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El trabajo de la Jerarquía Espiritual

 
Maestro Tibetano djwhal khul - jerarquía espiritual

CAPÍTULO III

 

EL TRABAJO DE LA JERARQUÍA

 

Aunque el tema de la Jerarquía oculta del planeta despierta un enorme y profundo interés en el hombre común, su verdadera significación, sin embargo, no será comprendida hasta que se reco­nozcan tres cosas sobre el tema. Primero, que la entera Jerar­quía de seres espirituales representa una síntesis de fuerzas o de energías, conscientemente manejadas para llevar adelante la evolución planetaria. Esto será más evidente a medida que avan­cemos. Segundo, estas fuerzas manifestadas en nuestro sistema planetario, por medio de las grandes Personalidades que compo­nen la Jerarquía, vinculan el sistema y todo lo que contiene, con la Jerarquía superior llamada solar. Nuestra Jerarquía es una réplica en miniatura de la síntesis mayor de esas Entidades auto­conscientes, que manipulan y controlan al Sol y se manifiestan a través de éste y de los siete planetas sagrados, y también de otros planetas mayores y menores, que componen nuestro sistema solar. Tercero, esta Jerarquía de fuerzas tiene cuatro líneas de acción predominantes, que son:

 

Desarrollar la autoconciencia en todos los Seres.

 

La Jerarquía trata de proporcionar las condiciones adecuadas para desarrollar la autoconciencia en todos los seres, realizándolo primeramente en el hombre, mediante el trabajo inicial de fusio­nar los tres aspectos superiores del espíritu con los cuatro inferio­res; mediante el ejemplo en el servicio, en el sacrificio y en la renunciación, y por la constante corriente de luz (comprendido esotéricamente) que emana de ella. La Jerarquía podría ser con­siderada como el conjunto de fuerzas del quinto reino de la natu­raleza en nuestro planeta. Este reino se alcanza mediante el pleno desarrollo y el control del quinto principio o mente, y su trasmu­tación en sabiduría, que literalmente consiste en aplicar la inteli­gencia a todos los estados del ser, mediante la utilización plena­mente consciente de la facultad discriminadora del amor.

 

Desarrollar la Conciencia en los tres Reinos Inferiores.

 

Como es bien sabido, los cinco reinos de la naturaleza en el arco evolutivo pueden definirse de la manera siguiente: mineral, vegetal, animal, humano y espiritual. Estos reinos entrañan algún tipo de conciencia, y el trabajo de la Jerarquía consiste en des­arrollar dichos tipos hasta la perfección, mediante el agotamiento del karma, la acción de la fuerza y la provisión de las correctas condiciones. Obtendremos una idea de esta tarea si hacemos un breve resumen de los diferentes aspectos de la conciencia a desarrollar en los diversos reinos.

 

En el reino mineral, el trabajo de la Jerarquía está dedicado a desarrollar la actividad discriminadora y selectiva. Una de las características de la materia es desarrollar un tipo de actividad, y en cuanto esa actividad va dirigida a la construcción de formas, aún las más rudimentarias, se manifiesta la facultad de discrimi­nar. Esto es reconocido por los científicos de todas partes y, al hacerlo, se acercan a los descubrimientos de la Sabiduría Divina.

 

En el reino vegetal, a esta facultad de discriminar se le agre­ga la de responder a la sensación, advirtiéndose la elemental con­dición del segundo aspecto de la divinidad, así como en reino mineral se advierte un reflejo similar rudimentario, del tercer as­pecto de actividad.

 

En el reino animal, se incrementan las actividades rudimenta­rias, y se encuentran síntomas (si puede decirse así) del primer aspecto, o propósito y voluntad embrionarios. Podríamos llamarlo instinto hereditario, pero en verdad actúa como propósito de la naturaleza.

 

Con gran sabiduría H. P. Blavatsky dijo que el hombre es el macrocosmos para los tres reinos inferiores, porque en él se sinte­tizan estas tres líneas de desarrollo y llegan a su plena fructifica­ción. En verdad y de hecho, es inteligencia activa y maravillosa­mente manifestada. Es amor y sabiduría incipientes, aunque no sean más que el objetivo de sus esfuerzos; posee esa voluntad em­brionaria, dinámica, iniciadora, que llegará a su pleno desarrollo después de haber entrado en el quinto reino.

 

En el quinto reino la conciencia a desarrollar es la de grupo, y se manifiesta en el pleno florecimiento de la facultad amor-­sabiduría. El hombre no hace más que repetir, en una vuelta más alta de la espiral, la tarea de los tres reinos inferiores, pues en el reino humano manifiesta el tercer aspecto de inteligencia activa. En el quinto reino, en el cual se ingresa en la primera iniciación, que abarca todo el período de tiempo durante el cual recibe el hombre las cinco primeras iniciaciones y actúa como Maestro y parte de la Jerarquía, llega a su consumación el aspecto amor-­sabiduría o segundo aspecto. En la sexta y séptima iniciaciones fulgura el primer aspecto o voluntad, y después de ser Maestro de Compasión y Señor de Amor, el adepto se trasforma en algo más. Penetra en una conciencia superior a la grupal, la Concien­cia de Dios, y se hace consciente de Dios. Entonces entra en pose­sión de la gran voluntad o propósito del Logos.

 

Fomentar los diversos atributos de la divinidad, cultivar la simiente de la autoconciencia en todos los seres, es trabajo de las Entidades que se han realizado, han entrado en el quinto reino y han tomado allí la gran decisión e inconcebible renunciación de permanecer en el sistema planetario, para cooperar con los planes del Logos planetario en el plano físico.

 

Trasmitir la Voluntad del Logos planetario.

 

La Jerarquía trasmite a los hombres y a los devas o ángeles, la voluntad del Logos planetario y a través de Él, la del Logos solar. Todo sistema planetario, el nuestro como los demás, es un centro en el cuerpo del Logos, y manifiesta algún tipo de energía o fuerza. Cada centro expresa un tipo especial de fuerza que se evidencia en forma triple, y produce así universalmente los tres aspectos de la manifestación. Uno de los grandes conocimientos que adquieren quienes entran en el quinto reino, es el del tipo particular de fuerza que incorpora nuestro Logos planetario. El estudiante inteligente debe reflexionar sobre esta afirmación, pues contiene la clave de muchos hechos observados actualmente en el mundo. Se ha perdido el secreto de la síntesis, y sólo cuando los hombres retornen al conocimiento que tenían en cielos ante­riores (afortunadamente retirados en los días atlantes) acerca del tipo de energía que nuestro sistema debe manifestar en la actualidad, los problemas humanos se resolverán por sí solos y se estabilizará el ritmo del mundo. Esto no sucederá todavía por­que dicho conocimiento es peligroso, y en la actualidad la raza no tiene conciencia grupal y, por lo tanto, no se le puede confiar que trabaje, piense, proyecte y actúe para el grupo. El hombre es aún demasiado egoísta, aunque esto no es motivo de desaliento. La conciencia grupal es ya algo más que una visión, mientras que la hermandad y el reconocimiento de sus obligaciones comienzan a penetrar en la conciencia de los hombres. Tal es el trabajo de la Jerarquía de la Luz, demostrar a los hombres el verdadero sig­nificado de la hermandad y fomentar en ellos la respuesta a ese ideal, latente en todos y cada uno.

 

Dar el Ejemplo a la Humanidad.

 

