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ECKHART TOLLE – Extracto de sus mejores ideas: EL EGO

ECKHART TOLLE
EL EGO: EL ESTADO ACTUAL DE LA HUMANIDAD

Las palabras, ya sean vocalizadas y convertidas en sonido o formuladas silenciosamente en los pensamientos, pueden ejercer un efecto pr√°cticamente hipn√≥tico sobre la persona. Es f√°cil perdernos en ellas, dejarnos arrastrar por la idea impl√≠cita de que el simple hecho de haberle atribuido una palabra a algo equivale a saber lo que ese algo es. La realidad es que no sabemos lo que ese algo es. Solamente hemos ocultado el misterio detr√°s de un r√≥tu¬≠lo. En √ļltimas, todo escapa al conocimiento: un ave, un √°rbol, hasta una simple piedra, y sin duda alguna el ser humano. Esto se debe a la profundidad inconmensurable de todas las cosas. Todo aquello que podemos percibir, experimentar o pensar es apenas la capa superficial de la realidad, menos que la punta de un t√©mpano de hielo.

Debajo de la superficie no solamente todo est√° conectado entre s√≠, sino que tambi√©n est√° conectado con la Fuente de la vida de la cual provino. Hasta una piedra, aunque m√°s f√°cilmente lo har√≠an una flor o un p√°jaro, podr√≠a mostrarnos el camino de regreso a Dios, a la Fuente, a nuestro propio ser. Cuando observamos o sostenemos una flor o un p√°jaro y le permitimos ser sin imponerle un sustantivo o una etiqueta mental, se despierta dentro de nosotros una sensaci√≥n de asombro, de admiraci√≥n. Su esencia se comunica calladamente con nosotros y nos permite ver, como en un espejo, el reflejo de nuestra propia esencia. Esto es lo que sienten los grandes artistas y logran transmitir a trav√©s de sus obras. Van Gogh no dijo: “Esa es s√≥lo una silla vieja”. La observ√≥ una y otra vez. Percibi√≥ la calidad del ser de la silla. Y entonces se sent√≥ ante el lienzo y tom√≥ el pincel. La silla se habr√≠a vendido por unos cuantos d√≥lares. La pintura de esa misma silla se ven¬≠der√≠a hoy por m√°s de $25.000 millones.

Cuando nos abstenemos de tapar el mundo con palabras y rótulos, recuperamos ese sentido de lo milagroso que la humani­dad perdió hace mucho tiempo, cuando en lugar de servirse del pensamiento, se sometió a él. La profundidad retorna a nuestra vida. Las cosas recuperan su frescura y novedad. Y el mayor de los milagros es la experiencia de nuestro ser esencial anterior a las palabras, los pensamientos, los rótulos mentales y las imágenes. Para que esto suceda debemos liberar a nuestro Ser, nuestra sen­sación de Existir, del abrazo sofocante de todas las cosas con las cuales se ha confundido e identificado. Es de ese proceso de liberación del que trata este libro.

Mientras m√°s atentos estamos a atribuir r√≥tulos verbales a las cosas, a las personas o a las situaciones, m√°s superficial e inerte se hace la realidad y m√°s muertos nos sentimos frente a la rea¬≠lidad, a ese milagro de la vida que se despliega continuamente en nuestro interior y a nuestro alrededor. Ese puede ser un camino para adquirir astucia, pero a expensas de la sabidur√≠a que se esfuma junto con la alegr√≠a, el amor, la creatividad y la vivacidad. Estos se ocultan en el espacio quieto entre la percepci√≥n y la interpretaci√≥n. Claro est√° que las palabras y los pensamientos tienen su propia belleza y debemos utilizarlos, pero ¬Ņes preciso que nos dejemos aprisionar en ellos?

