La Madre María en pocas palabras
La Madre María es María de Nazaret, la madre de Jesús, a quien los Evangelios presentan como la joven que dijo sí al anuncio del ángel y que acompañó a su hijo desde Belén hasta la cruz. Millones de personas la veneran como la Virgen María. En la corriente de los Maestros Ascendidos se la honra además como Maestra Ascendida: The Summit Lighthouse la presenta como la arcangelina del quinto rayo, el rayo verde esmeralda de la curación y la verdad, y como complemento divino del Arcángel Rafael.
En esta guía empezamos por donde empieza todo, por la María de los Evangelios y de la devoción cristiana. Después recorremos con calma cómo la contemplan el Tibetano y Alice A. Bailey, la teosofía y la corriente de los Maestros Ascendidos, y terminamos con lo más sencillo: cómo acercarnos a ella en la oración y en la vida diaria.
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¿Quién es la Madre María?
Hay figuras a las que uno se acerca con preguntas y otras a las que se acerca con el corazón en la mano. La Madre María es de estas últimas. Antes que una enseñanza, es una presencia: la de una madre que escucha y que no se aparta del dolor de sus hijos. Por eso su nombre se pronuncia en hospitales, en iglesias y en la cabecera de las camas, muchas veces por personas que no sabrían explicar ninguna doctrina.
Se la llama Virgen María, Madre María, Nuestra Señora, Madre de Dios. En hebreo su nombre era Miriam, y en arameo, Maryam. En los libros en inglés de la corriente de los Maestros Ascendidos aparece como Mother Mary. Todas esas formas señalan a la misma mujer de Nazaret.
Hablar de ella como Maestra Ascendida pide delicadeza. Para la fe católica y ortodoxa, María es la Madre de Dios, y ese lugar no necesita ningún título añadido. La expresión «Maestra Ascendida» pertenece a otra tradición, la de los Maestros Ascendidos, que nace con la actividad YO SOY en los años treinta del siglo XX y continúan el Puente a la Libertad y The Summit Lighthouse. Allí se enseña que María alcanzó la ascensión y que sigue sirviendo a la humanidad desde los planos de luz. En la Hermandad Blanca recogemos esa enseñanza con respeto hacia quienes la viven de otro modo, porque creemos que el amor a la Madre une mucho más de lo que separa.
Recorreremos por separado cada fuente: los Evangelios y la devoción cristiana, que son el origen de todo; los libros del Tibetano y de Alice A. Bailey, que leen a María como un símbolo vivo; la teosofía, que habla de una Madre del Mundo; y la corriente de los siete rayos y sus Chohanes, que le da un lugar concreto junto al Arcángel Rafael.
María en los Evangelios
Los Evangelios hablan poco de María, y quizá por eso cada palabra suya pesa tanto. Lucas cuenta su juventud y la infancia de Jesús; Juan la sitúa en dos momentos decisivos, al principio y al final de la vida pública de su hijo; los Hechos de los Apóstoles la recuerdan en oración con la primera comunidad. Con esas pocas escenas, la tradición cristiana ha contemplado durante veinte siglos su manera de creer, de esperar y de amar.
La Anunciación: el sí de Nazaret

Todo empieza en Nazaret, una aldea pequeña de Galilea. El ángel Gabriel se presenta ante una muchacha prometida a José, un carpintero, y le anuncia que concebirá un hijo por obra del Espíritu Santo. María se turba, pregunta cómo podrá ser, escucha la respuesta. Y entonces dice la frase que la tradición cristiana no ha dejado de meditar:
«Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».
Lucas 1, 38, en El Libro del Pueblo de Dios
Es una respuesta libre, hecha de una confianza que se pone en camino sin tener todas las respuestas. Muchos han visto en ese momento la imagen de toda vida interior: el instante en que el alma deja de defenderse y se abre a lo que Dios quiere hacer nacer en ella. Puedes conocer mejor al mensajero de esa escena en nuestra guía sobre el Arcángel Gabriel.
