El cuerpo como camino espiritual

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Durante más de dos mil años años, una de las preocupaciones de todas las tradiciones de Oriente y Occidente ha sido la relación con el cuerpo y su vinculación con la práctica espiritual. ¿Un recipiente sagrado para ser honrado, una manifestación de lo divino, un lago maravilloso donde el espíritu se atrapa? Por Koncha Pinos-Pey para Espacio MIMIND.

Esta no es solo una cuestión abstracta para reflexionar, sino un problema práctico que debemos de cuestionarnos en el ámbito contemplativo. En la práctica del yoga, se usa el cuerpo para profundizar en la comprensión del ser. Es una práctica meditativa y una manera de ganar control sobre la vida, una búsqueda de la auténtica liberación.

Es cierto que muchos maestros han sido críticos con el cuerpo. Algunos dicen, y con razón, que el Buda hizo hincapié en la importancia del no-apego al cuerpo y enseñó cómo a través de prácticas especificas -incluyendo 32 meditaciones en partes concretas del cuerpo-, uno alcanzaba la verdad sobre la vida y la muerte. Como prueba de que el cuerpo es algo que se debe subyugar y domar, los sadhus en la India han practicado fuertemente el mismo principio. Algunos de ellos ridiculizan la práctica del yoga occidental, que pone énfasis en orientarse al confort físico, a sentirse bien.

Tales críticas comienzan como semillas auténticas de verdad. Es fácil sobreidentificarse con el cuerpo y evitar el trabajo duro y el sacrificio necesario para alcanzar el despertar consciente. Sin embargo, en mi experiencia, el uso del cuerpo como vía de acceso puede ser la mejor opción en las diferentes etapas de la práctica. Lejos de adoptar una visión negativa del cuerpo, os invito a indagar en una consideración más profunda de las antiguas prácticas a favor de la vida.

Al negar que el cuerpo es sagrado, la gente, a menudo sin saberlo, abraza un enfoque espiritual dualista lleno de juicio, aversión y conducta rígida que socava los valores espirituales que se pretenden. Un ejemplo podría ser las numerosas lesiones de columna vertebral y de rodilla, tan frecuentes en practicantes de yoga y meditación: cuando el cuerpo es tratado simplemente como un medio para un fin y no con compasión. Del mismo modo, cuando los impulsos sexuales del cuerpo no se trabajan conscientemente en la práctica de la meditación, a menudo brotan inconscientemente como proyecciones.

Los yoguis a veces descubren que tienen una gran concentración en el cojín de meditación, pero carecen de conocimientos necesarios para encarnar en la práctica diaria sus pensamientos, palabras y acciones. Una cosa es sentir en el cojín mientras se medita, y otra actuar conscientemente mientras tu hijo llora, tienes un jefe difícil o acabas de enterar que tu marido quiere dejarte… Eso requiere presencia total del cuerpo.

Aunque Buda enseñó la importancia del no-apego al cuerpo, estaba claro que él vio el cuerpo como la práctica de la meditación plena… “Hay una cosa, monjes, importante. Aquel que cultiva la atención plena del cuerpo se libera y alcanza la paz suprema”.

Venimos del cuerpo

El Buda no estaba comentando si el cuerpo era bueno o malo, sino más bien enfatizaba la importancia de la utilización de la atención plena del cuerpo para descubrir el dharma, la verdad de cómo son las cosas. Él estaba sugiriendo que usemos el cuerpo como un objeto de concentración, de atención y reflexión con el fin de ver a través de la realidad misma de la propia existencia; en otras palabras, usar el cuerpo como camino.

Siguiendo las instrucciones de Buda, se puede aspirar a trabajar con el cuerpo y la conciencia del cuerpo como parte del propio camino espiritual, más bien como un medio para aprender a permanecer presentes. Esto se llama atención plena del cuerpo, lo que el Buda enseñó en la Primera Noble Verdad: la práctica de la atención plena. Cuando empieces a meditar, comienza por el cuerpo y poco a poco aspira a entrar en los pensamientos.