Las palabras buscan reducir la realidad a algo que pueda estar al alcance de la mente humana, lo cual no es mucho. El lenguaje consta de cinco sonidos b√°sicos producidos por las cuerdas vocales. Son las vocales “a, e, i, o, u”. Los otros sonidos son las consonan¬≠tes producidas por la presi√≥n del aire: “s, f, g”, etc√©tera. ¬ŅEs po¬≠sible creer que alguna combinaci√≥n de esos sonidos b√°sicos podr√≠a explicar alg√ļn d√≠a lo que somos o el prop√≥sito √ļltimo del univer¬≠so, o la esencia profunda de un √°rbol o de una roca?

LA ILUSI√ďN DEL SER

La palabra “yo” encierra a la vez el mayor error y la verdad m√°s profunda, dependiendo de la forma como se utilice. En su uso convencional, no solamente es una de las palabras utilizadas m√°s frecuentemente en el lenguaje (junto con otras afines como: “m√≠o” y “mi”), sino tambi√©n una de las m√°s enga√Īosas. Seg√ļn la utilizamos en la cotidianidad, la palabra “yo” encierra el error pri¬≠mordial, una percepci√≥n equivocada de lo que somos, un falso sentido de identidad. Ese es el ego. Ese sentido ilusorio del ser es lo que Albert Einstein, con su percepci√≥n profunda no solamente de la realidad del espacio y el tiempo sino de la naturaleza huma¬≠na, denomin√≥ “ilusi√≥n √≥ptica de la conciencia”. Esa ilusi√≥n del ser se convierte entonces en la base de todas las dem√°s interpretacio¬≠nes o, mejor a√ļn, nociones erradas de la realidad, de todos los procesos de pensamiento, las interacciones y las relaciones. La realidad se convierte en un reflejo de la ilusi√≥n original.

La buena noticia es que cuando logramos reconocer la ilusi√≥n por lo que es, √©sta se desvanece. La ilusi√≥n llega a su fin cuando la reconocemos. Cuando vemos lo que no somos, la realidad de lo que somos emerge espont√°neamente. Esto es lo que suceder√° a medida que usted lee lenta y cuidadosamente este cap√≠tulo y el siguiente, los cuales tratan sobre la mec√°nica del falso yo al cual llamamos ego. As√≠, ¬Ņcu√°l es la naturaleza de este falso ser?

Cuando hablamos de “yo” generalmente no nos referimos a lo que somos. Por un acto monstruoso de reduccionismo, la pro¬≠fundidad infinita de lo que somos se confunde con el sonido emitido por las cuerdas vocales o con el pensamiento del yo que tengamos en nuestra mente y lo que sea con lo cual √©ste se identifique. ¬ŅEntonces a qu√© se refieren normalmente el yo, el mi y lo m√≠o?

Cuando un beb√© aprende que una secuencia de sonidos emi¬≠tidos por las cuerdas vocales de sus padres corresponde a su nom¬≠bre, el ni√Īo comienza a asociar la palabra, la cual se convierte en pensamiento en su mente, con lo que √©l es. En esa etapa, algunos ni√Īos se refieren a s√≠ mismos en tercera persona. Felipe tiene hambre”. Poco despu√©s aprenden la palabra m√°gica “yo” y la asocian directamente con su nombre, el cual ya corresponde en su mente a lo que son. Entonces se producen otros pensamientos que se fusionan con ese pensamiento original del “yo”. El paso si¬≠guiente son las ideas de lo que es m√≠o para designar aquellas cosas que son parte del yo de alguna manera. As√≠ sucede la identifica¬≠ci√≥n con los objetos, lo cual implica atribuir a las cosas (y en √ļltimas a los pensamientos que representan esas cosas) un sentido de ser, derivando as√≠ una identidad a partir de ellas. Cuando se da√Īa o me quitan mi juguete, me embarga un sufrimiento intenso, no porque el juguete tenga alg√ļn valor intr√≠nseco (el ni√Īo no tarda en perder inter√©s en √©l y despu√©s ser√° reemplazado por otros juguetes y objetos) sino por la idea de lo m√≠o. El juguete se convirti√≥ en parte del sentido del ser, del yo del ni√Īo.

