo”. No, él nunca puede llegar a ser un santo, llegar a ser un Maestro del mundo. Si por esta ley un hombre malo puede llegar a ser bueno, entonces, fue dicho aún en tiempos remotos, ¿es posible que de aquella fuente de la cual brota agua turbia, que simultáneamente brote y agua prístina? Nosotros sabemos que todas aquellas fuentes de las cuales brota agua turbia son superficiales, y todas aquellas fuentes de las cuales brota agua prístina son profundas. Por lo tanto, por la misma ley determinamos: toda la gente que peca, brota de lo superficial, ellos están entretejidos en la materia, o, dicho de otra manera, ellos razonan de manera humana sobre las cosas. Su conciencia no está despierta, ellos no viven en la vida Divina.

            Este hombre rico era prudente, él hizo una pregunta a Cristo, pero después de esto se va entristecido. Se dice: “¡Una tarea difícil es esta!” Dice Cristo: “¡Cuán difícilmente se salvará la gente rica!” ¿Por qué se va a salvar difícilmente? – Puesto que no están listos de hacer un sacrificio que la vida eterna requiere.

            Entonces Cristo dice: “Lo imposible para el hombre, para Dios es posible” (Mateo 19:26 – n.d.t.). Este hombre rico no estaba en un estado desesperanzado para que no pudiera cumplir esto lo que Cristo le dijo. Él llamaba a Cristo “Maestro bueno” y decía que había cumplido las cuatro posiciones de la ley de Moisés, o sea, ha superado todas las debilidades de la vida humana, pero cuando Cristo le dice que en él hay posibilidad de vencer y ésta, la última, en él se observa una indisponibilidad.

            Todos los cristianos contemporáneos estáis exactamente en este último estadio. Vosotros sabéis que Cristo es bueno, los cuatro mandamientos de Moisés los habéis cumplido, pero cuando llegue hasta la última, que debéis liquidar, os detenéis y decís: “¿Puedo repartir todos mis bienes?, ¿puedo ser tan tonto como para que se ría la gente de mí?” Por eso de todos se requiere una conciencia despierta, una comprensión correcta de esta filosofía interna de la vida. Esto lo que nos tropieza ahora, esto es que nosotros nos ocupamos más con nuestros rasgos heredados, pensamos en nuestro padre, en nuestra madre, en nuestro abuelo, en nuestra abuela: qué cuestiones estaban solucionando, pero exactamente en nosotros mismos no pensamos. Cuando llegue de solucionar algo para sí mismos, nosotros pasamos someramente, no nos detenemos sobre nuestro espíritu, sobre nuestra alma, sobre nuestra mente y sobre nuestro corazón, e incluso si nos detenemos, nosotros nos detenemos sobre esto lo que la sociedad requiere. ¡Nosotros somos tan superficiales! Por ejemplo, alguien quiere llegar a ser primer ministro de Bulgaria. Esta es una aspiración interna pero superficial. Alguien quiere llegar a ser un hombre científico. Esta es una aspiración interna pero superficial. No, en el alma humana fue puesto algo más profundo que esto lo que tú quieres: de llegar a ser un primer ministro.

