El ego y la búsqueda continua de seguridad

Rafael Bueno
Rafael Bueno

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La Real Academia Española define al ego, basado en el psicoanálisis de Freud como «instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superego y la realidad del mundo exterior«. También la define como «exceso de autoestima«.

La palabra ego proviene del latin y significa «yo«, pero en su uso cotidiano puede referirse también a un comportamiento que denota exceso de autoestima o, en el ámbito espiritual, a la contraparte de la esencia divina de un individuo. En todo caso, todas las diferentes acepciones concuerdan en que el término alude al «yo» de una persona, ya sea que se considere algo psíquico o espiritual, y que se construye en función de las experiencias de un individuo.

A mí me gusta mirar al ego como una máscara. La máscara de la personalidad, como decían los antiguos griegos. No es la esencia de lo que somos, sino lo que envuelve a eso que somos. O, dicho de otra manera, el ego es lo que hemos aprendido a ser. En mi observación, no aprecio esencia en el ego ni tampoco autoconsciencia, sino más bien una serie de normas y reglas que hemos programado a lo largo de nuestras vidas y que de manera estricta rigen nuestro comportamiento.

Pero, aunque el ego no es realmente una entidad, sino un conjunto de programas o una máscara, casi siempre logra complicar nuestra existencia, ya que termina llevándonos por caminos que no son los que realmente deseamos recorrer. Esto, gracias a ciertas habilidades que les hemos otorgado, y de las cuales puedes leer más en este artículo

El ego son programas

Como ya mencioné, en mi auto observación, no percibo consciencia en mi ego. Sólo programas que me llevan a reaccionar, a actuar, de determinada manera dependiendo de los estímulos a los cuales me vea sometido. Eso me lleva a concluir que el ego y la consciencia son dos cosas diferentes que operan en dos niveles diferentes

Yo percibo al ego como algo mental.  Por ejemplo, un día cualquiera elegí expresarme de manera positiva y empecé a actuar en consecuencia. Cada vez que me encontré a alguien expresándose de manera negativa, yo lo hacía de manera positiva. Así que me acostumbré a hacerlo.  Hoy, un tiempo después, soy reconocido por los demás como una persona optimista. A través de la práctica convertí el optimismo en un rasgo de mi personalidad como resultado de mi decisión de expresarme de manera positiva.

Así es que creo un programa al que podría llamar «optimismo«. ¿Por qué lo hice? Esa es otra historia. Mi motivación podría ser cualquiera. Puede que simplemente lo haya hecho porque me gusta, o porque deseo transmitir esperanza a otros, o para verme bien, o para lograr mayor aceptación de parte de otros o, incluso, para manipular a otros. Independientemente de la razón por la cual lo hice, al final logré implantar el programa «optimismo» en mi personalidad.

Entonces, bajo el estímulo adecuado, que en mi ejemplo sería una persona expresándose de manera negativa, mi programa «optimismo» se activará en mí y me llevará a expresarme de manera positiva, buscando un contrapeso en la comunicación, de acuerdo con mi programa. Este sería un ejemplo de un programa creado de forma consciente en un ser humano. Pero también puede que tenga otros programas que he grabado de forma inconsciente y que, incluso, no sea consciente de que existen.

Por ejemplo, de niño puede que mis padres me hayan dejado abandonado en un centro comercial en un descuido que tuvieron, y que yo haya interpretado ese descuido como que me habían abandonado. Me asusté y me sentí poco valorado o incluso despreciado. Así que en mi mente creé el programa «abandono» de forma inconsciente, el cual hace que no quiera perder de vista a aquellas personas a las que amo por temor a que me abandonen, lo que me convierte en una persona asfixiante para otros cuando el programa se activa. 

Con esto quiero explicar que eso que llamamos ego no es otra cosa que un conjunto de programaciones que hemos creado consciente o inconscientemente, y que nos hacen actuar de cierta manera ante un estímulo determinado. Cuando los programas «optimismo» o «abandono«se activan en mí, exhibo comportamientos que no razono. Están grabados en mi mente y simplemente actúo de acuerdo con esos programas cuando recibo el estímulo adecuado. 