El cuarto punto que los hombres deben conocer y comprender como realidad fundamental, es que esta Jerarquía está compuesta por quienes han triunfado sobre la materia y han llegado a la meta por el mismo camino que siguen hoy los individuos. Estas perso­nalidades espirituales, adeptos y Maestros, han luchado y bregado por obtener la victoria y el control en el plano físico, y se han enfrentado con los miasmas, brumas, peligros, dificultades, angus­tias y dolores de la vida diaria. Han hollado cada paso del sendero del sufrimiento, han pasado por todas las experiencias, han supe­rado todas las dificultades y han triunfado. Estos Hermanos Ma­yores de la Raza han sufrido la crucifixión del yo personal y saben de la total renuncia del aspirante. No existe ninguna fase de agonía, ningún sacrificio consumado, ninguna Vía Dolorosa por la que no hayan pasado, y en esto radica Su derecho a servir y el poder de Su demanda. Conocedores de la quintaesencia del dolor, de la profundidad del pecado y del sufrimiento, Sus méto­dos pueden ser exactamente adecuados a las necesidades indivi­duales; pero al mismo tiempo su compresión de que la libera­ción se obtendrá por medio del dolor, el castigo y el sufrimiento, y su captación de que la liberación se obtiene mediante el sa­crificio de la forma, a través de los fuegos purificadores, basta para proporcionarles un firme apoyo y la capacidad de persistir, aun cuando la forma aparente haber sufrido suficientemente, y el amor ­que triunfa sobre todos los obstáculos, esté fundado en la paciencia y la experiencia. Estos Hermanos Mayores de la humanidad se ca­racterizan por un perdurable amor, que actúa siempre en bien del grupo; por un conocimiento adquirido en el transcurso de mi­llares de vidas, durante las cuales se abrieron camino desde el fondo de la vida y de la evolución, hasta llegar casi a la cima; por una experiencia basada en el tiempo mismo y en una multiplici­dad de reacciones e interacciones de la personalidad; por una va­lentía, resultado de esa experiencia, que habiendo sido producto de épocas de esfuerzos fracasos y renovados esfuerzos que condujeron finalmente al triunfo, pueden ponerse ahora al servicio de la raza; por un propósito iluminado, inteligente y cooperador, ajustado al grupo y al Plan jerárquico y adaptado a la finalidad del Logos planetario; finalmente, se caracterizan por su conoci­miento del poder del sonido. Esto último es la base del aforismo según el cual los verdaderos esoteristas se distinguen por la carac­terística del conocimiento, de la voluntad dinámica, del valor y del silencio: “saber, querer, osar y callar”. Conociendo bien el plan y teniendo una visión clara y luminosa, pueden aplicar Su voluntad, firme e indesviablemente, al trabajo de creación por medio del poder del sonido. Esto Los conduce a callar donde el hombre común habla, y a hablar donde el hombre común calla.

 

Cuando los hombres comprendan los cuatro hechos enume­rados y los hayan establecido como verdades en la conciencia de la raza, podremos esperar entonces el retorno del cielo de paz, descanso y rectitud, predicho en todas las escrituras del mundo. Entonces el Sol de la Rectitud surgirá trayendo la curación en sus alas, y la paz, más allá de toda comprensión, reinará en el corazón de los hombres.

 

Al tratar el tema del trabajo de la Jerarquía oculta, en un libro dedicado al público, mucho quedará sin decir. El hom­bre común siente interés y su curiosidad se despierta cuando se habla de estas Personalidades, pues sólo está preparado para una información más general. Aquellos que de la curiosidad pasan al deseo y tratan de conocer la verdad tal cual es, obtendrán mayor información cuando ellos mismos hayan realizado el necesario trabajo y estudio. La investigación es deseable, y la actitud men­tal que se espera despierte este libro, puede resumirse en las si­guientes palabras: Estas afirmaciones parecen interesantes y qui­zás sean ciertas. Las religiones de todos los países, incluyendo la cristiana, dan indicaciones que aparentemente corroboran estas ideas. Aceptémoslas como hipótesis activas, respecto a la consu­mación del proceso evolutivo del hombre y a su actuación para lograr la perfección. Busquemos la verdad como un hecho en nuestra propia conciencia. Toda fe religiosa expone la creencia de que quienes buscan con fervor hallan lo buscado, por lo tan­to, busquemos. Si en nuestra investigación comprobamos que estas afirmaciones no son más que sueños visionarios, sin provecho al­guno, que nos llevan tan sólo a la oscuridad, no habremos perdido el tiempo, puesto que sabremos dónde no hay que buscar. Por otra parte, si nuestra investigación nos lleva poco a poco a la corro­boración, y la luz brilla cada vez con mayor claridad, persistamos hasta cuando alboree el día y la luz que brilla en la oscuridad ilu­mine el corazón y el cerebro, entonces el buscador despertará a la comprensión de que toda evolución tiende a otorgar esta expan­sión de conciencia y esta iluminación, y que el logro del proceso iniciático y la entrada en el quinto reino no son una quimera o fantasía, sino una realidad establecida en la conciencia. Cada uno debe cerciorarse por sí mismo. Quienes saben, pueden asegurar que una cosa es o no es así, y la afirmación o la enunciación de una teoría por otra persona, no dan al investigador más que una indicación confirmatoria. Cada alma debe cerciorarse por sí mis­ma y descubrir en sí misma lo que busca, teniendo siempre pre­sente que el reino de Dios es interno y que son de valor los hechos conocidos como verdades, dentro de la conciencia individual. Mien­tras tanto, podrá exponerse aquí lo que muchos conocen y han comprobado en sí mismos como verdades incontrovertibles, y al lector inteligente se le presentará la oportunidad y la responsabi­lidad de cerciorarse por sí mismo de su verdad o falsedad.

 

CAPÍTULO IV

 

LA FUNDACIÓN DE LA JERARQUIA

 

Su Aparición en el Planeta.

 

En este libro no se trata de hablar sobre los pasos que condu­jeron a la fundación de la Jerarquía en el planeta, ni de considerar las condiciones que precedieron al advenimiento de esos grandes Seres. Esto puede ser estudiado en otros libros esotéricos occi­dentales y en las Sagradas Escrituras orientales. Para nuestro propósito será suficiente decir que a mediados de la época lemu­riana, hace aproximadamente dieciocho millones de años, ocurrió un gran acontecimiento que trajo, entre otras cosas, los siguientes desarrollos: El Logos planetario del esquema terrestre, uno de los Siete Espíritus ante el Trono, encarnó físicamente y en la forma de Sanat Kumara, el Anciano de los Días y Señor del Mun­do, descendió a este planeta físico denso permaneciendo desde entonces con nosotros. Debido a la máxima pureza de su natura­leza, y al hecho que desde el ángulo de la humanidad está exento de pecado y, por lo tanto, es incapaz de responder a nada en el plano físico, no pudo adoptar un cuerpo físico denso como el nues­tro, y debe actuar en Su cuerpo etérico. Es el más grande de los Avatares o “de los Venideros”, porque es un reflejo directo de la Gran Entidad que vive, respira y actúa a través de todas las evo­luciones de este planeta, manteniendo todo dentro de Su aura o esfera magnética de influencia. En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, y nadie puede ir más allá del radio de Su aura. Es el Gran Sacrificio, que abandonó la gloria de los eleva­dos lugares, y en bien de los hijos de los evolucionantes  hombres tomó Él Mismo forma física, y fue hecho a semejanza del hombre. Es el Observador Silencioso, en lo que a nuestra humanidad con­cierne, aunque literalmente, el Logos planetario Mismo, en los niveles superiores de conciencia en que actúa, es el verdadero Observador Silencioso en cuanto al esquema planetario se refiere. Podría decirse que el Señor del Mundo, el Iniciador Uno, ocupa el mismo lugar, en conexión con el Logos planetario, que la mani­festación física de un Maestro en relación con la mónada de ese Maestro en el plano monádico. En ambos casos se ha reempla­zado el estado intermedio de conciencia, la del ego o yo superior, y lo que vemos y conocemos es la directa manifestación autocreada del espíritu puro. He aquí el sacrificio. Debe recordarse que, en el caso de Sanat Kumara hay una enorme diferencia de grado, pues Su etapa de evolución es más avanzada que la de un adepto, tal como lo es el adepto en relación con el hombre animal. Esto se ampliará en el siguiente capítulo.

 

Juntamente con el Anciano de los Días vino un grupo de otras Entidades altamente evolucionadas, que representan a Su propio grupo kármico individual y a Aquellos Seres que son el resultado de la triple naturaleza del Logos planetario. Podría de­cirse que personifican las fuerzas que emanan de los centros coro­nario, cardíaco y laríngeo. Llegaron con Sanat Kumara a fin de constituir puntos focales de fuerza planetaria y ayudar en el gran plan para el desarrollo autoconsciente de toda vida. Sus lugares han sido ocupados gradualmente por los hijos de los hombres, a medida que se han capacitado para ello, aunque son muy pocos hasta ahora en nuestra inmediata humanidad terrestre. Los que forman el grupo interno que rodean al Señor del Mundo, fueron extraídos principalmente de las filas de quienes eran iniciados en la cadena lunar (el ciclo de evolución que precedió al nuestro), o entraron en ciertas corrientes de energía solar, determinadas astrológicamente desde otros sistemas planetarios; aunque el nú­mero de los que triunfan en nuestra humanidad aumenta rápida­mente y desempeñan los cargos subalternos del grupo esotérico central de Seis, que, con el Señor del Mundo, constituyen el cora­zón del esfuerzo jerárquico.

 

El efecto inmediato.

