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"Vosotros sois la sal de la tierra", conferencia del Maestro Beinsá Dunó

SALES-DE-SCHUSSLER
            “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada? (Mateo 5:13).

            Su sermón de la montaña Cristo lo empieza con las dos bienaventuranzas. Las bienaventuranzas de las cuales Él habla, tienen relación con otro mundo, éstas no se refieren a la vida terrenal. Para la gente terrenal Cristo dice: “Vosotros sois la sal”. Yo hablaré de la sal, porque en la Tierra una vida sin sal no puede existir. El mundo físico es un mundo de la sal y no de la luz, la cual, pues, es un mundo de los ángeles. “Vosotros”. ¿Quiénes “vosotros”? No toméis esta palabra en un sentido limitado. Solo para aquellos que creen, “Vosotros” sobreentiende todos en los cuales hay una consciencia Divina despierta. Toda la gente, en la cual está despierta esta consciencia, es la sal de la tierra. Todos los ocultistas, cabalistas, místicos, bajo la palabra “sal” comprenden una “fuerza de equilibrio”: aquel elemento de la fuerza que mantiene las cosas en equilibrio. Para caminar por las calles, debéis tener equilibrio. Cuando construyen los barcos marinos, en el fondo les ponen una carga, de sal, para mantenerlos en equilibrio, para que no sean volteados por las olas del mar. Bajo la palabra “sal” comprenden aquella fuerza que condensa la materia, la guarda de la descomposición, y da condiciones para que las fuerzas superiores en el mundo puedan trabajar. La sal es un elemento necesario en la Tierra para el estado saludable del cuerpo humano. Cuando el organismo pierde su sal, él pierde su base y en consecuencia de esto aparecen todas las enfermedades. Dicen de alguien: “Él es un neurasténico”. Yo digo: Él ha perdido su sal, en él la energía se escapa. Si hubiéramos observado con el ojo de un clarividente los nervios, las arterias de un neurasténico, veremos en muchos sitios grietas por las cuales se escapa la energía. Tal hombre es débil. ¿Por qué? Porque ha perdido la sal Divina, que es la fuerza básica para el sostenimiento de la vida humana en la Tierra.

            ¿Cuáles son las causas para la pérdida de esta sal? En primer lugar, estas son las desenfrenadas pasiones humanas. Después de cada pasión, de cualquier carácter que sea esta, el hombre siente una debilidad. Todos vosotros habéis experimentado esto. Las pasiones no son necesarias para gente que tiene sal, sino solo para aquellos que no tienen sal. Cristo dice a Sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal perdiere su sabor – o sea, se volviera no salada –, no sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Evangelio de Mateo 5:13 – n.d.t.). ¿Y por qué exactamente la sal no salada debe ser hollada? El hollar es una reacción, para que la sal de nuevo se vuelva salada. Cuando sufrís, esto es hollar; os echan los ángeles fuera entre la gente y vosotros os volvéis débiles, porque habéis perdido vuestra sal. Si erais ricos, os empobrecéis; si erais prudentes, os entontecéis. Perdéis vuestra sal, y cuando perdéis la sal, perdéis y el sentido de la vida, y entonces aparecen todas las enseñanzas contradictorias: si la gente debe casarse, si hay que tener hijos, si deben amar a sus mujeres, etc. Aparece la filosofía epicúrea, según la cual el hombre debe tener muchas mujeres, que lo pruebe todo. Podéis probar todo, pero entonces seréis echados y hollados por toda la gente razonable, hasta que os saléis, y después de esto llegará el segundo proceso, llegará la luz, brillará en vuestra mente y entonces comprenderéis por qué sufrís. Comprenderéis que estas cosas no están de acuerdo con la vida. Cada pensamiento, cada deseo que no sirve para la edificación del alma humana, que destruye, este es un deseo innecesario, esto es perder la sal. Poned este deseo para ser hollado un poco, que se vuelva salado. Cuando algún hombre pisotea a su mujer, que ella diga a sí misma: “Pisotéame, para volverme salada”. Un hombre que es pisoteado por su mujer, muestra que no tiene sal. Frecuentemente en los búlgaros, cuando alguien está enfermo, y llega el osero, dará al oso que le pisotee un poco, que le haga salado, y el sanará. Esta fuerza se esconde en toda la gente. La gente científica la ha llamado de diferentes maneras, y los ocultistas la han bautizado con muchos nombres, uno de los cuales es la denominación “magnetismo”. Cuando tiene esta sal, el hombre está magnetizado. Si tenéis esta sal, sentiréis debajo del esternón un calorcito agradable – por la mañana os levantáis con buena disposición; si no tenéis sal, os volvéis indispuestos y al primero que os salga por delante vais a decirle groserías; le saltáis por encima, os irritáis, y esta irritación sobreentiende que este hombre os pide que le pisoteéis un poco para salarse. Éste, el que viene para pisotearle un poco, tiene esta sal, e inmediatamente restablecerá el equilibrio del irritado. Yo quiero que verifiquéis en prueba las conferencias que os hablo y que veáis su resultado. Fuerte es solo aquel hombre, que tiene una convicción profunda de las cosas, tiene una experiencia vivida, porque si creéis a todos, vosotros sois sin sal. Yo creo que Dios habla a la gente según la sal que ellos tienen. Si tienes sal, Él te dirá: “Cuando te levantes, vete a tu viñedo para cavarlo; irás a tu campo para sembrarlo”. Si eres un juez, mirarás tus pleitos, etc. y vosotros Le comprenderéis. Si no tienes sal, te pisotearán un poco, te van a atracar, te tomarán el dinero, la mujer, los niños, la casa. “Pisoteo hace falta – dice el Señor – a esta gente que no puede hacer su trabajo en la Tierra”.