La Visitación y el Magníficat

Lo primero que hace María después del anuncio es ponerse en camino. Sube sin demora a la montaña de Judea para visitar a su prima Isabel, que espera un hijo en su vejez. Al oír su saludo, el niño salta en el seno de Isabel, y ella la llama bendita entre todas las mujeres. María responde con un canto, el Magníficat, que la Iglesia reza cada tarde desde hace siglos:
«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador».
Lucas 1, 46-47, en El Libro del Pueblo de Dios
El canto sigue con palabras sorprendentes en boca de una joven sencilla: Dios dispersa a los soberbios, derriba a los poderosos de sus tronos, eleva a los humildes y colma de bienes a los hambrientos. La dulzura de María no es debilidad. Tiene dentro una conciencia muy clara de la justicia de Dios y de su predilección por los pequeños.
Belén y un corazón que guarda
Después llegan Belén, el pesebre, los pastores. Lucas, tras contar la visita de los pastores y su asombro, añade una línea breve que dice mucho del carácter de María:
«María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón».
Lucas 2, 19, en El Libro del Pueblo de Dios
No lo entiende todo, pero no lo aparta: lo guarda y lo medita. Poco después, en el Templo, el anciano Simeón le anuncia que una espada le atravesará el corazón, y María recibe también esa palabra.
Caná, la cruz y Pentecostés
En el Evangelio de Juan, María aparece en una boda en Caná de Galilea. Falta el vino, y es ella quien se da cuenta. Se lo dice a Jesús y después se vuelve hacia los sirvientes con una indicación que resume toda su enseñanza: «Hagan todo lo que él les diga» (Juan 2, 5). María no se pone en el centro. Señala hacia su hijo.
Juan la vuelve a mencionar junto a la cruz. Allí, en el momento más oscuro, Jesús ve a su madre y al discípulo amado y les dice: «Mujer, aquí tienes a tu hijo», y después: «Aquí tienes a tu madre» (Juan 19, 26-27). La tradición cristiana ha leído en esas palabras el momento en que María se convierte en madre de todos los discípulos. Los Hechos de los Apóstoles la muestran, por último, en oración con los apóstoles antes de Pentecostés (Hechos 1, 14).
Si quieres recorrer la vida de su hijo con más detalle, puedes leer nuestra guía sobre la vida de Jesús el Cristo.
La devoción a la Virgen María
A partir de esas pocas escenas, el amor de los cristianos a María fue creciendo a lo largo de los siglos. El Concilio de Éfeso, en el año 431, la proclamó Theotokos, Madre de Dios. En la Edad Media se extendió el Ave María, que une el saludo del ángel y el de Isabel, y con él el rosario, una oración repetida y sencilla que permite meditar la vida de Jesús con los ojos de su madre. En 2002, Juan Pablo II añadió a sus misterios tradicionales los misterios luminosos, dedicados a la vida pública de Jesús.
La Iglesia católica definió como dogmas la Inmaculada Concepción, en 1854, y la Asunción de María al cielo, en 1950; las Iglesias ortodoxas celebran su Dormición el 15 de agosto. En el islam, Maryam es una de las mujeres más veneradas, y el Corán le dedica una sura que lleva su nombre. Y junto a la teología creció la devoción popular: Guadalupe (1531), Lourdes (1858) y Fátima (1917) reciben cada año a millones de personas que acuden a ella con sus enfermedades, sus duelos y sus esperanzas.
Con respeto a cada camino
Muchas personas que llegan aquí son católicas y aman a la Virgen desde niñas; otras se acercan a ella desde la espiritualidad de los Maestros. No pretendemos que unas miren con los ojos de las otras: la Iglesia no usa el lenguaje de los Maestros Ascendidos, y esa corriente tiene su propia manera de hablar de María. Compartimos lo esencial, el amor a la madre de Jesús y el deseo de aprender de ella.
