Astroteología: comprendiendo a los Eternos que viven en el Éter

Jorge Ariel
Jorge Ariel

La astroteología hace referencia a la relación que desde la antigüedad se estableció entre los astros y diversas deidades. Aunque las primeras pruebas históricas de la existencia de la astrología remiten a unos 2300 años antes de la era de Piscis, es de suponer que ha estado en uso desde hace al menos ocho mil años. La astrología está erigida sobre la relación mística e íntima, entre los cuerpos celestiales y la humanidad, siendo uno de los grandes secretos de la Iniciación. Detrás del velo de símbolos astrológicos se hallaban los misterios ocultos de la antropografía y de la primitiva génesis del hombre. La astrolatría, o adoración de la Hueste Celestial, es el resultado lógico de la astrología semirrevelada, por eso es que para los iniciados sea astrología divina, y para el profano astrología supersticiosa. La mitología se dedicó a narrar los esfuerzos astronómicos, teogónicos y humanos, el reajuste de órbitas y a la supremacía de naciones y tribus.

 

El Universo y sus cosmogonías.

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Las  diversas narraciones cosmogónicas no sólo representan una configuración del universo en el Espacio, sino que de ellas también se derivan ciertas necesidades éticas para la preservación en la unidad del mismo. Es oportuno diferenciar Universo, galaxia y cosmos.

Nuestro Universo local consta de 100 constelaciones agrupadas en 20 galaxias, 88 de tales constelaciones tienen nombre propio. 

Nuestro Grupo local galáctico, las tres galaxias espirales grandes son la Vía Láctea, Andrómeda y Triángulo. 

Nuestra Galaxia, La Vía Láctea tiene tres brazos en espiral llamados de Orión, Perseo y Sagitario. 

Nuestro Sistema Solar se encuentra en el brazo de Orión y da una vuelta cada 225 millones de años. 

Según el sistema astrológico chino el cielo se divide en cinco palacios que se corresponden con los cinco elementos. El Palacio Central contiene la constelación de la Osa Mayor, el Cucharón, que contiene a su vez la estrella polar, a partir de la cual se calculan las horas y se marcan las estaciones de la Tierra. El Palacio Oriental contiene la constelación de Escorpio, El Dragón Verde, cuya estrella principal es Antares. El Palacio Septentrional contiene la constelación de Acuario, la Tortuga Negra. El Palacio Occidental contiene la constelación de las Pléyades, El Tigre Blanco, considerada la Raíz del Cielo en la tradición mágica de la vieja China. El Palacio Austral contiene la constelación de la Hidra Hembra, el Pájaro  Rojo, cuya estrella más brillante es Alphard.

 

Versión Oriental.

En el principio no había nada en el universo salvo un caos uniforme y una negra masa de nada. El caos comenzó a fusionarse en un huevo cósmico durante 18.000 años. Dentro de él, los principios opuestos del yin y yang se equilibraron y Pangu salió del huevo. Pangu emprendió la tarea de crear el mundo: dividió el yin del yang con su hacha gigante, creando la tierra del yin y el cielo del yang.

Después de otros 18.000 años, Pangu se tumbó a descansar. Era ya tan mayor que su sueño fue llevándolo lentamente hacia la muerte. De su respiración surgió el viento, de su voz el trueno, del ojo izquierdo el sol y del derecho la luna. Su cuerpo se transformó en las montañas, su sangre en los ríos, sus músculos en las tierras fértiles, el vello de su cara en las estrellas en la Vía Láctea. Su pelo dio origen a los bosques, sus huesos a los minerales de valor, la médula en jade y perlas. Su sudor cayó en forma de lluvia y las pequeñas criaturas que poblaban su cuerpo (pulgas en algunas versiones), llevadas por el viento, se convirtieron en los seres humanos.

En el hinduismo, Brahman connota el Principio Universal supremo, la Realidad Superior en el universo.

Versión Meso.