            Frecuentemente la gente se pregunta: “¿Por qué el mundo no va tan bien?”: No hay sal en el mundo. ¡Dadle sal a la gente! No se requiere mucha sal. Os hace falta ¼ de kilogramo de esta sal de la cual os hablo. Con ella podéis salar a todo el pueblo búlgaro y éste llegará a ser un pueblo ideal, por lo menos por 1,000 años. ¿Sabéis cuánto tiempo deben trabajar vuestras fábricas para que se adquiera esta sal? Un científico ha hecho cálculos sobre la materia prima de la cual fue creado el mundo, y comprueba que ésta es miles de veces más ligera que el hidrógeno, y que para que se adquiera solo un gramo de esta materia prima, todas las fábricas tendrán que trabajar 3,000 años. Vosotros sois la sal y para adquirir esta sal debéis dedicar toda vuestra vida. Si tienes un gramo de esta sal, serás el hombre más rico del mundo, y ahí por donde pases, curarás a la gente. Cuando entras en alguna casa donde el hombre y la mujer disputan, no se reconcilian, da un poco de esta sal, inmediatamente la paz y el acuerdo se harán. Los niños disputan – da un poco de sal; jueces disputan – da un poco de esta sal; guerrean pueblos – da un poco de esta sal e inmediatamente se harán entre ellos las paces y el acuerdo. Os decís: “¡Qué elemento alquímico es esta sal, qué fuerza tan potente tiene!” Un sacerdote que tiene esta sal, cuando entra en la iglesia, todos quedarán callados, se voltearan hacia él. Sal quiere la gente, y si no tenéis tal, ningún éxito podéis tener. Cuando os hablo esto, no es para juicio, no juzgo a nadie, sino que tan solo cito un defecto, que no solo en los búlgaros sino que en todos está. Cada uno que está en la Tierra tiene defectos. Si fuéramos perfectos estaríamos entre los ángeles, donde Dios. Pero puesto que debemos educarnos, Dios nos ha enviado a la Tierra, el lugar de la Sabiduría, donde se estudian estas grandes lecciones.

