Atkinson: el poder de la voluntad (1)

José Contreras

Atkinson: el poder de la voluntad (1)

Introdución

Vamos a comentar la obra de Atkinson sobre el poder de la voluntad. El autor no se limita a definirla, sino que señala las condiciones que son necesarias para expresar nuestra voluntad. Vamos a relacionar sus ideas con las de otros autores.

Lo importante de esta serie de exposiciones es que se dan pautas que nos ayudan a conocernos mejor y a responder a esa pregunta que nos hemos hecho muchas veces ¿por qué algunas personas tienen una fuerte voluntad y otras no?

La voluntad se expresa en todas las personas, pero que hay unas que saben darle dirección y otras que de manera inconsciente se dejan manejar. La idea es aprender a dirigir conscientemente esa fuerza que todos poseemos.

Atkinson: el poder de la voluntad

Uno de los problemas que se relacionan con la motivación es la falta de voluntad. Si observamos a la naturaleza vemos que todo actúa. Todo expresa una voluntad. Schopenhauer nos dice que no son múltiples voluntades sino que es la misma expresada de múltiples formas.

Sin embargo, el problema sobre porque algunas personas logran lo que se proponen y otras no, es de difícil solución. A nivel personal, se repite la pregunta: ¿Por qué algunas cosas las conseguimos con facilidad y otras nos cuenta tanto? ¿Por qué tenemos conductas que no deseamos y no logramos desprendernos de ellas?

Willian W. Atkinson responde a estas preguntas en su libro “el poder de la voluntad”. Vamos a tomarlo como guía, aunque integraremos planteamientos d otros autores como Rudolf Steiner.

Comencemos señalando que para Schopenhauer todo lo que se expresa es voluntad. Nuestras percepciones son expresión de la voluntad. Lo que observamos es expresión de la voluntad. Sobre este punto podemos recordar a Nietzsche quien afirmaba que en todo ser vivo había una voluntad de poder. Otros autores han dicho que es una voluntad de vivir de expresarse.

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Nietzsche afirmaba que en todo ser vivo había una voluntad de poder.

Nuestras emociones, nuestras sensaciones, nuestros pensamientos son voluntad. Así que no necesitamos voluntad. Ya la tenemos. Lo que tenemos que aprender es a encausarla para conseguir expresarnos con mayor libertad.

En el primer capítulo de la obra de Atkinson, se explica que la voluntad domina a las sensaciones y a las emociones. Los poetas nos van a recordar que una flor solo se completa cuando es admirada por un ser humano. Podríamos decir que esa voluntad expresada como flor, necesita ser percibida y admirada para lograr una dimensión que no lograría otra flor, que no es admirada. Por supuesto cumplirá su función de ser fecundada con ayuda de alguna abeja u otro insecto, pero hay una función que le aporta el ser humano que la contempla.

Nuestras emociones también son voluntad y por la voluntad las podemos modificar. Extendiendo esta idea, podemos decir que la voluntad tiene el poder de crear nuevas formas, mantenerla y de transformarlas. Todas las cosas cambian constantemente. Recordemos la imagen del rio que permanece, pero que cambia sus aguas constantemente. De ahí la expresión “nadie se baña dos veces en el mismo río”.

Esta idea de que todo cambia es la que nos permite desear lo que no tenemos. Pero ¿Cómo aprovechamos este cambio constante para cambiar hacia lo que queremos? A esta posibilidad de cambiar hacia lo que queremos es a lo que llamamos conseguir las cosas por nuestra voluntad.

Antes de estudiar lo que hay que hacer para lograr los cambios que queremos vamos a la esencia de la voluntad, La voluntad se expresa por la acción. Lo que completa el proceso es la acción. En Sociología se le da mucha importancia a la acción social. Los actos son los que determinan los cambios que ocurren en la sociedad. Estos actos son decididos por los ciudadanos. Algunos actúan con plena conciencia y otros son seguidores de las costumbres ya aceptadas. De hecho todos actuamos en muchas ocasiones siguiendo las normas ya aceptadas sin estar conscientes de ellas.

