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José, padre de Jesús, canalizado por Natalie Glasson: La Ascensión de José, Padre de Jesús

Jesús-de-Nazaret

 

Natalie: Esta canalización se produjo al observar una pintura en el Templo de Minerva en Asís, Italia. Recibí el mensaje de que José el padre de Jesús quería compartir sus recuerdos de su Ascensión desde la Tierra, conmigo y con quienes quisieran escucharlo. Ésta es su historia.

 

 

 

José:

 

 

Es un gran honor estar en tu presencia, compartir contigo el espacio traído y creado por la Luz. Durante algún tiempo he estado deseoso de compartir alguna información concerniente a mi experiencia de Ascensión, la de José, el padre de Jesús en la Tierra. Aunque mientras que vuestra Ascensión comienza, quizá no sea igual a la mía debido a que ahora el proceso de Ascensión en la Tierra está cambiando y se está alterando; espero que la mía os ofrezca alguna inspiración así como mejoramiento de nuestra conexión y comunicación. La historia de mi Ascensión también puede ayudar a vuestra mayor comprensión de mi familia y del viaje y de la aventura en que nos embarcamos en ese tiempo.

 

 

 

Después de la Crucifixión/Resurrección/Ascensión de mi amado Jesús, María Ana (a quien conocéis como Madre María) y Yo fuimos guiados a emprender lentamente nuestro camino a Inglaterra; nuestro destino debía ser Glastonbury. Nuestros Guías, nuestras Almas y el Creador nos habían dicho que deberíamos ir a la comunidad Druida de Glastonbury y pasar algún tiempo en ella. No solamente nos ofrecerían alojamiento durante unos pocos años, nos habían dicho que la hija de Jesús y María Magdalena se uniría posteriormente a esta comunidad; así que teníamos que preparar a la comunidad para la llegada de Sar’h después de que cumpliera 18 años de edad. Teníamos mucha información para compartir con la comunidad, así como la riqueza de las enseñanzas otorgadas a nosotros por nuestro amado Jesús. En la Tierra y en la Humanidad estaban ocurriendo nuevos cambios energéticos sobre los cuales queríamos alertar a la comunidad. Nos habían dicho que la comunidad nos apoyaría en nuestros propios viajes de sanación y también nos ofrecería protección.

 

 

 

Después de la Ascensión de Jesús, María Ana y Yo comenzamos muy pronto nuestro viaje; en Egipto nos separamos de María Magdalena y de Sar’h pues debíamos hacer viajes diferentes que nos llevarían al mismo destino y a la reunión de nuestros corazones y energías. María Ana y Yo viajamos con algunos amigos; pero la mayoría de nuestro grupo era de niños entre los 13 y los 19 años. Podrías decir que la mayor no era realmente una niña, pero a nuestros ojos en aquellos tiempos precarios ella era una dulce niña de Luz, inocente y extremadamente sensible. Su destino también era estar en Glastonbury; y nos ayudó a cuidar a los otros 10 niños con los cuales viajábamos. Algunos de estos niños habían nacido de mi unión con María Ana después del nacimiento de Jesús, mientras que a otros los habíamos adoptado de la comunidad Esenia porque sus padres habían muerto. Yo reconocía a todos los niños como a mis hijos y sabía que estábamos haciendo un viaje significativo.

 

 

 

Cuando se aproximaban los 10 años de que hubiera ascendido nuestro amado Jesús, nos encontrábamos en una región de Grecia cercana a la costa. Era en ese tiempo cuando Jesús venía frecuentemente a visitarme en su Cuerpo de Luz; y comenzó a compartir conmigo sus recuerdos y experiencias de su Ascensión. Yo estaba familiarizado con la Ascensión, había observado a muchos ascendiendo desde la Tierra hacia la Luz, incluyendo a mi hijo; no era un concepto nuevo para mí; durante toda mi vida me había estado preparando para mi Ascensión. Los recuerdos de Jesús de su propia Ascensión me confortaban, pues Yo sabía que mi Ascensión se estaba aproximando. Él me recordó ciertas prácticas y oraciones, así como el orden en el cual debía hacerlas.

