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El trabajo de la Jerarquía Espiritual

 
Maestro Tibetano djwhal khul - jerarquía espiritual

CAP√ćTULO III

 

EL TRABAJO DE LA JERARQU√ćA

 

Aunque el tema de la Jerarqu√≠a oculta del planeta despierta un enorme y profundo inter√©s en el hombre com√ļn, su verdadera significaci√≥n, sin embargo, no ser√° comprendida hasta que se reco¬≠nozcan tres cosas sobre el tema. Primero, que la entera Jerar¬≠qu√≠a de seres espirituales representa una s√≠ntesis de fuerzas o de energ√≠as, conscientemente manejadas para llevar adelante la evoluci√≥n planetaria. Esto ser√° m√°s evidente a medida que avan¬≠cemos. Segundo, estas fuerzas manifestadas en nuestro sistema planetario, por medio de las grandes Personalidades que compo¬≠nen la Jerarqu√≠a, vinculan el sistema y todo lo que contiene, con la Jerarqu√≠a superior llamada solar. Nuestra Jerarqu√≠a es una r√©plica en miniatura de la s√≠ntesis mayor de esas Entidades auto¬≠conscientes, que manipulan y controlan al Sol y se manifiestan a trav√©s de √©ste y de los siete planetas sagrados, y tambi√©n de otros planetas mayores y menores, que componen nuestro sistema solar. Tercero, esta Jerarqu√≠a de fuerzas tiene cuatro l√≠neas de acci√≥n predominantes, que son:

 

Desarrollar la autoconciencia en todos los Seres.

 

La Jerarquía trata de proporcionar las condiciones adecuadas para desarrollar la autoconciencia en todos los seres, realizándolo primeramente en el hombre, mediante el trabajo inicial de fusio­nar los tres aspectos superiores del espíritu con los cuatro inferio­res; mediante el ejemplo en el servicio, en el sacrificio y en la renunciación, y por la constante corriente de luz (comprendido esotéricamente) que emana de ella. La Jerarquía podría ser con­siderada como el conjunto de fuerzas del quinto reino de la natu­raleza en nuestro planeta. Este reino se alcanza mediante el pleno desarrollo y el control del quinto principio o mente, y su trasmu­tación en sabiduría, que literalmente consiste en aplicar la inteli­gencia a todos los estados del ser, mediante la utilización plena­mente consciente de la facultad discriminadora del amor.

 

Desarrollar la Conciencia en los tres Reinos Inferiores.

 

Como es bien sabido, los cinco reinos de la naturaleza en el arco evolutivo pueden definirse de la manera siguiente: mineral, vegetal, animal, humano y espiritual. Estos reinos entra√Īan alg√ļn tipo de conciencia, y el trabajo de la Jerarqu√≠a consiste en des¬≠arrollar dichos tipos hasta la perfecci√≥n, mediante el agotamiento del karma, la acci√≥n de la fuerza y la provisi√≥n de las correctas condiciones. Obtendremos una idea de esta tarea si hacemos un breve resumen de los diferentes aspectos de la conciencia a desarrollar en los diversos reinos.

 

En el¬†reino mineral,¬†el trabajo de la Jerarqu√≠a est√° dedicado a desarrollar la actividad discriminadora y selectiva. Una de las caracter√≠sticas de la materia es desarrollar un tipo de actividad, y en cuanto esa actividad va dirigida a la construcci√≥n de formas, a√ļn las m√°s rudimentarias, se manifiesta la facultad de discrimi¬≠nar. Esto es reconocido por los cient√≠ficos de todas partes y, al hacerlo, se acercan a los descubrimientos de la Sabidur√≠a Divina.

 

En el reino vegetal, a esta facultad de discriminar se le agre­ga la de responder a la sensación, advirtiéndose la elemental con­dición del segundo aspecto de la divinidad, así como en reino mineral se advierte un reflejo similar rudimentario, del tercer as­pecto de actividad.

 

En el¬†reino animal,¬†se incrementan las actividades rudimenta¬≠rias, y se encuentran s√≠ntomas (si puede decirse as√≠) del primer aspecto, o prop√≥sito y voluntad embrionarios. Podr√≠amos llamarlo instinto hereditario, pero en verdad act√ļa como prop√≥sito de la naturaleza.

 

Con gran sabiduría H. P. Blavatsky dijo que el hombre es el macrocosmos para los tres reinos inferiores, porque en él se sinte­tizan estas tres líneas de desarrollo y llegan a su plena fructifica­ción. En verdad y de hecho, es inteligencia activa y maravillosa­mente manifestada. Es amor y sabiduría incipientes, aunque no sean más que el objetivo de sus esfuerzos; posee esa voluntad em­brionaria, dinámica, iniciadora, que llegará a su pleno desarrollo después de haber entrado en el quinto reino.

 

En el¬†quinto reino¬†la conciencia a desarrollar es la de grupo, y se manifiesta en el pleno florecimiento de la facultad amor-¬≠sabidur√≠a. El hombre no hace m√°s que repetir, en una vuelta m√°s alta de la espiral, la tarea de los tres reinos inferiores, pues en el reino humano manifiesta el tercer aspecto de inteligencia activa. En el quinto reino, en el cual se ingresa en la primera iniciaci√≥n, que abarca todo el per√≠odo de tiempo durante el cual recibe el hombre las cinco primeras iniciaciones y act√ļa como Maestro y parte de la Jerarqu√≠a, llega a su consumaci√≥n el aspecto amor-¬≠sabidur√≠a o segundo aspecto. En la sexta y s√©ptima iniciaciones fulgura el primer aspecto o voluntad, y despu√©s de ser Maestro de Compasi√≥n y Se√Īor de Amor, el adepto se trasforma en algo m√°s. Penetra en una conciencia superior a la grupal, la Concien¬≠cia de Dios, y se hace consciente de Dios. Entonces entra en pose¬≠si√≥n de la gran voluntad o prop√≥sito del Logos.

 

Fomentar los diversos atributos de la divinidad, cultivar la simiente de la autoconciencia en todos los seres, es trabajo de las Entidades que se han realizado, han entrado en el quinto reino y han tomado allí la gran decisión e inconcebible renunciación de permanecer en el sistema planetario, para cooperar con los planes del Logos planetario en el plano físico.

 

Trasmitir la Voluntad del Logos planetario.

 

La Jerarqu√≠a trasmite a los hombres y a los devas o √°ngeles, la voluntad del Logos planetario y a trav√©s de √Čl, la del Logos solar. Todo sistema planetario, el nuestro como los dem√°s, es un centro en el cuerpo del Logos, y manifiesta alg√ļn tipo de energ√≠a o fuerza. Cada centro expresa un tipo especial de fuerza que se evidencia en forma triple, y produce as√≠ universalmente los tres aspectos de la manifestaci√≥n. Uno de los grandes conocimientos que adquieren quienes entran en el quinto reino, es el del tipo particular de fuerza que incorpora nuestro Logos planetario. El estudiante inteligente debe reflexionar sobre esta afirmaci√≥n, pues contiene la clave de muchos hechos observados actualmente en el mundo. Se ha perdido el secreto de la s√≠ntesis, y s√≥lo cuando los hombres retornen al conocimiento que ten√≠an en cielos ante¬≠riores (afortunadamente retirados en los d√≠as atlantes) acerca del tipo de energ√≠a que nuestro sistema debe manifestar en la actualidad, los problemas humanos se resolver√°n por s√≠ solos y se estabilizar√° el ritmo del mundo. Esto no suceder√° todav√≠a por¬≠que dicho conocimiento es peligroso, y en la actualidad la raza no tiene conciencia grupal y, por lo tanto, no se le puede confiar que trabaje, piense, proyecte y act√ļe para el grupo. El hombre es a√ļn demasiado ego√≠sta, aunque esto no es motivo de desaliento. La conciencia grupal es ya algo m√°s que una visi√≥n, mientras que la hermandad y el reconocimiento de sus obligaciones comienzan a penetrar en la conciencia de los hombres. Tal es el trabajo de la Jerarqu√≠a de la Luz, demostrar a los hombres el verdadero sig¬≠nificado de la hermandad y fomentar en ellos la respuesta a ese ideal, latente en todos y cada uno.

 

Dar el Ejemplo a la Humanidad.

 

El cuarto punto que los hombres deben conocer y comprender como realidad fundamental, es que esta Jerarqu√≠a est√° compuesta por quienes han triunfado sobre la materia y han llegado a la meta por el mismo camino que siguen hoy los individuos. Estas perso¬≠nalidades espirituales, adeptos y Maestros, han luchado y bregado por obtener la victoria y el control en el plano f√≠sico, y se han enfrentado con los miasmas, brumas, peligros, dificultades, angus¬≠tias y dolores de la vida diaria. Han hollado cada paso del sendero del sufrimiento, han pasado por todas las experiencias, han supe¬≠rado todas las dificultades y han triunfado. Estos Hermanos Ma¬≠yores de la Raza han sufrido la crucifixi√≥n del yo personal y saben de la total renuncia del aspirante. No existe ninguna fase de agon√≠a, ning√ļn sacrificio consumado, ninguna V√≠a Dolorosa por la que no hayan pasado, y en esto radica Su derecho a servir y el poder de Su demanda. Conocedores de la quintaesencia del dolor, de la profundidad del pecado y del sufrimiento, Sus m√©to¬≠dos pueden ser exactamente adecuados a las necesidades indivi¬≠duales; pero al mismo tiempo su compresi√≥n de que la libera¬≠ci√≥n se obtendr√° por medio del dolor, el castigo y el sufrimiento, y su captaci√≥n de que la liberaci√≥n se obtiene mediante el sa¬≠crificio de la forma, a trav√©s de los fuegos purificadores, basta para proporcionarles un firme apoyo y la capacidad de persistir, aun cuando la forma aparente haber sufrido suficientemente, y el amor ¬≠que triunfa sobre todos los obst√°culos, est√© fundado en la paciencia y la experiencia. Estos Hermanos Mayores de la humanidad se ca¬≠racterizan por un perdurable¬†amor,¬†que act√ļa siempre en bien del grupo; por un¬†conocimiento¬†adquirido en el transcurso de mi¬≠llares de vidas, durante las cuales se abrieron camino desde el fondo de la vida y de la evoluci√≥n, hasta llegar casi a la cima; por una¬†experiencia¬†basada en el tiempo mismo y en una multiplici¬≠dad de reacciones e interacciones de la personalidad; por una¬†va¬≠lent√≠a,¬†resultado de esa experiencia, que habiendo sido producto de √©pocas de esfuerzos fracasos y renovados esfuerzos que condujeron finalmente al triunfo, pueden ponerse ahora al servicio de la raza; por un¬†prop√≥sito¬†iluminado, inteligente y cooperador, ajustado al grupo y al Plan jer√°rquico y adaptado a la finalidad del Logos planetario; finalmente, se caracterizan por su conoci¬≠miento del¬†poder del sonido.¬†Esto √ļltimo es la base del aforismo seg√ļn el cual los verdaderos esoteristas se distinguen por la carac¬≠ter√≠stica del conocimiento, de la voluntad din√°mica, del valor y del silencio: “saber, querer, osar y callar”. Conociendo bien el plan y teniendo una visi√≥n clara y luminosa, pueden aplicar Su voluntad, firme e indesviablemente, al trabajo de creaci√≥n por medio del poder del sonido. Esto Los conduce a callar donde el hombre com√ļn habla, y a hablar donde el hombre com√ļn calla.

