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Permitir ser, cuando quiero cambiar a otro

mariposa

“Me preocupo por ti, por eso quiero que cambies”, “lo que estás haciendo está mal, yo te puedo ayudar”, “deberías hacer las cosas de otra manera”, “esa persona no te conviene”. Estas y otras frases hacen parte de nuestra diaria comunicación. Constantemente estamos viendo personas que cometen errores, que pueden arruinar por completo su vida y creemos que es nuestra obligación, deber o misión salvarlos. Podemos empezar con la idea de hablar con ellas y hacerlas entrar en razón, que reconozcan su error y decirles que “es por su bien”, pero ellas pareciera que no comprendieran lo que tratamos de decir y al contrario se molestan con nosotros.

Y es que hemos crecido teniendo creencias particulares de cómo se debe vivir la vida, tenemos prejuicios de la forma correcta e incorrecta de vivir. Queremos ser los salvadores de la gente aunque estas no quieran ser salvadas. Nos estamos haciendo responsables por la vida del otro aunque este NO lo haya pedido. Creemos que comprendemos el problema del otro mejor que él mismo y por lo tanto intentamos resolverlo desde nuestra perspectiva de vida.

Todo esto nos lleva obligatoriamente al sufrimiento, puesto que ese otro muchas veces no quiere cambiar, se siente en una zona de confort con esa situación y no ve problemas donde nosotros lo estamos viendo. Desde este punto de vista el intentar ayudarlo se hace imposible, pues ¿quién quiere cambiar su zona de confort si no es consciente de que está en medio de un error? Nadie puede ser ayudado mientras no pida ayuda. Existen personas que ni siquiera se interesan por escuchar nuestra opinión pero mientras tanto nosotros estamos gastando nuestra energía y nuestra vida intentando cambiar una realidad que no es nuestra y que no nos corresponde cambiar.

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Vemos otras personas que aunque saben que están cometiendo un error no quieren cambiar, por miedo o por la razón que sea. Entonces nuestra lucha sigue siendo una empresa imposible. Y si deciden en algún momento cambiar, será bajo sus puntos de vista y no sobre los nuestros. De cualquier manera estamos interfiriendo en su proceso de evolución y llevando ansiedad a nuestra vida.

El problema seguramente está en nosotros que no asimilamos el proceso del otro. En realidad todo lo que pensamos y decimos puede ser correcto para nuestra propia vida pero no para la del otro. Es como ir a comprar un par de zapatos para otra persona pero probándolos en nuestros propios pies; aunque sean de la misma talla es posible que no se ajusten a sus pies particulares. Cada quien ha recorrido un camino diferente que lo hace ver las experiencias desde un punto de vista distinto, no estamos permitiendo que aprenda la lección que la vida le tiene y sobre todo estamos siendo arrogantes, creyendo que nuestra forma de vivir es la correcta y la del otro no lo es.

“No mires la paja en el ojo ajeno, si no la viga en el tuyo propio”

juzgar

Estamos viviendo tan fuera de nosotros que vemos el error del otro pero no el nuestro. Tal vez eso que vemos en el otro sea algo que nos está llamando a cambiar dentro de nosotros. El error del otro es un espejo de nuestro propio ser. Preguntarnos ¿qué hay dentro de mí para que me afecte tanto eso que veo fuera? Cuando existe un problema dentro de nosotros que no podemos enfrentar ya sea por miedo, vergüenza lo que hacemos es proyectarlo en el otro. Esta es la forma en que nuestra mente inconsciente se defiende como una forma de mantener su estabilidad. Pero en realidad todo cuanto vemos en otros ya sea bueno o malo pertenece a lo que existe dentro de nosotros. Cuando hablamos del otro estamos hablando más sobre nosotros mismos que sobre la otra persona, estamos mostrando nuestras carencias y limitaciones. Así que antes de intentar ayudar a los demás, debemos hacernos conscientes de que esa situación que me está afectando afuera es solo un signo de que algo no está bien dentro de mí.

