El niño interior, por Jocelyne Ramniceanu Personal

Jorge Gomez (333)

flor amarilla

Hace un tiempo escribí sobre el niño interior y ofrecí una meditación que podían realizar, ubicada en el artículo llamado Honrando a nuestro niño interior , pero no me había percatado de la magnitud de su importancia tanto en mí como en las personas que vienen a realizar las terapias deDesbloqueo Energético. Noté que invariablemente los dolores corporales,  la rigidez, los temores, la tristeza y la ira reprimida, todas estas manifestaciones salen a flote durante las terapias y siempre están relacionadas con asuntos pendientes de nuestra infancia y más allá.

Para quienes no saben, el niño interior es nuestro subconsciente, aquella parte donde quedaron registradas todas las situaciones de dolor, traumas, creencias y emociones como también las experiencias agradables.

Una parte de nosotros quedó congelada en ese estado, en esas experiencias mientras fuimos creciendo y aprendiendo a sobrevivir. Todos tenemos un niño herido, unos más que otros, que fue lastimado en algún momento de su desarrollo. Estas heridas se manifiestan constantemente en nuestra vida adulta.

Esa parte nuestra quedó olvidada y abandonada. Esa es la parte que aprendió a protegernos reaccionando a las situaciones similares o a cualquier eventualidad que pueda causarnos nuevamente daño. A nuestro niño lo ignoramos totalmente, desconociendo el origen de las decisiones que fueron tomadas tempranamente y que hoy en día ya no nos resultan útiles y más bien nos causan problemas. Olvidamos las causas que dieron origen  a nuestros patrones de conducta y de qué manera remediarlo.

Hoy en día necesitamos desaprender aquello que perpetuamos en conductas negativas una y otra vez o aquello que nos hace atraer relaciones nocivas a nuestra vida para poder fluir libremente.

¿Qué necesita nuestro niño interno para colaborar con nosotros y soltar esos patrones de conducta, esos programas y reacciones? Aquello que andamos buscando en el mundo, es justamente aquello que necesitamos de nosotros mismos, la aceptación, la seguridad, sentirnos valiosos, la compañía, la confianza, pero sobre todo amor.

No podemos sentir amor verdadero hacia el mundo si no se lo damos primero a nuestro niño interno.  No podemos dar lo que no poseemos. Entonces sin saber andamos por la vida como seres necesitados buscando ser rescatados o buscando relaciones donde rescatemos a otros para sentirnos importantes y valiosos. Pero ocurre que no podemos obtener aquello que necesitamos tampoco de quién no lo puede dar; porque somos nosotros quienes tenemos que completarnos. No somos la media naranja buscando la otra mitad. Siendo seres completos podemos disfrutar del amor sin condiciones, sin necesitar que otros nos den aquello que nos falta.

Las relaciones no se basan en conseguir quien nos complete sino en quién nos acompañe.

Al relacionarnos nuevamente con nuestro niño interno, tenemos que ganarnos su confianza, darle todo aquello que necesita para sanar sus heridas y dejar ir aquello que lo hirió. Así nos liberamos del resentimiento, del temor, y de la tristeza, también de memorias de abandono o abuso. Es allí cuando realizamos el verdadero perdón, dejando ir, soltando lo que nos amarraba a un recuerdo.

Cuando en el ahora, sanamos nuestro niño interior, no solo estamos cambiando nuestro futuro, también nuestro pasado se transforma.

Nuestro niño interior vuelve a ser un niño sano, alegre, curioso, seguro confiado y juguetón. Y así experimentaremos la vida nuevamente.

Te amo

El niño interior, por Jocelyne Ramniceanu Personal

 

1 comentario

  1. Maravilloso artículo, cuando sanamos el niño interior, el adulto del presente vive en equilibro y control de su propia vida.
    Gracias por compartir.

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