LA MATRIZ: genética en clave virtuosa

Jorge Ariel
Jorge Ariel

El ser superior, la parte cósmica de cada uno de nosotros que trasciende nuestro cuerpo mortal, se ha mantenido en secreto y escondido dentro del cuerpo físico durante eones. Y justamente porque está dentro del cuerpo, delante de nuestras narices, la mayoría de la humanidad no ha pensado nunca en mirar ahí, en un lugar tan obvio, en busca de unos sentimientos de paz y plenitud duraderos. Hasta ahora, el viaje interior lo han hecho solo unos cuantos elegidos, aquellos aventureros audaces y corajudos pioneros de los mundos interiores. Debido a esto, nuestra verdadera divinidad parecía que no estaba al alcance del común de los mortales, los cuales estaban demasiado ocupados en los temas básicos de supervivencia y en buscarse la vida en el mundo exterior, pero gracias a la decodificación del genoma humano, sabemos ya que contamos con una secuencia genética única, la cual dictamina el desarrollo evolutivo de nuestra verdadera naturaleza. El objetivo de este artículo es aprender a desplegar el propósito superior oculto en nuestro ADN.

Tu genio simplemente te hace un ser humano verdaderamente alegre. Ese es tu propósito superior: ser radiante por ninguna otra razón que no sea estar vivo. El buen genio solo puede surgir de ese resplandor interno. Tu genio es el suelo y tu superior.

El propósito surge de ese suelo, ya sea que se trate de una hierba humilde, una fruta deliciosa o un gran roble. Las claves de cada uno de los genes son el manual de jardinería que nos  guiarán en el cultivo de las virtudes a través del proceso de aprendizaje, pero la semilla ya está ahí dentro de ti, esperando dentro de tu ADN.

LA UNIDAD DE CONCEPTOS: tarot/cábala/I ching.

Es oportuno estudiar en profundidad una red de conceptos elaborada y organizada por la mente arquetípica, para desarrollar la capacidad de llegar a ser y manifestar los arquetipos a voluntad. Algunas de esas redes conceptuales son la astrología, el tarot, la cábala, el I ching, que  cuando   se les ha dominado lo suficiente, gracias a la disciplina, el aprendiz da un paso más al evidenciar la comprensión que ha logrado mediante el aprendizaje efectivo y significativo.

El I CHING y sus mutaciones.

Esto es especialmente fascinante debido a su similitud matemática con el código genético. El ADN se compone de dos cadenas de nucleótidos, una cadena es un reflejo perfecto de la otra. Este patrón binario es también la base del Yin y el Yang del I Ching. El código genético también se compone de cuatro bases, que se organizan en grupos de tres. Cada uno de estos químicos las agrupaciones se relacionan con un aminoácido y forman lo que se conoce como un codón. Hay 64 de estos codones en el código genético, de manera similar, en el I Ching sólo hay cuatro permutaciones básicas de yin y yang, que también están dispuestos en grupos de tres, conocidos como trigramas.

EL TAROT y sus arcanos.

Los arcanos del tarot fueron transmitidos por Ra de manera oral a los sacerdotes egipcios, quienes plasmaron la información en imágenes en una de las cámaras de la Pirámide de Guiza.

Los complejos conceptos que contienen los arcanos se agrupan en series de siete para la mente, el cuerpo y el espíritu, conformando una matriz de 7×3 para un total de 21 cartas. La carta número 22 es la de la elección. Inicialmente era una matriz de 3×3 con arquetipos llamados matriz, potenciador y catalizador. A las cartas 5, 12, 19 se les conoce como significantes y a ellas da significado la decisión tomada por la carta 22. El significante mantiene una alianza con el espíritu, según la cual éste se manifiesta en ciertos casos por medio del pensamiento y de la acción del aprendiz.

LA CABALA y sus sefiras.

El árbol de la vida es uno de los símbolos cabalísticos más importantes del judaísmo. Está compuesto por 10 esferas (sefirot) y 22 senderos, cada uno de los cuales representa un estado (sefirá) que acerca a la comprensión de Dios y a la manera en que él creó el mundo, allí surgen la diversidad de nombres dados a Dios. El trabajo de las tres primeras sefirás  corresponde al impulso del alma, el del segundo grupo de sefirás corresponde al impulso de la mente-deseo, emanado conscientemente de la chispa cerebral del ser humano. La tarea de los tres últimos se termina cuando la forma mental, ya revestida de materia astral y mental, se hace objetiva en el plano físico. A través de ellos actúan los 9 archivadores del karma. Tres más completan el árbol de la vida que conocemos actualmente como ADN: la chispa divina.

