Viajar ligero para que tu vida se convierta en un paseo

Rafael Bueno
Rafael Bueno

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Viajar ligero puede que sea un consejo útil para quienes desean tener gran movilidad, avanzar rápido o viajar cómodos…

Nuestras vidas son comparables con un viaje por carretera que hacemos en un auto. Un viaje que hacemos sin conocer nuestro destino, y sin saber cuánto tiempo tenemos para hacerlo. Lo único que sabemos es que, una vez lo iniciemos, tendremos que ir decidiendo en cada parada cuál será nuestro próximo destino. 

En esta metáfora, el inicio del viaje es nuestro nacimiento. Al nacer, no sabemos lo que venimos a hacer aquí, ni tampoco cuánto tiempo tendremos para averiguarlo ni para lograrlo. El vehículo que usaremos para tal fin es nuestro cuerpo físico. Gracias a él tendremos movilidad en el viaje de la vida. Podremos movernos e interactuar con el entorno y con otras personas para así ir obteniendo pistas y descifrando claves que nos permitan avanzar, al tiempo que tratamos de determinar nuestra siguiente parada. 

En un viaje por carretera, al elegir el vehículo que usaremos, debemos verificar que este cuente con los parámetros de funcionamiento mínimos y escenciales para movilizarnos sin problemas. Por ejemplo, las luces deben estar operativas, las llantas en buen estado, el motor funcionando correctamente. Antes de iniciar el viaje debemos hacer todas las verificaciones de rigor que nos garanticen la operatividad del vehículo.

De la misma manera ocurre con nuestro vehículo físico: nuestro cuerpo. Al nacer, quienes atienden el parto nos hacen toda una serie de revisiones médicas para garantizar que nuestro cuerpo físico cuente con las condiciones operativas adecuadas para transitar por el mundo físico. Y cualquier problema que encuentren, los médicos harán lo posible para corregirlo.

Gracias a la tecnología actual, muchos vehículos cuentan con un GPS incorporado, el cual se puede programar para que nos indique la dirección que estamos buscando. Pero estos dispositivos no vienen pre-programados. Es decir, no tienen ninguna dirección en la memoria, por lo que el ocupante del vehículo es quien debe decidir y programar a dónde desea ir.

Pues, lo mismo ocurre con nuestros cuerpos físicos. Nuestras mentes funcionan como un GPS, que nos permite orientarnos en la vida. Para ello necesitamos establecer una dirección, la cual debemos programar, ya que al nacer la memoria viene vacía. Iniciamos nuestro recorrido sin memoria, sin recuerdos de lo que ocurrió antes de nacer. Por tanto, debemos establecer la dirección en la medida que avanzamos en nuestro recorrido por la vida

Y, por último, cuando vamos por la carretera podemos constatar que no somos el único vehículo en la vía. Hay más vehículos que se mueven en diferentes direcciones y a diferentes velocidades. 

Lo mismo ocurre en la vida. Hay otras personas, otros seres humanos, con vehículos físicos como el nuestro, que van por la vida a diferentes velocidades y en diferentes direcciones. Algunos coinciden con nuestra dirección y con nuestra velocidad aunque sea por breves períodos de tiempo, mientras que otros van en dirección opuesta, más rápido o más despacio que nosotros.

Cuando el viaje inicia…

Al emprender un viaje por carretera sin conocer el destino, puede que simplemente tomemos la primera vía que nos encontremos y nos dejemos llevar. Estamos relajados. Nuestro viaje apenas inicia y no tenemos ninguna prisa en llegar porque no hay a dónde llegar, ya que no conocemos el destino. Así que nos podemos recrear observando el paisaje mientras tratamos de fijar algunas referencias. Nos paramos a preguntar de vez en cuando en dónde estamos y qué se puede hacer por esos lares, todo sin preocupaciones ni estrés.

Cuando nacemos, somos seres indefensos y completamente dependientes. Como no traemos ninguna memoria de nosotros mismos no sabemos nada en relación con nuestra identidad ni sobre la naturaleza de nuestro viaje. Por tal razón nos tomamos la vida con calma. Nos dejamos llevar. Además, no nos podemos valer por nosotros mismos, por lo que necesitamos que otros se ocupen de nosotros mientras empezamos a entender el funcionamiento del entorno que nos rodea. 

