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Superar a un padre tóxico parte I: Crecí con un padre sádico

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No todos los estilos de crianza son válidos, y las buenas intenciones no bastan para que los niños sean felices y desarrollen buena autoestima.

Antes que nada, los saludo con infinito afecto, queridos integrantes de la comunidad de Hermandad  Blanca.  Nuevamente, me encuentro muy emocionada de poder llegar hasta ustedes en esta plataforma de sabiduría, y en esta ocasión, con la primera parte de la entrega “Superar a un padre tóxico”.

Para poder estar en equilibrio espiritual,  debemos tener una adecuada consciencia de nosotros mismos, de lo que valemos y de lo que somos en realidad.

Sin embargo, esta consciencia se vicia profundamente cuando crecemos con padres tóxicos, y es por eso que miles de personas, por más que intentan, no logran encontrar paz emocional consigo mismos ni con los demás. 

En la entrega “Padres tóxicos”, que pueden encontrar en esta misma plataforma de Hermandad Blanca, hicimos un breve pero conciso recorrido por tres de los estilos de parentalidad tóxica más frecuentes, y exploramos los rasgos particulares de los padres sádicos, de las madres asfixiantes y de los padres débiles o demasiado permisivos.  Ahora que ya sabemos identificar si crecimos con una dinámica similar, es momento de reflexionar sobre las consecuencias que dicha crianza tuvo en nuestra personalidad, y, por supuesto, las estrategias para superarlas y seguir adelante con un sano sentido de nosotros mismos.

Crecer con un padre sádico es difícil en todos los niveles. No sólo por que generan una infancia marcada por malos recuerdos y humillaciones de todo tipo, si no porque además,  el niño no alcanza a desarrollar adecuadamente un sentimiento de verdadero amor propio.

Aclaración sobre el significado de “padre sádico”

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La línea entre un padre sádico y un abusador de menores es delgada, pero la diferencia es que el primero no podrá en riesgo la integridad física del menor, sólo la emocional

Antes de continuar, me gustaría aclarar que cuando nos referimos a un “padre sádico” nos referimos a una persona con una tendencia de la personalidad muy acusada hacia el control y la imposición, que, si bien parece necesitar en cierto grado de infligir dolor a los demás y abusa emocionalmente de quienes considera más débiles,  no excede los límites que la ley marca en las libertades que puede tomarse con su progenie. Por ejemplo, hay una diferencia entre dar una bofetada, que en sí es abuso, pero no pone en riesgo la vida del menor, que darle una golpiza con lesiones de verdad, lo cual va más allá del nivel de parentalidad sádica que estamos explorando aquí.  En este segundo caso, se trata de conductas delincuenciales muy graves que dejan marcas físicas y emocionales casi imposibles de quitar, y el niño debería ser retirado de la custodia de un adulto así de inmediato.

También quiero aclarar, además del hecho de que “padre sádico” es un eufemismo que no se equipar con el “sádico clínico”, que el padre sádico puede ser el padre, la madre o el tutor. Simplificamos el término a “padre sádico” por el sencillo hecho de que a nivel estadístico, son los padres varones quienes presentan más propensión a estas actitudes. Quizá como resultado de la cultura hetero patriarcal y machista en la que seguimos viviendo, pese a los avances de la modernidad en materia de género. 

¿Cuáles son las consecuencias de crecer con un padre sádico?

Son muchas las dificultades anímicas, emocionales y psicológicas que debe enfrentar a lo largo de toda su vida una persona que tuvo que crecer con un padre con este estilo de crianza. No sólo se trata de una infancia difícil. El niño forma una imagen de sí mismo que se corresponde con el contrario emocional de su padre sádico, así que se interpreta a sí mismo como hijo masoquista. Así, en todos los aspectos de su vida puede llegar a aceptar la sumisión, la falta de control y el abuso a su persona como cosas normales.