El Ser es el programador

Pero, ¿quién creó esos programas? La respuesta es simple. Fui yo. O, tal vez debería decir, mi YO real. Este YO al que me refiero se encuentra en un plano diferente al plano mental. Llamemos a esta entidad el SER. Esta entidad soy yo sin programas. Es decir, es el programador. Es la inteligencia detrás del programa. Es la entidad que vive cada experiencia y que guarda el resultado en la memoria para reusarla cuando así lo requiriera. Esta entidad es nuestro SER, en mi apreciación.

Entonces, si el SER es el programador y el ego son los programas, ¿qué es la consciencia? La consciencia vendría a ser todo aquello que la entidad que vive las experiencias ha entendido de cada una de ellas. Todo lo que no ha entendido aún se queda grabado en la mente para ser procesado posteriormente. Pero lo que sí se ha entendido, se eleva. Pasa del plano mental al siguiente plano como entendimiento. 

Si hacemos una analogía entre el ser humano y una computadora, la mente sería el disco duro de la computadora. Allí se guarda todo lo que se recibe a través de los métodos de entrada de la computadora: BlueTooth, WIFI, teclado, voz, etc. La memoria RAM de la computadora vendría a ser como la memoria a corto plazo del ser humano. El cerebro vendría a ser el CPU de la computadora. Y el SER sería el operador de la computadora. Es quien aprende utilizando la computadora como herramienta de trabajo. 

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Esta analogía me ayuda a explicar el por qué no aprecio esencia en el ego. Para mí son sólo programaciones que hemos puesto allí por diferentes razones. Puede que algunas las hayamos creado para hacer más fácil nuestro transitar por la vida. Por ejemplo, para no tener que centrar nuestra consciencia en tareas repetitivas. Puede que otras las hayamos creado por traumas que no hemos podido procesar y entender aún

En todo caso, guardamos el resultado de esas experiencias una vez que ocurren y las usamos repitiendo automáticamente la respuesta guardada cuando el estímulo que las originó aparece. Esos son programas que, cuando se ejecutan, hacen que el libre albedrío desaparezca. La acción a tomar ya ha sido decidida incluso antes de que el estímulo aparezca.

Ese bendito programa llamado «seguridad»

Ahora bien, uno de los programas que considero está más generalizado en la humanidad y que más daño nos ha causado es uno al que me gusta llamar «seguridad«. El programa «seguridad» pretende mantenernos a salvo de todo potencial riesgo al cual nos pudiéramos enfrentar. Y fíjate que, en teoría, no habría nada negativo en eso de mantenernos a salvo…

El problema radica, como yo lo veo, en que en nuestra sociedad casi todo representa un riesgo, lo que hace que, con el pasar del tiempo,  vayamos agregando más y más circunstancias de las cuales mantenernos a salvo a nuestro programa «seguridad«, lo que va disminuyendo cada vez más la lista de experiencias que consideramos «seguras«.

El problema aquí es que terminamos perdiendo nuestra libertad por esa incesante búsqueda de seguridad. Mientras más ítems colocamos en el programa «seguridad«, más angosta se hace nuestra zona de confort, hasta llegar al punto en el que dejamos de vivir, y nos enfocamos en sobrevivir. 

Un ejemplo cotidiano podría ser el de «asegurar» un lugar dónde vivir. Entonces, el punto de partida para muchas personas es rentar una casa. Y en eso centran su atención. Pero, comprar la casa sería más seguro que rentarla, así que, después de lograr rentar la casa, se enfocan en comprar una, con la consiguiente consecuencia de quedar endeudados con una hipoteca, lo que quiere decir que la casa no es suya hasta que no la paguen completa. Así que, ahora su atención está puesta en pagar la hipoteca completa de la casa, lo que es más seguro que tener una casa hipotecada. Y si logra pagar la hipoteca, entonces seguramente trataría de comprar otra casa, ya que es más seguro tener dos casas que solo una. Y esta trama se puede extender hasta el infinito, ya que siempre se puede estar más «seguro».