La Madre María como Maestra Ascendida
En la corriente de los Maestros Ascendidos, y de forma muy clara en The Summit Lighthouse, la Madre María ocupa un lugar propio. Esta tradición enseña que María es la arcangelina, o archeia, del quinto rayo, el rayo de la verdad, la plenitud, la curación, la ciencia, la precipitación, la vida abundante, la música y las matemáticas. Su complemento divino es el Arcángel Rafael, cuyo nombre significa «Dios ha sanado» o «medicina de Dios».
Según esta enseñanza, María pertenece a la evolución angélica y, siendo un ser de esa jerarquía, aceptó encarnar en la Tierra para dar a luz a Jesús. Rafael no encarnó con ella, pero la acompañó desde lo alto durante toda su misión. The Summit Lighthouse añade un detalle que llama la atención: identifica a José con Saint Germain, cuya llama gemela, Lady Portia, le habría acompañado del mismo modo, sin encarnar. Después de su vida en Palestina, María habría alcanzado la ascensión, y desde entonces respondería a la llamada de cualquiera de sus hijos, en cualquier fe.
Elizabeth Clare Prophet, mensajera de esa organización, insistía en dos ideas. María fue elegida para ser madre de Jesús porque podía sostener la luz de toda su misión. Y no debemos ponerla en un pedestal que nos aleje de ella: hay que reverenciarla y, a la vez, verla como amiga, compañera y hermana, una Madre muy práctica a la que se puede pedir ayuda para lo concreto.
- Rayo: el quinto, el de la verdad, la curación y la ciencia, según The Summit Lighthouse.
- Color: verde esmeralda.
- Función: arcangelina o archeia del quinto rayo, complemento divino del Arcángel Rafael.
- Chohan del mismo rayo: el Maestro Hilarión, con su Templo de la Verdad cerca de Creta.
- Centro que acompaña: el chakra del tercer ojo, la visión espiritual.
- Don espiritual: el discernimiento de espíritus, que comparte con Rafael.
- Retiro: el de Rafael y María, en el plano etérico sobre Fátima, en Portugal.
- Servicio: los hospitales del mundo, los padres que esperan un hijo, los médicos y científicos que buscan nuevas curas.
El retiro sobre Fátima

Esta corriente sitúa el retiro de Rafael y María en el plano etérico sobre Fátima, un lugar de luz al que las almas pueden acudir durante el sueño para aprender. The Summit Lighthouse explica que la llama de curación de ese retiro quedó anclada en el plano físico en 1917, cuando la Virgen se apareció a los tres pastorcitos, y que desde entonces una corriente de luz desciende como una cascada hacia el santuario. Es una lectura propia de esta tradición, distinta de la que hace la Iglesia, y la ofrecemos como tal.
Mediadora del corazón
En un mensaje de 1987 que The Summit Lighthouse atribuye a la propia María, ella ofrece a quien la llame acceso a su Inmaculado Corazón, a su llama trina, para ayudar a equilibrar la del propio corazón, y explica que esa intercesión es su oficio santo. De ahí nace un mantra sencillo para los momentos de duda o de miedo: «En el Inmaculado Corazón de María, confío». Puedes profundizar en esa llama en nuestra guía sobre cómo desarrollar la llama trina.
¿Rayo verde o quinto rayo?
Durante años, en esta misma página hablábamos de la Madre María como «la portadora del Rayo Verde». No era un error, pero conviene precisarlo, porque las palabras varían según la tradición y es fácil confundirse.
En la corriente de los Maestros Ascendidos, el rayo verde y el quinto rayo son lo mismo: el de color verde esmeralda, el de la curación, la verdad y la ciencia. La precisión está en su función. María no es la Chohan de ese rayo, el Maestro que lo preside para la humanidad; ese lugar corresponde al Maestro Hilarión. María sirve en él como arcangelina, junto al Arcángel Rafael. En algunas listas que circulan por internet se la asocia a otros rayos; aquí seguimos la enseñanza de The Summit Lighthouse, que es la que con más claridad la sitúa.
