Humildad como el camino del Hombre Sabio y realización personal a través de la aceptación.

Lucas María
Lucas María

“Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es la enfermedad.”

Lao-Tse.

La Gran Virtud

Pocas cualidades son tan preciadas y disponen tanto al aprendizaje como la humildad.

Los mejores maestros y los más grandes buscadores de la verdad se han caracterizado siempre por ser humildes en su búsqueda. Y por profesar esa humildad a quien estuviera interesado en escucharlos.

Sin embargo, la humildad es también una cualidad extraña. Muchas veces atenta contra la imagen de nosotros mismos que hemos estado construyendo a lo largo de nuestra vida. Y luego de destrozar esa imagen, tiene la capacidad de volvernos libres y auténticos.

Pero, ¿qué es la humildad y cuáles son las condiciones para que guíe nuestra vida?

Definición de Humildad

La definición que la Real Academia Española (RAE) propone sobre la humildad es “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades, y en obrar de acuerdo con este conocimiento”.

Pues la verdad es que la palabra humildad viene del latín humilitas, y este de la raíz humus que significa “tierra”. De ahí que la humildad tenga que ver con estar arraigados a la tierra. Mientras que los dioses habitaban en el cielo.

Habla, pues de nuestras limitaciones terrenales. A su vez, humus es una raíz que se halla presente en “humano” y “hombre”.

La humildad es una propiedad intrínseca del hombre, necesaria para el aprendizaje y el crecimiento. Naturalmente, para poder incorporar una enseñanza se debe admitir previamente que no se sabe. Recién ahí puede el hombre ordenarse a aprender, y con el aprendizaje viene la evolución.

Sentir el Vacío

El problema es que desde que venimos al mundo, nos encontramos con un vacío dentro. Es un espacio en blanco, de muchas dudas e incertidumbres. Y tendemos a querer rellenar ese espacio con las pistas que vamos encontrando en nuestro camino. En ese transitar, a veces evitamos lidiar con algunos cuestionamientos y pretendemos obterner las respuestas de otro. Cuando eso sucede, acabamos definiéndonos a partir de lo que los demás puedan decir de uno. Y en ese intento por demostrar que valemos la pena, no damos lugar a nuestros defectos.

Mostramos que sabemos lo que se tiene que hacer, que sentir y que pensar en toda circunstancia. De esa manera nos posicionamos por encima de otros en el discurso. Pero a la hora de vivirlo entramos en conflicto, pues lo que decimos no es realmente lo que sentimos. Y, de más está decirlo, ese vacío no se llena.

Automáticamente nos hallamos en situación de esconder nuestro sentir a los ojos de los otros. Ese tipo de actitudes contamina y envenena por dentro.

Hay que perdonarse.

Es aceptable no saber. Y en la medida en la que uno se conoce a sí mismo empieza a autodefinirse. Está bien pedir ayuda y admitir los propios errores, pues todos tenemos defectos. De alguna manera u otra todos somos inseguros. Es nuestra naturaleza.

Acéptala.

hombre enseñando con humildad a niño

Ser Humilde de Corazón

La humildad, para que sea verdadera y de corazón, trae consigo algunas condiciones. Implica primero aceptar que uno no necesariamente tiene la capacidad de percibir por los sentidos aquella verdad que busca. Y segundo, que uno no tiene el poder sobre el devenir.

La primera condición hace referencia a una imposibilidad física. Nuestros sentidos son, en efecto, absolutamente limitados.

Esto es un predicado que existe desde los tiempos anteriores a Sócrates, y que ha estado reapareciendo en el pensamiento occidental a lo largo de la historia.

Además, la ciencia ya nos ha demostrado varias de esas limitaciones. El oído humano tiene la capacidad de percibir los sonidos entre los 20 y los 20.000 Hz, mientras que el de un gato oscila entre los 30 y los 65.000 y el de un murciélago entre 10 y 175.000. Nuestros ojos, por su parte, sólo pueden detectar aquello que emite al menos un fotón y sólo si este impacta en nuestra retina.

