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Involucra a Tu Autenticidad Interna por Maryann Rada

Brote en medio del agua

 

Tenemos mucho que decirles hoy, así que escojan un buen lugar para sentarse y puedan disfrutar al máximo este momento que compartiremos juntos. Nos encantan estos tiempos en los que su conciencia se involucra con nuestros comunicados, y los pensamientos que residen en el espacio entre el aquí y el allá generan realidades potenciales donde, en su mayor parte, ustedes se dan la bienvenida a sí mismos en un futuro facultado y de interconciencia armónica. 

Extendiendo su habilidad para comprender los impulsos que toman la forma de palabras, pudiera ser necesario ponerse cara a cara con los sentinelas de la creencia que protegen el santuario interno de su mente en dicho caso; recuerden que no hay nada que temer y todo a celebrar pues ustedes están en ese  encuentro encontrando una oportunidad para reconstruir su estructura de entendimiento, y en cierto sentido, pulir el lente a través del cual la luz del saber brilla desde el corazón de todos.  

Dichos guardianes de la mente son constructos de protección, y sin embargo ustedes no necesitan la seguridad en la singularidad de conocerse a sí mismos como el Amor encarnado; ellos no tienen ningún propósito y pueden retirarse en paz a la tierra de las modalidades obsoletas, para disolverse allí en las reverberaciones de un “trabajo bien hecho.”  

Así que, si tal encuentro fortuito se presenta en el curso de contemplar nuestro mensaje, no duden de que con el debido respeto les decimos lo que los conduce a un mayor entendimiento, sin importar las viejas creencias que sirvieron una interface limitada de tiempos ya pasados. Sean osados, queridos míos, y permitan que su verdad se revele a sí misma en una mayor brillantez ante ustedes. 

“Un día, en las profundas sombras de un bosque crípticamente silencioso, habitaba un hombrecillo en una cabaña que él había construido a partir de ramas torcidas que había encontrado en abundancia cerca de las orillas de un arroyo.  Él había laborado largo, largo tiempo para tejerlas uniendo las complejidades del crecimiento de la naturaleza en forma de robustas paredes y un techo que le proporcionara un sitio tranquilo en medio del silencio exterior. 

Era un lugar para reflexionar, un lugar desde el cual pudieran deducirse las revelaciones de la luz periódicamente, donde el sol atravesara los espacios abiertos en las paredes donde las ramas no encajaban bien juntas.  A él le encantaba su pequeña cabaña y le parecía lo suficientemente cómoda, aún en las tormentas que soplaban con creciente regularidad.  Aunque los vientos sacudían las raíces mismas de la cabaña, él creía que los cimientos del lugar eran lo suficientemente fuertes para sostener su lugar-espacio intacto. 
 
Poco sabía él que en el horizonte se estaba formando una tormenta que sacudiría al bosque hasta su centro mismo, y cuando los relámpagos cayeron con un estrenduo repentino él se encontró a sí mismo rodeado de una pila de palos con muy pocos pilares y vigas manteniendo todavía vigilancia y siendo la estructura para la que habían sido construidos.  Cuando se despejó el cielo y se volvió aparente la inmensidad de la tormenta todo a su alrededor, el empezó a recoger furiosamente los palos restantes y los juntó, dándoles una semblanza de la estructura que habían sido antes. Pero se dió cuenta de que era fútil, y al dejarse caer al suelo, exhausto y desconcertado, las partículas restantes de su hogar se derrumbaron a su alrededor en una nube de polvo. 
 
Así que se sentó a contemplar en medio de un montón de palos y luz solar pues los vientos, en su furia, habían despojado al bosque de su foliaje y ahora la luz irrumpía desde arriba a raudales sin impedimento.  Al penetrar el calor de los rayos solares su cuello doblado e inclinado, alguna parte de su existencia interna empezó a relajarse.  Había muy poco que pudiera hacer, más que recibir la luz.  No había ningún otro sitio adonde ir.  Al sentarse, se dió cuenta de que todo aquello en lo que había dependido para protegerlo de los elementos se había ido repentina y definitivamente. 
 

