El Amor Es Energía Divina

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Amor es una palabra muy corta, tan solo cuatro letras, pero de un significado e importancia para la humanidad que va más allá de nuestro entendimiento. No me siento preparado para explicarla en toda su extensión, pero al menos puedo tratar de transmitir lo que hasta ahora he captado de ella. Y para ello, quisiera empezar por lo más básico y evidente, que sería la definición de la palabra, para lo cual me apoyaré en el diccionario de la Real Academia Española, el cual tiene varios significados para la palabra amor, de los cuales utilizaré los siguientes:

  1. «Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser».
  2. «Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear».
  3. «Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo«.

En estas tres definiciones se le da a la palabra amor la connotación de sentimiento, por tanto, se le asocia con sentir. Sentir se trata de experimentar sensaciones producto de causas internas o externas, y que pueden ser corporales o espirituales. Y las sensaciones son impresiones captadas por un ser vivo cuando sus receptores (sentidos) son estimulados, o también puede ser una percepción psíquica. Entonces, estas tres definiciones colocan al amor como algo que se desarrolla en los planos físico, emocional, mental y espiritual, que son los planos en los cuales existimos.

Como nota curiosa, estas definiciones de amor le otorgan al ser humano características de un ser incompleto e insuficiente, que necesita amar para atraer hacia sí a otra persona que, en teoría, lo completará y le dará alegría. También implican en la definición que el amor es una cuestión de reciprocidad, perspectivas que para mí están lejos de la realidad. Pero quisiera compartir una visión más amplia que, aunque es mi interpretación personal , puede que sirva al menos para el debate.

La Fuente, la energía divina y las polaridades

Todo es energía. La materia es energía que vibra a baja frecuencia. Mientras más baja sea la frecuencia, mayor será la densidad de un objeto. Así tenemos por ejemplo que la frecuencia de un árbol es más baja que la frecuencia del agua, la que a su vez es más baja que la frecuencia del aire. Tanto el árbol, como el agua y el aire son energía que vibran en diferentes frecuencias.

De lo anterior podemos deducir que toda la creación existe en un inmenso campo de energía. Y existen diferentes denominaciones para dicho campo. El Uno, La Fuente, el Creador, el Todo, son todas denominaciones para aquello que la mayoría de los seres humanos reconocemos como Dios (a partir de ahora usaré el término La Fuente para referirme a ese campo). Entonces, para mí La Fuente es donde todo existe. La Fuente es lo que le da vida a toda la creación. La Fuente es energía en sí misma, y esa energía lo compone todo y le da vida a todo.

Para poder explicar lo que es el amor para mí, debo recurrir a la visualización. Imagina a La Fuente, como el  punto central de todo cuanto existe. Partiendo desde La Fuente, la energía de la creación se expande, buscando siempre ir más allá. Yo lo visualizo como un sol cuya energía se irradia en todas direcciones hacia todo el sistema solar.

Ahora, imagina que el método de creación de La Fuente se basa en esferas. Así es que La Fuente inicia su proceso de expansión creando una esfera concéntrica alrededor de sí misma. Esta esfera creada por La Fuente está a cierta distancia de ella. Esa distancia establece una separación entre La Fuente y su creación, que es la esfera. Y esa separación hace que la energía de La Fuente que llega a la esfera sea menos intensa que en la propia Fuente. Es decir, existe una atenuación de la energía de La Fuente causada por la distancia existente entre esta y la esfera. Así mismo, la densidad de todo cuanto La Fuente ha creado en esa esfera es mayor que su propia densidad, lo que significa que la frecuencia de esa esfera es menor a la frecuencia de La Fuente.

Y es así como La Fuente inicia su proceso de expansión. La creación en esa primera esfera decide expandirse también, así que, siguiendo el mismo proceso, crea una siguiente esfera alrededor de sí misma, a cierta distancia de los límites de la primera esfera, en una frecuencia menor a la de la primera. En esta nueva esfera la densidad de la creación es más alta que en la esfera anterior, lo que quiere decir que su frecuencia es más baja. Y así, continua el proceso de expansión de La Fuente, creando esferas cada vez de menor frecuencia y, por tanto, de mayor densidad. 