En los libros del Tibetano el quinto rayo tiene otro nombre: Rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia. El Tibetano no asigna a María ningún rayo, y los colores de los rayos no se fijan en su enseñanza como en la de los Maestros Ascendidos. Pero hay un detalle precioso. Al describir el quinto rayo, enumera las virtudes que la persona de ese rayo necesita adquirir:
«Reverencia, devoción, conmiseración, amor y amplitud mental».
El Maestro Tibetano Djwhal Khul, a través de Alice A. Bailey, Los Siete Rayos de la Vida
Es como si el rayo de la ciencia, que el mismo libro llama rayo del químico y del gran cirujano, necesitara aprender precisamente lo que la figura de María encarna. Leídas juntas, las dos enseñanzas dibujan la ciencia que cura sostenida por un corazón que reverencia la vida.
María en la enseñanza del Tibetano y de Alice A. Bailey
El Maestro Tibetano Djwhal Khul, a través de Alice A. Bailey, no presenta a María como una Maestra de la Jerarquía, sino que la contempla sobre todo como un gran símbolo: el del aspecto Madre de la divinidad, la materia que acoge, protege y da a luz la vida del Cristo. Es una mirada distinta de la devocional que, leída con calma, no le quita nada a María: convierte su historia en un camino que cada ser humano está llamado a recorrer.
De Belén al Calvario

Quien más desarrolló esta lectura fue la propia Alice A. Bailey en un libro escrito con su nombre, De Belén al Calvario (1937), donde recorre la vida de Jesús como cinco grandes iniciaciones. Al hablar del nacimiento, recuerda que el nombre «María» se ha interpretado como «la excelsa del Señor», y añade:
«María, la Virgen, en el simbolismo de la antigua sabiduría, representa la materia virgen, la sustancia que nutre, alimenta y oculta dentro de sí al Cristo Niño, la conciencia crística».
Alice A. Bailey, De Belén al Calvario
En el mismo pasaje, José, el carpintero, el que pone una piedra sobre otra, simboliza el aspecto constructor de Dios Padre, y los tres, José, María y el niño, representan la Trinidad. Bailey aclara en otro capítulo que esta lectura simbólica no niega la historia: dice expresamente que reconoce la existencia histórica de Cristo. Lo que hace es añadir un segundo plano, el del alma.
Ese segundo plano tiene una consecuencia muy práctica. Si María es la forma que custodia la vida del Cristo, entonces cada uno de nosotros puede vivir algo parecido. Bailey lo dice así:
«El reconocimiento de la vida crística dentro de la forma del hombre, hace que todo ser humano, en un momento dado, desempeñe la parte de la Virgen María, para esa realidad interna».
Alice A. Bailey, De Belén al Calvario
Y saca de ahí una conclusión sencilla: si lo comprendiéramos, cuidaríamos nuestro cuerpo como María cuidó el suyo, como el depositario de algo sagrado que todavía está oculto.
La Asunción como glorificación de la materia
El Tibetano vuelve a María en varios de sus libros, casi siempre al hablar de la Asunción. En El Discipulado en la Nueva Era, un discípulo le pregunta si el trabajo de refinar y elevar los propios cuerpos está simbolizado en la doctrina de la Asunción de la Virgen María. El Tibetano le responde que sí:
«Como usted lo señala correctamente cuando considera el tema desde el ángulo de la madre-materia, es la asunción de la Virgen al cielo para ser glorificada».
El Maestro Tibetano Djwhal Khul, a través de Alice A. Bailey, El Discipulado en la Nueva Era II
Para el Tibetano, la Asunción habla de un destino que alcanza a toda la creación: la materia no es un obstáculo del que haya que huir, sino una madre que un día será elevada y glorificada.
«Yo soy la madre y el niño»
En Astrología Esotérica, al hablar del signo de Virgo, la Virgen, el Tibetano escribe que en la rueda del discípulo la voz surge de la Virgen misma, y dice:
«Yo soy la madre y el niño, Yo, Dios, Yo, materia soy».