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Nuestras emociones también son voluntad y por la voluntad las podemos modificar

Como individuos tenemos que actuar constantemente y no siempre estamos conscientes de que estamos decidiendo nuestro carácter y creando nuestro destino. Por esto es muy importante prestarla atención a lo que hacemos.

La voluntad débil

Podemos preguntarnos si todo es voluntad, como puede ser posible que no logremos hacer lo que queremos. La respuesta que da Atkinson es que no sabemos querer querer. Nuestros deseos nos mueven de una dirección a otra. Constantemente queremos, pero no le prestamos atención a esos deseos múltiples y no sabemos que es lo que en realidad queremos.

Los deseos nos mueven. Lo más grave es que muchas veces somos movidos por los deseos de otros y sentimos malestar y confusión. Nos quejamos de no hacer lo que queremos, pero si nos preguntan que queremos no tenemos respuesta.

La mayoría de las cosas que queremos responden a las costumbres que hemos adquirido. Solo cuando decidimos lo que queremos podemos desarrollar nuestra voluntad.  Así que un primer paso es decidir lo que queremos.

Uno de los errores que comenten algunas personas que suponen que los deseos deben ser espirituales, por esto no consiguen como convertirlos en actos. Si no se pueden llevar a la acción, no son deseos reales. Ya hemos dicho que la voluntad se expresa en actos. Si no se puede llevar a la acción no son deseos reales. Son solo sueños. El amor de Don Quijote por Dulcinea solo tiene sentido en la medida en que es el motivo de sus aventuras. Es decir son los actos los que hacen que el amor platónico sea un motivo de la voluntad.

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El amor de Don Quijote por Dulcinea solo tiene sentido en la medida en que es el motivo de sus aventuras

Hay que reconocer que entre el abusador y el débil, el primero estará en una posición de control. Toda persona tiene el derecho a aprender a usar su potencialidad. Es muy posible que quien se muestra débil no ha descubierto sus capacidades y está luchando en entornos que no son los suyos. Por esta razón es muy importante decidir que es lo que queremos y comenzar a trabajar en esa línea con tenacidad.

Por esto la expresión querer querer tiene mucho sentido. No es suficiente con decir que uno quiere algo. Hay que estar decidido a lograrlo. Querer querer es estar dispuesto a desarrollar la voluntad.

Decidir lo que queremos

A primera vista decidir lo que queremos es muy fácil. Sin embargo, una vez que elegimos algo, comenzamos a ver que al poco tiempo queremos otra cosa que contradice a la meta elegida. Queremos hacer ejercicio y luego vemos que no tenemos tiempo. Que tenemos que hacer otras cosas. Por ejemplo que tenemos que ir con los amigos a un restaurant. Si partimos de que queremos lo que hacemos, tendremos que concluir que lo que en realidad queremos es lo que hacemos. En este caso, ir a disfrutar con los amigos comiendo y bebiendo.

Muchas veces no queremos elegir para no molestar a nadie. Dependemos mucho de la opinión de otros y eso hace que no hagamos lo que hemos elegido. En casos como este, debemos pensar si depender de nuestros amigos debe ser nuestra prioridad o si esto es un obstáculo para cumplir con nuestras metas.

Si queremos hacer ejercicio debemos pensar porque lo queremos. Es posible que nos demos cuenta que nuestro cuerpo está débil. También es posible que el médico nos dijera que nuestros músculos están flácidos y que si seguimos así perderemos resistencia. El punto es descubrir si entre nuestros deseos ese es suficientemente fuerte como para dedicarnos a lograrlo.

Para tomar la decisión es necesario usar el pensamiento. Por un lado tenemos nuestros deseos y por otro nuestra capacidad de análisis. Tenemos que buscar los motivos que le vamos a da a nuestra voluntad.

Sin embargo, no podemos avanzar si no decidimos que es lo que queremos. Solo después podremos darnos cuenta si la elección era acertada. Si nunca elegimos, nunca sabremos si estábamos equivocados.

