Soledad y vejez, el último desafío

Maite Ayala
Maite Ayala

Es un hecho que en la actualidad el envejecimiento de la población ha aumentado. Es poco común que esto se vea como un logro, pero así es. Nunca antes en la historia de la civilización humana el individuo había vivido tanto. Pero tampoco se había sentido tan solo. La vejez avanza junto a la soledad. Claro que todo depende de cómo se envejece.

Entre los avances médicos y la baja tasa de natalidad a nivel mundial, hay una población actual de poco más de 900 millones de personas que tienen 60 años o más, y la proyección para el 2050 es que subirá a por lo menos 1.400 millones.

Todos nos acercamos a la vejez, es importante acompañarnos. Imagen de Pixabay

La esperanza de vida ha subido. Existe un índice global de envejecimiento que mide valores en distintos países, y establece los mejores y los peores lugares en donde convertirse en anciano es algo que alegra o que aterra.

El problema, a mi juicio, es que ese aumento de vida, ese tiempo que se ha ganado a la muerte o a la enfermedad, la gente sigue sin saber con qué llenarlo. Y cuando llega la vejez se encuentra con que su vida carece de sentido, está solo y lo que quiere es morirse.

Soledad y vejez, ¿están relacionadas?

Sin duda, hay que cambiar la percepción social hacia los adultos mayores. Vivimos en una sociedad global donde lo único que parece importar es el aporte económico que se haga, la cantidad de dinero acumulado a lo largo de la vida o la productividad. Tal vez por eso en muchos (demasiados) países, cuando llega la edad de la jubilación, empieza el momento en que la gente deja de verse y los ancianos se vuelven invisibles.

En muchos casos se vuelven una molestia, una responsabilidad que nadie quiere asumir. Además, el tema económico adquiere una gran relevancia porque las pensiones por lo general no cubren los gastos completos que tiene una persona anciana, y si no tiene hijos que puedan echar una mano, esta persona se encuentra sola y vulnerable. Y en el mejor de los casos acudirá a una institución estatal (si las hay).

Esta sociedad avocada a la juventud piensa que una persona al cumplir 60 años ya no puede razonar ni aportar, y la va apartando de su núcleo, de su “zona productiva”, y la relega a ese limbo “de la tercera edad” en la que debe acostumbrarse a vivir. Como un dato curioso, en Japón el 81% de las empresas obliga a sus trabajadores a jubilarse a los 60 años, aunque los empleados den muestras de su lucidez mental y sus ganas de trabajar.

Una consecuencia es que en el país asiático, el índice de delincuencia ha subido un 450% en 10 años porque es la mejor manera que han encontrado los ancianos de estar acompañados y cuidados, y al menos tener las tres comidas diarias. Los delitos son robos en tiendas, y reinciden. A ellos tampoco les alcanza la pensión.

Si esto sucede en un país desarrollado como Japón, ¿qué pasará en los países que no cuentan con una cultura hacia la gente mayor o con ayudas para los ancianos? Da mucho miedo pensar en eso, pero hay que hacerlo, pues si no nos morimos en una guerra nuclear o por el calentamiento global, llegaremos todos a una edad avanzada.

Cuando la sociedad hace sentir a sus ciudadanos mayores “ancianos”, de alguna manera las personas empiezan a sentirse inútiles, una carga, y comienzan un proceso de deterioro tanto cognitivo como emocional que inevitablemente conduce a la depresión. Se sienten solas y sin propósito y no pueden salir de allí sin ayuda.

Algunas formas de integrar a las personas mayores al sistema productivo

En Suecia, por ejemplo, según el índice de envejecimiento global, los ancianos viven muy bien. Hay programas de inserción laboral y capacitación para aquellos que cumplen más de 65 años, si es que no pueden seguir trabajando en su misma área.

Una de las formas en que el país nórdico ha abordado el tema del trabajo en mujeres mayores es darles un pago de 100 euros adicionales a su pensión al cuidar a sus nietos. Podría pensarse que es horrible eso de que nuestra madre cobre por cuidar de su nietita, pero ha resultado una iniciativa perfecta para todas las partes.

Por un lado, se emplea a una mujer jubilada que todavía es activa; por otro, se satisface la preocupación del mejor cuidado a los hijos de las parejas jóvenes, en la que ambos trabajan, y si es la suegra o la madre quien cuida, hay mucha más confianza y tranquilidad (diversos estudios han demostrado que una mujer con hijos trabaja mejor y es más productiva si sabe que sus hijos están bien cuidados).

Es decir, la solución que implementó el gobierno sueco fue de ganar/ganar. Pero también hay otras formas.