            Y así, la cuestión básica, la primera cuestión que todavía no habéis solucionado, esto es que vosotros todavía no habéis conocido quién es bueno en el mundo, o sea, no tenéis todavía aquella medida con la cual podéis medir los comportamientos humanos. Tomad, por ejemplo, a dos sociedades ocultistas, o una sociedad espiritista y una teosófica, ¿en qué se distinguen éstas?, ¿tienen alguna diferencia esencial? Un espiritista tiene alma, y un teósofo tiene alma; un espiritista tiene espíritu, y un teósofo tiene espíritu; un espiritista tiene mente, y un teósofo tiene mente; un espiritista tiene corazón, y un teósofo tiene corazón; un espiritista tiene voluntad, y un teósofo tiene voluntad. ¿Hay alguna diferencia esencial entre ellos? Vosotros fácilmente podéis hacer de un teósofo un espiritista, y de un espiritista un teósofo. Yo llamo a esto “ley de pintar” Yo puedo hacer a quien sea de vosotros tal cómo quiero: azul, verde, rojo – puedo darle cualquier color que quiera. Pues cuando alguien llega a ser o juez, o abogado, o maestro, o profesor, o cualquiera que sea, ¿en qué se distinguen ellos? – En nada. Esta es solo una pintura, una etiqueta la cual cuando cambie, nada se queda de ésta. Por lo tanto, cuando empecéis a solucionar la verdadera cuestión, vosotros quitaréis todas las etiquetas. Vosotros os pondréis en aquel estado primordial en el cual se encuentra vuestro espíritu, vuestra alma, vuestra mente y vuestro corazón. Vosotros apartaréis todos aquellos comportamientos que existen entre la gente y vosotros. Éstos son mentirosos. ¿Acaso yo me ocuparé con esto, quién y qué escribe en los periódicos: que me elogiaban, que me reprochaban? ¡Estos son trabajos vacíos! Esto, de que me han elogiado, yo le llamo elevación gramática. Por ejemplo, escriben en la pizarra: “Ivan es bueno” ¿Puede Ivan en la pizarra llegar a ser bueno? Vino hace unos cuantos días a mí un amigo y me contaba que un alumno escribió sobre la pizarra delante de su maestro la siguiente oración: “La pizarra negra es un cometa”. Sí, como oración, gramaticalmente esto es recto, pero lógicamente es sin sentido. Por lo tanto, las cosas gramaticalmente son rectas, pero lógicamente no son rectas. Esto significa que por forma estas cosas no tienen conexión. Las palabras en éstas gramaticalmente están ordenadas correctamente. Así que, nosotros, la gente contemporánea, razonamos siempre gramaticalmente. A esto le llamo “la letra de la ley”. Dicen: “Estas palabras están ordenadas gramaticalmente de manera correcta. Cuando escriben en la pizarra que alguien es bueno, en realidad él no siempre es bueno. Lo bueno nunca se puede escribir sobre la pizarra negra. Decimos: la tela blanca. Sí, pero la tela blanca no puede escribirse en la pizarra negra. Por lo tanto, aquello que en nuestra vida es esencial, no se puede expresar. Si vosotros me preguntáis “¿Me quieres, o no?”, gramaticalmente os puedo decir: “Os quiero”. Esta es una oración gramaticalmente correcta, pero el cariño con palabras no se expresa. ¿Qué comprendéis vosotros bajo la palabra “cariño”? Uno comprende una cosa, otro – otra. Dice alguien: “¿Me quieres? – Te quiero. – Eh, entonces mírame un poco. El niño dice a su madre: ¿Mama, me quieres? – Te quiero. – Eh, si me quieres dame peras”. La hija pregunta a su padre: “¿Padre, me quieres? – Te quiero. – Cómprame entonces un gorrito, zapatos o algún librito”. ¿En qué consiste el cariño: en el librito, en el gorrito, en las ropas, o en esto o aquello? Preguntad a un niño ¿en qué consiste el cariño? Y él os dirá algo, pero la solución filosófica no está ahí. Decidme vosotros: ¿cuál es la solución filosófica del cariño? Eh, dicen, en el cariño habían algunas vibraciones del corazón. Bien, ¿estas vibraciones las has probado, las has visto? ¿Dónde están los instrumentos con los cuales las has probado? ¿Cuántas trepidaciones hace el corazón en este cariño? Pero esta palabra “cariño” tenía contenido. Bien, ¿dónde está su contenido? Yo no veo ningún contenido. Estos son símbolos con los cuales nosotros nos servimos. En el caso dado, cuando yo pronuncio la palabra “cariño”, ésta para mí tiene tanto contenido como es definida en mi conciencia. Esta palabra se pronuncia sin voz. Miro, algún hombre pobre tirita delante de mí. Yo inmediatamente pronuncio dentro de mí la palabra “cariño” y le doy ropa, zapatos, gorro. Esto significa cariño. Alguien pregunta: “¿Me quieres?” Yo no voy a hablar, sino que haré las cosas. En el mundo espiritual es un crimen decir algo que no has hecho. Tú harás las cosas y entonces hablarás de éstas.

            Cristo preguntó a este hombre joven: “¿Tú quieres a tu Maestro? ¿Estás listo de hacer todo por Él?” Maestro bueno, decía él. Si llamas a tu Maestro bueno, debes estar listo de hacer todo por Él. Cristo le probó desde lejos. Este joven era un hombre erudito, y él respondió a Cristo: “Por Él todo puedo hacerlo”. Sí, pero él mentía, él no estaba listo. Estoy puro, decía él, pero la pureza se conoce. Hay algo en el mundo que no miente. Cuando estás puro, y tus ojos estarán puros, no estarán turbios. Cuando tú estás puro, y tu rostro estará puro, no tendrá un color como de una teja, o un color obscuro como de un negro. Tu rostro debe ser luminoso, que de él salga luz. Cuando estás puro, tus ojos no deben brillar como los de un gato, pero que tengan una luz suave, una mirada clara, que de ellos respire este sentimiento amoroso, de manera que cada uno cuando te vea, que tenga confianza en ti. En el perro, por ejemplo, hay esta conciencia de que cuando ve a alguien agita su cola, se alegra, y cuando ve a otro encoje su cola y se aleja. ¿Por qué con el primer hombre se alegra, agita su cola, y con el segundo encoje su cola? – Porque los ojos del segundo son temibles.

