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Somos + Paz tras el 24 de octubre

Pazoctubr

 

Nota de prensa • 29/10/10 • En la Categoría Educación y cultura

 

(Por Koldo Aldai).- Los convocantes valoran satisfactoriamente esta primera gran cita por la paz que nace dentro. Aún quedaron asientos vacíos pero se irán llenando. Irán llegando de todos los lugares, de todos los credos, de todas las edades y condiciones sociales. Aún quedaron sillas vacías en el gigantesco Palacio de Deportes de Madrid, pero había que comenzar algún día a llenar esos amplios aforos para la paz y el arranque fue extraordinario. En medio de las gigantescas y frías instalaciones deportivas ardió el fuego de la fraternidad. El 24 de octubre fue sólo el comienzo de un futuro trabajo aunado entre grupos y entidades que apuestan por esa sagrada paz que nace en el interior de cada ser humano.

 

Fundación Ananta, Fundación Valores-Carta de la Tierra, Instituto Potencial Humano y Fundación Cultura de Paz y fueron los convocantes de este “Contigo Somos + Paz-X aniversario de la Carta de la Tierra”. Detrás, todo un elenco de casi 50 organizaciones y personas físicas que se brindaron igualmente a apoyar tan importante cita de unidad. Había que comenzar a exteriorizar a gran escala la unión interna que se está fraguando, había que manifestar ya físicamente la fraternidad que está emergiendo. Escribimos para los que tuvieron la suerte de estar presentes en esa mañana grande, también para los que enviaron su espíritu, para los que no lo vieron con los ojos de la carne. La cifra de asistentes se acercó a los 3.000, lo cual constituye la mayor meditación por la paz y la fraternidad que nunca se haya realizado en nuestro país. Aún quedaron asientos vacíos, pero nos consta que por toda la geografía ibérica había muchas almas sintonizadas con esos instantes de profunda unión en lo interno.

 

Escribimos para la historia, para que se sepa cuándo los humanos comenzaron aquí a llenar grandes aforos deportivos en calve de armonía y conocordia, escribimos para un mañana en el que este género de actos estará a la orden del día. En el futuro será habitual confraternizar más allá de nuestros credos personales en lo más puro de nuestras almas. Será habitual unirnos en la palabra sagrada, en el silencio unificador, en la invocación aunada y poderosa, gentes de diferente filiación espiritual. A partir del domingo 24 de octubre ya será más fácil, pues hay precedente. Se podrá avanzar en este tipo de futuras unidades de acción, pues ya se ha ensayado. Os ofrecemos algunos breves, pero significativos extractos de los discursos de ponentes. Más difícil nos será atrapar la música de Ocno, Luis Paniagua o Ravid Goldschmidt, más difícil será atrapar los guiños traviesos de los duendes, describiros cuando los gnomos de la utopía de la “Fábrica de los sueños” remontaban los cielos empujándonos también a cada una de las miles de personas presentes, a la cumbre de la emoción. No, no hallaremos las palabras. Quizás las fotos que acompañan estas letras os sugieran algo de la ternura, el color y la fantasía con las que Marisa Tejada y sus duendes nos cautivaron a todo el público.

 

El acto lo presentó María del Pinar Merino, de Fundación Valores, quien fue dando la palabra a cada uno de los ponentes. Para que no hubiera duda alguna, María Toscano lo dejó bien claro desde el primer momento: la verdadera paz es una conquista de adentro. La catedrática y conocedora profunda de mística comparada, colocó el desafío de la paz bien cerca de cada quien: “El obstáculo de la paz somos nosotros mismos”. Invitó a ganar la “otroidad”, como parte de nosotros mismos, a “comunicamos de profundidad en profundidad, de alma a alma”.

 

Redondeó afirmando: “Siendo el otro, no tenemos que asimilar al otro”. Desde “nuestro propio lago interior” la oradora sugirió abrazar la infinidad y el universo. Ya en un plano más concreto, abundó en la verdad como necesidad pública: “Necesitamos la verdad como condición de paz”. Igualmente Toscano apuntó que no puede haber paz mientras perdure el hambre, la injusticia, la persecución, la ignominia, la violación… Por último vinculó la verdadera paz al amor, pero matizó que se refería a un amor profundo e incondicional, nada fácil, “amor como capacidad de comprender al otro, amor como plenitud del ser humano”. Sus últimas palabras fueron en referencia a la alegría como el fruto de la paz.

 

Por su parte, el cirujano Mario Alonso Puig quiso mostrarnos cómo transitar de un corazón en guerra a un corazón en paz. El argumento para ese mutuo respeto se manifestó contundente: “El otro es tierra sagrada”. Después puntualizó: “En realidad todo ser humano es tierra sagrada, aunque no esté en su mejor momento”. Ensalzó a continuación el valor de la compasión: “cuando el otro es agresivo conmigo, hay un profundo dolor dentro de sí mismo…” y de la misericordia, “que quiere decir enviar nuestro corazón al otro”. Seguidamente apuntó lo más difícil: “enviárselo sin plantearse siquiera, si el otro merece o no el corazón”. El médico y escritor condujo también sus palabras hacia el amor. Describió las diferentes formas de amor en función del grado de correspondencia que esperamos: “finalmente se ama sin necesidad de ser amado, sin otro deseo y otro gozo que el de amar”. Se despidió con un “Namasté”, que es un saludo en sánscrito que indica: “me inclino ante la luz y la belleza que hay en tu interior”.