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Ahora bien, imagina que en ese proceso de expansión de La Fuente, se han creado siete esferas, siendo la séptima la de más baja frecuencia y de más alta densidad, la más alejada de La Fuente. Para que la energía de La Fuente llegue a la séptima esfera esta tiene que atravesar cada una de las otras seis esferas desde el centro, que es la propia Fuente. Pero como la densidad de cada esfera se va incrementando a medida que se aleja de La Fuente, su energía se va atenuando, así que cuando la energía llega a la séptima esfera, esta es apenas perceptible.

En esta visualización podríamos decir que La Fuente representa un extremo de la energía, mientras que la parte de su creación que está más alejada del centro (la séptima esfera), representa el otro extremo. Podemos decir entonces que esas son las polaridades de la energía de La Fuente. La Fuente sería el polo positivo, y todo lo que se aproxime a ella recibirá su energía con mayor intensidad. Por el contrario, la séptima esfera sería el polo negativo, así que todo lo que se aproxime a ella apenas si recibirán algo de la energía de La Fuente.

La definición de amor

Toda esta explicación de las esferas era necesaria para transmitir un concepto del amor que no es el convencional. Tal vez aún no exista un ser humano encarnado que tenga la capacidad de explicarlo adecuadamente, así que debemos conformarnos con las aproximaciones que cada uno de nosotros pueda hacer en base a lo que hayamos entendido. Así que me voy a aventurar…

Para mí, el amor es la energía de La Fuente que le da vida a toda la creación. Eso implica que el amor está toda la creación. Pero se experimenta con mayor intensidad por proximidad a La Fuente. Cuanto más cerca de La Fuente estamos, con mayor intensidad experimentamos su amor. El amor es una cuestión de distancia. Entonces, el amor es la energía de La Fuente circulando a través de nosotros, la cual se hace más intensa en la medida que nos aproximamos a ella. El amor es la energía de La Fuente, por tanto, La Fuente es amor y es, a su vez, la polaridad positiva de su propia energía.

La otra polaridad es la esfera más alejada de la creación. A esta esfera apenas llega una fracción de la energía de La Fuente por estar muy alejada de ella. Esa disminución radical de la energía de La Fuente conduce a la creación a experimentar un estado de desconexión con ella y con su creación. Y esa desconexión produce una sensación de pérdida de poder. Pérdida de seguridad en las propias capacidades, que es lo que conocemos como miedo. Entonces, el miedo vendría a la ausencia de energía divina como consecuencia del alejamiento de La Fuente.

La Fuente es omnisciente, omnipresente y omnipotente. Cuando nos aproximamos a ella, la energía que esta nos irradia, nos hace uno con ella, transmitiéndonos sus capacidades y potencialidades. Por el contrario, cuando nos alejamos de ella, recibimos muy poco o nada de su energía divina, lo que nos hace sentir que no tenemos poder. Que somos seres aislados que luchamos por sobrevivir en el mundo físico, creyendo que eso es todo lo que existe.

En esta analogía de las esferas queda en evidencia por qué el amor y el miedo se consideran polaridades de la energía que da vida a todo. El amor es la energía de La Fuente que experimentamos con intensidad por proximidad a ella. El miedo es la ausencia de energía divina por alejamiento con La Fuente. Por eso el amor nos fortalece, mientras que el miedo nos debilita. El amor nos hace uno con La Fuente y con toda su creación, mientras que el miedo nos separa de La Fuente y de todo.

¿Cómo percibe su existencia un ser humano cercano a La Fuente?

Cuanto más se acerca un ser humano a La Fuente, con mayor intensidad recibe su energía divina, lo que le permite experimentar el amor con intensidad. Esto lo hace sentir parte del todo. Hace que se identifique con toda la creación porque empieza a aproximarse a la visión que La Fuente tiene de su creación. Entiende que la energía de La Fuente está en todo cuanto existe así como está en sí mismo. Un ser humano que se aproxima a La Fuente deja progresivamente de ser un individuo y para convertirse en parte de todo.