 

El resultado de Su advenimiento, hace millones de años, fue grandioso, y aún se notan sus efectos, que pueden ser enumerados de la manera siguiente: Al Logos planetario, en Su propio plano, se le permitió adoptar un método más directo, a fin de lograr los resultados que Él deseaba para desarrollar Su plan. Como es bien sabido, el esquema planetario, con su globo denso y sus sutiles globos internos, es para el Logos planetario lo que el cuerpo físico y sus cuerpos sutiles son para el hombre. De ahí que, como ilus­tración, puede decirse que la encarnación de Sanat Kumara fue un hecho análogo al firme control autoconsciente que el ego de un ser humano ejerce sobre sus vehículos, al lograrse la necesaria etapa de evolución. Se ha dicho que en la cabeza de todo hombre hay siete centros de fuerza vinculados con los otros centros del cuerpo, a través de los cuales la fuerza del ego se difunde y circu­la, desarrollando así el plan. Sanat Kumara, juntamente con los otros seis Kumaras, mantiene una posición similar. Éstos siete principales constituyen para Él lo que los siete centros de la cabeza para el conjunto corporal. Son los agentes directrices y trans­misores de energía, fuerza, propósito y voluntad del Logos plane­tario, en Su propio plano. Este centro coronario planetario actúa directamente a través de los centros cardíaco y laríngeo y, por lo tanto, controla los centros restantes. Esto es una especie de ilus­tración y el intento de demostrar la relación de la Jerarquía con su fuente planetaria, así como también la estrecha analogía entre el método de la actuación de un Logos planetario y el hombre, el microcosmos.

 

El tercer reino de la naturaleza, el reino animal, había alcan­zado un grado relativamente elevado de evolución, y el hombre animal estaba en posesión de la tierra; era un ser con un poderoso cuerpo físico, un coordinado cuerpo astral o de sensación y senti­miento, y un germen rudimentario de mente, que algún día podría constituir el núcleo de un cuerpo mental. Abandonado a sus propios medios durante largos eones, el hombre animal eventualmen­te habría progresado hasta pasar del reino animal al humano, y llegado a ser una entidad autoconsciente, activa y racional, pero la lentitud del proceso se pone en evidencia al estudiar los bosqui­manos de Sudáfrica, los vedas de Ceilán o los hirsutos ainos del Japón.

 

La decisión del Logos planetario de tomar un cuerpo físico, estimuló extraordinariamente el proceso evolutivo y, por Su en­carnación y los métodos que empleó para distribuir las fuerzas, produjo, en un breve cielo, lo que de otro modo hubiera sido incon­cebiblemente lento. El germen de la mente en el hombre animal fue estimulado. El cuádruple hombre inferior,

 

a. el cuerpo físico, en su capacidad dual, etérica y densa,

b. la vitalidad, fuerza vital o prana,

c. el cuerpo astral o emocional,

d. el incipiente germen de la mente,

 

fue coordinado y estimulado, y llegó a ser un receptáculo apro­piado para la entrada de las entidades autoconscientes, esas tría­das espirituales (reflejo de la voluntad, intuición o sabiduría es­pirituales y mente superior) que habían esperado precisamente esa adaptación durante largas edades. El reino humano o cuarto reino, vino a la existencia, y la unidad autoconsciente o racional, el hombre, comenzó su carrera.

 

Otra consecuencia del advenimiento de la Jerarquía consistió en un desarrollo similar, aunque menos conocido, en todos los reinos de la naturaleza. En el reino mineral, por ejemplo, algu­nos de los minerales o elementos, recibieron un estímulo adicio­nal y se hicieron radiactivos, y tuvo lugar un misterioso cambio químico en el reino vegetal. Esto facilitó el paso del reino vegetal al animal, así como la radiactividad de los minerales facilitó el paso del reino mineral al vegetal. A su debido tiempo, los hom­bres de ciencia reconocerán que todos los reinos de la naturaleza se unen e interpenetran cuando las unidades de esos reinos son radiactivas. Pero no es necesario divagar en este sentido. Basta un indicio para quienes tienen ojos para ver, e intuición para com­prender el significado de los términos, limitados por una connota­ción puramente material.

 

En los días de Lemuria, después del gran descenso de las Exis­tencias espirituales a la tierra, quedó sistematizado el trabajo que proyectaron. Se distribuyeron las funciones, y los procesos evolu­tivos en todos los sectores de la naturaleza, quedaron bajo la sabia y consciente guía de esta Hermandad inicial. Esta Jerarquía de Hermanos de la Luz, existe aún, y el trabajo prosigue constante­mente. Todos tienen existencia física, ya sean cuerpos físicos den­sos, tal como lo hacen muchos de los Maestros, o bien cuerpos etéricos, tales como los que utilizan los más excelsos auxiliares y el Señor del Mundo. Es necesario que los hombres recuerden que Ellos tienen existencia física, y también deben tener en cuenta que viven con nosotros en este planeta controlando su destino, guiando sus asuntos y conduciendo a todas sus evoluciones hacia la perfección final.

 

La Sede de esta Jerarquía se halla en Shamballa, un centro en el desierto de Gobi, llamado en los libros antiguos “Isla Blan­ca”. Existe en materia etérica, y cuando la raza de los hombres haya desarrollado la visión etérica en la Tierra, se conocerá su ubicación y será aceptada su realidad. Rápidamente se está des­arrollando esta visión, como puede observarse en los diarios y en la literatura actual, pero la ubicación de Shamballa será el último de los sagrados lugares etéricos que se revelará, pues su materia es del segundo éter. Varios Maestros que tienen cuerpo físico viven en los Himalayas en un lugar recluido llamado Shigatsé, lejos de los caminos de los hombres; pero la mayor parte están diseminados en todo el mundo, y viven de incógnito, y descono­cidos en diferentes lugares y en distintas naciones, aunque cada uno en Su propio lugar constituye un punto focal para la energía del Señor del Mundo, demostrando ser en Su medio ambiente, un distribuidor del amor y de la sabiduría de la Deidad.

 

La apertura del Portal de la Iniciación.

 

No es posible referirse a la historia de la Jerarquía, durante las largas épocas de su trabajo, sin mencionar algunos aconteci­mientos sobresalientes del pasado y sin señalar ciertas eventuali­dades. Durante épocas, después de su inmediata fundación, el trabajo fue lento y desalentador. Transcurrieron miles de años y apa­recieron razas humanas y desaparecieron de la tierra, antes de ser posible delegar, por lo menos el trabajo realizado por los ini­ciados de primer grado, a los hijos de los hombres en evolución. Pero a mediados del transcurso de la cuarta raza raíz, la atlante, sobrevino un acontecimiento que hizo necesario un cambio o in­novación, en el método jerárquico. Algunos de sus miembros fue­ron destinados a un trabajo superior en otra parte del sistema solar, y esto trajo por necesidad el ingreso, en número elevado, de unidades altamente evolucionadas de la familia humana. A fin de permitir que otros ocuparan Su lugar, los miembros menores de la Jerarquía fueron ascendidos, originando vacantes en tales puestos. Por lo tanto, tres cosas se decidieron en la Cámara del Concilio del Señor del Mundo:

 

1. Cerrar la puerta por donde los hombres animales pasaban al reino humano, no permitiendo a las mónadas de los planos su­periores tomar cuerpo por un tiempo. Debido a las limitacio­nes de entonces, se restringió el número de unidades del cuarto reino o reino humano.

 

2. Abrir otra puerta a esos miembros de la familia humana que se hallaban dispuestos a someterse a la disciplina necesaria y hacer el gran esfuerzo requerido, y permitirles entrar en el quinto reino o espiritual. De este modo, las filas de la Jerarquía podían llenarse con miembros de la humanidad terrestre, capaci­tados para ello. Esta puerta se denomina el Portal de la Inicia­ción, y aún permanece abierta con las mismas cláusulas que fijara el Señor del Mundo en los días atlantes. Estas cláusulas se ex­pondrán en el último capítulo de este libro. La puerta que existe entre los reinos humano y animal, será abierta de nuevo durante el próximo gran ciclo o “ronda”, como se dice en algunos libros; pero como aún faltan varios millones de años, no nos ocuparemos de ello por el momento.

 

3. Trazar una línea de demarcación bien definida entre las dos fuerzas, la de la materia y la del espíritu. Fue recalcada la inherente dualidad de toda manifestación, a fin de enseñar a los hombres a liberarse por sí mismos de las limitaciones del cuarto reino o humano, y así pasar al quinto reino o espiritual. El pro­blema del bien y del mal, la luz y la oscuridad, lo correcto y lo incorrecto, fue enunciado únicamente en beneficio de la humani­dad, para permitir a los hombres romper con las cadenas que apri­sionaban al espíritu, logrando así la liberación espiritual. Este problema no existe en los reinos inferiores al del hombre, ni para quienes han trascendido el humano. El hombre debe aprender, a través de la experiencia y el dolor, la realidad de la dualidad de toda existencia. Habiéndolo aprendido, elige lo que concierne al aspecto espíritu plenamente consciente de la divinidad, y también a centrarse en ese aspecto. Al alcanzar la liberación, se da cuenta en verdad que todo es uno, que el espíritu y la materia son una unidad y que sólo existe lo que se halla en la conciencia del Logos planetario, y en círculos más amplios, en la conciencia del Lo­gos solar.

