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Una perspectiva espiritual sobre la juventud, la madurez y la vejez por Gerrit Gielen

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Una Perspectiva Espiritual sobre la Juventud, la Madurez y la Vejez

Noviembre 19 de 2014

Si aceptas lo que dicen los periódicos sobre envejecer, eso sería lo peor que le puede suceder a un Ser Humano. Y para la sociedad en general, una sociedad que envejece es percibida como un desastre. Hogares para ancianos atestados, servicios de salud inasequibles, demencia; y deterioro general, es lo que hemos llegado a asociar con envejecer.

Todos estamos envejeciendo. Con cada segundo que pasa perdemos un poquito de nuestra juventud. Es un proceso natural al cual están sujetas todas las criaturas vivas. ¿Cómo puede ser que hayamos llegado a odiar un proceso tan natural? ¿Hay algo mal en la naturaleza? ¿O hay algo mal en nosotros, en nuestra manera de pensar sobre envejecer?

¿Realmente cómo se sienten las personas mayores sobre esa “temida” vejez? Las investigaciones científicas que miden la felicidad en relación con la edad muestran una curva en forma de U. Las más felices son las personas más jóvenes y las mayores. Es más probable que durante tu edad mediana seas más infeliz que en tu juventud. ¡Las investigaciones muestran que inclusive las personas mayores son un poco más felices que las jóvenes!1 ¿Cómo es posible eso? ¿Cómo puede ser que aunque la edad esté asociada con muchísimos problemas, de todas maneras las personas usualmente comienzan a sentirse más felices? Examinemos el ciclo vital de un Ser Humano desde una perspectiva espiritual.

Nacimiento: La pérdida de nosotros mismos

Desde el punto de vista espiritual, nacer es sumergirse en la materia. Abandonamos el reino del Alma, una atmósfera de alegría y paz. En el reino del Alma no existen las restricciones de tiempo y espacio, ni la sensación de separación que experimentamos en la Tierra. La libertad es un don natural. Aún más, todo nuestro entorno irradia belleza, Amor y armonía; el temor y el sufrimiento están ausentes. Con todo, en algún momento aceptamos la invitación de la Madre Tierra para nacer como un Ser Humano. En cada nacimiento comenzamos un largo proceso de descender a la atmósfera física y conectarnos con ella. En la literatura antigua el nacimiento del Alma encarnada es llamado “el encadenamiento del Alma”. El Alma aterriza en el restrictivo y denso reino de la materia, en el cual cada Ser parece separado de los demás. En esta atmósfera el Alma tiene problemas para mantenerse en su vibración natural, no pertenece aquí; y solamente puede sobrevivir retirándose regularmente. Este retiro es lo que llamamos sueño; y es esencial no solamente para nuestro cuerpo, sino también para nuestro espíritu.

Aunque el nacimiento marca el comienzo de una nueva encarnación, el proceso del descenso del Alma está aún lejos de terminar. El descenso continúa hasta la edad de alrededor de 14 años. Alrededor de esa edad, la inmersión en la materia ha alcanzado su máximo: Como adulto habitas plenamente en el reino de la materia y de la sociedad Humana. Desde la perspectiva de tu Alma, es cuando estás más alejado de tu Fuente, del Reino Celestial de donde provienes. En la parte más profunda de la Encarnación, la distancia del origen es la más grande. Durante la niñez, aún es fuerte el vínculo con la esfera original del Alma. Los niños a menudo son intuitivos, espontáneamente alegres y totalmente absorbidos en el momento; estas cualidades son naturales para el Alma. Disfrutar y explorar la vida de manera juguetona y desinhibida es natural para el niño, así como para el Alma. Desafortunadamente nuestra sociedad ha llegado a estar dominada por una distorsionada y masculina noción de la espiritualidad, que no reconoce estas cualidades como espirituales, sino que las ve como señales de inmadurez. Esta pesada y adusta presentación de la espiritualidad realmente no se deriva de la cristiandad original. En la Biblia, aún hay trazas de la perspectiva del Alma. En Marcos 10:14, por ejemplo, Jesús dice: “Dejad que los niños vengan a mí, no los detengáis, porque a ellos les pertenece el Reino de Dios”.