Ser voluntario

Si la persona mayor tiene autonomía de movimientos y capacidad intelectual, una forma maravillosa de sentirse útil y de aportar a la sociedad es precisamente ayudar a otros. Hay labores que no requieren de fuerza física, como colaborar en centros de enseñanza, en parroquias, en comedores sociales o incluso ser acompañante de personas mucho mayores.

Entrenadores para el trabajo que solían hacer

Es una buena manera de que las empresas sigan empleando a quienes se jubilan y de que los aprendices aprendan correctamente, pues alguien estará el 100% del tiempo pendiente de su progreso. Los antiguos gerentes y personal medio pueden ser contratados como consultores después de jubilarse.

Ventas o atención al cliente

También es una manera de que los adultos mayores sigan activos y de involucrarlos en el sistema productivo. Claro que hay que tener en cuenta horarios más flexibles y trabajos que no requieran estar todo el tiempo de pie.

Pero podría ser una solución laboral para pequeñas y medianas empresas que necesiten de auxiliares o asistentes a tiempos parciales y no puedan enfrentar la contratación de más profesionales. Es un cambio de paradigma mental que requiere un esfuerzo conjunto –iniciativas gubernamentales y privadas– por integrar a un segmento de la población que crece cada año.

Las personas mayores no son tontas ni lentas. Cuando a alguien se le da la oportunidad de demostrar su valía, por lo general lo hace.

Consejos para no sentirse ancianos

Lo primero, descubrir el propósito de su vida. Sí, es difícil, muchos aún no saben para qué han nacido, o ni siquiera pueden decir si tienen algún sueño. Pero es importante y esencial que todos tengamos una razón para vivir. ¿De qué sirve tener más tiempo de vida si no sabemos qué hacer con él?

Sobre todo las personas que han perdido un ser querido; al morir la pareja muere también una parte importante de la propia vida, y es en esos momentos que resulta imprescindible saber por qué y para qué seguir vivos. Sentirse solos puede ser la realidad no buscada y temida, y la pendiente hacia ese sentimiento de minusvalía que empeora todo.

Dedicarse al aprendizaje de algo, estudiar, promueve el interés por lo que nos rodea. Por ello, es recomendable que se apunten a cursos para personas mayores, que los hay en muchas ciudades (en Barcelona y Madrid, por ejemplo, hay iniciativas muy interesantes al respecto, igual que en Buenos Aires. Es cuestión de averiguar con cuidado las mejores opciones), y tendrán estimulación cognitiva que los ayudará a mantener su cerebro joven.

Eso también es una buena ocasión para establecer relaciones de amistad y motivos para salir de casa. Está demostrada la relación que hay entre los amigos y la felicidad, o al menos, el bienestar emocional. Mantener y cultivar las amistades refuerzan el sentimiento de pertenencia y la salud mental.

Las relaciones sociales son importantísimas en la vejez. Imagen de Pixabay

En Holanda, pero también en otros países europeos, la convivencia intergeneracional está tomando vuelo; hay iniciativas en que los ancianos alquilan habitaciones en sus pisos a estudiantes universitarios por un monto mucho menor que el mercado.

A cambio, cuidan a los ancianos, les enseñan cosas nuevas (generalmente relacionadas con el mundo digital o el arte callejero) y ambas generaciones aprenden y se benefician una de la otra: los mayores mantienen el contacto social y reciben dinero por el alquiler, y los menores se sensibilizan y entienden la importancia de la integración de los ancianos, además de pagar menos.

Hacer ejercicios, por otro lado, ayuda al cuerpo a enfrentar de mejor modo el deterioro de la edad, y mantenerse ágiles aleja el instante en que se necesitará ayuda hasta para caminar. Tai chi, yoga, natación, caminar por un parque, todo es válido. Mantenerse activos es primordial.

Leer y seguir preparándose, mantenerse actualizado, es una manera de interactuar con el mundo y de sentirse útil. Es mentira que el loro viejo no aprende a hablar: la persona que decide ser vieja no aprenderá nada más, pero quien decide seguir adelante, a pesar de la edad, tiene posibilidades.

Otra forma es asociarse a algún club de jubilados, y compartir intereses y tiempo con personas similares.

Sin duda, el entorno es importante. Que se sientan queridos, necesitados y útiles. Que se sientan acompañados y comprendidos, para que de verdad puedan vencer el último desafío. Esa sociedad sí vale la pena.

Autora: Maite Ayala, redactora en hermandadblanca.org

Fuentes:  https://www.who.int/ageing/about/facts/es/, https://muysaludable.sanitas.es/salud/envejecimiento/vivir-solo-la-vejez/, http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1134-928X2009000400003

1 comentario

  1. que extraño un analisis asi en esta comunidad, cuando sabemos que la expectativa de vida es irreal, hablar de un logro. Gracias igual.

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