Siete malos hábitos que te alejaran de la felicidad 

Kikio
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La contraparte de los buenos hábitos son los malos hábitos

Bienvenidos sean a otra entrada de reflexión y análisis espiritual, queridos compañeros de la gran Hermandad Blanca. Recientemente, aprendimos un poco sobre siete buenos hábitos que pueden acercarnos con rapidez a la felicidad, y en esta ocasión haremos lo contrario, ya que nos enfocarnos precisamente en los malos hábitos que más nos alejan de ella. 

Es ingenuo pensar que tanto la plenitud como la felicidad son circunstancias azarosas de la vida.

La realidad es que el principal timón de nuestro barco lo controlamos nosotros, y es ese que está formado por nuestras actitudes, y es a partir de dichas actitudes que comienzan a formarse los buenos o los malos hábitos. 

Los buenos hábitos son difíciles de desarrollar y fáciles de romper. Los malos hábitos, por el contrario, son fáciles de desarrollar y difíciles de romper. Del mismo modo, las consecuencias de ambos están en los polos opuestos, ya que los buenos hábitos no nos traen más que bienestar, y los malos hábitos sólo puede traernos malestar

El problema con los buenos hábitos es que no suelen traer recompensas inmediatas. Son pequeñas acciones pensadas para construir panoramas a largo plazo, y por eso requieren mucha constancia y mucha disciplina. La trampa de los malos hábitos es al revés. La gran mayoría implica una recompensa inmediata o evitar hacer algún es fuerzo, pero si no los cambiamos, pueden construir traer consecuencias muy difíciles de manejar a largo y mediano plazo.

Todos deberíamos trabajar activamente para erradicar nuestros malos hábitos y sustituirlos por alguno que a largo plazo nos haga personas más felices. Aquí vamos a analizar algunos de los malos hábitos que pueden no parecer muy nocivos, pero que a largo plazo sin duda alguna lo son. 

Despertar tarde

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¡No dejes que las cobijas te atrapen!

A todos nos encanta quedarnos cinco minutos más en la comodidad, suavidad y calidez de nuestras cobijas. Dormir no sólo es una actividad placentera, también es vital para que el cuerpo pueda descansar correctamente. 

Sin embargo, la mañana tiende a ser el momento más productivo del día, por lo cual lo ideal es aprovecharla lo más que se pueda. Levantarnos tarde implica no sólo llegar tarde a todos lados, también comenzar el día con la sensación de que no estamos haciendo todo lo que podríamos hacer.

Despertar tarde suele ser consecuencia de dormir demasiado avanzada la noche o de no tener mucha motivación para levantarnos, y ambas son un problema que es difícil corregir. Si te cuesta levantarte temprano porque siempre te duermes tarde, intenta modificarlo poco a poco, yéndote a la cama cinco minutos antes y levantándote también cinco minutos antes. Agrega otros cinco minutos cada tres días hasta que normalices tus horarios de sueño. Recuerda que un adulto debe dormir al menos 8 horas diarias.

Si el problema es la motivación, entonces necesitamos hacer un análisis un poco más profundo de por qué no nos sentimos con la energía o las ganas de levantarnos temprano para seguir persiguiendo nuestras metas. En cualquier caso, las personas que se levantan temprano y aprovechan el día tienden a estar mucho más satisfechas consigo mismas y llenas de energía.

Procrastinar

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No dejes para mañana lo que puedes o tienes que hacer hoy

Procrastinar puede resumirse en “dejar para mañana lo que puedes hacer hoy”, y, en los peores casos, “dejar para mañana lo que tienes que hacer hoy”. La procrastinación no sólo nos lleva dejar posponer esa limpieza dental hasta que lo que nos lleve al dentista sea un dolor de muelas, o a dejar que la suciedad se acumule en nuestra casa hasta que parezca un campo de batalla, sino que también puede presentarse en las pequeñas cosas y hacernos perder un montón de tiempo sin que nos demos cuenta.

Hoy en día, las redes sociales hacen que las personas pierdan mucho tiempo en actividades sin ningún tipo de beneficio. Si eres de las personas que necesitan terminar de revisar sus redes sociales o de ver un video chistoso antes de poderse poner a trabajar en lo importante, entonces tienes un mal hábito que seguramente se extiende a varios aspectos de tu vida.