Pubertad: El descenso

Antes de llegar a la adultez está la fase de transición de la pubertad, seguida por la primera adultez. La consciencia desciende más profundamente hacia la atmósfera material; la distancia de nuestra Alma se hace más grande. La felicidad natural y la autoconfianza de la niñez se han perdido. Surgen dudas y temores; ya nada se da por hecho. Habrá rebelión e incertidumbre. La resistencia usualmente se enfoca en los alrededores: Los padres, la escuela o la sociedad en general; frecuentemente todos están bajo escrutinio crítico. Inconscientemente, son culpados por la pérdida que siente el adolescente y el adulto joven. Pero esencialmente, su rebelión se dirige contra el desarrollo interno: El profundo descenso hacia el reino terrenal y una mayor separación de la Fuente.

En el reino del Alma, tener un lugar único dentro del todo es un don natural. No dudas de tu derecho a existir e intuitivamente sientes que tu rol está dentro del esquema mayor de las cosas. El conocimiento de que el Cosmos no está completo sin ti, de que eres una parte integral del total mayor, te hace sentir seguro y cuidado. En la pubertad se pierde la consciencia de ello; y esto da lugar a una crisis de identidad. Esta crisis puede ser tan abrumadora que las personas jóvenes se hacen adictas a las drogas o al alcohol; y en algunos casos inclusive cometen suicidio. Tales actos de desesperación frecuentemente se originan en un profundo deseo de restaurar la conexión con el Alma.

Sin embargo, afortunadamente la resistencia no es la única característica de este período. La pubertad y la adolescencia también son un tiempo en el cual se exploran con entusiasmo y curiosidad muchos aspectos de la vida terrenal. Podemos estar interesados en la naturaleza, en la música, en la literatura, en explorar nuevas y provocativas ideas intelectuales. Se incrementa el interés en otros: Nos enamoramos por primera vez. Quizá lo más importante es que comenzamos a sentir nuestra propia originalidad, nuestra individualidad. Cada Alma es única y trae a la Tierra sus semillas únicas, las cuales germinan durante la niñez y brotan durante la adolescencia. Frecuentemente durante esta fase de la vida afloran pensamientos y sentimientos originales que tendrán duradero impacto en el propio futuro y tomarán forma definitiva en la adultez.

Si todo va bien, la pérdida de la niñez coincide con un período de redescubrimiento de quien eres, independiente de tus padres y de tu crianza. Ese redescubrimiento asegura que a largo plazo la rebelión cederá; y la corriente de la vida te llevará a lugares nuevos y excitantes. El don más valioso que le puedes dar a alguien que pase por la pubertad y la primera adultez, es la confianza. Confía en que hay una senda y un lugar para ellos en este confuso Mundo, sin importar cuán “diferentes” sean, sin importar su aparente incapacidad para encajar. Es precisamente su originalidad, su individualidad, lo que el Mundo necesita y lo que contiene la contribución única de su Alma.

Adultez: La parte más baja de nuestras vidas

La adultez, la cúspide de la vida física, desde la perspectiva espiritual es la parte más baja de la vida. La distancia del reino del Alma, de nuestra propia Alma, está ahora en su máximo. Ahora es cuando estamos más lejos de nuestro origen espiritual. Estamos totalmente inmersos en el reino material y hemos llegado a identificarnos con nuestra personalidad Humana y con nuestros logros. Durante esta fase es cuando, en promedio, los Humanos son más infelices. El Mundo físico con sus leyes y restricciones es experimentado ahora como la única realidad. Ahora hay muchísimo interés en el dinero y las propiedades, en el status social y el trabajo duro. Esta fijación provoca que las personas se olviden aún más de sí mismas. Frecuentemente, la identificación con el reino material es tan fuerte en la adultez, que uno tiende a sentir que eso es todo lo que existe; y que la vida gira alrededor de estos asuntos. Las creencias espirituales pueden estar presentes, pero frecuentemente se derivan de las religiones tradicionales que se basan ampliamente en el temor y el dogma. Las religiones tradicionales tienen una imagen distorsionada de la espiritualidad; y frecuentemente hacen más mal que bien. Desde la perspectiva espiritual, lo más importante que un adulto puede lograr es cuidar las semillas que ha traído a la Tierra como Alma; y permitirles crecer hasta convertirse en bellas flores. Esta es nuestra misión real; y solamente se puede cumplir permaneciendo veraz con uno mismo, no dejándose arrastrar por las presiones y reglas de la sociedad.