Entre las principales características de los hijos de padres sádicos podemos encontrar:

Constante auto desprecio

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Amarse a sí mismo a veces resulta imposible para las personas que crecieron con un padre sádico

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Los hijos de padres sádicos han tenido que enfrentarse durante toda su infancia a numerosas humillaciones.  Precisamente, una de las herramientas favoritas de este tipo de padres para tener el control absoluto de sus hijos, es humillarlos frecuentemente.  Sin embargo, aunque algunas personas puedan  pensar que esta es una manera dolorosa pero eficiente de enseñarle una lección a un niño o evitar que reincida en ciertas conductas, la pedagogía nos ha enseñado que lo único que verdaderamente logra es mermar considerablemente, y muchas veces de por vida, el amor propio del  niño.

Así, conforme va interiorizando estas humillaciones y las vuelve parte de sí mismo, el niño crece considerando que la humillación es parte natural de la vida, y comienza a infringírsela él mismo  y  consolidar la falsa creencia de que es tan poca cosa que merece ser tratado de esa manera.

Sentimiento de desesperanza

Como los padres sádicos realmente no se ven satisfechos con nada, el niño desarrolla un profundo sentimiento de desesperanza por que, por más que lo intente, nunca parece ser lo suficientemente bueno como para agradar a sus padres.  Al principio, es demasiado joven para comprender que parte del estilo de crianza es precisamente nunca demostrarle al niño que se encuentran satisfechos con él, así como buscar activamente cualquier mínimo error que recriminarle.

Estas aspiraciones para un perfeccionismo irreal que vienen de las expectativas patológicas de los padres y de la necesidad de señalar errores donde no los hay,  hacen que el niño se convierta en un adulto que nunca se atreve a nada porque está seguro de que fallará.

Temen a las figuras de autoridad

Un niño que ha crecido con esta dinámica, aprenderá que el miedo y el respeto son la misma cosa, así que vivirá atemorizado de cualquier figura de autoridad. De nuevo, esto redunda en que se convierte en una persona poco asertiva, que no se defiende y de la cual es sencillo abusar.

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El miedo y la impotencia son sentimientos constantes para estos niños

Profunda impotencia

Normalmente, los hijos de padres sádicos tienen las manos atadas al capricho de sus padres, que son figuras de autoridad inamovibles que no escuchan argumentos.  El problema que aparece en relación a esto es que estas personas sentirán que no está en sus manos cambiar el rumbo de sus vidas, así que eventualmente dejarán de intentarlo del todo. Además, dejarán de intentar defenderse ante las injusticias o las agresiones de otros, pues desde niños han aprendido que no tiene caso oponer resistencia ante algo que es más fuerte.

Creen que lo hace todo mal

En la misma línea de lo anterior, estos niños, sin importar que hagan las cosas bien o incluso que sobresalgan en  alguna actividad, sienten que no son lo bastante buenos y se consideran básicamente mediocres. Curiosamente, esta idea constante de que deben esforzarse más que los demás para alcanzar resultados similares, muchas veces hace que su rendimiento en algunas áreas sea muy superior, como en el caso de algunos deportistas olímpicos, aunque a un costo emocional muy elevado.

Se comparan todo el tiempo

Para el hijo que ha crecido en una dinámica de crianza con un padre sádico, el otro siempre será mejor. Esto se debe a que  la figura de autoridad constantemente se encontraba comparándole con otros niños, destacando las virtudes de aquellos contra los defectos de su  propio hijo. Así, el niño crece convertido en un adulto que está acostumbrado a idealizar a los demás, y le cuesta y trabajo interpretar de manera objetiva las personalidades y logros de otras personas. En el peor de los casos, puede desarrollarse un estado permanente de rencor y de envidia.