            Hoy os estoy predicando sobre la sal. ¿Por qué? – Todos queréis ser felices. Verdaderamente cada uno puede ser feliz, pero debe adquirir el arte de retener esta felicidad, y no solo adquirirla. Os levantáis por la mañana, tenéis una disposición buena y decís: “¡Qué feliz estoy!” Pasan 5-10 minutos y vosotros perdéis esta disposición, esta felicidad. ¿Por qué? – No tenéis sal en sí mismos. Bajo “sal” se comprende el mundo con todas sus formas, por eso digo que el mundo es real-verdadero y real-no verdadero. Real-verdadero es este mundo, que tiene todas las formas con su contenido, y real-no verdadero – el que tiene formas sin su contenido. Hay gente que es real-no efectiva, porque tiene cuerpo pero no tiene sal. Si no tenéis sal, no podéis comprender qué cosa es la Videlina Divina (Videlina es la Luz interna del Espíritu, la Luz fina del Mundo Espiritual, aquella Luz fina que ilumina y vivifica por dentro – n.d.t.), la Bondad y el Amor Divinos. Solo a través de la sal, solo a través del equilibrio de vuestra mente y vuestro corazón, cuando están en un estado tranquilo, podréis comprender este Mundo Divino.

            Cristo dice: “Una sal, que ha perdido su sabor, debe echarse fuera y debe ser hollada”. Por eso muchas veces he hablado que los sufrimientos son necesarios, estos son el camino hacia la salación; la salación es el camino hacia la videlina; la videlina – hacia el Amor, y el Amor – hacia Dios.

            Si entramos en el Camino para buscar a Dios, inmediatamente el mundo tomara otro aspecto que este que tenía hasta ahora. Todos, los que me escucháis esta mañana, a veces pensáis que el mundo tiene sentido, a veces – que no tiene, que es muy oneroso. Tenéis amigos – no os comprenden, hijos – no os aman, estáis entre creyentes – no os comprenden. El arte es que ahora comprendáis en quién está el error – ¿son ellos los que no tienen sal, o vosotros? Donde hay sal, ahí está el derecho, donde no hay sal – no hay derecho. Si no tienes sal, dirás: “Deben pisotearme un poco”. Toda la gente son partículas de Dios, de Su gran organismo, y como tales, es igual quién os pisotea; no olvidéis que esto es de Dios – en todos los casos son las manos o los pies Divinos que os pisotean. Esto es mil veces más agradable a que os pisotee algún oso, como los búlgaros practican. Un inglés cuenta una experiencia suya. Se va él a la India con el fin de estudiar la vida de los hindúes. Como amante del deporte, toma un día la escopeta y se va a un bosque intransitable para cazar. Llevaba la escopeta en su mano derecha, y en un momento, un golpe fuerte en la mano izquierda le derrumbó a la tierra. El golpe fue causado por una tigresa que lo toma y lo lleva a su madriguera, a sus tigritos pequeños. La tigresa dijo a sus hijos: “Tomad a este inglés, pisoteadle bien, dadle una buena lección, y si trata de levantar la cabeza, vosotros pisoteadle por encima”. El inglés quiso levantar la cabeza, para ver lo que hacen a su alrededor, pero la tigresa dijo: “No mires hacia arriba, no pasa nada, yo estoy enseñando a mis hijos”. “No tuve rabia – dice el inglés – porque rompieron mi brazo izquierdo, sino porque fue pisoteada mi cabeza y no tuve la oportunidad de mirar”. Cada uno que no tiene sal, caerá en las uñas del tigre. Cuando algunos jóvenes se unen por amor, se van a una iglesia, el sacerdote les lee una oración, todos les besan. Después de un mes ellos se separan. El tigre ha tomado a la novia o al novio. Esta gente ha perdido su sal y será echada. Si ocurre un divorcio entre ellos, ellos han perdido su sal, y tal gente no debe unirse en un lugar. Un hombre o una mujer, ¡que sean pisoteados un poco! Los búlgaros se curan pisoteándose: este es un masaje agradable, una fricción agradable. Esta sal es necesaria para vosotros, esta es necesaria para vuestro organismo, en el campo físico, para vuestros sentimientos y pensamientos. La Ley es común, tanto para el mundo físico, como y para el angelical, así y para el Divino. Los filósofos contemporáneos bautizan las cualidades del mundo espiritual de una manera diferente, por ejemplo, a un hombre con sal ellos le llaman moral, y a un hombre sin sal – amoral. Dicen para alguien: “Este hombre es altamente inteligente, razonable”, se sobreentiende que en él hay una ley del equilibrio, hay sal. La razonabilidad es sal, o sea, bajo la palabra “razonabilidad” se comprende aquel estado, cuando todas las capacidades humanas están en condiciones de trabajar. La sal compone el terreno. Sin sal no puede haber nada en el mundo, pues y la Tierra sin sal sería un desierto, todo se hubiera podrido. La sal es un abono que se ha acumulado desde hace años. Después de ella vienen otras fuerzas que edifican nuestro organismo. Para que no perdáis vuestra sal vosotros debéis guardarse de deseos ilegales.