Pero, con el pasar del tiempo, cuando viajamos por carretera podemos empezar a sentir la necesidad de fijar una dirección. De darle un propósito a nuestro viaje. Y, para ello, usamos toda la información que hayamos recolectado hasta ese momento. Puede que hayamos escuchado en alguna de las paradas que hicimos sobre algún lugar que sea de nuestro interés, así que entonces decidimos visitarlo. O puede que hayamos encontrado un lugar muy hermoso, en el cual decidimos quedarnos un tiempo.

Pues, algo similar ocurre en nuestra adolescencia. Empezamos a sentir la necesidad de encontrar un propósito. De establecer una dirección. Así que usamos la información que hayamos recolectado hasta ese momento para decidir hacia dónde nos vamos a dirigir. ¿Nos gustan los deportes? ¿Acaso disfrutamos del estudio? ¿Nos gusta relacionarnos con otras personas? ¿Preferimos la soledad? En el períodod de la adolescencia es cuando vamos a establecer una dirección inicial de lo que queremos hacer con nuestras vidas, aunque no sea la dirección definitiva.

Acumulando cargas

Asumiendo que decidimos tomar un camino que nunca hemos recorrido, entonces, desde que iniciamos nuestro viaje por carretera, todo cuanto observamos es nuevo para nosotros. Hacemos algunas paradas y vivimos algunas experiencias.

Supongamos que somos muy curiosos, así que no es de extrañar que por el camino encontremos objetos que no sabemos lo que son o cómo funcionan, y que queramos conservarlos para estudiarlos más adelante. Así que, aquellos objetos que no podemos entender los guardamos en nuestro auto, y seguimos nuestro camino.

De la misma forma ocurre con nuestros cuerpos. Cada experiencia que no podemos entender, la acumulamos como memorias que quedan enlazadas con una o varias emociones, para evocarla cuando así lo decidamos o cuando algún evento externo nos la recuerde. Y seguimos nuestro camino…

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Pero, ¿qué ocurriría si acumulamos muchos objetos o si los objetos son muy pesados en nuestro vehículo? Que con el pasar del tiempo nuestro vehículo se va a llenar de objetos, lo que lo hará más pesado y, por tanto, más lento y más difícil de maniobrar. También puede ocurrir que el conductor en algún momento no se sienta cómodo por la falta de espacio.

Así mismo ocurre con nuestros cuerpos físicos. Nuestros almacenes (cuerpo emocional y cuerpo mental) se van llenando de experiencias que no hemos logrado entender y que hemos colocado allí para entenderlas más adelante, lo que hace de nuestras mentes y emociones algo caóticas y difíciles de operar y controlar.

Cuando no sabes que llevas peso muerto…

Cada experiencia traumática por la que hemos atravesado y que no hemos superado se convierte en un peso muerto que llevamos a cuestas y que no nos permite avanzar. Nos hacen esclavos de nuestro pasado. Es una carga que hace que nuestro vehículo se tenga que esforzar más y que avance menos.

El recuerdo de un accidente en el que resultamos heridos; aquella vez en la que fuimos injustamente castigados; la memoria de una pelea en la que fuimos agredidos sin razón; o la vez en la que nos enamoramos y no fuimos correspondidos. Todas estas experiencias son ejemplos de memorias que acumulamos cuando no las hemos podido comprender en el momento en el cual ocurrieron.

Y tal como ocurre con un vehículo que viaja por carretera, que reduce su velocidad cuando el peso que lleva es más grande que el peso para el cual fue fabricado, lo mismo ocurre con nuestros vehículos físicos. Se van haciendo cada vez más lentos para el avance en la medida que vamos sumando experiencias sin entender en nuestras vidas.

Pero el tema es que no somos conscientes de que estamos acumulando «peso muerto«. Es como si en tu travesía en carro, en cada parada que has hecho, has recolectado objetos que has guardado en tu vehículo pero que luego has olvidado que los pusiste allí. Simplemente guardaste esos objetos y seguiste adelante, colocando más peso en tu vehículo. 