¿Cuál podría ser el origen de este programa «seguridad» en esta persona? Tal vez, cuando era niño quedaron en la calle porque su papá perdió el trabajo y no pudo pagar el alquiler de la casa. Así que la pasaron muy mal por un tiempo, hasta que sus padres lograron resolverlo, pero eso dejó a esta persona marcada, al punto en el que se dijo a mí misma que eso no le pasaría a ella. Por tanto, desde que empezó a trabajar se decidió a asegurar una casa para ella y para su familia. Y nunca es suficiente para ella, porque mientras más opciones de casa tenga, será mejor…

Mientras el programa «seguridad» está activo, toda la atención, tiempo y esfuerzo están dedicadas a asegurar un lugar donde vivir. Y cuando ya lo tenga cubierto, empezará a trabajar para tener un respaldo. Y así transcurrirá su vida, en función del programa «seguridad«, hasta que ya no le queden fuerzas para seguir trabajando. ¿Y su vida? Habrá pasado mientras su atención estuvo dedicada al trabajo para pagar las hipotecas y, por supuesto, a descansar, ya que siempre estará muy cansada… 

A mayor seguridad menor entendimiento

La búsqueda continua de seguridad es un programa que reduce poco a poco nuestra posibilidad de vivir. Porque el programa nos obliga a centrar nuestra atención en asegurar las cosas. En el ejemplo anterior fue la casa. Pero lo mismo puede aplicar con el dinero, con las posesiones materiales, e incluso con las relaciones. Muchas veces ocurre que los matrimonios terminan siendo transacciones en las cuales una de las partes se «asegura» la fidelidad de la otra. 

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Mientras más items agregamos al programa «seguridad«, más restricciones añadimos a nuestra vida, lo que reduce las posibilidades de experimentar cosas nuevas, que es nuestra razón primaria de estar aquí. Y es en la restricción o en la limitación que vemos las señales más claras del programa «seguridad«.

Otro aspecto importante a resaltar del programa «seguridad» es el temor a perder. Nadie quiere perder eso que tanto tiempo y esfuerzo le ha costado, lo que se convierte en una seria limitación a la hora de actuar. Por que decidimos hacer o no hacer algo no porque lo deseamos o no lo deseamos, sino por lo que podemos ganar o perder. «No hago tal cosa para no perder tal otra«. «Quiero hacerlo, pero si lo hago, voy a perder algo. Así que mejor no…«.

Es así que terminamos creando una realidad llena de restricciones y limitaciones a causa de esa búsqueda continua de seguridad. El programa «seguridad» nos lleva a crear un bunker y a encerrarnos en él hasta que se nos agota nuestro tiempo en este mundo. En ese bunker nos sentimos «seguros«, a cambio de renunciar a vivir. Renunciamos a experimentar cosas nuevas. Y la verdad no creo que esa fuera la idea que nos trajo acá.

Hay que desmontar esos programas

Creo que vinimos a entender el mundo físico a través de la experiencia. Sin la experiencia no es posible el entendimiento. Lo que convierte al programa «seguridad» en uno de los principales obstáculos que debemos superar para entender todo aquello que aún no comprendemos. 

Por tanto, para poder avanzar en nuestro proceso de evolución, es necesario que empecemos a detectar y a desmontar el programa «seguridad» con todos sus subprogramas asociados. Y es relativamente sencillo detectarlo, ya que detrás del programa «seguridad» siempre habrá una restricción

¿Hay algo que no me permito hacer? ¿Por qué? ¿Cuál es el riesgo que estoy tratando de evadir? Desmontar el programa «seguridad» implica en primer lugar reconocerlo, para luego solucionar la causa raíz que lo originó. Por ejemplo, si de niño mis padres fueron desalojados de su casa por no pagar el alquiler y esa es la causa raíz de mi programa, entonces debo entender que las circuntancias de mis padres no son mis circunstancias. Y que tener una casa puede ser parte de mi «check list«, pero que hay otras cosas también importantes en las cuales deseo centrar mi atención. Así que, decido enfocar parte de mi atención en obtener mi casa, pero cuando la obtenga, sigo adelante en otros proyectos.

De eso justamente es que trata el hacernos conscientes. Se trata de entender. Entender que nuestro vehículo físico es un robot programable, y que nosotros estamos a cargo de la programación. Así que, si hay algo que no está funcionando como queremos, entonces tenemos a posibilidad de reprogramarnos. Así de sencillo…

 

AUTOR: Rafael Bueno, redactor en la gran familia de hermandablanca.org

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