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El amor condicionado, un fabricante de miedo y culpa

amor

“Si no haces lo que te digo te dejo de querer”. “Pórtate bien para que la gente te quiera”. “Si dices mentiras nadie te va a querer”. “Te amare más si haces lo que te digo”. “Si sigues haciendo esto ya no te voy a querer”. Frases como estas las hemos escuchado al menos una vez en nuestra vida o quizá cientos de veces. Estas frases se han vuelto algo automático en nuestro lenguaje tanto que ya ni siquiera las pensamos cuando las decimos.

Tomate unos instantes para auto-observarte y te darás cuenta con cuanta frecuencia las dices. Escucha con atención a las personas que tienes cerca y notarás que las dicen sin saber sus implicaciones en las mentes de quienes las escuchan. Enseñamos a nuestros niños y niñas a someterse bajo estas premisas, y cuando son adultos preguntamos por qué son agresores o víctimas, cuando nosotros les dimos las pautas para que actuaran de esta manera.

¿Qué significado tienen estas frases para la persona que las dice y para quien las escucha?

Quien las dice ha aprendido consciente o inconscientemente, que es una forma de tener poder sobre el otro, el poder de conseguir que la otra persona sea quien ella quiere y no quien realmente es. El poder de crear a su imagen y semejanza a otro ser, de acuerdo a lo que este considera que es correcto o incorrecto. Este poder hace que nos sintamos dioses dueños de los designios de la vida del otro. Por eso nos enojamos cuando los otros se equivocan “con nosotros”, porque hemos perdido el poder que creímos haber ganado sobre ese otro, porque ya no son la creación que habíamos concebido. Entonces en realidad no lo amamos, simplemente nos apegamos a la idea de poder que tenemos, a las expectativas que tenemos del otro.

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La persona que las escucha aprende que el amor depende de condiciones. Que para tener el amor de otros debe hacer y ser lo que el otro quiere y espera de él. Entonces se esfuerza constantemente en complacer sus necesidades, para no perder el amor que ha logrado a través del esfuerzo y cumplimiento de las reglas. Se convierte en una persona que actúa no por consciencia sino por encajar en las expectativas del otro. Surge entonces el miedo a perder al ser que le ofrece su amor, y se apega a la sensación de ser amado por alguien.

Al final ambas partes se llenan de miedo, el que tiene el poder tiene miedo de perder dicho poder y el que recibe el amor tiene miedo de perder a la persona que lo ama. Se genera entonces una relación de dependencia. Pero a esto debemos añadirle que la misma persona que tiene el poder también puede ser el ser que es amado, esto complica todo ya que tengo miedo de perder el amor que otro me ofrece pero también tengo miedo de perder el poder que tengo sobre el otro. Por eso así como nos aman, amamos, si nosotros debemos ser el reflejo de otros, los otros deben ser el reflejo de lo que nosotros deseamos y al momento de incumplir esas expectativas que otros tienen de nosotros nos llenamos de culpa y al ver que otros no cumplen nuestras expectativas nos llenamos de resentimiento.

Donde hay miedo no hay amor

 distanciamiento

La forma en que nos han enseñado a amar es a través de las expectativas. Nos han condicionado para el amor. Por eso frente a las exigencias del otro terminamos cediendo aunque no estemos de acuerdo en el fondo de nuestro ser. Igual que a los perros de Pavlov nos condicionaron para amar. En su libro “Despierta”, Antony de Melo dice “Usted nunca está enamorado de nadie. Usted sólo está enamorado de su idea preconcebida y optimista de esa persona”.

Vamos por el mundo creyendo que amamos más que los otros cuando intentamos mantener la imagen que otros esperan, pero por dentro sentimos el vacío y la frustración de no poder ser quienes en realidad somos. Eso no se llama amor sino deseo y es ahí cuando surge el apego. Entonces tenemos que escoger entre ser nosotros y ser odiados (no amados según el amor condicionado) o ser amados y estar deshabitados de nosotros (vacíos de nuestro verdadero yo). Ser no amado es doloroso, es ser excluido. A ningún miembro de ninguna especie le gusta sentirse de esta manera, por lo que terminamos sometidos a las reglas del grupo. Ser excluido significa no tener a quien recurrir, tener miedo porque nadie está para apoyarnos, no tener identidad de grupo, no saber quién soy ni a dónde pertenezco; por eso escogemos el camino del amor condicionado.

El amor por tanto ha sido mal concebido, no es esa idea que nos venden en las novelas, del amor romántico donde cada miembro de la pareja se convierte en el estereotipo de príncipe y princesa. El amor lo llegamos a concebir incluso como algo exclusivo de la pareja, por los demás solo sentimos cariño, aprecio, afecto, estima, agradecimiento. Por eso sentimos miedo de decirle a un familiar, a un amigo a otra persona diferente a la pareja que la amamos, porque lo confundimos con la sexualidad, con el deseo visceral.

Entonces ¿qué es el amor?

madre e hijo

El primer error que cometemos es intentar amar a otros antes que a nosotros mismos. Las instituciones religiosas nos han enseñado que debemos a amar a nuestro prójimo pero no nos dijeron que es necesario tener algo para poderlo dar. Es necesario amarnos a nosotros mismos y reconocernos en el amor para poder ofrecerlo a otros. Cuando verdaderamente nos amamos a nosotros mismos esto se refleja y los otros están dispuestos a recibir y darnos amor.

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El segundo error es continuar con el condicionamiento aprendido, porque este genera culpa, miedo y resentimiento. El resentimiento, la culpa y el miedo, son la disonancia que impide que la frecuencia del amor sea escuchada, igual que un radio mal sintonizado, escuchamos dos emisoras pero no entendemos lo que nos transmite ninguna. Reconocer el odio y el resentimiento para poder sanarlo y así reconocer el amor. El amor irradia, es magnético, por eso los otros lo perciben, porque perciben la atracción que produce esa energía hacia la persona que lo irradia.

Amar es un verbo, por lo tanto significa acción y no una pulsión que surge del deseo, del apego, del miedo, de la cultura de amor idealizado y romántico. Para poder amar debo estar dispuesto a amar, a realizar la acción de amar y esto no depende de lo que el otro haga o deje de hacer según mis expectativas, depende de mi decisión de amar. Es entonces cuando nos damos cuenta que el amor es Universal, que podemos amar a todos los seres sobre el planeta, porque no depende de lo que suceda en el exterior, sino de lo que haya en mi interior, el abrir mi corazón para dar y recibir amor.

Amar es la acción cualificada por la sustancia Divina, es la resonancia del corazón en armonía con el cosmos, con la sinfonía del Universo.

Autor: JP Ben-Avid

Referencias

De Melo, Antony. (1990). Despierta. Charlas sobre la espiritualidad. Editorial norma: Colombia.

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Sobre JP Ben-Avid

Psicóloga

Especialista en Desarrollo Humano con énfasis en procesos afectivos y creatividad


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