            Os voy a transmitir un cuento místico: hace tiempo, en el pasado, en un palacio Real nació una hija, la muchacha más bella del mundo. Cuando creció, su padre le encuentra un compañero para casarse, un muchacho joven, bueno. Estos jóvenes eran tan amados en el Cielo, que el Señor envió a un ángel-representador, para estar presente en su boda en la Tierra. Cuando llegó a la Tierra, el ángel se enamoró de la muchacha y no quiso regresar al Cielo. Comenzó a pensar en la manera en cómo tener a esta muchacha. El Señor le esperaba un día, dos, un mes, el ángel no regresa. Cuando se enteró de cómo estaba el trabajo, para mostrar al ángel las consecuencias malas de los deseos ilegales, el Señor le convirtió en un ave cantora, para andar de rama en rama entre todas las aves, y que estas le evitaran. Vuela él de una rama a otra, pero todas las aves le evitan. Él no pudo explicarse estos sufrimientos. Un día se posa sobre un árbol y empieza a lamentar su vida. En este momento debajo del árbol vienen cuatro bandidos para repartir su botín. Repartieron todo por igual. Después de esto decidieron que dos de ellos se vayan a la ciudad para comprar comida y pan, para formarse un banquete. Ellos se fueron, compraron comida, pero por el camino les llegó el pensamiento de poner veneno en la comida, de manera que cuando los otros dos coman, que se envenenen, y que ellos repartan y su riqueza. Los dos bandidos debajo del árbol, como esperaban a sus compañeros, decidieron que cuando los otros dos regresen, que les disparen y que tomen y su riqueza. El ángel sabía el mal que tenían pensado y los unos, y los otros. Cuando se acercaron los dos bandidos de la ciudad, aun desde lejos les dispararon, los demás comieron de la comida, pero se envenenaron. Apenas ahora el ángel comprendió cómo son las consecuencias de los deseos ilegales y por qué él sufre. Cuando el Señor os envía a una boda, en la cual Él toma participación, que no tengáis el ojo de este ángel. Guárdate de decir, si eres hombre: “Mía será ella”, o si eres mujer: “Mío será él”, porque cantaréis sobre el árbol por largo tiempo. Os pregunto: ¿No sois vosotros tales aves echadas del Cielo? Algunos preguntan: “Venga, dinos por qué hemos bajado del Cielo”. Todos hemos bajado para aprender que los deseos ilegales tienen consecuencias malas, y para comprender que un hombre que no tiene sal, está lejos de Dios. La gente quiere libertad, por eso el Señor le envía a la Tierra, pero les dice: “Vivid según la Ley de Mí libertad”. Y lo malo en la gente es esto, que cada uno quiere libertad solo para sí. Según la Ley Divina, debemos comprender los comportamientos que existen entre nosotros. La ley de la sal es esto: lo que deseas para ti mismo, no lo niegues a los demás. Dales oportunidad para que y ellos desarrollen sus capacidades. Si alguien tiene un campo o un viñedo, no le envidies, sino agradece por esto que él tiene todo. Ves a alguien que ha montado un caballo, no digas: “¡Eh, si este caballo fuera mío!” Agradece que tenga caballo. – Él es digno para él. Ves una casa bella, bien amueblada, no la desees. Si tienes sal, tendrás todo lo que te es necesario e indispensable. Decid al Señor: “Sal quiero de ahora en adelante”. Para convencer a la gente contemporánea de esta verdad, largo tiempo tendrás que argumentar, con algunos se puede hacer