Los motivos de la voluntad.

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Los deseos nos mueven en muy diferentes direcciones.

Si nos dejamos llevar por nuestros deseos, nunca llegaremos a ninguna parte. Muchas personas se dejan llevar por los dirigentes de la sociedad. Por el sacerdote, por el dirigente político, por los comentaristas de la televisión. No se sientan a pensar que cada uno de ellos tiene sus intereses y nos están moviendo hacia ellos. También nos podemos dejar llevar por nuestros instintos. En estos casos la persona se deja llevar por el subconsciente colectivo.

Para tomar nuestro destino en nuestras manos tenemos que darle nuestros motivos a la voluntad. Esto solo se logra por la reflexión. El pensamiento tiene el poder de darle dirección a los sentimientos, a los instintos y a las emociones.

En otras palabras, para tomar la dirección de nuestros deseos y mostrar poder de voluntad es necesario pesar esos deseos y elegir cual es aquel al que le queremos dar prioridad. Sin la mente, la voluntad sigue su curso sin nuestra dirección. Las personas que ha perdido la capacidad mental también actúan, la voluntad se expresa, pero no es la voluntad de ellos

Atkinson insiste en que para desarrollar la voluntad es necesaria la acción consciente. La acción consciente no se puede limitar a conocer lo que hacemos. El borracho también sabe lo que hace, pero no es su decisión. Es necesaria una decisión basada en la reflexión y no dominada por los instintos, ni por los deseos.

Por esta razón los motivos conscientes de la voluntad exigen reconocer que es lo que debemos inhibir. No es solo saber qué es lo que quiero, sino tambien que es lo que no quiero.

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No es solo saber qué es lo que quiero, sino tambien que es lo que no quiero.

Acción e inhibición

Muchas veces el aspecto que mejor expresa donde se enfoca la voluntad se puede observar en la decisión sobre aquello que no vamos a reforzar. Se refiere a esas acciones a las que no vamos a alimentar.

Necesitamos motivos para no seguir haciendo lo que ya estamos acostumbrados a realizar. Tenemos que imaginar con claridad las consecuencias de los actos que nos hacen daño. De la misma forma en que para cambiar el curso de un río hay que crearle un nuevo cauce, también hay que poner obstáculos al curso anterior. Estos también son motivos, pero no para movilizar la acción sino para evitarla.

En algunos casos, inhibir lo que no se quiere puede implicar impedir toda posibilidad de regreso.  En el caso de alguien que quiere dejar de fumar es muy posible que una primera solución sea la de disminuir la cantidad de cigarrillos. Otra opción puede ser la de eliminarlo por completo. En este segundo camino es posible que el fumador descubra que también debe dejar de ser un fumador pasivo. Esto implica dejar de asistir a reuniones de compañeros fumadores.

Cuando alguien descubre que costumbres debe dejar, se da cuenta que esas costumbres están relacionadas con otras personas. Esto no significa que va a dejar de tratarlas, sino que la manera de relacionarse va a cambiar. Es el caso típico de quien cambia de religión, o de partido político e incluso de carrera de estudios. Todas sus relaciones cambian.

Nuestras relaciones sociales están vinculadas a la acción. Al eliminar ciertas acciones las relaciones sociales se modifican.

De igual manera ocurre al integrar nuevas acciones. Si alguien quiere ser pintor debe saber que se va a relacionar con el mundo de la pintura. Es cierto que se puede limitar a adquirir ciertas técnicas y a mantener una actividad privada. Sin consecuencias sociales. Pero esto también tiene que ser una decisión a tomar.

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Si alguien quiere ser pintor debe saber que se va a relacionar con el mundo de la pintura.

Conocernos a nosotros mismos

Nuestras decisiones

Podemos preguntarnos por esas ocasiones en las que nuestra vida cambó por alguna decisión que tomamos.

Muchas de las costumbres que tenemos han sido elegidas por otros. Por ejemplo, es muy posible que si pertenecemos a alguna religión esta fue seleccionada por nuestros padres. Sin embargo, si nos observamos podremos descubrir que el algún momento elegimos algún tipo de ideas que no coincidían con los de dicha iglesia.