 

Seguidamente Federico Mayor Zaragoza ejerció una vez más con fuerza y poder su liderazgo indiscutible en el marco de una ciudadanía consciente y comprometida. El viejo profesor y diplomático, el incansable defensor de los derechos humanos y trabajador por la alianza de las civilizaciones, se arrancó con fuerza: “Necesitamos una movilización general. Ya nunca más la mano armada, sino la mano tendida… La paz en uno mismo, en el hogar, en el aula, en el pueblo, en la ciudad…, la paz en el mundo entero”. A continuación arremetió contra el “adagio perverso”: “Si quieres la paz, prepara la guerra”, e hizo votos por un nuevo rumbo planetario: “La paz es el fruto del trabajo cotidiano. Todos los días hemos de luchar contra la pobreza. Todos los días han de ser para nosotros días de paz. Tenemos que estar a la escucha de los demás…”. Emocionó al auditorio cuando recitó la declaración de las Naciones Unidas, cuando lanzó ese llamado que él tanto ama: “Nosotros los pueblos, la gente…, tenemos que evitar la guerra a las generaciones venideras”. Obviedades que en su potente y ronca voz adquirían una emoción inigualable: “Todos somos iguales en dignidad…” No escatimó tampoco autocrítica: “Hemos ofrecido la vida a los designios del poder, a terceros. Hay que formar ciudadanos libres y responsables. Más allá de las formalidades de la democracia, hoy hay otras formas civilizadas de expresión. Contamos para ello con nuevos medios”. Apeló a desterrar la cultura del dominio y abogó por la gran transición hacia una cultura de conciliación y de paz. Animó en esa misma dirección a desvivirnos en favor del otro: “No podemos mirar para otro lado cuando observamos los pingües beneficios que obtienen las empresas occidentales en el tercer mundo a costa de mano de obra barata y agotamiento de recursos. No puede ser que haya gente que muere de hambre, cuando nosotros tenemos de todo”.

 

Seguidamente inculcó nuevo coraje a la ciudadanía allí representada: “Los ciudadanos somos los que dirigen el mundo, el mundo lo han de dirigir las democracias genuinas. No puede ser que sólo los más prósperos de la tierra, los que gozan de mayor poder político o económico nos dirijan. No debemos permitir que sean siempre los mismos”. Por último trajo hasta el palacio deportivo la presencia del poeta García Lorca, que hace algunas décadas ya había profetizado que no tardaría en llegar: “una gran explosión espiritual que permitiría a todos los seres humanos vivir iguales en dignidad”. He aquí las últimas palabras en la alocución de quien ha entregado su vida entera a la paz: “Caminemos hacia la interdependencia global y responsabilidad universal… El destino común nos hace un llamamiento para buscar un nuevo comienzo. Para cumplir esta promesa debemos cambiar de mentalidad y de corazón. “¡Contigo la paz es posible!”. Por último, subió a la tribuna de oradores quien suscitaría una y otra vez los aplausos de un público adherido a su mensaje. Joan Antoni Melé, con su invitación a ser consecuentes y responsables en la vida práctica de los ideales que proclamamos, terminó de ganar el corazón de los asistentes.

 

Melé hizo un llamado muy directo a cada uno de los presentes a implicarse de forma real con el nuevo mundo que ya está emergiendo y a privar de energía al sistema imperante. Pero antes de lanzarse a ganar para el compromiso ético y social a quienes atentos escuchábamos su discurso, contó la bella historia de una navidad en los frentes de la primera guerra mundial. Allí soldados de un lado y otro de las trincheras llegaron a confraternizar en unas fechas tan especiales. En medio del campo de batalla afloró de forma espontánea la paz y la concordia. Quienes se estaban matando optaron, siquiera por unos breves momentos, por los cigarros compartidos, el partido de fútbol y el mutuo muestreo de la fotos de los seres queridos…. Tras la bella historia real vino el argumento claro, rotundo, incuestionable: “Es muy fácil echar la culpa a la banca de los males presentes. ¿Son los bancos los codiciosos o somos todos los que hemos participado en la creación de este mundo? En treinta años que he estado en banca tradicional, entre las miles de personas que se han acercado a mi despacho interesadas por algún producto financiero, ninguna me ha preguntado por lo que hacíamos con ese dinero y sí por cómo sacar el máximo beneficio”.