Muy frecuentemente, fallamos en esta misión. En la adultez, los ideales de la adolescencia y de la pubertad; y los deseos y sueños de la niñez, frecuentemente son vistos como inviables y cándidos. Después de todo, no encajan con lo que la sociedad parece esperar y considerar realista. Formas auténticas de autoexpresión que aún están allí, pueden ser rotuladas como egoístas, irresponsables, o incluso insanas. “Actúa normalmente, compórtate como un adulto responsable”. Tenemos que encajar en el molde social o de lo contrario no pertenecemos. Trabajar 40 horas a la semana y tomar tres semanas de vacaciones al año. Yo recuerdo la tristeza que sentía el día que entré al jardín infantil. A los cuatro años, Yo ya podía sentir lo que estaba planeado para mi futuro: Años y años de escuela y luego de trabajo. Me preguntaba cuándo volvería a ser libre. Al final de la escuela primaria, durante un examen me preguntaron qué quería ser más tarde en la vida; y mi respuesta fue “rentista”. Solamente quería volver a ser libre; Yo no quería ser forzado en un sistema que me decía qué hacer y qué no hacer.

Afortunadamente, durante mi vida adulta me las arreglé para encontrar un cómodo trabajo de tiempo parcial que me permitía trabajar no más de tres días a la semana. Otras personas pensaban que era raro que Yo, como un hombre adulto, no tuviera carrera y tuviera poca ambición; y prefiriera andar por la naturaleza, leer libros y tener conversaciones filosóficas con mis amigos. Antes de estar en mis cuarentas no me había dado cuenta de que era aceptable e incluso practicable ser tan diferente. Convertí mis aficiones (pensar en filosofía y espiritualidad, practicar la hipnoterapia) en trabajo. Eventualmente abandoné mi trabajo de tiempo parcial. Descubrí que podía ser libre, hacer las cosas que realmente me gustaban y vivir de hacerlo. La clave era la confianza: Tener fe en los dones originales y únicos que tiene mi Alma; y confiar en que la Tierra me daría la bienvenida y me recompensaría por compartir estos dones. Con esa comprobación, comencé el camino “ascendente”, el regreso a mi naturaleza espiritual.

Envejecer: Otra vez el camino “asciende”

Cuando nos hacemos mayores, volvemos a comenzar el camino “ascendente”, de regreso al Alma. Ya ha pasado el punto de estar completamente encarnado e identificado con el reino material. Podemos abandonar este enfoque unilateral y frecuentemente somos impulsados a hacerlo por los desafíos vitales que encontramos, o por ser confrontados por la creciente fragilidad de nuestros cuerpos. Otra vez estamos “ascendiendo” para retornar eventualmente a la Fuente. El movimiento natural de envejecer es crecer hacia la Luz, identificarte con la realidad mayor de tu Alma, en lugar de con la finita y limitada realidad de nuestro cuerpo y nuestra personalidad. Consecuentemente, desde el punto de vista espiritual, cuando envejeces te haces más en lugar de menos: Es más probable que se incrementen la sabiduría, la confianza y la alegría.

Un Ser Humano que envejece con naturalidad y gracia es consciente de que es mucho más que su Yo Terrenal. Se da cuenta de que su verdadero Yo está por encima de los papeles que ha desempeñado en el reino material de la Tierra. A medida que el dominio de esta realidad disminuye, comienza a darse cuenta de quién es en realidad: Un ser eterno de Luz viva.