Cinco minutos más” o “en cinco minutos lo hago” son las frases favoritas de las personas que procrastinan. Si pudiéramos juntar todos esos “cinco minutos”, nos daríamos cuenta de que hemos perdido mucho más que un momento por nuestra negligencia, y que todo ese tiempo bien invertido ya nos habría traído grandes beneficios.

 

Mirar televisión

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Mejor ¡apaga la tele!

Pocas cosas parecen tan inocentes, pero son tan nocivas como mirar mucha televisión. Y es que en realidad nada bueno puede salir de una programación que hoy en día sólo está pensada para vender publicidad y para mantener al público enajenado.

No podemos negar que hay sus honrosas excepciones, pero si miramos el panorama general, la gran mayoría de los programas, desde las novelas, los noticieros y las caricaturas para los niños, no aportan absolutamente nada de cultura ni de valores al televidente, todo lo contrario.

Hay algunos canales que se especializan en temas de interés, como la historia o la cocina, y que pueden ser fuente de aprendizaje y de sano entretenimiento para quienes están interesados en esos temas, pero cuando se trata de televisión abierta, lo que vemos es contenido de pésima calidad, y cuando se trata de televisión por cable, algunos contenidos son buenos, pero el costo beneficio de los que pagamos por algunos buenos programas no es nada óptimo.

Afortunadamente, nosotros tenemos una ventaja que no tenían nuestros abuelos ni nuestros padres, y es el internet y las suscripciones a plataformas de contenido libres de publicidad y con grandes opciones para que el tiempo que pasamos frente a una pantalla, que debe ser el menos, al menos no sea con contenido que alguien más impuso con su programación arbitraria.

Además, apagando la televisión nos ahorramos todos esos molestos y estruendosos comerciales engañosos, y se los ahorramos a nuestra familia. No es como que nunca podamos ver algo de televisión, pero más de dos horas diarias ya es un franco mal hábito. Lo mismo sucede con los videojuegos, por cierto.  

Gastar irreflexivamente

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Si no lo necesitas ¡no lo compres!

Gastar en cosas que no necesitamos no solamente es un mal hábito, también es la mejor forma de darle poder ilimitado al sistema capitalista, y eso nos afecta a todos como seres humanos. Quizá pienses que gastar de más solamente te va a dejar corto a fin de mes, pero en realidad tiene muchas consecuencias que van más allá.

En primer lugar, gastar en cosas innecesarias nos da una falsa sensación de estatus que divide a las personas entre quienes pueden pagarlas y las que no. En segundo lugar, fomenta que recursos valiosos se desperdicien para producir productos desechables que no elevan la calidad de vida de quienes los adquieren (y en algunos casos hasta la comprometen), y en tercer lugar, los gastos irreflexivos, por pequeños que sean, impactan en la capacidad de ahorro de las personas y en su posibilidad de crear un patrimonio como una propiedad, un terreno o un negocio propio.

Gastar porque sí es un hábito pésimo y también se puede convertir en una adicción. Desgraciadamente, el mundo parece estar diseñado para convencernos de que necesitamos adquirir cada vez más y más productos y servicios.

 

Comer compulsivamente

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De verdad ¿tienes hambre?

La comida es uno de los mejores placeres de la vida. Un buen plato puede nutrir nuestro cuerpo, pero también nuestros corazones. El problema viene cuando comenzamos a usar la comida para sentirnos menos ansiosos. Comer compulsivamente es un mal hábito que viene de una relación enfermiza entre la alimentación y el bienestar emocional, pues en este caso no sólo el cuerpo solicita nutrientes, también el alma parece estar pidiendo una dosis de placer, una distracción o simplemente un intento por llenar algún vacío espiritual.

Podemos llenar a nuestro cuerpo con comida, pero no a nuestra alma, o al menos, los refuerzos que obtendremos con ella serán muy breves. Por eso las personas que comen compulsivamente siguen haciéndolo aún cuando no tienen hambre.

Las consecuencias de comer compulsivamente son muchas y son de las más graves. Nuestro metabolismo completo se puede arruinar después de un par de años comiendo demasiados dulces y comida chatarra, pueden aparecer enfermedades graves y además la calidad de vida en general disminuye bastante, pues perdemos confianza y movilidad.