 

Cuando los hombres comprendan los cuatro hechos enume­rados y los hayan establecido como verdades en la conciencia de la raza, podremos esperar entonces el retorno del cielo de paz, descanso y rectitud, predicho en todas las escrituras del mundo. Entonces el Sol de la Rectitud surgirá trayendo la curación en sus alas, y la paz, más allá de toda comprensión, reinará en el corazón de los hombres.

 

Al tratar el tema del trabajo de la Jerarqu√≠a oculta, en un libro dedicado al p√ļblico, mucho quedar√° sin decir. El hom¬≠bre com√ļn siente inter√©s y su curiosidad se despierta cuando se habla de estas Personalidades, pues s√≥lo est√° preparado para una informaci√≥n m√°s general. Aquellos que de la curiosidad pasan al deseo y tratan de conocer la verdad tal cual es, obtendr√°n mayor informaci√≥n cuando ellos mismos hayan realizado el necesario trabajo y estudio. La investigaci√≥n es deseable, y la actitud men¬≠tal que se espera despierte este libro, puede resumirse en las si¬≠guientes palabras: Estas afirmaciones parecen interesantes y qui¬≠z√°s sean ciertas. Las religiones de todos los pa√≠ses, incluyendo la cristiana, dan indicaciones que aparentemente corroboran estas ideas. Acept√©moslas como hip√≥tesis activas, respecto a la consu¬≠maci√≥n del proceso evolutivo del hombre y a su actuaci√≥n para lograr la perfecci√≥n. Busquemos la verdad como un hecho en nuestra propia conciencia. Toda fe religiosa expone la creencia de que quienes buscan con fervor hallan lo buscado, por lo tan¬≠to, busquemos. Si en nuestra investigaci√≥n comprobamos que estas afirmaciones no son m√°s que sue√Īos visionarios, sin provecho al¬≠guno, que nos llevan tan s√≥lo a la oscuridad, no habremos perdido el tiempo, puesto que sabremos d√≥nde no hay que buscar. Por otra parte, si nuestra investigaci√≥n nos lleva poco a poco a la corro¬≠boraci√≥n, y la luz brilla cada vez con mayor claridad, persistamos hasta cuando alboree el d√≠a y la luz que brilla en la oscuridad ilu¬≠mine el coraz√≥n y el cerebro, entonces el buscador despertar√° a la comprensi√≥n de que toda evoluci√≥n tiende a otorgar esta expan¬≠si√≥n de conciencia y esta iluminaci√≥n, y que el logro del proceso inici√°tico y la entrada en el quinto reino no son una quimera o fantas√≠a, sino una realidad establecida en la conciencia. Cada uno debe cerciorarse por s√≠ mismo. Quienes saben, pueden asegurar que una cosa es o no es as√≠, y la afirmaci√≥n o la enunciaci√≥n de una teor√≠a por otra persona, no dan al investigador m√°s que una indicaci√≥n confirmatoria. Cada alma debe cerciorarse por s√≠ mis¬≠ma y descubrir en s√≠ misma lo que busca, teniendo siempre pre¬≠sente que el reino de Dios es interno y que son de valor los hechos conocidos como verdades, dentro de la conciencia individual. Mien¬≠tras tanto, podr√° exponerse aqu√≠ lo que muchos conocen y han comprobado en s√≠ mismos como verdades incontrovertibles, y al lector inteligente se le presentar√° la oportunidad y la responsabi¬≠lidad de cerciorarse por s√≠ mismo de su verdad o falsedad.

 

CAP√ćTULO IV

 

LA FUNDACI√ďN DE LA JERARQUIA

 

Su Aparición en el Planeta.

 

En este libro no se trata de hablar sobre los pasos que condu¬≠jeron a la fundaci√≥n de la Jerarqu√≠a en el planeta, ni de considerar las condiciones que precedieron al advenimiento de esos grandes Seres. Esto puede ser estudiado en otros libros esot√©ricos occi¬≠dentales y en las Sagradas Escrituras orientales. Para nuestro prop√≥sito ser√° suficiente decir que a mediados de la √©poca lemu¬≠riana, hace aproximadamente dieciocho millones de a√Īos, ocurri√≥ un gran acontecimiento que trajo, entre otras cosas, los siguientes desarrollos: El Logos planetario del esquema terrestre, uno de los Siete Esp√≠ritus ante el Trono, encarn√≥ f√≠sicamente y en la forma de Sanat Kumara, el Anciano de los D√≠as y Se√Īor del Mun¬≠do, descendi√≥ a este planeta f√≠sico denso permaneciendo desde entonces con nosotros. Debido a la m√°xima pureza de su natura¬≠leza, y al hecho que desde el √°ngulo de la humanidad est√° exento de pecado y, por lo tanto, es incapaz de responder a nada en el plano f√≠sico, no pudo adoptar un cuerpo f√≠sico denso como el nues¬≠tro, y debe actuar en Su cuerpo et√©rico. Es el m√°s grande de los Avatares o “de los Venideros”, porque es un reflejo directo de la Gran Entidad que vive, respira y act√ļa a trav√©s de todas las evo¬≠luciones de este planeta, manteniendo todo dentro de Su aura o esfera magn√©tica de influencia. En √Čl vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, y nadie puede ir m√°s all√° del radio de Su aura. Es el Gran Sacrificio, que abandon√≥ la gloria de los eleva¬≠dos lugares, y en bien de los hijos de los evolucionantes¬† hombres tom√≥ √Čl Mismo forma f√≠sica, y fue hecho a semejanza del hombre. Es el Observador Silencioso, en lo que a nuestra humanidad con¬≠cierne, aunque literalmente, el Logos planetario Mismo, en los niveles superiores de conciencia en que act√ļa, es el verdadero Observador Silencioso en cuanto al esquema planetario se refiere. Podr√≠a decirse que el Se√Īor del Mundo, el Iniciador Uno, ocupa el mismo lugar, en conexi√≥n con el Logos planetario, que la mani¬≠festaci√≥n f√≠sica de un Maestro en relaci√≥n con la m√≥nada de ese Maestro en el plano mon√°dico. En ambos casos se ha reempla¬≠zado el estado intermedio de conciencia, la del ego o yo superior, y lo que vemos y conocemos es la¬†directa¬†manifestaci√≥n autocreada del esp√≠ritu puro. He aqu√≠ el sacrificio. Debe recordarse que, en el caso de Sanat Kumara hay una enorme diferencia de grado, pues Su etapa de evoluci√≥n es m√°s avanzada que la de un adepto, tal como lo es el adepto en relaci√≥n con el hombre animal. Esto se ampliar√° en el siguiente cap√≠tulo.

 

Juntamente con el Anciano de los D√≠as vino un grupo de otras Entidades altamente evolucionadas, que representan a Su propio grupo k√°rmico individual y a Aquellos Seres que son el resultado de la triple naturaleza del Logos planetario. Podr√≠a de¬≠cirse que personifican las fuerzas que emanan de los centros coro¬≠nario, card√≠aco y lar√≠ngeo. Llegaron con Sanat Kumara a fin de constituir puntos focales de fuerza planetaria y ayudar en el gran plan para el desarrollo autoconsciente de toda vida. Sus lugares han sido ocupados gradualmente por los hijos de los hombres, a medida que se han capacitado para ello, aunque son muy pocos hasta ahora en nuestra inmediata humanidad terrestre. Los que forman el grupo interno que rodean al Se√Īor del Mundo, fueron extra√≠dos principalmente de las filas de quienes eran iniciados en la cadena lunar (el ciclo de evoluci√≥n que precedi√≥ al nuestro), o entraron en ciertas corrientes de energ√≠a solar, determinadas astrol√≥gicamente desde otros sistemas planetarios; aunque el n√ļ¬≠mero de los que triunfan en nuestra humanidad aumenta r√°pida¬≠mente y desempe√Īan los cargos subalternos del grupo esot√©rico central de Seis, que, con el Se√Īor del Mundo, constituyen el cora¬≠z√≥n del esfuerzo jer√°rquico.

 

El efecto inmediato.