El Maestro Tibetano Djwhal Khul, a través de Alice A. Bailey, Astrología Esotérica
Alice A. Bailey retoma la misma imagen en Los Trabajos de Hércules, y lo dice con una ternura que resume todo este apartado: Lilith o Isis, Eva o la Virgen María, «todas retratan a la madre del mundo, pero es María quien finalmente sostiene al Niño en sus brazos».
La Madre del Mundo en la teosofía y el Agni Yoga
A comienzos del siglo XX, varias corrientes teosóficas empezaron a hablar de una Madre del Mundo, un gran ser que cuidaría de toda maternidad en la Tierra. Charles W. Leadbeater, uno de los teósofos más leídos de su tiempo, le dedicó en 1928 un libro, The World-Mother as Symbol and Fact, «La Madre del Mundo como símbolo y como hecho», donde la describe como un gran ángel con multitud de ángeles a su servicio. Geoffrey Hodson, teósofo conocido por sus estudios sobre el reino angélico, llegó a escribir que María, la madre de Jesús, ocupa hoy ese oficio, como Isis lo había ocupado en otro tiempo.
Helena Roerich, desde el Agni Yoga, habló también de la Madre del Mundo como una presencia que se ha manifestado en muchas formas y culturas a lo largo de la historia, y llegó a llamarla madre espiritual tanto del Buda como del Cristo. Es una mirada amplia, que reconoce a la Madre bajo muchos nombres, Isis, Tara o Kwan Yin entre ellos, y que ve en María su manifestación más reciente.
Aquí las corrientes no coinciden del todo, y es bueno saberlo con serenidad. En La Curación Esotérica, el Tibetano explica que la expresión «Madre del Mundo» puede significar varias cosas, y la primera es esta:
«El aspecto femenino de la manifestación, simbolizado para nosotros en muchas religiones mundiales como la virgen madre, y en la religión cristiana como la Virgen María. Es la sustancia que permite a la Deidad manifestarse».
El Maestro Tibetano Djwhal Khul, a través de Alice A. Bailey, La Curación Esotérica
Y añade que, entendida como una sola persona femenina que concentre toda la fuerza de la naturaleza, la Madre del Mundo es para él un símbolo heredado de tiempos muy antiguos. Leadbeater, Hodson y Roerich hablan en cambio de un ser real, y la corriente de los Maestros Ascendidos ve en María a una Maestra concreta. No hace falta escoger una sola de estas miradas para amar a María: cada una ilumina un aspecto de la misma Madre.
La Madre María y la sanación

Si hay un lugar donde la Madre María está presente en la vida de la gente, es junto a los enfermos: en muchas habitaciones de hospital hay una estampa suya sobre la mesilla. The Summit Lighthouse enseña que Rafael y María atienden los hospitales del mundo, preparan en los niveles internos a los padres que esperan un hijo e inspiran nuevas curas a científicos, médicos y profesionales de la salud. Es una imagen que no opone la oración a la medicina, sino que coloca a la Madre al lado de quienes curan.
La forma de pensamiento de curación
Esta corriente propone una visualización que atribuye al Arcángel Rafael y que se hace junto con la Madre María: imaginar, alrededor de la persona enferma o de la parte del cuerpo que sufre, tres esferas de fuego sagrado una dentro de otra. En el centro, una esfera blanca, que restaura lo dañado según su perfección original; alrededor, una azul zafiro, de protección; por fuera, una verde esmeralda, que devuelve la plenitud.
Se pide, en el nombre de Jesucristo, al Arcángel Rafael y a la Madre Bendita que coloquen su forma de pensamiento de curación sobre la persona, diciendo su nombre. Después se sostiene la imagen con calma, dejando a un lado la ansiedad y el miedo.
La oración acompaña, la medicina cura
La oración, la visualización y la devoción a la Madre María pueden ser un gran consuelo y un verdadero apoyo, para quien está enfermo y para quien lo cuida. Pero no sustituyen nunca al diagnóstico ni al tratamiento médico o psicológico. Si tú o alguien cercano estáis enfermos, acudid a profesionales de la salud y seguid sus indicaciones; rezad, si lo sentís, mientras lo hacéis. La misma enseñanza que hemos recogido aquí sitúa a María al lado de los médicos, no en su lugar.