 

 

 

Yo compartía con María Ana y los niños las visitas que recibía de Jesús así como las numerosas visitas que recibía de los Arcángeles. En ese tiempo la Ascensión significaba que mi Alma se liberaría de mi cuerpo físico; así que solamente podría estar con mi familia en forma energética o Cuerpo de Luz (esto no es así en esta época moderna, la Ascensión o un alto cociente de Luz pueden lograrse ahora sin abandonar el cuerpo físico). Como probablemente imaginas, María Ana y los niños estaban extremadamente felices por mí, mientras que también experimentaban la fuerte emoción de no querer que los abandonara. Yo sabía que una parte de su viaje y de su crecimiento espirituales consistía en dejarme ir; y para mí en dejarlos ir, sabiendo que estarían seguros y protegidos por el Creador.

 

 

 

Cuando pasaron los días y fuimos guiados a permanecer en Grecia, comencé a oscilar entre estar en mi cuerpo físico y explorar mi cuerpo energético o Cuerpo de Luz. Mientras mi cuerpo físico descansaba, con mi Cuerpo de Luz comencé a visitar a mis hijos uno por uno para compartir con ellos tiempo y sabiduría preciosos. Visitaba a María Magdalena y a Sar’h y me bañaba en la Luz que ellas estaban creando y compartía la mía con ellas. Los viajes en mi Cuerpo de Luz me llevaron a muchos lugares y personas, algunas veces trayendo sanación a mi Ser, a veces promoviendo la sanación planetaria; y otras veces despertando Almas de mi pasado a la Luz del Creador. Hice mucho trabajo de sanación con quienes estuvieron involucrados en instigar y crear físicamente la crucifixión de Jesús. Había mucho qué sanar; y Yo tuve la oportunidad de lograrlo para que las generaciones por venir no estuvieran cargadas con el dolor causado por aquellos tiempos. Con María Ana pasamos mucho tiempo solos, frecuentemente orando juntos o repasando todo lo que en mi ausencia ella tendría que llevar a cabo en Glastonbury. Algunas veces tan sólo llorábamos juntos, pues nuestra conexión de Alma y corazón era intensamente fuerte. Estábamos liberando nuestros temores de estar separados, así como explorando la alegría creada por el conocimiento de que siempre seríamos uno. Para nuestra familia estos tiempos fueron tristes, pero dichosos de alguna manera, pues nuestra mutua conexión se fortalecía con cada día que pasaba.

 

Maestro Jesús con túnica en la cabeza

 

Cuando mi Ascensión estaba más cerca, me encontré sentándome durante largos períodos mientras la Luz se vertía en mi mente. A veces me involucraba completamente en la exploración de la Luz que parecía estar tanto dentro de mí como alrededor de mí. Yo era consciente de que mi familia se unía a mí, algunas veces desde el amanecer hasta el ocaso. Yo sentía su Amor abrazándome y apoyándome mientras me unificaba con el Creador. En algunas pocas ocasiones los sorprendí comenzando a entregarles palabras provenientes de la Luz; pronto estas palabras de sabiduría fluían de mi boca inspirando a mi familia y guiándola conmigo hacia la Luz. Todos nos beneficiamos en esos días bañados en la Luz del Creador; estábamos siendo preparados para nuestro destino, para nuestro propósito. Para mi familia ese propósito estaba en la Tierra, para mí estaba en los Cielos y en los Planos Internos y en el Universo del Creador, donde realmente comenzaría mi trabajo.

