Las amistades y El Amigo, por Fran Soto

Fran Soto
Fran Soto

En los procesos de ascensión e iluminación a menudo se habla de la necesidad de aprender a estar solos y de valorar la soledad como mecanismo para conocerse mejor a uno mismo.

Una vez que el ser humano inicia su camino de ascensión, comienza a percibir que es de su interior de donde va a aprender y va a trasladar a su plano inmediato todo aquello que necesita para continuar con éxito su proceso de automejora.

En la ascensión a veces se atraviesan etapas oscuras que requieren de la soledad para reajustarse de acuerdo con nuestra mejor versión.

Percibe a través de su intuición que ha de escuchar más a su corazón, para posteriormente ejercitar sus capacidades mentales en un mecanismo de síntesis que le permitan consolidar niveles más altos de vibración acordes con su íntima aspiración de constituir un ser íntegro que luzca plenamente a imagen y semejanza de su Creador.

Por ello, hay muchas fases en el camino ascendente que requieren un examen minucioso de nuestros procesos mentales y la constatación de la influencia externa provocada por opiniones, costumbres y maneras de actuar de otras personas, ya sea en los entornos familiares, en círculos de amistades o en las compañías laborales.

El estudiante espiritual halla en el Cristo a su verdadero y único Amigo, con el que podrá relacionarse mejor con la humanidad.

A medida que aumenta la vibración y se establece un estándar de verdad personal superior y más cercano al Yo Original, la persona notará que antiguas amistades, compañías, familiares o conversaciones comienzan a no encajar en su nuevo modelo de vida. Ello conlleva a menudo la distanciación respecto a estas personas.

Mucha gente que anteriormente podía satisfacer la necesidad social del individuo comienza a verse como patrones obsoletos respecto a nuestra nueva vida.

Por ello, en la medida que el estudiante espiritual avanza, apreciará más la soledad y el silencio, pues conocerá al que será su amigo íntimo por el resto de la eternidad: a Dios, al Señor, a través de Cristo, que es el alma, su hijo. En definitiva, conocerá su Yo Soy y se completará en su propio autoconocimiento de sí mismo.

Recibirá las enseñanzas a través suyo, llorará con él, se alegrará con él, gozará con él.

A partir de ese momento, y habiendo vuelto a casa, asimilará que toda persona pasó en su vida por algo y fue una pieza necesaria en su aprendizaje y evolución. Apreciará las enseñanzas a través de experiencias positivas y negativas que le ha proporcionado cada persona y sabrá de la importancia de soltar relaciones de amistad o de compromiso y centrarse en su nueva vida espiritual.

Los estudiantes espirituales al principio podrían sentirse incómodos en muchas conversaciones de las que antes colmaban sus días, por ejemplo, por considerar los temas de conversación insustanciales, vulgares y repetitivos. Ello se debe a que muchas de las conversaciones terrenales están sustanciadas en algoritmos impregnados en la conciencia colectiva cuyo contenido no se refresca con la innovación derivada de un pensamiento nuevo proveniente de las altas esferas. Por ello el estudiante espiritual preferirá callar antes que disminuir su nivel vibratorio rebajándose a intervenir en dichas conversaciones.

Hemos de saber establecer nuestro círculo de protección Yo Soy para mantenernos alineados respecto a las opiniones de más baja vibración.

Además recordemos que cuanto más avanzado el estudiante, más acelerada tiene la transmutación kármica y más prudente ha de ser con todo lo que emana de sus cuerdas vocales, puesto que algo mal dicho que otras personas pueden pagar a plazos en una vida anodina no espiritual, ellos lo pueden compensar de golpe con una experiencia negativa que haga aprender de una vez un nuevo esquema mental para ciertos conceptos, discusiones o conceptos de la vida o de las relaciones.

Más allá de estas fases en las que la persona parece no encajar con sus antiguas amistades, el estudiante aprende que sólo tiene un amigo: el Cristo.

Alcanzada la iluminación, asume la unidad del Todo, asume que todos somos Uno, y su relación para con Dios encarnado es distinta a la que anteriormente ostentaba con las personas en un mundo de dualidad.

Eso le permite mantenerse siempre amable con todo el mundo, pero al mismo tiempo, su correcto pensamiento con el apoyo eterno e infinito de Su Amigo, le facilita relacionarse más estrechamente sólo con personas que en un momento determinado puedan responder a la vibración que se está emitiendo al Universo, así como alejarse de todas aquellas cuyo nivel de vibración es excesivamente inferior y por tanto emiten más caos que armonía.

Por tanto, la ascensión y posterior iluminación no implican un aislamiento definitivo respecto al resto de la humanidad. La persona que atraviesa esas fases luego podrá establecer comunicación y relación con otras personas de una manera más avanzada, donde desaparece el rencor enfermizo y los prejuicios. La palabra amistad se verá sustituida por fraternidad universal, su único Amigo será el Señor, y en muchos casos, gozará de la materialización de esta amistad superior y única a través del sagrado sacramento del Matrimonio.

AUTOR: Fran Soto, redactor en la gran familia de hermandadblanca.org

3 comentarios

  1. Estimado Salvador,
    no veo contradicción entre lo que afirmas y lo que explico. Mi texto está centrado en ciertos procesos técnicos de algunos senderos ascendentes, en concreto de la ascensión por la mente. En el caso de la ascensión por la vía del corazón las experiencias personales pueden variar.
    Un afectuoso saludo.

  2. Aparte de un cierto tufillo catolicista, me parece aberrante decirle a nadie que tu único amigo es Cristo. Y te aseguro además, que desde el estado de conciencia iluminada, llamese Nirvana o Conocimiento Silencioso, el ser ha abolido toda discriminación hacia sus semejantes y todo prejuicio. La empatía y la hermandad con el prójimo, es el estado natural del que se ha iluminado. Y por su propia y poderosa presencia silente de ser, no solo acepta a todo el mundo tal como es o como se muestra, sino que además, saca lo mejor de los demás, que abren sus corazones y derriban sus propias barreras mentales autocondicionadas por la educación represiva recibida, por la moral social, y ahora por el nuevo modelo de pensamiento establecido por lo políticamente correcto, que nos hace seguir la corriente generalizada de lo que damos por aceptable, ante el juez del ojo social que nos mira y en el que nos reflejamos para no sacar los pies del tiesto y que se nos señale como distintos y raros. Sin embargo, la presencia del buda que ha roto todos los espejos sociales y todos los convencionalismos e identificaciones mentales hechas, en su humildad, desinterés total hacia el otro, y sinceridad absoluta, hace que cualquiera que se acerque a él, baje todas las guardias artificiales que nos ponemos, para defender nuestro herido y machacado niño interior, y nuestra tremenda vulnerabilidad ante la maldad ajena.
    El amor incondicional y la libertad total del ser iluminado, eleva a las personas que se acercan a él.
    Por favor Fran, piensa bien todo lo que dices y no crees más confusión y prejuicios de los que ya tenemos. Con todos mis respetos hacia tu persona, un fuerte abrazo para ti. Y por igual a todos los demás.

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