También podemos observar esos momentos en los que elegimos la opción que se nos ofrecía porque era el camino más fácil. Es una forma de aceptar el destino. Sin embargo, si prestamos mayor atención veremos que aún en esos momentos había un plan que era nuestro. Lo aceptamos porque correspondía a nuestras expectativas.

También podemos observar esos momentos en que no elegimos algo que decíamos que queríamos. Podemos decir que fue una oferta del destino. Podemos decir que fue miedo o cualquier otra emoción, pero la verdad era que no lo queríamos. No queríamos aceptar ciertas responsabilidades. Esta es otra forma de saber qué cosas no queremos o que cosas no estamos dispuestos a perder.

Muchas veces no sabemos si hemos logrado algo en la vida, porque no sabemos apreciar lo que hemos avanzado. Nos comparamos con personas que consideramos exitosas y no podemos imaginar que ellas también, en algunas ocasiones se sienten perdidas.

Aprender a apreciar esos pequeños avances es muy importante.

Avaricia de poder

Otro de los problemas relacionados con la voluntad es el deseo de dominar a los demás. Mucha gente piensa que voluntad es el poder de controlar a otro. Es cierto que una persona que ha aprendido a dirigir su voluntad no se deja dominar. También es cierto que quien no ha hecho esfuerzo por darle dirección a su vida es fácil presa de otro.

Sin embargo, quien quiere controlar a los demás cae en el esquema de amo-esclavo. En realidad no aprende a ser él mismo. La necesidad de usar a otro implica una debilidad. Hay miles de ejemplos sobre cómo se crean instituciones con la finalidad de aprovecharse de otro. La mayoría de los que se presentan como salvadores son en realidad buscadores de gente que esté bajo su control. Además están los grupos que de manera abierta son conocidos por saltarse las leyes para avisar de los demás y coaccionarlos.

Esto es una avaricia de poder. El poder de esclavizar. Entre los muchos ejemplos que se pueden dar está el de pagarle a un trabajador lo mínimo posible para luego vender los productos al máximo posible. Son formas de esclavitud que están tomando nuevas formas en el siglo XXI.

El punto que se quiere resaltar en este subtítulo es que est6as personas están dominadas por sus pasiones.

En realidad no son libres y no tiene la dirección de sus deseos. Si alguien se dedica a observar con atención tienen que relacionarse a mafias que los controlan. Su libertad termina cuando dejan de seguir las instrucciones que les dan. Es decir, son tan esclavos como las personas que están bajo su control. La única ventaja es que por un tiempo viven en mejores condiciones que sus subordinados.

Esta avaricia de poder exige llegar a estar en el ápice de la pirámide y el que lo logra, siempre estará a punto de caer.

La voluntad de tener más tiene el problema de que nunca van a estar satisfechos, siempre querrán más y esto los pone a competir con los intereses de quienes controlan ese sistema de explotación. Es otra forma de infelicidad.

Usar nuestra voluntad

¿Qué es la voluntad?

El filósofo de la voluntad es Schopenhauer. Él hace una crítica a quienes creen que por medio del desarrollo del pensamiento lógico se va a llegar a un mundo mejor. Señala que el pensamiento es un ayudante pero no es la fuerza que mueve al mundo. El pensamiento pertenece al mundo racional, pero hay muchas fuerzas que no son dirigidas por el pensamiento por no ser racionales. El pensamiento las puede estudiar, pero tienen su propia dinámica de acción.

La voluntad es una fuerza irracional. Puede ser guiada por el pensamiento, pero no necesita al pensamiento para expresarse. Esta fuerza nos hace querer, sin importar lo que queremos. Solo querer. Ella irrumpe en la existencia creando vida. Crea a todos los seres y dentro de nosotros además de formar nuestro cuerpo físico, también se expresa como emociones y como pensamiento.