            Así que, Cristo estaba probando a este hombre joven y le decía: “¡Vete, vende todos tus bienes, repártelos a los pobres y ven, sígueme! Me llamas Maestro bueno ¿no?, quieres la vida eterna ¿no?” Él no estaba listo, sin embargo. Para que se adquiera la vida eterna se requieren los sacrificios más grandes. Ahora, alguna gente observa esta cuestión y la aplica a todos. No, la solución de esta cuestión no se refiere a todos, sino solo a aquellos que quieren adquirir la vida eterna. Te vas a alguna tienda, quieres tomar alguna ropa bonita, preguntas: ¿Señor, cuánto cuesta esta ropa? – 10,000 levas. – ¿Más abajo no se puede? – No se puede, el precio está determinado. Eh, si quieres una ropa bonita, caro pagarás.

            Éste, el hombre joven, pregunta a Cristo: “¿Qué haré para heredar la vida eterna? – Venderás todo y lo repartirás a los pobres.” Esto no se refiere a la gente tonta. Esto se refiere solo a aquél discípulo que quiere alcanzar la vida eterna. ¿Pero es posible? – Esto es otra cuestión. Para algunos no es posible, y para estos que están listos es posible.

            Supongamos ahora que algunos tienen la vida eterna. Ellos deben hacerse la segunda pregunta: ¿Qué tenemos que hacer para no perderla? Entonces Dios dice así: “El día que pecares, perderás tu vida”. Entonces, en la primera fase de su vida el hombre ha estudiado las leyes para la adquisición de la vida eterna. En el primer capítulo del génesis se dice que Dios creó al hombre a imagen y semejanza Suya. Algunos han estudiado las leyes para la adquisición de la vida eterna y han pasado adelante, y Adán, que fue hecho de barro, falló en este primer examen. Ahora, en el segundo examen toda la gente estudia las condiciones, las leyes para guardar la vida eterna. En la vida eterna vosotros no podéis cortar con vuestra lengua como queráis, no podéis hablar como queráis. Alguien dice: “¿No soy yo libre para hablar como quiero? – Si haces lo que quieres, tú tendrás una cola, tendrás y cuernos. Cuando el Señor creó los bueyes, los creó sin cuernos, para que no les ayunte el hombre. Tal era el deseo de Dios. Un día llegó el diablo al buey y le dice: “Te veo, tú estás sin arma, no puedes defenderte. Yo te voy a dar una arma, cuernos, pero no vas a pinchar con estos. Así, a veces solamente agitarás la cabeza a la izquierda, a la derecha”. El buey se encontró en una dificultad, pero finalmente se puso de acuerdo, hizo un pacto con el diablo, y éste le dio los cuernos. Desde entonces el buey se puso a pensar solo en sus cuernos. Después de esto el diablo va al hombre y le dice: “Escucha, yo he creado en la consciencia del buey el pensamiento de los cuernos, y tú utiliza el momento para ayuntarle en trabajo”. Por esto al buey ahora le ayuntan en el campo y le pinchan por atrás con aguijón – porque agita su cabeza por aquí y por allá y siempre en sus cuernos piensa. Pero, el hombre le ha ayuntado. El diablo le dio un arma para defenderse de sus enemigos, ¿pero hay un enemigo mayor que el hombre? Cuando caen los cuernos de un buey, él resbala su cabeza del yugo y no puede arar, no pueden ayuntarle. El diablo hizo y con el hombre un pacto. Le dice: “Yo te daré este arte, de ayuntar al buey, pero con una condición: después de que el buey are largo tiempo en tu campo, vas a degollarle y tasajo de su carne harás, y de su piel – zapatos”. Con esto vinieron los pecados para el hombre.

            Después de esto el diablo se va al caballo, que hasta este tiempo era libre, no sabía patear, y le dice: “Tú estás expuesto a grandes peligros, no tienes arma para defenderte, ¿quieres que te dé tal?” El caballo sabía cómo sufrió el buey y le dijo: “No, cuernos no quiero”. “No, no”, dijo el diablo, “el buey era un poco tonto, por eso le di cuernos, pero a ti te daré otra arma. Te daré el arte de patear con tus piernas traseras”. Hasta entonces el caballo tenía cinco dedos. “No, con cinco dedos no está bien, yo voy a convertir tus piernas en puño, para que patees con éstos y así te defiendas. – ¿Se puede así? – Se puede.” Y así, creó él esta cosa, adaptó el caballo para patear. Desde entonces el caballo comenzó a pensar siempre en sus piernas traseras. Se va el diablo al hombre y le dice: “Yo he creado en el caballo las condiciones para patear, de pensar siempre en atrás. Vete y ponle por delante una correa y una yunta. – ¿Así?” He aquí porqué el caballo siempre por atrás patea y su cabeza siempre correas y albardas lleva.

