Abrazar árboles, un poder sanador a nuestro alcance

Maite Ayala
Maite Ayala

El abrazo ha sido largamente estudiado en la psicología. Un abrazo puede curar, puede consolar y puede animar. Pero ¿abrazar árboles? Sí, y sus efectos terapéuticos también fueron validados por la ciencia. Es un dato a tener en cuenta por aquellos que minimizan los beneficios de prácticas consideradas meramente emocionales o místicas.

Qué es un abrazo

En rigor, abrazar es rodear a alguien con nuestros brazos, es ceñirlos alrededor de otro cuerpo para demostrar amor, ternura, deseo. Para confortar, para acompañar. No hacen falta palabras, el simple acto de abrazar es capaz de disolver la tristeza del alma o la rabia del espíritu.

Claro que no resuelve los problemas pero hace que nuestro cerebro libere endorfinas, además de otras hormonas como la serotonina, la dopamina o la oxitocina, y estas sustancias, consideradas las hormonas de la felicidad, generan en todo nuestro organismo una sensación similar a la de los opiáceos, pero sin efectos dañinos. Sí, así mismo: un abrazo es capaz de hacernos sentir así de bien.

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Un abrazo es el lenguaje del cuerpo, nos ayuda a calmarnos y a ver la vida con otros ojos. Abrazar árboles también. Imagen de StockSnap en Pixabay

Estas sustancias benéficas recorren el organismo a través de la sangre, llevando a cada rincón y célula de nuestro cuerpo placer, felicidad, bienestar. Todos queremos ser felices, aunque algunos no lo sepan. Y la felicidad puede estar al alcance de un abrazo.

Abrazar árboles

Un poco de historia

El término de abraza-árboles, o treehugger en inglés, alude a las luchas que una rama del hinduismo llevó adelante para proteger de la destrucción los árboles de su aldea. Fueron más de 350 personas que se abrazaron a los árboles para que los soldados no pudiesen talarlos y utilizarlos como materia prima en la construcción de un nuevo palacio. Sucedió en 1730.

Si parece excesivo, repasemos un poco esta historia tan interesante. La fe bishnoi es una parte de la religión de la India, el hinduismo, fundada en 29 principios, algunos de los cuales incluyen la protección y administración del medio ambiente y la prohibición expresa de dañar árboles y animales.

Esta corriente la fundó en 1485 el gurú Maharaj Jambaji en el Marwar (Jodhpur), una región desértica hacia el oeste de Rajastán, tras observar la incesante tala durante las épocas de sequía para alimentar a los animales; esta práctica era inútil, porque los animales igualmente morían y la sequía continuaba y se perpetuaba.

Pero es que Jambaji reconocía la importancia de los árboles en el ecosistema para mantener a los animales vivos y por eso prohibió cortar árboles verdes y matar aves y otros animales. Sentía una especial devoción por la naturaleza que lo llevó a guiar una fe de armonía con el medio ambiente.

 De hecho, los bishnois se conocen por cultivar una exuberante vegetación en medio del desierto árido, cuidar de los animales y recoger agua apta para el consumo humano. Pequeños oasis de equilibrio entre el depredador más feroz y el ambiente frágil.

Sin embargo, y aquí viene nuestra anécdota, 300 años después, el rey de Jodhpur para aquella época (en 1730), quiso construir un nuevo palacio, por lo que envió soldados a recoger madera en los bosques de la región cercana al pueblo de Khejarli, donde los bishnois habían logrado cultivar una zona con abundantes acacias, llamados por ellos khejri. Lógicamente, los bishnois protestaron cuando los soldados comenzaron a talar sus preciosos árboles, pero fueron ignorados por quienes recibían órdenes reales.

Entonces, una chica llamada Amrita Devi, decidida a proteger los árboles sagrados de su aldea, resolvió abrazarse a un árbol y animó a sus coterráneos a hacer lo mismo, bajo el lema de “una cabeza cortada es más barata que un árbol talado”.

Y así fue, tanto los bishnois de Khejri como de otras villas cercanas fueron abrazándose cada uno a un árbol para protegerlos de la tala. Los soldados no comprendían aquello, pero la orden real era inapelable: llevar materia prima para construir un nuevo palacio.

Los soldados les pidieron que se retiraran, pero los valientes bishnois se negaron: preferían morir antes que ver su bosque destruido. De un modo terrible, fueron decapitando a cada persona y cortando los árboles, hasta que llegaron a matar a 363 personas.