 

La Jerarquía aprovechó de este modo la facultad discrimina­dora de la mente, cualidad que caracteriza a la humanidad, para que el hombre, mediante el equilibrio de los pares de opuestos,  alcance su meta y encuentre el camino de regreso a la fuente de origen.

 

Esta decisión condujo a la gran lucha, característica de la civilización atlante, que culminó con la destrucción, el diluvio al que se refieren todas las Escrituras del mundo. Las fuerzas de la luz y las fuerzas de la oscuridad se enfrentaron, y esto se hizo para ayudar a la humanidad. La lucha persiste aún, y la pasada guerra mundial fue un recrudecimiento de ella. En cada bando ha­bía dos grupos: los que luchaban por un determinado ideal, tal como ellos lo veían y creían que era lo más elevado, y aquellos que lo hacían por obtener ventajas materiales y egoístas. En la lucha entre los influyentes idealistas o materialistas, muchos fueron arrastrados y lucharon ciega e ignorantemente y, en consecuencia, fueron abatidos por el desastre y el karma racial.

 

Estas tres decisiones de la Jerarquía, tienen y tendrán un pro­fundo efecto sobre la humanidad, pero se están obteniendo los re­sultados deseados, pues ya puede observarse una mayor acelera­ción del proceso evolutivo y un efecto profundamente importante sobre el aspecto mente del hombre.

 

Conviene señalar aquí que, actuando como miembros de la Jerarquía, existe gran número de seres llamados ángeles por los cristianos y devas por los orientales. Muchos de ellos han pasado hace tiempo por la etapa humana y actúan ahora en las filas de la gran evolución, llamada evolución dévica, paralela a la humana. Esta evolución incluye, entre otros factores, a los constructores del planeta objetivo y a las fuerzas que producen, por medio de estos constructores, todas las formas conocidas y desconocidas. Los devas que colaboran en el esfuerzo jerárquico se ocupan, por lo tanto, del aspecto forma, mientras que los otros miembros de la Jerarquía se ocupan del desarrollo de la conciencia dentro de la forma.

 

 

CAPÍTULO V

 

LOS TRES DEPARTAMENTOS DE LA JERARQUIA

 

Ya hemos tratado el tema de la fundación de la Jerarquía de la Tierra, vimos cómo vino a la existencia, y nos ocupamos de ciertas crisis ocurridas, que aún afectan a los actuales aconteci­mientos. Al tratar del trabajo y de los objetivos de los miembros de la Jerarquía, no es posible decir cuáles han sido, ni considerar en detalle quiénes fueron los personajes activos durante los pasa­dos milenios, desde que vino a la existencia la Jerarquía.

 

Muchos grandes Seres, de origen planetario y solar, y a veces provenientes de fuentes cósmicas, prestaron Su ayuda en deter­minados momentos y residieron brevemente en nuestro planeta. Por la energía que fluía a través de Ellos y por Su profunda sabi­duría y experiencia, estimularon la evolución terrestre y contri­buyeron en gran medida a la realización de los propósitos del Lo­gos planetario. Después siguieron Su camino, y Sus lugares fueron ocupados por esos miembros de la Jerarquía que estaban dispues­tos a someterse a un entrenamiento específico y a una expansión de conciencia. A su vez, los cargos de estos adeptos y Maestros fueron ocupados por iniciados, por eso los discípulos y hombres y mujeres altamente evolucionados, continuamente tuvieron opor­tunidad de entrar en las filas de la Jerarquía, y así hubo una constante circulación de nueva vida y sangre, y la llegada de quie­nes pertenecen a un período o época especial.

 

Algunos de los grandes nombres de las últimas épocas son conocidos en la historia como Shri Sankaracharya, Vyasa, Mahoma, Jesús de Nazareth y Krishna, y también los iniciados menores co­mo Pablo de Tarso, Lutero y algunas luminarias destacadas de la historia europea. Estos hombres y mujeres siempre han sido agentes para llevar a cabo el propósito de la raza, lograr condi­ciones grupales y fomentar la evolución de la humanidad. A ve­ces han aparecido como fuerzas benefactoras, trayendo consigo paz y bienestar. Con frecuencia han llegado como agentes de destrucción de las antiguas formas religiosas y de gobierno, para poder ser liberada la vida dentro de la forma en rápida cristali­zación, construyendo para sí un nuevo y mejor vehículo.

 

Mucho de lo que aquí se dice es bien conocido y fue expuesto en diferentes libros esotéricos. Sin embargo, en la sabia y cuida­dosa enunciación de los hechos recopilados y su correlación con lo que podría ser nuevo para algunos estudiantes, llega la eventual captación sintética del gran plan y la comprensión inteligente y uniforme del trabajo de ese gran grupo de almas liberadas que, con absoluta autoabnegación, permanece silenciosamente detrás del panorama mundial. Por el poder de Su voluntad, la fuerza de Sus meditaciones, la sabiduría de Sus planes y Su conocimiento científico de la energía, dirigen las corrientes de fuerza y contro­lan a esos agentes constructores de la forma que producen lo visi­ble y lo invisible, lo activo y lo inactivo, en la esfera de la creación en los tres mundos. Esto, unido a su vasta experiencia, los capa­cita para ser agentes distribuidores de la energía del Logos pla­netario.

 

Como ya se ha afirmado, a la cabeza de todas las actividades, controlando cada unidad y dirigiendo toda evolución, se halla el REY, el Señor del Mundo, Sanat Kumara, el Joven de los Eternos Veranos, y el Manantial de la Voluntad (demostrándose como Amor) del Logos planetario. Colaborando con Él y como Sus con­sejeros, hay tres Personajes llamadas Pratyeka Budas, o Budas de Actividad. Estos cuatro Seres encarnan la voluntad activa, amorosa e inteligente. Son el pleno florecimiento de la inteligen­cia, habiendo logrado en un sistema solar anterior lo que el hom­bre está ahora tratando de perfeccionar. En anteriores ciclos de este sistema, Ellos comenzaron a demostrar amor inteligente y, desde el punto de vista del hombre, el ser humano común, son el amor e inteligencia perfectos, aunque desde el punto de vista de esa Existencia que en Su cuerpo de manifestación abarca también nuestro sistema planetario, ese aspecto amor se halla aún en pro­ceso de desarrollo y la voluntad es sólo embrionaria. Será otro el sistema solar que verá fructificar el aspecto voluntad, así como el amor madurará en el nuestro.

 

En torno al Señor del Mundo, pero separados y ocultos, hay otros tres Kumaras, que completan los siete de la manifestación planetaria.

 

Su trabajo es necesariamente incomprensible para no­sotros. Los tres Budas exotéricos o Kumaras, son la totalidad de la actividad o energía planetaria, y los tres Kumaras esotéricos encarnan tipos de energía que no están en plena manifestación en nuestro planeta. Cada uno de estos seis Kurnaras es un reflejo y un agente distribuidor de la energía y fuerza de uno de los otros seis Logos planetarios, los restantes seis espíritus ante el Trono. En este esquema sólo Sanat Kumara se sostiene y se basta a Sí Mismo, porque es la encarnación física de uno de los Logos plane­tarios, pero no puede ser revelado cuál de ellos, por ser uno de los secretos de la iniciación. A través de cada uno de Ellos pasa la fuerza vital de uno de los seis rayos, y al considerarlos se po­dría resumir Su trabajo y posición de la manera siguiente:

 

1.      Cada uno encarna uno de los seis tipos de energía, sien­do el Señor del Mundo el que sintetiza y encarna el per­fecto séptimo tipo, nuestro tipo planetario.

 

2.      Cada uno se caracteriza por uno de los seis colores, y el Señor del Mundo manifiesta el pleno color planetario, siendo éstos también los seis subsidiarios.

 

3.      Por lo tanto, Su trabajo no sólo consiste en distribuir la fuerza, concierne a la entrada de los egos que buscan ex­periencia terrestre en nuestro esquema y que vienen de otros esquemas planetarios.

 

4.      Cada uno de Ellos está en comunicación directa con uno de los planetas sagrados.

 

5.      De acuerdo a las condiciones astrológicas y al giro de la rueda planetaria de la vida, así estará activo uno de es­tos Kumaras. Los tres Budas de actividad cambian de vez en cuando y se trasforman a su vez en exotéricos o esotéricos, según sea el caso. Únicamente el Rey per­manece constante y alerta en activa encarnación física.