            Así que, y nosotros, la gente contemporánea, pinchamos como los bueyes con cuernos, pero nos ponen una yunta y pateamos como los caballos, pero llevamos correas y albardas. Sé, dice alguien, pinchar. Sí, pincharás, pero como los bueyes vas a arar en el campo. Sé patear. Sí, patearás, pero como el caballo vas a llevar yunta y albarda. Pregunto, sin embargo: ¿Esta posición en el mundo, nos libera de todas las cosas en las cuales ahora nos encontramos? En nuestra vida presente nosotros debemos solucionar una cuestión importante – debemos ganar nuestra libertad. No es cuestión de los sufrimientos, pero la pregunta es ¿yo soy libre? La primera cosa, nosotros debemos ganar la libertad de nuestra mente. Vosotros estáis sentados pero algún pensamiento camina por vuestra mente y constantemente os preocupa. ¿Dónde está vuestra filosofía, dónde está vuestra ley, dónde está vuestro Dios? ¿Pensáis que Dios, que es tan prudente, que ha creado el mundo, que no os ha dado posibilidades para superar una debilidad vuestra? – Ha puesto. Alguien quiere superar alguna debilidad suya y empieza a leer la Biblia, o el libro de algún moralista, para ver lo que se dice allí, y se olvida de arreglárselas con lo Divino dentro de sí y de ver cómo debe actuar en el caso dado. Así que, si queremos solucionar alguna cuestión importante, debemos arreglárnoslas con los Divino dentro de nosotros. Pregunto: ¿los animales, que no tienen tales libros, cómo se las arreglan con sus cuestiones? Cuando un gato, o algún otro animal se enferma, éste inmediatamente abre su libro interno y ahí encuentra algunas hierbas con las cuales se cura. Ellos solos se las arreglan. Así podéis y vosotros arreglárselas solos.

            Y así, el primer trabajo en nuestra vida es arreglárnoslas con lo Divino dentro de nosotros. Nosotros hemos llegado a esta fase. Todo lo externo que tenemos es un móvil. Esto ni mucho menos socava el prestigio de la gente científica presente. Primero nosotros debemos hacer una consulta con nosotros mismos y después de esto que nos las arreglemos con las experiencias de la demás gente. Esto lo que han dicho algunos filósofos, moralistas, esto es solo un complemento de esto que nosotros sabemos.

            La vida eterna introducirá una belleza en nosotros. Muchos dicen que tienen la vida eterna dentro de sí. Si tenéis la vida eterna, debéis tener comprensión entre vosotros. Esta gente que tiene la vida eterna, son homogéneos. Solo las cosas homogéneas se atraen, y las heterogéneas se repelen. Dos mentes homogéneas se atraen, dos mentes heterogéneas se repelen. Dos almas homogéneas se atraen, dos almas heterogéneas se repelen. Si dos personas se repelen, entonces éstas son heterogéneas. Por lo tanto, si sois heterogéneos y os repeléis, debéis saber qué es heterogéneo en vosotros, si son vuestros corazones, si son vuestras mentes, si son vuestras almas, o vuestros espíritus. Debéis saber en qué reside la causa de esta heterogeneidad. Los defectos de la gente, hasta un cierto nivel, se deben a la heterogeneidad de los deseos en sus corazones. ¡Homogéneos debéis ser! En la homogeneidad reside la Ley del Amor. Él hace las cosas homogéneas. ¿Entonces cómo se corregirá el mundo? – Cuando la gente se vuelva homogénea. ¿El oro y el hierro son homogéneos? – Heterogéneos. Sin embargo, los químicos contemporáneos y los alquimistas viejos afirman que el hierro puede hacerse homogéneo con el oro, o sea, que sus vibraciones pueden transformarse. Para esta transformación tiene una manera en la Naturaleza misma. Verdaderamente, no todo el hierro, sino una parte de la energía del hierro puede transformarse en la energía del oro y entrar en él.