 

 

 

Con la creciente luminosidad que irradiaba del interior de mi cuerpo físico, la cual se manifestaba físicamente cada vez más, todos sabíamos que pronto sería el momento de mi partida. Una noche María Ana me sorprendió con un banquete que muchos de los niños le habían ayudado a preparar. Ella dijo que era una fiesta para celebrar el Amor que Yo había compartido durante toda mi vida. Comimos como reyes, bailamos alegremente, entonando nuestras canciones favoritas y compartimos los relatos que nos hacían reír tanto como llorar. Disfrutábamos con tal júbilo nuestra mutua compañía, que cada Alma sentía que estaba suspendida en un fuerte Amor inquebrantable. Ésta había sido mi única súplica después de saber que Yo iba a ascender: Dejar a mi familia sabiendo que estaba suspendida en un Amor que la llevaría y la guiaría en el recorrido de sus caminos. Yo sabía que los años siguientes serían desafiantes para ellos, pues encararían la pérdida de mi presencia Física y sus propios viajes de Ascensión.

 

 

 

Al despertar mi familia la mañana siguiente, me encontró inmóvil; excepto por una respiración suave y superficial que apenas era perceptible. Mi cuerpo estaba en llamas de Luz; y ellos sabían que Yo había comenzado la transición desde mi cuerpo físico hacia mi Cuerpo de Luz. Sabían que en ese momento Yo tenía un estado puro de dicha y éxtasis; y que pronto ya no necesitaría mi cuerpo físico. De lo que no eran conscientes era de que Yo podía observar mi Ascensión mientras seguía siendo consciente de todo lo que ocurría alrededor de mí. Mi amado Jesús estaba a mi lado; visible también para mi familia, él los guió a esparcir hojas, hierbas y flores en un pequeño bote; les dio instrucciones para que ungieran mi cuerpo con nuestro Sagrado y bendito aceite; con mi cuerpo cubierto por un vestido blanco Yo fui colocado en el bote cuya longitud era apenas suficiente para que mi cuerpo estuviera tendido. Uno por uno me dijeron su adiós, todos expresaron un Amor tan profundo que colmó mi corazón y mi Alma; y ayudó a mi Ascensión. María Ana fue la última en darme su adiós; con lágrimas rodando por las mejillas me expresó su profundo y eterno Amor. Luego, apoyada e instruída por Jesús, ella empujó el bote hacia el mar donde fue atrapado por las olas suaves que comenzaron a alejarlo de ella. Mi familia observó el milagro que ocurrió en seguida.

 

 

 

Jesús apareció en su Cuerpo de Luz caminando suavemente junto a mi bote de espaldas a la costa, su Luz dorada fluía en todas direcciones. Bajando su Cuerpo de Luz alargó su mano derecha hacia el bote; Yo recordé su rostro, con sus ojos mirándome con semejante profundidad de Amor y Compasión; su belleza era fascinante. Cuando llegué a la plenitud y al clímax de mi Luz, entré más profundamente en la Luz del Creador para unirme con mi hijo tomados de la mano.

 

 

 

Mi familia presenció la elevación de mi cuerpo de Luz desde el bote; y me vio caminando de la mano con mi hijo alejándonos del bote, como si camináramos sobre el agua hacia el distante Sol. Ellos observaron hasta cuando ya no pudieron vernos y supieron que Yo había hecho mi Ascensión.

 

 

 

Siempre en paz y con Amor,

 

 

José, Padre de Jesús.

 

 

 

TRADUJO: Jairo Rodríguez R. Consultoría Energética y Espiritual

 

 

jairorodriguezrr@gmail.com

 

 

 

AUTOR: Natalie Glasson

 

 

VISTO EN: http://www.jairorodriguezr.com/

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Sobre Eva (Redactora GHB)
Eva es una de las redactoras de la gran familia de hermandadblanca.org.
6 comentarios
  1. User comments

    Hermoso! 💗 Gracias por Compartir! 🙏

  2. User comments

    Graciasssss! Que belleza! Ojala supiéramos más de José! 💜

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