 

Además de estos personajes principales que presiden la Cá­mara del Concilio de Shamballa, existe un grupo de cuatro Seres que representan en el planeta los cuatro Maharajáes, o los cuatro Señores del Karma en el sistema solar, y se ocupan específicamente de la evolución del reino humano en la actualidad. Estos cuatro Seres tienen relación con:La distribución del karma o destino humano, en lo que afecta a los individuos y, a través de los individuos, a los grupos.

 

1.      El cuidado y clasificación de los archivos akásicos. Éstos se ocupan de la Sala de los Archivos o de las “anotacio­nes en los libros”, según se dice en la Biblia cristiana. En el mundo cristiano son conocidos como los ángeles registradores.

 

2.      La participación en los concilios solares. Sólo Ellos tie­nen derecho, durante el cielo mundial, a pasar mas allá de la periferia del esquema planetario y participar en los concilios del Logos solar. Debido a esto, son literal­mente mediadores planetarios, que representan a nuestro Logos planetario y a todo aquello que. Le concierne en el esquema mayor, del cual Él es sólo una parte.

 

Cooperando con los Señores del Karma hay grandes grupos de iniciados y devas que se ocupan del correcto reajuste de

 

  1. el karma mundial,
  2. el karma racial,
  3. el karma nacional,
  4. el karma grupal,
  5. el karma individual,

 

y son responsables ante el Logos planetario de la correcta manipu­lación dé esas fuerzas y son agentes constructores que traen a los egos de los distintos rayos, en los momentos y temporadas exactos.

 

Poco tenemos que ver con todos estos grupos, porque sólo los iniciados de tercera iniciación y los de rango aún más excelso, en­tran en contacto con ellos.

 

Los otros miembros de la Jerarquía se dividen en tres grupos principales y cuatro subsidiarios; cada uno, como se observará en el diagrama que aparece en la página 51, está precedido por uno de los que denominamos los tres Grandes Señores.

 

El Trabajo del Manu.

 

El Manu preside el primer grupo. Se Lo llama Vaivasvata Manu, y es el Manu de la quinta raza raíz. Es el hombre ideal o pensador, y determina el tipo de nuestra raza aria, habiendo pre­sidido sus destinos desde su comienzo, hace casi cien mil años. Otros aparecieron y desaparecieron, y Su lugar será ocupado por algún otro, en un futuro relativamente cercano. Entonces pasará a realizar un trabajo de mayor excelsitud. El Manu o prototipo de la cuarta raza raíz, trabaja en íntima relación con Él, y su centro de influencia se halla en China. Es el segundo Manu que ha tenido la cuarta raza raíz, y ha ocupado el lugar del anterior, durante las etapas finales de la destrucción de la Atlántida. Ha permanecido para fomentar el desarrollo del tipo racial y provo­car su desaparición final. Los períodos de actuación de los diver­sos Manus se superponen; actualmente no queda en el globo nin­gún representante de la tercera raza raíz. El Vaivasvata Manu reside en los Himalayas y ha reunido a Su alrededor, en Shigatsé, a algunos de los que están relacionados directamente con las cues­tiones arias en la India, Europa y América, y a aquellos que más tarde se ocuparán de la futura sexta raza raíz. Los planes se pre­paran para épocas futuras; se constituyen centros de energía, mi­les de años antes que sean necesarios, y por la sabia previsión de estos Hombres Divinos, nada se deja al azar, sino que todo se mue­ve en cielos ordenados y bajo regla y ley, aunque dentro de limi­taciones kármicas.

 

El trabajo del Manu concierne en gran parte al gobierno, la política planetaria y el establecimiento, dirección y disolución. de tipos y formas raciales. A Él se le confía la voluntad y el propó­sito del Logos planetario. Sabe cuál es el objetivo inmediato para este ciclo de evolución que debe presidir, y Su trabajo consiste en hacer cumplir esa voluntad. Trabaja en más estrecha colabo­ración con los devas constructores, que con Su Hermano el Cristo, pues Su misión es establecer el tipo racial, segregar los grupos por los cuales se desarrollarán las razas, manipular las fuerzas que mueven la corteza terrestre, levantar y hundir continentes, dirigir la mente de los estadistas de todas partes, para que el gobierno racial proceda como es de desear y se logren las condi­ciones que proporcionarán el personal necesario para fomentar cualquier tipo racial particular. Ya se observa en América del Norte y en Australia un trabajo similar.

 

La energía que afluye a través de Él, emana del centro coro­nario del Logos planetario y Le llega a través del cerebro de Sanat Kurnara, que centraliza en Sí toda la energía planetaria. Actúa por medio de la meditación dinámica, llevada a cabo en el centro coronario, produciendo resultados por Su perfecta comprensión de lo que debe realizarse, por Su poder de visualizar lo que debe hacerse para lograr la realización, y por Su capacidad de trasmi­tir energía creadora y destructora a quienes son Sus ayudantes. Todo esto se realiza por el poder de la emisión del sonido.

 

El Trabajo del Instructor del Mundo, el Cristo.

 

El segundo grupo está presidido el Instructor del Mundo. Es ese gran Ser que los cristianos denominan Cristo. En Oriente es conocido como el Bodhisattva y el Señor Maitreya, y por los devotos mahometanos, como el Iman Madhi. Ha presidido los des­tinos de la vida desde el año 600 a. C.; es Quien apareció entre los hombres y a Quien se espera nuevamente. Es el gran Señor de Amor y Compasión, así como su predecesor, Buda, fue el Señor de Sabiduría. A través de Él fluye la energía del segundo aspecto que Le llega directamente desde el centro cardíaco del Logos pla­netario, a través del corazón de Sanat Kurnara. Actúa por la meditación centrada en el corazón. Es el Instructor del Mundo, el Maestro de Maestros y el Instructor de Ángeles, y se Le ha confiado la guía de los destinos espirituales de los hombres y el despertar del reconocimiento de que cada ser humano es una criatura de Dios y un hijo del Altísimo.

 

Así como el Manu se ocupa de proporcionar el tipo y las for­mas a través de las cuales la conciencia puede evolucionar y adquirir experiencia, haciendo posible la existencia en su sentido más profundo, así el Instructor del Mundo dirige esa conciencia inmanente en su aspecto vida o espíritu, tratando de energetizarla dentro de la forma, para ser ésta descartada a su debido tiempo, y el espíritu liberado volver a su origen. Desde que dejó la Tierra, como dice con relativa exactitud la Biblia (aunque con muchos errores en los detalles), siempre ha permanecido con los hijos de los hombres. Nunca nos ha abandonado, sino en apariencia, y quienes conocen el camino pueden hallarlo en cuerpo físico en los Himalayas, trabajando en íntima colaboración con Sus dos grandes Hermanos, el Manu y el Mahachohan. Diariamente im­parte su bendición al mundo, y permanece todos los días bajo el gran pino de Su jardín, a la puesta del sol, con las manos en alto, bendiciendo a quienes tienen verdadera y fervorosa aspiración. Conoce a todos los buscadores, y aunque no tengan conciencia de Él, la luz que de Él afluye estimula sus deseos, fomenta la chispa de vida naciente y espolea al aspirante hasta el amanecer del gran día en que se enfrente con Aquel Que “al ser ascendido” ?enten­dido esotéricamente? atraerá hacia Sí a todos los hombres, como Iniciador de los sagrados misterios.

 

El Trabajo del Señor de la Civilización, el Mahachohan.

 

El Mahachohan encabeza el tercer grupo. Su autoridad sobre el mismo persiste durante un período más extenso que el de Sus dos Hermanos, y puede desempeñar Su cargo durante varias razas raíces. Es la totalidad del aspecto inteligencia. El actual Mahachohan no es el que originariamente ocupó el lugar al esta­blecerse la Jerarquía en los días de Lemuria ? entonces era ocupado por uno de los Kumaras o Señores de la Llama que encarnaron con Sanat Kumara?; y el Mahachohan ocupó Su lugar en la segunda subraza de la raza raíz atlante. Había lo­grado el estado de adepto en la cadena lunar, y por medio de Su complementación, un gran número de seres humanos avanza­dos vinieron a la encarnación a mediados de la raza raíz atlante. La afiliación kármica con Él, fue una de las causas predispo­nentes que hicieron posible esta eventualidad.