Las cualidades de la Madre María
Más allá de rayos y de corrientes, lo que la gente reconoce en María son unas cualidades muy concretas. Casi todas aparecen ya en los Evangelios, y todas pueden vivirse en la vida diaria, sin necesidad de grandes experiencias.
- Confianza: decir sí sin tener todas las respuestas, como en Nazaret.
- Servicio: ponerse en camino hacia quien necesita ayuda, como en la visita a Isabel.
- Contemplación: guardar lo vivido y meditarlo en el corazón, sin forzar su sentido.
- Atención: darse cuenta de que falta el vino antes que nadie, como en Caná.
- Humildad: señalar hacia el Hijo y no hacia sí misma.
- Fortaleza: permanecer junto a la cruz cuando otros se han ido.
- Maternidad: acoger como hijos a quienes le son confiados.
- Alegría: cantar la grandeza de Dios, como en el Magníficat.
Las imágenes de María suelen mostrarla dulce y serena, pero su dulzura está hecha de una fuerza enorme: una madre que permanece de pie junto a la cruz de su hijo no es una mujer frágil. Esa unión de ternura y firmeza es, quizá, su gran enseñanza para nuestro tiempo.
Con Jesús, Rafael y los demás Maestros
La vida entera de María gira en torno a su hijo. En la tradición cristiana, María conduce siempre a Jesús, y en la corriente de los Maestros Ascendidos ambos siguen trabajando juntos: esa tradición los sitúa, con el Arcángel Gabriel y Esperanza, en el Templo de la Resurrección sobre Tierra Santa.
Con el Arcángel Rafael comparte el quinto rayo como complemento divino; son, en el lenguaje de esta corriente, llamas gemelas que sirven juntas a la curación. Con el Maestro Hilarión, Chohan de ese mismo rayo, forma una tríada de la verdad y la sanación: Hilarión aporta la precisión de la verdad, Rafael la medicina de Dios y María la ternura que cura. Con el Arcángel Gabriel la une la Anunciación, y con Saint Germain, el relato que esta corriente hace de José.
Entre las Maestras, su hermana más cercana en espíritu es Kwan Yin, la Madre de la Misericordia de Oriente. Muchas personas que rezan a María reconocen en Kwan Yin la misma compasión con otro rostro. También Lady Nada, Maestra del amor que sirve, y Lady Portia, llama gemela de Saint Germain, completan ese círculo de presencias femeninas que esta tradición honra.
Cómo acercarte a la Madre María

A la Madre María no hace falta acercarse con técnicas complicadas. Basta con hablarle como se habla a una madre: con sencillez y con confianza. Te proponemos un pequeño recorrido que puedes adaptar a tu manera de creer.
Una práctica de quince minutos
- Recógete. Siéntate en un lugar tranquilo, enciende una vela si te ayuda y deja que la respiración se calme durante un par de minutos.
- Ponte en su presencia. Imagina a María a tu lado, con su manto azul y blanco, o simplemente piensa en ella. No hace falta verla. Basta con saber que te escucha.
- Reza o repite. Si eres cristiano, reza un Ave María o un misterio del rosario, despacio, contemplando la escena. Si te sientes más cerca de la corriente de los Maestros Ascendidos, repite el mantra «En el Inmaculado Corazón de María, confío».
- Entrégale una carga. Piensa en algo que te preocupa, tuyo o de alguien querido, y ponlo en sus manos con tus propias palabras.
- Guarda en el corazón. Quédate unos minutos en silencio, como ella, que conservaba las cosas y las meditaba. No busques respuestas inmediatas.
- Haz lo que Él te diga. Termina con un gesto concreto de servicio hoy: una visita, una llamada, una ayuda. Así se terminan las oraciones a María, poniéndose en camino.