 

El resultado de Su advenimiento, hace millones de a√Īos, fue grandioso, y a√ļn se notan sus efectos, que pueden ser enumerados de la manera siguiente: Al Logos planetario, en Su propio plano, se le permiti√≥ adoptar un m√©todo m√°s directo, a fin de lograr los resultados que √Čl deseaba para desarrollar Su plan. Como es bien sabido, el esquema planetario, con su globo denso y sus sutiles globos internos, es para el Logos planetario lo que el cuerpo f√≠sico y sus cuerpos sutiles son para el hombre. De ah√≠ que, como ilus¬≠traci√≥n, puede decirse que la encarnaci√≥n de Sanat Kumara fue un hecho an√°logo al firme control autoconsciente que el ego de un ser humano ejerce sobre sus veh√≠culos, al lograrse la necesaria etapa de evoluci√≥n. Se ha dicho que en la cabeza de todo hombre hay siete centros de fuerza vinculados con los otros centros del cuerpo, a trav√©s de los cuales la fuerza del ego se difunde y circu¬≠la, desarrollando as√≠ el plan. Sanat Kumara, juntamente con los otros seis Kumaras, mantiene una posici√≥n similar. √Čstos siete principales constituyen para √Čl lo que los siete centros de la cabeza para el conjunto corporal. Son los agentes directrices y trans¬≠misores de energ√≠a, fuerza, prop√≥sito y voluntad del Logos plane¬≠tario, en Su propio plano. Este centro coronario planetario act√ļa directamente a trav√©s de los centros card√≠aco y lar√≠ngeo y, por lo tanto, controla los centros restantes. Esto es una especie de ilus¬≠traci√≥n y el intento de demostrar la relaci√≥n de la Jerarqu√≠a con su fuente planetaria, as√≠ como tambi√©n la estrecha analog√≠a entre el m√©todo de la actuaci√≥n de un Logos planetario y el hombre, el microcosmos.

 

El tercer reino de la naturaleza, el reino animal, hab√≠a alcan¬≠zado un grado relativamente elevado de evoluci√≥n, y el hombre animal estaba en posesi√≥n de la tierra; era un ser con un poderoso cuerpo f√≠sico, un coordinado cuerpo astral o de sensaci√≥n y senti¬≠miento, y un germen rudimentario de mente, que alg√ļn d√≠a podr√≠a constituir el n√ļcleo de un cuerpo mental. Abandonado a sus propios medios durante largos eones, el hombre animal eventualmen¬≠te habr√≠a progresado hasta pasar del reino animal al humano, y llegado a ser una entidad autoconsciente, activa y racional, pero la lentitud del proceso se pone en evidencia al estudiar los bosqui¬≠manos de Sud√°frica, los vedas de Ceil√°n o los hirsutos ainos del Jap√≥n.

 

La decisión del Logos planetario de tomar un cuerpo físico, estimuló extraordinariamente el proceso evolutivo y, por Su en­carnación y los métodos que empleó para distribuir las fuerzas, produjo, en un breve cielo, lo que de otro modo hubiera sido incon­cebiblemente lento. El germen de la mente en el hombre animal fue estimulado. El cuádruple hombre inferior,

 

a. el cuerpo físico, en su capacidad dual, etérica y densa,

b. la vitalidad, fuerza vital o prana,

c. el cuerpo astral o emocional,

d. el incipiente germen de la mente,

 

fue coordinado y estimulado, y llegó a ser un receptáculo apro­piado para la entrada de las entidades autoconscientes, esas tría­das espirituales (reflejo de la voluntad, intuición o sabiduría es­pirituales y mente superior) que habían esperado precisamente esa adaptación durante largas edades. El reino humano o cuarto reino, vino a la existencia, y la unidad autoconsciente o racional, el hombre, comenzó su carrera.

 

Otra consecuencia del advenimiento de la Jerarquía consistió en un desarrollo similar, aunque menos conocido, en todos los reinos de la naturaleza. En el reino mineral, por ejemplo, algu­nos de los minerales o elementos, recibieron un estímulo adicio­nal y se hicieron radiactivos, y tuvo lugar un misterioso cambio químico en el reino vegetal. Esto facilitó el paso del reino vegetal al animal, así como la radiactividad de los minerales facilitó el paso del reino mineral al vegetal. A su debido tiempo, los hom­bres de ciencia reconocerán que todos los reinos de la naturaleza se unen e interpenetran cuando las unidades de esos reinos son radiactivas. Pero no es necesario divagar en este sentido. Basta un indicio para quienes tienen ojos para ver, e intuición para com­prender el significado de los términos, limitados por una connota­ción puramente material.

 

En los d√≠as de Lemuria, despu√©s del gran descenso de las Exis¬≠tencias espirituales a la tierra, qued√≥ sistematizado el trabajo que proyectaron. Se distribuyeron las funciones, y los procesos evolu¬≠tivos en todos los sectores de la naturaleza, quedaron bajo la sabia y consciente gu√≠a de esta Hermandad inicial. Esta Jerarqu√≠a de Hermanos de la Luz, existe a√ļn, y el trabajo prosigue constante¬≠mente. Todos tienen existencia f√≠sica, ya sean cuerpos f√≠sicos den¬≠sos, tal como lo hacen muchos de los Maestros, o bien cuerpos et√©ricos, tales como los que utilizan los m√°s excelsos auxiliares y el Se√Īor del Mundo. Es necesario que los hombres recuerden que Ellos tienen existencia f√≠sica, y tambi√©n deben tener en cuenta que viven con nosotros en este planeta controlando su destino, guiando sus asuntos y conduciendo a todas sus evoluciones hacia la perfecci√≥n final.

 

La Sede de esta Jerarqu√≠a se halla en Shamballa, un centro en el desierto de Gobi, llamado en los libros antiguos “Isla Blan¬≠ca”. Existe en materia et√©rica, y cuando la raza de los hombres haya desarrollado la visi√≥n et√©rica en la Tierra, se conocer√° su ubicaci√≥n y ser√° aceptada su realidad. R√°pidamente se est√° des¬≠arrollando esta visi√≥n, como puede observarse en los diarios y en la literatura actual, pero la ubicaci√≥n de Shamballa ser√° el √ļltimo de los sagrados lugares et√©ricos que se revelar√°, pues su materia es del segundo √©ter. Varios Maestros que tienen cuerpo f√≠sico viven en los Himalayas en un lugar recluido llamado Shigats√©, lejos de los caminos de los hombres; pero la mayor parte est√°n diseminados en todo el mundo, y viven de inc√≥gnito, y descono¬≠cidos en diferentes lugares y en distintas naciones, aunque cada uno en Su propio lugar constituye un punto focal para la energ√≠a del Se√Īor del Mundo, demostrando ser en Su medio ambiente, un distribuidor del amor y de la sabidur√≠a de la Deidad.

 

La apertura del Portal de la Iniciación.

 

No es posible referirse a la historia de la Jerarqu√≠a, durante las largas √©pocas de su trabajo, sin mencionar algunos aconteci¬≠mientos sobresalientes del pasado y sin se√Īalar ciertas eventuali¬≠dades. Durante √©pocas, despu√©s de su inmediata fundaci√≥n, el trabajo fue lento y desalentador. Transcurrieron miles de a√Īos y apa¬≠recieron razas humanas y desaparecieron de la tierra, antes de ser posible delegar, por lo menos el trabajo realizado por los ini¬≠ciados de primer grado, a los hijos de los hombres en evoluci√≥n. Pero a mediados del transcurso de la cuarta raza ra√≠z, la atlante, sobrevino un acontecimiento que hizo necesario un cambio o in¬≠novaci√≥n, en el m√©todo jer√°rquico. Algunos de sus miembros fue¬≠ron destinados a un trabajo superior en otra parte del sistema solar, y esto trajo por necesidad el ingreso, en n√ļmero elevado, de unidades altamente evolucionadas de la familia humana. A fin de permitir que otros ocuparan Su lugar, los miembros menores de la Jerarqu√≠a fueron ascendidos, originando vacantes en tales puestos. Por lo tanto, tres cosas se decidieron en la C√°mara del Concilio del Se√Īor del Mundo:

 

1. Cerrar la puerta por donde los hombres animales pasaban al reino humano, no permitiendo a las m√≥nadas de los planos su¬≠periores tomar cuerpo por un tiempo. Debido a las limitacio¬≠nes de entonces, se restringi√≥ el n√ļmero de unidades del cuarto reino o reino humano.

 

2. Abrir otra puerta a esos miembros de la familia humana que se hallaban dispuestos a someterse a la disciplina necesaria y hacer el gran esfuerzo requerido, y permitirles entrar en el quinto reino o espiritual. De este modo, las filas de la Jerarqu√≠a pod√≠an llenarse con miembros de la humanidad terrestre, capaci¬≠tados para ello. Esta puerta se denomina el Portal de la Inicia¬≠ci√≥n, y a√ļn permanece abierta con las mismas cl√°usulas que fijara el Se√Īor del Mundo en los d√≠as atlantes. Estas cl√°usulas se ex¬≠pondr√°n en el √ļltimo cap√≠tulo de este libro. La puerta que existe entre los reinos humano y animal, ser√° abierta de nuevo durante el pr√≥ximo gran ciclo o “ronda”, como se dice en algunos libros; pero como a√ļn faltan varios millones de a√Īos, no nos ocuparemos de ello por el momento.

 

3. Trazar una l√≠nea de demarcaci√≥n bien definida entre las dos fuerzas, la de la materia y la del esp√≠ritu. Fue recalcada la inherente dualidad de toda manifestaci√≥n, a fin de ense√Īar a los hombres a liberarse por s√≠ mismos de las limitaciones del cuarto reino o humano, y as√≠ pasar al quinto reino o espiritual. El pro¬≠blema del bien y del mal, la luz y la oscuridad, lo correcto y lo incorrecto, fue enunciado √ļnicamente en beneficio de la humani¬≠dad, para permitir a los hombres romper con las cadenas que apri¬≠sionaban al esp√≠ritu, logrando as√≠ la liberaci√≥n espiritual. Este problema no existe en los reinos inferiores al del hombre, ni para quienes han trascendido el humano. El hombre debe aprender, a trav√©s de la experiencia y el dolor, la realidad de la dualidad de toda existencia. Habi√©ndolo aprendido, elige lo que concierne al aspecto esp√≠ritu plenamente consciente de la divinidad, y tambi√©n a centrarse en ese aspecto. Al alcanzar la liberaci√≥n, se da cuenta en verdad que todo es uno, que el esp√≠ritu y la materia son una unidad y que s√≥lo existe lo que se halla en la conciencia del Logos planetario, y en c√≠rculos m√°s amplios, en la conciencia del Lo¬≠gos solar.