            ¿En qué se distingue el hierro? – Éste se distingue en dos cosas: en su dureza (tiesura) y en esto, que se oxida. Él es fuerte, pero al mismo tiempo y débil, porque el herrumbre le corroe y destruye. Alguien dice: “¡No, yo debo ser un hombre fuerte!” Sí, pero a la gente fuerte la herrumbre la corroe. Yo os voy a comprobar que a toda la gente fuerte y potente en el mundo, siempre la herrumbre la corroe. Por lo tanto, nuestra salvación no está en la fuerza. La fuerza trae consigo herrumbre. Y así, ¡a todos hace falta homogeneidad! En esta ley de la homogeneidad nosotros debemos captar nuestros comportamientos hacia Dios. Esta es la magna ley, y no que preguntemos si Dios nos quiere. Esta pregunta, de si Dios nos quiere, este amor de Dios nos ha pervertido. Esto es mucho decirlo ¿no? – Dios, quien creó el mundo, que tan generosamente nos ha dado bienes, todo esto nos pervirtió. Todo esto con lo cual Dios nos ha dotado – nuestra mente, corazón y voluntad –, con todo esto nosotros hemos abusado – nos hemos pervertido y hemos comenzado a decir groserías uno a otro. Por lo tanto, como no hemos comprendido el Amor de Dios, nosotros nos hemos creado el mal más grande. Pero, ahora llega otra ley: Dios ha entrado dentro de nosotros, lo observa todo, nos enseña a cómo amarle. Y cuando nosotros comencemos a amar al Señor, Él va a regular nuestros sentimientos. ¿Por qué tengo que amar al Señor? – Porque debe haber alguien que regule mis sentimientos. Mis sentimientos se van a regular solo entonces, cuando yo comience a querer al Señor. Esta es la vida eterna. La vida eterna reside en nuestro amor hacia Dios. Nosotros llegaremos a ser inmortales no cuando el Señor nos ame, sino cuando nosotros amemos al Señor. Algunos preguntan: ¿Es posible que lleguemos a ser inmortales? – Es posible. Esta es una posibilidad, este es un privilegio del hombre, de amar a Dios. Yo no os voy a decir cómo debéis amar a Dios. Vuestro amor hacia Dios no debe ser como el amor del bien amado hacia la bien amada, ni como el amor de la madre hacia el hijo, ni como el amor del amo hacia el siervo, ni como el amor del maestro hacia el alumno – el amor hacia Dios se distingue con una cualidad: confianza absoluta. Si llegamos a nuestro amor hacia Dios, si llegamos a amarle, toda duda debe echarse. Si llegamos al amor hacia Dios, ningunos razonamientos filosóficos nos hacen falta, porque los razonamientos filosóficos se refieren a un mundo más inferior, a la Tierra. Entre los ángeles no hay razonamientos filosóficos. Eh, ¿qué razonamientos filosóficos hacen falta para comprobaros de que soy fuerte? Comenzaré con una serie de hechos estadísticos para comprobaros que aún desde hace cuatro generaciones mi tatarabuelo, mi abuelo, eran luchadores, por lo tanto y yo soy un luchador. Bien, ¿no es mejor que sin tomar a mi tatarabuelo, a mi abuelo, que yo solo os muestre si soy un luchador? Diré aún ahora: Venid cuatro hombres aquí a mí. ¿Si los cojo y los levanto arriba en el aire, y los sostengo rectos como velas, estoy comprobando que soy un luchador? Antes de levantarles, les pregunto: “¿Me conocéis? – No te conocemos.” Los levanto, los sostengo en el aire. “¿Me conocéis? – Te conocemos.” Así alguien dice que es un hombre bueno. Le digo: Compruébame aún ahora que eres un hombre bueno. Nosotros tenemos a un hermano, él es un economista grande, es famoso con su economía. Él dice: “según yo, no está en dar mucho, en lo poco pero de corazón. Que des 10-15-20 céntimos, pero de corazón”. ¿Pues quién no da 10 céntimos de corazón? ¡Cinco, diez céntimos, esto era dar! ¿Pues por qué no dar todo, y de nuevo de corazón? Cuando llego a amar al Señor, yo daré todos mis bienes y esto también de corazón. ¡Esto es amor! Esta es una ley. El Señor no va a decir: ¡Da todo! Pero cuando llegue a amar al Señor, yo solo repartiré todos mis bienes. Que esta es una ley os lo voy a comprobar. Cuando aquella muchacha joven ama a aquel muchacho y se casa con él, para mostrarle que le ama le transfiere todos sus bienes. Un padre que quiere a su hijo, le transfiere todo. El amo quiere a su siervo – le transfiere todo. Algún rey quiere a alguien, le transfiere todo. Y vosotros ahora filosofáis: ¿Puedo yo darlo todo? – Puedo ¿por qué no? La gente mundana lo hace, mas yo comenzaré a razonar si puedo dar. Yo no disminuyo la importancia de la filosofía, pero hay un método más eficaz de razonar. En un caso dado, cuando un discípulo quiere solucionar una cuestión para sí, él debe manifestar su amor hacia Dios, debe manifestar el Amor de Dios dentro de sí mismo. Él debe ser callado, pero dentro de sí, en su corazón debe hacer todos los sacrificios. Pero, dice él: “¿Cómo puedo hacer esto, yo tengo hijos, mujer?” Pues si tienes hijos, tú no puedes ser un discípulo. Si tienes mujer, tú no puedes ser un discípulo. Vosotros ahora sacaréis otra conclusión. Digo: Si tienes una mujer que te ha puesto una correa, una yunta, tú no puedes ser un discípulo. Si una mujer te ha puesto una correa, ella no es mujer tuya. Si es tu mujer, ella debe decir: “Tú eres libre sin correa, sin yunta”. Si sostiene el aguijón, si sostiene las correas, ella no es mujer tuya, y tú no eres libre, tú discípulo no puedes ser. Cristo entonces te dirá así: “Cuando termines la escuela con tu mujer, cuando un día ella te expulse y quedes libre, ven a Mí”. ¡Ah, me va a expulsar! Sí, te va a expulsar y fuera irás. En este mundo no hay fidelidad. Esta es una verdad. Hay excepciones, ¿pero dónde están estas excepciones? ¿Qué hombre no ha expulsado a su mujer, y qué mujer no ha expulsado a su marido? Donde la mujer es más bella, la mujer expulsa al hombre, donde el hombre es más bello, el hombre expulsa a la mujer. ¿No es así? Así es, hay excepciones, pero las excepciones están solo donde el Amor Divino. Si una mujer no expulsa a su marido, en su conciencia hay algo más alto. Si en una mujer no está esta conciencia, por mucho que jure, no le creas, ella expulsará a su marido. Los turcos dicen: “Aunque lo oyes, de nuevo no lo creas”. ¿Cuántos hombres y mujeres han dicho: ¡yo te quiero, hasta la tumba te voy a ser fiel!? Y verdaderamente él es fiel a ella ¿hasta cuándo? – Mientras la mujer es bella, mientras tiene dinerito. Cuando pierde su belleza, cuando pierde su dinerito, la expulsa fuera. Mientras eres científico, mientras eres bello, cada uno te va a aguantar, cada uno te va a respetar, pero esto no es por ti, esto es por tu dinerito, por tu mente, por tu belleza. Mañana pierdes tu mente, todos dicen: “¡Este tonto allí, venga, dadle camino!” Para tal hombre ya llega una situación específica. La misma cosa ocurre con el hombre, con la mujer, con el amo, con el siervo, con todos en el mundo. Por lo tanto, todo lo que nosotros podemos perder, no compone algo esencial.

