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David Topí: Los miedos primarios imbuidos en la psique del ser humano (I)

miedo a lo desconocido

La explotación y exacerbación de los miedos primarios del ser humano ha sido siempre una herramienta de control de la población, de la que cuesta darse cuenta. Son principalmente cuatro grandes temores, imbuidos en la parte instintiva de nuestro cerebro y de nuestra psique, y están todos interconectados unos con otros, por lo que es necesario verlos en su conjunto, ya que no son piezas separadas que puedan ser completamente aisladas individualmente. Estos temores son antiguos, arcanos, llevan con nosotros desde el momento en el que el ser humano apareció como ser consciente, quizás mucho antes de la manipulación genética sufrida, ya que nuestros ancestros los desarrollaron en su psique, y parte de ella, si no toda, pasó luego a la psique del homo sapiens cuando este fue creado por la cruza de las especies que se usaron para dar lugar a nuestra raza.

 

Miedo a la oscuridad

 El temor a la oscuridad es el más antiguo, y el más enraizado en nuestra psique. Su origen se centra en la época en que nuestros ancestros dependían enormemente del sol para su supervivencia. El Sol les daba calor, luz, la posibilidad de encontrar comida, protección de diferentes animales que tenían mucha mejor visión nocturna que ellos, etc. Cuando el sol no estaba presente, en el pasado, su ausencia equivalía a peligro, peligro de muerte, peligro de ser atacado, peligro de no tener comida, exposición al medio natural, especialmente durante los inviernos si no se vivía en lugares cálidos, etc. El sol, así, se convirtió en un símbolo de poder, de vida, de esperanza, ya que se esperaba que saliera con mucha expectación cada mañana, como un salvador que volvía a proteger a la tribu y de ahí que el miedo a la oscuridad esté mucho más arraigado en nuestra psique de lo que podemos imaginar, especialmente algo que vemos en muchos niños que no desean dormir a oscuras antes de que, su razonamiento “lógico”, les diga que “no pasa nada”, que están en casa y protegidos. El ser humano “adulto”, da por hecho que la noche no es especialmente más peligrosa que el día si estás en casa con las luces encendidas, y, sin embargo, hay muchas cosas que, cuando suceden de noche, a oscuras, nos produce una reacción muy distinta que, si la misma cosa, nos sucediera a plena luz del día.

 

 

 

El sistema bajo el que vivimos conoce muy bien este miedo primario y comprenden como funciona. Es una de las razones por las que vemos el símbolo del Sol imbuido, y usado, en tantísimos logos de empresas y multinacionales, ya que intentan asociar sus productos, en la mente de los consumidores, con todo aquello que el sol, subconscientemente, a través de milenios, nuestra mente asocia al astro rey: vida, poder, energía, crecimiento, seguridad, etc. Es la antítesis de aquello a lo que más tememos, y es una forma de posicionarse en la mente de las personas.

 

El miedo a predadores

El segundo temor más enraizado en la psique, en el subconsciente del ser humano, es el temor a los depredadores, como hemos dicho, tremendamente interrelacionado con el primero. La humanidad del “mundo moderno” no teme al mismo tipo de predadores que originó este miedo: predadores animales, pero nuestros ancestros eran muy vulnerables, especialmente por la noche, pues aun ni las cuevas, o las construcciones rudimentarias que usaban para resguardarse eran refugio completamente seguro contra el ataque de diferentes animales que salían, solos o en manada, a buscar sus presas y alimento. Por milenios, esta necesidad de protegerse de posibles predadores, fue incrustándose en la mente, y pasando de generación en generación como medio de supervivencia, hasta que se convirtió en otro de los temores inconscientes más profundos del ser humano. Y todo, especialmente por la noche, por lo que el miedo a la oscuridad se ve reforzado por el miedo a ser atacado o asaltado, enlazando ambos temores y reforzándose mutuamente.

 

 

 

Evidentemente, hoy en día, y en general, el miedo a predadores animales ya no existe físicamente, pero ha sido sustituido por el miedo a que otros humanos nos ataquen, asalten, amenacen, hieran, etc. Incluso a pesar de que todas nuestras ciudades suelen tener las calles iluminadas por la noche, subsiste el temor a salir solo a altas horas, a pasear de noche, a realizar ciertas actividades. La falta de sol no tiene por qué impedirlo, tenemos iluminación artificial por doquier, la ausencia de predadores animales es un hecho, aun así, la noche es “peligrosa”, y el miedo a la oscuridad enlazado con el miedo a predadores, prevalece inconscientemente en nuestras decisiones.

 

 

 

Obvia decir que, por parte del mismo sistema, se generan y promueven formas de que sigan existiendo personas que ataquen, asalten, amenacen, etc. Si algo forma parte de la naturaleza humana, aunque sea en pequeña proporción, y se puede potenciar para algún tipo de propósito concreto, no hay duda de que se hace. Es el mismo caso que empresas que comercializan programas antivirus informáticos, tienen una sección dedicada a crear, o contratan a otros para que lo hagan, virus informáticos. Y es que, si no hay virus, ¿cómo iban a vender los antivirus? Si no hay predadores humanos, ¿cómo van a vendernos sistemas de protección y leyes, restricciones y formas de sentirnos seguros? Desafortunadamente, estamos “hechos” de forma que, a nivel de comportamiento social, estamos dispuestos, la mayoría, a ceder parte de nuestros derechos y libertades, a cambio de sentirnos seguros y protegidos. Es algo que favorece la imposición de todo tipo de controles sobre la población, pues ese miedo inconsciente, sustituyendo predadores por terroristas, asaltantes, radicales de tal o cual credo, etc., es muy prevalente en el mundo actual.

 

 

 

El sistema bajo el que vivimos explota mucho este miedo con películas tipo “Alíen”, “Depredador”, “Pesadilla en Elm Street” con el famoso Freddy Krueger, y miles de películas de terror del mismo estilo. A algunos esto les da miedo consciente, a otros les hace reír y pasar un buen rato en el cine, a todos, subconscientemente, nos mantiene avivado y activo el miedo a los depredadores.

 

 

En el próximo artículo, para dejar que esto se asiente y suba a la superficie de la mente consciente, como paso para poder reducir su poder sobre nosotros, veremos los otros dos miedos más prevalentes y terminaremos de comprender parte de la psique instintiva que todos poseemos desde que el hombre es hombre, y mucho antes también.

 

 

 

Fuente: http://davidtopi.com

 

 

David Topí: Los miedos primarios imbuidos en la psique del ser humano (I)

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Sobre Eva (Redactora GHB)
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