¿Podría culpar al viento? ¿y a qué ayudaría eso? se dijo a sí mismo rápida e instintivamente.  Sorprendiéndose inclusive a sí mismo con esa cándida respuesta, permitió que sus pensamientos fluyeran… no había nadie a quien culpar.  El viento había sido más fuerte que sus paredes cuidadosamente construidas. Eso era simple y total.  El viento no tenía expectativa alguna por lo que decidió que tampoco debería tenerla él.  Se sentó y dejó ir todos los archivos mentales de sus bancos de memoria que sostenían los patrones de su cabaña previa, y dirigió su atención a la corriente fotónica de datos virtiendo en él desde arriba. Su forma se vió filtrada en una autosuficiencia pura energética y la materia particulada de su OM reflejado se arremolinó a su alrededor, brillando él mismo en el espacio infundido de sol donde estaba sentado.   

Esto continuó por un tiempo, y cuando por fin abrió sus ojos, dió un grito ahogado! A su alrededor había aparecido un hogar sin apoyos estructurales, sin vigas, sin clavos, sin ataduras y sin grietas que su previo hogar tenía. Arqueado por encima de su cabeza desde cada lado había un domo perfectamente parabólico, en forma de un espacio mental con las emanaciones toroidales de su corazón magnificadas en todas direcciones. Estaba iluminada desde el interior por un resplandor suave pero persistentemente poderoso que no creaba sombras y revelaba un brillo opalescente de energías vivientes coalescidas en un campo mejorador de los pensamientos.  Vaya lugar en el que morar, pensó él, y se sintió instantáneamente en paz.” 
 

Esperamos que hayan disfrutado nuestro relato de este cuento. Nuestra intención más allá de ayudarlos a relajarse por un momento del diario excitamiento del vivir en la matriz de la Tierra era instalar unas imágenes de lo que es vivir en la era del renuncio repentino de la estructura, ya sea de las creencias o de alguna fisicalidad. Su mundo está en un flujo de tantos modos; lo vemos, y entendemos el estrés que traen los vientos del cambio a una mente acostumbrada a sentirse cómoda en un juego de creencias estructuradas, sin importar cuán sólidos y profundos sean los fundamentos. 

La diferencia entre la creencia y el saber es similar a la diferencia entre el vivir en una casa y el respirar la vida de uno dentro de una tela de unificación elemental tan resplandeciente de luz que todo lo demás se fusiona con un entendimiento continuo en una opalescencia viviente.  Es la diferencia entre la autoexpresión y la autointegración, el cambio sutil de percepción para ver en el momento de ahora sin tiempo la eternidad del Ahora fuera de los confines del tiempo.  De hecho, es el movimiento desde el interior de la definición a lo que “es.” Desháganse de todas las capas de definición con las que ustedes interactúan en sus diversas esferas de influencia y así se acercarán a la autenticidad de quiénes son ustedes en el contexto del saber, en el “es.” 

En verdad “es” no tiene nada que lo defina, y sin embargo es él mismo, el saber sin cargas a causa del peso de la creencia.  Radica en el saber que ustedes son. ¿Qué sucede cuando repentinamente les jalan el tapete bajo sus pies, sus planes cuidadosamente planeados se van volando en las alas de lo inesperado y ustedes se encuentran en medio de los escombros de una estructura de pensamientos que fue alguna vez sólida?  Ustedes tienen opciones.  Son capaces ciertamente de decir: “bueno, después de todo, guardé algunos recuerdos para consolarme de lo que viene después.  O pueden alejarse de todo y confiar en que los vientos que siguen traerán consigo un buen motivo para seguir viviendo.  O pueden simplemente lamentarse de su infortunio por el resto de sus días.  Hay muchas opciones, y aunque tras un pérdida vienen momentos de lamentarse, hay poca necesidad de pensar que la pérdida de una creencia es equivalente a la pérdida de la vida y la respiración de uno. 
 