Desafortunadamente, este proceso elegante y natural es frecuentemente obstaculizado por creencias sociales profundamente incrustadas. Vivimos en una sociedad que, por lo general, cree que esa realidad física es todo lo que existe, que no existe un verdadero Yo más allá del Yo Terrenal; y consecuentemente envejecer es algo malo. Las personas han llegado a estar completamente identificadas con su cuerpo físico y su personalidad. Envejecer se asocia con pérdida y decadencia, con un movimiento hacia la inexistencia. Consecuentemente muchas personas se oponen al proceso mismo de envejecer; y esta resistencia interrumpe la Ascensión natural hacia el Alma y hacia más alegría y Luz. Oponerse al proceso de envejecimiento crea una profecía auto-cumplida: Aquello que temes se convierte en realidad por causa de que le temes. La resistencia provoca que uno se aferre a la dimensión física y al cuerpo. Éste aferramiento es una negación y un apartamiento de tu Luz interna; y tiene varias consecuencias trágicas para el Humano que envejece.

– Primero, el cuerpo que envejece podría beneficiarse enormemente sintiendo más profundamente una conexión con el Alma. Cuando durante el proceso de envejecimiento una persona se conecta con el reino del Alma, la energía del reino espiritual fluye más fuertemente a través de su cuerpo. El cuerpo es elevado y revitalizado por la Luz y la alegría de este reino; y obtiene de ello fortaleza y salud extras. Los achaques de la edad mayor tienen menos efecto en él. Pero si la consciencia no se enfoca en lo que yace más allá de lo terrenal; y se aferra desesperadamente a lo físico, el cuerpo tendrá que estar sin esta energía adicional. Esto incrementa los riesgos de problemas de salud.

– Segundo, en la sociedad en general las personas mayores podrían cumplir un importante papel: Irradiar consciencia y sabiduría espirituales a las generaciones más jóvenes que están enfocadas en el reino físico y en las exigencias de la sociedad. Por medio de su experiencia vital y de su creciente conexión con la dimensión del Alma, las personas mayores pueden tener una influencia positiva en las personas más jóvenes, compartiendo su Luz, su discernimiento y su Compasión. Pueden ofrecer una perspectiva más amplia de las cosas y escuchar con paciencia. Por naturaleza, todos sentimos en las personas mayores más sabiduría, paz y serenidad.

La influencia positiva de los mayores se puede expresar de varias maneras: Desde una influyente personalidad espiritual, hasta una dulce y sabia abuela a quien toda la familia acude para recibir consejo. También hay escritores, artistas y terapeutas, quienes a una edad muy avanzada están haciendo un trabajo excepcional; y sin saberlo inspiran a muchas otras personas. Las personas mayores son el puente entre el reino de la intemporalidad y el mundo práctico de la vida diaria. Una sociedad en la cual no es reconocido el valor de la edad mayor, es una sociedad que ha perdido su conexión con lo espiritual. Entonces vemos una sociedad corriendo frenéticamente: Mirad en torno.

Cuando el Humano que envejece no puede ocupar su lugar natural en la sociedad, sufren tanto la sociedad como el anciano mismo. La vida de un anciano tiende a volverse solitaria, pequeña y aburrida. ¿Acaso no es trágico que un Ser Humano sea marginado precisamente en la edad en la cual es idealmente apto para el trabajo espiritual? ¿Habéis oído de un escritor o un artista que se retira cuando cumple 65 años? Tan sólo imaginad cuántos grandes libros y grandes obras de arte nos perdemos cuando estas personas tienen que atenerse a la insana regla de dejar de trabajar a los 65 años. En este momento estoy leyendo las memorias de Claude Lanzmann, nacido en 1925, autor de la película Shoah2. Estoy sorprendido y tocado por la erudición, la sabiduría y la riqueza de este libro. ¡De acuerdo con los estándares de nuestra sociedad, este hombre habría tenido que retirarse hace más de 20 años y no haber hecho nada! ¡Absurdo! Las personas mayores están siendo menospreciadas y se menosprecian: El resultado es la degeneración física y mental.