 

La Jerarquía aprovechó de este modo la facultad discrimina­dora de la mente, cualidad que caracteriza a la humanidad, para que el hombre, mediante el equilibrio de los pares de opuestos,  alcance su meta y encuentre el camino de regreso a la fuente de origen.

 

Esta decisi√≥n condujo a la gran lucha, caracter√≠stica de la civilizaci√≥n atlante, que culmin√≥ con la destrucci√≥n, el diluvio al que se refieren todas las Escrituras del mundo. Las fuerzas de la luz y las fuerzas de la oscuridad se enfrentaron, y esto se hizo para ayudar a la humanidad. La lucha persiste a√ļn, y la pasada guerra mundial fue un recrudecimiento de ella. En cada bando ha¬≠b√≠a dos grupos: los que luchaban por un determinado ideal, tal como ellos lo ve√≠an y cre√≠an que era lo m√°s elevado, y aquellos que lo hac√≠an por obtener ventajas materiales y ego√≠stas. En la lucha entre los influyentes idealistas o materialistas, muchos fueron arrastrados y lucharon ciega e ignorantemente y, en consecuencia, fueron abatidos por el desastre y el karma racial.

 

Estas tres decisiones de la Jerarquía, tienen y tendrán un pro­fundo efecto sobre la humanidad, pero se están obteniendo los re­sultados deseados, pues ya puede observarse una mayor acelera­ción del proceso evolutivo y un efecto profundamente importante sobre el aspecto mente del hombre.

 

Conviene se√Īalar aqu√≠ que, actuando como miembros de la Jerarqu√≠a, existe gran n√ļmero de seres llamados √°ngeles por los cristianos y devas por los orientales. Muchos de ellos han pasado hace tiempo por la etapa humana y act√ļan ahora en las filas de la gran evoluci√≥n, llamada evoluci√≥n d√©vica, paralela a la humana. Esta evoluci√≥n incluye, entre otros factores, a los constructores del planeta objetivo y a las fuerzas que producen, por medio de estos constructores, todas las formas conocidas y desconocidas. Los devas que colaboran en el esfuerzo jer√°rquico se ocupan, por lo tanto, del aspecto forma, mientras que los otros miembros de la Jerarqu√≠a se ocupan del desarrollo de la conciencia dentro de la forma.

 

 

CAP√ćTULO V

 

LOS TRES DEPARTAMENTOS DE LA JERARQUIA

 

Ya hemos tratado el tema de la fundaci√≥n de la Jerarqu√≠a de la Tierra, vimos c√≥mo vino a la existencia, y nos ocupamos de ciertas crisis ocurridas, que a√ļn afectan a los actuales aconteci¬≠mientos. Al tratar del trabajo y de los objetivos de los miembros de la Jerarqu√≠a, no es posible decir cu√°les han sido, ni considerar en detalle qui√©nes fueron los personajes activos durante los pasa¬≠dos milenios, desde que vino a la existencia la Jerarqu√≠a.

 

Muchos grandes Seres, de origen planetario y solar, y a veces provenientes de fuentes cósmicas, prestaron Su ayuda en deter­minados momentos y residieron brevemente en nuestro planeta. Por la energía que fluía a través de Ellos y por Su profunda sabi­duría y experiencia, estimularon la evolución terrestre y contri­buyeron en gran medida a la realización de los propósitos del Lo­gos planetario. Después siguieron Su camino, y Sus lugares fueron ocupados por esos miembros de la Jerarquía que estaban dispues­tos a someterse a un entrenamiento específico y a una expansión de conciencia. A su vez, los cargos de estos adeptos y Maestros fueron ocupados por iniciados, por eso los discípulos y hombres y mujeres altamente evolucionados, continuamente tuvieron opor­tunidad de entrar en las filas de la Jerarquía, y así hubo una constante circulación de nueva vida y sangre, y la llegada de quie­nes pertenecen a un período o época especial.

 

Algunos de los grandes nombres de las √ļltimas √©pocas son conocidos en la historia como Shri Sankaracharya, Vyasa, Mahoma, Jes√ļs de Nazareth y Krishna, y tambi√©n los iniciados menores co¬≠mo Pablo de Tarso, Lutero y algunas luminarias destacadas de la historia europea. Estos hombres y mujeres siempre han sido agentes para llevar a cabo el prop√≥sito de la raza, lograr condi¬≠ciones grupales y fomentar la evoluci√≥n de la humanidad. A ve¬≠ces han aparecido como fuerzas benefactoras, trayendo consigo paz y bienestar. Con frecuencia han llegado como agentes de destrucci√≥n de las antiguas formas religiosas y de gobierno, para poder ser liberada la vida dentro de la forma en r√°pida cristali¬≠zaci√≥n, construyendo para s√≠ un nuevo y mejor veh√≠culo.

 

Mucho de lo que aquí se dice es bien conocido y fue expuesto en diferentes libros esotéricos. Sin embargo, en la sabia y cuida­dosa enunciación de los hechos recopilados y su correlación con lo que podría ser nuevo para algunos estudiantes, llega la eventual captación sintética del gran plan y la comprensión inteligente y uniforme del trabajo de ese gran grupo de almas liberadas que, con absoluta autoabnegación, permanece silenciosamente detrás del panorama mundial. Por el poder de Su voluntad, la fuerza de Sus meditaciones, la sabiduría de Sus planes y Su conocimiento científico de la energía, dirigen las corrientes de fuerza y contro­lan a esos agentes constructores de la forma que producen lo visi­ble y lo invisible, lo activo y lo inactivo, en la esfera de la creación en los tres mundos. Esto, unido a su vasta experiencia, los capa­cita para ser agentes distribuidores de la energía del Logos pla­netario.

 

Como ya se ha afirmado, a la cabeza de todas las actividades, controlando cada unidad y dirigiendo toda evoluci√≥n, se halla el REY, el Se√Īor del Mundo, Sanat Kumara, el Joven de los Eternos Veranos, y el Manantial de la Voluntad (demostr√°ndose como Amor) del Logos planetario. Colaborando con √Čl y como Sus con¬≠sejeros, hay tres Personajes llamadas Pratyeka Budas, o Budas de Actividad. Estos cuatro Seres encarnan la voluntad activa, amorosa e inteligente. Son el pleno florecimiento de la inteligen¬≠cia, habiendo logrado en un sistema solar anterior lo que el hom¬≠bre est√° ahora tratando de perfeccionar. En anteriores ciclos de este sistema, Ellos comenzaron a demostrar amor inteligente y, desde el punto de vista del hombre, el ser humano com√ļn, son el amor e inteligencia perfectos, aunque desde el punto de vista de esa Existencia que en Su cuerpo de manifestaci√≥n abarca tambi√©n nuestro sistema planetario, ese aspecto amor se halla a√ļn en pro¬≠ceso de desarrollo y la voluntad es s√≥lo embrionaria. Ser√° otro el sistema solar que ver√° fructificar el aspecto voluntad, as√≠ como el amor madurar√° en el nuestro.

 

En torno al Se√Īor del Mundo, pero separados y ocultos, hay otros tres Kumaras, que completan los siete de la manifestaci√≥n planetaria.

 

Su trabajo es necesariamente incomprensible para no­sotros. Los tres Budas exotéricos o Kumaras, son la totalidad de la actividad o energía planetaria, y los tres Kumaras esotéricos encarnan tipos de energía que no están en plena manifestación en nuestro planeta. Cada uno de estos seis Kurnaras es un reflejo y un agente distribuidor de la energía y fuerza de uno de los otros seis Logos planetarios, los restantes seis espíritus ante el Trono. En este esquema sólo Sanat Kumara se sostiene y se basta a Sí Mismo, porque es la encarnación física de uno de los Logos plane­tarios, pero no puede ser revelado cuál de ellos, por ser uno de los secretos de la iniciación. A través de cada uno de Ellos pasa la fuerza vital de uno de los seis rayos, y al considerarlos se po­dría resumir Su trabajo y posición de la manera siguiente:

 

1.¬†¬†¬†¬†¬† Cada uno encarna uno de los seis tipos de energ√≠a, sien¬≠do el Se√Īor del Mundo el que sintetiza y encarna el per¬≠fecto s√©ptimo tipo, nuestro tipo planetario.

 

2.¬†¬†¬†¬†¬† Cada uno se caracteriza por uno de los seis colores, y el Se√Īor del Mundo manifiesta el pleno color planetario, siendo √©stos tambi√©n los seis subsidiarios.

 

3.      Por lo tanto, Su trabajo no sólo consiste en distribuir la fuerza, concierne a la entrada de los egos que buscan ex­periencia terrestre en nuestro esquema y que vienen de otros esquemas planetarios.

 

4.      Cada uno de Ellos está en comunicación directa con uno de los planetas sagrados.

 

5.¬†¬†¬†¬†¬† De acuerdo a las condiciones astrol√≥gicas y al giro de la rueda planetaria de la vida, as√≠ estar√° activo uno de es¬≠tos Kumaras. Los tres Budas de actividad cambian de vez en cuando y se trasforman a su vez en exot√©ricos o esot√©ricos, seg√ļn sea el caso. √önicamente el Rey per¬≠manece constante y alerta en activa encarnaci√≥n f√≠sica.

