Cocrea relaciones: Honro al maestro que vive en ti.

Beatriz Cueto
Beatriz Cueto
Nuestro linaje materno. Las maestras que viven en nosotras.

Nuestro linaje materno. Las maestras que viven en nosotras.

Ella viene mañana a mi casa y no quiero. No nos llevamos mal, solo que me cansa, solo que me agota su necesidad incesante de tener que tener la atención completa y exclusiva de todas las personas que están a su alrededor.

Ella es una mujer bella, hermosa, inteligente, capaz…. pero todo, todo el mundo debe girar en torno a ella. Y cuando eso no sucede, entonces se enferma. Siempre de algo grave. Los demás se resfrían, a ella le da influenza. Los demás tienen dolores, ella termina cada semana en emergencia. Sí, es cierto que se enferma de verdad, eso no lo niego. Pero ella de lo único que habla siempre es de enfermedades y si le prestas demasiado atención a algo también lo estás creando. Claro que lo está creando, y no lo sabe, por tanto sufre de verdad… pero es agotadora.

Cuando llega, al principio es agradable. Ella ayuda mucho, especialmente en la cocina.   Ayuda porque en realidad no tolera que las cosas estén desorganizadas o sucias. Hace tiempo que eso me dejó de importar. Entendí que nuestros parámetros de desorganizado y sucio son muy diferentes, y ya no me siento juzgada cuando mira un mueble y sin darse cuenta comienza a pasar el trapo con cloro para sacar esa manchita.

El problema no es que sea desagradable, solo que… realmente no me acuerdo la última vez que se sentó a escucharme. Solo a escucharme. En realidad dudo que sepa en qué estoy, qué me pasa, si estoy contenta o triste. Claro que sabe los titulares porque diariamente hablamos y le digo mira tengo que hacer esto, y esto otro.   Me refiero a esa conversación, en que uno le puede decir cómo se siente, qué miedos tengo, qué sueños tengo. Una conversación de madre a hija. Que ella me  quiera contener. O al menos escuchar.

Me agota, y me pone mal, ando irritable, enojada, molesta. Y es que sí, la quiero, y es que sí la admiro en muchos aspectos, pero me agota porque necesito a mi madre  que me contenga, no importa si soy una mujer adulta. La he necesitado siempre y hoy siento que ella espera que yo la contenga, que yo la escuche y yo necesito a mi madre.

Todos debemos girar en torno a ella, de lo contrario resiente terriblemente sola y abandonada. Y sí, ella siempre se ha sentido abandonada…. y es exactamente los que yo he sentido con ella. Y yo me siento terriblemente abandonada.

Llegan los niños, les pregunto como les fue. Mi hija comienza a contar sus historias eternas de los líos con las demás niñas, y lo que dijo y lo que no dijo, lo que hace y lo que no hace y yo la dejé de escuchar hace rato. Veo como habla pero mi mente está en otra parte. Tengo tantas cosas que hacer, tanto de qué preocuparme, tanto en qué pensar y estoy tan agobiada por la vida y entonces me despierta de mi ensoñación la voz enojada de mi hija que me dice: ¿Mamá, me estás escuchando?

AUTOR: Beatriz Cueto, redactora de la gran familia de hermandadblanca.org
Puedes descubrir más de Beatriz en su web www.cocreandomimundo.cl

 

8 comentarios

  1. Yo tuve una madre que siempre me escucho, tanto, que a veces se olvidaba que ella también existía. Hoy le hablo al viento pues se que desde alla, sigue escuchandome.

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