            Cristo se vuelve a este joven, el hombre rico y erudito, y le dice: “Vete, vende todos tus bienes y todo lo que tienes en tu tesoro repártelo a los pobres, y ven, sígueme. Entonces arriba en el Cielo tendrán un buen concepto acerca de ti, y tú aprenderás la magna ley”. Se cuenta de un conde Berozi, que se iba a la India de visita, para familiarizarse con los métodos de los yoguis. Él tenía una bien amada inglesa que le acompañaba a todas partes. Ella no sabía en qué consiste la fuerza del conde Berozi. Él se presentaba delante de ella como muy modesto, sin embargo, un día, como pasaban por las áreas boscosas de la India, él se alejo un poco, pero pronto oye un grito grande. Se dirige hacia ese lugar y ve que una boa grande se ha enrollado alrededor del cuerpo de su bien amada, solo su cabeza está libre, quiere estrangularla. Un poco quedaba para triturar las costillas de su bien amada. ¿Si vosotros estuvierais en el lugar del conde Berozi, qué hubierais hecho? El conde corre hacia su bien amada, pero la boa tan ágilmente se ha enrollado, como si quisiera decir: “y para ti hay lugar en mis pliegues”. Sin embargo, él tan ágilmente coge la boa del cuello que ella inmediatamente se relajó. Con esto él muestra que tenía fuerza en su mano. Pregunto: ¿Quién de vosotros no está rodeado con una tal boa? Yo veo a toda la gente rodeada con una boa a cada uno. ¿Dónde está vuestro bien amado que puede cogerla del cuello? Se requiere destreza, se requiere heroísmo. A esto le llamamos ley de la auto-negación, y aquel que no sabe cómo luchar, él pagará con su vida. A esto le llamamos amor, a esto le llamamos intrepidez. En este caso el conde muestra su mente, su fuerza, su razonabilidad y su nobleza. Él dice a su bien amada: “Cuando estás débil, sola no vayas”. La gente débil a lugares peligrosos no tiene derecho de ir sola.