una prueba, y con terceros de repente puedes comprenderte. A gente en la cual la vista espiritual no está desarrollada, se le deben dar argumentos: esto es un tiento en el mundo espiritual. A través del sentimiento de secuencia, paso a paso, ellos se van a formar un concepto claro de las cosas que no pueden captar de golpe. En nuestras reflexiones acerca de Dios, nosotros utilizamos la misma analogía para formarse un concepto acerca de Él. Todas las escuelas filosóficas, con sus tomos gordos en los cuales se están tratando cuestiones acerca de Dios, todas son palpaciones – algunas más cerca, otras más lejos de la verdad. Algunos han hallado a tientas el dedito pequeño de Dios y dicen: “¡Qué deditos tan pequeños tiene Dios!”. Alguien ha hallado a tientas Su mano y dice: “¡Qué mano tan grande tiene Dios!” Alguien ha hallado a tientas Su paletilla o Su cabeza y según esto tiene y conocimientos acerca de Él. Pero este es solo el lado externo de Dios – la Naturaleza manifestada. Sería extraño si alguien, al subir sobre las tejas de mi casa, diga: “Yo comprendo ahora al señor Deunov, él es duro, porque estoy tocando tejas duras”. Si uno toca algo blando, dirá: “¡Cuán blando es el señor Deunov!” Yo puedo ser al mismo tiempo duro y blando. ¿Bajo “duro” qué comprendéis? ¿Duro como una piedra o duro en sus convicciones? Por tanto, de los tientos externos nosotros no podemos tener conceptos ciertos acerca de las cosas, sino que tendremos solo preceptos vagos. Si no tenéis suficiente cantidad de sal, seréis no salados y diréis: “La Vida no es otra cosa, sino comer y beber”. Yo no estoy contra el comer, no penséis esto, porque como el hombre ha venido a la Tierra, comerá y beberá. No recomiendo el hambrear, el ayuno no natural. Yo el ayuno lo comprendo en otro aspecto – que cada uno coma tanto como es necesario para la renovación de su cuerpo. Cada día debemos utilizar una cierta cantidad de pan, de agua y de aire, para la edificación de nuestro cuerpo. Algunos piensan que como no comen, llegarán a ser mejores; no, si no comes, peor llegarás a ser. Quieres hacer al hombre mejor, aliméntalo si es hambriento; dale de beber si es sediento, y como le alimentas con pan y con agua dale un poco de tu salecita, y él mejorará. Si no le alimentas harás un crimen. Si encuentras a alguien que se ha desesperado y quiere suicidarse, no le des consejos de que esto no está bien, de que no debe desesperarse, sino tómalo en tu hogar, aliméntale, dale de beber según tu costumbre, y después de 1-2 horas, cuando se digiera su comida, dile: “Vamos ahora a conversar”. Haz que el hombre se predisponga y que diga por qué su vida es tan tenebrosa. Dale directrices y señálale el camino por el cual hay que andar. Por eso el Señor te lo ha enviado en este día. Frecuentemente nosotros oramos: “Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu Reino, hágase Tu Voluntad”, pero si no cumples Su Voluntad así como Él te indica, entonces tú eres sin sal durante este día. Podéis hacer esta prueba: si estáis indispuestos, encontrad a vuestro prójimo que está todavía peor dispuesto, llamadle en vuestro hogar, alimentadle y no vais a notar cómo Dios os ha salado y a los dos. Una mujer descontenta de su marido, encuentra a otra – todavía más infeliz –, cuando se junten las dos, que conversen un poco – Dios las salará y a las dos.

