Caminata de amor y compasión en la Cordillera de Los Andes

Claudio Alvarez
Claudio Alvarez

 

La Llama Violeta transmutó el dolor en el lugar donde cayó el avión de los uruguayos hace 45 años

Por Claudio Alvarez Dunn
Enviado especial

Mendoza (Argentina).- Cuando recibí la invitación para ir al trekking del avión de los uruguayos lo pensé dos veces. Busqué la respuesta en mis meditaciones diarias y la respuesta fue un SÍ, con mayúsculas.

La travesía de tres días de trekking tenía como destino final llegar a ese lugar de la Cordillera de Los Andes donde en 1972 cayó un avión de la fuerza aérea uruguaya. La aeronave, que trasladaba al equipo de rugby Old Christians de ese país, chocó contra un pico de la montaña, cayó sobre la nieve y perdió todo contacto con la civilización. Desde Chile y la Argentina, la búsqueda fue intensa. Pero pasado el tiempo que presuponen estos rescates, la misma se dio por terminada.

Sin embargo 72 días después un grito recorrió el mundo: ¡Viven! De los 45 pasajeros, 16 habían logrado sobrevivir, soportando temperaturas extremas, avalanchas, caídas y alimentándose de los restos de sus compañeros muertos.

Hoy, a más de 45 años de ese suceso, muchas personas llegan cada año al lugar para brindar su respeto y conocer de primera mano una de las hazañas más grandes del espíritu humano.

Un recorrido inolvidable

El recorrido comienza en el paradójico Valle de las Lágrimas, adonde llegamos desde El Sosneado en Malargüe, a 350 kilómetros de la capital de la provincia argentina de Mendoza e incluye una caminata de unos 60 kilómetros durante tres días por la cordillera de Los Andes.

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La cordillera, la atmósfera y el cielo diáfano, llevan una marca: la imponente montaña de El Sosneado, “donde primero se ve el sol”. Esta mezcla sorprendente de paisajes conjuga las más diversas postales: volcanes inactivos, aguas termales y vertientes naturales, ya que es un lugar donde la naturaleza desbordante se convierte en un paraíso con todo el esplendor la montaña a sus espaldas.

En el camino, escoltada por la imponente Cordillera de Los Andes que bordea el río Atuel, el visitante puede visualizar las ruinas de un antiguo hotel, donde aún se conservas las piletas de aguas termales al aire libre, que a pesar del paso del tiempo mantienen sus propiedades sanadoras.

Ya en plena Cordillera de Los Andes se levanta majestuoso -con sus glaciares eternos- el volcán Overo, lo que conforma un entorno paisajístico de extraordinaria belleza y que constituyen la naciente al río Atuel. A este tramo del circuito sólo se accede caminando o a caballo.

Un grupo muy especial

Este grupo de montañistas que partió en febrero de 2018, constituido por una 50 personas de diferentes ciudades de Argentina y de otros países de América Latina, estuvo a cargo de Eduardo “Tuiti” Molina, de tuititrekkingmendoza.com , acompañado de Roberto “el gordo” López y Naomi “simpatía” Kemelmajer.

El experimentado alpinista expresa que: “Los sucesos reales parecen sobrenaturales cuando estamos ahí en el avión… Créanme, métanse en Google para viajar con la imaginación hasta las fuentes del río Tordillo, allá cerca de la frontera con Chile, al suroeste del cerro Sosneado, vean el nacimiento del Atuel y del volcán Overo, recorriendo esas planicies verdes, esas montañas peladas. Es toda una experiencia internarse en un Malargüe perdido, cruzar los ríos Barroso y El Rosado caminando y conocer un lugar cargado de una historia única”.

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Agrega el  montañista que “Ir al Avión de los uruguayos es ir ´más allá´, no es ser raro o marciano, es ver otra realidad… otro mundo. A fin de cuentas, vamos a dejar de existir esos cuatro días, las reuniones civilizadas con amigos serán postergadas; nos encerramos en un lugar donde precipitadamente el mundo centró sus ojos hace 45 años. Hoy sus restos son pocos pero aflora algo sobrenatural por lo que ocurrió allí”.