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Los hijos de padres sádicos tienen muchos problemas para defenderse s í mismos

Baja autoestima

Los padres sádicos ejercen el control comparando todo el tiempo al niño consigo mismos y con los demás, dejándolo en una clara posición desventajosa desde la cual sus hijos comienzan a generar una visión muy poco favorecedora de sí mismos.  La baja autoestima lleva a las personas a vivir en un estado de ansiedad y de infelicidad permanente.

Vulnerables a la culpabilidad y al chantaje

Así mismo, un niño que ha crecido con un padre sádico arrastrará hasta la vida adulta una particular vulnerabilidad a sentir culpa por medio de un chantaje, lo cual lo lleva a tener relaciones emocionales muy poco saludables en las cuales siempre sale perdiendo.

¿Cómo superar a un padre sádico?

Como podemos ver, un padre sádico no se limita a generar recuerdos infantiles dolorosos, sino que deja una huella permanente en la personalidad y el estilo de vida del niño, que cuando se convierte en adulto arrastra un bulto muy pesado de falsedades emocionales que lo hacen sentirse indigno de todo y poca cosa. Este sentimiento puede reflejarse de muchas maneras, desde personas extremadamente pasivas y que permiten todo, hasta nuevos sádicos que intentan paliar su falta de autoestima invirtiendo la dinámica de víctima y victimario que tuvieron que vivir. Sea cual sea el resultado adulto de este tipo de parentalidad, es importante soltar el lastre que ésta nos impone para poder convertirnos en seres humanos libres, felices y autónomos. No es un proceso sencillo, y la mayoría de las veces se requiere ayuda profesional, de un psicólogo o de un terapeuta, para poder lograrlo.

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Es muy frecuente que las víctimas de padres sádicos terminen convirtiéndose en victimarias.

Sin embargo no es  imposible,  de hecho, es un tema de responsabilidad con uno mismo. En lugar de tratar de esconder las cicatrices que dejó el pasado, debemos afrontarlas y curarlas por doloroso que sea el proceso. Y para ello, podemos segur los cinco pasos generales que explicamos a continuación:

1.- Aceptar

Aceptar se refiere a admitir que tuvimos un padre sádico. Suena fácil, pero para las personas que verdaderamente vivieron una infancia así, es una tarea titánica. Como habíamos mencionado en la entrega de padres tóxicos sobre parentalidad sádica, gran parte de la dinámica en este caso es implantarle al niño una especie de programación de culpa cada que intenta si quiera cuestionarse las acciones de sus padres. Esta programación evoluciona y en la edad adulta se convierte en una especie de veneración lejana y de idealización de las figuras de autoridad que hace muy difícil reconocerlas tal y como fueron en su momento.

Acepta que crecimos con este tipo de padres genera, en primera instancia, mucha culpa. Y una vez que esa culpa se supera, genera sentimientos de dolor, rabia, venganza y rencor. Es natural que muchísimas personas no quieran enfrentarse a este segundo trauma y pasen la vida escondiendo las heridas “bajo la alfombra”. Por desgracia, este trámite es una antesala necesaria para curar verdaderamente y ser personas libres capaces de amarse a sí mismas.

A veces, es imprescindible buscar ayuda profesional que nos apoye y no dé soporte durante estos difíciles momentos.

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La ayuda de un profesional puede ayudar a superar a un padre sádico

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2.- Perdonar

Si aceptar resultaba difícil, perdonar puede serlo aún más. Ya que no se trata de un perdón superficial y no basta expresarlo con palabras; hay que sentirlo verdaderamente. Perdonar, como muchas personas pueden llegar a pensar, no es tanto decretar que alguien no nos hizo daño, como decretar  que no nos volverá a lastimar, ni siquiera con el rencor que pudiéramos cargar por sus acciones pasadas.

El perdón es un acto en el que, de manera inicial, nos desprendemos voluntariamente de todo lo negativo que nos hizo una persona y renunciamos honestamente, en un compromiso con nosotros mismos, a envenenarnos con cualquier tipo de necesidad de venganza o dolor posterior.  Es un acto de amor hacia uno mismo,  y la amabilidad del acto de perdonar  otro es sólo una derivación secundaria del acto de salvarse a uno mismo del veneno.