Hazlo del mismo modo cuando descubras que las emociones difíciles nublan tu mente, incluso si tienes problemas para saber lo que estas sintiendo. El gran beneficio de la contemplación del cuerpo, es que es una experiencia física directa, uno no puede centrarse en cualquier cosa que esté pasando por la mente. Esto quiere decir que cuando tu mente esté agitada, inquieta o te pierdas en los recuerdos, reacciones y fantasías, puedes centrarte simplemente en desplazar tu atención al cuerpo.

Al concentrarte en la respiración, o en las sensaciones corporales, se llega al momento presente. Del mismo modo, cuando te consumes en las emociones fuertes perturbadoras, está bien volver la atención a la contemplación del cuerpo, y para eso nada mejor que el yoga. Ser capaz de volver tu atención al momento presente es de vital importancia, ya que solo por estar plenamente en el momento que surge, se puede realmente tener conocimiento y tomar la acción correcta.

La conciencia en del cuerpo

Trabajar con el cuerpo como camino también te libera de ser derrotado por el sufrimiento y la aversión a la vida. Tanto el dolor físico como emocional pueden ser la causa de la aversión, un grito de tu energía que desesperadamente quiere otra cosa, sea lo que sea. Esta aversión puede surgir a través del cuerpo, como el dolor de una lesión crónica o el dolor de una relación perdida. De cualquier manera, tratando de escapar del momento, te contraes. Por desgracia, esto solo te hace sentir más dolor. Si tu atención se centra en el dolor, la aversión aumenta el sufrimiento.

Tratando de sobrevivir al dolor o negando la aversión mejora el efecto negativo en tu sistema nervioso. Para hacernos conscientes del cuerpo, tienes que permanecer en el momento presente con el dolor, ya sea físico o emocional, que a su vez liberará la aversión. Cuando la aversión se reduce o se elimina a través de la contemplación del cuerpo, el sufrimiento disminuye casi inmediatamente, y su dificultad se hace mucho más llevadera.

Incluso el dolor físico nos puede ayudar a manejar la contemplación del cuerpo. El dolor no solo es dolor; se toca, palpita, contrae, expande, viene en olas, en pulsos, en latidos. Cuando te quedas presente con el dolor, te empiezas a ver con claridad, lo que a su vez calma el sistema nervioso y el dolor se convierte en mucho más tolerable. Con el surgimiento del placer, es muy útil estar presente y focalizarse en las sensaciones corporales.

Al hacerlo descubrirás que lo que es placentero te hace despertar el apego mental, y no quieres que acabe. Tratando de alcanzar y conservar la simpatía, la mente salta inmediatamente hacia el futuro con planificación y fantasías… Te imaginas que estás en las montañas, con una puesta de sol preciosa… y así empieza el apego y las expectativas. Ahora que ya no estás presente para disfrutar de lo que te está pasando, perderás la mayor parte de tu experiencia de hoy.

Concentrarse en el cuerpo

El cuerpo puede ser utilizado como base para la concentración de la mente. Esto significa permanecer centrado en el cuerpo hasta que la propia concentración del momento te permita abrirte a diferentes estados de meditación profunda. Estos estados se denominan ‘jnana’ en los Suttas budistas y Pali Samadhi en los Yoga Suta del Maestro Patanjali. Cuando uno es capaz de lograr una profunda concentración, todo el universo se abre por debajo de las experiencias de la superficie de la vida cotidiana.

El cuerpo es un objeto ideal para concentrarse, si se accede por la respiración, el tacto o la sensibilidad. En muchos casos, cuando entras en un estado de meditación profunda para mantenerte concentrado en el cuerpo, una nueva dimensión se abre. Algunos maestros dirán que estamos accediendo al cuerpo energético. En algunos estados profundos de meditación se puede experimentar que no hay cuerpo, solo patrones de energía, o una sensación de vacío pleno, que es la auténtica conciencia del cuerpo. Si lo que sientes es el entumecimiento del cuerpo, también puede ser objeto de la atención plena.

En la práctica de las asanas se puede empezar a aprender la contemplación del cuerpo, cambiando el foco de  atención de la circulación externa de las extremidades y el torso. Trabajar con el aliento mientras realizas las posturas es ya el principio del camino.