El zodíaco estaba formado por dieciocho constelaciones a lo largo del recorrido de Sin, el dios Luna, que iba seguido de Shamash, luego de Marduk, Ishtar, Nergal, Shihtu, Nabu y Ninuta. Según una leyenda mítica cosmogónica sumeria, fue Marduk quien, cortando por la mitad a Tiamat, encarnación de la diosa del Caos primordial, creó la Tierra y el Cielo. La triada de Babilonia fue Bel, Ea y Anu, los dioses de la tierra, el mar y el cielo respectivamente. A Ishtar se le conocería en Egipto como Isis y en Grecia como Afrodita.

En la cosmogonía judeocristiana, el origen del mundo está presente en el Génesis (los genes de Isis), que relata cómo Dios empezó a crear el mundo «en un principio». 

Versión Occidental.

Las cosmogonías griegas narran el origen del mundo que parte del caos, para que en un acto de creación divina se imponga el orden. Esta versión la recoge Hesíodo en su Teogonía y también Platón en el relato del demiurgo presente en el Timeo. 

LA TRINIDAD: El Triángulo de energías.

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Los dioses egipcios procedían de la galaxia de Andrómeda y llegaron a nuestro planeta a través de un portal en la constelación Triángulo de donde surge el concepto de trinidad: Ea encarna en Yahwe, Enlil en los Elohim y Anu en Ra.  Los Elohim y los Nephilim eran razas de Asterope.

Osiris, Isis y Hermes fueron la primitiva trinidad de los egipcios: El Sol, La Luna y Mercurio. Tutankamon en de la línea de Enlil. Akenaton es de la línea de Enki y continuará en las tribus de IsRaEl. IsMaEl por su parte fue el origen de los Árabes.

La ciencia de triángulos se centrará en las energías subjetivas al condicionar la conciencia.

La Energía:

Detrás de los innumerables triángulos entrelazados en nuestro sistema solar, condicionándolos en amplia medida, hay tres energías que provienen de tres constelaciones principales, emanaciones de la Osa Mayor, de Sirio y de las Pléyades. Podría decirse que:

Las energías que vienen de la Osa Mayor están relacionadas con el propósito del Ser solar, y son para ese gran Ser lo que la mónada es para el hombre. Sus energías séptuples unificadas pasan a través de Shamballa.

Las energías provenientes del sol, Sirio, están relacionadas con el poder de atracción del Ser solar, con el alma de ese gran Ser. Esta energía cósmica del alma está relacionada con la Jerarquía. Se ha dicho que la Gran Hermandad Blanca de Sirio tiene su reflejo, método de servicio espiritual y exteriorización, en la gran Hermandad Blanca de nuestro planeta, la Jerarquía.

Las energías provenientes de las Pléyades, conjunto de siete energías, están conectadas con el aspecto inteligencia activa de la expresión logoica, e influencian el aspecto forma de toda la manifestación. Se enfocan principalmente por intermedio de la Humanidad.

La Fuerza

En relación con estos triángulos simples surgen también ciertos triángulos entrelazados como, por ejemplo, el triángulo zodiacal Leo-Piscis-Capricornio y el triángulo planetario similar Saturno-Urano-Mercurio. Ambos triángulos vierten sus seis corrientes de fuerza actualmente en nuestros tres centros planetarios, vitalizando y estimulando al triángulo planetario Shamballa-Jerarquía-Humanidad. Detrás de estos tres reside un triángulo cósmico del que emanan tres corrientes de energía que afluyen a los tres triángulos menores, y a través de ellos afectan poderosamente a cada reino de la naturaleza. Este triángulo cósmico es el formado por la Osa Mayor-Sirio-Pléyades.

Los Centros

Todas las influencias que hacen impacto sobre el individuo o la humanidad, pasan por intermedio de los centros planetarios, o son trasmitidas por cualesquiera de ellos. Los tres principales que llamamos Shamballa, Jerarquía y Humanidad. Son conocidos como:

Shamballa                           Poder. Propósito.            Centro coronario             Voluntad rectora.

Jerarquía                             Amor. Sabiduría               Centro cardíaco              Amor dirigido.