 

Su trabajo es fomentar y fortalecer la relación entre espíritu y materia, vida y forma, yo y no?yo, cuyo resultado es lo que lla­mamos civilización. Maneja las fuerzas de la naturaleza, y es en gran parte la fuente emanante de energía eléctrica, tal como la conocemos. Por ser reflejo del tercer aspecto o creador, la energía del Logos planetario fluye hacia Él desde el centro laríngeo, y es Quien de muchas maneras hace posible el trabajo de Sus her­manos. Le presentan Sus planes y deseos y por Su intermedio llegan las instrucciones a un gran número de agentes dévicos.

 

Así tenemos Voluntad, Amor e Inteligencia, representados en estos tres Grandes Señores; tenemos el yo y el no?yo, y su rela­ción sintetizada en la unidad de la manifestación; tenemos gobier­no racial, religión y civilización, constituyendo un todo coherente, y la manifestación física, el aspecto amor o deseo, y la mente del Logos planetario, exteriorizándose en objetividad. Entre estas tres Personalidades existe la más íntima colaboración y unidad, y todo movimiento, plan y acontecimiento, tienen su existencia en Su previo conocimiento unido. Están en continuo contacto con el Se­ñor del Mundo en Shamballa, y la dirección de todos los asuntos descansa en sus manos y en las del Manu de la cuarta raza raíz. El Instructor del Mundo ocupa Su lugar, en conexión con las razas raíces cuarta y quinta.

 

Cada uno de estos guías departamentales dirige cierto número de cargos subsidiarios, y el departamento del Mahachohan está dividido en cinco secciones, que abarcan los cuatro aspectos me­nores del gobierno jerárquico.

 

A las órdenes del Manu trabajan los regentes de las distintas divisiones del mundo, como por ejemplo, el Maestro Júpiter, re­gente de la India, el más antiguo de Los que trabajan ahora para la humanidad en cuerpo físico, y el Maestro Rakoczi, que es el regente de Europa y América. Debe recordarse que aunque el Maestro R., por ejemplo, pertenece al séptimo rayo y está sujeto al departamento de energía del Mahachohan, sin embargo, en el trabajo jerárquico puede desempeñar, y desempeña, temporaria­mente, el cargo bajo el Manu. Estos regentes, aunque desconoci­dos, tienen en Sus manos las riendas del gobierno de los conti­nentes y las naciones, guiando así, aunque en forma desconocida, sus destinos, inspirando a estadistas y gobernantes; vierten ener­gía mental en los grupos gobernantes, logrando los resultados de­seados cuando encuentran colaboración e intuición receptiva en­tre los pensadores.

 

El Instructor del Mundo preside el destino de las grandes reli­giones, por medio de un grupo de Maestros e Iniciados que dirigen las actividades de las diferentes escuelas de pensamiento. A título de ilustración, el Maestro Jesús, inspirador y director de las Igle­sias cristianas de todo el mundo, aunque es un adepto de sexto rayo en el departamento del Mahachohan, trabaja actualmente bajo el Cristo en bien de la cristiandad; otros Maestros ocupan puestos similares en relación con los grandes credos orientales y las diversas escuelas de pensamiento en Occidente:

 

En el departamento del Mahachohan, gran número de Maes­tros, en quíntuple división, trabaja con la evolución dévica, y el aspecto inteligencia del hombre, y corresponde a los cuatro rayos menores de atributo,

 

1. el rayo de armonía o belleza,

2. el rayo de ciencia concreta o conocimiento,

3. el rayo de devoción o idealismo abstracto,

4. el rayo de ley ceremonial o magia,

 

así como los tres guías de departamentos representan los tres ra­yos mayores de:

 

1.      Voluntad o poder.

2.      Amor o sabiduría.

3.      Inteligencia activa o adaptabilidad.

 

Los cuatro rayos o atributos de la mente, con el tercer rayo de la inteligencia, están sintetizados por el Mahachohan y cons­tituyen la totalidad del quinto principio de la mente a manas.

 

CAPÍTULO VI

 

LA LOGIA DE MAESTROS

 

Las Divisiones.

 

Hemos considerado parcialmente los cargos superiores en las filas de la Jerarquía de nuestro planeta. Ahora trataremos lo que se podría llamar las dos divisiones en que están distribuidos los miembros restantes. Forman, literalmente, dos Logias dentro de un conjunto mayor:

 

1.      La Logia — constituida por iniciados que han pasado la quinta iniciación, y un grupo de devas o ángeles.

 

2.     La Logia Azul, constituida por iniciados de la tercera, cuar­ta y quinta iniciaciones.

 

Inferior a éstos hay un gran grupo de iniciados de la primera y segunda iniciaciones y luego los discípulos de toda graduación. Los discípulos se consideran afiliados a la Logia, pero no miem­bros de la misma. Finalmente vienen los que están en probación y esperan ser afiliados, mediante arduos esfuerzos.

 

Desde otro punto de vista, podemos considerar que los miem­bros de la Logia forman siete grupos, representando cada uno de ellos un tipo de la séptuple energía planetaria que emana del Lo­gos planetario. La triple división ha sido dada al principio, porque en la evolución tenemos siempre los tres mayores (que se mani­fiestan a través de los tres departamentos), y luego los siete que se presentan como una triple diferenciación y un septenario. Los estudiantes deben recordar que todo lo que aquí se imparte se refiere al trabajo de la Jerarquía, en conexión con el cuarto reino o humano, y especialmente a esos Maestros que trabajan con la humanidad. Si se tratara de la evolución dévica, la clasificación y división serían totalmente distintas.

 

Además, hay ciertos aspectos del trabajo jerárquico que afec­tan, por ejemplo, al reino animal; este trabajo pone en actividad a seres, trabajadores y adeptos, totalmente diferentes de los servi­dores del cuarto reino o reino humano. Por lo tanto, deben recor­dar cuidadosamente que estos detalles son relativos, y que el tra­bajo y el personal de la Jerarquía son infinitamente más grandes e importantes de lo que pueden parecer en una lectura superficial de estas páginas. En verdad, se trata de lo que podría ser consi­derado como Su trabajo primario, pues al servir al reino humano nos ocupamos de la manifestación de los tres aspectos de la divi­nidad, pero los demás departamentos son interdependientes y el trabajo progresa como un todo sintético.

 

Los trabajadores o adeptos, que se ocupan de la evolución de la familia humana, son sesenta y tres, si se tienen en cuenta los tres grandes Señores, para llegar a formar los nueve veces siete, necesarios para el trabajo. De éstos, cuarenta y nueve trabajan exotéricamente, si puede expresarse así, y catorce se ocupan más esotéricamente de la manifestación subjetiva. Muy pocos de Sus nombres son conocidos por el público, y en muchos casos no sería prudente revelar quiénes son, dónde viven y cuál es Su particular esfera de actividad. Una pequeña minoría, debido al karma gru­pal y a la disposición de sacrificarse, en los últimos cien años han sido conocidos por el público, y en lo que a Ellos respecta puede darse cierta información. En la actualidad muchas perso­nas, independientemente de cualquier escuela de pensamiento, son conscientes de su existencia, y el reconocimiento de que aquellos a quienes conocen personalmente trabajan en un gran esquema de esfuerzo unificado, puede alentar a estos verdaderos conocedores y testimoniar su conocimiento y establecer así, más allá de toda controversia, la realidad de Su trabajo. Ciertas escuelas de ocul­tismo y orientación teosófica han pretendido ser las únicas depo­sitarias de Sus enseñanzas y la única exteriorización de Sus es­fuerzos, limitando, en consecuencia, lo que Ellos hacen y formu­lando premisas que el tiempo y las circunstancias no corrobora­rán. Trabajan ciertamente por medio de tales grupos de pensado­res y ponen la mayor parte de sus fuerzas en la tarea de tales organizaciones; sin embargo, tienen Sus discípulos y Sus adictos en todas partes, trabajando a través de muchos grupos y aspectos de la enseñanza. En todo el mundo, los discípulos de estos Maes­tros han encarnado en esta época con el único fin de participar en las actividades, tareas y difusión de la verdad de las distintas igle­sias, ciencias y filosofías, produciendo así, dentro de la organiza­ción misma, una expansión, una extensión y la desintegración ne­cesaria, que de otra forma resultaría imposible. Sería conveniente que todo estudiante de esoterismo conociera estos hechos y culti­vara la capacidad de reconocer la vibración jerárquica, tal como se manifiesta a través de los discípulos, en los lugares y grupos más inverosímiles.