            Así que digo: Nosotros debemos solucionar la cuestión importante en nosotros. ¿Cuál es esta cuestión? En el alma humana hay muchos vicios, muchas incomprensiones aparecen dentro de nosotros. Éstos son esos animales, estas serpientes, y nosotros debemos tener la fuerza del conde Berozi, su valentía interna, para apartarlos de nosotros. Esto de que un lobo está dentro de nosotros, no significa que él es algo adherido a nosotros, él es algo externo. Vosotros debéis probar la fuerza de Dios. ¿Cómo? – O vosotros solos, o este que os quiere, tiene que liberaros de la boa. Cuando vosotros camináis con Dios y esta serpiente se enrolla alrededor de vosotros, vosotros veréis la mano de vuestro Maestro, y la serpiente, bajo la fuerza de su mano soltará vuestro cuerpo y vosotros seréis libres. Esta libertad vosotros la sentiréis con la llegada de una paz interna. No hay cosa más bella en el mundo que esto, que el hombre sepa que él camina con Dios. Así como hasta ahora existimos en el mundo, Dios solo parcialmente se manifiesta en nuestra naturaleza y además no siempre. Dios se manifiesta solo en aquellos buenos momentos de nuestra conciencia. Abres tu corazón, te quedas bueno y Dios se manifiesta. Cierras tu corazón, te vuelves cruel, Dios no está. Así que, debemos saber que en todos los momentos de impulsos y actos nobles, es Dios quien actúa sobre nosotros, y Su mano nos libera. En momentos de avaricia, de tosquedad, el hombre sostiene estos animales dentro de sí y entonces Dios no se manifiesta. Nosotros decimos: “Señor, nosotros estamos listos de cumplir Tu voluntad”. Así dice la oración del Señor (“Padre nuestro” – n.d.t.). Pero llega aquella voz silenciosa desde dentro y te dice así: “¡Vete, vende todos tus bienes, repártelos a los pobres, ven, sígueme!” Alguna gente cuando ora, primero sostiene su cabeza hacia arriba, dicen: “¡Señor, Señor!” Pero cuando oyen esta voz, bajan la cabeza hacia abajo. ¡Cuán cierta es esta posición y en la vida! Se pone el muchacho bien amado delante de su bien amada, la cual con temblor espera que le haga una oferta para casarse. La madre y el padre permanecen en la otra habitación, y la muchacha espera con veneración cuando el bien amado le va a ofrecer. Él permanece callado, piensa y finalmente dice: “No puedo casarme con usted, porque las condiciones son tales” – y agacha la cabeza. Lo mismo es y con vosotros. Cuando alguien ora a Dios, el Señor le dice: “¡Vete, vende todos tus bienes y ven, sígueme!” Él, como no puede hacer esto, agacha su cabeza hacia abajo. No, no, sostendrás tu cabeza hacia arriba y dirás: “Señor, será así como has dicho”. Este es el heroísmo que cada uno tiene que mostrar. Todas aquellas discusiones nosotros podemos dejarlas para luego. Nosotros agradecemos a los filósofos por todos los sistemas filosóficos con los cuales no han ocupado hasta ahora. Nosotros agradecemos a todos los teatros, conciertos, que nos han ocupado hasta ahora, pero nosotros solucionamos ahora una pregunta importante. ¿Qué pregunta? – La pegunta de este hombre joven. En la Tierra la muchacha fácilmente puede solucionar la pregunta. Ella pregunta: “¿Me tomarás?” El muchacho pregunta: “¿Vendrás en pos de mí?” La muchacha espera, pero el muchacho dice que no se decide – y agacha su cabeza. El Señor ahora os pregunta: ¿Lo darás todo? – y espera por respuesta. Si agachas la cabeza, nada vas a dar. Si solucionas la cuestión correctamente, sostendrás tu cabeza hacia arriba. Es cierto que las espigas llenas siempre hacia abajo miran, pero y las espigas rotas siempre hacia abajo miran. ¿Hay pecado en esto si la espiga vacía, después de que fuera primero llena, después de vaciarse se levanta hacia arriba? Ésta dice: “Yo era rica, repartí todo a los pobres y ahora puedo erguir mi cabeza hacia arriba”. ¿Qué significa erguir la cabeza? Esto significa: “Señor, yo doy todo a Tu disposición y estoy listo de cumplir Tu voluntad”. Y así, de todos vosotros se requiere aquella presteza absoluta interna. Esta presteza – de que sigáis o no a Cristo – es por una libertad interna, nadie puede forzaros. Si decís: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?” – inmediatamente en vuestra conciencia sobresaldrá la respuesta: “¡Vete, vende todos tus bienes a los pobres, ven y sígueme!” Esta pregunta en nosotros, nosotros la solucionaríamos muy fácilmente. ¿Cómo? – Si tienes a una mujer que quieres mucho, y el Señor te diga así: “¡Vete, vende todos tus bienes y da el dinero a tu mujer, y después de esto ven y sígueme!”. ¿Qué dirá tu mujer? Si haces así, ella te tomará por un santo. Si actúas con tu amigo así, y él también te tomará por un hombre muy bueno. Pero, si el Señor te diga que vendas tus bienes y el dinero lo repartas a aquellos con los cuales tus conexiones son completamente diferentes, ¿cómo solucionarías la cuestión? El Señor te dirá así: “Para que veas cuánto te quieren tu mujer, tu hija, tu hijo, tu amigo, ¡vete, vende todos tus bienes y reparte el dinero a los pobres!” Si tu mujer, tu hija, tu hijo, tu amigo, aprueben este acto, sabe que todos te quieren, pero si se levanten contra ti, sabe que no te quieren y que contigo no pueden solucionar ninguna cuestión. Un día la mujer dice a su marido: “Yo te quiero mucho, no puedo vivir sin ti”. Él le dice: “El Señor me dijo que lo vendiera todo, que repartiera el dinero a los pobres, y yo lo hice”. Si ella frunce sus cejas descontentamente, entonces no le quiere. Pero, si le dice: “Esto lo que has hecho es muy bonito, esto es por mi corazón”, ella le quiere. Si el hijo te dice: “Muy bien has hecho, esto es por mi corazón” – éste es tu hijo. Si tu hija te dice: “Muy bien has hecho” – ésta es tu hija. Si tu amigo te dice: “Muy bien has hecho” – éste es tu amigo. Y si yo hago un acto bueno, y mi corazón se encoje, entonces yo no me quiero. Si siento en tal caso un apretamiento de mi corazón, entonces yo no estoy de acuerdo conmigo mismo. Alguna vez y yo no estoy de acuerdo conmigo mismo. En cada acto bueno yo debo ver si se expande o se aprieta mi alma. He aquí una cuestión que debe solucionarse por naturaleza. Aquí ya no se requiere lo más pequeño, sino la razonabilidad más grande, el amor más grande, con el cual podemos actuar en el caso dado. Si actuamos de esta manera, si solucionáis la cuestión así, vuestro rostro brillará, y en cambio de esto el señor os dará otras fuerzas. Si actuáis así, entonces abandonaréis vuestras pezuñas, vuestros cuernos. Si abandonáis vuestras pezuñas, os libraréis de vuestras yuntas. Si abandonáis vuestros cuernos, os libraréis de vuestros campos. Todos vosotros tenéis yuntas y decís: ¡pesado es este yugo!