Esa proximidad con La Fuente es el fin del ego. Es la pérdida de la individualidad por resonancia con La Fuente. Es experimentar el amor en su expresión más pura. Es cuando el Dios que habita en nosotros se hace completamente consciente. Cuando la distancia entre nosotros y La Fuente no existe, lo que quiere decir que nos hacemos uno con ella. Y esa es justamente nuestra aspiración como seres espirituales. Alcanzar la unidad con La Fuente. Experimentar el amor en su más pura expresión.

En la proximidad con La Fuente se acaba el drama en nuestras vidas. También termina la ilusión. Empezamos a percibir la realidad sin distorsiones, descubriendo a los seres humanos como en realidad son, y aceptándolos sin negarnos a nosotros mismos. Allí podemos desarrollar relaciones interpersonales saludables, porque podemos reconocer la esencia de las personas por encima de sus egos, y podemos actuar en función de lo que las personas son y no de lo que pretenden ser.

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En la proximidad con La Fuente no existe un desafío que no se pueda superar. Todo en ese estado de consciencia es como un juego. Todo es divertido porque existe el entendimiento de que el mundo físico es el patio de juegos de la Chispa Divina, y que no hay nada que temer porque somos seres eternos, fractales de la misma Fuente, que jugamos a no saber quienes somos. Y así, la vida es un paseo…

¿Cómo percibe su existencia un ser humano alejado de La Fuente?

En contraposición, cuanto más alejado está un ser humano de La Fuente, más solo y aislado se siente. Esa es la expresión máxima de la individualidad. Vemos a toda la creación como algo externo a nosotros, porque no sentimos con suficiente intensidad la energía de La Fuente en nosotros mismos. Así que en este estado de desconexión, sólo es visible para nosotros  aquello que nos separa de los demás y de la creación, y no podemos percibir todo lo que lo conecta con ella. Un ser humano que se aleja de La Fuente solo puede pensar en sí mismo, y apenas nota que existen los demás.

Cuanto más se aleja un ser humano de La Fuente, más fuerte se hace su ego, que se convierte en su coraza, en su escudo para protegerse de todas las amenazas que ofrece la creación. Entonces, el miedo se apodera de él. Le teme a todo y a todos, por lo que su vida se convierte en un continuo acto de supervivencia.

Cuando se está alejado de La Fuente, todo es confuso y contradictorio. Nada parece tener sentido, lo que genera una terrible sensación de impotencia, malestar y falta de poder. Esto nos convierte en víctimas de las circunstancias. Cuanto más alejados estamos de La Fuente, menos control tenemos de nuestras vidas. Vamos por ella como barcos a la deriva, actuando movidos por las circunstancias y no por lo que realmente deseamos.

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Cuanto más alejado se está de La Fuente, más ignorancia, más ausencia de poder, más drama y más sufrimiento hay. Allí somos presa fáciles de quienes buscan sacar provecho de nosotros. Allí todo es difícil, marcado por la adversidad. Y la vida se convierte en un continuo martirio, con poco o nada que nos anime a evolucionar.

El camino de regreso a casa

Miedo y amor. Esas son las polaridades de la energía divina, entre las cuales nos movemos los seres humanos. Estamos inmersos en un proceso de evolución que nos conduce desde el miedo hacia el amor. Desde la oscuridad hacia la luz. Desde la ignorancia hacia el entendimiento.

Cuanto más alejados estemos de La Fuente, nuestras vidas estarán más determinadas por el miedo, lo que hará que nuestro avance sea sumamente lento y doloroso. Habrá muchas distracciones y, por tanto, muy poco entendimiento. Y sólo nuestra voluntad de reconectar con La Fuente nos permitirá avanzar en nuestro proceso de salir de la oscuridad y para regresar al hogar.

AUTOR: Rafael Bueno, redactor en la gran familia de hermandablanca.org

2 comentarios

  1. Me ha gustado mucho. Una visión unificadora del Amor, que lo abarca todo. Por lo cual lo más importante es nuestra intención de mantenernos conectados a la Fuente: vibrar en Amor.
    Muchas gracias.

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