En este caso, la tarea es difícil porque no sólo hay que perdonar al padre sádico, también hay que dejar ir “perdonándonos” todos los sentimientos de culpa que nos hizo sentir. Así que es un acto de complejidad doble que, de nuevo, puede avanzar muchísimo más rápido con algo de ayuda profesional o espiritual.

3.- Soltar

Una vez que hemos aceptado y perdonado, sigue el proceso de soltar. Soltar absolutamente todas las cosas negativas que nos ha dejado una parentalidad sádica. Todas las ideas falsas y preconcebidas que nos implantaron cuando niños, incluyendo aquellas sobre nuestra falta de valía. Dejar ir absolutamente todas las comparaciones que hacemos entre nosotros mismos y los demás, los miedos, las auto recriminaciones, etc. En general, hay que dejar ir buena parte de nuestra idea de nosotros mismos.

El problema que aparece en este proceso es que, aunque resulta muy liberador, poco a poco la persona se da cuenta de que se está deshaciendo básicamente de toda la construcción simbólica que tenía sobre sí misma, y puede pasar de tener una mala autoimagen, a no tener ninguna en absoluto. Sin embargo esto es normal y es parte del proceso, ya que despeja el camino para la cuarta y quinta etapa del proceso.

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Dejar ir el dolor es un paso imprescindible para superar a un padre tóxico

4.- Reconocer

El paso de reconocer se refiere a aceptar todas las cosas buenas que quedan de nosotros mismos una vez que hemos soltado las ideas falsas que nos impedían ver nuestro propio valor, nuestros talentos y nuestros puntos fuertes. Aceptar que también tenemos virtudes es la base a partir de la cual reconstruiremos nuestra concepción de nosotros mismos.

Para concretar con éxito esta etapa, el secreto es la objetividad. Necesitamos estar dispuestos a aceptar nuestras victorias, aunque nos hayan educado en la dirección contraria. Aceptar nuestras virtudes y talentos y dejar de depender de un crítico interiorizado al que no se le puede dar gusto.  Quizá después del proceso de depuración de soltar, no encontremos demasiados puntos fuertes, pero los que encontremos serán los cimientos de lo que vendrá después.

5.- Reconstruir

Es la etapa final y más larga del proceso, pues llegado a este punto, continuaremos mucho tiempo “reconstruyendo” todo lo que tuvimos que demoler en la etapa de soltar. Reconstruir no es tan rápido como destruir, por lo cual a veces la lentitud del  proceso puede generar sentimientos de desesperación y de que no estamos avanzando. Pero es perfectamente normal, sólo se trata de tener paciencia.

Para reconstruirse, las personas deben usar el amor hacia sí mismas como su herramienta principal, enfocando todas sus energías en actividades saludables y significativas que poco a poco vayan generando un sentimiento de valor, de pertenencia y de confianza. Es, a grandes rasgos, todo un giro transcendental en la manera de vivir que requiere mucho valor y mucha  fe en uno mismo.

La libertad emocional es posible

Como podemos ver, superar una parentalidad sádica no es tarea sencilla. Ni siquiera reconocerla. Pero la realidad es que todos merecemos vivir con la capacidad de amarnos y cuidar de nosotros mismos, y no sólo tenemos el derecho, sino también la responsabilidad de hacerlo, porque ser felices es nuestra única misión en esta vida.

 

No dejen de acompañarnos en la siguiente entrega “Superar a un padre tóxico parte 2: Crecí con una madre asfixiante”, y compartan con la comunidad de hermandad blanca todas sus ideas y comentarios.  ¡Un enorme abrazo de luz para todos!

AUTOR: Kikio, redactora en la gran familia hermandadblanca.org

 

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Sobre Kikio (Redactora GHB)

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