            Yo hablo para los discípulos. Y así, ¡valentía se requiere! En la vida verdadera no tenemos qué juzgar. ¡Un pecado es este! Desde el punto de vista del Amor, ningún discípulo tiene derecho de juzgar a quien sea. Yo tengo derecho de juzgarme a mí mismo, y cuando me juzgo a mí mismo, debo dar un gran ejemplo. Cuando reparta mis bienes a los pobres yo daré un buen ejemplo. Esto es recto. Para todo aquello que el discípulo ha hecho, debe permanecer callado. Si habla mucho, nada ha hecho; si se calla acerca de aquello lo esencial, lo interno que ha hecho, esto es algo. Acerca de lo bonito, acerca de lo magno que has hecho, debes permanecer callado. Yo no puedo abrir mi cerebro para mostrar todas las células en él, para comprobar que yo soy un hombre científico, que mi padre, que mi abuelo era gente científica. Si yo tomo a comprobar algo con la apertura de mi cerebro, ¿qué sucederá conmigo? Si yo abro mi corazón para mostrar cuántos despliegues hay en él, ¿qué sucederá conmigo? No, ni mi cerebro voy a abrir, ni mi corazón voy a abrir. Si alguien quiere ver lo que sucede dentro de mí, que juzgue por mis actos.

            Y así, antes que nada, entre nosotros deben formarse comportamientos correctos: que seamos silenciosos y tranquilos. ¿Habéis sentido el silencio Divino? ¿Habéis estado a donde algún ser cuyo corazón, mente, alma y espíritu están conectados con Dios? ¿Habéis estado vosotros a donde un tal hombre, que sintáis qué silencio, qué alegría hay dentro de él? Yo no sé a qué otra cosa se puede asemejar tal hombre, salvo a aquella primera mañana primaveral, cuando las avecitas cantan, las flores florecen y por doquier sopla un aire puro, fresco, aromático. Tal es el estado del hombre cuando su corazón, mente, alma y espíritu están en armonía. Tal hombre ha solucionado todas las tareas en el mundo, él está listo a todo sacrificio.

            He aquí un ideal para viejos y para jóvenes. Los viejos, al actuar así se van a rejuvenecer, y los jóvenes, al actuar así fuertes llegarán a ser. He aquí el camino de la vida eterna – una tarea que tenéis que solucionar. Este es solo un bosquejo que he dibujado. Esta pregunta ya está hecha. Vosotros debéis solucionarla en tres direcciones. Si la habéis solucionado en la primera dirección, o sea, habéis encontrado la vida eterna, yo me alegro de vosotros. Si la habéis solucionado en la segunda y en la tercera dirección, o sea, si la habéis guardado, y si habéis utilizado las condiciones de esta vida, entonces digo: este es el camino Divino a través del cual vosotros podéis traer el bien a la humanidad.

            “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”

            Nosotros solucionamos la pregunta así: “¡Amad al Señor conscientemente con todo vuestro corazón!” Que este amor sea tan grande que seas capaz de sacrificarlo todo, y que tu alma se abra más.

             

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Sobre Jorge (Coordinador GHB)
Jorge es uno de los coordinadores de hermandadblanca.org, uno de los silenciosos fundadores del proyecto en el año 2006. Meditador y apasionado del desarrollo de la auto-consciencia.

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