Vejez: Cinco sugerencias para iluminar el camino

Para encontrar una manera natural y graciosa de envejecer en nuestra sociedad, que tiene imágenes tan negativas sobre la vejez, se requiere un cambio radical en la manera de pensar. Aquí hay algunas sugerencias.

Olvida todo lo que la sociedad te dice sobre envejecer y ser mayor

La visión que tiene la sociedad sobre la vejez no es espiritual. La sociedad no ve a los seres Humanos como portadores de un Alma intemporal, sino como organismos físicos que gradualmente se deterioran y se hacen inservibles. Pero cualquier ser Humano que experimente la vida con el corazón y la mente abiertos, concluirá que en la vida hay más que esto. La vida tiene una dimensión espiritual; y realmente esta dimensión es mucho más fundamental que la física. Como anciano, puedes conectarte más fácilmente con esa dimensión y recibir de ella inspiración y fortaleza.

Date cuenta de que nunca se pierde nada

Nada ni nadie se “pierde en la noche”; todo lo que tiene valor perdura. Una de las primeras cosas que encontramos después de morir y tener acceso al otro lado, es que todo aún está ahí. Los miembros de nuestra familia y nuestros queridos amigos, el mundo de nuestra niñez, nuestras más queridas experiencias; todo está aún allí. Y podemos conectarnos con nuestros seres queridos, o revivir algunas experiencias si así lo elegimos; todo está allí para nosotros. Al fluír con la vida y entregarnos al proceso de envejecimiento, alcanzamos esta dimensión intemporal donde todas las cosas de sustancia real se preservan. Si nos atrevemos a dejar ir, podemos recibir vislumbres de esta dimensión. Entonces nos damos cuenta en el nivel interno de que nada está perdido; y este conocimiento interno trae paz y ecuanimidad.

Sal al mundo. Éste es el tiempo para irradiar tu Luz. Esto servirá a la sociedad y a los seres Humanos que te acompañan.

Frecuentemente las personas más jóvenes no entienden la ancianidad. ¿Cómo pueden ser tan pacíficos y felices mientras aceptan su confrontación diaria con la pérdida de salud y de habilidades; y con la aproximación de la muerte? La respuesta es que el anciano tiene un conocimiento interno que las personas jóvenes no tienen. Usualmente la persona mayor ha sido marcada y madurada por las experiencias de la vida que la han hecho más gentil y reflexiva que la persona joven promedio. Una persona mayor ha tenido que dejar ir y rendirse más frecuentemente. Esto produce una ecuanimidad que trae paz y felicidad. Los ancianos prestarían un inmenso servicio a la sociedad y a sus compañeros Humanos (más jóvenes), si fueran conscientes de sus dones y los compartieran. Dad una mirada honesta a lo que hoy necesita el Mundo: ¿Teléfonos nuevos, carros más veloces? No: Sabiduría, calma y apacibilidad. ¿Acaso no es lo que el anciano tiene para ofrecer?

Date cuenta de la relatividad de los roles que la gente desempeña. No los tomes tan en serio.

La vida es un juego. Las personas que están completamente involucradas en el juego (léase: Los adultos), toman su papel muy seriamente. No te dejes involucrar tanto en el juego, mantén alguna distancia. Mira a través de ellos, observa los jugadores y sus papeles. Ver a la sociedad Humana como un juego en el cual participan las personas facilita abandonar los estándares y las expectativas involucrados. Facilita dejar ir los roles que solías desempeñar, como padre, empleado o empleador, etcétera; y abrirte a un nuevo capítulo de tu vida.