 

Seguidamente le entró a su tema bandera: espiritualizar la economía. “La economía es el ámbito en el que todos nos relacionamos. Todos nos necesitamos, todos podemos tener una relación fraternal. Ahí empieza la nueva economía: descubrir cada quien sus capacidades para aportarlas al mundo en forma de trabajo. Ya no contagiar más miedo, sino descubrir quiénes somos y qué podemos aportar al mundo”. El peculiar banquero puso alto el destino humano: “Hemos creado una economía animal y sin embargo el ser humano no se guía únicamente por instinto. El ser humano puede estar por encima de las circunstancias, puede elegir crear, puede elegir su destino. Eso poco tiene que ver con el animal”. Melé argumentó sobre la necesidad de incluir la bondad al servicio de la transformación de la sociedad: “Tenemos más poder del que creemos. Hemos de aplicar nuestras capacidades al servicio de la humanidad. Los seres humanos somos un organismo global. Es vergonzoso que haya tanta gente que se muere de hambre, teniendo como tenemos la humanidad más poder económico y tecnológico que nunca”. Más adelante afloró el Melé más combativo: “El mercado no es libre. Eso es una falsedad. No existe la ley de la oferta y la demanda. Es falsa esa confianza en el mercado de, ‘tú preocúpate de lo tuyo que el mercado ya lo regulará todo’.

 

Lo que son inexorables son las leyes de la naturaleza… Lo que es sagrado es la dimensión del ser humano… El otro es tan sagrado como nosotros”. Después vino también su propia invitación a la rebelión: “No puede ser que nos dejemos seducir tan fácil. No debemos adaptarnos a esta sociedad que está enferma. Debemos cambiar el mundo.

 

Cada quien ha de ver cómo contribuye a la construcción de la nueva sociedad”. Y aportó también posibilidades prácticas de cambio: “A la hora de consumir y a la hora de ahorrar votáis. Cada adquisición, cada producto o servicio que contratáis es un voto. Habéis de ser conscientes de a dónde va vuestro voto. No podéis permitir que con vuestro dinero se hagan las cosas que se están haciendo”. Por último concluyó: “Ya no se debe tratar de educar para ganar dinero, sino para ser hombres y mujeres “de provecho” para la sociedad, como se decía antes. La motivación tiene que ser la ética, el deseo de cambiar el mundo. En un organismo cada parte, cada célula, afecta a las demás… Ha llegado el momento de que la gente tome en sus manos las riendas de su destino. Estamos en pie de paz”.

 

Marta Matarín, del movimiento internacional Brahma Kumaris, condujo la meditación final, los instantes mágicos en que nos pudimos sentir un solo ser, en un solo latido, en un solo pulsar de paz, unidos también al Cielo cualquiera sea la forma, los colores como cada quien lo pinte. Antes de sumergirnos en la profunda paz de la meditación, esta profesora de meditación señaló que “desconectándonos de nosotros mismos, de quien en realidad somos, no podemos alcanzar la paz”. Dejó claro que ser espiritual “no es sentarse en una nube y no hacer nada”, sino más bien “aprender a respetar todas las formas de vida, profundizar en el reconocimiento de nuestro verdadero ser, recobrar el equilibrio perdido, reconectar con la verdad y el amor profundos”. La alocución de Marta fue una invitación a la sencillez, a la responsabilidad, a la transformación, a la no violencia…: “Es conveniente alejarnos del consumo excesivo. La naturaleza humana necesita encontrar su oasis de paz. Necesitamos cultivar una visión elevada para el mundo”. En ese sentido Marta sugirió “visualizar la estrella que somos, la paz que somos, entrar en un espacio de silencio o de paz total como si estuviéramos bajo los rayos de un sol espiritual”. En esa misma línea práctica invitó a “absorber toda la paz, todo el amor que somos, a absorber toda la quietud de estos momentos”. En el ejercicio de meditación colectiva lanzó esta bella sugerencia: “Visualizad la tierra aquí con nosotros. Vamos a regalarle a la tierra la paz que estamos experimentando, el amor y el agradecimiento que en este instante sentimos. Sentimos la vibración de estos momentos. Sentimos la energía del sol espiritual brillando sobre nosotros, inundando toda la tierra. Esta es la semilla de la paz que está siempre con nosotros. Cuando deseemos la podemos hacer crecer…”. Las últimas palabras de Marta resuenan aún en nuestros corazones: “La paz está sólo a un pensamiento de distancia. Todos somos paz, irradiando paz al mundo. Paz, paz, paz…”Con el acto del Palacio de Deportes ha triunfado la paz, pero sobre todo ha triunfado el trabajo grupal, la unión de diferentes personas, grupos y fundaciones tras un alto ideal de fraternidad y paz interior. El evento del 24 de octubre ha abierto horizonte hermoso de nueva cooperación. La Tarea continúa. Sólo juntos podremos.

 

DATOS DE CONTACTO:

 

http://www.fundacionananta.org

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Sobre Jorge (Coordinador GHB)
Jorge es uno de los coordinadores de hermandadblanca.org, uno de los silenciosos fundadores del proyecto en el año 2006. Meditador y apasionado del desarrollo de la auto-consciencia.

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