El rosario, antiguo y nuevo
El rosario tradicional recorre en decenas de Ave Marías los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos; su repetición calma la mente y deja que el corazón contemple. The Summit Lighthouse propone además un Rosario del Niño a la Madre María, de unos quince minutos, que presenta como dictado por María a Elizabeth Clare Prophet con algunos cambios respecto a la forma católica. Cada cual puede rezar el que sienta más suyo.
Para quien sigue la línea del Tibetano
En la enseñanza transmitida a través de Alice A. Bailey no se suele invocar a los Maestros por su nombre, y María se contempla sobre todo como símbolo. La práctica que se desprende de ella es interior: reconocer y cuidar la vida del Cristo que crece en nosotros, tratar el propio cuerpo con respeto, y colaborar con el Plan a través de la meditación, el servicio y la Gran Invocación. Ahí la pregunta es qué está naciendo en nosotros y cómo podemos protegerlo, como María protegió a su hijo.
Señales de que vamos bien
- Confiamos un poco más y nos angustiamos un poco menos.
- Nos damos cuenta antes de lo que necesitan los demás.
- Somos más tiernos sin dejar de ser firmes.
- Aceptamos lo que no entendemos sin endurecernos.
- Nuestra devoción se convierte en servicio concreto.
Una devoción que nos hace libres
La devoción a María nunca debería volvernos más miedosos, más dependientes o más cerrados hacia quienes la viven de otra manera. Si una oración, un mensaje o una supuesta señal nos llenan de angustia o nos separan de los demás, algo se ha desviado. María, en los Evangelios, deja hacer, señala a su hijo y acompaña sin imponerse. Su presencia se reconoce por sus frutos: más paz, más humildad y más amor a los demás.
Preguntas frecuentes
¿Quién es la Maestra Ascendida Madre María?
Es María de Nazaret, la madre de Jesús, tal como la contempla la corriente de los Maestros Ascendidos. The Summit Lighthouse enseña que alcanzó la ascensión y la presenta como arcangelina del quinto rayo, el verde esmeralda de la curación y la verdad, junto al Arcángel Rafael. Para la fe cristiana es la Virgen María, Madre de Dios.
¿La Virgen María es una Maestra Ascendida?
Depende de la tradición desde la que se mire. La corriente de los Maestros Ascendidos (actividad YO SOY, Puente a la Libertad, The Summit Lighthouse) la honra como Maestra Ascendida. La Iglesia católica y las ortodoxas no usan ese lenguaje: para ellas es la Madre de Dios, asunta al cielo. Los libros del Tibetano la contemplan sobre todo como símbolo del aspecto Madre de la divinidad.
¿Qué significa que sea una Maestra Ascendida?
En esa corriente, los Maestros Ascendidos son seres espirituales que vivieron en la Tierra, cumplieron su razón de ser y se reunieron con Dios en la ascensión, y desde allí guían a la humanidad. Decir que María es Maestra Ascendida significa que continúa acompañando a quienes la llaman.
¿Cuál es el rayo de la Madre María: el verde o el quinto?
Son el mismo. En la corriente de los Maestros Ascendidos el quinto rayo es el verde esmeralda, el de la curación, la verdad y la ciencia. María sirve en él como arcangelina junto al Arcángel Rafael; el Chohan de ese rayo es el Maestro Hilarión. En los libros del Tibetano el quinto rayo se llama Rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia, y no se asigna a María.
¿Qué relación tiene la Madre María con el Arcángel Rafael?
Según The Summit Lighthouse, Rafael es el arcángel del quinto rayo y María su complemento divino. Cuando María encarnó, Rafael la acompañó desde lo alto durante toda su misión. Juntos sirven a la curación y tienen su retiro etérico sobre Fátima, en Portugal.
¿Qué dice el Maestro Tibetano sobre la Virgen María?
El Tibetano, a través de Alice A. Bailey, la contempla como símbolo del aspecto Madre de la divinidad: la materia que acoge y da a luz la vida del Cristo. Interpreta la Asunción como la glorificación de la materia. Alice A. Bailey, en De Belén al Calvario, añade que todo ser humano, en un momento dado, desempeña la parte de la Virgen María para el Cristo que nace dentro de él.