 

Adem√°s de estos personajes principales que presiden la C√°¬≠mara del Concilio de Shamballa, existe un grupo de cuatro Seres que representan en el planeta los cuatro Maharaj√°es, o los cuatro Se√Īores del Karma en el sistema solar, y se ocupan espec√≠ficamente de la evoluci√≥n del reino humano en la actualidad. Estos cuatro Seres tienen relaci√≥n con:La distribuci√≥n del karma o destino humano, en lo que afecta a los individuos y, a trav√©s de los individuos, a los grupos.

 

1.¬†¬†¬†¬†¬† El cuidado y clasificaci√≥n de los archivos ak√°sicos. √Čstos se ocupan de la Sala de los Archivos o de las “anotacio¬≠nes en los libros”, seg√ļn se dice en la Biblia cristiana. En el mundo cristiano son conocidos como los √°ngeles registradores.

 

2.¬†¬†¬†¬†¬† La participaci√≥n en los concilios solares. S√≥lo Ellos tie¬≠nen derecho, durante el cielo mundial, a pasar mas all√° de la periferia del esquema planetario y participar en los concilios del Logos solar. Debido a esto, son literal¬≠mente mediadores planetarios, que representan a nuestro Logos planetario y a todo aquello que. Le concierne en el esquema mayor, del cual √Čl es s√≥lo una parte.

 

Cooperando con los Se√Īores del Karma hay grandes grupos de iniciados y devas que se ocupan del correcto reajuste de

 

  1. el karma mundial,
  2. el karma racial,
  3. el karma nacional,
  4. el karma grupal,
  5. el karma individual,

 

y son responsables ante el Logos planetario de la correcta manipu­lación dé esas fuerzas y son agentes constructores que traen a los egos de los distintos rayos, en los momentos y temporadas exactos.

 

Poco tenemos que ver con todos estos grupos, porque s√≥lo los iniciados de tercera iniciaci√≥n y los de rango a√ļn m√°s excelso, en¬≠tran en contacto con ellos.

 

Los otros miembros de la Jerarqu√≠a se dividen en tres grupos principales y cuatro subsidiarios; cada uno, como se observar√° en el diagrama que aparece en la p√°gina 51, est√° precedido por uno de los que denominamos los tres Grandes Se√Īores.

 

El Trabajo del Manu.

 

El Manu preside el primer grupo. Se Lo llama Vaivasvata Manu, y es el Manu de la quinta raza ra√≠z. Es el hombre ideal o pensador, y determina el tipo de nuestra raza aria, habiendo pre¬≠sidido sus destinos desde su comienzo, hace casi cien mil a√Īos. Otros aparecieron y desaparecieron, y Su lugar ser√° ocupado por alg√ļn otro, en un futuro relativamente cercano. Entonces pasar√° a realizar un trabajo de mayor excelsitud. El Manu o prototipo de la cuarta raza ra√≠z, trabaja en √≠ntima relaci√≥n con √Čl, y su centro de influencia se halla en China. Es el segundo Manu que ha tenido la cuarta raza ra√≠z, y ha ocupado el lugar del anterior, durante las etapas finales de la destrucci√≥n de la Atl√°ntida. Ha permanecido para fomentar el desarrollo del tipo racial y provo¬≠car su desaparici√≥n final. Los per√≠odos de actuaci√≥n de los diver¬≠sos Manus se superponen; actualmente no queda en el globo nin¬≠g√ļn representante de la tercera raza ra√≠z. El Vaivasvata Manu reside en los Himalayas y ha reunido a Su alrededor, en Shigats√©, a algunos de los que est√°n relacionados directamente con las cues¬≠tiones arias en la India, Europa y Am√©rica, y a aquellos que m√°s tarde se ocupar√°n de la futura sexta raza ra√≠z. Los planes se pre¬≠paran para √©pocas futuras; se constituyen centros de energ√≠a, mi¬≠les de a√Īos antes que sean necesarios, y por la sabia previsi√≥n de estos Hombres Divinos, nada se deja al azar, sino que todo se mue¬≠ve en cielos ordenados y bajo regla y ley, aunque dentro de limi¬≠taciones k√°rmicas.

 

El trabajo del Manu concierne en gran parte al gobierno, la pol√≠tica planetaria y el establecimiento, direcci√≥n y disoluci√≥n. de tipos y formas raciales. A √Čl se le conf√≠a la voluntad y el prop√≥¬≠sito del Logos planetario. Sabe cu√°l es el objetivo inmediato para este ciclo de evoluci√≥n que debe presidir, y Su trabajo consiste en hacer cumplir esa voluntad. Trabaja en m√°s estrecha colabo¬≠raci√≥n con los devas constructores, que con Su Hermano el Cristo, pues Su misi√≥n es establecer el tipo racial, segregar los grupos por los cuales se desarrollar√°n las razas, manipular las fuerzas que mueven la corteza terrestre, levantar y hundir continentes, dirigir la mente de los estadistas de todas partes, para que el gobierno racial proceda como es de desear y se logren las condi¬≠ciones que proporcionar√°n el personal necesario para fomentar cualquier tipo racial particular. Ya se observa en Am√©rica del Norte y en Australia un trabajo similar.

 

La energ√≠a que afluye a trav√©s de √Čl, emana del centro coro¬≠nario del Logos planetario y Le llega a trav√©s del cerebro de Sanat Kurnara, que centraliza en S√≠ toda la energ√≠a planetaria. Act√ļa por medio de la meditaci√≥n din√°mica, llevada a cabo en el centro coronario, produciendo resultados por Su perfecta comprensi√≥n de lo que debe realizarse, por Su poder de visualizar lo que debe hacerse para lograr la realizaci√≥n, y por Su capacidad de trasmi¬≠tir energ√≠a creadora y destructora a quienes son Sus ayudantes. Todo esto se realiza por el poder de la emisi√≥n del sonido.

 

El Trabajo del Instructor del Mundo, el Cristo.

 

El segundo grupo est√° presidido el Instructor del Mundo. Es ese gran Ser que los cristianos denominan Cristo. En Oriente es conocido como el Bodhisattva y el Se√Īor Maitreya, y por los devotos mahometanos, como el Iman Madhi. Ha presidido los des¬≠tinos de la vida desde el a√Īo 600 a. C.; es Quien apareci√≥ entre los hombres y a Quien se espera nuevamente. Es el gran Se√Īor de Amor y Compasi√≥n, as√≠ como su predecesor, Buda, fue el Se√Īor de Sabidur√≠a. A trav√©s de √Čl fluye la energ√≠a del segundo aspecto que Le llega directamente desde el centro card√≠aco del Logos pla¬≠netario, a trav√©s del coraz√≥n de Sanat Kurnara. Act√ļa por la meditaci√≥n centrada en el coraz√≥n. Es el Instructor del Mundo, el Maestro de Maestros y el Instructor de √Āngeles, y se Le ha confiado la gu√≠a de los destinos espirituales de los hombres y el despertar del reconocimiento de que cada ser humano es una criatura de Dios y un hijo del Alt√≠simo.

 

As√≠ como el Manu se ocupa de proporcionar el tipo y las for¬≠mas a trav√©s de las cuales la conciencia puede evolucionar y adquirir experiencia, haciendo posible la existencia en su sentido m√°s profundo, as√≠ el Instructor del Mundo dirige esa conciencia inmanente en su aspecto vida o esp√≠ritu, tratando de energetizarla dentro de la forma, para ser √©sta descartada a su debido tiempo, y el esp√≠ritu liberado volver a su origen. Desde que dej√≥ la Tierra, como dice con relativa exactitud la Biblia (aunque con muchos errores en los detalles), siempre ha permanecido con los hijos de los hombres. Nunca nos ha abandonado, sino en apariencia, y quienes conocen el camino pueden hallarlo en cuerpo f√≠sico en los Himalayas, trabajando en √≠ntima colaboraci√≥n con Sus dos grandes Hermanos, el Manu y el Mahachohan. Diariamente im¬≠parte su bendici√≥n al mundo, y permanece todos los d√≠as bajo el gran pino de Su jard√≠n, a la puesta del sol, con las manos en alto, bendiciendo a quienes tienen verdadera y fervorosa aspiraci√≥n. Conoce a todos los buscadores, y aunque no tengan conciencia de √Čl, la luz que de √Čl afluye estimula sus deseos, fomenta la chispa de vida naciente y espolea al aspirante hasta el amanecer del gran d√≠a en que se enfrente con Aquel Que “al ser ascendido” ?enten¬≠dido esot√©ricamente? atraer√° hacia S√≠ a todos los hombres, como Iniciador de los sagrados misterios.

 

El Trabajo del Se√Īor de la Civilizaci√≥n, el Mahachohan.

 

El Mahachohan encabeza el tercer grupo. Su autoridad sobre el mismo persiste durante un per√≠odo m√°s extenso que el de Sus dos Hermanos, y puede desempe√Īar Su cargo durante varias razas ra√≠ces. Es la totalidad del aspecto inteligencia. El actual Mahachohan no es el que originariamente ocup√≥ el lugar al esta¬≠blecerse la Jerarqu√≠a en los d√≠as de Lemuria ? entonces era ocupado por uno de los Kumaras o Se√Īores de la Llama que encarnaron con Sanat Kumara?; y el Mahachohan ocup√≥ Su lugar en la segunda subraza de la raza ra√≠z atlante. Hab√≠a lo¬≠grado el estado de adepto en la cadena lunar, y por medio de Su complementaci√≥n, un gran n√ļmero de seres humanos avanza¬≠dos vinieron a la encarnaci√≥n a mediados de la raza ra√≠z atlante. La afiliaci√≥n k√°rmica con √Čl, fue una de las causas predispo¬≠nentes que hicieron posible esta eventualidad.