Tenemos así doce capas que conforman el ADN: tres capas de base (Genoma, Torah, Merkaba), tres capas de divinidad humana (Aleph, Adonai, Yahvé), tres capas lemurianas (Elohim, Akasha y Shekinah) y tres capas divinas (Vayikra, Chochma y El Shadai). Cada centro regula el paso de cierto tipo de energía información y para ello hace uso de las compuertas y los canales. Un canal es un ducto a través del cual pasa corriente (agua o fuego). Cuando están de negro son carreteras, avenidas, cuando están en rojo son túneles.

LA UNIDAD DE CONCIENCIA: mente/cuerpo/espíritu.

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La conciencia se entiende como la facultad que nos hace estar conscientes de nuestra existencia y meditar sobre nuestros procesos de pensamiento. Parece haber una gran brecha entre el mundo “externo” y cada uno de nuestros mundos “internos” y no hay medida física para describir los sentimientos de una experiencia personal. Esto es debido al velo que fue colocado entre la mente consciente y la mente inconsciente. Los tres centros de conciencia son el ajna, el esplénico y el solar, que conservan las memorias de la mente, el cuerpo y el espíritu respectivamente. Inicialmente habían tres arquetipos: la matriz (de la mente, el cuerpo y el espíritu), el potenciador (de la mente, el cuerpo y el espíritu) y el catalizador (de la mente, del cuerpo y del espíritu), de manera que eran nueve arquetipos y numerosas sombras, entendidas como pensamientos incipientes de estructuras útiles, no completamente concebidas. El cuarto arquetipo fue la experiencia y el quinto el significante. La propia mente se convirtió en un actor en posesión del libre albedrío y, más específicamente, de la voluntad.

LA MENTE, la conciencia.

Las emociones, percepciones o actitudes, puntos de vista o creencias espirituales, se correlacionan con procesos específicos de la conciencia. La contemplación de un mapa de la conciencia puede, por ejemplo, transformar la comprensión personal de la causalidad. Al evolucionar la percepción misma con los niveles propios de la conciencia, se torna aparente que lo que el mundo llama el do-minio de las causas es de hecho el dominio de los efectos. Al tomar responsabilidad por las consecuencias de sus propias percepciones, el observador puede trascender el papel de víctima hacia la comprensión de que “nada ex-terno tiene poder sobre uno”. No son los eventos de la vida, sino la forma como uno reacciona ante ellos lo que determina si tales eventos tienen un efecto positivo o negativo en la vida de uno, si deben ser experimentados como una oportunidad o como estresantes.

El Espectro de la Conciencia es pues una codificación de virtudes en palabras específicas que se relacionan con cada una de las 64 claves genéticas. Aprenderás que cada una de las claves abarca este espectro y se divide en tres niveles o bandas de frecuencia conocidas como la Sombra, el don y el Poder.

EL CUERPO, la genética.

Actualmente la genética nos ha permitido comprender el origen de las mutaciones y la ingeniería nos ha llevado a comprender la clonación. Mientras que la ingeniería cognitiva nos permite realizar transformaciones, la ingeniería genética nos evidencia cómo se realizan las transmutaciones. Se da el nombre de mutación genética o molecular a los cambios que alteran la secuencia de nucleótidos del ADN. Estas mutaciones en la secuencia del ADN pueden llevar a la sustitución de aminoácidos en las proteínas resultantes.

EL ESPÍRITU, la memoria.

La experiencia es un flujo de eventos, la mayoría olvidados casi en cuanto ocurren. Sin embargo, hay que retenerlos en la mente el tiempo suficiente para obrar sobre ellos. Un recuerdo se forma cuando un esquema particular de actividad nerviosa que ha entrado en la memoria se repite, para ello, las neuronas han de relacionarse con el proceso de consolidación de memoria.

LA UNIDAD DEL SER: el auto, el yo y el sí mismo.