Sucede lo mismo a medida que crece el ni√Īo, el pensamiento original del “yo” atrae a otros pensamientos: viene la identifica¬≠ci√≥n con el g√©nero, las pertenencias, la percepci√≥n del cuerpo, la nacionalidad, la raza, la religi√≥n, la profesi√≥n. El Yo tambi√©n se identifica con otras cosas como las funciones (madre, padre, espo¬≠so, esposa, etc√©tera), el conocimiento adquirido, las opiniones, los gustos y disgustos, y tambi√©n con las cosas que me pasaron a “m√≠” en el pasado, el recuerdo de las cuales son pensamientos que contribuyen a definir a√ļn m√°s mi sentido del ser como “yo y mi historia”. Estas son apenas algunas de las cosas de las cuales de¬≠rivamos nuestra identidad. En √ļltimas no son m√°s que pensa¬≠mientos sostenidos precariamente por el hecho de que todos com¬≠parten la misma noci√≥n del ser. Esta interpretaci√≥n mental es a la que normalmente nos referimos cuando decimos “yo”. Para ser m√°s exactos, la mayor√≠a de las veces no somos nosotros quienes hablamos cuando decimos y pensamos el “Yo”, sino alg√ļn aspec¬≠to de la interpretaci√≥n mental, del ser egotista. Una vez acaecido el despertar continuamos hablando de “yo”, pero con una noci√≥n emanada de un plano mucho m√°s profundo de nuestro ser inte¬≠rior.

La mayor√≠a de las personas contin√ļa identific√°ndose con el torrente incesante de la mente, el pensamiento compulsivo, prin¬≠cipalmente repetitivo y banal. No hay un yo aparte de los proce¬≠sos de pensamiento y de las emociones que los acompa√Īan. Eso es lo que significa vivir en la inconciencia espiritual. Cuando se les dice que tienen una voz en la cabeza que no calla nunca, pregun¬≠tan, “¬Ņcu√°l voz?” o la niegan airadamente, obviamente con esa voz, desde quien piensa, desde la mente no observada. A esa voz casi podr√≠a consider√°rsela como la entidad que ha tomado pose¬≠si√≥n de las personas.

Algunas personas nunca olvidan la primera vez que dejaron de identificarse con sus pensamientos y experimentaron brevemente el cambio, cuando dejaron de ser el contenido de su mente para ser la conciencia de fondo. Para otras personas sucede de una manera tan sutil que casi no la notan, o apenas perciben una corriente de alegría o paz interior, sin comprender la razón.

LA VOZ DE LA MENTE

En mi caso, ese primer destello de conciencia se manifest√≥ siendo estudiante de primer a√Īo en la Universidad de Londres. Sol√≠a tomar el metro dos veces a la semana para ir a la biblioteca de la universidad, generalmente a eso de las nueve de la ma√Īana, terminando la hora de la congesti√≥n. Una vez me sent√© al frente de una mujer de unos treinta a√Īos. La hab√≠a visto otras veces en el mismo tren. Era imposible no fijarse en ella. Aunque el tren estaba lleno, nadie ocupaba los dos asientos al lado de ella, sin duda porque parec√≠a demente. Se ve√≠a extremadamente tensa y hablaba sola sin parar, en tono fuerte y airado. Iba tan absorta en sus pensamientos que, al parecer, no se daba cuenta de lo que suced√≠a a su alrededor. Llevaba la cabeza inclinada hacia abajo y ligeramente hacia la izquierda, como si conversara con alguien que estuviera en el asiento vac√≠o de al lado. Aunque no recuerdo el contenido exacto de su mon√≥logo, era algo as√≠: “Y entonces ella me dijo… y yo le contest√© que era una mentirosa y c√≥mo te atreves a acusarme… cuando eres t√ļ quien siempre se ha aprove¬≠chado de mi… Confi√© en ti y t√ļ traicionaste mi confianza…”. Ten√≠a el tono airado de alguien a quien se ha ofendido y que necesita defender su posici√≥n para no ser aniquilado.