 

Su trabajo es fomentar y fortalecer la relaci√≥n entre esp√≠ritu y materia, vida y forma, yo y no?yo, cuyo resultado es lo que lla¬≠mamos civilizaci√≥n. Maneja las fuerzas de la naturaleza, y es en gran parte la fuente emanante de energ√≠a el√©ctrica, tal como la conocemos. Por ser reflejo del tercer aspecto o creador, la energ√≠a del Logos planetario fluye hacia √Čl desde el centro lar√≠ngeo, y es Quien de muchas maneras hace posible el trabajo de Sus her¬≠manos. Le presentan Sus planes y deseos y por Su intermedio llegan las instrucciones a un gran n√ļmero de agentes d√©vicos.

 

As√≠ tenemos Voluntad, Amor e Inteligencia, representados en estos tres Grandes Se√Īores; tenemos el yo y el no?yo, y su rela¬≠ci√≥n sintetizada en la unidad de la manifestaci√≥n; tenemos gobier¬≠no racial, religi√≥n y civilizaci√≥n, constituyendo un todo coherente, y la manifestaci√≥n f√≠sica, el aspecto amor o deseo, y la mente del Logos planetario, exterioriz√°ndose en objetividad. Entre estas tres Personalidades existe la m√°s √≠ntima colaboraci√≥n y unidad, y todo movimiento, plan y acontecimiento, tienen su existencia en Su previo conocimiento unido. Est√°n en continuo contacto con el Se¬≠√Īor del Mundo en Shamballa, y la direcci√≥n de todos los asuntos descansa en sus manos y en las del Manu de la cuarta raza ra√≠z. El Instructor del Mundo ocupa Su lugar, en conexi√≥n con las razas ra√≠ces cuarta y quinta.

 

Cada uno de estos gu√≠as departamentales dirige cierto n√ļmero de cargos subsidiarios, y el departamento del Mahachohan est√° dividido en cinco secciones, que abarcan los cuatro aspectos me¬≠nores del gobierno jer√°rquico.

 

A las √≥rdenes del Manu trabajan los regentes de las distintas divisiones del mundo, como por ejemplo, el Maestro J√ļpiter, re¬≠gente de la India, el m√°s antiguo de Los que trabajan ahora para la humanidad en cuerpo f√≠sico, y el Maestro Rakoczi, que es el regente de Europa y Am√©rica. Debe recordarse que aunque el Maestro R., por ejemplo, pertenece al s√©ptimo rayo y est√° sujeto al departamento de energ√≠a del Mahachohan, sin embargo, en el trabajo jer√°rquico puede desempe√Īar, y desempe√Īa, temporaria¬≠mente, el cargo bajo el Manu. Estos regentes, aunque desconoci¬≠dos, tienen en Sus manos las riendas del gobierno de los conti¬≠nentes y las naciones, guiando as√≠, aunque en forma desconocida, sus destinos, inspirando a estadistas y gobernantes; vierten ener¬≠g√≠a mental en los grupos gobernantes, logrando los resultados de¬≠seados cuando encuentran colaboraci√≥n e intuici√≥n receptiva en¬≠tre los pensadores.

 

El Instructor del Mundo preside el destino de las grandes reli¬≠giones, por medio de un grupo de Maestros e Iniciados que dirigen las actividades de las diferentes escuelas de pensamiento. A t√≠tulo de ilustraci√≥n, el Maestro Jes√ļs, inspirador y director de las Igle¬≠sias cristianas de todo el mundo, aunque es un adepto de sexto rayo en el departamento del Mahachohan, trabaja actualmente bajo el Cristo en bien de la cristiandad; otros Maestros ocupan puestos similares en relaci√≥n con los grandes credos orientales y las diversas escuelas de pensamiento en Occidente:

 

En el departamento del Mahachohan, gran n√ļmero de Maes¬≠tros, en qu√≠ntuple divisi√≥n, trabaja con la evoluci√≥n d√©vica, y el aspecto inteligencia del hombre, y corresponde a los cuatro rayos menores de atributo,

 

1. el rayo de armonía o belleza,

2. el rayo de ciencia concreta o conocimiento,

3. el rayo de devoción o idealismo abstracto,

4. el rayo de ley ceremonial o magia,

 

así como los tres guías de departamentos representan los tres ra­yos mayores de:

 

1.      Voluntad o poder.

2.      Amor o sabiduría.

3.      Inteligencia activa o adaptabilidad.

 

Los cuatro rayos o atributos de la mente, con el tercer rayo de la inteligencia, están sintetizados por el Mahachohan y cons­tituyen la totalidad del quinto principio de la mente a manas.

 

CAP√ćTULO VI

 

LA LOGIA DE MAESTROS

 

Las Divisiones.

 

Hemos considerado parcialmente los cargos superiores en las filas de la Jerarquía de nuestro planeta. Ahora trataremos lo que se podría llamar las dos divisiones en que están distribuidos los miembros restantes. Forman, literalmente, dos Logias dentro de un conjunto mayor:

 

1.¬†¬†¬†¬†¬† La Logia — constituida por iniciados que han pasado la quinta iniciaci√≥n, y un grupo de devas o √°ngeles.

 

2.     La Logia Azul, constituida por iniciados de la tercera, cuar­ta y quinta iniciaciones.

 

Inferior a éstos hay un gran grupo de iniciados de la primera y segunda iniciaciones y luego los discípulos de toda graduación. Los discípulos se consideran afiliados a la Logia, pero no miem­bros de la misma. Finalmente vienen los que están en probación y esperan ser afiliados, mediante arduos esfuerzos.

 

Desde otro punto de vista, podemos considerar que los miem­bros de la Logia forman siete grupos, representando cada uno de ellos un tipo de la séptuple energía planetaria que emana del Lo­gos planetario. La triple división ha sido dada al principio, porque en la evolución tenemos siempre los tres mayores (que se mani­fiestan a través de los tres departamentos), y luego los siete que se presentan como una triple diferenciación y un septenario. Los estudiantes deben recordar que todo lo que aquí se imparte se refiere al trabajo de la Jerarquía, en conexión con el cuarto reino o humano, y especialmente a esos Maestros que trabajan con la humanidad. Si se tratara de la evolución dévica, la clasificación y división serían totalmente distintas.

 

Además, hay ciertos aspectos del trabajo jerárquico que afec­tan, por ejemplo, al reino animal; este trabajo pone en actividad a seres, trabajadores y adeptos, totalmente diferentes de los servi­dores del cuarto reino o reino humano. Por lo tanto, deben recor­dar cuidadosamente que estos detalles son relativos, y que el tra­bajo y el personal de la Jerarquía son infinitamente más grandes e importantes de lo que pueden parecer en una lectura superficial de estas páginas. En verdad, se trata de lo que podría ser consi­derado como Su trabajo primario, pues al servir al reino humano nos ocupamos de la manifestación de los tres aspectos de la divi­nidad, pero los demás departamentos son interdependientes y el trabajo progresa como un todo sintético.

 

Los trabajadores o adeptos, que se ocupan de la evoluci√≥n de la familia humana, son sesenta y tres, si se tienen en cuenta los tres grandes Se√Īores, para llegar a formar los nueve veces siete, necesarios para el trabajo. De √©stos, cuarenta y nueve trabajan exot√©ricamente, si puede expresarse as√≠, y catorce se ocupan m√°s esot√©ricamente de la manifestaci√≥n subjetiva. Muy pocos de Sus nombres son conocidos por el p√ļblico, y en muchos casos no ser√≠a prudente revelar qui√©nes son, d√≥nde viven y cu√°l es Su particular esfera de actividad. Una peque√Īa minor√≠a, debido al karma gru¬≠pal y a la disposici√≥n de sacrificarse, en los √ļltimos cien a√Īos han sido conocidos por el p√ļblico, y en lo que a Ellos respecta puede darse cierta informaci√≥n. En la actualidad muchas perso¬≠nas, independientemente de cualquier escuela de pensamiento, son conscientes de su existencia, y el reconocimiento de que aquellos a quienes conocen personalmente trabajan en un gran esquema de esfuerzo unificado, puede alentar a estos verdaderos conocedores y testimoniar su conocimiento y establecer as√≠, m√°s all√° de toda controversia, la realidad de Su trabajo. Ciertas escuelas de ocul¬≠tismo y orientaci√≥n teos√≥fica han pretendido ser las √ļnicas depo¬≠sitarias de Sus ense√Īanzas y la √ļnica exteriorizaci√≥n de Sus es¬≠fuerzos, limitando, en consecuencia, lo que Ellos hacen y formu¬≠lando premisas que el tiempo y las circunstancias no corrobora¬≠r√°n. Trabajan ciertamente por medio de tales grupos de pensado¬≠res y ponen la mayor parte de sus fuerzas en la tarea de tales organizaciones; sin embargo, tienen Sus disc√≠pulos y Sus adictos en todas partes, trabajando a trav√©s de muchos grupos y aspectos de la ense√Īanza. En todo el mundo, los disc√≠pulos de estos Maes¬≠tros han encarnado en esta √©poca con el √ļnico fin de participar en las actividades, tareas y difusi√≥n de la verdad de las distintas igle¬≠sias, ciencias y filosof√≠as, produciendo as√≠, dentro de la organiza¬≠ci√≥n misma, una expansi√≥n, una extensi√≥n y la desintegraci√≥n ne¬≠cesaria, que de otra forma resultar√≠a imposible. Ser√≠a conveniente que todo estudiante de esoterismo conociera estos hechos y culti¬≠vara la capacidad de reconocer la vibraci√≥n jer√°rquica, tal como se manifiesta a trav√©s de los disc√≠pulos, en los lugares y grupos m√°s inveros√≠miles.

