Los niños: obesidad y dieta

Bebé con fruta, dieta, comida sana

Los niños de la sociedad actual están claramente sobrealimentados, sólo hay que observar la forma que han adquirido la mayor parte de los cuerpos infantiles, sus barriguitas muestran una capa de grasa, tanto en niñas como en niños, a pesar de su corta edad; en la mayoría de los casos, esta grasa, persiste hasta la edad adulta. Observamos piernas con celulitis en niñas muy pequeñas y en niños barrigas parecidas a las de los adultos ya entrados en años.

Salvo raras excepciones, la mayor parte de la población infantil ingiere un exceso de calorías en la dieta, esto sumado a la falta de actividades que requieren esfuerzo y movimiento y el uso continuado de la televisión, consolas y ordenadores, puede afectar a la salud de nuestros niños, haciéndoles candidatos tempranos a desarrollar enfermedades propias de la edad adulta, como diabetes, colesterol y problemas cardiacos.

En el tipo de sociedad que hemos creado, ya no es suficiente con la actividad deportiva del colegio, dos veces por semana, antes los niños jugaban en la calle, muchas horas, todos los días y sus juegos eran la mayoría de movimiento aeróbico (la comba, la goma, la pelota, el burro, el escondite, etc.), ahora no hay casi tiempo de estar en la calle, muchos deberes, actividades extraescolares y mucho tiempo sentados frente a una pantalla; su alimentación era mucho más simple y natural, guisos sin muchos artificios y la mayor parte de las veces plato único o como mucho una ensalada de acompañamiento, meriendas sencillas con fruta o bocatas, no era tan sofisticada como ahora con tanta bollería industrial y tanto alimento procesado, no se mezclaban tantos alimentos ni se consumían tantos colorantes y conservantes.

Hoy en día nuestros hijos, teóricamente están mejor alimentados que nunca, pero curiosamente, parecen estar carentes de energía, siempre están cansados, pero a la vez sobrexcitados, duermen poco y mal y algunos tienen desordenes del aparato digestivo, intolerancias alimentarias, alergias y estrés, entre otros. Estar abundantemente alimentado no es sinónimo de estar bien nutrido, la subnutrición no sólo se produce por una dieta deficiente, escasa o desequilibrada, también ocurre cuando el organismo no puede absorber o metabolizar los nutrientes (no pierdan de vista los colorantes y conservantes como posibles responsables, todavía no se ha estudiado la interacción entre ellos). Estar gordito no es síntoma de estar bien nutrido, al igual que estar delgado no lo es de tener carencia de nutrientes; un niño gordito puede padecer desnutrición que no se va a manifestar con delgadez, como sería lo esperado, asociamos la desnutrición con una fisionomía huesuda y panza hinchada, este tipo de desnutrición es consecuencia de una dieta deficiente en energía y nutrientes, pero existe otro tipo de desnutrición que no se detecta por la fisionomía típica; podemos pensar que un niño gordito, con capa de grasa en la tripita, está sobrenutrido, pero realmente lo que está es sobrealimentado, puede estar perfectamente desnutrido por escasez de algunos de los nutrientes indispensables para que su cuerpo realice ciertas funciones correctamente; su fisionomía nos dice que no le falta comida, pero podemos intuir su desnutrición por la manifestación de alteraciones en el sueño, el carácter, el cansancio sin razón aparente, etc.

Niña con sandía, fruta, comida

La solución no está en poner a dieta a estos niños, la solución esta en hacer una serie de cambios paulatinos, pero permanentes; debemos ofrecerles una alimentación mas sencilla, con un aporte de hidratos de carbono adecuado a su actividad diaria, huir de productos envasados (que son tan cómodos para las madres que trabajamos), bollería, postres lácteos bebibles, comidas precocinadas, etc., ofrecerles más alimentos frescos, frutas en desayuno y merienda (ojo con los cereales y las galletas, suelen llevar una proporción de azúcar muy alta), y sí, la fruta tiene azúcar, pero asociada a fibra, vitaminas y minerales que el organismo sintetiza de diferente forma al azúcar industrial, grasas y vitaminas sintéticas de los productos procesados.

Los niños deben tomar un tentempié entre las comidas principales, insistiendo que debe ser algo no muy calórico, para que no lleguen a las comidas principales muertos de hambre y se den atracones. Las comidas han de ser lo mas sencillas posibles, es decir, no mezclar muchos alimentos, sobre todo de tipo hidrato de carbono, si están habituados a dos platos que el primero sea ensalada o verdura y el segundo pasta, pescado, carne, legumbre, patatas, etc., según el día. El pan controlado, comerse media barra supondría tener que andar 9 km para quemarlo, algo impensable en los niños de nuestra sociedad. La bollería, los dulces, chocolates y postres lácteos azucarados se dejarán para un día especial, no más de un día a la semana, lo mismo para las bebidas que no sean agua. Y hay que tener muy en cuenta que algunos aditivos suelen producir hambre insaciable, es mejor llevar una alimentación carente de éstos y que su consumo sea circunstancial para no alterar la sensación de saciedad.

Si su hijo o hija siempre está hambriento/a, con predilección por alimentos muy calóricos, y su necesidad no se debe al desarrollo de una actividad física importante, debe plantearse seriamente eliminar todos los aditivos de su dieta durante una temporada larga y observar si esa ansiedad por los alimentos calóricos baja; si es así, tenga claro que los aditivos son los responsables de esa avidez por la comida y verá como sin los aditivos en su alimentación, el hambre siempre guardará una relación equilibrada con la actividad física que realice o gasto de energía diario.

Y tenga muy en cuenta que esta premisa sirve también para los que ya no somos niños; existe un tipo de obesidad adulta generada por un apetito y ansiedad por la comida insaciables, cuyo culpable es la ingestión de ciertos aditivos, de forma que cuanto más se come más ganas se tiene de seguir comiendo, y de esta espiral es difícil salir, pudiendo llegar a estados de obesidad mórbida; si este es su caso comience por eliminar todos los aditivos de su dieta, lo pasará mal unos cuantos días, es lo que llaman mono, pero verá que esa ansiedad por la comida se irá calmando poco a poco.

No intente hacer el cambio a una alimentación sin aditivos de repente, sobre todo en el caso de los niños, simplemente vaya espaciando su ingestión; si sus hijos toman chuches la mayoría de los días, vaya dejando días intermedios sin que las prueben, hasta conseguir que, como mucho, las tomen una vez por semana y en una cantidad razonable.

Los cambios positivos que realicemos ahora en la alimentación de nuestros hijos, redundarán en un futuro en su salud y calidad de vida.

Rosa S. Madueño
www.rosalud.com

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