Es en ese momento de reconocimiento de mí mismo en donde me deja de molestar el problema del otro y empiezo a realizar cambios en pro de mi bienestar personal. Quizá cuando termine de solucionar lo que me afecta dentro de mí pueda ver que eso que me molestaba afuera ya no genera ningún efecto sobre mí, o que el otro haya visto mi cambio y esto lo haya motivado a cambiar. Cuando nos sanamos a nosotros mismos, sanamos a otros. Cuando intentamos sanar a otros sin haberlo hecho nosotros generamos malestar en los demás y en mí mismo.

Los consejos

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Dar consejos que no han sido pedidos solo nos traerá problemas y aunque nos pidan el consejo, esto también nos pondrá en situaciones difíciles. Al dar un consejo estamos viendo las cosas desde nuestro punto de vista y no desde la historia de vida del otro. Cuando damos un consejo no estamos en los zapatos de la persona que está viviendo la situación, tan solo estamos tratando de ver la situación de la otra persona, por muy empáticos que seamos y por más que intentemos ponernos en el lugar del otro la decisión y la responsabilidad es de la persona que está viviendo la situación y de nadie más. El que acepta el consejo si no le funciona se resiente y el que lo da si funciona se siente arrogante al creer que es más sabio por arreglar la vida de otro, lo que produce una sensación de desempoderamiento en el otro y puede llegar a generar una dependencia.

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Si realmente queremos ayudar a alguien podemos mostrarle diferentes perspectivas de la situación de manera que la persona pueda ver y decidir que es mejor para ella. Aunque en muchos momentos es mejor permanecer en silencio y permitir que el otro fluya. Nuestra cultura occidental nos ha enseñado a mantenernos en un constante ruido que impide que nuestra mente se tome un receso para pensar con claridad y tranquilidad, para escuchar al otro desde el silencio sin emitir juicios y del mismo modo nos hemos acostumbrado a no escucharnos a nosotros mismos.

Piensa en el momento de tu muerte y pregúntate si fuiste realmente feliz durante tu vida. Si preocuparte por los problemas de los otros y buscarles solución hizo que tu vida fuera más fructífera. Tal vez los consejos que diste no fueron tomados en cuenta y tú no hiciste nada por darte una mejor calidad de vida, por disfrutar tu tiempo o por buscar la felicidad, tan solo estuviste intentando encontrar afuera lo que siempre estuvo dentro de ti.

Necesidad de control

manos

La necesidad de ayudar a otros puede estar relacionada con nuestra necesidad de sentir que tenemos el control sobre el otro. Esto solo demuestra mi propio vacío y mi incapacidad para asumir la responsabilidad sobre mi propia vida. Si tengo el control y el poder sobre mí, no necesito controlar la vida de otro. La falta de autoestima nos lleva a este tipo de situaciones. Creer que NO poseemos las estrategias de afrontamiento necesarias para poder manejar las adversidades y por ello querer que las personas actúen de una manera que yo sepa que puedo manejarlas. Tener el control sobre el otro nos da una sensación de seguridad, porque nos asusta lo inesperado, porque si podemos predecir el futuro sabremos cómo actuar frente a lo que se presente. Posiblemente algo en mi pasado que no pude controlar me hizo sentir herido y ahora trato de controlar a otros para que no me hieran. Entonces la solución no está en lograr que el otro actúe de acuerdo a lo que yo quiero sino sanar mis heridas para poder ser feliz sin saber lo que las personas y el futuro me deparan.

El mundo exterior es solo un reflejo de tu mundo interior. Si quieres que algo cambie afuera debes empezar por cambiar adentro.

Autor: JP Ben-Avid

Redactora Hermandad Blanca

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Sobre JP Ben-Avid

Psicóloga
Especialista en Desarrollo Humano con énfasis en procesos afectivos y creatividad

2 comentarios
  1. User comments

    Queriendo solucionar lo de otros y no lo propio.

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