 

En lo que respecta al trabajo de los Maestros a trav√©s de sus disc√≠pulos, deber√≠a explicarse un punto, y es que las diversas es¬≠cuelas de pensamiento, fomentadas por la energ√≠a de la Logia, son fundadas en cada caso por uno o varios disc√≠pulos, y sobre ellos y no sobre el Maestro recae la responsabilidad de los resultados y el karma consiguiente. El procedimiento es m√°s o menos el siguiente: El Maestro revela al disc√≠pulo el objetivo que se pro¬≠pone realizar en un breve ciclo inmediato y le sugiere la conve¬≠niencia de tal o cual desarrollo. El trabajo del disc√≠pulo consiste en asegurarse el mejor m√©todo para obtener los resultados desea¬≠dos, y en formular planes por medio de los cuales obtener cierto √©xito. Entonces inicia sus proyectos, funda su sociedad u organi¬≠zaci√≥n, y difunde la ense√Īanza necesaria. Sobre √©l recae la res¬≠ponsabilidad de elegir colaboradores apropiados, trasmitir el tra¬≠bajo a los m√°s capacitados y presentar debidamente la ense√Īanza. Todo lo que hace el Maestro es observar el esfuerzo con inter√©s y simpat√≠a; mientras tanto el disc√≠pulo mantiene su elevado ideal inicial y sigue su camino con puro altruismo.

 

El Maestro no es culpable si el discípulo muestra falta de dis­cernimiento en la elección de colaboradores o evidencia incapaci­dad para representar la verdad. Si lo hace bien y el trabajo pro­gresa, como es de desear, el Maestro continuará impartiendo Su bendición sobre el esfuerzo. Si fracasa y sus sucesores se apartan del impulso original, difundiendo así toda clase de errores, el Maestro, con amor y simpatía, omitirá esa bendición, retendrá Su energía y dejará de estimular aquello que es mejor que des­aparezca. Las formas van y vienen y el interés del Maestro y Su bendición, fluirán a través de un canal u otro; el trabajo puede continuar por cualquier medio, pero siempre la fuerza de la vida persistirá, destruyendo la forma allí donde sea inadecuada o utilizándola cuando satisfaga la necesidad inmediata.

 

Algunos Maestros y su trabajo.

 

En el primer gran grupo del cual el Manu es el Gu√≠a, se hallan dos Maestros, el Maestro J√ļpiter y el Maestro Morya. Ambos han trascendido la quinta Iniciaci√≥n, y el Maestro J√ļpiter, que adem√°s es Regente de la India, es considerado el m√°s antiguo por toda la Logia de Maestros. Habita en las colinas de Nilghe¬≠rry, en el sur de la India, y es uno de los Maestros que gene¬≠ralmente no aceptan disc√≠pulos, pues figuran entre √©stos s√≥lo iniciados de grado superior y un buen n√ļmero de Maestros. En sus manos est√°n las riendas del gobierno de la India, incluyendo gran parte de la frontera norte, y sobre √Čl recae la ardua tarea de guiar finalmente a este pa√≠s, para que salga del presente caos e intranquilidad y sus diversos pueblos se fusionen en una s√≠ntesis final. El Maestro Morya, uno de los adeptos orientales m√°s conocidos, re√ļne entre Sus disc√≠pulos a un gran n√ļmero de europeos y americanos; es un pr√≠ncipe Rajput, que durante muchas d√©cadas ocup√≥ una posici√≥n prominente en los asuntos de la India.

 

Act√ļa en estrecha colaboraci√≥n con el Manu y oportuna¬≠mente ser√° el Manu de la sexta raza ra√≠z. Vive, como Su Her¬≠mano K.H., en Shigats√©, en los Himalayas, y es una figura muy conocida por los habitantes de esa lejana villa. Es un hombre alto y de presencia imponente, de cabello y barba negros y ojos oscuros, y Su aspecto podr√≠a considerarse severo, si no fuera por la expresi√≥n de Sus ojos. √Čl y Su Hermano, el Maestro K.H., trabajan casi como una unidad, y as√≠ lo han hecho durante siglos y lo har√°n en el futuro, pues el Maestro K.H. est√° preparado para ocupar el puesto de Instructor del Mundo, cuando el actual titular lo deje para realizar un trabajo m√°s elevado, y venga a la existencia la sexta raza ra√≠z. Las casas que habitan est√°n juntas, y gran parte del tiempo trabajan en estrecha asociaci√≥n. Como el Maestro M. pertenece al primer rayo, el de la Voluntad y Poder, Su trabajo consiste en gran parte en llevar a cabo los planes del actual Manu. Act√ļa como inspirador de los estadistas del mundo; maneja, por medio del Mahachohan, las fuerzas que producir√°n las condiciones necesarias para el progreso de la evo¬≠luci√≥n racial. En el plano f√≠sico, los grandes ejecutivos nacionales con ideales internacionales y amplia visi√≥n, est√°n influidos por √Čl, y con √Čl cooperan ciertos grandes devas del plano mental; tres grandes grupos de √°ngeles trabajan tambi√©n con √Čl en ni¬≠veles mentales, en uni√≥n con devas menores que vitalizan formas mentales y, en bien de toda la humanidad, mantienen vivas las formas mentales de los Gu√≠as de la raza.

 

El Maestro M, tiene un gran grupo de discípulos bajo su instrucción, trabaja con muchas organizaciones esotéricas y tam­bién por medio de los políticos y estadistas del mundo.

 

El Maestro Koot Humi, muy conocido en Occidente, tiene muchos disc√≠pulos en todas partes, es oriundo de Cachemira y Su familia originalmente procedi√≥ de la India. Es tambi√©n un Iniciado de alto grado y pertenece al segundo rayo de Amor¬≠ Sabidur√≠a. Es de noble presencia y alta estatura, aunque algo menos corpulento que el Maestro M.; de tez blanca, cabello y barba color casta√Īo dorado, y ojos de un maravilloso azul pro¬≠fundo, a trav√©s de ellos parece fluir el amor y la sabidur√≠a le las edades. Tiene una gran experiencia y una vasta cultura; fue originalmente educado en una de las Universidades brit√°nicas y habla correctamente el ingl√©s. Lee mucho, y los libros de todas las literaturas en diversos idiomas, llegan a Su estudio en el Himalaya.¬† Se ocupa principalmente de la vitalizaci√≥n de ciertas grandes tendencias filos√≥ficas y Se interesa por algunas organi¬≠zaciones filantr√≥picas. Le corresponde, en gran parte, el trabajo de estimular la manifestaci√≥n del amor, latente en el coraz√≥n de todos los hombres, y despertar en la conciencia de la raza la percepci√≥n del gran hecho fundamental de la hermandad.

 

Actualmente el Maestro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jes√ļs, est√°n √≠ntimamente interesados en el trabajo de unificar, hasta donde sea posible, el pensamiento oriental y el occiden¬≠tal, de modo que las grandes religiones orientales, con el √ļltimo desarrollo alcanzado por el credo cristiano en todas sus ramifi¬≠caciones, puedan beneficiarse mutuamente. Se espera que de este modo venga a la existencia la gran Iglesia Universal.

 

El Maestro Jes√ļs, punto focal de la energ√≠a que fluye a trav√©s de las distintas iglesias cristianas, ocupa actualmente un cuerpo sirio y vive en alg√ļn lugar de Tierra Santa. Viaja mucho¬†¬† y pasa largas temporadas en diversas partes de Europa. Trabaja m√°s¬† especialmente con las masas que con los individuos, aunque ha reunido a Su alrededor un numeroso grupo de disc√≠pulos. Perte¬≠nece al sexto rayo de Devoci√≥n o Idealismo Abstracto, y Sus disc√≠pulos se caracterizan frecuentemente por ese fanatismo y de¬≠voci√≥n que se manifest√≥ en los m√°rtires de los primitivos tiempos cristianos. Es de apariencia marcial, exige disciplina, es un hom¬≠bre de voluntad y dominio f√©rreos. Alto y delgado, de rostro largo y fino, pelo negro, tez p√°lida y penetrantes ojos azules. Su trabajo actual es de gran responsabilidad, pues le fue asignada la tarea de orientar el pensamiento occidental, para sacarlo de su actual estado de intranquilidad y llevarlo a las pac√≠ficas aguas de la certidumbre y del conocimiento, preparando as√≠ el adve¬≠nimiento, en Europa y Am√©rica, del Instructor del Mundo. Es muy conocido en la historia b√≠blica, apareciendo primero como Joshua, el hijo de Nun; luego aparece nuevamente en los tiem¬≠pos de Ezra, como Jeshua, recibiendo la tercera iniciaci√≥n, que en el Libro de Zacar√≠as es relatada como la de Joshua, y en, el Evangelio es conocido por dos grandes sacrificios, aquel en que entreg√≥ Su cuerpo para que el Cristo lo utilizara, y el de la gran renunciaci√≥n, caracter√≠stica de la cuarta iniciaci√≥n. Como Apo¬≠lonio de Tiana, recibi√≥ la quinta iniciaci√≥n y Se convirti√≥ en Maestro de Sabidur√≠a. Desde entonces permaneci√≥ y actu√≥ en la Iglesia Cristiana, fomentando el germen de la verdadera vida espiritual entre los miembros de las sectas y divisiones, y neu¬≠tralizando en lo posible los errores y equ√≠vocos de cl√©rigos y te√≥logos. Es netamente el gran L√≠der, el General y el Sabio eje¬≠cutivo, y en los asuntos de las iglesias coopera estrechamente con el Cristo, ahorr√°ndole mucho trabajo y actuando como Su inter¬≠mediario, cuando es posible. Nadie como √Čl conoce tan profun¬≠damente los problemas de Occidente; nadie est√° tan √≠ntimamente en contacto con quienes representan mejor las ense√Īanzas cristianas, y nadie conoce tan bien la necesidad del momento actual. Algunos eminentes prelados de las iglesias Anglicana y Cat√≥lica son Sus agentes.