Confía en la vida. Confía en que la vida te traerá nuevas experiencias, inclusive nuevos roles que encajan con la persona que eres ahora, no con la persona que eras. Al dejar ir el pasado y entregarte, te abres a lo nuevo; y puedes descubrir aspectos diferentes de ti mismo. Si te aferras a algo que ya no te corresponde, surge un sentimiento de vacuidad y pérdida. Confía en la vida y deja ir.

Ya no te identifiques con tu cuerpo ni con el mundo físico, sino con tu consciencia.

Identificarte con tu papel en el mundo físico y social es divertido e interesante, siempre y cuando te des cuenta de que es un juego. Por un tiempo estás completamente absorto en ello; y luego lo vuelves a dejar ir. De esa manera, pasas por un amplio rango de experiencias y tu Alma es enriquecida por eso. Durante cierto período de tu vida es natural que te identifiques con los papeles que desempeñas, pero también es natural sentir en algún momento que es tiempo de dejar ir y de darte cuenta de que estás por encima de ese papel. Se supone que esto suceda cuando te haces mayor.

Imagina que estás conduciendo un carro. Si piensas que tú eres el carro, será terrible cuando algo le suceda. Si te das cuenta de que eres el conductor, no es tan malo: Sabes que no eres el carro y simplemente te puedes salir de él.

Párate frente al espejo y mira tu reflejo: Mira cómo tu cara está envejeciendo. Pero en el fondo de tus ojos hay algo que no envejece y es intemporal: Tu Consciencia. Siéntela. Al identificarte con tu Consciencia y no con tu cuerpo que envejece, fluyes naturalmente con la edad. La conexión con quien eres verdaderamente, con la dimensión de tu Alma, se profundiza. Esta consciencia te hace resplandecer de sabiduría y paz.

Las bendiciones de la edad mayor

No hay nada malo en una población que envejece. Para comenzar, las personas mayores son en promedio más felices, así que una población que envejece representa una sociedad que en conjunto estará más contenta.

El aumento proporcional de la población mayor también significa el final de la desastrosa explosión demográfica que ha causado la extinción de muchísimas especies animales y vegetales. Nos dirigimos a un futuro con menos personas en la Tierra; y consecuentemente habrá más equilibrio entre la Humanidad y la naturaleza.

Como resultado del creciente número de personas mayores, será imposible ignorarlas o menospreciarlas. La sociedad será forzada a dar a las personas mayores su lugar legítimo. Los ancianos mismos serán desafiados a ocupar ese lugar. Llegará a su fin la lógica absurda que hace que las personas que están en su edad más fértil desde el punto de vista espiritual, se retiren de la sociedad. Esto significa que las personas mayores ya no estarán ocultas, sino que permitirán que irradie su Luz.

Las personas mayores brindarán sabiduría, paz y tranquilidad a la sociedad. La Humanidad ha perdido el camino y tiene extrema necesidad de conexión con la realidad intemporal del Alma. Una sociedad que toma seriamente las bendiciones y los dones naturales de la edad mayor, será una sociedad que se enfoca en la armonía entre los seres Humanos y la armonía con la Madre Tierra, en lugar de perseguir el éxito material y la expoliación de nuestro Planeta. También será una sociedad con menos temor a la muerte y a la vejez. Envejecer será percibido como un proceso elegante; y como un retorno gradual a la Fuente de Luz de la cual provenimos todos.

1) Helliwell, J.F., Putnam, R.D.(2004) The Social Context of Well-Being. Philosophical Transactions: Biological Sciences. Vol. 359, No. 1449, pp. 1435-1446

2) Claude Lanzmann – The Patagonian Hare: A Memoir

Tradujo: Jairo Rodríguez R.

http://www.jairorodriguezr.com/

 

 

Una Perspectiva Espiritual Sobre La Juventud, La Madurez y  La Vejez

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Sobre Eva (Redactora GHB)
Eva es una de las redactoras de la gran familia de hermandadblanca.org.
2 comentarios
  1. User comments

    Excelente descripción de la vida. Ojalá muchos jóvenes lo lean, serían más felices y llegarían a ser más sabios.

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