Esto involucra los dos sentidos por los que ingresa gran parte de la información que recibimos en toda nuestra vida. Y nos demuestra que hay cosas que están, pero no las podemos ver ni oir. Obviamente, esta capacidad de percepción varía de persona a persona.

Esto también explica que haya personas con capacidad de detectar otro tipo de estímulos no relacionados a los sentidos tradicionales.

¿Qué te hace pensar esto sobre la búsqueda de la verdad?

El segundo predicado es condición fundamental de la espiritualidad. Uno no tiene el poder sobre la manera en que los eventos se van desarrollando, ni sobre el tiempo.

Hay que reconocerse pequeño y limitado, a merced de que los sucesos de la vida vayan enseñando el camino.

Si no se es humilde en este sentido, se inicia una batalla en la que no se puede vencer. Las frustraciones, las desilusiones y la falta de un sentido inmutable trae consigo la angustia y depresión. Además, es una batalla que puede durar toda la vida mientras uno se rehúse a posicionarse como aprendiz.

Por lo tanto, más vale tarde que nunca, pero mientras antes, mejor.

Cómo se Es Humilde

He aquí el dilema. Mucha gente afirma que hay personas que nacen o son criadas humildes y otras que no. De cualquier manera, la humildad como todas las cosas buenas, es también un ejercicio diario. Aunque implica, primeramente, admitir que uno es ignorante.

¿Has escuchado alguna vez a alguien decir que desea ser humilde pero no lo consigue? Tampoco yo.

La humildad no es algo que se adquiere espontáneamente de la nada. Si no se inculca de pequeño, se da más bien por revelación. Como un balde de agua fría.

Esto es porque para poner en tela de juicio cada conocimiento que uno trae consigo, primero hará falta un impacto. Una inconsistencia entre lo que se piensa y lo que la realidad te muestra.

Se creía que la tierra era plana hasta que se navegó hasta el horizonte y se vio que no era así. Gracias a que se puso a prueba esa ley, ampliamos nuestros límites y aprendimos.

Este es un ejemplo simple, pero muchas veces edificamos nuestra vida con valores y juicios que no son necesariamente verdaderos. Y esto puede traer consecuencias catastróficas. Toda forma de autoritarismo es ejemplo.

Con la práctica, uno deja de necesitar esa comprobación de la falsedad. Empezamos a darnos cuenta de que cada cosa que afirmamos está sujeta a la posibilidad del error.

Voltaire dijo “el ignorante niega o afirma rotundamente; el sabio, duda”. Sócrates dijo “sólo sé que no sé nada”. Baltasar Gracián dijo “el primer paso de la ignorancia es presumir de saber”.

El concepto está claro.

Hombre orando con humildad

Aceptando la Realidad

Aceptar la realidad es aceptarse uno mismo. Limitado, con defectos y virtudes, con dificultades y habilidades.

Tu poder sobre tu experiencia no es material, sino actitudinal. Puedes cambiar tu vida si te dispones a aprender de toda persona y situación. Y para ser un verdadero aprendiz, la humildad tiene que ser tu bandera.

Cada evento es una nueva oportunidad para ser humilde. Las cosas se suceden una detrás de la otra y te muestran el sentido y la dirección en que esta fuerza superior las hace fluir.

Este acontecimiento es tan maravilloso e inmenso que envuelve todo aspecto de la vida.

Y a ti también.

No dejes que pase desapercibido.

Calla. Contempla. Acepta.

Verás que tú mismo eres tu mejor maestro.

Si te lo permites.

AUTOR: Lucas, redactor en la gran familia de hermandadblanca.org

FUENTES:

http://etimologias.dechile.net/?humildad
http://espiritualidad-almalu.blogspot.com.ar/2013/07/la-humildad-sin-arrogancia.html
http://forbes.es/life/10623/por-que-la-humildad-es-tan-importante-en-la-vida-el-liderazgo-y-los-negocios/

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