 

El Maestro Djwal Khul o Maestro D. K., como se lo llama frecuentemente, es otro adepto del segundo rayo de Amor?Sabi¬≠dur√≠a, el √ļltimo de los adeptos que pasaron la iniciaci√≥n, pues recibi√≥ la quinta iniciaci√≥n en 1875; conserva el mismo cuerpo de entonces; la mayor√≠a de los Maestros la recibieron en cuerpos anteriores, su cuerpo de origen tibetano no es joven. Est√° dedi¬≠cado al Maestro K. H. y vive en una casita cercana a la de este Maestro. Por Su disposici√≥n a servir y a hacer cuanto sea necesario, ha sido llamado “el Mensajero de los Maestros”. Es muy culto y tiene m√°s conocimiento acerca de los rayos y de las Jerarqu√≠as planetarias del sistema solar, que ning√ļn otro Maestro. Trabaja con quienes se dedican a la curaci√≥n, y coopera en los grandes laboratorios del mundo en forma desconocida e invisible, con los buscadores de la verdad, con todos los que tratan definidamente de curar y aliviar al mundo y con los grandes movimientos fi¬≠lantr√≥picos mundiales, tales como la Cruz Roja. Se ocupa de los disc√≠pulos de los distintos Maestros, que pueden aprovechar su instrucci√≥n, y en los √ļltimos diez a√Īos ha aliviado, en gran parte, el trabajo de ense√Īanza de los Maestros M. y K. H., tomando a Su cargo, por determinado tiempo, algunos de Sus aspirantes y disc√≠pulos. Tambi√©n trabaja mucho con ciertos grupos de devas del √©ter, que son devas sanadores y colaboran as√≠ con √Čl en el trabajo de remediar algunos males f√≠sicos de la humanidad. Dict√≥ gran parte de la monumental obra¬†La Doctrina Secreta, y le¬†hizo ver a H. P. Blavatsky muchas ilustraciones y datos que apa¬≠recen en ese libro.

 

El Maestro Rakoczi se ocupa especialmente del futuro des¬≠arrollo de los asuntos raciales de Europa y del desarrollo mental en Am√©rica y Australia. Es h√ļngaro, tiene su hogar en los C√°r¬≠patos, habiendo sido en un momento dado una figura muy cono¬≠cida en la corte h√ļngara. Se pueden encontrar referencias en antiguos libros de historia, fue particularmente conocido como el Conde de Saint?Germain, anteriormente como Roger Bacon y despu√©s como Francis Bacon. Es interesante observar que, a me¬≠dida que el Maestro R. se hace cargo de los asuntos de Europa, en los planos internos, el nombre de Francis Bacon se hace m√°s p√ļblico en la controversia Bacon?Shakesperiana. Es m√°s bien bajo y delgado, con barba negra y puntiaguda y cabello lacio y negro. No acepta tantos disc√≠pulos como los Maestros ya mencionados. En la actualidad dirige la mayor√≠a de los disc√≠pulos de tercer rayo de Occidente, juntamente con el Maestro Hilari√≥n. pertenece al s√©ptimo rayo de Magia u Orden Ceremonial, y act√ļa principalmente por medio del ritual y el ceremonial esot√©ricos; tiene vital inter√©s por los efectos hasta ahora no reconocidos del ceremonial francmas√≥n, el de las diversas fraternidades y el de todas las iglesias. En la Logia se lo llama generalmente “el Conde” y en Am√©rica y Europa act√ļa pr√°cticamente como director general, en la realizaci√≥n de los planes del consejo ejecutivo de la Logia. Al¬≠gunos Maestros forman un grupo interno alrededor de los tres Grandes Se√Īores, y se re√ļnen en concilio con mucha frecuencia.

 

El Maestro Hilari√≥n pertenece al quinto rayo de Conocimien¬≠to Concreto o Ciencia, y en una encarnaci√≥n anterior fue Pablo de Tarso. Tiene cuerpo cretense, pero pasa gran parte de su tiempo en Egipto. Dio al mundo el tratado ocultista llamado Luz¬†en el Sendero y¬†Su¬†trabajo resulta particularmente interesante, para el gran p√ļblico, en la crisis actual, pues trabaja con quienes desarro¬≠llan la intuici√≥n, y controla y trasmuta los grandes movimientos que tienden a descorrer el velo de lo invisible. Su energ√≠a estimula a trav√©s de Sus disc√≠pulos a los grupos de investigadores s√≠quicos, y fue quien inici√≥, mediante varios de Sus disc√≠pulos, el movi¬≠miento espiritista. Tiene en observaci√≥n a todos los s√≠quicos de orden superior, y los ayuda a desarrollar sus poderes para bien del grupo; trabaja juntamente con algunos devas en el plano as¬≠tral, para abrir, a los buscadores de la verdad, ese mundo sub¬≠jetivo que est√° tras de la materia grosera.

 

Poco puede decirse sobre los dos Maestros ingleses. No acep¬≠tan disc√≠pulos en el sentido en que lo hacen los Maestros K. H. y M. Uno reside en Gran Breta√Īa, tiene a Su cargo la direcci√≥n de¬≠finitiva de la raza anglosajona y trabaja en los planes del des¬≠arrollo y la evoluci√≥n futuros. Est√° tras el movimiento labo¬≠rista de todo el mundo, trasmut√°ndolo y dirigi√©ndolo, y de la ac¬≠tual creciente oleada de la democracia. De la inquietud democr√°¬≠tica, y del caos y la confusi√≥n actuales, surgir√° la futura condici√≥n mundial, que tendr√° como nota clave la cooperaci√≥n, no la compe¬≠tencia; la distribuci√≥n, no la centralizaci√≥n.

 

Mencionaremos aqu√≠ brevemente al Maestro Serapis, frecuen¬≠temente llamado el Egipcio. Pertenece al cuarto rayo, y de √Čl re¬≠ciben en√©rgico impulso los grandes movimientos art√≠sticos del mundo, la evoluci√≥n de la m√ļsica, de la pintura y del teatro. Ac¬≠tualmente dedica la mayor parte de Su tiempo y atenci√≥n al trabajo de la evoluci√≥n d√©vica o ang√©lica, hasta que, mediante Su ayuda, sea posible hacer la gran revelaci√≥n en el mundo de la m√ļsica y de la pintura, en un futuro inmediato. No es posible agregar algo m√°s acerca de √Čl ni revelar Su lugar de residencia.

 

El Maestro P. trabaja bajo la direcci√≥n del Maestro R. en Norteam√©rica; tuvo mucho que ver esot√©ricamente con las distintas ciencias mentales, como la Ciencia Cristiana y el Nuevo Pensamiento, constituyendo ambas un esfuerzo de la Logia en el af√°n de ense√Īar a los hombres la realidad de lo invisible y el poder, creador de la mente. Su cuerpo es irland√©s; pertenece al cuarto rayo, y no puede ser revelado el lugar de Su residencia. Tom√≥ a su cargo gran parte del trabajo del Maestro Serapis cuan¬≠do √Čste se ocup√≥ de la evoluci√≥n d√©vica.

 

El trabajo actual.

 

Ser√°n tratados aqu√≠ ciertos hechos que se refieren a dichos Maestros y a Su trabajo presente y futuro. Primero, el trabajo de entrenar a Sus aspirantes y disc√≠pulos, para que sean de utilidad en dos grandes acontecimientos: uno, la venida del Instructor del Mundo a mediados o a fines del presente siglo, y otro, la funda¬≠ci√≥n de la nueva sexta subraza con la reconstrucci√≥n de las actua¬≠les condiciones del mundo. Por ser la nuestra la quinta subraza de la quinta raza ra√≠z, es muy grande la presi√≥n del trabajo en los cinco rayos de la mente, controlados por el Mahachohan. Dado que los Maestros soportan una carga muy pesada, gran parte de Su trabajo de ense√Īar a los disc√≠pulos ha sido delegado a inicia¬≠dos y disc√≠pulos avanzados, y algunos de los Maestros de los rayos primero y segundo, se han hecho cargo temporariamente de los aspirantes en el departamento del Mahachohan.

 

Segundo, se debe preparar al mundo en amplia escala para la venida del Instructor mundial, y deben darse los pasos necesarios antes de que muchos de Ellos se manifiesten entre los hombres, y lo har√°n a fines de este siglo. Ya se est√° formando un grupo especial que se prepara expresamente para este trabajo. El Maes¬≠tro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jes√ļs, se ocupar√°n especial¬≠mente de este movimiento, hacia fines de este siglo. Otros Maes¬≠tros participar√°n tambi√©n, pero los tres mencionados anterior¬≠mente son Aquellos con cuyos nombres y cargos la gente debe en lo posible familiarizarse.

 

Otros dos Maestros est√°n especialmente relacionados con el s√©ptimo rayo o ceremonial, y Su trabajo particular es supervisar el desarrollo de ciertas actividades, dentro de los pr√≥ximos quince a√Īos, bajo la direcci√≥n del Maestro R. Puede asegurarse definiti¬≠vamente que antes de la venida de Cristo se har√° lo necesario para que est√© al frente de las grandes organizaciones un Maestro o un iniciado que haya recibido la tercera iniciaci√≥n. Maestros e iniciados estar√°n al frente de ciertos grandes grupos ocultistas de francmasones del mundo y de diversos sectores de la iglesia en muchas de las grandes naciones. Este trabajo de los Maestros se est√° realizando ya, y todos Sus esfuerzos tienden a una exitosa culminaci√≥n. En todas partes Ellos re√ļnen a quienes de una u otra manera demuestran la tendencia a responder a las altas vi¬≠braciones, tratando de forzarlas y adaptarse a ellas, a fin de ser √ļtiles en el momento de la venida de Cristo. Grande es el d√≠a de la oportunidad cuando llegue ese momento, porque debido a la enorme fuerza vibratoria, que entonces presionar√° sobre los hijos de los hombres, quienes realizan ahora el trabajo necesario, podr√°n dar un gran paso hacia adelante y franquear el portal de la¬† Iniciaci√≥n.

 

Este es un fragmento del libro “Iniciaci√≥n humana y solar”, ¬†del Maestro Djwhal Khul hablando mas en profundidad sobre las Jerarquia Espirituales / Gran Hermandad Blanca.

Desde aqui puedes descargar el libro completo”El trabajo de la Jerarqu√≠a Espiritual”:

Djwhal Khul РLa exteriorización de la jerarquía

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