Humanidad                        Inteligencia                        Centro ajna                     Mente dirigida.

Quedan por considerar otros cinco: el centro laríngeo, el centro esplénico, el centro plexo solar, el centro sacro y el centro básico planetarios.

EL DODECAEDRO: Las Doce constelaciones.

Cada uno de los siete rayos se expresa a través de tres constelaciones zodiacales. La analogía reside en que estas tres constelaciones son para la vida de uno de estos Seres de rayo, lo que los tres aspectos mónada-alma-cuerpo, son para el hombre.

El Poder: Aries-Leo-Capricornio. La Sabiduría: Géminis-Virgo-Piscis. La Inteligencia: Cáncer-Libra-Capricornio. La Armonía: Tauro-Escorpio-Sagitario. El Conocimiento: Leo-Sagitario-Acuario. El Idealismo: Virgo-Sagitario-Piscis. La Organización: Aries-Cáncer-Capricornio.

La experiencia en la Cruz Mutable íntegra a un hombre en el centro denominado Humanidad. La experiencia en la Cruz Fija íntegra al discípulo en el segundo centro planetario denominado la Jerarquía. La experiencia en la Cruz Cardinal integra al iniciado en el principal Centro planetario que denominamos Shamballa.

La Cruz Mutable

Es la Cruz del cambio temporal y temporario, de la fluidez y de esos ambientes que se alteran constantemente e impulsan al alma, que anima el cuerpo, a ir de una extrema experiencia a otra, de manera que la vida oscile entre los pares de opuestos.

Géminis es el signo de la dualidad que se refiere a la mitad mortal del ser humano, la personalidad, y la parte inmortal, el individuo espiritual. Cástor debe su inmortalidad a Pólux quien se sacrifica por Cástor.

Virgo es el signo de la dualidad mental origen de la Esfinge. Es inseparable de Leo, las Pléyades y las Hyades.

Sagitario signo que representa el destino y el libre albedrío, el arco y la flecha.

Piscis es el signo de la dualidad de lo espiritual y lo material, símbolo de todos los salvadores espirituales.

La Cruz Fija

Es la Cruz de “la visión fija y de ese intento inmutable que impele al hombre a ir desde un punto de luz hasta la brillante luz solar”. El hombre en la Cruz Fija dice: “Soy el alma y aquí permanezco. Nada moverá mis pies fuera del estrecho lugar en el que permanezco. Enfrento la luz. Soy la Luz, y en esa luz veré la Luz”.

Tauro es el signo donde se adquiere la conciencia. Es considerado el grupo central de la Vía Láctea, se encuentra en la constelación de las Pléyades.

Leo representa la Voluntad divina.

Escorpio representa al Águila que devoraba a la Serpiente Tauro. Es el signo de las pruebas.

Acuario es el signo de los servidores del mundo, allí se recibe la tercera iniciación y el aprendiz es liberado del control de la personalidad. Las dos siguientes iniciaciones se reciben en la cruz que le sigue.

La  Cruz Cardinal

Ésta es la Cruz de los “brazos extendidos, del corazón abierto y de la mente superior”, y quienes se hallan en ella conocen y gozan de la significación subyacente en las palabras: Omnipresencia y Omnisciencia, y están en proceso de desarrollar los aspectos superiores del Ser, que inadecuadamente describimos con la palabra Omnipotencia.

Aries es la mónada encarnante, el signo zodiacal por el cual el primer rayo, la voluntad, llega a nuestra vida planetaria.

Cáncer es el signo donde la sustancia viviente asume la triple relación diferenciada, a la cual damos el nombre de Vida.

Libra es el lugar del juicio realizado por Anubis, porque allí se decide el paso irrevocable que separa las ovejas de las cabras.

Capricornio representa las cinco envolturas del ser humano y, por lo tanto, los cinco kumaras.

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EL SEPTENARIO: Los Siete rayos.