Ese 1972, los sobrevivientes se enteraron por una radio que se había abandonado su búsqueda.
Finalmente hartos de las bajísimas temperaturas, los amenazadores aludes, angustiados por la continua muerte de sus compañeros y la lenta espera del rescate, dos muchachos decidieron cruzar las inmensas montañas para así llegar a lo que pensaron que era Chile.

De esta manera es como el 22 de diciembre de 1972, después de haber estado durante 72 días aislados de todo, el mundo se entera que 16 de ellos vencieron a la muerte en la Cordillera de los Andes.
 

Tras el encuentro en El Sosneado, nuestro grupo partió hacia el oeste, pasando por el viejo hotel termal abandonado, hasta al puesto ganadero Araya.

Allí los arrieros cargan el equipaje pesado (sólo carpas, bolsas de dormir y la comida) en una docena de mulas, mientras los caminantes comienzan su travesía de unos 16 kilómetros (10 millas) hasta el campamento base a orillas de El Barroso.

Cruzar el río Atuel a pie con el agua correntosa hasta la cintura es nuestra primera aventura de esta caminata de siete horas hasta llegar -luego de varios desniveles- al campamento ubicado a 2.550 metros sobre el nivel del mar (7,650 pies).

 Los preparativos para salir al día siguiente hacia el Glaciar de Las Lágrimas son arduos, dado que la jornada será muy dura ya que son tres horas de marcha en ascenso, además de cruzar el río de Las Lágrimas hasta llegar al sitio donde se encuentran los restos del avión, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar (11,550 pies).

El desgaste físico de la primera caminata comenzó a cobrar su factura en mi cuerpo, que sumado a un reciente ACV, me hizo reflexionar sobre los pasos a seguir. Tras una larga charla con el ‘Tuiti’ Molina, jefe de la expedición, acordé quedarme en el campamento base junto a una experimentada compañera senderista que tenía el pecho muy cerrado y silbaba al respirar, al borde de un ataque de asma.

Acompañamos al grupo hasta la primera parada en la Laguna de los Patos y luego regresamos al campamento base, donde pasamos el día al arrullo del río El Barroso y con el imponente marco de El Sosneado como fondo. Cerca de las 20:00 horas comenzó a regresar la avanzada del grupo y los más rezagados lo hicieron a lomo de los cuatro caballos disponibles para los casos de emergencia.

En el aire se sentía la emoción del momento, mientras las anécdotas se sucedían al amparo unas suculentas lentejas.

Baño de la Llama Violeta

Esa noche, desperté cerca de las 3:30 de la madrugada. Mi espíritu me pedía oración, así que entré en meditación mientras el viento con sus dos grados centígrados (38F) cantaba entre las carpas. Conecté con el corazón de la Madre Tierra y vi la montaña rodeada de un gran pilar color magenta. Al conectar desde mi corazón con el Padre Cielo de inmediato se formó un gigantesco espiral que fluía contra las manecillas del reloj y por donde la Llama Violeta descendía trasmutando toda la densidad y el dolor acumulado en esas laderas.

La energía se movía lentamente envolviendo rocas y recuerdos, mientras varios personajes se movían como en una vieja película en blanco y negro. El amor fue descendiendo lentamente hasta cubrir todo el lugar mientras yo sólo podía sostener el espacio, al tiempo que ángeles y elementales hacían su silencioso y diligente trabajo. Cuando terminó la “limpieza”, una nueva energía de color perlado pálido descendió sobre la montaña, cubriéndola del tope hasta sus laderas. Supe que la Madre Divina y la Madre Naturaleza habían hecho su trabajo. Un toque frío recorrió mi espalda como un aviso de que la misión había sido cumplida.

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Sin poder pegar un ojo vi salir los primeros rayos del sol. Honré ese nuevo día a medida que mi espíritu me contaba al oído que las 50 personas que estábamos en ese lugar habíamos acordado en otra vida, en otra dimensión, llegar hasta allí ese día para llevar nuestra compasión y ayudar a la Pachamama a transmutar la vieja energía de dolor y sufrimiento y así poder seguir juntos el viaje de la Ascensión de la Madre Tierra hacia la Nueva Era. Que así sea y así es.

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