Cuando el tren se aproximaba a la estaci√≥n de Tottenham Court Road, se puso de pie y se dirigi√≥ a la puerta sin dejar de pronunciar el torrente incesante de palabras que sal√≠an de su boca. Como era tambi√©n mi parada, me baj√© del tren detr√°s de ella. Ya en la calle comenz√≥ a caminar hacia Bedford Square, todav√≠a inmersa en su di√°logo imaginario, acusando y afirmando rabiosamente su posici√≥n. Lleno de curiosidad, la segu√≠ mientras conti¬≠nu√≥ en la misma direcci√≥n en la que yo deb√≠a ir. Aunque iba absorta en su di√°logo imaginario, aparentemente sab√≠a cu√°l era su destino. No tardamos en llegar a la estructura imponente de Senate House, un edificio de los a√Īos 30 en el cual se alojaban las oficinas administrativas y la biblioteca de la Universidad. Sent√≠ un estre¬≠mecimiento. ¬ŅEra posible que nos dirigi√©ramos para el mismo sitio? Exactamente, era hacia all√° que se dirig√≠a. ¬ŅEra profesora, estudiante, oficinista, bibliotecaria? Iba a unos veinte pasos de distancia de tal manera que cuando rebas√© la puerta del edificio (el cual fue, ir√≥nicamente, la sede de la “Polic√≠a de la mente” en la versi√≥n cinematogr√°fica de 1984, la novela de George Orwell), hab√≠a desaparecido dentro de uno de los ascensores.

Me sent√≠ desconcertado con lo que ven√≠a de presenciar. A mis 25 a√Īos sent√≠a que era un estudiante maduro en proceso de convertirme en intelectual y estaba convencido de poder dilucidar todos los dilemas de la existencia humana a trav√©s del intelecto, es decir, a trav√©s del pensamiento. No me hab√≠a dado cuenta de que pensar inconscientemente es el principal dilema de la existencia humana. Pensaba que los profesores eran sabios poseedores de todas las respuestas y que la Universidad era el templo del conocimiento. ¬ŅC√≥mo pod√≠a una demente como ella formar parte de eso? Segu√≠a pensando en ella cuando entr√© al cuarto de ba√Īo antes de dirigirme a la biblioteca. Mientras me lavaba las manos, pens√©, “Espero no terminar como ella”. El hombre que estaba a mi lado me mir√≥ por un instante y me sobresalt√© al darme cuenta de que no hab√≠a pensado las palabras sino que las hab√≠a pronunciado en voz alta. Por Dios, ya estoy como ella”, pens√©. ¬ŅAcaso no estaba tan activa mi mente como la de ella? Las diferencias entre los dos eran m√≠nimas. La emoci√≥n predominante era la ira, mientras que en mi caso era principalmente la ansiedad. Ella pensaba en voz alta. Yo pensaba, principalmente, dentro de mi cabeza. Si ella estaba loca, entonces todos est√°bamos locos, incluido yo mismo. Las diferencias eran solamente cuesti√≥n de grado.

Por un momento pude distanciarme de mi mente y verla, como quien dice, desde una perspectiva m√°s profunda. Hubo un paso breve del pensamiento a la conciencia. Continuaba en el cuarto de ba√Īo, ya solo, y me miraba en el espejo. En ese momen¬≠to en que pude separarme de mi mente, solt√© la risa. Pudo haber sonado como la risa de un loco, pero era la risa de la cordura, la risa del Buda del vientre grande. “La vida no es tan seria como la mente pretende hac√©rmelo creer”, parec√≠a ser el mensaje de la risa. Pero fue solamente un destello que se olvidar√≠a r√°pidamente. Pasar√≠a los siguientes tres a√Īos de mi vida en un estado de angus¬≠tia y depresi√≥n, completamente identificado con mi mente. Tuve que llegar casi hasta el suicidio para que regresara la conciencia y, en esa ocasi√≥n, no fue apenas un destello. Me liber√© del pensa¬≠miento compulsivo y del yo falso ideado por la mente.