 

En lo que respecta al trabajo de los Maestros a través de sus discípulos, debería explicarse un punto, y es que las diversas es­cuelas de pensamiento, fomentadas por la energía de la Logia, son fundadas en cada caso por uno o varios discípulos, y sobre ellos y no sobre el Maestro recae la responsabilidad de los resultados y el karma consiguiente. El procedimiento es más o menos el siguiente: El Maestro revela al discípulo el objetivo que se pro­pone realizar en un breve ciclo inmediato y le sugiere la conve­niencia de tal o cual desarrollo. El trabajo del discípulo consiste en asegurarse el mejor método para obtener los resultados desea­dos, y en formular planes por medio de los cuales obtener cierto éxito. Entonces inicia sus proyectos, funda su sociedad u organi­zación, y difunde la enseñanza necesaria. Sobre él recae la res­ponsabilidad de elegir colaboradores apropiados, trasmitir el tra­bajo a los más capacitados y presentar debidamente la enseñanza. Todo lo que hace el Maestro es observar el esfuerzo con interés y simpatía; mientras tanto el discípulo mantiene su elevado ideal inicial y sigue su camino con puro altruismo.

 

El Maestro no es culpable si el discípulo muestra falta de dis­cernimiento en la elección de colaboradores o evidencia incapaci­dad para representar la verdad. Si lo hace bien y el trabajo pro­gresa, como es de desear, el Maestro continuará impartiendo Su bendición sobre el esfuerzo. Si fracasa y sus sucesores se apartan del impulso original, difundiendo así toda clase de errores, el Maestro, con amor y simpatía, omitirá esa bendición, retendrá Su energía y dejará de estimular aquello que es mejor que des­aparezca. Las formas van y vienen y el interés del Maestro y Su bendición, fluirán a través de un canal u otro; el trabajo puede continuar por cualquier medio, pero siempre la fuerza de la vida persistirá, destruyendo la forma allí donde sea inadecuada o utilizándola cuando satisfaga la necesidad inmediata.

 

Algunos Maestros y su trabajo.

 

En el primer gran grupo del cual el Manu es el Guía, se hallan dos Maestros, el Maestro Júpiter y el Maestro Morya. Ambos han trascendido la quinta Iniciación, y el Maestro Júpiter, que además es Regente de la India, es considerado el más antiguo por toda la Logia de Maestros. Habita en las colinas de Nilghe­rry, en el sur de la India, y es uno de los Maestros que gene­ralmente no aceptan discípulos, pues figuran entre éstos sólo iniciados de grado superior y un buen número de Maestros. En sus manos están las riendas del gobierno de la India, incluyendo gran parte de la frontera norte, y sobre Él recae la ardua tarea de guiar finalmente a este país, para que salga del presente caos e intranquilidad y sus diversos pueblos se fusionen en una síntesis final. El Maestro Morya, uno de los adeptos orientales más conocidos, reúne entre Sus discípulos a un gran número de europeos y americanos; es un príncipe Rajput, que durante muchas décadas ocupó una posición prominente en los asuntos de la India.

 

Actúa en estrecha colaboración con el Manu y oportuna­mente será el Manu de la sexta raza raíz. Vive, como Su Her­mano K.H., en Shigatsé, en los Himalayas, y es una figura muy conocida por los habitantes de esa lejana villa. Es un hombre alto y de presencia imponente, de cabello y barba negros y ojos oscuros, y Su aspecto podría considerarse severo, si no fuera por la expresión de Sus ojos. Él y Su Hermano, el Maestro K.H., trabajan casi como una unidad, y así lo han hecho durante siglos y lo harán en el futuro, pues el Maestro K.H. está preparado para ocupar el puesto de Instructor del Mundo, cuando el actual titular lo deje para realizar un trabajo más elevado, y venga a la existencia la sexta raza raíz. Las casas que habitan están juntas, y gran parte del tiempo trabajan en estrecha asociación. Como el Maestro M. pertenece al primer rayo, el de la Voluntad y Poder, Su trabajo consiste en gran parte en llevar a cabo los planes del actual Manu. Actúa como inspirador de los estadistas del mundo; maneja, por medio del Mahachohan, las fuerzas que producirán las condiciones necesarias para el progreso de la evo­lución racial. En el plano físico, los grandes ejecutivos nacionales con ideales internacionales y amplia visión, están influidos por Él, y con Él cooperan ciertos grandes devas del plano mental; tres grandes grupos de ángeles trabajan también con Él en ni­veles mentales, en unión con devas menores que vitalizan formas mentales y, en bien de toda la humanidad, mantienen vivas las formas mentales de los Guías de la raza.

 

El Maestro M, tiene un gran grupo de discípulos bajo su instrucción, trabaja con muchas organizaciones esotéricas y tam­bién por medio de los políticos y estadistas del mundo.

 

El Maestro Koot Humi, muy conocido en Occidente, tiene muchos discípulos en todas partes, es oriundo de Cachemira y Su familia originalmente procedió de la India. Es también un Iniciado de alto grado y pertenece al segundo rayo de Amor­ Sabiduría. Es de noble presencia y alta estatura, aunque algo menos corpulento que el Maestro M.; de tez blanca, cabello y barba color castaño dorado, y ojos de un maravilloso azul pro­fundo, a través de ellos parece fluir el amor y la sabiduría le las edades. Tiene una gran experiencia y una vasta cultura; fue originalmente educado en una de las Universidades británicas y habla correctamente el inglés. Lee mucho, y los libros de todas las literaturas en diversos idiomas, llegan a Su estudio en el Himalaya.  Se ocupa principalmente de la vitalización de ciertas grandes tendencias filosóficas y Se interesa por algunas organi­zaciones filantrópicas. Le corresponde, en gran parte, el trabajo de estimular la manifestación del amor, latente en el corazón de todos los hombres, y despertar en la conciencia de la raza la percepción del gran hecho fundamental de la hermandad.

 

Actualmente el Maestro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jesús, están íntimamente interesados en el trabajo de unificar, hasta donde sea posible, el pensamiento oriental y el occiden­tal, de modo que las grandes religiones orientales, con el último desarrollo alcanzado por el credo cristiano en todas sus ramifi­caciones, puedan beneficiarse mutuamente. Se espera que de este modo venga a la existencia la gran Iglesia Universal.

 

El Maestro Jesús, punto focal de la energía que fluye a través de las distintas iglesias cristianas, ocupa actualmente un cuerpo sirio y vive en algún lugar de Tierra Santa. Viaja mucho   y pasa largas temporadas en diversas partes de Europa. Trabaja más  especialmente con las masas que con los individuos, aunque ha reunido a Su alrededor un numeroso grupo de discípulos. Perte­nece al sexto rayo de Devoción o Idealismo Abstracto, y Sus discípulos se caracterizan frecuentemente por ese fanatismo y de­voción que se manifestó en los mártires de los primitivos tiempos cristianos. Es de apariencia marcial, exige disciplina, es un hom­bre de voluntad y dominio férreos. Alto y delgado, de rostro largo y fino, pelo negro, tez pálida y penetrantes ojos azules. Su trabajo actual es de gran responsabilidad, pues le fue asignada la tarea de orientar el pensamiento occidental, para sacarlo de su actual estado de intranquilidad y llevarlo a las pacíficas aguas de la certidumbre y del conocimiento, preparando así el adve­nimiento, en Europa y América, del Instructor del Mundo. Es muy conocido en la historia bíblica, apareciendo primero como Joshua, el hijo de Nun; luego aparece nuevamente en los tiem­pos de Ezra, como Jeshua, recibiendo la tercera iniciación, que en el Libro de Zacarías es relatada como la de Joshua, y en, el Evangelio es conocido por dos grandes sacrificios, aquel en que entregó Su cuerpo para que el Cristo lo utilizara, y el de la gran renunciación, característica de la cuarta iniciación. Como Apo­lonio de Tiana, recibió la quinta iniciación y Se convirtió en Maestro de Sabiduría. Desde entonces permaneció y actuó en la Iglesia Cristiana, fomentando el germen de la verdadera vida espiritual entre los miembros de las sectas y divisiones, y neu­tralizando en lo posible los errores y equívocos de clérigos y teólogos. Es netamente el gran Líder, el General y el Sabio eje­cutivo, y en los asuntos de las iglesias coopera estrechamente con el Cristo, ahorrándole mucho trabajo y actuando como Su inter­mediario, cuando es posible. Nadie como Él conoce tan profun­damente los problemas de Occidente; nadie está tan íntimamente en contacto con quienes representan mejor las enseñanzas cristianas, y nadie conoce tan bien la necesidad del momento actual. Algunos eminentes prelados de las iglesias Anglicana y Católica son Sus agentes.