            Esto es filosofía cristiana positiva. Frecuentemente dicen: “No debes comer muchas alubias, mucha carne: quedan sedimentos”. Pero preguntaos: ¿por qué la gente come tanto? Para adquirir sal. Cuando adquieren suficiente sal, no comerán mucho. Cuando lleguéis a ser normales, entonces se podrá hablar de una filosofía superior de la vida. Podéis hacer la siguiente prueba, porque todos sois del mundo real. Podéis decirse: “Al Deunov le vino a la mente hablarnos de la sal, ¿pues, no sabemos qué necesidad es esta para nosotros?” Os hablo de la sal, para que hagáis esta prueba simple: Deteneos, pensad durante 5-10 minutos en la sal, en su influencia sobre el organismo, los sentimientos, el alma y la mente, y ved entonces si ocurrirá en vosotros algún cambio y qué sentiréis. ¿Por qué exactamente la sal es un elemento tan activo? Con frecuencia la gente se queja a mí, que están indispuestos, infelices, y yo les digo: “Sé esto, porque y yo estoy en la Tierra”. – “Sí, pero tu posición es completamente diferente que ésta en la cual estamos nosotros”. La diferencia está solo en esto, que yo tengo más sal. Te daré de mi sal pero tendrás que utilizarla bien, que la distribuyas bien. Cuando tienes un poco de levadura, vas a retener de ésta para otra vez. Cuando comáis yogur, dejad un poco de éste para fermento, y no que digáis que los niños lo han comido. Recomiendo a la gente contemporánea que no coman hasta saciarse, porque a tal gente Dios les llevará. En tal caso os pareceréis a aquel búlgaro, a quien han dado dinero de préstamo y él se ha ido con éste para comprarse cosas innecesarias. El prestamista, cuando vio esto, pidió su dinero de vuelta para contarlo, pero ya no se lo devolvió, diciendo: “Tú no eres un hombre que puede utilizar el dinero y por eso no lo mereces”. Cuando Dios ve que vosotros no utilizáis la vida en su sitio y abusáis de ella, Él se las toma. Cuántos de vosotros erais sanos, gozosos, felices, pero ahora estáis decaídos. ¿Por qué? – Porque no sabéis utilizar la vida. Cuando tenéis sal dentro de vosotros, seréis gente sana, con un corazón y un cuerpo sano. Enfocad vuestra mente hacia la sal, hacia este elemento de equilibrio y elevación, y tratad de percibirlo. A este elemento los hindúes le llaman “prana”, o sea, una fuerza que lleva vida dentro de sí. Éste se encuentra en el aire, en el alimento y en el agua – de ahí se extrae. Ahora os voy a decir cómo debéis comer. Comenzaremos en este mundo con el comer. Cuando empezáis a comer, la primera condición que se os impone, es que echéis de vosotros cualquier descontento. Y si tenéis un poco de pan debéis amarlo, para que esta energía que se contiene en él, penetre en vuestro organismo, después de lo cual vosotros sentiréis una agradabilidad. ¿Y ahora qué ocurre? La mujer ha cocinado 4 horas enteras, ha puesto cualquier cosa para darle sabor, y efectivamente ha preparado una comida excelente, viene el hombre por fuera descontento, ceñudo, la mujer queda como escaldada, y he aquí que toda la sal se va. El segundo día – la mujer, pues, está descontenta de algo, coméis y no absorbéis nada de esta sal, porque estáis descontentos. Descontentos están y el hombre, y la mujer. El hombre dice: “¿Es esto una mujer?” Los niños dicen: “¿Es esto una madre?” La segunda vez el marido compra carne, mantequilla y huevos, de nuevo todos están descontentos en casa. Para que estés contento, prepárate y di: “¡Todo es ideal, mujer!” Cuando masticáis la comida, entonces veréis cuán sabrosa será esta, qué agradabilidad, qué felicidad y contento experimentaréis. Ahora se quejan: “¿Cómo se vive con ¼ de kilogramo de pan?” En ¼ de kilogramo de pan hay suficiente