El incidente que acabo de narrar no solamente fue mi primer destello de conciencia, sino que tambi√©n sembr√≥ en mi la duda acerca de la validez absoluta del intelecto humano. Unos meses m√°s tarde sucedi√≥ una tragedia que acrecent√≥ mis dudas. Un lunes llegamos temprano en la ma√Īana para asistir a la conferencia de un profesor al que admiraba profundamente, s√≥lo para enterarnos de que se hab√≠a suicidado de un disparo durante el fin de semana. Qued√© anonadado. Era un profesor muy respetado, quien parec√≠a tener todas las respuestas. Sin embargo, yo todav√≠a no conoc√≠a ninguna otra alternativa que no fuera cultivar el pensamiento. Todav√≠a no me daba cuenta de que pensar es solamente un aspec¬≠to min√ļsculo de la conciencia y tampoco sab√≠a nada sobre el ego y menos a√ļn sobre la posibilidad de detectarlo en mi interior.

CONTENIDO Y ESTRUCTURA DEL EGO

La mente egotista est√° completamente condicionada por el pasado. Su condicionamiento es doble y consta de contenido y estructura.

Para el ni√Īo que llora amargamente porque ya no tiene su juguete, √©ste representa el contenido. Es intercambiable con cualquier otro contenido, otro juguete u objeto. El contenido con el cual nos identificamos est√° condicionado por el entorno, la crianza y la cultura que nos rodea. El hecho de que sea un ni√Īo rico o
pobre, o que el juguete sea un trozo de madera en forma de animal o un aparato electr√≥nico sofisticado no tiene importancia en lo que se refiere al sufrimiento provocado por su p√©rdida. La raz√≥n por la que se produce ese sufrimiento agudo est√° oculta en la palabra “m√≠o” y es estructural. La compulsi√≥n inconsciente de promover nuestra identidad a trav√©s de la asociaci√≥n con un objeto es parte integral de la estructura misma de la mente egotista.

Una de las estructuras mentales b√°sicas a trav√©s de la cual entra en existencia el ego es la identificaci√≥n. El vocablo “identificaci√≥n” viene del lat√≠n “√≠dem” que significa “igual” y “facere” que significa “hacer”. As√≠, cuando nos identificamos con algo, lo hacemos igual. ¬ŅIgual a qu√©? Igual al yo. Dotamos a ese algo de
un sentido de ser, de tal manera que se convierte en parte de nuestra “identidad”. En uno de los niveles m√°s b√°sicos de iden¬≠tificaci√≥n est√°n las cosas: el juguete se convierte despu√©s en el autom√≥vil, la casa, la ropa, etc√©tera. Tratamos de hallarnos en las cosas pero nunca lo logramos del todo y terminamos perdi√©ndo¬≠nos en ellas. Ese es el destino del ego.

LA IDENTIFICACI√ďN CON LAS COSAS

Quienes trabajan en la industria de la publicidad saben muy bien que para vender cosas que las personas realmente no necesitan deben convencerlas de que esas cosas aportar√°n algo a la forma como se ven a s√≠ mismas o como las perciben los dem√°s, en otras palabras, que agregar√°n a su sentido del ser. Lo hacen, por ejemplo, afirmando que podremos sobresalir entre la multitud utilizando el producto en cuesti√≥n y, por ende, que estaremos m√°s completos. O crean la asociaci√≥n mental entre el producto y un personaje famoso o una persona joven, atractiva o aparentemente feliz. Hasta las fotograf√≠as de las celebridades ancianas o fallecidas cuando estaban en la cima de sus carreras cumplen bien con ese prop√≥sito. El supuesto t√°cito es que al comprar el producto llegamos, gracias a un acto m√°gico de apropiaci√≥n, a ser como ellos o, m√°s bien, como su imagen superficial. Por tanto, en muchos casos no compramos un producto sino un “refuerzo para nuestra identidad”. Las etiquetas de los dise√Īadores son principalmente identidades colectivas a las cuales nos afiliamos. Son costosas y, por tanto, “exclusivas”. Si estuvieran al alcance de todo el mundo, perder√≠an su valor psico¬≠l√≥gico y nos quedar√≠amos solamente con su valor material, el cual seguramente equivale a una fracci√≥n del precio pagado.