Lo mismo ocurre con tu vehículo físico. Si no te haces consciente de que cada experiencia en tu vida tiene para ti un entendimiento, y que si no lograste alcanzar ese entendimiento durante la experiencia, esta quedará grabada en tu subconsciente (en tu cuerpo mental y emocional) para que puedas descifrar el entendimiento que ocultan más adelante, acumulando así «peso muerto«.  Se convertirán en una carga que no sabes que llevas y que te obligarán a repetir las mismas circunstancias originales para que puedas hallar en ellas entendimiento.  

Para viajar ligero debes hacerte consciente de la carga que llevas

Lo primero que debemos hacer para poder viajar ligero es hacernos conscientes del peso que llevamos en nuestra travesía. Porque, para poder resolver algo, antes necesitamos prestar atención a ese algo. Pero, si no sabemos que existe, ¿cómo podríamos prestarle atención? Entonces, el primer paso para aligerar la carga de tu vida es hacerte consciente de tu carga

¿Cómo identificar si llevas una carga? Es relativamente sencillo. Pregúntate ¿cuán repetitiva es tu vida? ¿Se repiten las mismas circunstancias, aunque cambien los protagonistas, lugares y razones?

Cuando tu vida fluye, lo que quiere decir que estás en control de tu vida, que todo ocurre de acuerdo con tus deseos, es porque estás viajando ligero. Es decir, en la medida que vienes atravesando circunstancias en tu vida, estás entendiendo todo lo que necesitas entender de cada una de ellas, por lo que no es necesario que guardes ninguna de ellas para más tarde. Esto evita que tengas que repitas la misma circunstancia nuevamente. A eso me refiero con fluir. Tu vida fluye cuando te das el tiempo de entender todo lo que hay que entender de una circunstancia.

Declara tu intención de liberar tu carga y haz lo que corresponda

Todo en este universo se mueve a través de la intención. Tu intención determina la dirección en la cual canalizarás tu energía. Así que, si al hacerte consciente de tu carga pudiste detectar algunos patrones repetitivos en tu vida, ese sería un excelente punto de partida para que inices tu proceso de «liberación de carga«.  Basta simplemente con determinar cuál es la situación que deseas liberar, pero en esta oportunidad deberás seguir una ruta diferente. 

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Por ejemplo, si sientes miedo al agua debido a que una vez estuviste a punto de ahogarte por no saber nadar, entonces para liberar esa carga debes enfrentar tu miedo, lo que puedes hacer aprendiendo a nadar. Como es algo que está guardado en tu subconsciente, significa que más temprano que tarde deberás enfrentar una nueva experiencia en la que te va a hacer falta nadar. Es solo cuestión de tiempo…

Pero, si decides enfrentar tu miedo y aprendes a nadar por tu propia voluntad, te probarás a tí mismo que puedes hacerlo, lo que te generará confianza y liberará ese trauma de tu subconsciente. De eso se trata liberar el peso muerto.

Cuando tu carga es producto de experiencias que has vivido en tu vida actual, es relativamente sencillo identificarla. Es más difícil cuando traemos una carga de una vida anterior. Pero también se puede hacer, ya que sabes que vas a manifestar en tu realidad circunstancias similares a las que causaron tu trauma en esas vidas anteriores.

Cuando te veas envuelto en circunstancias en las que experimentes miedos irracionales sin causa aparente, es posible que traigas un trauma de una vida anterior. Y si ese es el caso, te toca enfrentar tus miedos para liberarte de ellos.

Viajar ligero hace que la vida sea un paseo…

Viajar ligero implica liberar toda carga emocional y mental acumulada en nuestros cuerpos. Significa enfrentar nuestros miedos y vencerlos. Se trata de hacernos cada vez más fuertes, más confiados en nuestras propias capacidades y más seguros de quiénes somos y de lo que somos capaces de alcanzar.

Cuando transitamos por la vida con poca carga emocional y mental, la vida se convierte en un paseo. Todo fluye de manera perfecta. Y no es que no tengamos que atravesar por circunstancias adversas, sino que tendremos la posibilidad de hacerlo con amor y en armonía divina, en lugar de con dolor y sufrimiento. Por supuesto, siempre que nos preguntemos ¿qué aprendizaje hay para mí en esta experiencia?

 

AUTOR: Rafael Bueno, redactor en la gran familia de hermandadblanca.org

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