sal para vivir. Pero nuestro descontento crea las desagradabilidades. Os decís: “Si está vacío mi estomago, no comprendo nada de esta comida”. No está vacío tu estomago, sino tu mente y tu corazón. He hecho diferentes pruebas con el alimento, he comido dos manzanas y un poco de pan, y he estado contento. No está en lo mucho, pero alguna vez y lo poco con gratitud se bendice. No menospreciéis esta pequeña sal en el mundo, ésta es como una pequeña semillita de trigo de la cual nacen todas las cosas grandes. La primera cosa que nos espera, esto es re-educar este sentimiento de descontento que existe en nosotros. El hombre ha traído ¼ de kilogramo de carne, ¼ de kilogramo de pan, que se le agradezca por esto a Dios: entonces se multiplicará, porque en el magnetismo viviente hay una fuerza según la cual todas las partículas que tienen vibraciones iguales con el magnetismo central, se atraen. Si estáis contentos con la comida que utilizáis, podréis recoger por fuera tanto elemento como os es necesario para satisfaceros. Algunos dicen: “No se debe beber agua, esta es para las ranas – para nosotros es el vino”. Beberéis agua, además con un corazón hambriento, de 100 a 150 gramos, en tragos. Beberéis al día de medio a un litro de agua, de la cual sacaréis el alimento necesario para vuestras arterias. Respiraréis profundamente, además por la nariz y no por la boca, para no tragar mucho polvo. Cuando la gente contemporánea aprenda a recibir estos elementos así – la comida, el agua y el aire, – las demás bendiciones llegarán por sí mismas. No penséis que en vosotros, en vuestra alma, las cosas apenas ahora se van a crear. No, en vosotros hay muchos sentimientos dormidos. El alma humana es rica y espera condiciones para desarrollarse. Lo primero que debe desarrollarse en vosotros, esto es la gratitud por todo lo que tenéis. Guardad vuestro ojo, que no seáis como aquel ángel del cual os he contado. Si todos aplicáis esta gran “ley de la gratitud”, entonces por lo menos el 50% de todos los trabajos en la Tierra se van a arreglar. Pues y los ángeles cuando vean desde arriba que nos hemos puesto en marcha por el Camino, vendrán para ayudarnos. No penséis que vosotros solos trabajáis en el mundo. Excavad la tierra y ved cuántos gusanillos ayudan al arador, cuántos microbios preparan el terreno junto con el labrador y cuántos otros elementos más forman el grano de trigo. Con todo esto nosotros somos niños que cualquier cosa que les traiga su padre, siempre están descontentos. Cada hijo debe agradecer a su padre por todo lo que le trae. Un hijo que no besa a su padre cuando él le trae algo, este no tiene sal. Algunos padres dicen: “Mi angelito”, un angelito es él, pero sin alas. Una hija que no agradece a su padre y a su madre y no les besa, ella es un ángel sin alas.

            Vosotros, los que me escucháis, hablaréis a los demás de la misma manera. Entonces verificaremos, mediante prueba, que esta sal es necesaria para todos. Hoy el Señor pisotea a la gente, está salando el mundo, a ingleses, y alemanes, y rusos, y franceses, etc. De ahora en adelante viene lo bueno. Os deseo que cuando vayáis a vuestra casa, que adquiráis por lo menos un gramo de salecita, para que seáis miembros útiles para vuestra familia, sociedad, pueblo, que estéis agradecidos por todo, y solo entonces adquiriréis algún bien. Entonces seréis prudentes, buenos, laboriosos y trabajadores.

(Conferencia del Maestro Beinsá Dunó, dada el 25 de marzo del año 1917, en Sofía)

 

Traducido por Dimitar Dimitrov

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Sobre Claudio Alvarez (Redactor GHB)
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