 

El Maestro Djwal Khul o Maestro D. K., como se lo llama frecuentemente, es otro adepto del segundo rayo de Amor?Sabi­duría, el último de los adeptos que pasaron la iniciación, pues recibió la quinta iniciación en 1875; conserva el mismo cuerpo de entonces; la mayoría de los Maestros la recibieron en cuerpos anteriores, su cuerpo de origen tibetano no es joven. Está dedi­cado al Maestro K. H. y vive en una casita cercana a la de este Maestro. Por Su disposición a servir y a hacer cuanto sea necesario, ha sido llamado “el Mensajero de los Maestros”. Es muy culto y tiene más conocimiento acerca de los rayos y de las Jerarquías planetarias del sistema solar, que ningún otro Maestro. Trabaja con quienes se dedican a la curación, y coopera en los grandes laboratorios del mundo en forma desconocida e invisible, con los buscadores de la verdad, con todos los que tratan definidamente de curar y aliviar al mundo y con los grandes movimientos fi­lantrópicos mundiales, tales como la Cruz Roja. Se ocupa de los discípulos de los distintos Maestros, que pueden aprovechar su instrucción, y en los últimos diez años ha aliviado, en gran parte, el trabajo de enseñanza de los Maestros M. y K. H., tomando a Su cargo, por determinado tiempo, algunos de Sus aspirantes y discípulos. También trabaja mucho con ciertos grupos de devas del éter, que son devas sanadores y colaboran así con Él en el trabajo de remediar algunos males físicos de la humanidad. Dictó gran parte de la monumental obra La Doctrina Secreta, y le hizo ver a H. P. Blavatsky muchas ilustraciones y datos que apa­recen en ese libro.

 

El Maestro Rakoczi se ocupa especialmente del futuro des­arrollo de los asuntos raciales de Europa y del desarrollo mental en América y Australia. Es húngaro, tiene su hogar en los Cár­patos, habiendo sido en un momento dado una figura muy cono­cida en la corte húngara. Se pueden encontrar referencias en antiguos libros de historia, fue particularmente conocido como el Conde de Saint?Germain, anteriormente como Roger Bacon y después como Francis Bacon. Es interesante observar que, a me­dida que el Maestro R. se hace cargo de los asuntos de Europa, en los planos internos, el nombre de Francis Bacon se hace más público en la controversia Bacon?Shakesperiana. Es más bien bajo y delgado, con barba negra y puntiaguda y cabello lacio y negro. No acepta tantos discípulos como los Maestros ya mencionados. En la actualidad dirige la mayoría de los discípulos de tercer rayo de Occidente, juntamente con el Maestro Hilarión. pertenece al séptimo rayo de Magia u Orden Ceremonial, y actúa principalmente por medio del ritual y el ceremonial esotéricos; tiene vital interés por los efectos hasta ahora no reconocidos del ceremonial francmasón, el de las diversas fraternidades y el de todas las iglesias. En la Logia se lo llama generalmente “el Conde” y en América y Europa actúa prácticamente como director general, en la realización de los planes del consejo ejecutivo de la Logia. Al­gunos Maestros forman un grupo interno alrededor de los tres Grandes Señores, y se reúnen en concilio con mucha frecuencia.

 

El Maestro Hilarión pertenece al quinto rayo de Conocimien­to Concreto o Ciencia, y en una encarnación anterior fue Pablo de Tarso. Tiene cuerpo cretense, pero pasa gran parte de su tiempo en Egipto. Dio al mundo el tratado ocultista llamado Luz en el Sendero y Su trabajo resulta particularmente interesante, para el gran público, en la crisis actual, pues trabaja con quienes desarro­llan la intuición, y controla y trasmuta los grandes movimientos que tienden a descorrer el velo de lo invisible. Su energía estimula a través de Sus discípulos a los grupos de investigadores síquicos, y fue quien inició, mediante varios de Sus discípulos, el movi­miento espiritista. Tiene en observación a todos los síquicos de orden superior, y los ayuda a desarrollar sus poderes para bien del grupo; trabaja juntamente con algunos devas en el plano as­tral, para abrir, a los buscadores de la verdad, ese mundo sub­jetivo que está tras de la materia grosera.

 

Poco puede decirse sobre los dos Maestros ingleses. No acep­tan discípulos en el sentido en que lo hacen los Maestros K. H. y M. Uno reside en Gran Bretaña, tiene a Su cargo la dirección de­finitiva de la raza anglosajona y trabaja en los planes del des­arrollo y la evolución futuros. Está tras el movimiento labo­rista de todo el mundo, trasmutándolo y dirigiéndolo, y de la ac­tual creciente oleada de la democracia. De la inquietud democrá­tica, y del caos y la confusión actuales, surgirá la futura condición mundial, que tendrá como nota clave la cooperación, no la compe­tencia; la distribución, no la centralización.

 

Mencionaremos aquí brevemente al Maestro Serapis, frecuen­temente llamado el Egipcio. Pertenece al cuarto rayo, y de Él re­ciben enérgico impulso los grandes movimientos artísticos del mundo, la evolución de la música, de la pintura y del teatro. Ac­tualmente dedica la mayor parte de Su tiempo y atención al trabajo de la evolución dévica o angélica, hasta que, mediante Su ayuda, sea posible hacer la gran revelación en el mundo de la música y de la pintura, en un futuro inmediato. No es posible agregar algo más acerca de Él ni revelar Su lugar de residencia.

 

El Maestro P. trabaja bajo la dirección del Maestro R. en Norteamérica; tuvo mucho que ver esotéricamente con las distintas ciencias mentales, como la Ciencia Cristiana y el Nuevo Pensamiento, constituyendo ambas un esfuerzo de la Logia en el afán de enseñar a los hombres la realidad de lo invisible y el poder, creador de la mente. Su cuerpo es irlandés; pertenece al cuarto rayo, y no puede ser revelado el lugar de Su residencia. Tomó a su cargo gran parte del trabajo del Maestro Serapis cuan­do Éste se ocupó de la evolución dévica.

 

El trabajo actual.

 

Serán tratados aquí ciertos hechos que se refieren a dichos Maestros y a Su trabajo presente y futuro. Primero, el trabajo de entrenar a Sus aspirantes y discípulos, para que sean de utilidad en dos grandes acontecimientos: uno, la venida del Instructor del Mundo a mediados o a fines del presente siglo, y otro, la funda­ción de la nueva sexta subraza con la reconstrucción de las actua­les condiciones del mundo. Por ser la nuestra la quinta subraza de la quinta raza raíz, es muy grande la presión del trabajo en los cinco rayos de la mente, controlados por el Mahachohan. Dado que los Maestros soportan una carga muy pesada, gran parte de Su trabajo de enseñar a los discípulos ha sido delegado a inicia­dos y discípulos avanzados, y algunos de los Maestros de los rayos primero y segundo, se han hecho cargo temporariamente de los aspirantes en el departamento del Mahachohan.

 

Segundo, se debe preparar al mundo en amplia escala para la venida del Instructor mundial, y deben darse los pasos necesarios antes de que muchos de Ellos se manifiesten entre los hombres, y lo harán a fines de este siglo. Ya se está formando un grupo especial que se prepara expresamente para este trabajo. El Maes­tro M., el Maestro K. H. y el Maestro Jesús, se ocuparán especial­mente de este movimiento, hacia fines de este siglo. Otros Maes­tros participarán también, pero los tres mencionados anterior­mente son Aquellos con cuyos nombres y cargos la gente debe en lo posible familiarizarse.

 

Otros dos Maestros están especialmente relacionados con el séptimo rayo o ceremonial, y Su trabajo particular es supervisar el desarrollo de ciertas actividades, dentro de los próximos quince años, bajo la dirección del Maestro R. Puede asegurarse definiti­vamente que antes de la venida de Cristo se hará lo necesario para que esté al frente de las grandes organizaciones un Maestro o un iniciado que haya recibido la tercera iniciación. Maestros e iniciados estarán al frente de ciertos grandes grupos ocultistas de francmasones del mundo y de diversos sectores de la iglesia en muchas de las grandes naciones. Este trabajo de los Maestros se está realizando ya, y todos Sus esfuerzos tienden a una exitosa culminación. En todas partes Ellos reúnen a quienes de una u otra manera demuestran la tendencia a responder a las altas vi­braciones, tratando de forzarlas y adaptarse a ellas, a fin de ser útiles en el momento de la venida de Cristo. Grande es el día de la oportunidad cuando llegue ese momento, porque debido a la enorme fuerza vibratoria, que entonces presionará sobre los hijos de los hombres, quienes realizan ahora el trabajo necesario, podrán dar un gran paso hacia adelante y franquear el portal de la  Iniciación.

 

Este es un fragmento del libro “Iniciación humana y solar”,  del Maestro Djwhal Khul hablando mas en profundidad sobre las Jerarquia Espirituales / Gran Hermandad Blanca.

Desde aqui puedes descargar el libro completo”El trabajo de la Jerarquía Espiritual”:

Djwhal Khul – La exteriorización de la jerarquía

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