Descubriendo la verdad del cuerpo

El cuerpo puede ser un camino hacia la realización de la verdad del Dharma. Esto se conoce como elsurgimiento de la visión plena. Por ejemplo, a través de la atención plena y observando cómo cambian las sensaciones corporales, te das cuenta directamente de anicca, o la impermanencia de todos los fenómenos. Al ser consciente de lo que sucede en el cuerpo, eres capaz de experimentar dukha o sufrimiento, que viene más fuerte cuando te aferras a las cosas como si el cambio no fuera inevitable. Puedes ser testigo de ti mismo, tratando de aferrarte a una relación que ya no está, o por el atractivo del cuerpo, o por poseer la relación en sí misma. En el aferramiento, el cuerpo se tensa, el miedo y el malestar aparecen y te das cuenta de que tal actitud solo te traerá sufrimiento. A su vez puedes comenzar a desarrollar un enfoque más amplio de la vida.

El surgimiento de este tipo de conocimientos es un desarrollo natural de la práctica de la atención plena, y se producirá independientemente de si utilizas el cuerpo como un camino o no, pero para los yoguis es más fácil a través del cuerpo. Es muy liberador tener estos puntos de vista directos, pero también puede ser emocionalmente desorientador. Muchos yoguis se pierden o se detienen en esta etapa; cuando los momentos inquietantes surgen en tu practica, puedes permanecer en el presente manteniendo la conciencia en el cuerpo.

Trampas en el camino

Todos sabemos lo difícil que es mantener una práctica corporal. El deseo es muy seductor, quizás por ello Buda trató de contrarrestar las tentaciones del cuerpo, al revelar que todos los fenómenos son ilusorios, placeres sensoriales. Hay mil maneras de colocar la comodidad por delante del crecimiento personal, posponer la práctica y perderse en el deseo de la mente. Además, la incomprensión de la naturaleza del cuerpo puede crearnos la ilusión de uno mismo, invitando a la contracción y al aferramiento de la mente.

En el yoga además está el problema de convertir lo que es una práctica espiritual en una práctica de adoración de la salud. Los yoguis hablan con orgullo espiritual, pero en realidad hay que examinar la atención plena, para ser más flexibles, más fuertes y no tener estrés. Esto no significa que se deba ignorar el aspecto de la salud del cuerpo, ni abusar de ella en nombre de la espiritualidad, porque no hay compasión ni misericordia en tal comportamiento.

Hay que ser honesto con uno mismo; con la honestidad necesaria para estar en el momento y solo en eso; surja el bien o el mal. Si tu principal motivación es hacer yoga para estar saludable, practicar también la bondad amorosa hacia el cuerpo y no abusar de él puede ser interesante. Porque incluso los yoguis envejecen.

Empieza por dónde estás, explora profundamente la verdad y la integridad del cuerpo. Porque para ti como para todo el mundo llegará un momento en que el cuerpo ya no provoque tanto apego y las emociones ya no serán un problema. Para la mayoría de la gente esta comprensión llega en algún momento del proceso de maduración. Si practicas activamente en el camino, este conocimiento surge como parte del desarrollo espiritual en lugar de miedo, y trae consigo la capacidad de vivir aquí y ahora, como si la propia muerte fuera inminente. Esta es la comprensión que tuvo Buda cuando aún era un príncipe, los tres mensajeros celestiales: un enfermo, un anciano y un cadáver. Los beneficios materiales de este mundo son pasajeros y no nos debemos aferrar.

Uno debe mirar la fuente de la auténtica felicidad. Ese es el punto crítico de la enseñanza de Buda, la contemplación del cuerpo para ayudarnos a descubrir que este profundo sentido de urgencia nos llevará a la visión correcta y al conocimiento, entregándonos así a la sabiduría de la vida.

Usar el cuerpo como un camino no es fácil para todo el mundo; debes decidir si esto es tu camino o no. La única forma que conozco para saberlo es practicarlo. Si decides usar el cuerpo, puedes hacerlo sabiendo que es un esfuerzo noble. Buda dijo: “Si el cuerpo no se domina, la mente no puede ser dominada. Si el cuerpo se domina, la mente se domina”.

El cuerpo como camino espiritual

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