Todo trabajo mágico se basa en la evocación-invocación. La primera etapa es el llamado que se hace a la personalidad mágica, la segunda etapa es la evocación de la gran cruz de la vida, una extensión de la personalidad mágica que se convierte en creador. Son tres los llamados: primero conócete a ti mismo, segundo, conoce al Yo, tercero, conoce al UNO.

Los tres aspectos de la personalidad mágica son  poder, sabiduría y amor, no se trata de un ser de tres aspectos sino de una unidad, un ser de sexta densidad equivalente a lo que conocemos como Yo superior. Cada entidad es el Creador, que a medida que se vuelve más consciente toma la determinación de ejercer el servicio al ego o servir al prójimo. El buscador se convierte en aprendiz de mago cuando alcanza un equilibrio mínimo de sus centros energéticos. El aprendiz comienza entonces a realizar menos trabajo exterior, que guarda relación con la función vital y emprende el trabajo interior que guarda relación con el propósito: el ser.

EL AUTO, conócete a ti mismo.

Nuestro propósito superior no es otro que el de sanar la herida sagrada y regresar al punto perfecto de integridad, la maravillosa Quiescencia que existe desde antes del principio de los tiempos y que todavía está impresa dentro de nosotros. Esta frecuencia está definida por la Cruz de encarnación, la que a su vez determina las vidas horizontal y vertical del ser humano. Entre la función vital y la evolución hay un recorrido de desafío,  entre la evolución y el resplandor hay una línea que pasa por el cociente espiritual en un recorrido de avance y progreso, mientras que en el eje vertical hay oposición y dualidad: la función vital es una dualidad entre los poderes y los dones, en el propósito hay polaridad entre la sombra y los dones.

La secuencia de activación nos permite corregir de alguna manera la distorsión de libre albedrío con la que nacemos.

EL EGO, conoce el yo.

La Secuencia de atracción nos ofrece un sendero seguro y amable para llegar al núcleo de la Herida Sagrada, un camino que podemos abordar en diferentes etapas. Se trata de un viaje de amor hacia las razones por las que no sentimos continuamente el amor. En nuestro primer ciclo de siete años la Herida Sagrada se manifiesta como un reflejo físico de contracción. En el segundo ciclo de siete años, desde los 7 a los 14, se manifiesta como un mecanismo de defensa emocional-estratégico  y en el tercer ciclo de 7 años la herida se manifiesta como una creencia mental, particular, de nuestra propia falta de merecimiento. Los momentos internos del darse cuenta son los saltos de consciencia conocidos como Dharma, Karma, Inteligencia, Comprensión y Amor. Cada uno de estos senderos contiene retos emocionales concretos que, una vez aceptados, sacan a la luz la expresión natural de nuestra esencia nuclear.

De manera que la secuencia de atracción, nos permite corregir en algo la distorsión del amor.

EL SER, conoce al UNO.

Una vez que nuestro corazón comienza a abrirse empezamos también a ser testigos del florecimiento orgánico de nuestra prosperidad. Los temas del propósito, el amor y la prosperidad fluyen naturalmente unos desde los otros como una secuencia: Camino Iluminado de Integración.  La Perla hace parte de esta secuencia muy especial porque no ha emergido todavía por completo en el mundo en que vivimos.  La Perla se refiere al nacimiento de una inteligencia colectiva. Una vez que se hayan abierto nuestros corazones, el verdadero significado de la prosperidad en nuestras vidas cambiará por completo. En vez de tratarse de un logro personal, la prosperidad se observa como una necesidad de ponernos al servicio de algo más grande que nosotros mismos. Nuestros corazones sólo desean una cosa –utilizar nuestros dones superiores para ayudar a los otros. La Perla describe las manifestaciones de nuestra forma superior de prosperidad. También indica cómo atraeremos a los aliados adecuados para manifestar nuestro propósito superior en nuestra comunidad. Esto ocurrirá a través de las sincronicidades. Toda la apertura de nuestro corazón también nos llevará al despliegue de una nueva forma de inteligencia que todavía está en fase evolutiva en nuestro planeta. Los tres recorridos finales, Iniciativa, Crecimiento y Servicio favorecen un salto cuántico dentro de nuestro ser.

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