La energía del universo puede ser diferenciada como Intercósmica cuando afecta a las constelaciones, Interplanetaría cuando que afecta a los planetas. Intercadenaria cuando afecta a las cadenas de un ciclo planetario, Interglobal cuando produce un intercambio de fuerza entre los globos de una cadena, Interseccional cuando afecta la trasferencia de fuerza entre los reinos de la naturaleza. Interhumana en la interacción entre los hombres.  Interatómica por el paso de la fuerza entre los átomos”.

Las siete estrellas de la Osa Mayor son las fuentes originantes de los siete rayos de nuestro sistema solar. Los siete Rishis de la Osa Mayor se expresan por medio de los siete Seres planetarios, que son Sus representantes, y de quienes son Su Prototipo. Los siete Espíritus planetarios se manifiestan por intermedio de los siete planetas sagrados. Un planeta es considerado sagrado cuando la Vida espiritual que lo anima ha recibido cinco iniciaciones cósmicas mayores

Los planetas sagrados

Los planetas sagrados son siete: Vulcano, Júpiter, Saturno, Mercurio, Venus, Neptuno y Urano.

Vulcano es la fuerza de voluntad, de ahí que Yahvé era el fuego de la montaña. Hefestos se relacionaba con Afrodita pues la raíz de la voluntad es el amor.

Júpiter es el sacerdote, el sacrificador, el suplicante y el medio por el cual las plegarias de los mortales llegan a los Dioses.

Saturno es cronos, el tiempo. Es el punto focal para transmitir la mente cósmica a los siete esquemas planetarios. Saturno, Shiva y Yahvé son uno.

Mercurio expresa la actividad inteligente, de ahí su relación con Afrodita y la conjunción hermafrodita. Es el Señor de la Sabiduría. Se corresponde con Budhi, el ojo derecho.

Venus fue el responsable de que se implantara la mente en la cadena terrestre. Venus es el yo superior de la Tierra. Se corresponde con Manas, el ojo izquierdo.

Neptuno es el Dios del razonamiento, lo que implica gestión de las emociones. Sólo se coordina lo intuitivo cuando se está bajo su influencia.

Urano personificó todos los poderes creadores, de ahí que encarne la capacidad de decisión. Representaba el oculto Hierofante divino. Es el hogar del fuego eléctrico.

Los planetas no sagrados

Los planetas no sagrados son cinco: Plutón, El Sol, La Tierra, La Luna y Marte.

Plutón es una deidad con los atributos de la serpiente:  es sanador, dador de salud espiritual y física e iluminador. Orfeo busca en el reino de Plutón su alma perdida. Krishna rescata de Plutón sus seis principios, siendo Él mismo el séptimo.

La Tierra es una deidad con los atributos de fecundidad, de fortuna. Se representa como un círculo partido en cuatro partes, síntesis del cuaternario.

El Sol es el depósito de la fuerza vital, el nóumeno de la electricidad. El Sol encarna la Voluntad. Sol significa el Solitario, mientras que su nombre Helios significó El Altísimo.

La Luna es un planeta muerto del cual han desaparecido todos los principios. Sustituye a un planeta que parece haberse perdido de vista. Es el origen de las penurias sexuales experimentadas en nuestro planeta. La Luna encarna la sensibilidad.

Marte era el Señor del nacimiento y de la muerte, de la generación y de la destrucción. Se le denominó el planeta de seis caras. Expresa la actividad latente.

Las iniciaciones

La iniciación es el proceso por el cual se desarrolla la inclusividad.

El Ser Humano está llegando a ser incluyente en sentido planetario; las cinco iniciaciones mayores oportunamente lo llevan a un campo de percepción, infinitamente más allá de todo lo que él puede concebir en la actualidad.

El Ser de un planeta no sagrado está llegando a ser incluyente en Su conciencia, respecto a todo lo que se halla dentro del “círculo infranqueable” solar.

El Ser de un planeta sagrado trasciende los conocimientos, las reacciones y las respuestas que son estrictamente las del sistema solar; es consciente de, y responde vitalmente a la vida de Sirio, y comienza a responder conscientemente a las influencias vibratorias de las Pléyades.