Las cosas con las cuales nos identificamos varían de una per­sona a otra de acuerdo con la edad, el género, los ingresos, la clase social, la moda, la cultura, etcétera. Aquello con lo cual nos iden­tificamos tiene relación con el contenido; por otra parte, la com­pulsión inconsciente por identificarse es estructural. Esta es una de las formas más elementales como opera la mente egotista.

Parad√≥jicamente, lo que sostiene a la llamada sociedad de consumo es el hecho mismo de que el intento por reconocernos en las cosas no funciona: la satisfacci√≥n del ego dura poco y en¬≠tonces continuamos con la b√ļsqueda y seguimos comprando y consumiendo.

Claro está que en esta dimensión física en la cual habita nuestro ser superficial, las cosas son necesarias y son parte inevitable de la vida. Necesitamos vivienda, ropa, muebles, herramientas, transporte. Quizás haya también cosas que valoramos por su belleza o sus cualidades inherentes. Debemos honrar el mundo de las cosas en lugar de despreciarlo. Cada cosa tiene una cualidad de Ser, es una forma temporal originada dentro de la Vida Única informe fuente de todas las cosas, todos los cuerpos y todas las formas. En la mayoría de las culturas antiguas se creía que todas las cosas, hasta los objetos inanimados, alojaban un espíritu y, en este sen­tido, estaban más cerca de la verdad que nosotros. Cuando se vive en un mundo aletargado por la abstracción mental, no se percibe la vida del universo. La mayoría de las personas no viven en una realidad viva sino conceptualizada.

Pero no podemos honrar realmente las cosas si las utilizamos para fortalecer nuestro ser, es decir, si tratamos de encontrarnos a trav√©s de ellas. Eso es exactamente lo que hace el ego. La iden¬≠tificaci√≥n del ego con las cosas da lugar al apego y la obsesi√≥n, los cuales crean a su vez la sociedad de consumo y las estructuras econ√≥micas donde la √ļnica medida de progreso es tener siempre m√°s. El deseo incontrolado de tener m√°s, de crecer incesantemente, es una disfunci√≥n y una enfermedad. Es la misma disfunci√≥n que manifiestan las c√©lulas cancerosas cuya √ļnica finalidad es multiplicarse sin darse cuenta de que est√°n provocando su propia destrucci√≥n al destruir al organismo del cual forman parte. Algu¬≠nos economistas est√°n tan apegados a la noci√≥n de crecimiento que no pueden soltar la palabra y entonces hablan de “crecimien¬≠to negativo” para referirse a la recesi√≥n.

Muchas personas agotan buena parte de su vida en la preocu¬≠paci√≥n obsesiva por las cosas. Es por eso que uno de los males de nuestros tiempos es la proliferaci√≥n de los objetos. Cuando perdemos la capacidad de sentir esa vida que somos, lo m√°s probable es que tratemos de llenar la vida con cosas. A manera de pr√°ctica espiritual, le sugiero investigar su relaci√≥n con el mundo de las cosas observ√°ndose a si mismo y, en particular, observando las cosas designadas con la palabra “mi”. Debe mantenerse alerta y ver honestamente si su sentido de val√≠a est√° ligado a sus posesio¬≠nes. ¬ŅHay cosas que inducen una sensaci√≥n sutil de importancia o superioridad? ¬ŅAcaso la falta de esas cosas le hace sentir inferior a otras personas que poseen m√°s que usted? ¬ŅMenciona casualmente las cosas que posee o hace alarde de ellas para aparecer superior a los ojos de otra persona y, a trav√©s de ella, a sus pro¬≠pios ojos? ¬ŅSiente ira o resentimiento cuando alguien tiene m√°s que usted o cuando pierde un bien preciado?