El pensamiento le permite a la voluntad observarse a sí misma. El pensamiento nos permite conocernos a nosotros mismos. Permite que reconozcamos que la misma voluntad que se expresa en nosotros está en todo lo que existe.

Esa voluntad está en el depredador y en la presa. Está en el explotador y en el explotado. Es la que pos produce infelicidad y la que nos hace conscientes de que no debemos sufrir.

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Esa voluntad está en el depredador y en la presa.

Cuando comprendemos que esa energía nos permite darle dirección a nuestra vida por medio del pensamiento y de la acción estamos en el camino de ser creativos.

Cuando comprendemos que esa energía nos permite darle dirección a nuestra vida, por medio del pensamiento y de la acción, estamos en el camino de ser creativos.

Motivación de la voluntad

Hemos visto que la voluntad se expresa de formas múltiples, casi siempre por medio de procesos que no son conscientes. También hemos visto que la misma voluntad ha creado el pensamiento, que le permite  el auto control, la autodirección.

La mente permite crear motivos, que son como los cauces para un río. Si creamos un nuevo cauce, al menos una parte del agua tomará ese curso. Si le creamos motivos a la voluntad, esa voluntad se dirigirá a cumplir con esas finalidades.

Los motivos pueden ser dados por otras personas y aceptados por nosotros. En esos casos estaríamos en la situación de las aves que empollan los huevos de otras aves. No tenemos idea de cuantas veces hacemos esto.

También podemos crear nuestros propios motivos. Es un trabajo difícil, pero es la púnica manera de conocernos y saber de lo que somos capaces. Solo los creadores establecen sus propios motivos.

Esta es la tarea de todo ser humano que quiere conocerse a sí mismo. Es la tarea de toda persona que no quiere mantenerse como un títere. Somos capaces de ser creadores si hacemos el esfuerzo de conocernos y de cumplir una misión en la vida. No la misión de otro, sino la nuestra. Por lo tanto debemos comenzar por dar los primeros pasos para aprender a motivarnos. Es decir, a usar la fuerza de voluntad para ser y hacer lo que realmente queremos.

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Es la tarea de toda persona que no quiere mantenerse como un títere.

Las cinco etapas

Atkinson señala cinco etapas para completar el proceso del querer:

Emoción

En la primera etapa se refiere a lo que nos agrada o nos desagrada, que son las dos maneras en que se expresan los sentimientos. Podríamos decir que es un espacio de atracción o de rechazo. Así que lo primero que tenemos que hacer para saber si queremos algo es distinguir que nos atrae y que rechazamos. Podemos escribir en dos columnas que pertenece al polo de atracción y que pertenece al polo de repulsión.

Es importante aclarar que el hecho de que algo nos atraiga no implica que sea lo que queremos para nuestro desarrollo. Lo que dice es que estamos muy relacionados con ese mundo, aunque sea de manera inconsciente. Esto lo revisaremos en la etapa tres (3) por medio del pensamiento.

Cuando los objetos corresponden a deseos inferiores las fuerzas de repulsión tienen mayor fuerza y son ocasión de sufrimiento. Si comprendemos esto a tiempo, por medio del pensamiento, no tendremos que pasar por esa experiencia. Si no lo entendemos y nos dejamos llevar por la emoción sufriremos la consecuencia y aprenderemos por medio del dolor.

La idea es reconocer que las emociones superiores o de la sensibilidad estan vinculadas con el arte y el altruismo, como lo señala Schopenhauer.

Las emociones superiores o de la sensibilidad estan vinculadas con el arte y el altruismo, como lo señala Schopenhauer.

Deseo

Después de la emoción surge el impulso de acercarnos o alejarnos dependiendo de si hemos sentido atracción o rechazo. El objeto no tiene que estar presente. De hecho muchos deseos se refieren a logros que necesitan un proceso para realizarse. También se pueden referir a uno mismo, a otros o una interrelación.

El deseo contiene un impulso a la acción. El deseo se puede referir a repetir un hábito, a un impulso inconsciente o a una acción consciente. El esfuerzo nuestro debe ser hacerlo consciente por medio de la reflexión, antes de levarlo a efecto.