Mientras esto ocurría, iba un mensajero al rey para contarle aquella bárbara noticia. El rey, horrorizado, se dirigió a la aldea y se disculpó ante el pueblo, y ordenó a los soldados terminar con la matanza y la tala de inmediato.

Al poco tiempo, el rey designó aquella región como área protegida, retomando la prohibición de dañar a árboles y animales, legislación que aún hoy pervive.

Otras influencias

El sacrificio de los bishnois inspiró a un movimiento chipko ecologista, que crece cada día más, constituido esencialmente por pequeños artesanos y campesinos empobrecidos de la India, basado en el sarvodaya de Gandhi y en la resistencia sin violencia.

También inspiró a algunos movimientos ecologistas occidentales, y el término, al menos acá en esta parte del mundo, ha llegado a ser peyorativo: como burla a quienes defienden el medioambiente. Un abraza-árboles es visto como un tonto medio hippy, vegetariano (y ahora vegano) que habla de las conexiones con el universo.

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Abrazar árboles nos energiza, nuestra frecuencia vibratoria aumenta. Imagen de martinvickery en Pixabay

En el siglo pasado, numerosas investigaciones se llevaron a cabo en relación a las plantas, a sus reacciones bioquímicas ante situaciones peligrosas, y lo que quedó en claro es que sí las perciben y responden al peligro modificando su composición bioquímica y generando, por ejemplo, compuestos que contienen repelentes de insectos, como defensa.

Esto no nos debería sorprender, puesto que la naturaleza es un enorme y complejísimo ser vivo del que todos formamos parte. Y en esta dirección es que va el abrazar árboles.

Los beneficios de abrazar árboles

Son incontables los beneficios de estar en contacto con la naturaleza, desde físicos hasta emocionales y espirituales. Y ya hemos visto lo que un abrazo puede hacer en el cuerpo: que el cerebro segregue las hormonas de la felicidad y que las depresiones y las angustias bajen el tono.

Altera nuestra frecuencia vibratoria

Todo en el universo vibra y las vibraciones de cada objeto influyen en la de los demás. Nosotros también vibramos, y mientras más alta sea mejor nos sentiremos. Hay emociones asociadas a estas “alturas”, bajas o elevadas.

Por ejemplo, las emociones bajas son la ira, la tristeza, el dolor, la melancolía, la impaciencia, y otras similares. Las elevadas son la alegría, el entusiasmo, el amor, la gratitud, la compasión. Abrazar árboles altera nuestra frecuencia vibratoria permitiéndonos elevarla.

Estas propiedades vibratorias de árboles y plantas son benéficas para el ser humano.

Calma la depresión y estimula el sistema inmunitario

Está más que comprobado que estar en contacto con la naturaleza genera en el cuerpo una mejora psicológica y fisiológica; las ciudades que han decidido ser “más verdes” tienen tasas de estrés más bajas, además de contar con un aire más limpio.

Las personas que pasan su tiempo libre en un parque, rodeadas de naturaleza (aunque sea “domesticada”) son propensas a tener una salud más fuerte y a enfermarse menos. También presentan mejores hábitos de sueño porque el espacio físico verde se convierte en un factor determinante de una mejor salud mental y un manejo más adecuado de la depresión, en el caso de haberla.

Abrazar árboles durante al menos 20 segundos energiza el cuerpo y lo capacita para enfrentar con mayor fortaleza la vida cotidiana, tanto a nivel mental y físico como emocional.

Despierta la creatividad

Tanto niños como adultos muestran un comportamiento más creativo cuando están en contacto con zonas verdes, evidenciando también una mayor interrelación entre la naturaleza y el ser humano.

Los espacios abiertos dan la sensación de libertad y en muchas personas eso se traduce en salir de sí mismos para fijarse en su entorno. Se vuelven más receptivos y pueden llevar una vida menos dañina para sí y para el mundo en general.

Abrazar árboles es terapéutico, es agradable y es gratis. Y además empezamos a darnos cuenta de que formamos parte de algo más grande que nosotros. Abracémonos entre nosotros y abracemos a los árboles, que entre las raíces se empezarán a dar cambios que afectarán de una manera muy positiva al planeta.

 

Autora: Maite Ayala, redactora en hermandadblanca.org

Fuentes: https://nvdatabase.swarthmore.edu/content/bishnoi-villagers-sacrifice-lives-save-trees-1730, https://www.enfermeria21.com/revistas/metas/articulo/80987/influencia-de-los-espacios-verdes-urbanos-en-la-salud-mental/, https://ecoosfera.com/2016/01/descubre-los-asombrosos-e-insolitos-beneficios-de-abrazar-a-un-arbol-y-a-su-energia-revitalizadora/

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