El Ser de un sistema solar es denominado esotéricamente el “Triángulo Sagrado de Omnincluyente Fuerza”, porque este gran Ser incluye dentro de Su enfocada percepción los campos de expresión de la Osa Mayor, las Pléyades y Sirio, que son para Él, lo que los centros cardíaco, coronario y laríngeo son para el iniciado avanzado de este planeta

El Éter y la eternidad.

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Mientras que al Infinito lo relacionamos con el Espacio, lo Eterno lo relacionamos con el Tiempo. La Flor de la Vida nos enseña cómo la circunferencia se relaciona con su punto central, ya que infinidad de  pétalos  se van formando al generar nuevos círculos a partir de una circunferencia de base. Así como el punto en el centro es el punto de vida y el inmutable, perenne y ETERNO UNO, así las energías o pétalos relacionados indican el estado de conciencia que ese ETERNO UNO, en un punto determinado en tiempo y espacio, puede expresar. Éste puede ser el estado de conciencia relativamente subdesarrollado del salvaje, la conciencia del hombre común, la conciencia altamente desarrollada del iniciado hasta el tercer grado o la percepción de mayor vibración del iniciado de grados más elevados.

Las distintas fases de la conciencia son reveladas firme y correlativamente, en tiempo y espacio, desde el punto de vista del Eterno Ahora, suma total de los estados de conciencia de «Aquel en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser«. En esas palabras bíblicas tenemos la declaración de una ley fundamental de la naturaleza y la base del hecho descrito en la palabra ambigua:  Omnipresencia, la cual deriva de la sustancia del universo y de lo que llaman éter; término genérico que abarca el cúmulo de energías interrelacionadas, constituyendo el cuerpo sintético de energía de nuestro planeta.

Los Cósmicos.

A las Entidades cósmicas se les ha llamado Kumaras.

Un Ser cósmico utiliza siete sistemas solares para manifestarse, siendo sus centros Seres solares. Un ser solar utiliza siete esquemas planetarios para manifestarse, siendo sus centros Seres celestiales.

El Gran Hombre de los Cielos se manifiesta por medio del Sol y de los siete planetas sagrados cada uno de los cuales personifica uno de Sus siete principios, de la misma manera que Él, en su totalidad, personifica uno de los principios de una Entidad cósmica mayor. El Ser solar es un Dragón de sabiduría y quiere llegar a ser un Hijo de la Voluntad cósmica: un León.

Los Celestiales.

Un Hombre celestial se manifiesta por medio de un planeta, personificando uno de los principios del Hijo, El Ser Solar, y se desarrolla similarmente por medio de siete principios, fuente de su unidad esencial con los otros seis Hombres celestiales.

El Hombre celestial quiere llegar a ser un Hijo de la Sabiduría: un dragón. 

El Ser Humano se da cuenta de su relación con el Hombre celestial únicamente cuando desarrolla la conciencia del Ego en su propio plano. El ser humano aspira a convertirse en un Hijo de la Mente y llegar a parecerse a un Hombre celestial. 

Los Eternos.

Cuatro éteres cósmicos forman el cuerpo objetivo de un hombre Celestial, así como los cuatro éteres físicos del sistema solar forman el cuerpo etérico de un ser humano.

Cuatro éteres físicos están destinados a ser la expresión de los cuatro éteres cósmicos denominados vida universal, intensidad monádica, propósito divino y razón pura. También hay una relación directa entre los cuatro agentes kármicos y los éteres físicos. Los cuatro Seres Planetarios que apropiaron la radiación de la Armonía, el Conocimiento, el idealismo y la Organización constituyen el cuaternario de la mente humana. Los cuatro agentes del karma se hallan entre el Ser Solar y los siete Seres planetarios.

Una vez que el Ser humano domina los cuatro éteres físicos alcanza continuidad de conciencia y cunado obtiene la conciencia del plano de la intuición, eleva su conciencia hasta la del Hombre Celestial, de cuyo cuerpo es una célula.

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