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El esfuerzo nuestro debe ser hacernos conscientes de nuestros deseos por medio de la reflexión

Muchas veces esta reflexión ocurre después de la acción, cuando ya tenemos las consecuencias de sufrimiento o alegría.

Pensamiento y Deliberación

Atkinson le da mucha importancia al paso de la reflexión, que llama deliberación. Para deliberar es necesario un deseo que normalmente es denominado meta. Lo primero es definir lo mejor posible cual es el deseo. Una persona puede decir que su meta es ir en las vacaciones de agosto a otro país. Pero tiene que definir cuál país. Quiere un ambiente de invierno o de verano. Hay muchas variables a tomar en cuenta. Si elige al azar podría llevarse sorpresas inesperadas.

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Una persona puede decir que su meta es ir en las vacaciones de agosto a otro país.

Con las emociones veíamos que las hay de atracción y de rechazo. Con el pensamiento vamos a ver los pro y los contras. Si bien en el este análisis hay que tomar en cuenta las emociones, también se integran facultades como el pensamiento lógico, la memoria, la imaginación y el discernimiento.

Otro aspecto que se incluye aquí son las alternativas. La consecuencia de todo este trabajo es que llegamos a los motivos conscientes de la voluntad. Le hemos creado un nuevo cauce al rio de la voluntad.

Cuando se ha creado un nuevo cauce al rio, y este todavía sigue por su cauce anterior es porque aún hay una pared que hay que dinamitar para darle paso a la corriente. Podríamos decir que es el momento de la decisión. Sin la decisión, la corriente no tiene acceso al nuevo cauce.

Pensamiento y decisión

Se supone que en esta etapa ya ha terminado la ponderación del deseo y se ha delimitado lo que se quiere. Muchas veces los filósofos finalizan con esta etapa. Suponen que el pensamiento ha cumplido su misión y que la implementación es una simple consecuencia. Es como un Arquitecto que ha finalizado el plano con todos sus elementos y le importa poco lo que hagan los Ingenieros y los obreros.

En nuestra vida, tenemos que llevar el pensamiento a la acción. Esto nos dice que la decisión lleva a otra fase del pensamiento. Debemos planificar los pasos a seguir. ¿Cuál debe ser el primer paso?

Acción

El paso final es la acción. Schopenhauer no dice que lo único que decide que es lo que queremos es la acción. Cuando decimos que queremos hacer algo y no lo hacemos es porque no lo queremos hacer. Debemos ser honestos con nosotros y preguntarnos porque preferimos no hacerlo.

Esta es otra forma de conocernos. Preguntarnos por todos esos deseos que nunca se hicieron realidad. En vez de culpar a las circunstancias o a otras personas, preguntémonos ¿Por qué no quise hacerlo?

Solo la acción decide quienes somos. Lo que no hacemos también es una forma de acción. Acción por inhibición. La pregunta es si lo que hacemos o lo que no hacemos está influido por la prudencia o por la necesidad. En este caso no estamos dirigiendo la voluntad.

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Los poetas nos van a recordar que una flor solo se completa cuando es admirada por un ser humano.

Lo que hacemos y lo que dejamos de hacer debe corresponde con lo que realmente queremos.

El hombre que desarrolla su voluntad sabe estimular las acciones correspondientes a su deseo e inhibir las acciones que impiden el logro de su propósito. Atkinson nos dice:

“En consecuencia expulsa denodada y a veces cruelmente de la región de su voluntad, todos los deseos, tendencias, ansias, estímulos, inclinaciones, impulsos y apetitos opuestos y hostiles a su resuelto propósito” (p. 31).

Lo que hacemos y lo que dejamos de hacer debe corresponde con lo que realmente queremos.

Referencias

Atkinson sobre el poder de la voluntad.

Arthur Schopenhauer EL MUNDO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACIÓN

 

 

José Contreras redactor y traductor en la gran familia de hermandadblanca.org

 

 

 

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