Ustedes se han lamentado, muchos de ustedes, la pérdida de la creencia en las figuras míticas conjuradas en las mentes adultas para asistir al comportamiento de los niños, con la promesa de dulces sorpresas.  Similarmente,  muchos de ustedes han llevado eso más allá y dejado ir la creencia (¡por fin!) de que deben merecer una recompensa antes de recibirla, basados en el juicio de una autoridad externa superior.  ¿Cuántos de ustedes han ido más allá y renunciado a la cómoda creencia de que todo estará bien, que sus oraciones serán respondidas y que al final habrá algún triunfo del bien sobre el mal, con la felicidad eterna después de que su ser descanse?  Si esa sugerencia los conmociona, permítannos continuar con el contrapunto, que es que ustedes han entretenido el pensamiento de que en vez de dicha creencia, un saber del socorro del amor sostendrá la vida en todas sus formas y variedades.  Ponderen por un momento las implicaciones de tal intercambio y vean de nuevo a su alrededor las paredes que han construido con el tiempo, sin importar cuán temporarias se dijeron a sí mismos que podrían ser, sin importar cuán despistados permitieron que los ladrillos y el mortero del pensamiento habitual se apilaran a su alrededor en una jaula invisible, pero muy limitante.   
 
No requiere de mucho tiempo, saben, justo una esperanza sin confiar, justo un pequeñín pensamiento de que algún día algo bueno pudiera suceder… después de todo, ustedes se lo merecen, después de todo lo que han pasado.  Queridos míos, escuchen:  ustedes ya tienen todo, en el ahora sin tiempo del que provienen.  Si no ven lo que quieren, sepan que ya está allí de alguna forma, al final de la senda o en la palma de su mano, quizá oculto en algo que no reconocen. Si pueden saber hasta en sus huesos que el futuro es brillante, serán capaces de estar allí en el momento de ahora que ocupan pues no hay separación de lo que “es”, aparte de un espacio-matriz de temporalidad, que es meramente una función de la experiencia.  Ustedes siempre están en conexión con la autenticidad del ser, y en verdad ustedes son una representación de eso en su realidad, ahora. ¿Saben eso?  Accesen su corazón, sumérjanse más allá de las puertas de la creencia y vean qué encontrarán allí.  De cara a la interacción con su verdad, ningún viento, sin importar cuán fiero sea, y ningún acto de impermanencia sin planear los tocará. De cara al yo auténtico una calma zen penetra aún el caos más turbulento. 
 

“Dios sabe,” les encanta decir de varias maneras según las estructuras de creencias sobre las cuales envuelven su lenguaje.  ¿Están dispuestos a alejarse de eso?  ¿creen que se caerán en un abismo de perdición si lo hacen?  O tal vez es como alejarse del conejillo de pascua que ustedes saben que no existe, al menos no en el sentido tradicional del libro de colorear.  Caramba, ahora que están en ello, aléjense de ese círculo de pensamiento donde ustedes creen que nosotros existimos también.  No les estamos pidiendo que crean en nosotros, en nuestra realidad, ni siquiera en nuestras palabras. Preferiríamos que dependieran de su saber para dichas cosas pues no queremos cargar con el peso de ayudarlos a construir otras estructuras para resguardar a su mente de la luz del entendimiento mismo.  Cuando se salen de esas formas de pensamiento y de las verjas estampadas mentales, el saber puro interactúa con la Luz que vive en cada partícula de su existencia.  Involucren a ese yo auténtico y recuerden quiénes son ustedes.  Los tiempos venideros serán más fáciles de navegar mientras más ligeros sean ustedes. 

 

Involucra a Tu Autenticidad Interna por Maryann Rada

 

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Sobre Jorge (Coordinador GHB)
Jorge es uno de los coordinadores de hermandadblanca.org, uno de los silenciosos fundadores del proyecto en el año 2006. Meditador y apasionado del desarrollo de la auto-consciencia.
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