Amuletos del mundo antiguo: Mesopotamia, Egipto y Mediterráneo grecorromano

Erica Couto
Erica Couto

Amuletos egipcios del Imperio Nuevo, Museo Británico (Londres).

Los amuletos son una realidad universal que se encuentran, bajo formas muy diversas, a lo largo y ancho de la geografía humana. El término amuleto deriva del latín amuletum, y designa cualquier objeto de pequeño tamaño al que, si portado sobre la persona, se le atribuye la capacidad de curar enfermedades, proteger al individuo de cualquier mal o favorecerlo a la hora de obtener distintos fines como el amor, la popularidad o las victorias legales, o incluso conseguir poderes de adivinación o de otro tipo. Acompáñanos en este viaje a través de las claves y secretos de los amuletos del mundo antiguo.

Yo os conjuro por el dios de Abraham, Isaac y Jacob, para que obedezcáis completamente mi autoridad, que cada uno de vosotros obedezca de modo perfecto, que estéis junto a mí y me concedáis vuestros favor, influencia, victoria y fuerza ante todos, hombres grandes y pequeños, gladiadores, soldados, civiles, mujeres, muchachas, muchachos, todo el mundo, rápido, rápido, por el poder de IAŌ, la fuerza de SABAŌTH, las vestiduras de ELOĒ, el poder de ADŌNAI y la corona de ADŌNAI (Papiro mágico griego XXXV 15-23).

Evidencias de amuletos en la Mesopotamia antigua

Entre los remedios para proteger o tratar males de diverso tipo que conocemos en la Mesopotamia antigua, los amuletos se utilizaban con relativa frecuencia. Servían para aplacar la ira de los divinidades, aliviar enfermedades y síntomas producidos por brujería, maldiciones o actos de transgresión, así como para proteger a la persona de los enemigos, contrarrestar las acciones demoníacas, los ataques de fantasmas y un largo etcétera de otros males.

Los amuletos podían adoptar formas muy distintas. En ocasiones se utilizaban piedras, conchas y metales con fines profilácticos y curativos, usados de forma individual. En otras, se combinaban entre sí y, enhebradas en hilos y cordones de distintos materiales y colores, eran llevadas alrededor del cuello o en otras partes del cuerpo. Si se quería proteger un lugar u objeto (por ejemplo, la carroza del rey), entonces se ataban varios de estos collares a lo largo de su estructura.

En el mundo mesopotámico también eran habituales las mêlū, filacterias que adoptaban la forma de bolsitas de cuero en cuyo interior se introducían piedras, plantas, pelo de animales y cualquier otra sustancia de poder. Una vez confeccionadas, las mêlū se portaban alrededor del cuello para mantener alejado al mal.

Otras dos modalidades de amuletos son particularmente abundantes en Mesopotamia. Por un lado, las figurillas y las cabezas de Pazuzu, rey de los demonios de apariencia animalesca y feroz que, soplando como un viento, dispersa plagas y enfermedades, y los agentes que las causan. Por otro, encontramos gran cantidad de placas y amuletos en piedra que representan a Lamaštu, hija de An, una divinidad ambigua y oscura especializada en enfermar niños, atacar a embarazadas y parturientas.

Amuleto en la forma de cabeza de Pazuzu, período neoasirio.

Amuletos del antiguo Egipto

Los primeros amuletos que se conocen procedentes de Egipto antiguo se remontan al 4000 a.C. Llevados como piezas de joyería o insertados entre las vendas que servían para momificar a los difuntos, estos talismanes protegían a sus portadores de influencias maléficas en la vida cotidiana, o los ayudaban a sortear los peligros en el viaje al Más Allá si ya habían fallecido.

Los materiales usados para elaborarlos podían ser preciosos, como gemas y metales nobles, o modestos y asequibles, como la fayenza. Los amuletos eran consagrados por especialistas, los llamados “hombres del amuleto”, quienes recitaban encantamientos para activar el poder del talismán.

El escarabeo, símbolo solar de renacimiento, se utilizaba por sus poderes de rejuvenecimiento de los vivos y también de los muertos. El ibis, animal que representa al dios del conocimiento y sabiduría Thoth, participaba en el juicio del alma, mientras las imágenes de Nephthys protegían a los muertos. Isis favorecía la fecundidad, la leonesa Bastet contrarrestaba las enfermedades con sus ataques feroces, mientras los amuletos en forma de pequeñas orejas servían para favorecer que los dioses escuchasen las peticiones de los devotos.

Molde para la fabricación de amuletos en la forma de Ojo de Horus, Museo Británico (Londres).  

El uso de amuletos en el mundo grecorromano antiguo

Del mundo grecolatino procede una vastísima cantidad de talismanes que ha servido para sostener nuestro conocimiento de la magia en el Mediterráneo antiguo. Estos amuletos podían fabricarse con lámina de metal (como el oro y la plata, en correspondencia con los dioses Helio y Selene), papiro, piedras semipreciosas y, en general, cualquier material que pudiese ser inscrito con facilidad, como pergamino, hojas de laurel y terracota.