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9 comentarios
  1. User comments

    B R I L L A N T E..

  2. User comments

    FASCINANTE ARTICULO.

  3. User comments

    Es un artículo que describe de forma profunda la dinámica que se produce entre la mente (representada fundamentalmente por los pensamientos) y el Ser (la experiencia sentida y vivida). Da sustancia y contenido al vacio que vive actualmente nuestra raza humana. Extraordinario.

  4. User comments
    Eterno Peregrino

    Yo debo de ser ignorante o el autor de este articulo tiene algunas confusiones entre lo que es el Deseo, proveniente del elemental Astral, la Voluntad que proviene el Maximo Ser y la parte que juega el 'Ego' (entre comillas) en el drama de la Vida. Se describe al Ego como la parte individualizada de la Triada Superior (Atma, Budi y Manas superior), mientras que el cuarternario inferior es la Personalidad (manas inferior, el Astral, el cuerpo denso y el fisico todos ellos con sus propias ideosincracias). El Yo inferior, se integra de los elementales de los cuatro planos inferiores ya mencionados y el Yo Superior se integra de los elementales de los planos superiores. Pero la pregunta que surge de immediato en relacion a la individualizada Triada Superior (considerada como Yo Superior) es de donde sale el 'Yo', la idea que usted se conoce como 'Algo aparte' (YO SOY LO QUE SOY). A mi me parece que el Yo Inferior es un Reflejo del Superior y el Superior, un reflejo de la individualizada Chispa Divina que estando 'separada' de su primaria fuente, no tiene mas remedio que optar por una individualizacion. Y ese 'YO' es REAL mientras subsiste la individualizacion a los fines de la busqueda del Conocimiento de los planos inferiores, de suerte, poder dominarlos a plenitud. Claro, al volver a su fuente Divina con todos sus latentes poderes hechos Realidad y en Plenitud, esa Chispa Divina deja de ser 'Yo' para volver a 'Aquello' en 'Se con Nosotros' . Asi que el Ego, es algo asi como una 'Entidad diferenciada' 'un vehiculo' de lo Superior y estando tan cerca de lo Superior, no puede tener apego a los material; es espiritual. El 'yo' que describe el articulo debe de ser el Inferior; el que esta mas apegado a las cosas efimeras de este mundo.

    • User comments

      Estimado Eterno Peregrino,

      Este es uno de los grandes problemas de nuestro momento actual: la inexistencia de un lenguaje espiritual.

      Resulta muy difícil comunicar lo que percibimos desde nuestro interior al tener cada uno un lenguaje diferente con términos diferentes y ademas sin definir aún con términos certeros muchas de las cuestiones espirituales.

      Es por eso necesario SENTIR la esencia de los comunicados que hacen nuestros hermanos, mas que leer literalmente.

      Un abrazo en la Luz,

  5. User comments

    Cada vez que escucho o leo algo de esa personalidad iluminada que es Eckhart Tolle, mi existencia toda se revoluciona, me invita a interiorizarme, cosa que muy a menudo olvidamos, reflexiono sobre mis propios actos y de los que me rodean y me lleno de una energ√≠a positiva indescriptible al experiimentar — cotejando sus leclciones –que, sin pretenderlo, me estoy convirtiendo en mejor persona. Gracias Eckhart Tolle, gracias por estar ah√≠, por compartir con todos nosotros tu luz, que nos ilumina a todos. Noelia Page

  6. User comments

    soberbio, quiero aprender, y conocerme primero para despues conocer

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