¿Puedo honrar a la Madre María como Maestra Ascendida si soy católico?
Es una decisión personal que cada uno debe hacer en conciencia. La Iglesia católica no usa el lenguaje de los Maestros Ascendidos, y conviene saberlo. Lo que sí comparten todas las tradiciones es el amor a María y el deseo de imitar su confianza, su humildad y su servicio. Rezar el Ave María o el rosario es un camino plenamente cristiano.
¿Cómo puedo conectar con la Madre María?
Con un momento de recogimiento, un Ave María, un misterio del rosario o el mantra «En el Inmaculado Corazón de María, confío», que propone The Summit Lighthouse. Después, guardando silencio y terminando con un gesto concreto de servicio. La conexión con ella se reconoce en los frutos: más confianza, más ternura y más paz.
Continúa tu recorrido
Y el resto de Maestros de los rayos y de la Hermandad: El Morya, Kuthumi, Lord Lanto, Pablo el Veneciano, Serapis Bey, Djwhal Khul, Adama, Sanat Kumara.
Para leer en la Biblioteca
Los libros de Alice A. Bailey y del Tibetano que citamos en esta guía, entre ellos De Belén al Calvario, La Curación Esotérica, Astrología Esotérica y Los Siete Rayos de la Vida, se pueden descargar en la sección de libros del Tibetano. De la corriente de los Maestros Ascendidos tienes el diario del Puente a la Libertad y El Libro de Oro de Saint Germain. Hay muchos más en la Biblioteca.
Fuentes de esta guía
Esta guía se apoya en los Evangelios para la figura de María, en la corriente de los Maestros Ascendidos para su lugar como Maestra Ascendida y en los libros del Tibetano, de Alice A. Bailey y de la teosofía para su lectura simbólica:
- Evangelios de Lucas (capítulos 1 y 2) y de Juan (capítulos 2 y 19) y Hechos de los Apóstoles (1, 14), citados según El Libro del Pueblo de Dios, en la edición publicada por la Santa Sede.
- The Summit Lighthouse, «Archangel Raphael and Mother Mary»: el quinto rayo, el complemento divino, el retiro sobre Fátima, el servicio a los hospitales y la forma de pensamiento de curación.
- The Summit Lighthouse, «Mother Mary, Queen of Heaven» (extracto de Elizabeth Clare Prophet, The Age of the Divine Mother), «Access to Mother Mary’s Threefold Flame» y «Mother Mary’s Rosary».
- The Summit Lighthouse, páginas sobre el Maestro Hilarión, el Arcángel Gabriel y Esperanza, y glosario de los Maestros Ascendidos.
- Alice A. Bailey, De Belén al Calvario (1937) y Los Trabajos de Hércules.
- El Maestro Tibetano Djwhal Khul, a través de Alice A. Bailey, El Discipulado en la Nueva Era II, La Curación Esotérica, Astrología Esotérica y Los Siete Rayos de la Vida.
- Charles W. Leadbeater, The World-Mother as Symbol and Fact (1928), y las enseñanzas de Geoffrey Hodson y Helena Roerich sobre la Madre del Mundo, según el estudio de John F. Nash en The Esoteric Quarterly (2006).








Yo la vi una vez en mi mente, estaba al borde de un río y me sonreía. Tenía los rasgos d euna mujer de Medio Oriente y tenía un manto azul, creo que parecía vestida ocmo la advoación mariana de la Virgen de la Medadlla Milagrosa, pero, REPITO, ella tenía rasgos de alguien de Medio Oriente, no de europea. Ahh y un detalle más: tenía aura dorada. Aparte, y o sé como supe eso, efectivamente ella era una mujer bajita, mediría 1.50 m aprox, quizás algo menos; pero igual percibí mucha bondad y poder en ella.
Maria y Gaia son iguales de hermosas