Otras filacterias, sin embargo, recababan su poder protector de las propias cualidades materiales y, por tanto, podían estar desprovistas de texto. Dioscórides, por ejemplo, aconsejaba atar una piedra de jaspe en el muslo de las parturientas para ayudarlas en el parto; y Plinio, en su Historia Natural, aconsejaba, que para aplacar el dolor producido por la salida de la primera dentición, se les colgase a los bebés como amuleto los dientes de leche de los potrillos.

Además de los amuletos grecorromanos que han sobrevivido el paso del tiempo, y que hoy podemos estudiar en museos y colecciones, también se conocen algunos de los métodos de fabricación y consagración de amuletos gracias a los  papiros mágicos griegos. Estos papiros, datados entre los siglos I a.C. y V d.C. y procedentes en su mayoría de Egipto, nos han dejado instrucciones precisas sobre los modos para fabricar estos amuletos. He aquí algunos ejemplos.

Ejemplo de papiro mágico griego.

Amuletos sobre papiro

Los amuletos sobre papiro podían servir a muchos fines. Uno de sus principales usos era el terapéutico: encontramos ejemplos para tratar fiebres, cortar hemorragias, facilitar el parto o curar enfermedades oculares, entre muchas otras patologías.

Las palabras elegidas para ornar el papiro que pronto se convertiría en objeto de poder podían tomarse de los versos de Homero o de versos poéticos de la tradición, de mitos y textos religiosos, podían adoptar la forma de invocaciones a divinidades específicas con poder efectivo en el campo de acción solicitado o, simplemente, echar mano signos mágicos o charakteres. Las fuentes de las que el hacedor de amuletos podía obtener la palabra mágica y efectiva que se adaptaba a cada fin, por tanto, eran muchas, pudiendo beber de las tradiciones religiosas judía, egipcia, mesopotámica, etc.

Pero los amuletos en papiro también servían para disolver encantamientos maléficos, obtener poder en el campo político o, como sugiere este ejemplo, proteger al portador de cualquier cosa negativa que se cruzase en su camino:

Toma un papiro y escribe esto: Yo soy CHPHYRIS. Tengo que tener éxito. MICHAĒL RAPHAĒL ROUBĒL NARIĒL KATTIĒL ROUMBOUTHIĒL AZARIĒL IOĒL IOUĒL EZRIĒL SOURIĒL NARIĒL METMOURIĒL AZAĒL AZIĒL SAOUMIĒL ROUBOUTHIĒL RABIĒĒL RABIĒĒL RABCHLOU ENEZRA RABIĒĒLL. Ángeles, protegedme de cualquier mala situación que se cruce en mi camino (Papiro mágico griego XXXVI 170-177).

Amuletos en metal

El oro, la plata, el cobre, el hierro, el estaño o incluso el plomo se utilizaron en el mundo clásico para fabricar amuletos. Como en el caso de los amuletos sobre papiro, también los realizados sobre lámina metálica servían para obtener éxito, defenderse del mal de ojo y de los ataques demoníacos, y proteger a la persona o contrarrestar los efectos perniciosos de un gran número de enfermedades y síntomas, desde el prolapso del útero hasta el dolor muscular. Los textos, caracteres mágicos o dibujos requeridos para confeccionar el amuleto se inscribían sobre la lámina con un punzón o instrumento puntiagudo. Luego, la lámina era enrollada hasta formar un pequeño cilindro.

Gema mágica inscrita. Museo de Kelsey (Ann Arbor, Michigan).

Amuletos sobre gemas

A partir de las primeras décadas de la era común, y especialmente desde el siglo II en adelante, el uso de piedras semipreciosas para la fabricación de amuletos inscritos cobró una fuerza inusitada. Engarzadas en metal, las gemas mágicas se portaban como joyas que, además de embellecer a la persona, la protegían y dotaban de fuerza. Calcedonia, ónice, jaspe o cornalina, entre muchas otras, se utilizaron con gran profusión.

Las gemas contenían tanto una fórmula textual, a menudo de contenido indescifrable, como un elemento figurativo (el Anguípedo, Chnoubis, Pantheos, Harpócrates, etc). Para fabricar un amuleto que fuese efectivo, era necesario no solo realizar la inscripción de modo correcto, sino también se consagrar el objeto e imbuirlo de poder.

AUTORA: Érica, redactora de la gran familia de Hermandad Blanca.

FUENTES

– https://www.metmuseum.org/toah/hd/egam/hd_egam.htm

https://archaeologicalmuseum.jhu.edu/the-collection/object-stories/ancient-egyptian-amulets/

– Hanegraaff, W. J. (ed.) Dictionary of Gnosis and Western Esotericism. Leiden 2006.

– Betz, H. D. The Greek Magical Papyri in Translation, Including the Demotic Spells. Chicago 1986.

– A. Schuster-Brandis, Steine als Schutz- und Heilmittel. Untersuchung zu ihrer Verwendung in der Beschwörungskunst Mesopotamiens im 1. Jt. vor Chr. Alter Orient und Altes Testament 46. Münster 2008.

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