La mejor forma de quitarnos el mal hábito de comer de forma compulsiva es averiguando de dónde viene la ansiedad o el vacío que nos lleva a hacerlo y tratar atacarlos de raíz.

 

Criticar 

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No mires la paja en el ojo ajeno

Aunque no lo creas, criticar también es un mal hábito. En primer lugar, si nos ponemos a pensarlo, nos daremos cuenta de que la gran mayoría de las críticas que hacemos o carecen de fundamento, o corresponden a una interpretación subjetiva de las cosas. Por ejemplo, criticar la forma de vestir de alguien más. En realidad, no puede existir una forma “correcta” de vestir. A lo mucho, alguien puede hacerlo de una manera que no nos gusta, pero ¿es ese motivo suficiente para criticarlo?

Cuando invertimos tiempo y energía criticando cosas que hacen los demás y que realmente no nos afectan, podemos estar seguros de que, en realidad, a nivel inconsciente, lo que estamos tratando de hacer es demostrar que somos mejores, y esa necesidad de “demostrar” suele venir de algún profundo problema de autoestima.

El problema cuando nos dedicamos a criticar, además de que nos volvemos personas poco gratas, es que terminamos por creer que todo el mundo está mal, menos nosotros. Eso significa que no estaremos abiertos a otras opiniones y posibilidades, y, por lo tanto, dejaremos de aprender y de crecer, pero, sobre todo, perderemos una dimensión muy importante de nuestro ser: la tolerancia.

 

Culpar

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¿Siempre es culpa de alguien más?

Por último, un mal hábito que puede hacernos mucho daño a nosotros mismos y a quienes nos rodean es el de culpar a los demás en lugar de asumir nuestras responsabilidades, y es un defecto que se puede expresar de muchas maneras, desde culpar a un compañero de trabajo por un error que quizá cometimos nosotros, hasta seguir culpando a nuestros padres por no darnos lo que queríamos en la infancia.

Culpar también es malo cuando, aunque sea justificado, ya no sirve para nada, y esto sucede con mucha frecuencia con personas que no dejan de lamentarse por eventos del pasado, y en lugar de salir adelante, se estancan el papel de víctimas, aunque podrían dejar de serlo si se decidieran. Culpar es un hábito que nos quita la responsabilidad sobre nosotros mismos y se la da a alguien más. Logrando que en algún punto realmente nos convenzamos a nosotros mismos de que no hacemos nada mal, y de que nuestro destino está en manos de otras personas.

Para dejar de culpar, primero tenemos que aprender a ser objetivos sobre nuestra responsabilidad para con los demás y para con nosotros mismo. Si, por ejemplo, algo en el trabajo salió mal por que un compañero bajo nuestra supervisión cometió un error, no sólo podemos culparlo a él, también tenemos que aceptar nuestra parte de la responsabilidad en el problema, de otra forma no aprendemos de nuestros errores y no podemos mejorar en el futuro.

Por otra parte, quizá sentimos que no tuvimos la mejor educación cuando niños, pero culpar de eso a nuestros padres de ningún modo va a lograr que superemos ese problema. Algunas veces los demás no actúan como quisiéramos, pero si tenemos la oportunidad de comenzar a luchar por nosotros mismos en lugar de quedarnos culpando a los demás, es algo que debemos aprovechar.

 

Estos son siete de los muchos hábitos que nos mantienen insatisfechos y que nos impiden alcanzar nuestras metas y sentirnos felices y saludables. Todos los malos hábitos pueden eliminarse con disciplina y con buena disposición al autoanálisis, pero también es importante que intentemos sustituir activamente esos malos hábitos por buenos hábitos que nos hagan mejores seres humanos.

 

AUTOR: Kikio, redactora en la gran familia de hermandadblanca.org

 

PARA SABER MÁS:

Los 8 hábitos de la gente feliz

Siete hábitos que te llevarán a la felicidad

 

4 comentarios

  1. muy acertado el articulo, pequeña observación, en español no existe la palabra procastinar, es un anglicismo necesario ya que la palabra es POSTERGAR, y la gente que ha postergado estudiar ingles se va a topar con algo que no entiende y se pierde el mensaje, gracias por su colaboración los felicito, saludos

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